Aquella noche Wilson llegó agotado a casa de Cuddy. Cenó con ella con calma y se tumbó en su cama. Cuddy estaba apoyada en el cabecero, su espalda contra la madera. Wilson recostado sobre su pecho, mirando al frente. Ella le peinaba el flequillo con los dedos. Lo había visto preocupado. Sabía que no llevaba ningún caso importante ni traumático en esos días, algo más allá de su profesión estaba martirizándole. Acarició su pelo durante minutos, esperando a que él dijera algo o confesara qué le molestaba tanto. Él no habló, por lo que ella creyó conveniente preguntar.
-
Cariño, ¿qué pasa? -intentó averiguar
Cuddy. No dejó de acariciarle ni un momento.
- House.
-contestó él. Una sola palabra bastó para que
Cuddy detuviera su mano y suspirara.
- Cuéntamelo. Estoy
curada de espanto.
- Creo que me equivoqué con él.
-Wilson se apartó de ella de un solo gesto. Se incorporó,
se mantuvo sentado unos segundos y, tras eso, se puso de pie y
comenzó a andar por la habitación. Se frotó la
nuca varias veces antes de hablar. Cuddy lo miraba demandante, quería
saber qué pasaba exactamente.
- ¿Qué pasa,
James? -insistió.
- Le di un mal consejo, Lisa. No me he
dado cuenta hasta hoy. Incluso puede que le haya destrozado la vida.
-Wilson se quedó parado en medio del cuarto. Se echó
las manos a la cara y se frotó la piel del rostro, angustiado.
Respiró profundamente y miró a Cuddy, quien tenía
la vista fija en él, una expresión desconcertada.
-
Cameron. -dijo ella. Una sola palabra, demasiado significado.
-
Siempre es Cameron con él. Lleva tres años siendo
Cameron. Cuando está de mal humor es ella, cuando la pierna le
duele es ella, cuando no es capaz de... siempre es ella. -Wilson bajó
la vista al suelo y agitó la cabeza. Le embargaba una profunda
sensación de tristeza. Se sentía un traidor, no había
sabido ver qué necesitaba su amigo en el momento preciso. Y lo
que era más, lo había empujado hacia algo que él
no quería.
- ¿Y ella? -Cuddy cada vez unía
más piezas del puzzle. Desde que Wilson se lo contó
había pensado que la relación que House y Cameron se
traían entre manos era, cuanto menos, ficticia. Sexo y nada
más.
- Está destrozada. Hoy... no he sabido qué
decirle. Se me ha abrazado y yo... -daba vueltas por toda la
habitación, nervioso como un chiquillo. Las manos le sudaban,
el pulso se le había acelerado hacía minutos. Miró
a Cuddy buscando respuestas.
- Tranquilízate. -le dijo
Cuddy- Es House, sabrá arreglárselas solo, siempre lo
hace.
- ¿Cómo puedes decirme que me tranquilice? -él
levantó la voz. Ella se sorprendió, nunca lo había
hecho. Wilson se arrepintió en el mismo momento de ver su
cara.- Perdóname... -le dijo. Ella sonrió.- ¿Sabes
cómo me siento? No quiero ni pensar en cómo estará.
Si me separaran de ti yo... -Cuddy lo miró con ternura.
-
No sería igual. Tú me quieres. -le dijo ella decidida.
Wilson levantó la vista y la miró desde abajo. Le dijo
todo con los ojos, conocía a su amigo mejor que cualquier
persona, Cuddy no sabía ni la décima parte de lo que
era House. Ella volvió a preguntar al leer lo que Wilson le
decía con su mirada- No la quiere, ¿verdad, James?
Él apartó su mirada de ella. Continuó andando de lado a lado de la habitación sin decir nada. Se rascó la nuca repetidas veces, se frotó la cara, chasqueó la lengua. Se metió las manos en los bolsillos y volvió a sacarlas una y otra vez. Cuddy aguardó unos momentos a la respuesta, pero no la obtuvo de su boca. Vio esclarecidas sus dudas solo con observar a Wilson. Se llevó una mano a la boca y compartió la preocupación con él.
- Cuando les vi aquella
noche... -comenzó a explicar él- No pensé que su
cara era por ella... no pensé que... sólo Cameron...
-se acercó a la cama y se derrumbó. Cuddy se levantó
y se acercó a él. Pasó un brazo por sus hombros
e intentó animarlo.
- ¿Hasta dónde ha llegado
con esa tal... Wendy? -preguntó ella, procurando quitar hierro
al asunto.
- No lo sé. -contestó Wilson- Supongo que
no han pasado de los besos. -Cuddy asintió.
- James. -él
no le miró- James, mírame. -él giró la
cara y ella le acarició la mejilla- Lo solucionará. No
es tonto.
- Es un inútil. -contestó Wilson- Es un
auténtico memo para las relaciones humanas.
- Habla mañana
con él. Investiga. Ahora debes descansar. -se acercó a
él y depositó un beso en su sien- Quédate a
dormir conmigo. -le rogó ella. Él asintió, rodeó
su cintura y la besó con suavidad.
Al día siguiente Cameron, Chase y Foreman esperaban a media tarde en la sala de Diagnósticos a que House apareciera de su descanso para comer. Ella ojeaba una revista médica mientras los dos médicos miraban a nada en concreto. Llevaban allí casi una hora, sin decirse nada.
- ¿Habéis visto a la novia de
House? -preguntó Chase con una sonrisa en los labios. Foreman
miró a Cameron. Ella continuó ojeando la revista, como
si Chase no hubiera hablado.
- No es asunto tuyo, Chase . -le
contestó Foreman- Los demás no nos dedicamos a pregonar
tus conquistas por ahí.
- Es asunto mío. -dijo
tajante el australiano- Si House se echa novia, echa un polvo; si
echa un polvo, esta de mejor humor; si está de mejor humor,
todos salimos ganando. -sonrió al dejar de hablar. Miró
a Foreman, quien tenía el semblante serio.
- No. Es.
Asunto. Tuyo. -le repitió, volviendo a mirar a Cameron-
Además, que tenga novia no nos asegura que vaya a echar un
polvo.
- Ohhh, sí. Nos lo asegura. -afirmó Chase
seguro de sí mismo. Había cogido la pelota de House y
la movía entre sus manos, lanzándola de una a otra- He
oído que le decía a Wilson que había quedado con
ella en su casa para cenar. Esta noche. ¿House invitando a
alguien a su casa? Mañana vendrá de otro humor, apuesto
lo que quieras.
Cameron sintió una punzada en el estómago y la mirada de Foreman clavarse en ella. Las manos comenzaron a temblarle de nuevo, creyó no ser capaz de mantener sujeta la revista. Notó una terrible naúsea, quiso vomitar allí mismo. La angustia podía con ella. Se había creído capaz de soportar verlos juntos, el día anterior incluso superó verlos besarse. Pensar en ellos acostándose juntos fue demasiado para ella. Sintió asco y repulsión, todo ello mezclado con insoportables celos. No quiso pensar en ella con él y en él devolviéndole las caricias. Si antes su mayor preocupación era que Wendy tocara lo suyo, en aquel momento lo que le producía verdadera repulsión y rabia era imaginárselo a él dándole lo que ella había tenido.
En ese mismo momento House entró por la puerta. Los miró a los tres y se acercó a Chase. Le arrebató su pelota de las manos y la llevó al despacho.
- No se juega con lo mío. -miró a Cameron, ella tenía la vista puesta en un reportaje médico. No estaba leyendo, él lo sabía.
Se acercó a la pizarra y cogió el rotulador. Lo destapó y comenzó a escribir síntomas como un poseso. No terminó hasta después de cinco minutos. Había llenado la pizarra de borrones, esquemas y flechas. Volvió a tapar el rotulador y lo dejó en la bandeja.
- Tenéis tres horas.
Los dejó solos en la sala de diagnósticos, se metió en su despacho y conectó su iPod. No volvió al mundo real hasta que llegó la hora de recoger a Wendy para llevarla a su casa.
House abrió la puerta de su apartamento y la dejó entrar. Juntos pasaron hasta la sala, donde ella se quitó el abrigo y dejó su bolso sobre el sofá. Él se sentó en su butaca y esperó. Realmente, no sabía qué hacer, estaba perdido. No le apatecía cenar con Wendy, ella había insitido en ir a su casa y él no había sabido cómo negarse. Ella se acercó a él; lo miró, sentado en la butaca. Se agachó y se sentó en su regazo. Le acarició la cara lentamente, restregando las manos con su barba.
- Siempre me gustaron los hombres con barba de varios días. -bajó la cabeza, abrió la boca ligeramente y le besó con fuerza.
Él echó la cabeza hacia atrás y la recostó sobre el respaldo. Aquella frase le recordaba demasiado a otros tiempos, aunque él la revivió con otra voz y en otro sitio. Se dejó besar sin oponer resistencia. Le tenía preso, a su merced. Él se encontraba tan falto de reflejos que ni siquiera se sentía capaz de apartarla de él. No le respondió al beso, lo que ella notó al momento.
- Te veo apagado, House. Yo
te ayudaré. -llevó sus manos hasta su cintura y desató
la hebilla de su cinturón. House se sintió incómodo,
no se encontraba a gusto con ella, aquella noche algo ocupaba su
mente, pero no sabía qué.
- ¿Tú no
habías venido a cenar? -le preguntó cortante, apartando
sus manos de su cintura.
- Después. -le contestó
ella sin inmutarse. House se sorprendió, las groserías
y las humillaciones no parecían funcionar con ella, al
contrario que con todo el resto de la humanidad. Ella le besó
de nuevo con fiereza. Bajó las manos y las introdujo en su
pantalón. House sintió el calor de su carne sobre la
suya. Era una sensación agradable, Wendy parecía
experta en lo que hacía.
Le acarició durante minutos, repasó su cara y su cuelllo mientras trabajaba la parte inferior de su cintura. House se dejó llevar por lo que Wendy le hacía y procuró relajarse. Intentó imaginarse que ella era una más, una más de aquellas por las que él pagaba. Procuró sentirse como lo hacía con ellas, pero las memorias de otra clase de sexo estaban aún demasiado recientes en su cabeza. Dejó que le acariciara, que jugara con él como si fuera un mero objeto, se afanó en mostrarle, aunque fuera, un mínimo interés por lo que hacía. Momentos después Wendy se separó de él.
- ¿Dónde está tu habitación?
-le preguntó mientras se mojaba los labios y le miraba a los
ojos.
- La puerta de la derecha. -contestó él.
Sintió la necesidad de decirle que no quería hacerlo,
pero lo cierto es que, sin saber cómo, el deseo le empujaba
hacia ella.
Se levantaron de la butaca y caminaron hacia la habitación de él. Allí ella le tumbó sobre la cama, le quitó los pantalones y se recostó a su lado. Le abrió la camisa lentamente, botón por botón, y acarició su pecho desnudo, no llevaba camiseta. Jugó con el vello de su torso e hizo vibrar su dedos sobre él. House gimió ligeramente al notarla sobre él, sentada a horcajadas, con una pierna a cada lado. La miró desde abajo. Ella disfrutaba con aquello más de lo que lo estaba haciendo él. El deseo se veía en sus ojos, su cara estaba transformada y su mirada fija en él.
Algo recorrió la mente de House cuando ella acarició su pecho desde arriba. Intentó adivinar qué era, pero no conseguía descifrar qué le preocupaba. Quiso levantar los brazos para posar las manos sobre sus caderas, pero los músculos no le respondieron. Intentó volver a imaginársela como una más, una mujer a la que después debería darle cincuenta dólares, pero fue incapaz. Recordó la última vez que se sintió así. Fue en la ducha, fue con Cameron. Mientras pensaba en aquella tarde notó las manos de Wendy sobre su muslo. Sus dedos recorrieron su cicatriz de arriba a abajo, la palma de su mano apretó sobre el hueco, donde faltaba el músculo. House se sintió como si un rayo le traspasara. No quería que tocara su pierna, siempre se lo prohibía a todas. Su pierna era suya y nadie debía verla ni tocarla. La incomodidad se apoderó de él; la miró sobre su cuerpo, con el tronco girado hacia atrás para poder estudiar su muslo. No podía verle la cara, pensó en que quizá se estuviera riendo, incluso puede que sintiera lástima por él. Las ideas se agolparon en su mente, Wendy riendo, Wendy burlándose de él, Wendy sintiendo lástima por un pobre cojo, Cameron acariciándole. Cameron. Recordó lo que ella le dijo la tarde en la que vio su cicatriz por primera vez. "Cierra los ojos", se repitió para sí. "¿Es que sólo sabes pensar en tu pierna?" Sonrió mientras veía a Wendy masajear su muslo. Cerró los ojos e intentó relajarse.
Cameron se coló en su cabeza. Se dejó llevar por los recuerdos y quiso creer que ella estaba de nuevo con él. Intentó imaginar que las manos que habían abandonado su muslo y recorrían la piel de su pecho eran las suyas. Notó que una sonrisa se dibujaba en sus labios, volvía a tenerla con él, acariciándolo, besándolo con pasión y dedicación. Vio su pelo cayéndole sobre los hombros, brillante y suave, largo y oscuro. Sus dedos claros y alargados, las manos de piel suave y blanca fundirse con las suyas. Su aliento mezclarse con el suyo, hacerse uno fundiéndose en un beso largo e intenso. Imaginó que las manos que se colaron bajo su ropa interior eran las suyas, delicadas. Movió las suyas hasta posarlas sobre su cadera, repasando cada palmo de su piel, rozando los pulgares con su vientre. La vio sonreir, fijar sus ojos en él como tantas veces había hecho, decirle que lo quería con cada una de sus caricias. Darse a él como nadie lo había hecho, sin esperar nada después. Quiso incorporarse para abrazarla una vez más, mantenerla en su regazo para siempre y no dejarla marchar, olerla como tantas veces había hecho. Saborear su cuello y su nuca, besar su mandíbula. Fantaseó con probar su boca una vez más, compartirse con ella, llegar a sentirse vacío por volcarse entero, notar el calor de sus labios sobre los suyos. Volver a degustar su sabor, su forma de besar.
Se dejó llevar por ella, sintió que la recuperaba, que retornaba a él lo más preciado que tenía. Se encontró repitiendo su nombre, dejando que brotara de sus labios en silencio, haciendo que se movieran ligeramente. "Allison..." el sonido retumbaba en su cabeza, la sentía cerca mientras agarraba sus caderas y la notaba sobre él. "Allison", volvió a repetir, temeroso de que ella se fuera para siempre, que lo abandonara y no volviera a hacerle sentir de aquella manera. Creyó oir la voz de ella repetir su nombre, decírselo al oído una y otra vez hasta que él no lo aguantara más. Imaginó fundirse con ella en un solo gesto, crear un solo cuerpo de dos, sentirla parte de él y no querer dejarla marchar. Los nombres de los dos haciendo eco en las paredes. La felicidad.
Oyó la voz de Wendy interrumpir sus fantasías.
- ¿Acaso te hacía esto tu doctorcita?- su frase se clavó en su pecho como un puñal. Su voz sonó extraña a sus oídos, era una voz desconocida, que le infundía desconfianza y rencor. Abrió los ojos y la vio sobre él, mirándolo con deseo contenido; no era Cameron. La odió. La aborreció por interrumpirles, por querer apartar a Cameron de su vida, por arrebatársela. La miró a la cara, sentía asco, una profunda sensación de repulsión le invadió, las ganas de vomitar se apoderaron de él. Le había hecho perderla una vez más, la había tenido y había escapado de entre sus manos. Deseó gritarle que nunca sería ella, que no tenía nada que hacer frente a Cameron. Era Allison la que debería estar en su lugar, era la única capaz de hacerle sentir.
Con furia, con fuego tras sus ojos la agarró de las muñecas fuertemente. Ella, aún vestida, se detuvo y lo miró sorprendida.
- Lárgate. No quiero verte. -le dijo
tajante.
- ¿Pero qué coño te pasa? -preguntó
ella.
- ¡Que te levantes! ¡Te quiero fuera de aquí!
-gritó él.
Agarrando su cintura con fuerza, la apartó a un lado y la dejó caer sobre la cama. A duras penas se levantó y buscó infructuosamente su bastón. No estaba por ningún sitio, no lo veía. Enfadado, con mil ideas entrando y saliendo de su mente, se dirigió hasta el cuarto de baño. Desde allí la vio estirarse la ropa movida y ponerse los zapatos. Creyó no haber odiado tanto a una persona como en aquel momento.
- Tranquila, no voy a volver a llamarte. -le dijo cortante. Se giró para meterse en el baño.- Ahh, y no olvides ir contándolo por ahí. No quiero perder mi fama de cabrón. -entró en el cuarto y dio un sonoro portazo.
Se sentó sobre la taza del váter y esperó. Estuvo minutos allá, con la mirada fija en la pared. No podía ver otra cosa más que a ella, a Cameron. Constantemente pasaba su imagen por su cabeza, tenía grabadas instantáneas suyas: riendo, mirándolo, disfrutando, pidiéndole más. Creyó volverse loco, rodeó su cabeza con las manos. La echaba de menos más de lo que era capaz de soportar.
Pasados unos minutos se levantó de la taza del váter. Sintió un calambre recorrer toda su pierna y llegar hasta el cuello. Se echó las manos al muslo y lo masajeó. Le dolía como nunca lo había hecho, sentía la pierna ardiendo, como si el fuego la estuviera devorando por dentro. Intentó andar hacia la puerta, incapaz de posar el pie sobre el suelo. Quiso llorar, pero las lágrimas no bortaron de sus ojos. Se sentía impotente, frustrado. Fue consciente de su mal cuando volvió a su cuarto. Wendy ya no estaba allí, se había marchado. Se sentó en la cama, abrió el cajón de la mesilla y sacó la vicodina. Tomó dos pastillas de un golpe y las tragó mientras masajeaba su muslo. Los calambres se sucedían, la cabeza retumbaba con cada pulsación de su cuerpo, cada segundo una nueva imagen de Cameron surcaba su mente. Cameron. La había perdido. Lo hizo aquella tarde en la que la dejó marcharse de su lado. Aquella noche en la que hizo caso al estúpido consejo de Wilson. Ahora no tenía solución.
Maldito Wilson. Si no le hubiera hecho casi ella seguiría siendo suya. Lo odió, gritó insultos hacia él mientras su muslo moría y le hacía sentir el mayor dolor que había vivido. Apretó los puños con fuerza, aguantando la contracción de su cuerpo. Cada vez que Wilson y Cameron volvían a su mente una nueva punzada atacaba. Esperó entre gritos y gemidos a que la vicodina hiciera efecto, tumbado en su cama.
Minutos después el dolor era insoportable. Imaginó ver a Cameron aparecer por la puerta y ayudarlo. Agarrar sus manos y levantarlo de la cama. Quiso que ella estuviera allí con él para que calmara todos sus dolores, pero no apareció. Tomó dos vicodinas más y se levantó de la cama. Se puso de pie e intentó andar. Un calambre desde la planta del pie hasta la cabeza hizo que cayera al suelo. Allí, lleno de tristeza, se hizo un ovillo y aguardó a que cesaran los dolores. Entre calambre y calambre recordó la última visita de Wilson. Procuró levantarse y alcanzar el teléfono de la mesilla. Marcó su numero. Ni siquiera esperó a que él contestara para hablar.
- ¿Dónde dejaste la morfina? -le
preguntó secamente.
- House... ¿estás bien?
-Wilson estaba preocupado. A su intranquilidad de la tarde debía
sumar la voz de su amigo- ¿Qué ha pasado con Wendy?
-
Ya no está aquí. ¿Dónde está?
-volvió a preguntar, ansioso.
- Yo... no puedo darte
morfina... no...
- ¿Dónde guardaste la puta morfina,
Wilson? ¡Voy a morirme de dolor! -le gritó House poseído
por la ira.
- Está en tu armario, tras las cajas, en un
estuche negro. -contestó Wilson indeciso.- House... no lo
hagas... -oyó la línea muerta en el teléfono.
House anduvo a duras penas hasta su armario. Abrió la puerta y apartó como pudo todas las cosas de la delatera. Movió las cajas de cartón que Wilson había mencionado y vio el pequeño estuche negro. Un brillo especial apareció en sus ojos, veía la salvación frente a él. Abrió la cremallera y observó todo con detenimiento. Había varias dosis de morfina, un bisturí y una jeringa esterilizada. Extrajo la jeringa de su sitio y apretó el émbolo hasta el tope. Después cogió uno de los pequeños botes de morfina y lo hizo botar en su mano.
Se levantó de nuevo y caminó hasta la cama. Se sentó en el borde. Miró el medicamento, un calambre volvió a recorrer su pierna. Lo volvió boca abajo y pinchó la aguja de la jeringa en la goma protectora. Succionó el líquido y vio cómo entraba en la jeringa. Tiró el bote de cristal a una esquina y situó la jeringa frente a sus ojos, con la aguja hacia arriba. Le dio pequeños golpecitos al plástico para que el medicamento se distribuyera, apretó el émbolo para eliminar el aire. Cogió la goma que acompañaba a la jeringa y se rodeó el brazó con ella, apretando más de lo que podía soportar. Las venas de su brazo se hincharon, haciéndose notar. Acercó la aguja a una de ellas, preparado para inyectarse el medicamento.
El teléfono sonó. Dejó que las llamadas se sucedieran mientras el temblor se apoderaba de él y la aguja se apartaba cada vez más de su vena. Saltó el contestador automático, House escuchó con atención, quizá esperando una salvación.
- House... -habló Wilson- House... por favor, contesta. ¿Qué ha pasado? ¡House! -unos segundos de silencio- ¡Me equivoqué! Nunca debí decirte que la olvidaras. No te he servido para nada, sólo te he hecho daño. No termines de hacértelo tú. House... por favor. Sabes que tu pierna no es el problema. La morfina no te quitará el dolor. ¡House!
House dejó caer la jeringa al suelo. Se llevó una mano a la frente y se secó el sudor frío. Sabía que Wilson seguía al teléfono, era demasiado terco. Cogió el aparato y apretó el botón para encenderlo.
- Estoy bien. -le dijo a su amigo. Wilson suspiró- Mañana hablamos. -colgó el teléfono.
Se recostó en la cama, de lado. Agarró su pierna como si tuviera miedo de que explotara. El dolor le mataba, no podía soportarlo por más tiempo. Recordó las palabras de Wilson. "La morfina no te quitará el dolor". Una lágrima resbaló por su cara y empapó la almohada.
- Allison -susurró.
