Glee y sus personajes no me pertenecen, asi como tampoco esta historia. Traduccion autorizada por ElsBells.
¡Si sé que me tarde muchísimo! Lo siento… la culpa de todo la tiene mi novia… asique los reclamos hacia ella. Gracias de todas formas por seguir ahí.
¡Disfruten!
Just off the key of reason
Capítulo 14: Hum Hallelujah
Quinn estaba llorando. Aunque ella estaba obviamente tratando de ocultarlo, tomando pequeños mordiscos de conejito en el chili vegano que Rachel había hecho, una especie de sonrisa fija aterrorizada en su rostro.
Las lágrimas estaban a punto de empezar a rodar por sus mejillas, pero ella se mantuvo comiéndolo. Ahora eso fue, eso fue sólo amor verdadero.
Rachel había tomado un bocado y casi vomitó en el fregadero. Ahora que su esófago estaba dañado de forma permanente, estaba comiendo pan y leche. Quinn, al parecer, se negó a reconocer que el chili era nada menos que increíble, ni nada más que tolerantemente caliente, y ella fue a por el.
Rachel hizo una mueca cuando Quinn empezó sollozando. Sus ojos se habían vuelto inyectados en sangre y estaba un poco sudorosa. Jesucristo, ¿que había ido mal con esa receta?
— Cariño, solo detente. — Declaró Rachel, llegando hasta la cuchara de Quinn para prevenirla de mojar en lo que era esencialmente lava, de nuevo. — Hice algo mal. Te vas a enfermar tu misma.
Quinn sacudió la cabeza con fuerza y respiró profundamente. Bueno, al menos sus pulmones seguían funcionando. Seguramente sus otros órganos no podrían durar mucho más tiempo.
— No, está bien. — Insistió Quinn, aunque no podía ocultar la mirada asustada en sus ojos cuando ella sumergió su cuchara por otro bocado.
Rachel hizo un ruido entre un suspiro y una sonrisa, y se alejó el cuenco lejos de Quinn para tirarlo en el fregadero. O en la basura. Probablemente causaría que las tuberías del fregadero se desintegraran y tendrían que llamar al fontanero de nuevo.
— Ey — Quinn protestó débilmente. Parecía aturdida, como si no supiese lo que estaba pasando. Rachel puso un vaso de leche con chocolate delante de Quinn, y sintió la frente de su novia con una mano fría. Dios, ella estaba en llamas.
Rachel había encendido su novia.
Observó a Quinn renunciar a la pretensión de disfrutar de esa comida, y bebió su leche antes de colocar la cabeza sobre la mesa con cansancio.
— Te lo dije, no tenias que comerlo, cariño. — Dijo Rachel, corriendo rápidamente más cerca y frotando la espalda de Quinn lentamente.
La rubia se quejó sobre la mesa, a pesar de que era amortiguada por los brazos. — Sabía muy bien. Y yo tenía hambre. Y tú dijiste que eran-eran galletas para el postre... Ahora me duele el estómago.
Rachel puso los ojos en blanco, pero mantuvo el roce, poniendo una mano fría en la parte posterior del cuello de Quinn. Ella había dicho una y otra vez que parara de comer. Quinn simplemente no aprendió. Al parecer, el estómago de hierro le había hecho creer que ella podría manejar su comida.
Pssht. Incluso Barnaby no se acercaría a ese tarro de lava. Tarro de un maldito desastre.
Quinn se incorporó de repente y miró a Rachel con una expresión de dolor. Rachel conocía esa mirada. Por desgracia.
— ¿Vas a enfermarte? — preguntó rápidamente.
Quinn ya estaba de pie cuando ella asintió con la cabeza, y Rachel la siguió a toda prisa hacia el baño, justo a tiempo para tirar el pelo rubio de la cara de Quinn.
Rachel hizo una mueca mientras Quinn vomitó. Ella se haría vomitar a sí misma si se concentraba demasiado en los ruidos, lo cual, sí, eso era exactamente lo que necesitaban. Dios, Quinn probablemente se sentía como un Charizard en este momento. Tirando llamas. Ella parecía más a Charmander. Un pequeño Charmander.
Quinn vació su estómago mientras Rachel simplemente le frotaba la espalda y se concentraba en los dibujos animados de pescado en la cortina de ducha perteneciente a Quinn. Ese es un pez payaso. Ese es un delfín. Ese es el sonido de los vómitos. Ese es un caballito de mar. Ese es el olor ácido del estómago.
Oh Dios, Rachel estaba a segundos de vomitar cuando Quinn finalmente se detuvo y se dejó caer hacia atrás, respirando con dificultad. Rachel recuperó el control de su propio estómago a través de pura determinación y apartó el pelo de la cara de Quinn con una sonrisa simpática.
— ¿Mejor? — preguntó ella, levantándose para mojar un paño y entregándoselo a Quinn.
Quinn arrugó la cara. Obviamente ella no estaba mejor. Toma un tiempo pasar el fuego a través de su sistema.
— ¿Puedo tener mis galletas ahora? — Preguntó Quinn patéticamente, mientras Rachel tiró de ella y la acompañó hacia el sofá de la sala de estar. Okay, ¿en serio?
— No, Quinn, eso es ridículo. Tienes malestar de tu panza y necesitas que se asiente hacia abajo. — Rachel acomodo a Quinn de manera que su cabeza estaba en el regazo de la morena, y encendió la televisión. Quinn se dio la vuelta para enfrentarlo cuando oyó que mencionaban caballos en Animal Planet.
— Tú me has envenenado. — Murmuró Quinn — Sólo para que-sólo para poder tener todas las galletas.
Rachel se preguntó si Quinn sabía lo que estaba diciendo, pero ella soltó un bufido de todos modos. — Quinn, tú eres el monstruo de la galleta. Yo no. — Rachel pasó las manos por el cabello de Quinn, tirando suavemente los enredos en el. Ellas realmente eran dos monstruos de la galleta, y Rachel solo había tomado ventaja del hecho de que Quinn estaba obviamente en ningún estado mental para formular un argumento en este momento.
— No me gusta el chili. — Quinn dijo en voz baja en el muslo de Rachel. — O ensalada de huevo. Me gustan los tomates. Y las galletas.
Rachel trató de no reírse demasiado porque sería zarandear la cabeza de Quinn. ¿De que demonios estaba hablando?
— Me enfermé la última vez que comí, también. — Quinn siguió, dejando caer un brazo hacia abajo para acariciar a Cornelius cuando él se dejó caer delante del sofá. — Mi tía lo hizo para mí. Y tenía cebollas en él.
Quinn se quedó en silencio por un momento. — No me gustan las cebollas. — añadió.
Rachel asintió para sí misma. — Lo sé, cariño.
— Vomite en la sala de estar... Y ella no estaba-estaba en casa, así que tuve que limpiar... fue asqueroso.
Rachel asintió de nuevo. Ella acabaría vomitando en la sala de estar, si Quinn no dejaba de hablar sobre vómito.
— Ve a dormir, cariño. —susurró. — Necesitamos que te sientas mejor para nuestra sesión de mañana por la mañana.
Quinn suspiró profundamente y señaló vagamente en dirección hacia el televisor. — Quiero uno de esos, también.
Rachel sonrió cuando vio el caballo en la televisión. Sí, eso no iba a suceder en corto plazo. Ya tenían tres animales, y Rachel solamente estaba completamente segura sobre la ubicación de uno de ellos.
Esperaba que no estuviesen comiendo chili sobrante.
— Está bien, Quinn, vamos a jugar un juego. — Dijo el Dr. Madison, inclinándose hacia adelante para que sus codos descansaban sobre su escritorio. Quinn se incorporó en donde había estado cayendo en su silla y lo miró con los ojos brillantes.
— Bueno, no es como un juego, sino más como un ejercicio. — Tom sonrió cuando vio la cara de Quinn caer un poco. — Pero, tengo un contenedor de galletas que mi esposa hizo, que te voy a dar a ti y a Rachel si lo intentas lo mejor posible.
Rachel se rió al ver la expresión decidida de Quinn. Sí, ella conseguiría esto.
— Hoy nos vamos a centrar en el contacto visual y en el dialogo suave, ¿de acuerdo? Voy a darte un pequeño truco para ayudarte a la hora de hablar con extraños, y luego voy a traer a mi recepcionista y vamos a inténtalo.
Quinn se mordió el labio, pero asintió con la cabeza. Rachel miró con orgullo. Algunas personas pueden llamar a esto una pérdida de tiempo, pero Quinn realmente estaba tratando de mejorar sus habilidades sociales. Además, nada de lo que te diera galletas como recompensa podía ser una pérdida de tiempo. Nada.
Tom se giró y dirigió una pregunta hacia Rachel.
— Quinn no tiene problema en mirarte a los ojos, Rachel. ¿Por qué crees que es? ¿Por qué es tan difícil para ella mantener el contacto visual con los demás?
Dios, Rachel no lo sabía. Ella sabía por qué miraba los ojos de Quinn, porque eran como faros brillantes de felicidad y ella no podía apartar la mirada. Ella podía decir lo que Quinn estaba sintiendo a través de sus ojos.
Rachel hacia contacto visual con todo el mundo, excepto cuando estaba comiendo paletas de helado o bananas, porque eso era simplemente incorrecto.
—Yo quiero a Rachel. Me encantan sus ojos. — Soltó Quinn, mientras que Rachel estaba sumida en sus pensamientos acerca de todo lo que estaba mal con los hot dogs.
Tom miró a Quinn. — Pero tú no me quieres, y vas a empezar a mantener un poco de contacto visual también conmigo.
Quinn frunció el ceño y miró el pulpo en su regazo.
— Creo que es... confianza. — Rachel intervino. — Le toma un poco de tiempo confiar en la gente, pero luego nos mostrará esos hermosos ojos y...
Quinn se sonrojó y asintió con la cabeza. — Yo no-yo siento que la gente es, um, que puede mirar hasta mi... ¿alma? Supongo. Como si pudiesen ver...
— Todo. — completó Tom. Quinn jugueteó con un tentáculo.
— Bueno. — Dr. Madison continuó. — ¿Qué hay de ese tartamudeo que viene cuando estás emocionada o nerviosa? Siento que eres incapaz de mentir, Quinn, o mantener las cosas dentro. Todo, incluyendo esos pequeños tics nerviosos, simplemente se exterioriza de forma automática. ¿Qué piensas?
Quinn miró a Rachel insegura, y la morena le tomó la mano. Ella en realidad estaba completamente de acuerdo, pero esperó a ver lo que Quinn iba a decir. La rubia era una gigantesca bola de honestidad inadvertida.
— Um... yo no miento. Eso es... malo.
Rachel sonrió y tiró de la mano de Quinn hasta besarla. Sí. Mentir era malo. Quinn estaba totalmente en lo correcto.
— Es malo. — Tom estuvo de acuerdo con una sonrisa, volviéndose a Rachel.
— Rachel, ¿qué crees que está pasando por la cabeza de Quinn mientras sus palabras salen una detrás de otra?
¡Oh! Rachel sabía ésta. Se sentía como si supiera exactamente lo que estaba pasando por la cabeza de Quinn, y ella le sonrió a la rubia antes de contestar.
— Cuando está emocionada, ella tartamudea porque hay tantas cosas que decir, ella no puede sacarlo lo suficientemente rápido. — Rachel sabía sobre ese sentimiento. Ella era muy excitable también, pero había aprendido a mantener un montón dentro suyo, así se lucia menos psicótica.
— Y luego, cuando está nerviosa, yo pienso, Quinn, tratas de decir todo tan rápido como sea posible, así que es como si estuvieras... hablando menos. Supongo. — Rachel miró al médico insegura. ¿Eso tiene sentido?
— Creo que le has dado justo en la cabeza, Rachel. — Tom declaró. — Ahora, Quinn, tengo un truco que le doy a todos mis pacientes respecto a la ansiedad en situaciones sociales.
Quinn se enderezó y escuchó atentamente.
— Queremos que pienses en imágenes, que creo que ya lo haces. Mantén contacto visual, pero no te enfoques en lo que estás viendo. Concéntrate en lo que estás diciendo, y captura eso en su lugar. Creo que en tu caso, podría ayudar a ralentizar tu discurso cuando te dejas llevar un poco.
Quinn se quedó callada por un segundo. — Pienso en imágenes. — Ella indicó.
Tom asintió. — Piensa en imágenes. Para ti, tal vez animales. Libros... ¿Estás lista para probar?
Rachel sonrió cuando Quinn se volvió hacia ella, y asintió con decisión.
— Sí. Yo puedo hacerlo.
Dr. Madison salió de la habitación, y Rachel se inclinó sobre la brecha entre las sillas para rizar el cabello de Quinn, riendo cuando la rubia se sacudió acomodándose.
Cuando Tom volvió con Sara la secretaria, ella y Quinn se trasladaron al sofá, y Tom se sentó ahora en el lugar vacío al lado de Rachel. Sara saludó a Quinn afectuosamente, y Quinn le dirigió una sonrisa tímida.
Rachel miró como los ojos de Quinn parpadean repetidamente desde los ojos de Sara hacia su collar. Esto tenía que ser la forma más difícil de mantener una conversación. En serio. Rachel no podía pensar en una situación más incómoda en este momento.
Tom se sentó allí cruzando tranquilamente sus piernas y mirando expectante a las mujeres en el sofá. Rachel casi interrumpió cantando estaba tan jodidamente tranquilo.
— Quinn, he oído que trabajas en un lugar de rescate para animales. Eso debe ser divertido. — Sara comenzó brillantemente. Oh Dios, por fin. Alguien está hablando.
— Sí. — Quinn asintió, frotándose las manos a lo largo de la parte superior de sus pantalones vaqueros. — Um, yo me pongo-me pongo a pasear a los perros. Y darles de comer. Mi jefe dice que están atraídos hacia mí... o algo así. Me gustan los gatos también. Y los conejos, pero ellos-ellos no tienen conejos allí.
Rachel le sonrió con cariño a su novia. Ella sabía que pronto tendrían un conejo para añadir a su maldita flota de animales. Los ojos de Quinn se movían lentamente ahora. Ellos no estaban fijos en Sara, pero no estaban parpadeando locamente en torno a cualquiera .
— ¡Yo solía tener un conejo! — Sara proclamó. — Su nombre era Nevado.
— ¿Era blanco? — Preguntó Quinn, mirando a un punto justo por encima de la cabeza de Sara, luego dejó que su mirada ligeramente comenzara a ir hacia abajo.
Sara negó con la cabeza. — De hecho, el era negro. Mi hermano estaba tratando de ser irónico cuando lo nombró.
— Mi perrito es negro — Dijo Quinn. — Y blanco.
Sí, negro para el diablo que había dentro de él enmascarado por su ternura angelical.
Sara miró sorprendida por la declaración, pero sonrió. — Voy a tener que ir al refugio en algún momento.
Quinn se mordió el labio y asintió.
— ¿Vas mucho al zoológico? — preguntó Sara.
Para Rachel, esta conversación parecía que podría estar teniendo lugar entre dos niños de kinder. Pero Quinn estaba haciendo contacto visual, probablemente imaginando conejitos esponjosos o algo así, lo que sea. Simple era bueno.
Quinn asintió.
— Me gustan los leones y los osos. —dijo, y allí mismo, sólo-Dios, mira esos ojos. Malditos, ojos láser allí mismo. Rachel sonrió. Esa es su mujer.
— Mi animal preferido tendría que ser las cebras. — Sara declaró.
Rachel vio como Quinn comenzó a balancearse hacia adelante y hacia atrás un poco en su asiento. Su novia tomó unas cuantas respiraciones y parpadeó un par de veces exageradamente, como si estuviera cambiando las imágenes en su cabeza.
— A mí también me gustan — Respondió Quinn, no lentamente, pero tampoco en una maraña ininteligible.
— ¿Sí? — Dijo Sara. — Yo solía vivir en Honolulu, que es donde las vi por primera vez cuando era una niña. En el zoológico de allí.
Los ojos de Quinn se iluminaron aún más. — ¿En serio? Yo-Nosotras-en-en — Se interrumpió y tomó un respiro antes de continuar. — En mi cumpleaños, fuimos al zoo de Central Park. Pero ellos no tienen cebras.
Sara sonrió. — No, no tienen. Yo no sé si has ido al Zoológico del Bronx aun, pero ellos tienen allí. Y elefantes.
Los ojos de Quinn se abrieron y ella giró la cabeza hacia Rachel. Rachel trató de no romper en risa, porque, Dios, su novia parecía que tenía cuatro putos años. Rachel asintió con la cabeza. Ella sabía que sería arrastrada a ese maldito zoológico muy pronto.
Quinn miró de nuevo en los ojos de Sara, y hablaba en serio. — Gracias por decírmelo.
Sara sonrió cálidamente hacia ella. — ¡No hay problema! Ustedes dos deberían ir alguna vez. Simplemente hacen la pareja más linda.
Quinn le sonrió a Rachel. Dios, Rachel la quería.
Cuando Sara se fue, Quinn le dio un abrazo espontáneo. Seguramente por presentarle nuevos mamíferos gigantes que visitar. Rachel le dio un abrazo también, porque siempre les daba caramelos en su salida.
— Quinn, lo hiciste maravillosamente hoy. — Comentó Tom. Rachel asintió con él, sonriendole a su novia con orgullo.
Sí, la chica de Rachel era una profesional en el pensamiento con imágenes. Mejor que todos los demás. Ella era simplemente increíble.
Quinn se sonrojó y sonrió.
— Me gustaría que te enfoques en lo que hicimos hoy para esta semana, ¿de acuerdo Quinn? Y luego para las próximas sesiones, me gustaría que vinieras por ti misma. Vamos a hablar un poco acerca de tu pasado y nos acercaremos mas a la raíz de tus problemas, y creo que puede haber cosas que necesitas hacer frente a por ti misma antes de traer a Rachel en su totalidad.
Quinn se quedó en silencio, y Rachel se limitó a mirarla. Ella aceptaría lo que Quinn quisiese hacer.
— ¿Crees que estas lo suficientemente cómoda conmigo para hacer eso? — Le preguntó Tom suavemente.
Quinn se lamió los labios y asintió lentamente. — Todavía aun puedo-aun puedo hablar con Rachel sobre las cosas que dices, ¿no? Yo quiero-quiero asegurarme de que estoy... bien. Así puedo ser buena para ella. — dijo seriamente.
Ahí, justo ahí. Mezclados con toda la inocencia y la ingenuidad, con el júbilo de juventud, era un adulto racional capaz de mantener una relación sana. Dios, Rachel estaba a punto de llorar. Grandes pasos, hombre.
— Por supuesto. Rachel ahora es parte de tu sistema de apoyo. — Dijo Tom, buscando debajo de su escritorio y sacando un recipiente de plástico con galletas.
Los ojos de Quinn lo siguieron, cuando él las empujó encima de la mesa. Dr. Madison le sonrió, y la felicitó nuevamente por la sesión del día.
Rachel tomó las galletas para evitar que Quinn las devorara camino a casa. Tenía planes para practicar la estrategia "pensar en imágenes" de Tom con Quinn, pero ahora mismo, ella necesitaba buscar los horarios del Zoológico del Bronx.
Rachel no había estado en un karaoke desde, bueno, como hace un mes atrás, pero lo que sea. Ella lo extrañaba. Era sólo la actividad perfecta para ella. Cantar con tu corazón, sonar mejor que todos los demás, recibir aplausos de ebriedad y la alabanza. Simplemente maravilloso.
Ahora esperaba compartir eso con Quinn, y obligar a su novia a cantar con ella mientras buscaba oportunidades para interactuar socialmente. Ella era un psicólogo a estas alturas. Quinn se negaba, por supuesto, cuando se sentaron en el apartamento esperando que sus amigos aparecieran, pero Rachel Berry podría salirse con la suya. O emborracharse y olvidarse de todo y no importarle nada.
Puck le envió un mensaje de que él, Santana y Brittany estaban en un taxi abajo, y Rachel le impedía el paso a Cornelius en el baño antes de salir de su apartamento llevando a Quinn consigo.
— ¡Hola a todos! — Rachel saludó con entusiasmo, deslizándose en la parte trasera y haciendo un gesto a Quinn para unirse a ella. Brittany le sonrió a ellas y les dio abrazos rápidos, mientras que Santana se quedó mirando y les preguntó por qué se tardaron tanto en llegar allí.
Y si lo estaban "haciendo".
Los oídos de Quinn se tornaron carmesí y Rachel pisoteó accidentalmente en el pie de Santana.
— Entonces, ¿cómo te va, Fabray? ¿Todavía no ha hecho Rachel que quieras arrancarte tus propias orejas y saltar de un rascacielos?
Dios, eso fue-bueno, no. Rachel podía ver cómo algunas personas pueden sentirse así cuando se enfrentan a ella. Ella sólo tenía impío, insuperable talento que no podía ser domesticado. Debe ser intimidante para los demás.
Quinn negó con la cabeza y respiró hondo, luego fijó los ojos en Santana. Y se quedó. Sólo miró. Ella no dijo nada, y Santana parecía un poco aterrorizada, así que Rachel se echó a reír.
Ella palmeó el muslo de Quinn alentadoramente. — Buen trabajo, cariño. Manera impresionante para iniciar.
Quinn sonrió, pero no rompió el contacto visual.
— ¿Qué estás imaginando? — preguntó Rachel.
Puck las observaba como si no tuviese idea de lo que estaba pasando, pero lo que sea, no podría importarme menos. Brittany estaba hablando con el taxista tratando de hacerle cambiar la estación de radio.
— Barnaby. — respondió Quinn, con los ojos fijos en Santana.
La mandíbula de Santana cayó. — ¿Estás imaginando a tu maldito perro? ¿Qué demonios?
Los ojos de Quinn bajaron a los labios de Santana, y Rachel le dio un codazo en las costillas.
— Santana, por favor no maldigas. Y es porque tienes sus ojos. — Dijo Rachel. En realidad, cualquiera con ojos marrones tenía ojos de Barnaby. Pero nadie pudo igualar la agilidad en la suya, excepto Rachel, por supuesto, respecto a Quinn.
Santana parecía que estaba a punto de decirle a Rachel y Quinn que se metieran su pequeño ejercicio en sus-
— Sabes qué, métetelo en tu-
— ¡San! — Brittany exclamó, interrumpiéndola y rebotando cuando el taxista finalmente cambió la emisora de radio a unos top cuarenta.
El bar de karaoke era un lugar pequeño, lo que prácticamente aseguró que no serían acosados por los fans de Rachel, y estaba lleno de cabinas y mesas pequeñas, todas mirando hacia un escenario que parecía que estaba a punto de colapsar. Lo que sea. Si Rachel moría allí, o allá abajo en el suelo, al menos ella estaría en un escenario, haciendo lo que amaba. Cantando... sin Quinn. Por desgracia. Por ahora.
Se deslizaron en una cabina, tratando de ignorar lo que sonaba como una lechuza cantando Bon Jovi, y un camarero vino a tomar sus pedidos.
Quinn se enderezó en su asiento, con su brazo alrededor de Rachel, y se aseguró de que estaba buscando en sus ojos cuando ella ordenó.
— ¿Puede ser leche, por favor? — preguntó lentamente, golpeando sus dedos.
Dios, salió como James Bond. Quinn se veía tan seria. Doble cero siete gustaría leche. Por favor.
Rachel sonrió y dio unas palmaditas en el muslo de Quinn de nuevo, dejando su mano allí esta vez. Santana las miraba con una especie de expresión "qué demonios". Lo que sea. Ella estaría borracha pronto. Demonios, probablemente estaba borracha en este momento.
Kurt y Blaine se les unieron alrededor de media hora después en la noche, en medio de la impresionante interpretación de Brittany en "Baby Got Back", con baile y gestos. Ella y Santana desaparecieron por el resto de la noche.
— ¿Vas a cantar, Rachel?" Preguntó Blaine, después de cantar él mismo y Kurt Bee Gees "You Should Be Dancing"
Rachel asintió con entusiasmo, casi tirando su bebida. No, ella no estaba borracha. Simplemente feliz, porque Quinn era feliz y no abrumada, y jugando fútbol de mesa con un arrugado envoltorio de paja.
— ¡Por supuesto! Y Quinn va a cantar conmigo. —indicó.
Quinn se atragantó con su leche. — Um-no, no, yo no-no voy a subir allá arriba. — Ella escupió.
Blaine levantó las cejas hacia ellas.
— Cariño, por favooooor. — Gimió Rachel. Tal vez si fingía verse como borracha y patética Quinn tendría piedad de ella. O, no, galletas. Galletas resuelven todos los problemas de la vida.
— Mañana te hare galletas — Ella negoció. Sí, incluso si Quinn no subía al escenario las haría, pero Quinn no necesitaba saber eso.
— Rachel, yo no-no puedo... todavía. Por favor-lo siento. — Quinn tartamudeó en silencio.
Rachel suavizó su sonrisa y apretó el muslo de Quinn. Ella vio como una victoria que su mano había quedado allí toda la noche hasta el momento. Y, no, ella en realidad no forzaría a Quinn para subir ahí arriba. No importaba lo mucho que quería oírla cantar.
— No te preocupes, osita. No lo sientas, solo, mas te vale alentarme ¿de acuerdo?
Quinn sonrió y la besó, y Blaine y Kurt suspiraron desde el otro lado de la cabina.
Rachel se dirigió con orgullo hasta el escenario cuando fue su turno, apuntando directamente a la cabeza rubia desordenada en la audiencia, y proclamó: — Esto es para ti osita grande.
Rachel no estaba realmente en el estado de ánimo para analizar las letras de Cher de "Believe", pero, lo que fueran, esperemos que Quinn no lo tomara literalmente. Ella se movía por el escenario en el momento en que comenzó el coro, haciendo una especie de baile ridículo porque vio Quinn riendo.
Do you believe in life after love
I can feel something inside me say
I really don't think you're strong enough,
Now
Rachel exageraba cada línea. Está bien, tal vez ella estaba un poco borracha, agarrandose su corazón y cantando a todo pulmón en el micrófono, tratando de que su voz sonara como si estuviese siendo alterada electrónicamente. Fue difícil. Karaokes deben proporcionar micrófonos especiales para canciones como esta.
Rachel casi caminó bien fuera del escenario porque estaba tan centrada en el rostro de Quinn. Cher estaría orgullosa, porque sonaba jodidamente increíble.
Quinn le dio un abrazo y la besó por toda la cara sonrojada cuando ella se sentó de nuevo y finalmente cayó en la cuenta de que había hecho el ridículo. Quinn no podía parar de reír, así que lo que sea. Podía ignorar la burla de Kurt y Blaine porque realmente, estaban a punto de cantar "You Should Be Dancing". Simplemente no había espacio para burlarse de Rachel con eso.
Quinn dijo adiós con alegría, como, de forma audible, en oraciones completas, con todos sus amigos. Pues los que no habían desaparecido para ir a tener sexo.
Así que, Kurt y Blaine.
Y ella mantuvo el contacto visual con el taxista por un buen número de segundos cuando ella le dijo a dónde ir, y Rachel se limitó a observar con orgullo. Y un poco borracha.
Ella estaba sobria cuando llegó hasta la cama, con los pies helados de Quinn presionando contra sus piernas, Jelly en la almohada al lado de su cara, Barnaby a los pies de la cama, y Cornelius metido en el lado de Quinn.
Casa llena, man.
— Rachel. — Quinn susurró vacilante. — ¿Estás despierta?
Rachel sonrió, aunque sus ojos estaban cerrados. Ella tarareó en la afirmación.
Quinn se quedó en silencio durante un minuto, y Rachel dejó que procesara lo que quería decir en lugar de sacarlo fuera de ella.
— Quiero cantar una canción. — dijo Quinn en voz baja.
Espera, ¿ahora mismo?
Rachel abrió los ojos y parpadeó en la oscuridad, y luego se dio la vuelta y esperó hasta que pudo ver la cara de Quinn. Ella en su interior estaba eufórica. Realmente, el canto era la llave al corazón de Rachel Berry. Si no fueras Quinn Fabray.
Quinn simplemente tenía la clave no importaba qué.
— Me encantaría que me cantes una canción. — dijo Rachel, en voz baja.
Quinn frotó su mejilla contra Pooh y se tragó. — Yo solía cantarme a mí misma cada noche, porque yo-porque yo quería a alguien que, um, se sintiera asi... por mí. Supongo. O alguien que yo pudiera sentir lo mismo por ella... O para.
Rachel dejó divagar un poco y alejando el pelo rubio fuera de los ojos color avellana mientras la acariciaba.
— Adelante, cariño. —susurró.
— Tú tienes que prometer no llorar. —dijo Quinn sabiamente. — Porque soy una especie de increíble cantante. No tan increíble como tú, pero yo soy realmente fantástica Rachel.
Rachel se rió entre dientes y la empujó en el hombro. — Canta para mí, mujer.
Quinn se lamió los labios y Rachel colocó su cabeza sobre el pecho de Quinn cuandon comenzó a cantar. En voz muy baja.
There comes a time, a time in everyone's life
Where nothing seems to go your way
Where nothing seems to turn out right
There may come a time, you just can't seem to find your place
For every door you open, seems like you get two slammed in your face
Rachel reconoció eso. Era Ray Lamontagne, y Dios, era hermoso. Quinn tenía razón. Estaba a putos segundos de llorar, y se concentró en presionar los pies de reptil de Quinn entre sus piernas como una especie de terapia de choque para evitar que las lágrimas caigan. La rubia se puso un poco más fuerte a medida que ella continuaba.
That's when you need someone, someone that you can call.
And when all your faith is gone
Feels like you can't go on
Let it be me
Let it be me
If it's a friend that you need
Let it be me
Let it be me
Quinn se calló al final y Rachel intentó frenar sus emociones para que pudiera hablar. Simplemente no estaba sucediendo. Dios, incluso los pies congelados y el aliento de gatito en su rostro no podía detener las lágrimas.
Quinn debe haber oído sorber porque ella pasó un brazo por la espalda de Rachel. — ¿Estás bien? — pregunto. — Lo siento. No quise-
— No. Dios, Quinn... — Rachel interrumpió. Deja a un lado toda la mierda, mujer. — Dios, te quiero. Tú voz es hermosa. Y quien sea que te haga sentir como-como que necesitabas-como si tú no pudieras-Dios, no puedo ni siquiera...
En serio, consigue controlarte maldita sea.
— No importa lo que pase, yo siempre seré tu amiga, Quinn. Y sé que tú siempre serás la mía.
Y con suerte más. Claro.
— Y más. — dijo Quinn en voz baja contra el pelo de Rachel.
Rachel se rió entre dientes. — Claro.
— ¿Entonces no estabas llorando porque sonaba mejor que tú? —preguntó Quinn un momento después. Rachel podía oír esa pequeña sonrisa en su voz.
Rachel ignoró esta pregunta y se acurrucó más cerca de Quinn, desplazando a varios animales reales y rellenos en su camino.
No podía decir quien estaba roncando, y quien estaba inquieto, y lo demonios que estaba presionando un nudo en el estómago, pero le encantó. Y se durmió inmediatamente.
