N/A: Gracias por vuestro apoyo y por aguantar en la historia a pesar de que estuve meses sin aparecer... Muchas gracias, espero que os guste el final...
EPÍLOGO
– ¿Qué tal me veo? – Preguntó Blaine a Sam, Rachel y Kurt, que estaban viendo la televisión. Se había peinado con menos gomina de la habitual, llevaba unos pantalones rojos algo ajustados, una camisa blanca, zapatos negros y una pajarita amarilla.
– Te comería ahora mismo... ¿Tienes una cita? – Berry lo miraba con el ceño fruncido.
– He quedado con Kate. – Todos se quedaron asombrados. ¿Una cita? ¿Con una chica? Al ver sus caras, el moreno decidió aclarar. – La hermana de Sebastian. – Los demás soltaron el aire que habían contenido con alivio.
– ¿Qué hace en Nueva York? – Preguntó el castaño.
– Ha venido con unas amigas de vacaciones. Me apetecía verla.
Un año había pasado desde que Blaine y Sam abandonaran Lima para llegar a la Gran Manzana. Vivían junto a Rachel y Kurt. Santana había vuelto con Brittany después de que ésta rompiera con Evans y la pareja se mudó a un apartamento solo para ellas. Desde entonces las cosas no habían cambiado mucho. Kurt y Blaine eran sólo amigos, aunque cada día más unidos y cercanos. El moreno iba superando su dolor poco a poco, aunque los recuerdos le seguían entristeciendo. Sam estaba en la búsqueda de su chica perfecta y Rachel se esforzaba por olvidar a Finn, que falleció poco después que Sebastian. Como Anderson y ella habían pasado por lo mismo, ambos se habían apoyado mucho y en la mayoría de las ocasiones, sólo se podían consolar entre ellos.
El moreno llegó a la cafetería en la que había quedado con Kate. Ella ya estaba allí, sonriente y más guapa de lo que él recordaba.
– Hola cariño. – Lo saludó ella.
– Hola guapa ¿Que tal todo? – Preguntó el ojimiel.
– Bueno... Ha sido un año difícil pero la tristeza no es una opción. Quiero que se sienta orgulloso. – La sonrisa de la joven se tambaleó por un breve instante y sus ojos se humedecieron, pero volvió a su expresión de felicidad. – ¿Tú qué tal? ¿Cuántos corazones has roto en Nueva York?
– Ninguno.
– Eso será porque no has querido.
– No he conocido a nadie... – El moreno comenzó, pero fue interrumpido por la ojiverde.
– ¿Y de los que ya conoces?
– ¿De qué hablas?
– Kurt.
– No voy a volver con Kurt.
– ¿Por qué no?
– Eso sería como decirle al mundo que no quise a Seb y que sólo fue una distracción hasta que pudiera volver con Kurt.
– Los que te conocemos sabemos que amaste mucho a Bas, pero él ya no está. Mis padres y yo estamos preocupados. Sabemos que sigues sintiendo algo por Kurt y no nos gustaría que lo perdieras por no atreverte a estar con él.
– ¿Y si lo pierdo?
– Si no te arriesgas, ya lo has perdido.
Blaine llegó al apartamento y vio a Kurt. Estaba en pijama comiendo palomitas mientras veía la televisión. El más bajo se sentó a su lado.
– ¿Podemos hablar? – Quiso saber el moreno. El mayor se fijó en la expresión seria de su amigo y apagó la televisión y cambió la postura para mirarlo a los ojos. – ¿Crees que es pronto para rehacer mi vida? – El castaño se sorprendió por la pregunta.
– Claro que no. Blaine... Ha pasado un año. Eres joven y debes seguir con tu vida.
– Yo... Tengo miedo. – El moreno suspiró y dejó que una lágrima cayera por su mejilla. El castaño sentía que su corazón se había roto. Seguía tan enamorado de su ex novio que no podía soportar que estuviera con otro. Pero ante todo, era su amigo.
– Todos tenemos miedo. Pero no debemos dejar que nuestros miedos nos impidan ser felices.
– Hay otra cosa que me preocupa. No quiero que nadie piense que Sebastian fue un consuelo y no alguien a quien amé.
– ¿Por qué pensarían eso?
– Por esto.
Blaine juntó sus labios con los del castaño y se dejó llevar en un beso en el que pretendía transmitir todo lo que sentía. Kurt correspondió el beso con todo el amor que pudo. No podía imaginarse que volvería a estar así con el moreno.
– Te amo. – Susurró el castaño cuando se separaron.
– Yo también te amo.
Puede que pasaran mucho tiempo separados, que el ojimiel tuviera otra historia de amor, que los dos sufrieran por la distancia, pero habían encontrado su "hogar". Porque ellos se compenetraban y se entendían de manera única. Porque a pesar de todo, sus corazones palpitaban al unísono. Porque ellos estaban predestinados...
