La graduación estaba a días de llegar y Bella se encontraba en problemas.
Todavía no le había contado a sus padres que su relación con Riley había terminado. Fue una tonta por alargarlo tanto, pero ya era tiempo de dejar las cosas claras. Ya había pasado casi seis meses de eso. No podía seguir negando, al menos en su corazón, a su verdadero amor.
-Riley debe usar una corbata que combine con tu vestido- comentó su madre desde la cocina. Estaban conversando acerca del gran paso que su querida hija estaba por dar. Solo faltaba un mes para la graduación y necesitaba un vestido… y peor aún, necesitaba una muy buena excusa para decirle a sus padres el por qué no iría con Riley.
Su madre seguía cotorreando sobre la vestimenta y otras cosas insignificantes e Isabella supo que era ahora o nunca. Nerviosa se acercó a la cocina y se irguió en posición de batalla. A pesar de que nada podría salir bien de esto.
-Mamá, tengo algo que contarte- declaró mordiéndose el labio desesperadamente.
-¿Qué pasa, Bella?- respondió Renée tranquila, mientras preparaba unas ensaladas para la cena.
-Riley y yo… ya no estamos juntos- sentenció esperando en silencio la reacción de su madre.
-¿Perdón?- sonaba confundida.- ¿Puedes repetirlo que no he captado?- preguntó amablemente, lo cual la hizo dudar un poco.
-Ya no estoy saliendo con Riley, mamá- pronunció lentamente.
-¿Esto es una broma? ¿Quieres darme un infarto, Isabella?-
-Mamá, lo que pasa es que...-
-Nada de mamá aquí, jovencita. ¿Qué está pasando contigo últimamente? ¿Cuándo pensabas contarme esto? ¿Un día antes de la graduación?-
-La relación con Riley estaba deteriorada. Te dije que ya no era lo mismo y que no quería las mismas cosas que él. Simplemente sucedió- Bella estaba un poquito desilusionada con su reacción. Por un momento imaginó que le preguntaría cómo se sentía o si se encontraba bien. Nunca ocurrió.
-Todavía no entiendo qué tienes en la cabeza. Riley es un excelente joven, educado y responsable. Con un futuro…y por tus ilusiones de niña tiras todo por la borda. Ya sabía que dejarte postular a esa academia iba a ser una mala decisión-
-¡Eso no tiene nada que ver, mamá!- respondió a la defensiva. Su pasión por la danza no estaba en discusión.
-No me levantes el tono, Isabella- interrumpió volviendo a sus quehaceres.- No hagas que me arrepienta de las decisiones que hemos tomado con tu padre. Recuerda que todavía puedo deshacerlas-
Bella no supo cómo responder a eso. Riley claramente no tenía nada que ver con su juicio para decidir lo que quiere hacer de su vida. Es más, el haberlo dejado fue la mejor decisión que haya podido tomar.
Edward y la danza es todo lo que quería de la vida, no necesita nada más.
.
.
.
Cogió su bolso y guardó sus cosas mientras se despedía de la profesora Clearwater. Hoy había sido un día intenso. Quedaban solo días para realizar la prueba de selección para la Academia de Ballet Clásico de Seattle y Bella se encontraba preparada física y psicológicamente para ella. De hecho, la esperaba más ansiosa que nerviosa.
Además, su perfecto novio la esperaba a las afueras del instituto, como cada fin de semana.
Desde el incidente con Paul, las salidas nocturnas habían sido disminuidas y desplazadas por actividades más privadas para una pareja.
Edward la estaba esperando en el Volvo, dado que el clima no los acompañaba mucho. Estaba lloviendo a cántaros y hacía un frío que calaba los huesos.
Bella corrió hacia el auto intentando no mojarse y entró rápidamente. Edward encendió la calefacción mientras la observaba de reojo. Llevaba puesta unas mallas rosadas muy tiernas, en conjunto con unas coletas que le daban un aspecto muy infantil. Su atuendo le hacía pensar que era un pervertido raptándose a una niña del jardín. Con la sola idea rompió en risas.
-¿De qué te ríes chico lindo?- inquirió mirándolo coquetamente.
-De que eres todavía una nenita y yo soy un pervertido que te quiere solo para él- acotó risueño, acercándose y besando tiernamente su nariz.
-¿Es mi vestimenta o son las coletas?- comentó juguetona riéndose también. Tiró sus bolsos a la parte de atrás del auto y se sentó cómodamente.
-¿Dónde quieres ir en este día tan alegre?- preguntó sarcásticamente su novio. Usualmente solían ir a pasear al parque o ver una película, pero el clima no los acompañaba mucho. Bella tenía ganas de más.
-¿Te parece si vamos a la cabaña por un rato?- preguntó tímida. Edward la miró curioso.
-¿Crees que alcanzamos a ir? ¿Qué hay de tus padres?-
-No te preocupes por ellos. Dije que hoy practicaría hasta más tarde- comentó alzando sus hombros, indiferente.
Edward condujo durante casi una hora hasta la cabaña, ya que estaban en Seattle. Se resguardaron de la lluvia con su abrigo y entraron rápidamente a la casita.
Todavía quedaba un poco de olor a tierra dentro de la estancia, pero ya se había convertido en un olor familiar, así que era aceptable de alguna forma. Bella había colocado unas mantas encima de los sofás y había llenado la alacena con un poco de té que sacó prestado de su casa. Puso la tetera a hervir y esperó para servirlo. Edward ya estaba recostado en el sillón. Qué holgazán, pensó.
-No sabía que eras de los típicos hombres que solamente se sientan en la mesa y esperan el almuerzo- comentó divertida sentándose a su lado y poniendo las tazas en la mesita contigua.
-Para eso están las mujeres, Bella- argumentó riéndose y ganándose una palmada juguetona.
-¡Tonto!- comentó regañándolo.- ¿No crees que es extraño todo esto?- preguntó observando la estancia.
-¿Qué cosa, amor?-
-Que tengamos este espacio para nosotros, como si fuera nuestro hogar. Me siento como mi madre-
-¿Eso es algo bueno o malo?- inquirió confundido, mirándola detenidamente.
-Depende de cómo lo mires- respondió carcajeando divertida.
-Pienso que eres hermosa y me encantas- comentó acercándose a ella y acariciando su mejilla tiernamente.
-También me encantas- concordó sonriéndole. Acercó sus labios a los suyos y lo besó lentamente. Primero el labio superior, como una caricia delicada, un roce. Luego pasó al inferior y le dio una leve succión. Edward estaba sorprendido ¿Qué pasaba con su niña tímida que llevaba coletas?
-Bella…- dijo distraído mientras sentía como sus manos tocaban su pecho contra el sofá.
Ella sabía que era ahora o nunca.
Era virgen, pero con Edward como novio, no le daban tantas ganas de seguir siéndolo.
Lo deseaba muchísimo… y si no daba señales de humo, su novio esperaría quizás hasta que se hicieron viejos para dar el siguiente paso.
Edward la tomó en sus brazos y la puso en su regazo. Se besaron con pasión durante muchos minutos.. horas, no habrían notado la diferencia. Estaban en una nube de calor que aumentaba con cada segundo que pasaba.
Bella le levantó la camisa por encima de los brazos y por primera vez lo sintió sin barreras.
Era muy hermoso, casi como una escultura de mármol. Tenía unos brazos muy tonificados, con su tatuaje oriental intacto. Casi una obra de arte.
Estaban sin aliento.
Cuando Edward sintió unas pequeñas manitos intentar abrir inexpertamente el cierre de su bragueta, él supo que ella no merecía esto.
-Bella, mi amor. Hoy no- levantó la mirada confundida. ¿Estaba haciendo algo mal?
-¿Qué pasa, Edward? ¿No te gusto?- cuestionó desilusionada. ¡Era obvia la respuesta! Por supuesto que ella no tenía la suficiente experiencia en estos temas. Seguramente él estaba acostumbrado a chicas que sabían que decir y que hacer.
-¡No, Bella, no! Isabella escúchame- demandó al sentirla bajarse de su regazo.-No me gustaría nada más que hacerte el amor, pero mereces algo mejor, ¿no crees? Mejor que esta casucha maloliente-
¿Cómo se supone que ella tenía que reaccionar a ese tipo de declaraciones? Estaba frita. Su piel se puso de gallina y le recorrió un escalofrío por la columna. Nunca nadie le había dicho nada tan caliente y romántico a la misma vez. Necesitaba aire… quizás una ambulancia.
-¡Hey! no insultes a mi cabaña- respondió arreglándose la malla rosa e intentando calmarse. Edward inesperadamente la volvió a tomar de sus caderas y la acercó a él.
-Todavía no termino contigo, chica lista- inquirió juguetón volviendo a besarla.
Y así fue como se pasaron la siguiente hora. Entre besos, caricias y un té, finalmente helado.
.
.
.
De vuelta a casa de Bella, iban escuchando música al tope del volumen, mientras cantaba a todo pulmón, totalmente relajada, enamorada y dueña de su vida.
Pero los secretos tarde o temprano se saben. En esta vida nada puede mantenerse bajo el brazo por mucho tiempo y ellos lo comprendieron de la peor manera.
Sin medir consecuencias, Edward estacionó el volvo afuera de la casa de su novia, para luego de despedirse, dejarla ir.
-El sábado tienes tu presentación- dijo Edward emocionado.- ¿Crees que podremos vernos para celebrar?-
-Todavía no he entrado. ¿Qué pasa si no quedo?- se preguntó pensativa y un poco asustada. No tenía un plan B.
-Eres perfecta Bella. Te amarán, lo prometo-
-¿Cómo sabes tú si nunca me has visto?- cuestionó.
-Eso es por qué nunca me has dejado ir a una de tus presentaciones o clases o…- se había perdido tantas cosas durante este tiempo juntos. Aunque no lo demostrara, le apenaba enormemente.
-Sabes que era imposible que pudieras asistir- aseguró tratando de restarle importancia.
-Lo sé. ¡Pero me debes una, Swan!- declaró acercándose para besarla.
De repente su beso fue interrumpido por un súbito grito. Bella alarmada desvió su mirada hacia su casa y ahí estaba… acercándose, lentamente, el fin de su vida.
Renée venía aproximándose en un estado de cólera nunca antes visto. Lo peor de todo… Charlie venía detrás.
-¿Qué crees que estás haciendo Isabella?- gritó alarmada.
-¡Mierda!- Bella finalmente reaccionó y salió rápidamente del auto. La iban a asesinar… peor aún, ¡lo iban a matar a él primero!- ¡Edward! ¡Ándate de aquí, mi padre te va a disparar!-
-No me voy a ninguna parte Bella, no dejaré que te enfrentes a ellos solos-
-Por favor, ¡hazme caso!- aseguró.
-He sobrevivido cosas peores, Bella. Confía en mí- bajó del auto y se posicionó a su lado.
Sus padres llegaron en dos segundos y el caos se desató.
-¿Qué haces con mi hija, Cullen? ¿Qué está pasando aquí?- preguntó su padre colérico. ¿Cuántas veces le había dicho a su dulce Bella que no se juntara con ese tipo de gente?
-¿Es por éste que terminaste con Riley?- cuestionó por su parte Renée. Estaba furiosa, nunca la había visto actuar así.- ¡Bella responde!-
-Mamá... papá. Por primera vez en mi vida soy feliz. Edward no es la persona que ustedes creen-
-No me vas a venir a decir tú Isabella quién es él, ya lo sé yo perfectamente. Es un alcohólico, un matón y si no fuera por su padre estaría tras las rejas- a Renée casi le da un infarto al escuchar a su esposo. ¿Su hija con un delincuente?
-Señor Swan, si me deja explicarle…- comenzó el chico. Estaba sintiendo la rabia apoderarse de su cuerpo, pero debía ser fuerte por ella.
-Yo me quedaría callado si fuera tú, jovencito… Te prohíbo que vuelvas a hablar con mi hija, Cullen… y esto no te lo digo como el jefe de policía, sino como su padre. Créeme que soy capaz de muchas más cosas-
-¡No pueden prohibirme verla! ¡Eso nunca va a suceder!- anunció exaltado, levantando acusatoriamente un dedo hacia ellos.
-Por favor, Edward, déjame hablar a mí- rogó Bella.
Él la miró confundido y sumamente enojado. Sabía que esto algún día pasaría, pero nunca pensó que sería tan difícil. Se acercó a ella para darle un beso de despedida y ella negó con la cabeza, suplicándole. No necesitaba más problemas.
Edward observó una vez más a su familia y se encaminó al auto, echando chispas. ¿Por qué su pasado regresaba justo ante la persona que más amaba? El intentaba dejar todo atrás, pero no, el bastardo volvía para torturarlo.
Sabía que este momento llegaría, pero nunca pensó cuánto le iba a costar.
.
.
.
-¿Tienes una remota idea de quién es ese chico?- cuestionó su padre un poco más calmado. Ahora se encontraban discutiendo en la sala, pero Bella se enfurecía cada vez más.
-¡No me importa su pasado, papá! El realmente me quiere, por quién soy y no me ata a nada. Estar con él es como tener otra vida. Riley me dejaba estancada… en cambio Edward es como el viento, estamos en la misma corriente-
-¡No lo nombres, Isabella! Ese chico no es nada más que problemas y lo sabes- acotó Renée, golpeando la mesa, asustando a Bella en el proceso.
-¡Tu ni siquiera lo conoces, mamá! ¿Cómo puedes decir eso de él?- argumentó. ¿Cómo se atrevía a juzgarlo de esa manera?
-Porque tu padre ha dejado claro el tipo de hombre que es… Además, ¿cuántos años tiene? ¿Qué hace de su vida aparte de drogarse e irse detenido cada fin de semana?- preguntó expectante.
-¡Él no se ha ido detenido en mucho tiempo!- respondió colérica.- Además, papá… tiene muchos problemas en casa… No tiene madre y es como si su papá no existiera… está muy solo- sabía que si tocaba la parte sensible de Charlie, podría hacerlo entender aunque sea un poco la situación, pero le estaba costando.
-Carlisle Cullen es un abogado con reputación y lo único que opaca su fama es su hijo con aires de rebelde con causa. Te lo digo, no es más que un niño problemático que quiere tener a alguien inocente como tú para arrastrarlo al mismo infierno en el que está y yo no voy a permitir que ese alguien sea mi hija- sentenció claro y firme. No dejaría que su hija se perdiera. Primero muerto.
¿Por qué les era tan difícil entender? Edward no era una mala persona. Nunca podrían hacerla cambiar de opinión.
-¡No piensen que no voy a verlo más! ¡Están locos!- Bella gritó subiendo enfurecida a su habitación, pegando un portazo a la puerta y dejando a sus padres en la sala.
¿Qué se creían para decirle qué hacer o con quién verse? Ya estaba lo suficientemente grande para poder distinguir eso.
Edward a pesar de todo, era un buen chico. Quizás un poco problemático y con poco autocontrol, pero nunca le haría daño. Eso ella lo sabía.
Y por sobretodo, lo amaba.
Él era tan diferente a todo lo que conocía. No se dejaba mandar por nadie, seguía sus propias reglas y sin saber cómo, la quería también.
Ella era feliz con él y nadie podría quitarle esa felicidad.
Mucho menos sus padres, que se supone deberían apoyarla en todo.
Ahora se encontraba castigada quizás hasta el fin del mundo, pero poco le importaba. Ya que sus padres sabían todo, se sentía en cierta forma libre de secretos y eso le daba una independencia que agradecía.
Y sí, quizás él era malo… pero cuando sonreía, Bella solo veía lo bueno en él.
.
.
.
Respiraba entrecortadamente.
No quería hacerlo… pero estaba tan cerca, solo a un dedo de distancia.
Edward había dejado una botella de whiskey encima de la cama. No quería abrirla y probarles a los padres de Bella que sí era un don nadie, un borracho sin vida.
La estigmatización de esa tarde fue tan dura para él, que ya solo quería perderse para no seguir escuchando esas palabras en su cabeza.
Tenía bastante claro que él no era nadie.
Tenía bastante claro que nadie lo quería.
Tenía bastante claro que él no la merecía.
¿Pero qué podía hacer a estas alturas?
Ya había caído en las redes de Bella Swan y no había nada que se pudiera hacer al respecto.
Él estaba enamorado de su sonrisa, de su voz, de su boca, de su cuerpo, de sus ojos… simplemente estaba enamorado completa e irrevocablemente de ella. Nadie podría negarlo.
La vergüenza y el dolor le decían que sí, que bebiera. De todas formas, ¿a quién le importaba que él estuviera bebiendo en su alcoba, solo y con su mente limpia de pensamientos?
Pero los sentimientos que tenía por ella eran mucho más fuertes. Se negaba a dejar que el alcohol superara su fuerza de voluntad y por ende, su amor.
Edward una vez dijo que tenía el poder de destruirla, pero al pasar el tiempo y al enamorarse de esta chica tan perdidamente, supo que nunca lo tuvo.
Siempre fue ella la del poder.
