Ron descansaba plácidamente sobre una de las camas de la enfermería. Nathalie, Harry y Hermione velaban sus sueños a la espera de que la poción de Madame Pomfrey hiciera su efecto y Ron despertara. Nathalie no había tenido mas remedio que contarle a Harry y Hermione lo que había pasado. Harry ya sabía parte de la historia por lo que no le extrañó descubrir el resto. Hermione en cambio estaba pálida y en su semblante se reflejaba una especie de rabia que Nathalie no supo bien a quien iba dirigida. Sabía que seguía enamorada de Ron y que le había prometido cuidar de él, no hacerle daño y Nathalie no había podido cumplir su promesa pues se había enamorado de la persona mas cruel de todo el instituto.

Era extraño, cada vez que su mente volaba y Malfoy aparecía la rabia en su interior era cada vez mas grande, era como si el simple hecho de visualizar su rostro le hiciera enfadar de una manera algo exagerada. Le quería, seguía queriéndole, no había podido dejar de quererle en apenas un par de horas pero desde hacía un tiempo cada vez que estaba cerca del chico en vez de sentir ese amor tan especial de los primeros meses sentía hervir su sangre. No le había dado mas importancia y pensó que en estos momentos ese sentimiento se debía al altercado con Ron.

Hermione no dijo nada, Harry tampoco mientras les relató la historia pero en los ojos de la castaña se pudo ver la decepción que Nathalie no pasó por alto. Decidieron dejar el tema a un lado, esperar a que Ron volviera a la consciencia para poder recuperar la normalidad lo antes posible. Poco tardó en suceder lo que esperaban. El pelirrojo abrió los ojos lentamente, con pesadez, era como si tuviera el cuerpo lleno de golpes pues cada movimientos minúsculo de su cuerpo le dolía demasiado. Harry le ayudó a incorporarse y a quedar sentado frente a ellos, aún en la cama. Ron no había recibido muchas maldiciones cruccio por lo que el dolor había sido algo nuevo para el.

- ¿Como estás amigo?- le preguntó Harry.

- Bien, me encuentro mejor, no os preocupéis. - tras terminar la frase su vista se fijó primero en Hermione a la que sonrió y luego en Nathalie. - Harry, Hermione, ¿os importaría dejarnos un momento a solas?- dijo señalando a Nathalie con la cabeza.

Harry y Hermione salieron de la enfermería y la ex-pareja se quedó sola. Nathalie no supo que decir, se sentía fatal por lo que había ocurrido aun que una parte de ella culpaba a Ron por haber iniciado todo esto.

- Yo, siento como me he comportado, no ha sido la manera mas correcta. Lo siento... Es solo que no pude soportarlo. Puedo entender que estés enamorada de otra persona, que a mi no me quieras de esa manera, como te dije nadie elige de quien se enamora... pero de Malfoy... Malfoy es la escoria de este colegio, la escoria de los magos. No se que te habrá dicho ni que mentiras te habrá contado pero es todo mentira, no es buena persona, siempre será un mortífago.

Aquellas palabras le recordaron a las suyas. Lo que le había dicho a Draco al terminar Ron inconsciente en el suelo. Una parte de ella se sentía mal, la misma parte que defendía a Draco pero Ron tenía razón, era un mortífago, llevaba la marca tenebrosa en su antebrazo y eso era algo que nunca iba a cambiar. Inocente Nathalie no sabía la historia real tras esa marca.

- Lo sé- dijo la chica tras una larga pausa- tenía que haberos echo caso, no fué una buena idea. Siento mucho lo que te ha pasado Ron.

Nathalie bajó la cabeza intentando evitar que las lagrimas salieran de sus ojos. Ron acercó su mano a las de ella, cogiendo una entre las suyas.

- No te preocupes Nathalie, no pasa nada, ahora todo va a ir bien.

Nathalie le sonrió y se acercó para abrazarle.

Draco estaba en su cuarto, no tenía intención de salir a ningún lado, no tenía pensado comer, ni cenar, nada. No quería saber nada del mundo que lo rodeaba. Sentía un vacío en el pecho que lo estaba destruyendo y no era capaz de calmarlo de ninguna manera. Se sentía solo, sabía que había descontrolado, que lo que había hecho no estaba bien, ya no era uno de ellos, ya no tenía que seguir las órdenes de nadie...había sido en defensa propia, pero Nathalie no había visto eso. Ella solo había visto que había hecho daño a su querido Weasley y eso era mas que suficiente. Se sintió idiota, patético por haber entregado su corazón a alguien para que después de apenas unos días lo pisoteara. Se apuntó mentalmente no volver a hacerlo, se prometió no volver a confiar en nadie. El Draco de antes no tenía aquellos problemas, el Draco de antes tenía que volver.

Pasaron los días y Draco y Nathalie apenas se habían cruzado. El chico intentaba evitarla y ella hacia lo mismo por lo que apenas se habían encontrado un par de veces por los pasillos. Ella tenía sus horarios, él intentaba que los suyos fueran todo lo contrario. Las cosas comenzaron a torcerse cuando en la clase de Pociones el profesor decidió que se haría un trabajo por parejas. Parejas escogidas aleatoriamente, casualidades de la vida que resultó que una de esas estaba compuesta por Nathalie y Draco. Ella apretó los dientes mientras el rubio se ponía a su lado. Aquella rabia volvía a posarse en su interior peor hizo lo posible por aplacarla y seguir con sus tareas. Tendrían que hablar, no quedaba otra, esa era la gracia de hacer trabajos en equipo.

- Si quieres voy cortando las alas de murciélago- dijo Draco en apenas un susurro.

- Como quieras- Nathalie sonó seca, no parecía ella. Siguió con las narices metidas en sus cosas.

- Tendrás que dar tu brazo a torcer un poco, hay que hacer un trabajo juntos, intenta que sea agradable para todos.- Draco no pudo evitar que las palabras salieran de su boca.

- No tengo el propósito de hacer que tu vida sea fácil, ni si quiera me importa lo que hagas en el trabajo, solo quiero que esto se termine y no tenga que volver a acercarme a ti nunca mas. Me das asco.

Draco sintió otro golpe en el pecho, el mismo golpe de aquel día cuando pasó todo. La conocía, a lo mejor no del todo, pero conocía mas de ella de lo que su propio hermano creía saber y ella no era así.

- ja! Eres hermana de Potter, un niño con aires de grandeza que no sabe escribir ni su propio nombre, amiga de una sangre sucia y te has follado a un patético traidor a la sangre que no tiene dinero ni para el desayuno, eres la escoria de la magia. - las palabras fluyeron a través de los labios del chico, estaban teñidas de rabia, de rencor, no lo pensaba, muy lejos de lo que acababa de decir Draco pensaba que Nathalie era todo un regalo para el mundo pero la humillación por parte de la chica le hizo recordar que estaba solo y que el antiguo Malfoy tenía que empezar a volver, hacerse respetar.

Nathalie lo miró con los ojos muy abiertos. Sus manos estaban tensas sobre la mesa, las cuales se habían cerrado en puños haciendo que sus uñas se clavaran en la palma. Como se atrevía a hablarle así, que ciega había estado. Sin decir nada mas se levantó de su asiento y se marchó dejando antes un pergamino a medio terminar sobre la mesa del profesor. No dijo nada, ni siquiera lo miró, no quería saber nada de aquel estúpido engreído que tan bien le había sabido engañar.

Draco se quedó sentado, con la mirada fija en la mesa. Su boca se había convertido en una fina linea bajo su nariz y sus ojos estaban llenos de dolor, húmedos pero sin llegar a soltar una sola lágrima. El profesor no había tenido tiempo a pararla y se había acercado a la mesa de Draco para preguntar que estaba ocurriendo. Draco solo pudo encogerse de hombros y volver a sus cosas incapaz de volver a concentrarse. Sentía que la había perdido y ese era sin duda el peor de los sentimientos que había experimentado.

Los alumnos de Hufflepuff que habían compartido la clase con los Slytherin cuchicheaban por lo bajo formulando varias teorías. Ninguna era acertada pero Draco no hizo intención de corregirlas. Desde que todo había cambiado la opinión de la gente le importaba mas bien poco, había aprendido que lo que de verdad importaba era la opinión de la gente que te quería y en esos momentos aquella opinión era nefasta.

Nathalie llegó a su sala común la cual estaba vacía pues el resto de alumnos se encontraba en clases. La excepción era ella. Se sentó en el sillón mas grande al lado del fuego y se quedó mirando al frente, a la pared, sin un punto fijo concreto. Le dolían las manos de haberse clavado las uñas y la cabeza le daba vueltas. El dolor en el pecho era intenso, pocas veces le había dolido así. Había tenido que pararse varias veces durante el camino a su sala común pues aquel dolor en su pecho le había hecho marearse y que su vista comenzara a estar nublada.

Ahora estaba sola, otra vez, sentada en aquel frío sofá con el corazón destrozado y ganas de llorar. No entendía porqué Draco le había dicho todo eso, ¿De verdad lo pensaba?. Una parte de ella se sentía mal por las palabras del chico pero otra parte, aquella parte que estaba conservando la cordura le decía que lo tenía merecido pues era ella quien había empezado con los insultos. Se sujetó la cabeza entre las manos y sintió que un gran peso descansaba sobre ellas. No entendía porqué le odiaba tanto, por muy malo que fuera en realidad o lo que hubiera echo cuando amas a una persona es difícil que ese sentimiento desaparezca así como así. Es como si su mente estuviera dividida en dos partes. Una odiaba a Draco, el simple echo de tenerle cerca le hacía temblar de rabia. Otra parte recordaba lo que sentía por el y los pocos pero intensos momentos a su lado.

Se tocó de nuevo la herida en su pecho, aquella marca que lanzaba aquellos pinchazos al corazón. No sabía porqué pero tenía la impresión de que tenía algo que ver en todo aquello que ocurría en su fuero interno. Estaba tan distraída organizando sus ideas que no escuchó a la lechuza entrar por una de las pocas ventanas de la sala común. El animal dejó caer un sobre al lado derecho de Nathalie y luego intentó volver a salir pero Nathalie había sido mas rápida que el propio bicho y había cerrado la ventana con un movimiento de su varita. El ave no conseguía salir por lo que se posó sobre una de las estanterías y esperó.

Nathalie se lanzó sobre la carta, abriéndola, pensando por un momento que era Draco quien la enviaba pero aquella letra tan poco familiar le hizo ponerse alerta. Cada palabra que leía era un aliciente para incrementar su miedo. Amenazas, otra vez aquella persona que quería verla muerta. ¿Quien era?¿Por qué la odiaba tanto?. Miró el sobre comprobando que no había nada donde tendría que estar el nombre de la otra persona. Bufó y sus ojos se posaron en la lechuza parda que esperaba tranquila. Si había llevado la carta quería decir que sabía donde se encontraba aquella persona. ¿Y si...? La chica se levantó rápidamente buscando una pluma en su cartera. Sacó esta y la tinta y escribió una simple frase en un papel para luego doblarlo y llamar a la lechuza. Esta acudió a ella y Nathalie ató la nota a su pata.

- Llévala a la persona que ha enviado esta carta- dijo enseñándole la carta de amenazas. La lechuza comprendió rápidamente y se dispuso a volar. Nathalie abrió la ventana y antes de que esta saliera conjuro un hechizo de seguimiento que provocó que un reguero de luces moradas siguiera al animal. No se lo pensó dos veces cuando echó a correr fuera de su sala común.

Nada mas salir del castillo vió como las luces la esperaban formando un camino por el aire en la dirección que había tomado la lechuza. El rastro se adentraba en el bosque prohibido y volviendo a hacer caso antes de sus instintos que de su cabeza siguió aquel hechizo.