Capítulo 14
Mis expectativas sobre todo lo que tenía que ver con escapar de ese lugar habían cambiado radicalmente. De repente, había pasado de no tener ninguna posibilidad de huir a que se diese una situación completamente distinta. Ese chico que mi hermano había enviado para sacarme de allí analizaba encarecidamente la altura a la que se encontraba esa ventana del suelo.
-¿Habéis hecho esto alguna vez?-Le pregunté con una bonita sonrisa. Él la siguió.
-Ni mucho menos. Nunca me he escapado de un matrimonio concertado pero si de otros lugares más o menos comprometidos.-Contó volviéndose sobre sus pies para buscar algo por la habitación que le sirviese de palanca. Yo le seguí con la mirada. Parecía realmente seguro de sí mismo.
-¿Y puedo preguntar qué tipo de lugares comprometidos son esos?
-Si os lo dijera…-de repente le dio una fuerte patada al tocador desarmándole una de sus patas. Sin que hiciese mucho ruido, cogió el resto y lo colocó sobre el suelo lentamente. Guardó silencio unos segundos, colocándose el dedo sobre los labios para que yo no hiciese tampoco ruido. Cuando esperó el tiempo oportuno volvió a hablar,-creo que perderíais de una sentada la confianza ciega que estáis depositando en mí.-Terminó su frase acercándose con ese trozo de madera a las rejas. Lo entrelazó con el hierro de una forma realmente compleja aunque percibí que sabía lo que estaba haciendo.
-Eso hará todo el ruido que habéis intentado no hacer antes.
-Lo sé por eso tiene que ser algo rápido.-Dijo.- ¿Por qué no vais enrollando algunas sábanas?-Asentí. Rauda y veloz desenvolví las sábanas, saqué unas tijeras de costura que había en uno de los cajones de la mesilla de noche y empecé a cortarla. Mientras él con un pequeño cuchillo, desatornillaba con fuerza los oxidados hierros que sujetaban las rejas a la pared.
Pero justo, precisamente en ese momento, oímos unos gritos que venían desde el pasillo. Los dos nos miramos nerviosos reuniéndonos en el centro de la habitación. Vi como Law desenvainaba su espada y se ponía en guardia frente a la puerta preparándose para lo que fuese a venir.
-Intentaremos no hacer nada insensato.-Susurró frunciendo el ceño. Yo le agarré del brazo.
-No dejes que te aparten de mí.-Solté de pronto como si le estuviese declarando amor eterno al hombre de mi vida. Al oír mi tono de voz, me sentí tremendamente ridícula. No había querido decirlo de aquella forma pero…
De repente, un fuerte escuchamos un enorme estruendo que me sacó de mis cavilaciones.
Nos quedamos en completo silencio notando como la tensión aumentaba en el ambiente. Tragué saliva al oír en el pasillo la voz de una mujer diciéndole a alguien que se detuviese y otra mucho más grave amenazando a la pobre ama de llaves. Sin embargo, a la señora no le dio tiempo de abrir ya que, con una fuerte patada que me sacó un susto enorme, el que estaba allí detrás la abrió rompiendo la cerradura.
-¡Ya vale Kid!-Esa voz chillona se volvió a alzar tras él e incluso intentó agarrarle del brazo pero él se soltó con un brusco movimiento. El peli rojo con el rostro lleno de enfado se internó en la habitación. Yo di dos pasos atrás pero Law no se movió.
-Aléjate de ella.-Dijo contundente. Pero Kid le dedicó una mirada llena de menosprecio. Esa que ponía a todas horas a las personas que consideraban inferior a él. Me puse realmente furiosa con tan solo verle la cara.
-Aparta ese estúpido juguete de metal, si no quieres clavártelo de verdad.-Se burló de Law pero el moreno se mantuvo firme. Parecía que no caía en las provocaciones con facilidad. Detrás de él, yo arrugué mi nariz llena de enfado.
-Dejadle en paz.-Me adelante hasta ponerme a su altura. Nunca había necesitado que me defendieran. Ni siquiera mis hermanos. Y aunque estuviese muerta de miedo por dentro, ese tipo tan horrible no lo sabría jamás.
-Law, baja el arma.-La voz de esa chica peli roja se alzó.-Dejad de hacer estupideces. Parecéis niños.-Se llevó las manos a la cintura resuelta. El moreno a mi lado, suspiró y bajó poco a poco la espada que empuñaba.
-¿Así que ya sabías que este imbécil estaba haciendo esto no, Ai?-Gruño Kid sin apartarme la vista de mis ojos llenos de ira.
-Ya te he dicho que nada de lo que está pasando está bien mi querido hermano.-Intentó mediar. Pero él no dejaba de mirarme.
-Quiero hablar contigo a solas.-Me dijo. Sentí un fuerte pellizco en el estómago.
-Eso no va a ser así. No voy a irme a ninguna parte.-Law habló por mí.
-Así es. Quedaos.-Me dirigí hacia él. Kid frunció el ceño aún más. El que le llevara la contraria continuamente, parecía enfurecerle.
-No es algo que puedas elegir, no seas estúpido.-Gruñó.- ¡Largaos! ¡Todos!
-No.-Siguió Law.-Sacadme a la fuerza. No me iré de esta habitación sin ella.-En ese momento Kid clavó sus ojos en Law. Y yo, sabía que si le daba uno de esos ataques de ira que tenía no sería para nada bueno. Si Akainu se enteraba de que Law había intentado liberarme, le mataría. No podía poner en peligro mi única opción de escapar.
-Law…-Le susurré bajito, él me miró serio.-Ve.-Le dije.
Él me contradijo solo con mirarme entrecerrando los ojos. Yo sonreí.
-Estaré bien.-Asentí convencida. Pero él seguía sin fiarse.
-No le pasará nada a mi maravillosa ex cuñada. Mi hermano es un sol.-De repente la voz aniñada de aquella mujer les sacó de la conversación. Vi como agarró la mano de Law y empezó a tirar de él con ímpetu.- ¡Vamos, vamos! Tienen que hacer las paces. ¡Deja de resistirte mi amor!-Anunció de forma teatral. Yo suspiré al ver como los dos se alejaban tras la puerta y yo, me quedaba allí sola con aquel mastodonte mirándome con cara de pocos amigos.
Sin decir nada, le vi caminar por mi lado en dirección a la ventana. Tiró aquella palanca al vacío y la cerró. El frío dejó de adentrarse en la habitación. Se volvió sobre sus pies clavando sus ojos en mí. Pero yo preferí obviar su mirada.
-Así que no quieres hacerlo.-Habló. Me crucé de brazos.
-Pensaba que ya estaba claro que no estaba dispuesta a casarme contigo.
-¿Por qué?
-¿Por qué?-Arqueé las cejas llena de incredulidad.- ¿Me preguntas por qué? Eres un ser horrible. Agresivo. Despiadado. Tratas a los demás como si no valiesen nada. Les pisoteas como si fueran simple carnaza.-Mi tono de voz se volvió irascible.-Nunca me casaría con alguien como tú. Es como ver a tu padre en ti reflejado en un maldito espejo.-Solté todo lo que estaba pensando en ese momento. Y al darme cuenta, me mordí la lengua. Me giré hacia él y me percibí, de pronto, como sus ojos habían cambiado de tonalidad. De repente, parecía no estar enfadado. Era como si sintiera otra cosa que parecía algo así como tristeza. Aunque no estaba segura de que él pudiese sentir una emoción como aquella. Sin embargo esa forma de mirarme me dejó realmente sorprendida. Algo era diferente a la última vez que había hablado con él esa misma noche. Tal vez, su hermana le había hecho entrar por fin en razón o quizás…
-Si dejara que te fueras,-habló de pronto mirándome a los ojos, serio pero sin estar furioso con el mundo,-¿cambiarías esa forma de pensar que tienes sobre mí?-Me mordí el labio inferior y negué con el rostro. No comprendía absolutamente nada de a qué venía toda esa conversación sin sentido e incoherente.
-¿A qué viene todo esto? De repente dejas a un lado los formalismos y todas esas órdenes para dirigirte a mí de esa forma y permitirme huir sin más.
-Ai es muy convincente.-Me dijo.
-No te creo.-Él avanzó dos pasos hacia mí y yo me alejé otros dos.
-Si no quieres hacerlo, no puedo obligarte.-Mencionó.-No tendré hijos contigo si no quieres tenerlos. No tendremos un lugar en el que vivir si no quieres quedarte conmigo. A pesar de lo que pueda parecerte,-frunció de nuevo el ceño,-no soy mi padre. Nunca te forzaría a nada. Ni siquiera a que te pongas un dichoso vestido para una cena absurda.
-Pero dijiste que…
-Ya sé lo que dije.-Me interrumpió.-Pero me dan igual todos y cada uno de esos estúpidos compromisos y el matrimonio en realidad. Es una idiotez. Creo que…-vi cómo se acercaba más a mí pero esta vez, no me aparté. Permanecí ahí inmóvil esperando a que él hiciese algo absurdo para que yo le creyese. Y así lo hizo,-…lo único que quería en realidad, era a ti.-Su enorme mano me rozó la mejilla derecha.-De cualquier forma…
Yo aflojé un tanto mis enfadadas facciones. Fruncí mis labios. Le aparté la vista. Él dejó de tocarme al instante.
-Vete.-Me susurró soltando uno de sus gruñidos, alejándose de mis ojos.
Y sin decirle absolutamente nada, me volví hacia la puerta. Avancé un par de pasos sin sentirme muy segura aun de la situación pero, con toda la intención del mundo de abandonar para siempre ese dormitorio donde había estado encerrada casi tres meses.
-Kid,-susurré sin girarme nada más abrir la puerta rota,-no creo que seas como él. Y no lo digo por esto. Estaba enfadada cuando…
-Da igual. Con eso es suficiente.-Avancé un poco más pero su voz volvió a detenerme.-Yuuki…-esa vez sí giré el rostro un tanto hacia él,-…siempre te querré…
Sonreí sincera y él pareció conformarse orgulloso con aquello. Sin más, me deslicé por la puerta y desaparecí de aquella habitación para siempre.
Airosa y cuidando de que nadie se diera cuenta de que ya no estaba encerrada allí, caminé por los pasillos en busca de Law. Ahora era yo la que no podía irme de allí sin él. Avancé hasta llegar a unas escaleras en forma de caracol que bajaban hacia una planta inferior y entonces oí un ruido. Alguien estaba subiendo. Rápidamente me parapeté tras un cruce de pasillos y esperé paciente a que no fuese por el que precisamente yo estaba. Sin embargo, los pasos se fueron acercando con bastante ritmo hacia lugar en el que me escondía. Y justo en el momento en que se cruzó conmigo, antes de que pudiese comprobar si se trataba de un soldado o no, mi puño derecho se lanzó contra su nariz con toda la fuerza del mundo. Esbocé una expresión silenciosa de dolor mientras me sacudía la mano. Mi primer puñetazo había sido muy doloroso.
-¡¿Qué diablos hacéis?!-La voz de Law susurrante se alzó sobre el corredor. Yo le miré sorprendida y estupefacta. Le acababa de dar un buen golpe al hombre que precisamente estaba allí para salvarme.
-¡Lo siento!-Murmuré en el mismo tono uniendo las manos como si rezara.-Pensé que erais un soldado.
-Será por la pinta que tengo…-Refunfuñó arrugando la nariz intentando recuperarse del porrazo. En ese momento, vi como una pequeña aura verde emanaba de sus dedos y curaba aquel rasguño. Eso sí que había sido increíble.
-¿Cómo habéis hecho eso?-Le señalé.
-No creo que tenga ahora mismo tiempo de responderos a algo así.-Miró a través de mí hacia las escaleras. Al parecer alguien estaba subiendo otra vez y no parecían amigos por supuesto. Sin mediar una palabra más, Law me agarró de la muñeca y empezó a tirar de mí pasillo abajo.- ¿Cómo habéis escapado?-Me cuestionó sin dejar de caminar apresurado, arrastrándome.
-Kid y yo hemos llegado a un acuerdo.-De repente me sujetó contra la pared. Y esperó a que un par de guardias atravesaran el pasillo de enfrente.
-¿Otro acuerdo romántico?-Se burló. Yo le seguí la broma.
-Sí. Hemos hecho el amor apasionadamente sobre mi horrible vestido de novia.-Le sonreí atrevida y él pareció sorprenderse. Aunque cuando solté una pequeña risita, él me sonrió de medio lado.
-Pues ha sido muy rápido.
-¡Ey!-De pronto, ambos oímos como unos guardias llamaban nuestra atención. Pero, antes de que pudiesen hacer nada, Law les dio un par de golpes para noquearlos durante el tiempo suficiente para poder huir.
Yo le seguí por cada rincón de aquella fortaleza. Parecía que sabía hacia donde iba de verdad. Y esquivaba a cada soldado como el mejor. Mi hermano se había buscado a un espía alucinante, pensé.
-¿Y vos como habéis escapado de ella?-Cuestioné está vez sabiendo que me metía donde no me llamaban.
-No he escapado. Era libre desde el principio. Ha predicado nuestro noviazgo a los cuatro vientos desde que llegamos así que nadie ha cuestionado ese punto.-Se encogió de hombros más serio de lo que su expresión decía.-Me abandonó cuando vio que su padre tenía la intención de interceptarnos.
-¿Estáis saliendo con ella?
-¿Eso os decepcionaría?
-Por los Dioses, ¡no! Sería divertido comprobar si de verdad se os queda el ceño así de fruncido para siempre.-Reí. Sin saber por qué estaba cogiendo una confianza fuera de lo común con alguien a quién prácticamente conocía de hacía un par de horas.
-Muchas han pensado lo mismo que tú.-Él sonrió abriendo una puerta que daba a la intemperie. El frío se coló en mi piel semi desnuda. Y me daba cuenta de que realmente no iba vestida para la ocasión. Escapar con un vestido raído en una isla norteña nunca había sido una buena idea.
-¡Madre mía!-Me abracé a mí misma helada.- ¡Odio Isgard!-Proclamé bajito para que los arqueros que vigilaban las almenas no se volviesen contra nosotros.
-Dame un minuto.-Susurró Law y de repente desapareció entre las pilastras. Un poco más allá, sin que pudiese ver nada, oí unos cuantos de golpes y después silencio. Cinco minutos después vi aparecer al moreno con unas ropas para mí.
-¡Por fin unas malditas botas!-Las cogí con todo el amor del mundo. Estaba hasta las narices de los zapatos de baile. Law sonrió.
Un poco más tarde ya estaba prácticamente cambiada con la abrigada ropa de los arqueros de la fortaleza.
-Estoy en el cielo.-Susurré avanzando tras él mientras me frotaba mis manos enguantadas y calentitas. Y en una de esas, vi a esos soldados que él había dejado inconscientes. Me acerqué, cogí ese maravilloso arco largo y esa fantástica aljaba repleta de flechas recién pulidas, y sonreí feliz. Era como estar en el paraíso.
-¿Qué vais a hacer con todo eso?-Me susurró el moreno.
-Llevo tres meses encerrada en este dichoso lugar. Estamos escapando de una fortaleza repleta de hombres peligrosos. ¿Esperabais que me pusiera a gritar como una damisela en apuros si me atacan?-Arqueé las cejas interrogante. Él amplió la línea curva de sus labios.
-No seré yo quien os impida cumplir con vuestra venganza.-Asintió.
Avanzamos un poco más, cada vez más cautelosos y con más rapidez. Mientras más tiempo estuviésemos allí, más probabilidades había de que diesen la voz de alarma. Así que era esencial ser rápidos y sigilosos.
Sin embargo, no todo iba a ser un camino de rosas.
-¡Eh! ¡¿Quién anda ahí?!-Oímos unos gritos y cuando la punta de aquella flecha me rozó el flequillo percibí que nos estaban atacando, además de que si no acabábamos rápido con aquellos hombres, darían la voz de alarma. Sin pensármelo dos veces, me subí sobre una de las barandas. Pensé en Sabo y en todas las lecciones que me había dado a escondidas del abuelo. Sonreí orgullosa al pensar que estaba desobedeciendo deliberadamente todas sus órdenes. Alcé el arco con decisión, tensé la cuerda con mi flecha. Guiñé un ojo y apunté. La punta salió al segundo disparada con una velocidad abrumadora hacia la garganta del soldado. Cogí otra de las flechas y repetí la misma operación con el que observaba a su lado a su compañero muerto. Pero esta vez, se clavó en el corazón de una sola sentada.
Relajé los músculos de mis brazos y suspiré. Me bajé del sitio donde estaba y me di cuenta de que Law me había observado gratamente sorprendido.
-Eso ha sido impresionante.-Reconoció.
-Ya lo sé.-Apunté altiva.
-De acuerdo, sigamos. Tenemos que llegar hacia las escaleras principales. Hay menos altura desde ahí hasta el suelo que desde aquí.-Confirmé su plan al asomarme y ver al fondo el agua chocar contra los acantilados y las rocas. No sobreviviríamos a una caída así. Los bellos se me pusieron de punta.
Continuamos avanzando deshaciéndonos en silencio de la mayor cantidad de soldados posibles. Era tedioso y peligroso. Una de sus flechas me había arañado la mejilla derecha. Chisté cuando sentí la sangre deslizarse por mí pómulo. Fruncí el ceño y disparé tres flechas más acabando con aquellos molestos y ruidosos arqueros que empezaban a acumularse extrañamente.
Imagine que entre ellos estaban avisándose de los polizones que caminaban tan anchos por las almenas de la fortaleza. Pero aun así, nosotros seguimos hacia delante. Hasta llegar justo a aquellas enormes y estrechas escaleras que subían hasta la cima. Me asomé y visualicé todas y cada una de las torres vigías que subían hacia allí dándome cuenta de que en realidad todas estaban demasiado lejos de nosotros. E incluso, la distancia que había desde aquella zona hasta el suelo era bastante considerable.
-Bien, tenemos que ir bajando.-Confirmó Law cogiendo un par de arcos más. Me tendió uno. Yo le miré espantada mientras intentaba recolocarme el pelo que se me estaba soltando del recogido repipi y enmarañado que aun llevaba.
-¡¿Bajar?!-Abrió los ojos espantada.- ¡¿Os habéis vuelto completamente loco?!
-¿Cómo pensaba la señora que iba a salir de la impenetrable fortaleza de Klimberg?, ¿por la puerta principal?-Cuestionó divertido.
-No pero, al menos pensaba que iba a escalar por un sitio más cerca de la maldita tierra.-Me quejé mientras el colocaba todos aquellos artilugios por el suelo.
-Es sencillo.-Law tensó su arco y disparó una flecha con un gancho contra la siguiente torre vigía que se encontraba a medias escaleras. Comprobó que la cuerda estaba tensa, la ató y siguió explicando el plan.-Iremos de torre en torre. Con el arcó simplemente podemos descender. No pesamos tanto.
-¡No es una cuestión de peso! Se trata de la altura.-Esbocé la distancia con las manos. Él rió acercándose, de pronto, a mí.
-Tranquila. Saldrá bien.-Se quitó el guante de su mano izquierda y rozó con sus dedos mi mejilla herida. De repente, el arañazo desapareció.-Confiad en mí.-Me miró a los ojos con una pequeña sonrisa en los labios y yo, durante unos segundos, me quedé petrificada perdida completamente en ellos.- ¿Lo haréis?
-No tengo otra alternativa.-Suspiré después de volver a la realidad.
-Bien.-Deshizo el contacto visual.-Iré primero. Después vos. Fijaros en como lo hago.
Me fijé exactamente en todos los detalles. En como ponía el arco, en cómo se sujetaba a la cuerda. Absolutamente todo y cuando él tocó tierra firme de nuevo después de volar durante unos metros considerables, yo sentí que iba a ser incapaz de hacerlo pero, tenía que avanzar. No podía quedarme ahí en medio a mi suerte después de haber escapado hasta ese lugar, airosos.
La idea de salir de allí ya no era tan descabellada como al principio.
Así que, con todo el valor pero la menor confianza del mundo, seguí todos los pasos y cuando estuve lista, salté con los ojos cerrados y mordiéndome el labio intentando no gritar de la adrenalina. Cuando caí en tierra firme, noté como los brazos de Law me recibieron agarrándome con toda la fuerza del mundo para que no me hiciese daño.
Fue la primera vez que le sentí al cien por cien pegado a mí. Mi corazón dio un pequeño botecito cuando le escuché susurrarme de aquella forma al oído.
-¿Estáis bien…?-Asentí escondiéndome un poco bajo su barbilla intentando evitar por todos los medios que él percibiera la rojez de mis mejillas.-Sigamos entonces.-Se separó del abrazo.
Seguimos aproximándonos hacia nuestro destino a la vez que nos deshacíamos de los enemigos con los que nos íbamos encontrarnos. Sin darnos cuenta, al cabo de un buen rato, de repente estábamos sobre los tejados de las casas más altas que se situaban pegadas justo al lado de las enormes escaleras. Habíamos conseguido bajar exitosamente sin llamar mucho la atención pero, justo en ese momento, la campana de la torre de vigía empezó a sonar. Dando la voz de alarma. Al parecer, Akainu ya se había dado cuenta de que habíamos desaparecido.
-Vale, esa ha sido la parte divertida, ahora viene la que es un poco más difícil. Tenemos que pasar lo más desapercibidos posible.-Law sacó de su mochila una enorme tela.-Cubríos con esto.-Obedecí tapándome la cabeza.-Intentemos movernos más rápidos que esos soldados.-Me dijo a la vez que me agarraba de la muñeca y bajábamos a la calle.
Los dos empezamos a caminar airosos cuando nos dimos cuenta de que estaba empezando a llover. Así que anduvimos con mucha más prisa hasta que nos encontramos con una taberna, que él parecía conocer, casi llegando a la linde de la ciudad. Respiré hondo intentando recuperarme de la carrera y suspiré. Mi ropa estaba empapada.
-Esperad aquí.-Me dijo el moreno serio y con el ceño, de nuevo, fruncido. Se acercó a la barra donde pareció hablar amigablemente con el tabernero. Sacó algunas monedas de oro y gustosamente asintió. Cuando regresó al lugar en el que yo estaba paso a darme la explicación de lo que acababa de hacer.-No podemos movernos por ahí fuera en mitad del bosque de Eldar sin caballos, sin comida y lloviendo a mares o moriremos antes de lo previsto. Pasaremos la noche aquí y mañana idearemos un plan. ¿Os parece bien?-Me sonrió confiado intentando transmitirme tranquilidad. Pero después de toda aquella aventura nocturna llena de emociones fuertes, la idea de parar me dejó un tanto desconcertada.
-¿Y si nos encuentran?-A esas alturas desconfiaba prácticamente de todas las personas del mundo. Menos de él, claro estaba.
-No lo harán. El tabernero es un viejo amigo de mi familia.-Señaló.
-¿Cómo es posible que sepas tantas cosas de este lugar?
-Cojamos algo para cenar y subamos. Os contaré todo lo que queráis saber después.
Sin poner más objeción, pasamos por delante de todos aquellos hombres que bebían, reían y jugaban como unos bárbaros mientras las pobres camareras no daban a vasto con tantas palmadas en el trasero o agarres un poco fuera de lugar.
-Espero que estéis seguro de lo que estáis haciendo.-Le susurré mientras subíamos las escaleras con algo de queso, pan y leche entre nuestras manos.
-Lo estoy. No os fijéis en el ambiente. Quizás no sea el más agradable para una señorita.
-Cualquier ambiente es más agradable que esa fortaleza.-Sonreí intentando tomarme la situación con un poco más de filosofía. Nada podía ser peor que el lugar de donde yo provenía.
Nos adentramos en la habitación y soltamos la comida sobre una mesa de madera vieja pero muy limpia. Me desprendí de la capa y Law hizo lo mismo con su casaca. Después fue hacia la chimenea y empezó a encender una pequeña lumbre. En ese momento, me di cuenta de que solo había allí, una cama en la que dormir. Observé la espalda de Law un tanto inquieta y comenté aquel pequeño detalle.
-¿Cómo vamos a dormir?-Cuestioné. Él se giró cuando las brasas empezaron a encenderse. Clavó sus ojos en la cama y luego en mí.
-Yo puedo hacerlo aquí pegado a la chimenea solo con que me prestéis la manta.
-¿En el suelo?-Le miré sorprendida.
-No es la primera vez. He dormido en lugares peores. No os preocupéis por eso.-Me sonrió. Yo me mordí el labio inferior un poco intranquila sobre todo por su comodidad. Sin embargo, asentí.
-De acuerdo. Pero si estáis incómodo podéis dormir en la cama también.-Susurré.-No me molesta en absoluto.
-Me parece bien pero prefiero no generaros una situación desagradable o tensa así que, me quedo con la manta y la chimenea.-Me dijo. El silencio se alzó en la habitación hasta que él volvió a hablar.-De todas formas, estáis empapada y creo que deberíais de quitaros la ropa si no queréis pillar un resfriado.-Soltó como si fuese lo más común del mundo regresando al fuego que encendía.
Después, cuando lo tuvo listo, le vi atar una cuerda de pared a pared donde tenía la intención de tender nuestras prendas para que se secaran durante la noche.
-Eso sí que es algo incómodo.-Intenté bromear pero no me salió.
-No penséis en el pudor. Es por vuestra salud.-Alzó sus esferas grises hacia mí.-Meteos en la cama. Prometo no mirar.-Sonrió atrevido sonsacándome los colores otra vez.
-El no mirar no me hace sentir lo suficientemente segura como para desnudarme delante de un hombre completamente desconocido.
-No soy un desconocido. Soy tu héroe.-Él sí bromeó. Yo reí y Law me sonrió.-Os prometo por mi honor que no os miraré, ni tocaré, ni pensaré en vos como una mujer esta noche. Os doy mi palabra.-Me mordí el labio.-Y para compensaros, yo también me desnudaré.-Empezó a desabotonarse la camisa hasta quitársela.
Los enormes tatuajes de su cuerpo semi desnudo me llamaron la atención y su torso definido era como el paraíso para la vista femenina. Nunca había visto a un hombre tan atractivo como él. Mis mejillas ya no estaban sonrosadas sino rojas como tomates. Noté como se me aceleraba el corazón. Como mi feminidad se humedecía involuntariamente. Tragué saliva y aparté la vista ávida antes de que pudiera cometer alguna locura.
-Si no os dais prisa,-le oí,-enfermaréis de verdad.-Me advirtió.
Así que respirando hondo, me metí en la cama, me colé bajo las sábanas y me desnudé. Aferré el lino y las mantas a mi cuerpo cuando le di mi ropa mojada. Él la colgó sin decir ni una palabra sobre lo que había visto. Me aferré todo lo que pude a las sábanas para que nada se me viera o notara. Estaba terriblemente nerviosa.
-Calmaos.-Dijo de pronto, tendiéndome algo de comer.-No sois para tanto.-Sonrió de lado.
-¿Ah no?-Pregunté curiosa. Era la primera vez que un hombre me decía eso sin más. Al parecer, se notaba que él había visto y estado con muchas mujeres hermosas. Con aquel torso no era algo que me extrañase lo más mínimo.
-No.-Rió.-Así que relajaos.
Asentí y terminamos de cenar en silencio. Cuando me noté satisfecha, me hice un nudo alrededor del escote con la tela y empecé a desprenderme de todas las odiosas horquillas se aferraban a mi pelo castaño. Al soltarlo del todo y removerlo un poco, noté como sus ojos me miraban esta vez, con más hincapié. Alcé los míos hacia él.
-¿Ocurre algo?-Negó serio. Yo sonreí atrevida.-Cualquiera diría que no estáis pensando en cosas indecentes.-Reí.
-Podéis tutearme.-Pidió de repente sin dejar de mirarme de esa forma tan intensa. Noté un fuerte vuelco en el corazón.
-Y a mí también.-Susurré siguiendo a su demanda llevándome un mechón de pelo tras la oreja. Él asintió saliendo de pronto de su especie de ensoñación. Parecía que había vuelto a la realidad en el mismo momento en el que apartó sus ojos de mí.
-Será mejor que nos vayamos a dormir. Mañana será un viaje largo y duro.-Dijo un tanto nervioso. Yo me mordí el labio al ver descaradamente como se enrollaba la manta a la cintura y se quitaba los pantalones empapados. Por un momento me pregunté qué habría ahí detrás que gustase tanto a las mujeres con las que quizás había compartido cama.
-Será lo mejor…-Susurré cuando le vi acomodarse cerca de la chimenea con un cojín bajo la cabeza. Cerró los ojos y yo me tumbé sobre el colchón intentando controlar a mis hormonas.
Todo era demasiado complicado. Durante un buen rato, los dos permanecimos en completo silencio intentando conciliar el sueño. Pero yo, no podía dormir. Tenía muchas preguntas en mi cabeza y necesitaba alguna que otra respuesta para poder dejarme vencer por el sueño.
-Law…-Susurré bajito.- ¿Estás despierto…?-Cuestioné. Era raro no hablarle de forma elegante pero, me acostumbraría. Le oí gruñir un tanto. Sonreí.- ¿Puedo preguntarte algo?
-Si eso no implica que nos quedemos toda la noche despiertos, me parece bien.-Le oí susurrar con aquella voz roca.
-¿Cómo sabías escapar de la fortaleza de esa forma?
-Durante mi infancia, mi padre venía a curar y a sanar las heridas y enfermedades de la familia real. Era uno de los mejores médicos de Isgard y la mitad de las veces vivíamos más en Klimberg que en nuestra casa de Hasterg.
-¿Sois nobles?
-No.-Negó.-Pero el rey confiaba en mi padre porque habían sido amigos muy íntimos desde siempre.-Iba a preguntar algo más cuando él se me adelanto.-Así que como estarás comprobando no soy un mercenario, ni un ladrón, ni un esclavo, ni un pomposo noble. Soy solo un pueblerino más.-Sonreí. En realidad esa parte me tranquilizaba.
-¿Y cómo llegaste a dar con mi hermano?
-Llevo once años en Assiah formándome. El rey Marco vio apropiado usar mis habilidades para las guerras en Mansem. Así que me envió a la comitiva de tu hermano hace algunos días. Pero él prefirió encargarme vuestra misión.-Esa parte ya la sabía así que quise preguntar por lo que verdaderamente me había llamado la atención aquella noche. Eso que él llamaba sus "habilidades".
-¿Qué has hecho con la herida de mi mejilla y con tu nariz partida?-me incorporé sentándome sobre la cama tapando con las sábanas mi desnudez. Él seguía allí tumbado con los ojos cerrados como si nada tuviese que ver con él.
-Magia.-Abrí mis ojos sorprendida nada más oírle.
-¿Magia?-Repetí. Él asintió.
-Tengo magia curativa. Nada del otro mundo.
-¿Nada del otro mundo? Eso es increíble. Hay muy pocos magos en el mundo. Es un don muy especial.
-Tampoco hago nada más con ella aparte de eso.-Suspiró.-Yo no lo considero tan apasionante.
-Pues a mí me parece alucinante. Nunca había conocido a un mago.
-Ahora ya sí.-Se volvió hacia la chimenea dándome la espalda.-Se acabaron las preguntar por hoy. Duérmete de una vez o mañana estarás demasiado cansada.-Me sugirió. Yo esbocé una bonita sonrisa, me volví a tumbar sobre las sábanas y cerré los ojos mucho más tranquila que al principio de la noche.
-Law…-Volví a nombrarle.
-Mmm…
-Gracias por sacarme de aquí.
-No hay de qué Yuuki…-Susurró quedándose dormido. Y yo, me mordí el labio sonriente cuando le oí pronunciar mi nombre por primera vez.
