Hola, hola! gracias por todos sus comentarios Ysabel187 se me había olvidado responderte :P Actualizo la historia todos los días de lunes a viernes. Soy una obsesiva de los fanfic y cuando me engacho en una historia siento horrible que me dejen en suspenso por meses! así que trato de actualizar todos los días y bueno, se han conjuntado los astros porque he tenido tiempo e inspiración, así que les digo que ya tengo escrito hasta el capítulo 22 así que seguiré actualizando constantemente, espero me sigan leyendo y que la historia les siga gustando
Capítulo 14
Alfred termina de acomodar las piernas en el reposapiés de la silla para salir a pasear por los jardines de la mansión. Albert desea acercarse al bosque y poder saludar a su adorada mofeta. El día es cálido aun así Candy le ha abrigado bastante. Con sus manos gira las ruedas de la silla encaminándose a la puerta de la habitación donde ya está Michael el mellizo de Alfred, esperando con las puertas abiertas para salir. Rueda por el pasillo sin ningún problema gracias a las modificaciones que George ha podido hacer como quitar las alfombras de las habitaciones y pasillos, quitar mesas, sillas y adornos que pudieran afectar la movilidad de la silla. Se detiene a la orilla de las escaleras, mueve la palanca de freno de la silla y espera a que los mellizos se acerquen uno a cada lado y lo carguen para bajar las escaleras. El mayordomo de la mansión se encuentra con ellos y baja la silla de ruedas. Candy los está esperando en la planta baja a la orilla de la escalera.
- Buenos días – le dice con su hermosa sonrisa haciéndole sentir aún más feliz de salir de la casa después de un mes de haber llegado del hospital
- Buenos días preciosa – le responde mientras los hermanos le colocan nuevamente en la silla. Se acomoda el sweater y extiende sus brazos recibiendo a la rubia en un abrazo matinal que ya se ha vuelto costumbre en ellos.
- El día es perfecto para salir – le dice tomando el control de la silla. Los gemelos les siguen tomando una canasta de comida, mantas y almohadones que la rubia ha preparado con antelación.
Candy conduce a Albert por la rampa que George ha mando construir y en poco tiempo ya están en los jardines de la mansión. Albert inhala fuertemente sintiendo el aire fresco de la mañana
- Es maravilloso sentir el aire fresco, Candy. Gracias
- Espero que no te haga daño Albert
- Te aseguro que será todo lo contrario. Empezaba a sentirme encarcelado en mi propia casa.
El rubio siente la dificultad de su pequeña para empujar en el césped así que le ayuda a su propulsión, llegando a los linderos del bosque en unos pocos minutos. Conforme se adentran Albert busca por los alrededores y no tarda en aparecer su adorada mascota. Él le llama pero Puppe parece un poco temerosa al verlo en la silla, poco a poco con las palabras de Albert se va tranquilizando hasta dar un salto directo al regazo del rubio, recorre su pecho y da unas vueltas alrededor del cuello. Albert la acaricia muy feliz de verla nuevamente. Candy empuja la silla por un camino del bosque hasta la orilla del lago.
Los hermanos ayudan a Candy a colocar manteles, mantas almohadas y sacar la comida de la canasta para un día de campo. En cuanto está listo colocan a Albert en el suelo recargado en el tronco de un árbol y varios almohadones. Pupee se entretiene merodeando por entre la comida hasta encontrar sus nueces favoritas y los hermanos se desaparecen como por arte de magia.
Candy sirve un poco de vino en unos vasos y le acerca una a Albert, éste la toma sorprendido y feliz de pasar un momento agradable con su adorada Candy.
- Teníamos pendiente este día ¿recuerdas? – le comenta a la rubia
- No recordemos el día del asalto, Albert – le dice la rubia con tristeza en la mirada – salí de mi departamento feliz pensando en que pasaríamos un día juntos y terminamos en el hospital con tu vida en peligro
- Siento haberte hecho sufrir, pequeña – le dice con sinceridad el rubio – siento hacerte sufrir – continua mirando hacia sus piernas inútiles que le han hecho tan dependiente de los demás.
- Temí perderte, pero ahora no me haces sufrir – responde con una enorme sonrisa de sinceridad – es más me gusta estar contigo, y sé que pronto te recuperaras
- Candy…
- Vamos Albert, alégrate, desde que llegamos a Lakewood querías adentrarte en el bosque y por fin estás aquí
- Lo sé pequeña y te lo agradezco, pero…
- ¿Qué sucede Albert?
- Candy… le he pedido a George que prepare tu regreso a la ciudad
- ¡¿Qué?! ¿Por qué Albert?
- Mi situación no va a cambiar por un largo tiempo – comienza a explicarse el rubio – y sé que deseas cuidarme como siempre lo haces, Candy. Pero esta situación puede ser permanente y los dos tenemos que continuar con nuestras vidas
- Yo sé que volverás a caminar Albert y no me pienso mover de tu lado hasta que eso suceda
«¿y luego qué, Candy?» piensa el rubio « si vuelvo a caminar te volveré a perder… y si nunca recupero el movimiento, entonces estarás toda tu vida a mi lado… sin amarme…»
- Candy… el doctor Martin también te necesita en la Clínica
- Él tiene varias enfermeras más que le ayudan, él que me necesita eres tú Albert
- Candy…
- Vamos Albert dejemos este tema que no lograras convencerme, ¡entiéndelo! Sé que no te gusta que te cuide como enfermera, y trato de ya no hacerlo. Si estoy aquí contigo no es porque te vea como un paciente, es porque te quiero y quiero estar contigo en estos momentos, siempre hemos estados juntos, Albert. Debes saber que lo más importante para mí eres tú.
- Candy… - susurra emocionado por las palabras de su pequeña, cómo quisiera levantase, acercarse a ella y estrecharla entre sus brazos y decirle que la ama, que siempre la ha amado y que ella también es lo más importante para él, pero aunque está a casi un metro de distancia, está fuera de su alcance.
La rubia sonríe y ríe al observar a Puppe con la boca llena de nueces y otras más a su alrededor. Albert observa a su mascota y también ríe, dejándose querer por su querida Candy. Dejando sus pensamientos a un lado concentrándose en el presente en ese momento donde tiene a la mujer que ama con él.
Después de comer un poco Candy acomoda a Albert de tal manera que duerma un poco antes de regresar a la mansión. En cuanto él cierra los ojos ella juguetea por los alrededores con Puppe y Klin, se divierte persiguiéndolos, subiendo a los árboles y saltando de uno a otro. Albert se despierta poco después y la observa desde su lugar.
Siente como su corazón se acelera cuando la ve tan alegre y feliz, tan ella, en medio del bosque, con sus animales y trepando árboles. Esa es la esencia de su querida Candy y esa también, es su esencia. «Si pudiera caminar, mi dulce Candy… estaría contigo en la copa de algún árbol, admirando el paisaje, sintiendo el aire pasar por entre las ramas» piensa el rubio mientras la sigue observando con adoración «gracias por la alegría y el color que le pones a mi vida, Candy, me llenas de esperanza, pero… ¿cómo puedo ser valiente en estos momentos? ¿cómo puedo pensar en amarte cuando temo caer?...»
La rubia baja de un de los árboles gritando el nombre de Albert al verlo despierto y se encamina hacia él corriendo acompañada de los animales que llegan primero y juguetean alrededor del rubio. «solo viéndote todas mis dudas de alguna manera desaparecen» piensa el rubio admirándola correr hacia él con su hermosa sonrisa y sus bellos ojos esmeralda brillar al sol. «mi querida Candy, te he amado desde hace mil años… he muerto un poco cada día sufriendo por tu falta de amor hacia mí… y aun así sé que te querré por otros mil años más.» piensa el rubio mientras la recibe con los brazos abiertos. Ella se deja caer a su lado y le abraza riendo feliz de verle como es: un hombre en medio de la naturaleza que tanto ama.
- Klin y Puppe han estado muy alegres. Creo que les gusta verte aquí – le comenta sin alejarse un poco
- A mí también me gusta estar aquí, sabes que no me gusta la ciudad, ni la alta sociedad
- Bueno, Albert, creo que la alta sociedad ha sufrido un fuerte revés con esta crisis financiera. ¡Recuerda que ya hasta te gustaba ir a trabajar al banco!
- Es cierto Candy, el trabajo con la gente me gustaba, me sentía útil y sentía que ayudaba en realidad…
- Sigues ayudando Albert, porque George te sigue llenando de trabajo todos los días
- Extraño el contacto con la gente
- Pronto estarás de vuelta, Albert. te lo prometo – concluye la rubia acercándole el último pedazo de tarta de manzana que queda – ¿compartimos?
- Como siempre lo hemos hecho – responde asintiendo mientras toma una de las cucharas que la rubia le acerca.
Ella toma la otra y juntos se terminan la tarta antes de comenzar a levantar las cosas. Albert llama a los hermanos que en poco tiempo están ahí para ayudar. Albert está seguro que debieron estar muy cerca pues no ha tenido que levantar mucho la voz. Entre todos levantan rápidamente, Alfred carga al rubio y le coloca en la silla para comenzar su regreso a la mansión.
