Neville despertó el viernes con el sonido de un picoteo en la ventana. Observó a una pequeña lechuza café con un sobre en su pata. Hannah le había escrito. Miró a Luna, que dormía boca abajo y con la boca abierta, babeando un poco. Su novia sabía que la rubia era su ex novia, pero también sabía que había sido más un error. Ellos pertenecían en la vida del otro como amigos, incluso mejores amigos.

El chico había sido honesto con ella y, aunque a Hannah no le gustaba la idea, confiaba mucho en su novio como para no quejarse de que dormiría en la misma cama con su ex novia. Esa mañana le había escrito para comunicarle que sí le habían dado el día libre, que iría a visitarlo y que le tenía una sorpresa.

Luna se estiró al tiempo que Neville tomaba sus cosas para bañarse. El chico notó que en la mano de la chica había algo verde. Pensó en preguntarle a la rubia qué era aquello, pero la chica ya se había vuelto a dormir. Sonriendo, salió de la habitación.

Al tiempo que bajaron todos, listos para desayunar, Luna tenía la mitad de la cara con marcas de sábanas, y el pelo enmarañado. Ron y Hermione bajaron muy melosos haciendo que Harry y Ginny hicieran muecas de asco.

La mente de Luna estaba repleta de los eventos del día anterior. Sabía que Draco la había ido a buscar, pero no recordaba si habían hablado o de qué. Se sentía extraña. Era como si le hiciera falta algo, no entendía qué. Había soñado que el rubio se reía en su cara, burlándose del hecho que ella fuese tan ilusa para creer que algo pasaba entre los dos. Narcisa aparecía y le tiraba dinero para que se fuera.

Estaba molesta. Le irritaba el hecho de que la habían tratado miserablemente y él lo había permitido. Tal vez le haría caso a Narcisa y se alejaría de ella… No, imposible. Movió la cabeza, como queriendo sacar ese pensamiento de su cabeza. Draco no era así. El Draco que ella conocía no haría algo así.

- Tengo algo que decir – dijo Ginny, de pronto. Todos levantaron la vista de sus platos. - De ahora en adelante Ronaldcito será el encargado de lavar los platos sucios.

Todos aplaudieron realmente felices, menos Hermione que se limitó a sonreír tímidamente, mientras que el pelirrojo tan solo hizo una mueca y siguió comiendo. Brindaron con jugo de naranja.

- Hoy va a ser un buen día – dijo Neville y todos se levantaron de la mesa, dejando a un Ron muy consternado y múltiples platos sucios.

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Luego de desayunar, todos estaban sentados en la sala de estar, y Luna se sentó junto a Hermione, tratando de leer el mismo libro que descansaba en los regazos de la morocha; el resto hablaba animadamente. De pronto tocaron la puerta y Neville se levantó para abrir. Una chica de cabello rubio dorado hasta la cintura, le pasó los brazos por el cuello y lo besó. Ron y Harry se volvieron a ver, un tanto desconcertados. Hannah Abbott había cambiado un poco desde la última vez que la habían visto, pero mantenía su semblante amable.

- Chicos, ella es mi novia, Hannah.

Luna y Hermione murmuraron un leve "hola", sin quitar la mirada del libro, mientras que Harry, Ginny y Ron se levantaron para saludar a la rubia.

- ¿Cuál es la sorpresa? – preguntó Neville una vez que Hannah también se sentó en uno de los sillones.

- ¡Ah, sí! Mi tío me ha prestado su yate y podemos utilizarlo todo el día.

Luego de celebrar la noticia, todos se fueron a alistar rápidamente. Luna estaba muy emocionada. Nunca había estado en un yate y la experiencia le parecía encantadora. Además, podría ponerse su vestido de baño que era como galáctico. Era bastante extrovertido, pero a ella le había fascinado desde que lo vio en la tienda. Mientras se preparaba en su habitación (colocándose sus aretes favoritos, los de rábano), miró el sobre verde.

Cuando por fin se había despertado, se había encontrado con aquel sobre estrujado en su mano. En caligrafía fina y hermosa decía que estaba destinado a ella. No reconocía aquella letra y la única razón por la que no lo había abierto era porque estaba encaprichada y molesta con Draco. No sabía si él le había escrito o qué podría haber dentro del sobre, pero si tenía que ver con los sentimientos del rubio, no leería aquello. Prefería oírlo de él.

Tomó el sobre y lo guardó debajo de la almohada, decidiendo que no era el momento de lidiar con eso. Iba saliendo de su habitación cuando oyó quejas y murmullos en el piso inferior.

- Es mejor si te marchas – decía Ron.

- No sé si ella quiera verte hoy…

- Es mejor que ella decida – dijeron dos voces en unísono. Ginny habló al mismo tiempo que cierto rubio.

El corazón de Luna dio un vuelco. ¿Qué hacía él ahí? Pensó en huir. Pensó en esconderse en la habitación y no salir nunca más. Suspiró y tomó fuerzas. Ella no tenía porqué ocultarse.

- Llamémosla.

- ¿Quién eres tú?

- Soy Hannah, la novia de Neville.

- ¿Qué? ¿Novia? – preguntó el rubio, un leve tono de molestia se asomó en su voz.

Luna llegó a la sala de estar, sin quitar la mirada de esos ojos grises. Cuando el rubio notó la presencia de ella, toda incomodidad dejó su rostro. Parecía un tanto apenado, pero tranquilo. La rubia lo estudió con la mirada.

- Hola. – susurró él. Harry y Neville voltearon la cabeza para verlo, cuestionándolo.

- ¿Qué haces aquí, Draco? – su voz era suave, pero su tono fue autoritario. Era claro que no creía que él debiera estar en esa casa.

- Necesito… - miró a su alrededor, la sala repleta de gente que no quería nada que ver con él. No le importó, tomó un paso hacia delante, acercándose a Luna. - ¿Ya abriste el sobre?

- No, mis amigos y yo vamos a…

- Ábrelo ahora. – ordenó. Harry carraspeó. – Por favor – añadió ante la mirada aniquiladora del ojiverde.

La rubia lo pensó por un segundo. ¿Qué había en ese sobre que no podía esperar? La posibilidad de que se tratara de sus sentimientos se esfumó. Él jamás querría que todos se enteraran de algo íntimo. Luna se mordió el labio y bajo la mirada.

- No, creo que ahora no…

Resoplando, Draco salió corriendo al piso superior. Pasó al lado de Luna y casi la derrumba. Todos se miraban confundidos. Harry, Ron y Ginny sacaron sus varitas, atentos. Escucharon las pisadas del rubio en la habitación que compartían Neville y Luna. Después de unos minutos, el rubio bajó apresuradamente. En su mano yacía el pequeño sobre verde. Jadeaba, pero su expresión era triunfante. Sin importar que tres varitas le apuntaban, abrió el sobre, sin quitar la mirada de los ojos de Luna.

- Para Luna Lovegood: - en la habitación resonó una voz suave y autoritaria. Una mujer que casi todos ahí reconocieron al instante. - Quiero disculparme por mi comportamiento hacia su persona esta mañana. Fui grosera y maleducada. No era mi intensión ser tan descortés con usted. Aprovecho la oportunidad para agradecer su trato hacia mi hijo; por lo que me he enterado, él le tiene aprecio y ha encontrado en usted una amiga en la cual apoyarse. Muchas gracias. Se despide, Narcissa Malfoy.

Las varitas bajaron. Hannah se abrazó a Neville, como si el mundo se fuera a caer. El trío dorado tenía la boca abierta, golpeados por la sorpresa. Ginny no despegó la mirada de Draco, incrédula. Pero para los rubios no existía nadie más. Luna no logró siquiera parpadear. La boca de él se formó en una sonrisa coqueta de medio lado. Nadie dijo nada.

- ¿Hiciste que tu madre se disculpara… se disculpara con Luna? – murmuró Neville.

- No la obligué, pero lo logré – aceptó Draco, sin quitar la mirada de Luna. Tragó saliva. – No te merecías eso, Lu… - carraspeó, incómodo con la presencia de sus amigos. – Lovegood.

- Draco… - susurró Luna, apenas reaccionando.

- Es cierto. No importa que sea mi mamá… - el aire dejó los pulmones de todos los presentes. – yo me encargaré de que te traten con respeto.

Luna se puso roja, lentamente, una sonrisa se fue formando en sus labios. Se mordió el labio superior, tratando de mantener el control. Draco era un hombre realmente increíble. ¡Sí la había defendido! ¿Qué más daba si ella no había estado para oírlo? Se acercó a él y pasó los brazos por su cintura, abrazándolo. Toda la inseguridad que le había inundado esa mañana había desaparecido. Las últimas palabras del rubio resonaban en su cabeza. No podía creer nada de lo que acababa de pasar. Él la envolvió con sus brazos y la apretujó un poco, soltando toda la tensión que traía.

Todos se estaban acostumbrando a esta maña de los rubios de actuar como si no existieran los demás. Aunque Neville y Hannah miraban la escena como si se tratara de una película. El morocho sonrió, tomó la mano de su novia y habló:

- Malfoy, todos iremos a pasar el día en un yate…

- Lamento interrumpir – dijo él, sin soltar a Luna.

- Tú vienes con nosotros, por supuesto – dijo Hannah.

El resto comenzó a caminar para salir de la habitación. Sin decirse nada, los rubios se soltaron y siguieron a los demás. Una parte del cerebro de Draco se sentía incómodo con la idea de pasar el día entero con aquellas personas. Así no era como había planeado pasar sus vacaciones. Pero la otra parte sonreía como estúpida al ver lo feliz que estaba Luna. Recordó las palabras de la pelirroja la noche anterior y confirmó que tenía razón. Si se sentía así de bien por hacer sonreír a la rubia, se sentiría como una basura si la lastimaba.

Salieron de la casa y vieron un yate pequeño en el mar. En cuanto se subieron, se dieron cuenta que estaba agrandado mágicamente por dentro. Era bastante lujoso y fresco; "como si tuviese aire acondicionado" habían dicho Harry y Hermione, aunque los otros no entendieron a qué se referían. Neville le colocó un hechizo y el yate se manejó solo todo el tiempo.

El día estaba hermoso. El sol era fuerte y una fría brisa recorría cada cierto tiempo. No era el típico día soleado de verano, por lo que prefirieron no adentrarse mucho en el mar. Todo indicaba que llovería después. Harry y Ron comenzaron a hablar sobre quidditch, al tiempo que Ginny se llevaba las chicas a cubierta, para que disfrutaran del sol. Todas se removieron sus ropas y quedaron en vestido de baño. Draco trató de disimular que no dejaba de ver a Luna, fallando potencialmente.

- ¿Tú qué crees? – le preguntó Ron de pronto, haciendo sobresaltar al rubio. – Bulgaria contra Francia.

- Eso no se pregunta – respondió Draco un tanto bajo, quitando la mirada de la rubia. – Bulgaria, por supuesto.

- Pero Francia ha mejorado mucho esta temporada – añadió Ron. – Su defensa ha aumentado.

- Pero Bulgaria tiene técnicas de ataque con las que Francia no puede ni soñar – repuso Harry. Ron lo miró como si lo estuviese traicionando al estar del lado de Malfoy. El ojiverde se encogió de hombros.

Neville, que no era seguidor de quidditch, sacó un libro de botánica mágica y se sumergió en su lectura.

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Hannah se colocó una loción bronceadora, aunque parecía que su piel no era el tipo que permitía un tono más acaramelado. Hermione sacó un libro y retomó su lectura. Ginny y Luna se sentaron en la parte más angosta de la cubierta, y disfrutaron del sol mientras la pelirroja peinaba a la rubia.

- Todavía no puedo creer lo de Draco Malfoy – murmuró la pelirroja.

- Lo sé, pero no tienes que llamarlo por su nombre completo – respondió Luna haciendo una mueca cuando la pelirroja le jaló el pelo.

- Lo lamento. Es muy raro todo… Jamás me imaginé esto.

Ginny asentía con la cabeza, incapaz de procesar la información. Ambas pensaban lo mismo: ¿cómo había reaccionado Narcisa Malfoy cuando su único hijo se reveló ante ella, obligándola a disculparse con alguien a quien su familia había maltratado anteriormente?

Eran tan buenas amigas que no era necesario decirlo explícitamente para entenderse. La pelirroja estaba tan sorprendida como había estado Luna esa mañana. Esto cambiaba totalmente la situación y el enojo que ambas habían sentido hacia Draco se había transformado. No había desaparecido del todo, pero Luna lo admiraba y Ginny comenzaba a confiar en él.

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Mientras almorzaban, comentaban sus años en el colegio, recordando los buenos tiempos. Ginny y Luna no participaban mucho, dado que habían cursado un año debajo del resto. Y Draco no tenía mucho que opinar, por supuesto. Al poco tiempo, Ginny se fue a recostar en uno de los sillones, estaba muy mareada y el rostro un tanto verdoso. Tratando de pasar desapercibido, Draco aprovechó y se sentó al lado de Luna. Sin que nadie los viera, debajo de la mesa ella le rozó la mano. Él le sonrió tímidamente, y ella le guiñó el ojo. Sonrojándose un poco, él le tomó la mano.

Él rubio tenía que admitir que la estaba pasando bien, a pesar de que el grupo de amigos le hacía sentir incómodo, en especial porque aún tenía cierta tensión con el Weasley. Ambos hacían un esfuerzo para llevarse bien. Ron había llegado a la conclusión que, luego de este fin de semana, no tendrían que tratarse nunca más afuera del trabajo. Draco, por otra parte, tan solo lo veía como un reto. Además, quien lo hacía sentir más incómodo era Potter. El ojiverde no lo trataba mal, por supuesto, pero tenían mucha historia en su pasado como para sentir que ambos se debían mucho. Esa deuda era lo que le incomodaba. Mientras hablaban de quidditch, Draco tuvo que recordarse a sí mismo que ahora se trataban con respeto cuando alguno hizo comentarios con los que él no estaba de acuerdo.

Por otra parte, Longbottom lo trataba muy bien. Era un hombre compasivo y estaba claro que estaba consciente de que el pasado de una persona no definía su presente. Hace un par de años, se lo había encontrado en San Mungo visitando a sus padres, y Draco (que la había estado pasando muy mal por ese tiempo) no pudo hacer más que disculparse por ser familia de Bellatrix. Longbottom había visto sinceridad en sus palabras, y desde entonces el trato hacia el rubio había cambiado. Al rubio no le costó trabajo entender por qué Luna había estado con alguien como él.

Y era, precisamente, eso lo que le molestaba del morocho. Luna y él eran bastante cariñosos. Había mucho contacto físico para su gusto. ¡Ni siquiera respetaban el hecho de que ahí estaba la novia de Longbottom! En un momento, Longbottom pidió la salsa y Luna le pasó el recipiente. Draco había visto que sus dedos se rozaban y resopló, un tanto molesto. ¿Cómo era posible que esa tal Abbott no hiciera nada? Si él fuera el novio de… Se ruborizó y tuvo que pensar en otra cosa.

De pronto Neville dijo que tenía una sorpresa, por lo que Ginny volvió a la mesa. Él sacó de la pequeña refrigeradora un pastel con unas candelas y lo colocó en la mesa.

- Un pajarito me dijo que ayer Malfoy cumplió años y me parece que debemos tomarnos el tiempo para celebrárselo a nuestro estilo – dijo Neville. Las velas se encendieron y todos sonrieron con malicia. Por alguna razón, Luna se ruborizó.

Draco se puso muy incómodo mientras ellos cantaban (aunque Ron murmuraba la letra amargamente). Si bien Draco estaba maldiciendo a Neville por ser tan bueno, lo que venía a continuación no se lo esperaba: todos tenían un huevo de gallina en su mano derecha y al terminar de cantar, lo estallaron directo en la cabeza del rubio. A eso se refería Neville cuando dijo "nuestro estilo". Todos habían aportado un huevazo, unos más duro que otros (definitivamente Ron disfrutó esa parte). Y Draco había quedado con claras de huevo colgándole de una oreja, mientras las yemas se habían esparcido hasta su ropa. Luna susurró un corto "perdón" antes de aplastar el último huevo en su cabeza.

Todos se reían, definitivamente burlándose de él y su expresión de incredulidad. Sin embargo, Luna trataba de carcajear pero lloraba levemente. A modo de venganza, Draco se acercó a ella, ensuciándola con restos de huevo. Pero, para sorpresa de Draco y los demás, ella colocó una mano en su cara y lo besó.

- Oh – murmuró Ron, irguiéndose incómodo. Todos miraron en otras direcciones. Harry echaba chispas por los ojos y Ginny tuvo que acariciarle el brazo, haciéndole entender que era algo normal.

Ellos se separaron, Draco mirándola con mucha sorpresa. ¿Qué significaba ese beso? Se preguntó si para ella lo de la otra noche significaba que estaban en una relación. Las risillas de Ginny y Hermione lo sacaron de su ensimismamiento: Luna tenía una clara de huevo en el cuello.

Hannah ayudó a partir el queque y dio una porción a cada uno. Malfoy todavía no reaccionaba. Luna comía el queque feliz, sin notar las consecuencias de lo que había hecho. Harry miraba a Draco, molesto; Ginny y Hermione echaban miradas inquisitivas a Luna, sonrientes; Neville y Hannah se sonreían, definitivamente recordando algo que habían hablado con anterioridad; y Ron… bueno, Ron se disgustó un poco, pero el queque era más importante.

- Gracias – dijo de pronto Draco y el resto le devolvió una sonrisa (excepto Harry), aunque la de Ron era un tanto incómoda. Con un movimiento de la varita, limpió el desastre.

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Fue una tarde bastante amena. El yate ya no se movía, se habían quedado en el mismo lugar tranquilo. Neville y Hannah estaban abrazados en uno de los costados del yate, con los pies colgando fuera del mismo, y susurrándose al oído. Ginny se había colocado un paño húmedo en la cara, tratando de no vomitar. Tenía la cabeza en el regazo de Harry y este le hacía cariño en el pelo. Ron estaba al lado de su amigo, hablándole por lo bajo. Hermione seguía leyendo su libro, ya casi llegaría a la mitad. Luna estaba sentada en la parte más angosta de la cubierta, y Draco sentado un tanto más atrás de ella.

- Entonces sí se han besado – murmuró Ron.

- Sí – murmuró Harry a su vez, mirando con molestia a los rubios, que reían. – Yo le pregunté y ella me dijo que no.

- Yo también, pero era obvio que sí había besado a alguien en la fiesta…

- Dejen de ser tan chismosos – les dijo Ginny, sin quitarse el pañuelo de la cara. – Ella no les mintió.

- ¿Ah, si? ¿Entonces por qué se incomodó cuando yo le pregunté?

- Porque George la besó.

- ¡¿QUÉ?! – exclamaron Harry y Ron. Hermione les tiró un "shh" y siguió leyendo. Los chicos se volvieron a ver, escandalizados. Ron se cruzó de brazos y miró a Luna. – Pero yo la vi besando a Lee Jordan – añadió Harry.

- Ajá, ¿y? – comentó Ginny.

Ambos chicos se quedaron en silencio. Jamás habían pensado en Luna como una mujer, y menos una que se besaba con dos tipos en una misma noche. Para Ron era la niña que creció cerca de La Madriguera, con la que a veces habían jugado durante su infancia; la amiga de su hermanita. Para Harry, por otra parte, era una amiga muy especial y quería protegerla, pero nunca algo más. Ambos se tomaron su tiempo de observarla. Pues sí, la rubia tenía un buen cuerpo y una cara singular. Desde que Ginny le había enseñado a oscurecer sus cejas, su rostro tenía más sentido: sus ojos no se veían tan grandes y sus proporciones calzaban. Ron pensó que ella tenía curvas muy lindas; Harry pensó que tenía unas piernas bastante atractivas… Ambos se volvieron a ver, con una sonrisa que delataba en qué estaban pensando. Ron empujó levemente a Harry con su propio hombro, y ambos rieron, quitando la mirada de la rubia.

- Maldito Malfoy – susurró Harry, sonriendo.

- Suertudo – dijo Ron, recibiendo una mirada asesina por parte de su novia. – Es broma.

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Malfoy se acercó a Luna un poco más, sentándose pegado a ella. Estaba realmente feliz y no le importaba lo que pudiesen decir los otros, pero no podía ignorar que la situación no era ideal: ella se iría la otra semana y él estaba a punto de cambiar su vida en ciento ochenta grados. Draco colocó su mano encima de la de ella. Luna se recostó en él. El rubio aún llevaba puesta una camisa manga larga, incapaz de mostrar la Marca.

- Gracias por la carta. No sé cómo hiciste para que se disculpara conmigo, pero… - Luna inhaló lentamente, tomando fuerzas. – de verdad significa mucho para mí.

- No hice mucho – dijo Draco, restándole importancia.

- ¿Se portó mal contigo también? – preguntó ella luego de un tiempo. Él negó con la cabeza. – Me alegro.

Draco sonrió, sabía que Luna estaba haciendo un esfuerzo para no entrometerse. Le daba la opción de no compartir lo sucedido el día anterior y él se sintió más cómodo de esa manera.

- Mamá ya sabía que me iría, pero…

Le contó rápidamente todo lo que había sucedido con su madre el día anterior. Ella escuchó con paciencia, y él no sintió la necesidad de abreviar algo (aunque prefirió esconder la parte donde le contaba a su madre lo que sentía por ella). Cuando terminó, miró a Luna esperando una respuesta. Algo le decía que ella se había distraído, pero se equivocaba. La rubia estaba escogiendo muy bien sus palabras antes de decirlas, en caso de que pudiera hacerlo enojar.

- Entonces, ¿le ayudarás a encontrar otro hogar?

- No será fácil. Nadie quiere la mansión, pero creo que será mejor restaurarla y que, mientras Papá sigue en prisión, ella viva en otro lugar. – Luna asintió levemente. - ¿Lovegood?

- ¿Sí?

Parecía que le estaba costando mucho hablar. Sintió su mano sudar. No encontró la fuerza para decirle aquello que quería. Él sentía que era el mejor momento para agradecerle, para decirle que le había encantado lo de la otra noche, que quería seguir viéndola, que le molestaba la idea de que durmiera con Longbottom, que le ofrecía su cama de ser necesario, que se moría por besarla en ese momento, que se alegraba mucho de habérsela topado la semana anterior… Se pasó la lengua por los labios. Luna se volteó para mirarlo y su confianza flaqueó. El viento movía su cabello, lazándolo sobre su cara y ella parpadeaba seguido, tratando de mantener la mirada fija en él.

- Quiero… - Luna tragó saliva. – quiero tener una cita contigo.

- ¿Lo dices en serio?

- Sí. Ayer… comprendí que es mejor lanzarse a lo incierto que quedarse en lo conocido y aburrido.

- Me encantaría, Draco – sonrió ella. Él le devolvió la sonrisa, pero se maldijo internamente por ser tan cobarde. Maldecía también a Luna un poco, estaba seguro que ella era parcialmente culpable de su poca capacidad de hablarle como a otra persona. - Pero…

La sonrisa se borró de la cara del rubio. No le gustaba que la gente le pusiera condiciones, y mucho menos, sentir de antemano que no tendría otra opción más que cumplirlas. Luna se puso en pie, acercándose a la orilla de la cubierta. Draco se levantó, moviéndose más cerca de ella. Tenía una sonrisa que Draco le había visto un par de veces en Hogwarts, y esto le hizo dudar. Luna cruzó del otro lado de la baranda, sosteniéndose apenas por su mano izquierda. Draco tomó la mano derecha de ella, preocupado.

- Primero, – le habló con una voz suave y un tanto soñadora. - vas a tener que soltarme o me podré golpear.

- Lovegood, ven aquí. – dijo él. Miró encima de su hombro, ninguno de los amigos de ella parecía notar lo que iba a hacer. Apretó la quijada, molesto. – En este instante…

- Segundo, irás después de mí…

- ¿Qué?

- Confía en mí.

- Lovegood, hablo en serio, ven aquí.

- ¿Listo?

Ella sonreía. Él sentía que iba a estallar por la mezcla de nervios y enojo. ¿Qué clase de juego era este para ella? Por unos segundos, se le olvidó parpadear y hasta respirar. Ella movió los dedos que se agarraban de la baranda y se hizo un tanto hacia atrás. El viento le movía bastante el cabello. El yate era pequeño pero alto. Jamás la soltaría.

- Uno…

- No.

- …Dos…

- No, Lovegood, ven aquí.

- Estaré bien. Suéltame.

- No quiero. – murmuró. Ella se hizo un poco más hacia atrás. Draco podía ver que estaba soltando la baranda lentamente. Ella tenía razón, por supuesto, si él no la soltaba y ella sí, podría golpearse contra el yate y sería peor.

- ¡Ya!

Al mismo tiempo que ella se soltó, Draco tuvo que liberar su mano. La rubia flotó por un nanosegundo, antes de comenzar a caer. Cayó en el agua con un estruendo. Draco esperó a que ella volviera a la superficie. Por unos segundos, nada pasó. Neville y Hannah se habían puesto de pie, atentos a los movimientos de los rubios. Para ese entonces, ya estaban acercándose, curiosos. De pronto, la chica resurgió. Sonreía de oreja a oreja. El morocho le devolvió la sonrisa y se apartó de la baranda. Draco se molestó, ¿cómo podía simplemente dejarla ahí?

- ¡Recuerda la segunda parte! – le gritó Luna desde el agua.

Draco se sostuvo a la baranda. Dudaba, por supuesto que dudaba. ¡Ella pretendía que se tirara desde un yate a profundidades desconocidas!

- Si quieres yo puedo ir – le dijo Neville a Draco, quien puso los ojos en blanco, molesto. Este negó con la cabeza, pero no se movió. Hannah le acarició el brazo a Neville y le sonrió de manera pícara mientras le levantaba las cejas. Neville entendió el mensaje rápidamente. – Alguno de los dos va a tener que ir de cualquier forma. Luna no sabe nadar…

Malfoy hizo una mueca, se pasó al otro lado de la baranda y se dejó ir.

Se sintió eufórico por un segundo. Al tocar agua, esta envolvió su cuerpo, recibiéndolo. De alguna manera, le brindó el soporte que él necesitaba, no solo a nivel físico. Fue como si su alma recibiera un abrazo. Al resurgir, buscó a Luna de inmediato. La chica estaba flotando cerca suyo, parecía muy relajada. Él se le acercó y colocó los brazos debajo del cuerpo de ella, preparado para ayudarle. Ella nadó boca arriba alrededor de él, sin abrir los ojos. Draco entendió que no era necesario preocuparse, que ella sabía nadar perfectamente.

- Maldito Longbottom. – murmuró.

Luna dejó de flotar y envolvió al rubio con brazos y piernas. Draco sonrió de lado, un tanto atontado, dejando de lado su look de chico malo. Luna parecía tener la capacidad de ver su alma y él entendió que jamás hubiese hecho el salto de no ser por ella. Había tanta metáfora en sus acciones que no pudo hacer más que negar levemente con la cabeza y sonreírle.

- ¿Ya habías hecho esto antes?

- No. – Draco se mordió el labio, un tanto exasperado. – Me pareció oportuno. Yo también quería lanzarme a lo incierto.

- Estás loca.

Ella asintió, sin soltarse de él, miró los labios del rubio y luego sus ojos grises, que brillaban diferente con tanto azul del mar rodeándolo.

Se sintió rejuvenecido en ese momento, descubriendo que no importaba nadie más que ella. La rubia no pesaba mucho, por lo que flotar no era complicado. Ella le aceleraba el pulso, y le gustaba cada segundo un poco más. Nuevamente, sintió la urgencia de expresarle todo lo que sentía por ella y gracias a ella. Luna parecía mirar directo en su mente y alma, y Draco percibió, gracias a la sonrisa de la chica, que esta sabía perfectamente lo que pensaba en ese momento.

- Dilo – le susurró.

- Me encanta estar contigo, Luna.

"Benditos sus labios cada vez que dice mi nombre", pensó Luna antes de besarlo.


Hola a todos :)

Nuevamente, espero les esté gustando. Muchas gracias a los que leen mi historia y a las personitas que se toman el tiempo de escribirme un review.

Terminó muy meloso este capítulo jaja espero no les estorbe

Bye!