Disclaimer: Naruto es de la completa autoría de Masashi Kishimoto, yo solo utilizo sus personajes para hacer un homenaje a su obra y poder realizar algo para mí y la fans de las parejas que aquí se presentan sin ningún fin lucrativo.


Sasori abrió los ojos encontrándose con la pared de su habitación, se giró y miro el techo. Sus ojos cafés iban de un lado a otro, admirando las líneas y relieves de la madera, de un momento a otro la puerta se abrió y tres sirvientas entraron a la habitación, una de ellas muchísimo mayor a las demás.

— Buenos días, Sasori-sama —Saludo tranquilamente la anciana. Sasori le miro con ojos tranquilos.

— Buenos días.

— ¿Durmió bien? —Abrió el ropero para tomar las ropas que el pelirrojo usarían ese día.

— Casi no pude dormir —Se sentó, la cobija aun cubriendo sus piernas, se encorvo ligeramente.

— ¿Se puede saber por qué? —Lo único que le respondió fueron los sonidos que producían las otras dos sirvientas.

— Los guardias me dijeron que Deidara ha mantenido una actitud agresiva —Murmuro mientras Sasori ataba el obi alrededor de su cintura—, aun exige poder ver al sirviente de Kakuzu-sama.

— Parece que voy a tener que ser más duro con el —Paso sus delgados dedos por entre su cabello con el propósito de peinarlo un poco.

— ¿No le parece que esa táctica no está funcionando? —Sasori miro a la mujer intensamente—, sé que el pequeño Sasori es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de lo que está pasando con el —Se relajó al escuchar el ligero tono maternal con el que la anciana se dirigía a él.

— No conozco otra forma.

— La conoce pero no la quiere usar —Se apartó un poco y doblo la ropa con la que el ministro había dormido y se la entregó a una de las sirvientas para que se la llevara—, nunca había durado encaprichado con alguien tanto tiempo, ya no es un niño y debe pensar en su futuro.

— Él no puede darme hijos.

— Escuche que el sirviente de Kakuzu-sama esta... estaba en cinta —Los ojos del pelirrojo se abrieron un poco más al escuchar eso—, tal vez esos tres tengan algo en común ¿No le parece?

Sin decir nada más la anciana les hizo una señal a las sirvientas que quedaban en la habitación para que salieran—, su desayuno ya está servido.


Deidara despertó con un fuerte dolor de cabeza y garganta. Después de haber estado gritando todo el día y gran parte de la noche no le sorprendía en absoluto.

Se levantó y pego la oreja a la puerta, todo en silencio, pero sabía que detrás de la superficie de madera se hallaban personas vigilándole.

Camino hasta el otro lado de la habitación y se sentó en una esquina, la espalda pegada a la pared. No podía creer aun lo que le había pasado a Hidan, lo que Kakuzu le había hecho, si, él no sabía nada, pero era bastante obvio el estado de Hidan, los guardias debieron haberlo notado.

Estaba enfurecido, triste, confundido. Preocupado. Estaba muy preocupado por Itachi y por Hidan ¿Que iba a pasar ahora con ellos? ¿Kisame iba a devolver a Itachi? ¿Lo había golpeado? ¿Kakuzu se desharía de Hidan? ¿Cómo había tomado la noticia de su bebe?

Nada de las cosas que habían pasado eran justas. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y no lucho por detenerlas, estaba cansado, de todo, Sasori ya le había dejado claro que no lo iba a dejar ir nunca, que jamás alcanzaría su libertad y que le iba a servir hasta el último día de su vida.

Paro sus sollozos de golpe cuando escucho la puerta abrirse. Una sirvienta entro con una charola de madera, se le acerco sin mirarlo ni una vez a la cara y le entrego la charola con comida.

— Avísele a los guaridas cuando halla terminando y vendré por la charola de inmediato—, sin más se levantó y salió, la puerta se cerró de inmediato con un ruido seco.

Miro la comida y sintió asco a pesar de que tenía hambre. Pico con su dedo el bol de arroz, le divirtió un poco el ver que se quedaba la forma de su dedo en él. Metió otro de sus dedos en el tazón con miso y lo llevo a su boca.

Incluso siendo comida para un prisionero seguía siendo deliciosa. Sonrió con amargura. Era el prisionero de un hombre importante, tenía algo de sentido.

No se molestó en usar los palillos y con los dedos comenzó a comer el arroz, en pequeñas porciones, casi apenas un par de granos a la vez. Bebía en pequeños sorbos la sopa, le dolía la garganta. Puede que también pescara un resfrió, ese lugar era húmedo y frio, había estado un buen rato sin ropa, era lo más probable. Cuando hubo terminado, re masticando un trozo de tofu, se alejó de la charola y se recostó completamente sobre su espalda, mirando las marcas de humedad de la madera del techo ¿Cuánto tiempo estaría ahí? ¿Para siempre?

Cerró sus ojos y estiro los brazos a cada lado de su cuerpo, buscando un poco de paz interior. El resultado fue mínimo.

Escucho el sonido de los guardias moviéndose afuera de la habitación, se levantó con pesadez y corrió a la puerta para pegar la oreja y escuchar lo que estaba pasando afuera.

— Aun no despierta, señor —Escucho la voz al otro lado—, la anciana dice que si quiere que viva debe dejarlo descansar.

— Yo misma me encargare de avisarle, Kakuzu-sama —Sonó la voz queda y cansada de una mujer. Deidara ato cabos rápidamente, hablaban de Hidan.

Empezó a golpear la puerta con las aun adoloridas palmas de sus manos, pero le ignoraron. Trato de gritar, pero su voz apenas y salió, dejándole como resultado un fuerte ardor en la garganta.

Volvió a golpear la puerta—: ¡¿No puedes estar un poco más en silencio?! —El grito de uno de los guardias le hizo fruncir el ceño. El en respuesta golpeo con más fuerza la dura madera hasta que no pudo soportar más el dolor.

Se giró y pateo la charola. Los recipientes de porcelana se estrellaron contra el piso, rompiéndose y astillándose en el acto.

— ¡Guarda silencio! —El guardia golpeo con fuerza la puerta.

— ¡Jodete! —Trato de gritar otra vez.


Hidan abrió los ojos pesadamente, todo a su alrededor daba vueltas, casi no sentía los brazos ni las piernas. Trato de levantarse pero un fuerte dolor se lo impidió.

Miro las vendas que apretaban su pecho, trato de tocar pero el dolor era tan intenso que apenas y pudo rosar con un dedo. Se alzó apoyándose en sus codos y miro su cuerpo lastimado, despertando de su aturdicion sintió el cuerpo demasiado ligero. Llevo su mano a su vientre y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Ya no se sentía mas esa tibieza ni la ligera redondez de su estómago, sustituyéndole, había una línea de puntos que trataban de que se cerrara su carne.

Su mente se llenó de pensamientos crueles y planes de venganza mientras su cuerpo, luchando contra el dolor, se erguía y rodeaba su cuerpo con sus lastimados brazos y hacia lo posible por controlar las lágrimas y sollozos.

Alzo la cabeza de golpe al escuchar como la gruesa puerta se abría. Frunció el ceño y trato de levantarse, pero callo de golpe al piso; se mordió los labios para ahogar el grito de dolor.

— Baa-sama —La muchacha que abrió la puerta corrió a girarlo—, el hombre ha despertado —Reviso la venda, cosa difícil ya que el albino no dejaba de moverse—, y creo que se ha lastimado la marca.

— ¡¿Que marca?! —Le sujeto la muñeca con fuerza. La sirvienta apretó los ojos pero no dejo que ninguna expresión de dolor saliera de su boca. Pronto una anciana apareció en la puerta, dos guardias escoltándola.

— Sabia que eras un hombre fuerte, pero no creí que recuperas tus fuerzas tan pronto —Avanzo hasta llegar a un lado del muchacho, los guardias le ayudaron a controlarlo—, tengo que ir a buscar a Kakuzu-sama, pero primero tengo que revisar tus heridas —Se agacho con pesadez a un lado de él, unos momentos después llego una joven con un cajón de madera llena de instrumentos de curación.

Comenzó a cortar las vendas del pecho y Hidan comprendió a lo que se referían con marca.

En el centro de su pecho se hallaba marcado en su carne un símbolo extraño, no sabía que era, pero sabía lo que significaba. Se sentía humillado ante todas las personas que le miraban y una rabia le azoto de golpe mientras sacudía su cuerpo de forma violenta buscando zafarse de sus opresores—, sujétenlo con fuerza, voy a limpiar la herida —La anciana mojo un trozo de tela y comenzó a pasarla por la piel herida. Hidan soltó un grito de dolor y se arqueo—, aguanta —Empezó a presionar con más fuerza la tela contra su piel, raspando la piel quemada. Después de un rato el albino dejo de moverse producto de dolor—, buen muchacho.

Tomo una venda limpia y empezó a pasarla por su pecho, apretándola. Hidan observo el techo completamente ido—, lamento lo que le paso a tu criatura —Despertó ligeramente de su letargo, encontrándose con la mirada obscura de la mujer de cabellos blancos—, de haber sabido que te encontrabas en ese estado no habría permitido que te hicieran eso —Reviso los puntos de su vientre y después le limpio con alcohol para después ponerle un parche.

— Los odio —Murmuro con voz rota.

— Y lo tenemos merecido —Se levantó pesadamente—, no puedo siquiera imaginar el dolor de perder un hijo.


Kakuzu escribía en un largo pergamino, el pincel de la tinta al papel, una y otra vez. La mesa llena de papeles con cantidades que habían sido registradas de los impuestos del reino. Estaba a punto de pasar el pincel por la superficie cuando pidieron permiso para entrar.

— Mi señor, una mujer desea hablar con usted... viene de los calabozos.

— Hazla pasar —Apoyo el pincel a un lado del tintero y se levantó.

Las puertas del salón se abrieron y dejaron ver a la mujer.

— El muchacho despertó. Ya limpie las heridas de su cuerpo —Kakuzu asintió en silencio.

— ¿Ha dicho algo en especial?

— Nada que en una persona en su estado no dijera —Se sobo los nudillos adoloridos—, dejó bien claro que nos odia.

— ¿Vivirá?

— No le ha dado fiebre nuevamente, si sus heridas no se infectan estará de pie muy pronto, debe llevarlo a una habitación limpia y donde tenga cuidados.

— Bien... retírate —La mujer hizo reverencia y salió del salón del ministro. Cuando Kakuzu creyó que se había alejado lo suficiente volvió a sentarse tras la mesa. Cerró los pergaminos y guardo los libros.

Una vez que hubo despejado el área se llevó una mano al rostro y con los dedos de la misma comenzó a masajearse las sienes y el puente de la nariz, quitándose la máscara por unos segundos y dejando ver unas marcas en cada mejilla.

Por muchas años se había dicho a si mismo que era un ser sin sentimientos, que vivía únicamente para complacerse a sí mismo y que utilizaba su puesto y dinero para facilitarse eso. Pero con lo que había pasado ya no estaba tan seguro de ello.

Podía mandar matar a personas que interfirieran en sus intereses, podía dejar a una familia sin nada por no pagar las cuotas legales del reino, podía vender sus influencias para apoyar a otros. Pero esas eran personas que nada tenía que ver con él. Una cosa era matar a una persona de la que no conocías ni historia ni gustos ni nada, y otra muy diferente era matar a tu propio hijo.

Se acomodó la máscara y salió de la habitación. Las sirvientas hacían una reverencia completa incluso antes de que pasara frente a ellas.

Llego más rápido de lo que esperaba a las celdas del calabozo. Lo guardias tomaron una posición de respeto mientras se adentraba más en los obscuros rincones de las mazmorras.

Pronto se volvió a encontrar con la misma anciana que había estado curando a Hidan.

La puerta de la celda se mantenía cerrada, la anciana le miro con una sonrisa indescifrable—, llego más rápido de lo que esperaba.

— Abran la puerta —Los guardias comenzaron a quitar los enormes candados al momento, el sonido de las cadenas golpeando el piso y las paredes hacían eco en el lugar. En un dos por tres la puerta se hallaba abierta y el sin miramientos se adentró, cerrando la puerta tras de el para mantener su privacidad.

Busco con la mirada al muchacho y lo hallo recostado en un rincón de la celda, los ojos cerrados como si durmiera, pero la expresión de su rostro dejaba bien claro que no era así.

— ¿Qué quieres? —Estaba molesto pero su voz se mantenía en un susurro. Él se le quedo viendo en silencio, Hidan se removió incómodo y adolorido—: ¿Qué quieres? —Elevo el tono de su voz y trato de apoyarse en sus codos—: ¿Qué quieres? ¿Viniste a comprobar lo que hiciste? —Kakuzu frunció el ceño y apretó la mandíbula bajo su máscara—, espero que estés satisfecho con tu trabajo —Aguanto el dolor que se estaba esparciendo por todo su cuerpo—, mataste a mi hijo y me marcaste —Sus voz se quebró y se cubrió la boca con su mano, sus ojos llenándose de lágrimas—; ¡¿Qué hiciste con él?! ¡Exijo que me digas lo que hiciste con mi hijo!

— Lo enterré... —Hidan hipo conteniendo el aliento—, lo enterré en el cementerio que pertenece a mi familia —El albino le miro incrédulo.

— ¿Con que derecho has hecho eso?

— Era mi hijo, con ese derecho.

— ¿Tu hijo? —Sintió ganas de reír, de gritarle en su cara que se había acostado con sus guardias de confianza—: ¿Tu hijo? Por favor, eso es algo que ni tú crees —Rio entre sollozos, el dolor empezaba a tomar otro sentido aparte del físico—, lo mataste porque buscaste una forma de joderme más la existencia.

— Tu debiste decirme que estabas esperando —Hidan hipo de nuevo.

— ¿Para qué? —Le miro a los ojos, por primera vez el tesorero se sintió intimidado—, ¿Para qué te deshicieras de el mas rápido? —Se limpió las lágrimas—, no, por eso quería irme lejos. Lejos de ti. Lejos de este maldito lugar. Todos los días le rezo a Jashin-sama para que te castigue, de cualquier forma posible, que te haga sufrir.

Kakuzu suspiro y se dio media vuelta para salir de la celda—, te van a llevar a otro lugar en donde puedas tener mejores cuidados.

— No quiero nada de ti ¡Nada! —Golpeo el piso con el puño de la mano con la que no sostenía su peso.

— No me interesa, tú sigues siendo mío y me interesa tenerte más tiempo —Los guardias cerraron la puerta tras de él, la anciana se hallaba sentada en un pequeño banco que los guardias le habían ofrecido—, escoja alguna de las habitaciones de mi residencia, la que le parezca mejor y ordene que lo lleven ahí.

— Así se hará mi señor —Agacho la cabeza en señal de respeto—, una de mis muchachas estará en sus recintos en breve para escoger una habitación, no se preocupe.

Kakuzu asintió distraídamente y emprendió su camino fuera de ese lugar.


Sasori revisaba mapas de los territorios europeos, sus dedos trazando líneas en el papel, planeando. A mitad de la tarea se detuvo y dejo el pincel de lado, giro la cabeza y se quedó mirando el horizonte. Estaba atardeciendo.

El llamado a la puerta le hizo volver a la realidad—, pase.

— Mil disculpas mi señor —Una joven de cabello negro se adentró a la habitación—, vendo a darle la información que me pidió —Sasori asintió ligeramente, su mirada tranquila clavada en la joven que se ponía nerviosa ante ella—, el- el joven comió en la mañana, pero desde entonces no ha probado bocado.

— ¿Ha dicho algo?

— Creo que no puede —Inclino su cabeza en forma de pregunta—, creo que se ha lastimado la garganta con los gritos que había estado dando.

— Comprendo —Retomo sus deberes—, mantenme informado de lo que le pase.

— Como desee mi señor, con permiso.

Reviso el mapa en el que estaba trabajando, apretó el pincel con sus dedos y le dejo de lado. Estando molesto no se podía concentrar.

Cerró el tintero y se levantó de la mesa, queriendo salir rápido de la habitación, pero fue interrumpido por el llamado a la puerta.

— ¿Sasori-sama?

— ¿Qué ocurre? —Murmuro tranquilo, pero dejando claro que no estaba de humor para tonterías.

— ¿Piensa hacer algo mañana? —La voz de la anciana sonó amortiguada al otro lado de la puerta. Sasori cerró los ojos—, ya sabe que suelen venir ministros y otras personas ¿Debería...?

— Esta bien, Shoo, iré mañana temprano con… ellos...

— ¿Desea ir solo o prefiere que alguien le acompañe?

—...Iré con Deidara.

— Esta bien, con permiso.

Se quedó quieto a mitad de la habitación, mirando el piso, movió el cuello de lado a lado y salió de la habitación.

Le parecía increíble lo rápido que pasaba el tiempo. Los años más difíciles de su vida habían pasado más rápido de lo que esperaba.

Recorrió uno de los largos pasillos de su hogar. Llego hasta una puerta de gran tamaño; no imponía por los materiales de la que estaba hecha, porque el bambú se veía más bien delgado, igualmente el papel de arroz, pero este estaba tan bellamente pintado que daba incluso la ilusión de que la pintura se movía.

Abrió la puerta con cuidado, con miedo de que se rompiera si lo hacía con demasiada rudeza.

La puerta daba a un jardín privado y en el que se veían inmediatamente las piedras fúnebres. Todas y cada una de ellas tenían un incienso encendido y flores en las que la marchitud aún no se hacía presente. Tomo aire profundamente y empezó a bajar lentamente cada uno de los escalones.

Las lapidas tenían inscripciones en ellas, pero la que más resaltaba era la de un escorpión tallado en la piedra y remarcado con rojo. Recorrió un camino de piedra hasta llegar a las tres lapidas más recientes.

Se quedó observando las piedras talladas en silencio, la brisa fría de finales de otoño se coló por las mangas de su yukata, lo que le obligo a meter las manos en cada una para protegerse del frio.

— Mañana se cumplen 20 años... —El sonido del viento chocando contra las hojas de los arboles quisieron tragarse sus palabras—, tal vez mañana tenga compañía, aun no estoy seguro de si vendrá, o lo traeré, al final es lo mismo —Soltó el aire en un suspiro intranquilo— Chio-baa —Miro la tercera lapida—, tal vez las cosas no serían tan... complicadas si estuvieras aquí ahora —Desvió la mirada a un lado antes de girarse y regresar dentro de la casa, cerrando la puerta tras de él. Cuando alzo la vista se encontró con la anciana.

— Sasori-sama ¿Todo bien? —Asintió en silencio, la mujer volteo a todos lados para ver si alguien venia, pero no había nadie cerca. Se acercó al pelirrojo y lo abrazo fuertemente, palmeando suavemente su cabeza—, estos son días difíciles para ti ¿No es así? —El hombre no dijo nada—, esta es la razón por la que tu abuela me pidió que cuidara de ti.

— Shoo-baa —Hablo suavemente— ¿Crees que…?

— ¿Qué tienes una pequeña obsesión con el muchacho? Sí, eso es lo que creo, señor —Dejo salir una ligera risa—, pero eso es suficiente para mí, por ahora, está sintiendo algo por alguien y eso me hace feliz —Deshizo el abrazo—, es un hombre inteligente, sé que tomara las decisiones correctas —Le sonrió y se alejó lentamente de él.

Frunció ligeramente el ceño mientras miraba el piso por algunos momentos, después comenzó el camino a los calabozos. Desde que entrabas podías escuchar los lamentos de aquellos que habían sido encerrados.

El pasillo obscuro estaba más vigilado que nunca desde lo que había pasado con el padre de Itachi, jamás había sido partidario de las mentiras o de esconder las cosas, pero entendía que era la única forma de prevenir un caos en la población del reino.

— ¿Ha dicho algo? —Apenas los guardias notaron su presencia tomaron una posición de respeto.

— Finalmente se ha calmado señor.

— Abran la puerta —Su orden fue obedecida al momento y en unos momento la puerta fue abierta por completo. Dentro, Deidara se hallaba sentado con la espalda pegada a la pared que tenía la pequeña ventana y por la que colaba una cantidad mínima de luz que hacia brillar su cabello rubio, su mirada admiro el halo de luz que le rodeaba. El más joven alzo la vista encontrándose con su mirada, pero casi de inmediato frunció el ceño.

— ¿Qué quieres?

— Vamos —Le hizo una seña para que se levantara, Deidara solo rodo los ojos—: ¿Prefieres quedarte aquí?

— Creo que es mejor estar aquí —Sasori frunció el ceño.

— No te preocupes, solo estarás afuera lo que queda del día y mañana.

— ¿Por qué?

— No te incumbe, además... —Alzo en rostro en un gesto de superioridad—: ¿No dices que es mejor estar aquí?

Deidara frunció los labios y se levantó de mala gana, el pelirrojo se acercó a él y lo tomo del brazo para salir con el de la celda.

Al pasar junto a los guardias Deidara les saco la lengua en un gesto infantil, el otro rodo los ojos en respuesta mientras los otros hombres se ahogaban las ganas de darle un golpe.


Hidan se hallaba recostado sobre su lado derecho, la mirada perdida en la pared que tenía frente a él.

Jamás había estado en un lugar como ese en su vida. La habitación era de gran de tamaño y estaba decorada bellamente, el futon en donde estaba acostado era en extremo cómodo y cálido.

Se giró al lado fresco del futon, aguantándose el dolor. Tardo solo unos momentos en volver a calentarse.

El bastando quería limpiar su conciencia dándole lujos.

Eso fue lo primero que paso por su cabeza cuando le llevo a esa habitación. Las sirvientas le obligaban a estar todo el día acostado, y le cuidaban de forma excesiva. Todo el día había estado tomando te relajante que le impedía moverse y que le hacía querer dormir.

Paso su mano por su vientre herido, palpaba la ligera flacidez que había quedado en esa área y sentía que la respiración se le cortaba, en ese lugar estaba su bebe.

Se tallo frenéticamente los ojos al sentir como estos se le humedecían.

No era justo nada de lo que estaba pasando, el jamás había hecho nada para dañar a alguien, había vivido bajo el voto de pobreza toda su vida, oraba todos los días, aun lo hacía. Pero no ocurría nada, seguía en ese lugar.

Observando la obscuridad que había a su alrededor no pudo evitar pensar el sus amigos. En cómo les estaría yendo en esos momentos.

Sabía que Deidara había sido encerrado en los calabozos igual que él. Cuando lo llevaron a esa habitación lo había escuchado gritar un par de veces. Podía suponer que le habían dado un castigo similar al de él, tal vez unas semanas encerrado ahí.

De quien no sabía nada era Itachi. Se sentía mal al pensar en él; él no había tenido intención alguna de escapar con ellos, simplemente ayudarlos a poder huir.

Seguramente él tuvo el peor de los castigos, después de todo, su esposo era el ministro de guerra. Cerró sus ojos y trato de dispersar las horribles ideas que llegaron as u cabeza. Sus amigos estaban bien, pronto podrían estar juntos de nuevo y tratarían de escapar otra vez, y esta vez sí lo lograrían, y si Itachi quería, iría con ellos, y los tres vivirían juntos en algún lugar lejano.

Al final, no puedo dormir en toda la noche debido a las ideas que llegaban a su cabeza. La luz del sol lleno la habitación gracias a la enorme ventana que esta tenía. Pronto comenzó a escuchar ruido del otro lado de la puerta, y cuando esta por fin se abrió, siguió actuando como si estuviera dormido.

— Voy a revisar tus heridas —Hidan se sorprendió de escuchar la voz de la vieja mujer que estuvo con él durante su castigo—, sé que estas despierto, así que muévete un poco.

— ¿Cómo…? —Sus ojos violetas enfocaron a la mujer, quien se sentaba a un lado de él y comenzaba a abrir sus ropas.

— He vivido mucho ¿Crees que no se reconocer cuando alguien está dormido? —El tono de voz sarcástico hizo al hombre fruncir el ceño.

— Perra estúpida.

— Cierra la boca, muchacho —Comenzó a cortar los vendajes de su pecho, con cuidado empezó a tocar la piel quemada—, tu cuerpo es justo lo que las personas como yo esperaban.

— ¿Personas como tú?

— Eres fuerte, como nuestros ancestros —El muchacho la miro confundido—, estate quieto —Tomo una venda nueva y comenzó a ponérsela.

— ¿Quién demonios eres? —La anciana sonrió pero no dijo nada mientras revisaba los puntos en su vientre. Enojado, tomo violentamente la mano—: ¿Quién eres?

La mujer se levantó lentamente y busco algo entre sus ropas—, esto es tuyo —Dejo caer un pequeño saco de seda en el pecho vendado del muchacho, sorprendido este lo tomo y lo abrió descubriendo su rosario.

— ¿Qué? —Giro su cabeza para ver a la mujer pero de inmediato cerro sus ojos con fuerza. La mujer se estaba desnudando. Después de unos momentos volvió a abrir los ojos y dejo escapar un sonido de sorpresa de su boca—,… tu.

— Puedes llamarme Kiko —Cubrió el símbolo de Jashin de su espalda—, tu eres uno de los míos, mi gente, así que estas un poco más seguro ahora —Cerro la puerta después de dejar la habitación.


Deidara estaba realmente confundido en ese momento.

Las sirvientas lo habían vestido sumamente elegante pero le sorprendía no encontrar los típicos colores brillantes de siempre en su kimono. Ahora eran únicamente colores obscuros.

— ¿Alguien murió? —Las sirvientas negaron con la cabeza y continuaron arreglando su cabello —, joder ¿Por qué nadie dice nada?

— Sasori-sama ya lo está esperando —Shou entro a la habitación vestida de negro y blanco, justo como las demás sirvientas—, él le explicara todo, no te preocupes.

El rubio la miro confundido y se encogió de hombros. Se levantó haciendo que las mujeres que lo arreglaban hicieran un sonido de molestia al no dejarles terminar su trabajo, y salió de la habitación siguiendo a la otra mujer.

Cuando llego al salón principal se dio cuenta de que había visitas en la casa. Todos vestidos de negro. Sasori lo miro y le dio una ligera advertencia con la mirada, el solo frunció ligeramente el ceño y se acercó a él para estar parado a su lado.

— Los años pasan muy rápido —Deidara se hizo el desentendido pero prestaba bastante atención a la conversación—, ahora usted es todo un hombre, con poder e influencias, sus padres estarían muy orgullosos de usted, téngalo por seguro —Observo como Sasori asentía en silencio.

En realidad jamás había pensado como era Sasori con su familia. Nunca había visto a sus padres porque suponía ellos no vivían cerca del palacio, pero tampoco había escuchado a el hablar de ellos y decir que iba a visitarlos.

— Lamento la interrupción, pero todo esta listo —Los presentes, que no eran más de diez personas asintieron y empezaron a caminar.

Sasori le sujeto del brazo, sin ser brusco, para que caminara a un lado el. Deidara estaba seguro de que jamás había pasado por ese pasillo de la casa. Había apenas un par de decoraciones, cosa que le sorprendía considerando el gusto que tenía por las cosas que se hallaban en el extranjero.

Se le quedo viendo a la puerta decorada con cara sorprendida. La luz que se filtraba por el papel hacia brillar las imágenes plasmadas en el delgado papel.

— ¿Que hay ahí? —Las sirvientas abrieron las puertas de par en par permitiéndoles el acceso al jardín.

El rubio solo tuvo que ver las lapidas para darse cuenta de lo que estaba pasando. La noche anterior había caído una pequeña cantidad de nieve que aún no se derretía y que cubría el pasto y los árboles. Avanzo sujeto al brazo de Sasori hasta llegar a las lapidas más recientes del lugar. Las demás personas se quedaron tras de ellos y se arrodillaron para comenzar a rezar en silencio. Deidara miro como el ministro encendía incienso y colocaba uno en tres de las lapidas. Se arrodillo junto a él y agacho la cabeza al mismo tiempo. Unos segundos después abrió los ojos y se aseguró de que Sasori no lo estaba viendo. Alzo la vista y leyó los nombres que estaban tallados en la piedra. Por lo que entendía eran familia de Sasori.

Volvió a agachar la cabeza y continúo con silenciosas oraciones. No entendía como funcionaban las tradiciones en las familias de alto rango, pero no parecían ser muy diferentes a las de las familias normales.

Cuando cerró los ojos pensó en lo mucho que no iba a visitar las tumbas de sus padres. Sabía que nadie más lo haría. El resto de la familia que tenía se había olvidado completamente de ellos.

Decidió hacer una oración por ellos también.

Todos se detuvieron cuando Sasori se levantó. Alzo la cabeza y la luz que se colaba entre las hojas de los arboles le hizo notar algo.

Sasori lucia completamente humano.

Tenía más de medio año conviviendo con ese hombre y jamás le veía hacer expresiones faciales que le parecieran sinceras. Siempre tenía esa seriedad indescifrable, o esa sonrisa casi burlona. Nada más, jamás felicidad, jamás enojo, jamás nada.

Pero ahora podía ver algo. Su cara seguía sin expresión, sus labios en una fina línea. Pero, tal vez por efecto de la luz del sol, sus ojos brillaban. Brillaban con una intensidad que solo la tristeza y soledad absoluta pueden dar. Un brillo tan opaco que sintió un agujero en el estómago.

Se levantó y se sujetó del brazo del pelirrojo para entrar a la enorme casa.

Lo que le siguió a eso fue demasiado rápido.

Se habían reunido para tomar té de flor de cerezo y hablar un poco. Pero todo fue demasiado rápido y frio. Sasori parecía no prestar atención a nada. El trataba de no mirarlo más de cinco segundos, pero sabía que el podía sentir su mirada.

Todo termino poco después del mediodía y Sasori simplemente se había vuelto a encerrar en la habitación donde trabajaba. Comió y ceno ahí mismo.

Por su parte, se dedicó a pasar el resto del día en el jardín, disfrutando de la luz del sol. No sabía cuánto tiempo lo iban a volver a encerrar, así que quería disfrutar lo mayor posible.

— No serás encerrado otra vez —Trato de ignorar la voz a su espalda, pero siempre había algo que se lo impedía.

— No confió en ustedes.

— Lo sé —Shoo se quedó a su lado—, en realidad vine solo para pedirte un favor —Volteo a verla con el ceño fruncido, pero con un gesto confundido—, esta noche Sasori-sama ira a dormir contigo —Soltó una carcajada.

— Jamás ha compartido cama conmigo ¿Que le hace creer que lo hará esta vez? Y aunque así fuera ¿Que le hace creer que lo aceptaría?

— El ira, yo lo sé, lo conozco desde que estaba en el vientre de su madre. Y por eso te pido el favor —El rubio movió su cabeza de lado a lado buscando quitar tensión de su cuello—, me gustaría que le aceptaras esta noche en tu cama. Puedes hacerte el dormido si quieres, a él no le importara, se recostara a tu lado, puede que incluso trate de abrazarte, pero nada más… hoy, es un día difícil para él. No importa lo cruel o frio que se muestre, el un humano más, y como tal, tiene sus debilidades y fortalezas, sus alegrías, debilidades. También llora y ríe —Espero alguna respuesta de parte de Deidara pero esta no llego—, estoy segura que harás lo correcto.

El rubio escucho el crujir del pasto mientras la mujer se alejaba.

— ¿Lo correcto? Por favor.


Kakuzu miro al muchacho dormir. Sabía que no importaba que tanto lo mirara, el no despertaría.

Su mirada se quedó clavada en el vientre del muchacho. Frunció el ceño mientras acariciaba con su el índice la mejilla del otro.

Desde el momento en que lo vio se dio cuenta de que era especial. Tenía esa apariencia que tenían los animales salvajes. Incontrolable, violento al sentirse amenazado. Libre. Supo que tenía que hacerlo suyo de cualquier forma.

Nunca creyó que fuera tan especial.

Había estado cargando un hijo suyo durante casi cinco meses y jamás lo había notado. Los sirvientes le dijeron que jamás se mostró enfermo ni nada. Era un hombre resistente que jamad dejo que nadie notara su estado, que había estado protegiendo a su hijo de el mismo todo el tiempo que pudo. Al final no lo había logrado. El había asesinado a su hijo al final.

Frunció el ceño. Había estado buscando a una mujer que le pudiera dar un heredero. Un hijo al que pudiera moldear a su imagen y semejanza y que de esa manera pudiera mantener su fortuna, ampliarla y garantizar su linaje. Todo eso lo había conseguido y lo había perdido de golpe

Había matado a su hijo. Carne de su carne.

Levanto la vista y se encontró con esos extraños ojos violetas mirándole intensamente en silencio.

Ninguno de los dos dijo nada. Hidan simplemente se le quedo viendo, sin expresión.

— La conciencia te carcome ¿Verdad bastardo? —Levanto la mano con el propósito de golpearlo pero Hidan ni se inmuto—, si vas a hacerlo hazlo ya. Tú ya no me puedes quitar nada. Ya me has quitado todo —Bajo la mano lentamente, podía golpearlo.

Y acabar con todo en ese momento. Pero no pudo. Se levantó sin decir más y salió de la habitación. Una vez fuera miro su mano.

¿Esa mano había matado a su hijo? Giro su cabeza y miro a la anciana que se había estado haciendo cargo de la salud de Hidan. Detrás de ella una joven sirvienta quien de inmediato bajo la cabeza en señal de respeto y miedo.

— Buenas noches Kakuzu-sama.

— Buenas noches —Se acomodó la yukata y desapareció por el pasillo ante la atenta mirada de la mujer mayor.


La noche era fría. Deidara se cubría hasta el cuello con la mullida y cálida cobija del futon buscando calentarse más. Tenía la punta de los dedos heladas, así que termino enredado sus manos con las horillas de la cobija.

Tenía sueño, y la agradable posición y comodidad en la que se encontraba le decía que iba a tener una agradable noche de sueño. Sin embargo, el movimiento que sintió cerca de él se lo impidió.

Abrió los ojos molesto al saber quién era la persona que trataba de entrar a su cama—: ¡¿Qué demonios quie…?! —La luz que se filtraba por el papel de arroz iluminaba tenuemente la silueta del pelirrojo. Deidara se quedó pasmado al ver esa mirada triste nuevamente en los ojos de Sasori—: ¿Qué…? ¿Qué quieres? —El ministro siguió con su intento de meterse entre las cobijas, acostándose a un lado de Deidara y apoyando su cabeza en el pecho del rubio—: ¿Qué haces? ¡Quítate! —Sasori le abrazo con fuerza y no se movió a pesar de los empujones. Cerró los ojos y escondió la cara entre los ropajes de Deidara.

— Solo hoy… solo hoy no quiero dormir solo… —El muchacho estaba confundido, incluso algo asustado por el comportamiento que estaba teniendo el otro—, cuando ellos estaban aquí, solía dormir así —Movió uno de sus brazos para tomar el de Deidara y maniobrar sus movimientos hasta que su mano estuvo sobre su cabeza, después tomo el otro y lo paso por su hombros, en un extraño intento de abrazo—, solo hoy, lo prometo. No hare nada mas —Deidara se quedó quieto, sin moverse de la posición en la que se encontraba. De repente, recordó la plática que había tenido en la mañana con la anciana.

— Hoy… ¿Hoy fue el aniversario de la muerte de tus padres?

— Murieron cuando tenía cinco años… mi abuela murió cuando tenía ocho. Shoo-baa ha cuidado de mí desde entonces —Deidara se acomodó mejor, apretó suavemente la espalda del mayor.

— ¿Tienes más familia?

— Solo lejana, son los que vinieron en la mañana —Deidara sintió suavemente, inconscientemente había comenzado a mover sus dedos, acariciando el cabello pelirrojo—, en realidad no tengo a nadie más… tu eres la única persona que me pertenece.

— No soy tuyo.

— Lo sé —Cerro sus ojos—, pero eres lo único que realmente tengo —Su respiración se volvió tranquila y pronto se quedó dormido. Deidara se quedó así, seguía moviendo sus dedos y en ningún momento quito el brazo que rodeaba al otro ¿Quién demonios era realmente este hombre?


Hola nuevamente.

Según la fecha en que actualice la última vez fue en Junio, hace seis meses, mucho tiempo ¿Verdad? Bueno, en realidad, es bastante difícil seguir con el fic debido a que ya no veo Naruto en absoluto. Agregando mí falta de tiempo libre y otros trabajos (Si así le puedo llamar a mis otros fics). Pero aquí estoy, porque prometí que terminaría esta historia.

Iré adelantando cada vez más la trama pero aún no se cuántos capítulos más serán, este capítulo es de 14 páginas solamente. Los hare más largos, lo prometo.

Otra cosa que me tenía en pendiente. Algunos me han dicho si esta historia es una traducción. No lo es ¿Hay un fic parecido? Realmente me gustaría saberlo.

Creo que es todo por mi parte por ahora. Felices fiestas y año nuevo de antemano. Disfruten mucho estas fechas con las personas que aman. ✿◠‿◠