#1. Creo que odian mucho a Batair y a Eyra:l. No se ustedes, pero cuando empece a escribir de el, me imaginaba a un Hans pero rubio xd.

#2. Es bueno saber que alguien comparte mi total repugnancia hacia Astrid como yo xd.

-.-.-

-¿Es aqui?.- Batair se acerco a donde estaba Merida, observando como se acercaban a la isla poco a poco.

-Si, es aqui.- Susurro con la boca semi abierta, sin quitarle la mirada a esa isla, que a pesar de tantos años de vejez, permanecia como si ayer la hubiera visto.

-Bien.- El rubio se dio la vuelta, dirigiendose con el capitan del barco para que se acercara a mayor velocidad a los puertos.

-.-.-

Por otro lado, la familia Haddock estaba reunida en su casa con su nuevo integrante y el futuro tambien, hablando de la boda que se realizaria en unos cuantos meses, si es que la famosa Eyra lo queria asi.

-Ya saben cuando quieren casarse?.- Hipo pregunto a los dos jovenes, aunque el solo miraba su plato de comida.

-En tres meses seria lo adecuado suegrito.- Harek se acerco mas a su suegro, que, aunque estaba sentado junto a el, hizo su voz mas aguda y ''agradable'', para gustar a su jefe. Hipo, en cambio, solo giro su cabeza, regalandole una ceja fruncida, provocando que el pelirrojo se hiciera a un lado, pero recibio una pisada de su novia, molesta por sus actos.

-De hecho, preferiria en unos cinco.- Eyra torcio su boca. En realidad, ella queria casarse, pero no muy rapido, como le habia mencionado antes a su padre, aparte, aun no estaba segura si Harek era el ''unico'' solamente para ella, quiza habria otro, ¿no?, queriendo estar sumamente segura de su decision final.

-Pero, eso es demasiado.- Camicazi se asusto, pero mas le provoco cierta rabia, ya que si su hijastra seguia recorriendo su boda, ella jamas podria casarse con el castaño. La rubia estaba conciente de que la juventud se le acababa y que lo mejor era casarse lo mas pronto posible, porque su juventud y belleza pendian de su hilo. –Aunque, podriamos casarnos nosotros primero, ¿no es asi?.- Giro a mirar a su prometido a un lado de ella primero, para despues mirar a su hijastra, quien no le daba buena cara.

-Yo creo que no.- Eyra arrugo su mirada y su semblante serio, justo el que odiaba su padre, salio a flote. –Preferiria que despues de mi boda, celebren la suya.- Al decir eso, ella apreto sus dientes y trato de decirlo en un tono bajo, para que no notasen la repugnancia de sus palabras.

-Pienso que en otro momento podremos discutir eso.- El castaño cerro la boca de ambas rubias, quien se callaron al instante.

-Mi suegro tiene toda la razon.- Harek sonrio mientras retomaba la posicion que antes habia adoptado, apegandose a Hipo, recibiendo otra mala mirada.

Comian tranquilos, sin molestia alguna, disfrutando un momento de paz, hasta que la apuerta se abrio por Patan, quien jadeaba de tanto correr y a su maxima velocidad.

-¡Hipo! ¡estan aqui!.- Jadeo varias veces, pronunciando cada palabra.

-¿Quienes?.- Fruncio el ceño el castaño, recorriendo la preocupacion por todo su cuerpo.

-Los escoceces imbecil.- El cabellos negros rodo los ojos, frunciendo su ceja como toda la vida lo habia hecho cuando alguien mencionaba algo que lo molestaba.

-Pero, ¿como?.- La rubia mas vieja pregunto con ansiedad, ya que se suponia que los escoceces, desde que enviaron su carta, no habian recibido respuesta alguna o aun no la habian recibido.

Hipo se paro al escuchar las primeras palabras de Patan, levantandose de su asiento y dirigiendose a la puerta.

-Patan, arregla todo en el Gran Salon, yo ire a atenderlos.- El hombre asintio, dandose la vuelta para cumplir con lo que se habia pedido, pero a mayor velocidad.

-Ustedes.- Hipo apunto a su familia. –Vengan conmigo.- El jefe torcio su cuello hacia la puerta, saliendo de ella, seguido de su familia.

-¡Uy! ¡que emocionante!.- El pelirrojo agudizo su voz, mientras frotaba sus manos con ansias.

-Harek…- Eyra llamo a su prometido.

-¿Si?.- Le hablo cariñosamente a su rubia, mientras la rodeaba con un brazo.

-Callate.-.

Los Haddock se dirigieron a paso rapido hacia los puertos, donde el barco se estacionaba con cuidado.

-Vayan al Gran Salon y esperen ahi.- Le ordeno a su familia, la cual asintio con gusto y por obligacion.

El estomago de Hipo estaba hecho polvo, sentia cosas en su estomago que hacia mucho no sentia, como la ansiedad de ver a una persona, ya no era un adolescente para estar sintiendo eso, pero lo que mas temia, era con quien se podria encontrar o que era lo primero que veria.

El barco estaba estacionado y unos hombres salieron de el para colocar una pequeña rampa para que sus majestades pudieran pisar tierra firme.

Y en ese momento, el viejo corazon del castaño dio un vuelco.

La mujer de cabellos naranjas se asomo con delicadeza, posando sus ojos azules en el hombre que alguna vez amo con toda su alma, y solo podia verlo a el, alli parado. Merida empezo a bajar a paso suave, mientras que Batair y su hijo iban detras de ella.

Hipo, por su parte, admiraba la belleza que se acercaba a el con tanta lentitud, pero algo era diferente, antes su cabello volaba por todos lados, expresando libertad, y ahora una discreta trenza lo tenia amarrado, al igual que un vestido, que aunque era de un color vibrante, ahora expresaba madurez completa. Era hermosa, parecia que el paso de los años no habia hecho efecto en ella.

Merida no pensaba cosas diferentes, pero el remolino de recuerdos la golpeo como una roca, porque alli estaba, junto frente a ella, pero tan lejos, a la vez tan cerca. Los años que habian pasado eran suficientes para decir que ahora era mas viejo, que su juventud ya habia pasado y ahora era el hombre que todos querian que fuera, pero eso si, aun era el hombre apuesto del que se enamoro.

Hasta que estuvieron frente a frente. La sensacion que alguna vez sintieron al estar juntos, derritio ambos corazones.

-Hola.- Hipo susurro al tenerla parada enfrente de el, formando una sonrisa suave en su rostro, y unos ojos verdes que se iluminaban como el sol en la mañana.

Merida le regalo una timida sonrisa a cambio, pero como el, tenia aun el corazon roto. Recordando lo que un dia le hizo, le tendio la mano y asintio con la cabeza, borrando cualquier expresion de su cara.

Ambas manos se entrelazaron un corto tiempo, hasta que ambos volvieron a sus cinco sentidos e Hipo recordo a la mujer que le habia roto el corazon hace quince años.

-Siganme, por favor.- El castaño se dio la vuelta, haciendo señas para que lo siguieran hasta el Gran Salon, teniendo como respuesta lo esperado.

En el camino, Bjorn miraba asombrado todo a su alrededor, admirando cada detalle que se le ponia enfrente, en cambio, Batair miraba la pobreza del lugar, para el era tosco y no sabia por que habia dragones caminando por alli como perros.

-¿Por que hay dragones aqui?.- Le susurro en el oido a su mujer a un lado.

-Los domaron.- Fue la unica respuesta que le dio la pelirroja, cosa que para el era imposible, digo, eran bestias, pero ya no le dio importancia, a menos que esas cosas lo hirieran.

Entraron al Gran Salon despues de que el jefe lo hiciera y Merida pudo notar a una mujer rubia con un bebe en sus brazos, cosa que pulverizo su corazon al instante.

-Sus majestades, mi familia.- Hipo apunto a su familia a un lado de el, cosa que hizo sentirlo nervioso, porque alli estaban dos mujeres. A una la amaba, pero le habia roto el corazon, y a la otra no, pero tenia un compromiso muy fuerte con ella.

Camicazi se acerco primero para saludar a las tres personas frente a el, con su bebe en brazos.

-He escuchado mucho de ti, princesa Merida.- Camicazi hizo una revenrencia.

La pelirroja asintio con gusto, pero ese bebe aun la tenia intrigada. –¿Es su hijo?.- Pregunto con una muy forzada sonrisa, sin tratar de intimidar a la mujer, la cual asintio. –¿Puedo?.- Recibio la misma respuesta que anteriormente la rubia hacia dado.

Merida observo al bebe con detenimiento, tenia varias cosas de Hipo, pero muchas de Camicazi. Sin pensarlo, dio una mala mirada a su amor perdido, quien solo tenia una mano tapando su boca, esperando a que ese incomodo momento pasara a la antiguedad.

-Siempre supe que Hipo tendria mas hijos.- Entrego al bebe a su madre, y en eso recibio a un joven alto enfrente suyo para saludar.

-Un gusto princesa.- Harek asintio con la cabeza varias veces en señal de gratitud, mientras besaba su mano.

-Un gusto… ¿em?.- Merida sonrio con un poco de verguenza.

-Harek.- Dijo el muchacho con amabilidad.

Los ojos azules de la princesa rapidamente pasaron a los de la ya una mujer, Eyra.

-Creciste mucho Eyra.- La pelirroja recorto a la joven, recordando cuando esta era solo una niña.

La rubia joven se quedo atras, asintiendo con semblante serio a la princesa, quien le habia dejado un recuerdo con su padre en el pasado muy lejano.

-Bueno, basta.- Hipo intervino en las presentaciones, aun nervioso que el amor de su vida habia descubierto que habia otra en su vida en ese momento. –¿Y ellos son?.- Sonrio con fuerza.

-El es Batair.- Merida apunto con su mano al joven rubio, que le dio la mano al castaño. Algo que decepciono a la pelirroja por completo y la hizo sentir incomoda.

El rubio recorto al jefe de Berk, le recordaba a alguien, pero no sabia a quien. Habia algo en el que le era muy familiar. –Disculpa, ¿no te he visto en otro lado?.- Levanto una ceja, tratando de recordar su cara.

-Em, creo que no. No, nunca.- Hipo acaricio su cabello con cierto desconcierto.

La mujer blanca temblo un poco, pero volvio a sonreir.

-Y mi hijo, Bjorn.-.

El joven de cabellos cafes oscuros se acerco al jefe con timidez, apretando su mano con la cabeza gacha. –Mucho gusto.- Hablo en voz baja.

-Mucho gusto, Bjorn.- Fue casi instantaneo, ese niño le recordaba a el cuando era muy joven. Su caracter era como el, un ''hipo''.

La pelirroja solo miraba la escena con mucha incomodidad. Bjorn era tan parecido a Hipo, y el no se percataba de eso, al igual que Batair, cosa que agradeceria a los Dioses.

-.-.-

El jefe reunion a todos en el Salon para una cena, donde habria vikingos borrachos, como de costumbre, pero a la vez todos compartirian una experiencia.

El Salon estaba lleno, la mesa grande estaba siendo usada por el jefe y su familia, y la familia de la princesa, pero solo habian dos personas que no podian mirarse a los ojos por mas que quisieran.

Hipo observaba detenidamente al muchachito, Bjorn. Algo en el lo hacia sentirse conectado a el, el lo tenia intrigado y de hecho, se preguntaba si era Batair el padre de este muchacho, porque no habia nisiquiera un parecido.

-Bjorn.- Hipo llamo al joven muchacho de cabellos castaños, recibiendo una mirada de los ojos azules del mismo. –Ven, sientate aqui.- Aparto la silla para que el pudiera sentarse, dandole su mas amable sonrisa.

La pelirroja se enderezo mientras tomaba un largo respiro y miro a su hijo quien se sento a un lado del que verdaderamente era el hombre del que lo habia concebido.

-¿Te gustaron los dragones?.- Hipo entablaba una conversacion con el joven chico, quien le respondia con toda confianza, cosa que no hacia con cualquier persona, solo con ella, su madre.

Su platica se prolongaba, y ella aun sentia angustia en su corazon y mas porque Batair miraba la escena junto con ella, al igual que varios miembros de la familia por parte de el, en especial Eyra, que se sentia un tanto celosa de la situacion.

-.-.-

La fiesta habia terminado y los niños y los mas jovenes ya se sentian cansados, pero para los adultos, apenas estaba comenzando.

Merida se acerco a su hijo, quien se estaba quedando dormido en la mesa. Le acaricio la espalda, provocando que este se levantara, pero fue envuelto ante un abrazo de su madre y caricias en su cabello. –Ve a descansar.- Le susurro la pelirroja, acariciando los cabellos de su hijo, asintiendo y saliendo de la Gran Sala.

Batair ya estaba borracho y platicaba amenamente con algunos vikingos, ofreciendole mas bebida. Oportunidad para que pudiera estar sola, sentandose en una esquina del Salon, recargando su cabeza en sus rodillas, hasta que sintio una presencia a un lado de ella, levantando su rostro, encontrando unos ojos verdes como el bosque.

-Hey.- Hipo saludo a Merida con una fluida sonrisa.

-Hola.- La pelirroja lo saludo, amarrando sus brazos a sus piernas.

-Te vez hermosa.- Le susurro.

Una risa silenciosa salio de la boca de Merida mientras miraba sus pies. -Soy vieja.-.

-No lo eres.- Hipo se burlo de ella, recordandole que el era por lo menos cinco años mayor que ella. -Sigues siendo muy hermosa.- Suavizo su voz, sin dejar de contemplar su rostro.

Merida solo lo miro con sus ojos mas brillantes de lo normal. -Tienes una linda familia.-.

Esto incomodo a Hipo, pero no borro la sonrisa que hace poco se habia formado. -Al igual que tu.- Este se paro de su lugar, dandole una palmada en el hombro, dejando a la chica que le habia roto el corazon con un hoyo en el mismo.