DÍA DE POST-CUMPLEAÑOS: "Paz Falsa"

Los prefectos visitaron juntos la tumba de Ichiru a la mañana siguiente. Las gotitas de rocío sobre el césped parecían perlas al ser iluminadas por el sol, y el aire del alba se veía como dibujado con esporas mágicas que rebotaban en la tibieza de la primavera. Kira Airen colocó unas flores junto al pequeño santuario-lápida y juntó las manos sobre su pecho para rezar una plegaria que le salió del corazón y cuyas palabras no pronunció con sus labios. Zero Kiryuu, acompañado así, sintió que por fin podía visitar la tumba de su hermano sin tener que atormentarse solo.

-¿Cómo era él? –preguntó ella.

-¿Cómo...? Era... calmo, valiente, determinado... Era... dulce.

-Ah, como tú...

-Muy graciosa. Lo único que impedía que fuera un heroico cazador de vampiros era la enfermedad de su cuerpo. Esa debilidad que yo le atribuí.

-¡No hables así...! Ya nos lo hemos dicho: no debemos castigarnos. Tú amas a tu hermano; jamás le habrías hecho daño...

-Sí pero... No pude evitar crecer siempre viéndolo como a alguien frágil.

-Mmm... Quizás eso lo hizo débil...

-¿Q-Qué?

-Si siempre lo miraste pensando que era frágil..., difícilmente él habría crecido creyendo que podía ser fuerte.

Zero titubeó. Las palabras de Kira sonaban muy atinadas; temió que fuera verdad y hubiera sido él el responsable del destino que Ichiru había tenido.

-P-P-ero... tomaba medicamentos... Le habían diagnosticado deficiencias fisiológicas...

-¿Y...? La mente humana, en el plano de la subjetividad, puede crear realidades extremas. Tal vez esa "maldición de los gemelos" no existe y es el resultado de dejarse llevar por un invento social.

-¿T-Tú crees...?

-No lo sé. Estoy suponiendo que la mente puede curar cuerpos enfermos con convicción y buena fe, así como puede suceder lo inverso. Tal vez...

Contemplaron la tumba del gemelo difunto y recibieron las caricias del viento. Fuera o no fuera acertado lo que opinaba la mujer, Ichiru era parte del pasado y ya...

Al reencontrarse al amanecer ya se habían mirado de una forma especial, de modo que durante el desayuno existió una interesante tensión entre ellos que cada tanto detonaba rubor en sus mejillas. Comieron con Cross y Yagari los platillos dulces que habían quedado del día anterior. Reinó un clima de vacaciones o fiestas aún siendo el "post-cumpleaños" de Zero. Más tarde, cuando Kira fue a su salón por su cuenta, él tuvo un rato para charlar con su maestro a solas. Dieron un pequeño paseo por la Academia y mantuvieron una relación de padrino-ahijado en que se pusieron al tanto de sus cosas. El mayor interrogó a su aprendiz, ciertamente, acerca de su estado general como vampiro, la reciente muerte de Ichiru y la repercusión en su equilibrio emocional, las clases..., etcétera.

-Y, ¿no la viste más a tu amiga Yuuki? –preguntó, aunque invocando una mirada reacia por parte del joven.

-No es mi amiga y, no, no la vi más, por suerte.

-Ah... O sea que te quedaste enfadado con ella.

-Maestro, nunca más quiero hablar u oír de esa chica, ¿está bien? –espetó-. Ya no es parte de mi vida.

-De acuerdo... Entiendo lo que dices... ¿Tu corazón le pertenece a Airen?

-¿C-Cómo...?

-Vamos, pupilo... ¿Tienes sentimientos por ella?

-Y-Yo...

-¡Ey...! ¡Puedes decírmelo! Guardaré tu secreto, Zero. ¿La amas?

-¡Ma-Maestro!

Rió a carcajadas, luego abrazándolo por la espalda en una muestra de amistad entre hombres brutos.

-Estás enamorado, ¿eh? Qué bien por ti. Aunque has elegido a una mujer muy controvertida...

-¿Q-Qué...?

-Una chica que es blanco de un Conde de la Noche digamos que no trae siempre buenas noticias.

-Pues..., no tendría por qué ser encontrada...

-Pero, ¿crees que pasará desapercibida por el resto de su vida? En esta academia goza de una seguridad y una paz relativas, Zero; cuando saliese al exterior, para hacer unas simples compras o para dar un paseo, los ojos del enemigo le estarían encima... ¿Qué pasará con eso?

-No lo sé... Sinceramente, me asusta.

-Pero, ¿no hay nada que puedas hacer?

-No lo creo. Sólo puedo... Sólo puedo protegerla aquí, pero afuera...

-Claro.

-Sin embargo, aparte de eso, aquí está todo en orden. Nos llevamos muy bien y es una excelente compañera como prefecta.

-¿Sabe la verdad acerca de ti?

-... sí, Maestro..., lo sabe.

-¿Se lo dijiste tú?

-Más o menos...

-Ajá... ¿Eso significa que bebiste de su sangre y que la gargantilla negra alrededor de su cuello es para disimular las dentadas de tus colmillos?

El chico lo miró, atrapado. ¿Tan obvias eran las cosas? Bueno, mientras que el Director no se enterase, sería mejor... Yagari, después de todo, era comprensivo y dejaba pasar situaciones dificultosas.

-Supongo que no puedo ocultarte nada –Zero se rindió.

-No me digas que recién te das cuenta.

-Intenté negarlo...

-Ja-ja... Te he visto crecer, muchacho. ¿Cómo esperas que a estas alturas no note incluso tu manera de mirar a una jovencita cuando estás enamorado?

-¡Maestro!

Carcajeó de nuevo, dándole una palmada en la nuca. Continuando con la caminata, no obstante, también fue capaz de adoptar un tono serio y hacerle ver a Zero un punto importante:

-Creo que es la mujer para ti. Ha sufrido las mismas catástrofes, ¿no? Perdió a toda su familia a manos de un Sangre Pura cuyo amante fue asesinado. Sin ir más lejos, tú mataste a un amigo de ese Sangre Pura y sientes odio por los mismos vampiros que ella aborrece. Es cazadora y sensible, con ilusiones de ser fuerte y librarse de su dolor. Y, por sobre todo...

-Me eligió a mí y no a un vampiro de rostro bonito –Zero completó, recordando la actitud que había tenido Yuuki en relación a Kaname.

-¿Sigues deseando que esa chica te hubiera elegido? ¿Te has puesto a pensar... en la idea de que Yuuki no se hubiera ido? Si hubiese sido así y aún permaneciera en la Academia, ¿habrías elegido a Kira habiéndola conocido ahora?

El muchacho no dio respuesta.

-Quiero decir..., ¿es Kira acaso el reemplazo de lo que no pudiste tener con Yuuki?

Zero se sintió de pronto fatal... porque, sí, en una parte de su corazón había hecho eso. Tras perder trágicamente a la chica que quería, Yuuki Cross, luego apellidada Kuran, había estado desolado. La llegada, entonces, de Airen parecía ser un parche para la herida de su alma, pero..., ¿la quería realmente por lo que era ella en su esencia... o era por esa estrategia para suplantar el afecto que Yuuki le había negado? Él sabía que Kira lo apreciaba con sinceridad, así que mirarla con ojos que aún buscaban a Yuuki era cruel y un acto de engaño.

-Te sientes mal, ¿eh, pupilo? Es entendible... No eres el primero que hace eso, usar el corazón de una inocente para curar las lesiones propias.

Después de decir eso, lo miró lenta y amenamente, como señalándole el error pero con un grado de perdón que lo hizo sentir aliviado, como que no había sido condenado por su accionar y que todavía estaba a tiempo de sentir amor por Kira por quien era ella sola.

-M-Maestro..., gracias.

-No hay de qué, pupilo.

Zero fue a clases, reuniéndose con la guardiana de ojos azules que lo recibió con una mirada cálida desde su banco, al final del aula, en cuyo frente se hallaba aquella maléfica profesora de Biología.

-¿Todo bien? –le preguntó ella. Como contestación, el hombre le mesó el cabello suavemente y la otra sonrió.

-¿Aburrida, la clase?

-No, para nada.

-¿Alguien te molestó?

-No. Alika, de hecho, me saludó.

-Bromeas.

-No –dijo, riendo por lo bajo.

-Vaya..., y eso que no recuerda lo que hiciste por ella en la noche del baile.

-Sí. No sé qué le pasa... Supongo que se cansó de molestarme.

-Mejor así.

-Tú, ¿cómo estás?

-Bien... –respondió tras suspirar.

-¿Sí?

-Sí.

-Feliz "post-cumpleaños".

-Ja... Gracias, Kira.

-Oye, tenía ganas de visitar a los caballos luego. ¿Podemos ir?

-De acuerdo.

-Y para el almuerzo, ¡tenemos la comida de ayer!

-Si mi maestro no se la comió toda para ese momento...

-¿Qué, es como yo? ¿Come todo lo que encuentra en su camino?

-Más o menos. Lo que sí, aprecia mucho la buena comida, en especial preparada por una mujer. Considera que los hombres cocinan bruscamente y con poca sazón, y a la comida la ve más como una manifestación artística que debe interpretarse con equilibrio.

-Mira, qué bien... Es un hombre agradable.

-Agh, se vuelve molesto con los años.

-Lo conoces desde muy chico, ¿no?

-Sí. La preparación que me dio para ser cazador inició cuando yo era muy pequeño.

-Pero, ¿por qué no te preparaban tus padres?

-Airen y compañía, por favor guarden silencio –la docente solicitó en un aire serio y formal pero contenido.

Los prefectos se sonrieron entre sí, mas obedecieron... en una cierta forma. Zero tomó un papel y lápiz y escribió la respuesta a la pregunta. Con un dedo, empujó el papel por la mesa hasta las manos de Kira, quien leyó "estaban muy ocupados; además, Yagari siempre fue reconocido como uno de los mejores cazadores". Ella, con una sonrisa, escribió "Me gusta tu letra". Él contestó "Y a mí la tuya, aunque cuesta entenderla". La joven dibujó entonces una carita que sacaba la lengua y tenía los ojos achinaditos, a modo de burla, lo cual hizo reír al hombre. Éste añadió otra carita al lado que le pegaba con un palo en la cabeza, lo que los hizo reír discretamente. Ella hizo un yunque que estaba a punto de caer sobre ese último personaje, y Zero dibujó en piano cayendo arriba del otro. Intercambiando manifestaciones de afecto, él, encantado, la miró y Kira se sintió feliz. Claro que después la profesora reiteró el escarmiento, pero, ¿qué importaba? Zero jamás había sido así de divertido con alguien; si antes, cuatro meses antes, todos decían que era un aburrido, una persona seca y escalofriante...

La guardiana no pensaba eso. Ella era la diferencia.

Y por eso, la última cartita que él le envió decía "Me siento muy feliz hoy. Gracias ^.^". Kira le devolvió una mirada cuidadosa.

Fue una carrera llegar a la cocina y poner a salvo la comida que Yagari quería devorarse al mediodía. Entre risas, el joven de dieciocho años se abrazó a un gran montón de bocadillos y le ordenó que se mantuviera lejos de ellos.

-¡Oh, vamos, Zero! ¡Ustedes sí tienen que mantener su figura! ¡Yo ya estoy viejo, ¿qué importa? –el maestro exclamó mientras ellos se retiraron a la sala de estar.

Sentados en el sillón, se prepararon una mesita ratona, donde colocaron su almuerzo, y luego de sacarse los zapatos, subieron los pies al sofá y platicaron entretanto saborearon el momento.

-Dibujas bien –el chico comentó.

-Lo mismo digo.

-Tienes gracia.

-Y tú.

-Aunque escribas como médico.

-¿Qué?

-Sólo los médicos escriben con una caligrafía tan enredada.

-Ah, cállate. Es linda, al menos.

-Sí, eso sí.

-Oye, ¿nos escapamos de clases ahora o vamos con los caballos luego?

-Considerando nuestro deber de prefectos, escapemos ahora.

-Ji-ji, genial.

-Ey –luego de unos segundos, dijo-, te queda bien esa gargantilla.

-¿En serio? Gracias.

-¿Estás muy lastimada ahí abajo?

-Ah... Un poco... ¡Pero no es nada!

-¿Te duele?

-Ni un poquito.

-Je... Qué dulce hablas.

-¿Cómo...?

-Los términos que usas. "Un poquito"; es tierno.

-Mmm. Me acostumbraron a hablar así.

-¿Tus padres?

-Sí.

-¿Cómo eran?

-Ah, mi mamá era hermosa. Tenía cabello castaño lacio hasta la cintura que brillaba en verano como si fuera de oro. Sus ojos eran grandes y celestes y tenía la piel bien clara. Era alta, con media cabeza de diferencia con mi padre, y era bastante atractiva. ¡Mi papá estaba constantemente a la caza no sólo de vampiros sino también de otros hombres que la acechaban!

-Qué estresante.

-Se amaban mucho. Él tenía pelo negro y ojos grises, como mi hermano, y acostumbraba tener barbita y bigotes pequeños.

-Tu hermano, ¿era muy alto?

-Sí, de hecho. ¡Era el más alto de la familia! Ja-ja... A mí me apodaban la "enana", lo cual en realidad es tierno, ya que me permitía recibir el cuidado de todos.

-Qué bonito.

-Sí... Cuando era pequeña (y no tan pequeña, incluso) era común que tuviera pesadillas, pero podía buscar a Itsuki en la noche y dormir a su lado. Era mi ángel guardián...

Se ruborizó al decir eso y miró su mano derecha. Un recuerdo delicioso flanqueó su mente y confesó a Zero:

-No obstante..., mis padres tuvieron sus malas épocas como matrimonio... El tema de la asociación de cazadores erosionaba mucho su relación, y una tarde en que pensamos que iban a separarse, mi hermano y yo nos escapamos a un campo que teníamos cerca de casa. Recuerdo los pájaros, que volaban libres, y los animales de granja que pastoreaban separadamente. Era un sitio realmente libre de impurezas, en realidad... Ahí hicimos un pacto para unirnos para siempre como cómplices; sin importar si nuestros padres se divorciaban, nosotros estaríamos juntos para siempre... Nos tajamos las manos y las unimos en señal de un lazo de sangre... ¿Ves esta cicatriz? –Zero miró una raya que cruzaba la palma de la chica. –Así fue.

-Lamento lo que debes sentir cada vez que piensas en él.

-Sí... –comentó, suspirando y tomando de su vaso de agua.

-Sabes... eso que dijiste acerca de tus pesadillas..., me recordó a cuando Ichiru me pedía que durmiera al lado de él... Cuando decía que estar conmigo lo hacía sentir mejor que tomando todas sus medicinas...

-No te conmociones. Él te quiso muchísimo; aún te quiere.

-Kira...

-¡En serio!... Oye... –cambió el tono, dejando su almuerzo en la mesita y arrodillándose frente al muchacho, con un gesto de interés alegre-, ¿crees que le habría caído bien si me hubiera conocido?

-¿A mi hermano? Claro.

-¿Te parece?

-Sí. Él era tan dulce como tú; habrían hecho muy buena pareja.

-¿De prefectos?

-Ahm..., sí, supongo.

-Ey, Zero...

-¿Sí? –dijo, mirándola a los ojos.

-¿T-Tienes... sed?

-Ah... Tengo agua aquí- Yo...

-No me refiero a eso.

-Oh...

-¿Y...?

-Ah..., yo... Kira, no lo sé... Es que...

-No te prives. Dime la verdad.

-Lo que pasa es que...

-¿No tienes sed? O, ¿no quieres hacerlo?

-Ambas cosas.

-¿Seguro?

-¿Por qué me insistes?

-Porque te ves algo palidito de nuevo.

Ese término simpático invocó una ligera risa en él. Cerró los ojos un segundo, bajando la barbilla, y explicó:

-Estoy bien. Siempre y cuando no vea tu sangre.

-Ah.

-Se siente raro hablando de eso tan abiertamente contigo... Pero tendré que acostumbrarme..., creo.

-¡Así es! Dime, ¿qué te sirvo?

-Mmm... Pásame un poco más de codorniz, por favor.

La doncella procedió, tomando el ave cocinada con una mano y cortando una lonja con la otra, pero un ligero error de precisión causó que el cuchillo rozara su dedo con la suficiente cercanía como para hacerle un corte del que prorrumpió un sagrado líquido rojo... Zero sintió el aroma al instante y su corazón se inquietó. Sus ojos quisieron cambiar de color y se abrieron de par en par, mientras ella se tocó la herida y lo miró con preocupación.

-Maldita sea... Idiota, justo cuando te decía que... –farfulló él, retirando la cara.

-Ah..., Zero... Perdóname.

-¿Lo hiciste a propósito?

-¿Qué? ¡No!

La miró de reojo, irritado por la repulsión forjada en su estómago, pero no se esforzó por discutir. Tomó su tenedor y pinchó el disco de carne que Kira había terminado de cortar. Lo comió como a una brocheta, sin mirar a su compañera cuya fragancia ya lo estaba seduciendo. Era evidente la forma en que quería escapar de sus instintos hasta que fuera inevitable responderles. Quería seguir luchando...

-Zero, ¿necesitas que...?

-Si pudieses remendarte la herida, mejor.

-¿Sí?

-Por favor.

-Claro... Ya vengo.

Se encerró en el baño a unos cuatro metros de ahí y se puso alcohol y una bandita. De alguna manera, se sintió frustrada con el hecho de que el prefecto no se hubiera dejado llevar por sus sentidos y permitido que su alma estuviera tranquila. Salió de nuevo y observó un gesto de debilidad parcial en él; sus piernas estaban contra su pecho y las abrazaba, apoyando el mentón entre sus rodillas, dirigiendo la vista hacia el muro apuesto al baño.

-Ya está, Zero.

-Gracias...

Se sentó a su lado otra vez y le habló en voz baja:

-¿Acaso piensas seguir lapidando tu deseo? Si puedes escapar de él obedeciéndolo, ¿por qué no lo haces?

-Porque lo odio. ¿Es necesario que te explique por qué?

-No, ya sé... Pero duele..., ¿o no?

-Sí, claro que duele... Aunque más me duele satisfacer ese deseo con alguien que nunca me hizo daño.

-Zero, ya te dije que por mi parte está bien...

-¡Justamente! ¿Ves cómo eres? No quiero. No me insistas. No quiero lastimarte.

-Ya, lo siento...

-Deja de hablar así, boba, que te preocupas demasiado por mí. Terminemos con esto y vamos al establo, ¿puede ser?

Curiosamente, el cielo se había vuelto gris, aunque una pequeña ventana entre las nubes permitía la entrada del sol hacia la tierra. Eso era casi tan hermoso como los días de tormenta; las hojas de los árboles y el césped lucían un tono fluorescente espléndido y extraño. Kira estaba maravillada; mientras caminaron hacia la casa de caballos, ella fue contemplando las nubes y aspirando un olor a agua que llegaba hasta el fondo de su cabeza cual perfume de Dios. Tanto así, que Zero tuvo que sostenerla cada tanto para evitar que se tropezara con alguna raíz o una piedra.

-¡Mira dónde pisas!

-¡Espera, espera...! ¡Esto es precioso...!

-¿Tanto te gustan estas cosas?

-Sí... ¡Ah, quisiera ser un pájaro para poder volar entre esas nubes!

-No sueñes tanto –le dijo, tirándole de una oreja-. Mejor quédate en la tierra y hagámonos compañía.

-Es que te llevaría conmigo –ella continuó, no seria, sino con los ojos acrisolados por la fascinación que envolvía su atmósfera.

Truenos golpearon los cielos. Ese día era un poema. La mujer estaba exultante.

-Cálmate, por favor, o asustarás a los caballos.

Llegaron. Las criaturas mansas descansaban allí dentro, entre sombras esporádicamente interrumpidas por luz que ingresaba por agujeros en el techo. El hombre fue directo a acariciar a Lily, su yegua preferida, y la cual había montado en el cumpleaños de Kira la primera vez.

-¿Cómo estás, Lily? –le susurró, frotándole el cuello.

-¿Lily? No me dijiste que se llamaba así.

-Ah, sí... Ése es el nombre que le puse. Nació unos meses luego de que llegué aquí... Es mi amiga.

-Y, ¿le pusiste Lily por tus ojos?

-En... realidad no... Ya no recuerdo por qué.

-Mmm.

-Ven.

Con cautela, se colocó unos centímetros detrás de él y le sonrió al animal, al cual acarició después de que Zero lo propusiera. Lily estuvo a gusto con el gesto de la mujer y no hizo nada para espantarla, contrario a lo que pasaba cuando Yuuki se acercaba con un porte de autoritaria irritante.

-Zero, yo quería preguntarte antes, ¿para qué tienen caballos aquí?

-Creo que es porque en un principio el Director había pensado ofrecer clases de equitación aquí, pero muy bien no lo sé... De todos modos, me han hecho mucha compañía, así que veo principalmente eso como un beneficio. Luego, pasan desapercibidos para los demás, pero para mí... no sería lo mismo si no estuvieran.

-Has estado muy solo.

-Algo... Con una compañera tan inútil como aquella imbécil... –aseveró, caminando hacia el caballo más viejo, al cual le alcanzó más agua de la que tenía en su balde. -He llegado a hablar con ellos.

-Y, ¿por qué no buscabas a alguien más?

-¿Para qué? Ellos siempre me han escuchado y me han hecho sentir en paz. ¿Tienes idea de la cantidad de siestas que he tomado aquí?

Enternecida, ella rió. Después dejó a Lily y observó a una potranquita marrón junto a su padre gris, rígido y sombrío.

-La madre de esa potranca murió al parir –le comentó el chico al notar la inspección de la guardiana-. Su padre la ha estado protegiendo.

-Vaya...

-Yo ayudé en su nacimiento.

-¿De verdad?

-Sí. Te confieso que al principio fue un poco traumático, pero no me arrepiento ni un poco de haber participado.

-Qué dulzura... Debe ser hermoso ver la vida surgir así.

-Lo es. Te hace sentir orgulloso de estar vivo.

Kira intentó acercarse al padre de la joven yegua, aunque sólo para mirarlo mejor a los ojos y no para tocarlo o algo así, pero ése era desapacible y enseguida espetó una relinchada que asustó a la joven a tal punto que creyó que le pegaría con las patas delanteras cuando las quiso levantar en el aire. Sin embargo, más veloz que otra cosa, Zero no dudó en ponerse en el medio, abrazando a la mujer y dándole la espalda al caballo.

Lo miró con ojos tajantes mientras le dio una orden:

-¡Tranquilo, Kion! ¡Ella es buena! Baja las patas...

El animal resopló con acritud y se meneó al mismo tiempo que avispó a su cría para que se escondiera detrás de él.

-Ah... –la prefecta suspiró regresando a la tranquilidad-. Pensé que...

-Es muy cascarrabias; no te conviene acercarte a él todavía. Parece que después de haber perdido a su pareja se hubiera convertido en un ser más intolerante –explicó Zero, separándose de su mejor amiga, quien lo miró encantada-. ¿Estás bien?

-Sí... Gracias por ponerte delante...

-Ni lo menciones; ellos nunca me harían daño.

-De todas maneras.

Los nirvanas continuaron tronando. Afuera, la oscuridad se expandió y vinieron los peores nubarrones cargados de agua. Zero le preguntó a Kira si quería volver adentro, pero ésta se negó, argumentando que quería disfrutar más con aquellas pacíficas criaturas. Consecuentemente, sacó de su bolsillo unos cubitos de azúcar que tenía preparados para la ocasión y se los entregó para que ella los repartiera y se ganara la simpatía de los caballos. Tomó asiento en un montón de paja limpia y la observó, entretanto sus charlas continuaron como música serena entre dos príncipes:

-¿Qué soñaste hoy, Zero?

-Nada...

-¿En serio? ¿No me mientes?

-¿Por qué supones que te miento?

-No lo supongo. ¿Lo haces?

-Sí.

-¡Ja! ¿Ya ves?

-Es que fue algo desagradable, por eso...

-¿No me lo quieres contar?

-No.

-Oh.

-A no ser que me cuentes lo que soñaste tú.

-Ah, no tengo problema. Soñé que tenía ojos lilas.

-No me digas...

-Síp. Incluso tenía el cabello como tú, aunque peinado con un rodetito aquí, al costado de mi cabeza. Era más joven... y creo que también era algo malvada...

-¿Eso es cierto? ¿Qué más había en ese sueño?

-Un hombre. Tenía un ojo marrón y otro azul y era algo así como mi amante..., pero también era mi siervo. Siempre estaba triste... y me ayudaba a matar a una mujer parecida a Yuuki... La verdad es que era genial, porque tenía poderes telekinéticos... Muy loco.

-Diría que eso lo tomaste de las cosas que te conté ayer.

-¿Por...?

-... la niña cuyo cuerpo usó Shizuka Hiou para infiltrarse aquí era como tú en ese sueño, e Ichiru era su sirviente, pese a que... había alguna tensión amorosa entre ellos...

-Ya veo...

-Es extraño.

-Sí..., como si tu pasado y mi presente estuvieran conectados de alguna manera imposible de ver.

-No lo sé.

-Pero, bueno, sólo fue un sueño. ¡Cuéntame el tuyo!

-Bien, de acuerdo... Soñé que le chupaba la sangre a un perro.

-¿Q-Q-Qué? –Kira reaccionó, horrorizada.

-Estoy bromeando, tonta.

-¡Ah, Zero...! –chilló, luego entrando a reír a carcajadas. El hombre revoleó la mirada y suspiró antes de contar la verdad, mirándose los pies.

-Nada..., fue acerca de tu enemigo...

-¿S-Seta...?

-Sí. Soñé... Fue más una pesadilla. Soñé que él venía a buscarte, pero... no lo hacía de una manera brusca y agresiva a la que pudieras resistirte, sino que hablaba con el Director para retirarte como lo haría Chigima, aunque..., luego..., iba a matarte.

-Yo, ¿no me resistía?

-No. Ni siquiera me decías adiós. Era muy raro..., como en cualquier sueño.

-Pues no todos los sueños son raros, pero déjame decirte que eso definitivamente no era real, porque no me voy a ir, y si pasara por algún motivo SÚPER extraordinario, no me iría sin despedirme de ti. Jamás haría eso.

-¿No? ¿No crees que sería mejor así?

-¿No decirnos adiós?

-Sí.

-Claro que no... ¿Por qué lo dices?

-Porque las despedidas duelen.

Cuatro palabras, y el corazón de Zero se había abierto un poco más. Esa declamación hablaba de cuánto lo derrumbaría perderla; dolería que se fuera porque quería estar a su lado. El rostro de Kira, a unos ocho metros del cazador, le dirigió un sentimiento de apego honesto del que él quiso huir antes de ponerse de pie e ir hacia ella con una idea demasiado osada para ese momento.

-No me gusta hablar de esas cosas... –ella confesó, no obstante, moviendo su cabeza hacia un lado.

-A mí tampoco. Mejor cuéntame por qué les temes tanto a los sapos.

-¡Ufff...! No sé el motivo; sólo sé que desde que tengo memoria les tengo pánico y no quiero ni siquiera verlos en una foto.

-Tu hermano, ¿habría sabido, tal vez?

-Lo dudo; me lo habría dicho.

-O sea que te mantienes atrapada en una locura infantil.

-¡No es una locura ni tampoco es infantil!

-Claro, porque que te aterres por ver una criatura que mide diez centímetros y que lo único que hace es comer mosquitos no fuera locura.

-Tarado.

-Y como si un terror humano previo a la memoria no fuera infantil... Es más que infantil; es primitivo.

-Te encanta burlarte de mí, ¿no? –increpó, con el ojo derecho entrecerrado.

-No, Kira, claro que no.

-Entonces, ¿a qué vienen todos tus comentarios?

-A que quiero indagar en tu mente hasta saber por qué les tienes fobia. Quizás así pueda ayudarte a superarlo. ¡Me parece absurdo que no puedas salir a caminar en una noche lluviosa sólo porque "puede haber sapitos"!

-Te estás burlando de mí –aseveró asintiendo con la cabeza y el labio fruncido hacia un lado-. Y, ¿qué? ¿Acaso es que tienes ganas de pasear conmigo bajo la lluvia? –se mofó, sacando la lengua.

-¡No me estoy burlando! –respondió, ignorando la última pregunta-. Sólo quiero que lo pienses; un sapo es... A ver..., ¿nunca notaste que no despide feos olores ni tiene garras ni dientes? No posee buen sentido de la vista, y ni hablemos de su olfato o de su capacidad para oír...

-Espera, espera... ¿Pueden oír?

-Lo voy a investigar. –Siguió: -No posee gran movilidad, es limpio, y no daña a otros animales excepto cuando te hace el favor de comer mosquitos y moscas. No tiene pelo, lo cual podría resultar grotesco en algún sentido, ni tampoco es que emite sonidos desagradables o que puedan alarmarte. En otras palabras, ¡el sapo es uno de los animales más pacíficos que puedas imaginarte! Y tú, ¿le tienes miedo?

-Fobia, Zero, fobia. No me provoques.

-¡No te estoy provocando! Ven, siéntate conmigo. –Ella obedeció mientras él continuó: -Eres una persona lúcida, reflexiva. ¿No entiendes que el sapo te tiene más miedo a ti que tú a él? Compara los tamaños.

-Tú no entiendes que las fobias no pueden razonarse. Yo comprendo perfectamente que un sapo no puede hacerme daño, pero no puedo dilucidar una fobia. El problema no está en el sapo; está en mi cabeza, en una parte a la que no puedo llegar.

-Mírame fijo. ¿Qué es lo que más te aterra de un sapo?

-No me hagas pensarlo...

-¡Hazlo!

-¡De acuerdo! –chilló, estremeciéndose-. Creo que... cuando saltan...

-¿Qué?

-¡Es que están totalmente quietos y de pronto, cuando menos te lo esperas, saltan! ¡Ni siquiera puedes anticipar en qué dirección lo harán ni cuán lejos!

Fue entonces la primera vez, en esa charla, que Zero desvió la mirada hacia otro lado. Con un ojo más abierto que el otro y el labio fruncido, su expresión de sorpresa y a la vez de comicidad fue evidente. Carraspeó a la par de una risa atragantada y se ruborizó.

-¿Qué te pasa?

-Nada –respondió tapándose la boca.

-¡Dímelo! ¿Qué es?

-No te enfades, pero tu explicación me hace pensar en otra cosa...

Ella lo copió en el gesto de confusión.

-¿En qué cosa?

-Pues... –Tosió. –No hemos hablado de eso nunca, pero, piénsalo...: ¿Qué existe que se encuentre en estado de reposo durante un rato y luego violentamente... "salte"?

La constancia en la cara de Kira denotó que seguía sin entender.

-No te comprendo...

Zero miró hacia arriba, desesperado por hacerle decantar la idea en la cabeza. Replegó los labios.

-¿Con qué tiene que ver, que no eres claro? –volvió ella.

-Me incomoda ser más directo, pero lo diré...: Kira Airen, ¿qué existe, en el cuerpo de un hombre, que se encuentre en estado de reposo un rato y luego bruscamente reaccione?

Los ojos azules de la chica se abrieron de par en par a la misma velocidad que sus mejillas tomaron color. Se quedó boquiabierta tras chocar con una idea que le despertaba más de una inquietud. Tardó unos instantes en gesticular el asombro y luego darse vuelta.

-¿Estás bien? –él le preguntó, reteniendo una risa.

-¿Por qué dijiste algo así? ¿Qué pretendes?

-Pero, ¿no estoy en lo correcto?

-¡¿Estás diciendo que le tengo miedo a eso? –gritó, mirándolo por encima del hombro.

-Dado que conozco el funcionamiento de una fobia, diría más que tienes un "complejo".

En un exasperado intento por reivindicar su posición como mujer entre ellos, Kira volvió a girar y se abalanzó sobre él, pegando sus narices de frente. Habló en un murmullo maléficamente entonado, con rencor.

-¿O sea que no puedo tener sexo con un hombre? ¿Es eso lo que estás diciendo? ¿Que tengo un complejo con el cuerpo de los varones?

De todas las veces en que Zero se había sonrojado por culpa de ella, ésta era sin duda la peor. Aterrado en cierta forma, trató con fervor de no pensar en sí mismo como hombre.

-Responde.

No supo qué responder puntualmente a la pregunta. La cercanía con la boca de Kira tampoco le permitía pensar. Su salida fue rendirse:

-Q-Quizás fui demasiado lejos...

-Yo creo que sí.

Se separó de él y se cruzó de brazos, aún enfrentándolo.

-No quise ofenderte.

-Supongo que no tuviste intención, pero pudiste haberlo anticipado. ¿Qué pensarías si yo de pronto empezara a parlotear acusándote de que te da miedo verle los senos a una chica?

-De acuerdo, entiendo que estás siendo así de frontal para incomodarme y torturarme un rato –masculló bañado en rubor. Le sudaron las sienes y se holgó un poco el cuello de la camisa, mirando hacia un costado.

-Te lo mereces.

-Sí, ya sé... Perdón.

Kira agachó la cabeza y miró las fibras de heno sobre las que estaba sentada. Resopló, aún irritada, mientras Zero buscó una escapatoria en las proximidades. Fue gracias a ello que pudo divisar algo que cambiaría los pesos del aire. Sin mencionar cómo discretamente se espantó, su mano izquierda fue veloz y se posó sobre la mejilla de la joven de modo que le tapase los ojos y no le permitiese ver hacia el costado. Ella prestó atención.

-¿Qué haces?

-Mira, no pienses que no trato de ayudarte –él le dijo.

-Y-Ya sé que lo intentas, pero no lo logras si en el proceso me ofendes así.

-En realidad no me interesa ahondar en tus capacidades para tener relaciones con hombres, porque de seguro, tratándose de la intimidad, impresionarías a cualquiera.

-¿Q-Qué...?

-Mi objetivo es que superes lo que esas criaturas te hacen sentir.

-No tienes por qué-

-Quiero hacerlo. Serás más feliz si lo consigues.

-Mi felicidad no debe ser tu preocupación...

-Ni tampoco la mía debería importarte, y, sin embargo, mira cuánto te esforzaste por mí ayer.

Kira se reservó una respuesta. La emoción circuló por cada rincón de su cuerpo.

-Escúchame. Eres inteligente. Sabes que los sapos no pueden hacerte mal, mucho menos si yo estoy aquí... Hay uno a unos cuantos metros, a nuestra derecha, pero lejos. Quiero que lo tomes con calma y-

-¡¿Qué? –exclamó, súbitamente atormentada.

Zero le tocó la otra mejilla, sosteniéndole firme la cara a fin de evitar perder el contacto visual.

-Tranquilízate. Está lejos y no vendrá hacia aquí. Tienes que aprovechar este momento para enfrentarlo.

-¡¿Qué? ¡No, no quiero!

-¡Sshh-! ¡E-Espera! ¡Cálmate!

Kira hizo fuerza por librarse de las manos de Zero y encontrar allí lo que él describía. Efectivamente, en el pasillo entre los cubículos de los caballos, un sapo gordo hacía presencia, aunque de una forma estática que no llamaba la atención; el anuncio de la tormenta viniendo y la frescura del aire le habían dado ganas de salir a la superficie. Ella fue presa del horror como habituaba suceder y quiso ponerse de pie para salir huyendo. Él, empero, la rodeó con los brazos y la paralizó, susurrándole, a sus espaldas, mientras ella gimió en su consternación por tomar distancia:

-¡Contrólate, Kira; no te hará nada!

-¡Z-Ze-Ze-Zerooo! ¡Déjame ir! –rogó, empezando a sollozar.

La apretada cercanía con él murmurándole al oído acercaba los colmillos del vampiro al cuello de ella. Entre la conmoción por la criatura inútil, un deseo que rayaba lo erótico creció de repente bajo la piel del caballero.

-¡Quiero irme, déjame ir, Zero, por favor!

-K-Kira... –masculló, luchando por terminar con lo que quería decir antes de tener que succionar la sangre de su amiga...-, está muy lejos... Sólo quiero... que lo mires... Míralo; no quiere lastimarte... Cada vez que un animal así te ve..., piensa que lo vas a matar... Tú eres más fuerte... Piénsalo...

Ella pareció entonces olvidar todos sus miedos y oyó el tono de extenuación en el hombre que cada vez le hablaba más de cerca. Podía incluso sentirle el corazón latir como loco contra su espalda y ya no luchó más por liberarse de sus brazos, sino que se quedó quieta para saber qué le estaba pasando..., aunque ya lo suponía bastante bien.

-¿Z-Zero? ¿Estás... bien?

-S-Sí... Yo...

-Tienes sed, ¿verdad?

Esa pregunta resultaba como un interruptor que trataba de apagarlo, pues al discernir esas palabras, él cerró los ojos. No quería beber esa sangre; no quería acceder a sus deseos internos. Peleó por soportarlo sin cometer una atrocidad con su boca, pese a que sus manos al mismo tiempo se aferraban más a ella.

-Z-Zero... Si quieres hacerlo, sólo hazlo..., pero no me aprietes más..., porque eso duele...

No podía más. Jadeó y, con rabiosos ojos escarlatas, miró la garganta de la joven.

-KIRA...

Rápidamente, removió la gargantilla negra y la bandita, y corrió el escote de la camisa y del saco. Sin perder más tiempo, le enterró sus colmillos puntiagudos en la piel de y bebió con placer..., emitiendo pequeños gimoteos que expusieron la dificultad que atravesaba su cuerpo en esa convulsión tanto emocional como física. Airen no sollozó ni nada; fue muda durante todo el proceso y hasta estiró su cuello hacia el lado contrario para que él tuviera más lugar y estuviese cómodo. Sus pequeños y delicados puños hicieron fuerza, y su energía se fue desvaneciendo para ser transferida al cuerpo del hombre que recuperó la esencia que su alma le había estado suplicando a gritos. Sus ojos azules se fueron cerrando paulatinamente como por efecto de un narcótico potente y sólo le restó una mínima porción de vigor que le sirvió para mantenerse erguida...

Al concluir, Zero lamió la herida nuevamente abierta y apoyó la frente en el hombro de la mujer. Respiró con estremecimiento y farfulló triste:

-Lo siento... Perdóname, Kira... Por favor, perdóname...

-Nnnh... –ella emitió a modo de negación. Una sonrisita dulce y calma se esbozó en su cara pálida.

-Te consumo cada vez que bebo de ti... Siento... Puedo sentir cómo todas tus fuerzas pasan a mí... y yo me completo a costa tuya... Es tan..., tan injusto... ¿Cómo permites que te haga esto?

Con los últimos bríos que tuvo disponibles, masculló:

-N-No... No me... mo... lesta... Só... lo... ayúda... me...

Terminó de hablar así y quedó inconsciente. Zero la sujetó y la acunó contra su pecho, sosteniendo su cabeza y cubriendo su herida con la bandita y la gargantilla nuevamente. Su preocupación también osciló en cuanto a la posibilidad de que algún vampiro hubiera olido la sangre; Kira era para él solo y no quería que nadie más intentara probarla...

Pensamientos como ése lo convertían en el dueño de la dama. Cuando sospechaba que esto era así, se quería matar...

-Kira..., Kira..., despierta... Yo..., lo siento... Lo siento.

Llovió, y cómo. El viento arrastraba el agua hacia el interior del establo ahora oscurecido, y el cabello del prefecto se había humedecido con unas cuantas gotitas frías. Su mirada resplandecía en ese ambiente gris y carente de colores mientras observaba el rostro dormido de su colega que yacía sobre sus piernas hecha una bolita. La tuvo entre sus brazos para que descansara contenida y no le importó cuántas horas pasaron ni qué vendría al día siguiente, porque estar así con ella se sentía como reposar en una nube, en paz. Sus ojos se posaron tanto en las mejillas de la chica como en su cuello otra vez y en sus labios delicados. La poca luz que ingresaba por las dos entradas del establo, de alguna forma llegaba hasta su perfil y la hacía verse como el ángel que era. Zero, en un punto perdido de su mente sensible, deseó que nunca se despertara, para poder contemplarla tan plácidamente por toda la eternidad...

Sin embargo comenzó a parpadear. Gimoteó, dificultosamente despertando, y miró el piso del establo que se hallaba en línea recta con su mirada vidriosa. No había ningún sapo por ahí; sólo los caballos descansaban de pie mientras el murmullo de la lluvia cosquilleaba en sus oídos. Luego giró hacia su izquierda y alzó los ojos a la imagen de Zero, que la cuidaba como el mejor escudo. Sonriendo, lo saludó:

-Zero...

-Hola, Kira...

-¿Cómo estás?

-Bien... ¿Tú?

-Bien... ¿Seguimos en el establo?

-Sí. Te dormiste.

-Ah... Sí..., ya recuerdo... Tú me...

-Lo siento...

-No digas eso... Estuvo bien... Además, me comprometí a ayudarte...

-Entonces, ¿es un compromiso para ti...?

-N-No... No, Zero... No pienses eso...

-No deberías hacerlo.

-Shh... Estoy bien... Sólo necesito sentarme... –Él la quiso ayudar, mas se resistió: -No, está bien... Puedo sola...

Eso sí, se agarraba siempre de sus hombros y sus brazos. Se frotó los ojos y respiró hondo antes de seguir:

-¿Qué hora es?

-No lo sé, pero ha pasado un buen rato.

-¿Qué? Pero..., y ¿los vampiros? ¡Debemos ir a vigilar a las humanas para el toque de queda!

Constantemente apresurada, trató de pararse y responder a su deber de guardiana, pero sus piernas se quebraron luego de temblar y cayó atacada por una jaqueca. Zero la atrapó, sin embargo, y procuró que no se golpeara en esa pérdida de fuerzas. Contra su pecho, la mantuvo segura y lejos de toda corrosión. Y ella oyó en esa postura la forma en que respiró y su corazón se excitó una vez más. Era un golpeteo tan cálido y sano..., que rogaba a Dios que nunca se detuviera.

-Zero..., debemos ir...

-Cállate. Déjalos por hoy. No puedes ir ahora. Mira cómo estás... Y es todo por mi culpa...

-Basta... No es así...

-Pero...

-Me siento bien... No sé por qué mi cuerpo es tan débil... ¡Pero enseguida estaré bien! ¡Ya verás!

-Kira...

-No te sientas mal, por favor... No me haces daño; me alegro de poder ayudarte con esto. Lo haré todas las veces que sean necesarias.

-No merezco que seas así conmigo... Pareciera que toda la gente que toco se vuelve débil..., como Ichiru...

-Ya déjalo descansar...

-¿Eh...?

-Déjalo a Ichiru... Tuvo una vida fatigosa, sí, pero ya está... No sigas reviviendo ese dolor... Él está bien y le diste todo tu amor para protegerlo. Tú me haces sentir bien.

-¿Cómo puedes decirle eso a alguien de la misma raza que destrozó tu vida?

Cerró los ojos dejando escapar asimismo un suspiro de agotamiento.

-No son de la misma raza, Zero... Termina con eso... Seta destrozó mi vida como lo pudo haber hecho cualquier humano, y tú la reconstruiste. No tiene nada que ver con razas... Tiene que ver con el corazón.

El silencio reinó entre ellos por los siguientes quince minutos y la noche vino más rápidamente al hallarse presentes las nubes negras de la tempestad. Kira no volvió a dormirse, sino que recuperó fuerzas hasta poder salirse del cobijo de Zero y pararse sin desmoronarse. Él la quiso sostener, mas, de nuevo, ella lo detuvo y dio unos cinco pasos hasta la salida. La lluvia la tocó y su cabello azabache comenzó a mojarse entero. El hombre, a su lado, la miró y esperó un comentario:

-Es una tarde hermosa..., pero debemos ir a patrullar...

-No tenemos por qué. Podemos quedarnos aquí, Kira.

-Ja-ja... ¿A hacer qué?

-No lo sé. Charlar.

-Las humanas harán desastres si no las contenemos, sin mencionar que el Director se enfadará mucho con nosotros.

-Pero...

-Luego podremos venir... Vamos, vamos juntos a vigilar que todo esté como corresponde, compañero...

Asintió con la cabeza y estuvo a punto de tomarla de la mano, pero avistar un sapo gordo y prieto sobre el pasto mojado a unos cinco metros adelante lo sacó de órbita para advertirle.

-Cuidado ahí...

En un primer instante, como un reflejo, Kira tomó una bocanada de aire y sufrió el terror, por lo que dio un par de pasos hacia atrás. No obstante, y al tiempo que Zero miró cada detalle de su rostro, algo la forzó a sentirse obligada a enfrentarlo y vencerlo. Así que primero miró hacia su costado, ignorando el anfibio, y luego volvió, determinada a avanzar por cerca de donde se ubicaba mansamente. Con el objetivo de seguir su camino y sin ser detenida por una simple criatura, apretó los dientes y caminó, envuelta por la lluvia. Zero la admiró a cada instante.

Odiaba tener que hacer eso, pero debía. Aunque más no fuera, avanzar, no retraerse, empezar a dominar sus propios sentimientos. Para hallar paz en su interior, analizó la situación con objetividad y mantuvo los puños cerrados, conteniendo en su pecho una pavura y una desesperación que pujaba por salir exhalando un grito. Pensaba, moviendo los labios mudos:

-"Por Zero..., por Zero, por Zero, por Zero... Lo haré por él... Zero..."

Él la observó, aún atrás, y sintió ganas de llorar, conmovido por la situación. Era evidente que ella estaba sufriendo y aún peleaba por atravesar sus propios pánicos. Era loable. Kira terminó avanzando hasta que, por su cercanía con el anfibio, debió rodearlo para seguir el sendero hasta el patio de la Academia. Sin perderlo de vista, le pasó a unos dos metros y formó una curva con los pies. Su corazón estaba desquiciado. Sin embargo, su figura enorme terminó de espantar a la criatura y la misma se fue saltando..., así, tan repentinamente como los sapos lo suelen hacer.

Y ella suspiró cansada. Sonrió, no obstante, luego, y miró a su compañero cuya expresión denotaba esplendente orgullo. Caminó hasta ella y le tocó el hombro, susurrándole:

-Felicitaciones.

-¿L-Lo hice...?

-Claro que sí...

-Ah... Me siento tan...

Cayó de rodillas al interrumpir su oración. Una experiencia tan fuerte la había desequilibrado sobre el shock sangriento que ya había tenido antes. Zero la abrazó y la alzó para llevarla a través del bosque hasta el patio, aunque ella quiso impedirlo.

-Zero, ¿qué haces? Bájame...

-No tengo problema; ya tuviste muchos decaimientos hoy.

-Mmm... Gracias...

Se sonrojó, pero aceptó ser cargada de esa forma. Se aferró al pecho del joven y recibió su cariño, mientras él caminó bajo una lluvia que ya los había empapado a los dos. Se había elevado una bruma celeste entre los árboles; se movía con densidad bajo el cielo que era un poema.

-Ya no estás pálido, Zero... –le murmuró dulcemente.

-Mmm... Qué bien... Pero tú sí lo estás.

-Es como si intercambiáramos salud, ¿eh?

-Cállate.

-A que soy rica –lo molestó, sonriente.

-Antes de hacer otro comentario estúpido como ése, mejor cierra la boca y ocúpate de escuchar a tu amada lluvia caer.

-Tú empezaste a hablarme...

-Pero no para que digas cosas imbéciles.

Lo que hallaron más adelante fue un gran tumulto frente al portón del Dormitorio de la Luna. Las chicas estaban amontonadas sobre los vampiros que trataban de salir, aunque estuviera lloviendo a cántaros y el aire se hubiese enfriado.

-Vaya... –farfulló con desgano Zero, bajando a la chica al piso.

-Tenemos trabajo... ¡Ey, ustedes! ¡El toque de queda ya ha sido anunciado! ¡Vuelvan a sus dormitorios ahora!

Kira se puso a vociferar la orden y presionó para alejar a las humanas. Mayor era la fortaleza de Kiryuu para ahuyentarlas, pero los dos trabajaron coordinadamente para que en pocos minutos ya no quedara nadie. Aunque siguió lloviendo, se quedaron afuera, merodeando por rincones y sombras frías para asegurarse de que nadie rompiera las reglas. Los ojos de la chica volvían a brillar como perlas marinas sumergidas en el aire mojado, y el cabello de Zero era una sola seducción en bruto. Una tensión creciente se mantuvo repiqueteando entre ellos...

Se sentaron en la galería techada que rodeaba el patio, apoyando sus espaldas contra una de las columnas. Sus voces eran tan suaves como la brisa nocturna, y se mezclaban como la fórmula para la belleza eterna, si existiese.

La joven de diecisiete años dijo primero:

-¿Cómo hiciste para soportar todas las veces en que tenías sed...?

-¿Y no podía satisfacerla...? No lo sé... Fue doloroso, pero... sólo pasó...

-Y, ¿nadie se dio cuenta?

-Ah, hablas de mucho antes que ahora...

-Sí... Porque Shizuka te mordió hace cuatro años...

-Sí, un poco más ahora...

-Y desde entonces estuviste siempre luchando por domar esa sensación...

-Sí...

-Yuuki, ¿se dio cuenta?

-No quiero hablar de esa mal nacida.

-Pero...

-¡Sí, se dio cuenta! –Resopló.

-¿B-Bebiste de su sangre...?

-¿Por qué eres tan cruel? No me preguntes esas cosas...

-Perdóname... Es que necesito...

-¿Saberlo? Pues, sí... Bebí de su sangre.

Una mirada triste se apropió de ella; quiso ocultarla, no obstante, pero no pudo evitar ser derrotada por unos celos desgarradores. Como si Zero hubiese sido el novio de esa ex prefecta... Para Kira era casi lo mismo.

-Y me arrepiento –acotó él, sin embargo.

-¿Eh...?

-El recuerdo de haber tomado esa... Agh..., me da asco.

-¿Por qué...?

-Porque beber la sangre de quien odias es una de las peores cosas que puedes hacer. Es degradante...

-Ah, ¿sí...?

-Sí... De hecho, beber sangre es una manera de transferir mucho más que energía...

-¿Qué clase de cosas se pueden transferir?

-... emociones, pensamientos.

-¿Q-Qué? ¿O sea que tú puedes saber lo que pienso...?

-Lo puedo ignorar.

-¿Es voluntario? ¿Seguro? –inquirió, acechándolo con la mirada para que no fuera a mentirle.

-Sí... Por respeto a ti..., no lo hago.

-¿Por... respeto a mí?

-Sí.

-Mmm... Gracias por eso.

-¿Por respetarte...? Ni lo menciones. Te lo debo.

-No veo por qué. Creo que estamos a mano.

-Me parece que yo tengo saldo deudor.

-¿Por...?

-Es que... Nada, está bien.

-No, ahora dímelo, cobarde.

-No me persigas... Es simplemente que nadie había sido tan piadoso conmigo...

-¿"Muchos te han hecho daño"? Yo creo que estamos en la misma... No te victimices, Zero. Eso no es bueno. A mí, de hecho, victimizarme me pone muy depresiva.

-¿Sí? ¿Mirarte al espejo y verte sola y débil?

Kira asintió.

-Ya... Entiendo...

-Y, ¿a ti? ¿Qué te deprime?

-Ah... Pues..., nunca lo pensé..., pero... creo que cuando veo crueldad, el daño de los otros y la miseria de quienes lastiman a los inocentes... Eso me hace sentir tanto odio, que al final se vuelve una aflicción que me quita las ganas de vivir.

-No permitas que la depresión te haga eso, Zero; no quiero que te lastimes.

-Descuida... Es sólo una cuestión de emociones..., pero después se pasa.

-Las emociones pueden conducir a desastres.

-Pero progresivamente he encontrado una razón para estar vivo.

-¿Sí? ¿Sólo una?

-Bueno, quizás es una razón que vale por dos, pero me entiendes.

-No, no entiendo. ¿Cuál es esa razón?

-No importa... Sencillamente digamos que quiero hacerle bien al mundo.

-¿Desde tu posición de cazador?

-Sí... En gran parte.

-¿Nunca pensaste en vivir por alguien? ¿Para proteger a alguien?

-Lo pensé..., pero luego ese alguien me dejó solo... y decidí que no debería exponer mi corazón... a no ser que...

-¿Qué?

-Nada. Hablemos de otra cosa.

-¿Otra cosa?

-¿Tienes frío? Veo que estás temblando.

-Ah, sí... Algo de frío, tengo, pero estoy bien.

-¿Estás segura? ¿No quieres que entremos y busquemos ropa seca?

-No, no pasa nada.

-Si te resfrías de nuevo, no voy a cuidarte.

-Bah, no finjas, que te gustó mimarme.

-¡Cállate, qué tarada! –le chistó, riéndose.

-Tú, ¿quieres entrar?

-Pues, sí... Puede ser. Además, dudo que salga alguien ahora.

Suspirando, ella se puso de pie y le extendió la mano a su amigo, quien se incorporó con esa ayuda. Juntos entraron al ala privada del Director, quien atendía sus asuntos en su oficina pero se había tomado unos minutos para entregarle a Kira un pequeño presente. Alegando que la sorpresa que tenía preparada para darle la gargantilla negra en esos días había sido arruinada por ella tras haberla encontrado antes de fecha (según Zero le había dicho a modo de excusa para explicar que el accesorio se encontrara alrededor de su cuello), le entregó una hebilla plateada decorada con una rosa metalizada color turquesa. Con gestos de cariño paternal, la colocó en su cabello negro y ella se vio hermosa. Con una sonrisa adorable, miró a Zero y le preguntó qué opinaba de eso, mas su única respuesta fue un rubor divino que trató de esconder mientras Cross exclamaba:

-¡Oh, te ves bellísima, Kira! ¡Zero, debes estar contento de tener a una compañera tan linda!

El muchacho no sabía cómo disimular su deseo de tomarla entre sus brazos... Tuvo que contestar, cambiando el tono de voz:

-¿Esto es todo, Director? ¿Nos podemos ir?

-Oh, sí, era eso; no quería que se me olvidara entregarle este obsequio a Kira, pero ya pueden ir. ¡Vayan a descansar!

-Hasta luego, Director –la chica saludó alegremente.

-¡Oh, y no lo busquen a Yagari, que está durmiendo!

En la sala de estar no había luces. Únicamente estaban ellos, contemplando la lluvia golpear en las ventanas. El viento silbaba contra el vidrio, y los únicos afuera eran los estudiantes vampiros, en sus salones. Los prefectos ya habían cenado y tenían ganas de dormir, pero alargar el día un poco más era su voluntad. Ya se habían vestido con su ropa de dormir; él, una camiseta celeste pálido y un pantalón blanco; Kira, un vestido rosa de mangas cortas que no le llegaba a las rodillas. El cuello de ella era protegido por un vendaje blanco. Sentados en la alfombra, detrás del sofá, se cobijaron en la oscuridad y gozaron de un silencio tan puro, que podían oírse respirar aunque no estuvieran pegados. Con murmullos se hablaban, sin mirarse, y en sus caras se exponía una muestra de paz que daba fe de lo poco que faltaba para que cayeran vencidos por el sueño.

-Zero.

-Dime, Kira.

-Desearía haberte conocido antes.

-¿En serio?

-Sí. Habríamos sido muy buenos amigos y la habríamos pasado muy bien desde antes.

-Supongo que tienes razón. Habríamos hecho muchas travesuras juntos. Con cómo eres...

-Ji... Sí, de pequeña era muy pícara..., aunque tenía más miedo que otra cosa.

-¿Por...?

-Porque no sabía qué sentir. El mundo estaba dividido... y yo tenía que estar férreamente de un lado para vencer al otro. Yo no quería eso. Tenía mucha curiosidad acerca de los vampiros..., pero no podía preguntar demasiado sin caer en el terror de los tabúes que familias como la mía siempre habían refractado... Me costó mucho ser una niña.

-Lo lamento... Yo no tuve que pasar por eso. Con Ichiru a mi lado, estaba más dentro del mundo de la niñez. Todo cambió aquella noche en que Shizuka...

-Claro...

-No éramos traviesos, ¿sabes? Yo siempre anduve cuidándolo y a él le gustaba admirar el mundo y conocer más allá de lo que podía alcanzar con sus piernas deficientes...

Kira notó su grave voz temblar, así que se pegó a él y le agarró el brazo, gentilmente apoyando su cabeza en el hombro de dicho caballero. Sonrió mientras la bondad y el cuidado invocaron ternura. Ambos eran tibios y suaves; eran dos joyas.

-No vayas a llorar. Él está bien... Nos está mirando ahora y se siente feliz de que estemos mejor. Mis padres también lo hacen...

-¿Tú... crees que nos están mirando...?

-No tengo duda... –aseveró cerrando los ojos y disponiéndose a descansar-. Y nos están cuidando. Así que no te pongas triste, por favor... Ichiru quiere que seas feliz. Él te ama...

-K-Kira...

-Todo estará bien ahora. Yo sé que sí... Todo saldrá de maravilla... Tanto para ti como para mí... Estaremos... bien... Aunque estemos separados...

Él suspiró. Su cuello se sentía ceñido por el calor de una emoción intermitente pero intensa.

-Sería... feo dejarte..., pero con tal de que estés bien...

-No quiero estar solo.

-Está bien... Nunca estarás solo. Tu familia está contigo... y si me lo permites, yo también estaré contigo...

-Sí, Kira.

-¿En serio? ¿Me dejas?

-Sí... Te quiero conmigo.

-Mmm... Me siento... tan feliz...

-No te duermas. Quiero seguir hablando contigo.

-¿Mañana...?

-No, ahora... ¡Kira!

-Pero tengo sueño...

-Kira, espera...

Bajó la cabeza y la acunó mejor, estrechándola en sus brazos sin que ella, medio dormida, se resistiera. El calor de su pecho la mantuvo en un estado de serenidad dulce que la convirtió en una criatura totalmente vulnerable que él juró proteger con todas sus fuerzas. No quería que lo dejara nunca; quería oírla para siempre, riendo, diciendo despilfarradas acerca de su fascinación con la comida; quería verla feliz, sonriendo, crecer como una mujer sana y soñadora... Zero, en ese momento en que la tuvo absolutamente rendida ante él, se declaró hacia sus adentros que jamás la dejaría sola; jamás la abandonaría, y sería hasta el último día de su vida el mejor compañero que pudiese tener. Escucharía cada uno de sus sueños y aceptaría cada una de sus ideas locas, respetando sus deseos y sus aflicciones. La ayudaría en todo momento porque... Kira era todo para él y la única razón por la que ahora quería seguir viviendo.

Con un susurro honesto y cordial, le dijo "buenas noches" y ella respondió con lo mismo.

-Me siento muy orgulloso de cómo enfrentaste al sapo hoy...

-Mmm... G-Gracias... No fue la gran cosa, pero para mí...

-Claro que sí. Estuviste genial. Sé que muy pronto lo superarás por completo.

-Ojalá... Me tienes fe; gracias...

-Te tengo mucha fe.

-Eres un chico lindo, Zero... –confesó, sonriente y a la par de una recatada y ligera risita.

-¿Lo crees?

-Sí... Antes eras un cabezón feo, pero ya no...

Él también rió a raíz de ese comentario.

-Aunque no quiero que lo hagas, duérmete, Kira...

-Hasta mañana... Te quiero, Zero... ¿Lo sabías?

De los ojos del hombre cayeron lágrimas silenciosas que se derramaron sobre la mejilla de su princesa Airen. Apretó los dientes... Su pecho se exasperó.

-¿Qué dijiste? Kira, repite eso.

-¿Mmm...?

-Kira –siguió, logrando que ella abriese una rendija de los ojos-. ¿Lo dijiste en serio?

-Claro, tonto... ¿No lo sabes aún...?

Los cerró otra vez, casi ebria, pero feliz.

-E-Espera... –rogó él, no obstante, mordiéndose el labio-. Dilo de nuevo...

-Te quiero, bobo... Pero no llores... Tú también me quieres..., ¿no...?

Sin poder creer que en ese final una mujer tan perfecta le hubiera regalado tal afecto, la abrazó con toda la fuerza que pudo sin herirla. Junto a su oído, le respondió con una voz entrecortada por la emoción.

-Sí, yo también te quiero.

Apoyó la frente en su cabeza y suspiró...