Toqué la puerta con el corazón algo acelerado. Me había pasado toda la noche anterior leyendo y repasando lo que creía suficiente e indispensable para la cirugía de Jiraya. Trataba de repetirme internamente que tenía que estar bien tranquila pero aún así, sentía algo de angustia. La cirugía me tenía más que nerviosa y ansiosa, pero muy en el fondo, por más que me lo negaba, no era sólo eso.

- Pase… - soltó la voz alegre de mi querido paciente.

Abrí la puerta con una enorme sonrisa y haciendo todos los ademanes para esconder aquel sentimiento que en parte me revoloteaba en el cuerpo. Él me devolvió la sonrisa y luego volvió la vista hacia la televisión, posando su mano sobre el regazo de la cama, a modo de indicarme que me sentara frente a él.

- Y bien… - tomé su ficha - ¿cómo estamos para hoy?

Me miró detenidamente.

- Perfecto – hizo un gesto levantando el pulgar y luego apagó la televisión - ¿y mi doctora favorita? ¿lista para reparar a éste viejo?

Me reí sonoramente.

- Más que lista… - debía mostrar seguridad ¿no?

El sonido de la puerta provocó que mi cuerpo se tensara. No quise voltearme de inmediato, no después de que vi la vista de Jiraya ir y venir un par de veces desde la puerta hacia mi.

- Señor Yamamoto… - saludó con su ronca voz para luego inclinar su cabeza hacia mi – Haruno… - deseé que no hablara con ese tono, sonaba frío y cortante.

- Doctor Uchiha – le saludó de vuelta y yo intenté sonreír, tratando de que mi boca deforme y tiritona pudiese crear una sonrisa.

- ¿Cómo se encuentra hoy? – Jiraya giró su vista hacia mi, parecía divertido. Temí por lo que pasaba por su cabeza.

- Excelente… ya ve… - indicó hacia mi – con la mejor compañía…

Sasuke no respondió nada, tal y como era de esperarse. Luego se volvió hacia mi.

- Bien… - posó sus ojos fijamente sobre los míos, inevitablemente me puse nerviosa - ¿tomarás alguna precaución antes de la cirugía?

Sus ojos parecían tan planos, tan distintos a los que había visto llenos de tantas cosas mientras presionaba mi cuerpo sobre el lavabo.

- Sí… - miré hacia el suelo, no era capaz de mantener la vista en él – realizaré una profilaxis antibiótica a modo de prevenir una endocarditis bacteriana o algún tipo de infección durante el procedimiento… - mi voz salía robótica, sino me conociera tanto, podría haberme creído mi actuación, pero en el fondo estaba todo menos tranquila.

Volví a mirarle y me pidió la ficha que mantenía firme entre mis manos. Me levanté de la cama y me paré frente a él para entregársela. Pude sentir por un segundo el roce de mi mano con la suya, lo cual me erizó la piel y provocó que mi estomago se contrajera de inmediato, trayendo a mi cansada cabeza la escena del baño de aquel restaurant francés hace tan sólo dos días atrás… ¡cómo odio tener esta maldita buena memoria! Negué en mi mente cualquier cosa que evocara placer de aquel recuerdo, no debía olvidar las palabras de Naruto, o más bien, las palabras del propio individuo que tenía frente a mi.

Miró la ficha, la hojeó tan sólo una vez, y sin dejar de ver el papel volvió a alzar la voz con indiferencia.

- ¿Qué antibiótico utilizarás? – su voz era ronca y comenzaba a agradarle a mis oídos, de una forma casi musical… ¡estúpida!

Me mantuve unos segundos en silencio y él iba a anotar algo en la ficha, supuse que negativo.

- Cefazolina… - mi voz recuperó la seguridad que necesitaba. No iba a dejarme vencer por mis recuerdos traidores.

- ¿La vancomicina no te parece mejor opción? – me tuteaba, pero aún así, parecía ignorarme.

- No… - mi voz fue seca – el paciente no es alérgico a la penicilina - hizo una especie de raya en una hoja que traía.

- ¿Dosis?

- 1 gramo… vía endovenosa… media hora antes de…

- Pues bien ¿qué esperas? – se volvió hacia Jiraya – lo espero en el quirófano señor Yamamoto.

Le vi con disimulo llegar hasta la puerta, no sin antes notar cómo me dirigió una rápida mirada antes de cerrarla. La idiota idea de ir tras él se me cruzó por la cabeza, pero la eliminé de inmediato.

Respira Sakura… fue una locura del momento… que no te afecte….no te importa… no debe importarte…

Fui hacia el teléfono y le pedí a la enfermera el medicamento. Luego me giré hacia mi paciente, que me veía con cara de niño esperando su regalo de navidad. Levanté una ceja.

- ¿Qué ocurre? – pregunté.

- Al parecer… le diste algo - aquella palabra la hizo sonar tal y como yo lo pensaba.

- No le he dado nada… - solté molesta, pero más bien sonaba dolida – Sasuke es un imbécil.

- A mi no me parece mal doctor… - me replicó y yo entendía su punto. Me había atrapado en mi propia confusión – ¿o acaso se está portando mal con tu madre que lo crees así? – Jiraya era muy astuto, muy perceptivo, o quizás ambos.

- No es mal doctor… - suspiré – ni tampoco se porta mal con mi madre… - sentí algo de pesar, se supone que me debía sentir bien y conforme después de mi supuesto rechazo – es sólo que…

El ingreso de una enfermera a la habitación interrumpió nuestra conversación. De cierta forma lo agradecí porque me detuvo de declarar algo que quizás me arrepentiría de reconocer. Recibí los instrumentos necesarios y coloqué la vía endovenosa bajo una pequeña mueca de disgusto de Jiraya. A veces parecía que bajo esas facciones de un hombre maduro que había recorrido una ardua vida, se escondía un niño pequeño y muy curioso. Solté una pequeña risita y luego despedí a la enfermera.

- La verdad… no soy fanático de las agujas… - soltó despreocupado.

Aproveché su comentario para distraerlo de no retomar la anterior conversación.

- Confieso que yo tampoco…- reí – es más, cuando pequeña me daban terror… - hice una mueca.

- ¿Y cómo te decidiste por la medicina? – su pregunta parecía obvia, pero no carecía de genuino interés.

- Pues no lo sé… - lo pensé un segundo – al principio creí que no me agradaba, o tal vez ni sabía lo que quería, aunque creo siempre me gustó, pero no sabía cuánto me apasionaba hasta que comencé a estudiarla.

- Es curioso ¿no? – se reclinó sobre la almohada.

- ¿Qué cosa? - le miré esperando a que continuara hablando.

- Es curioso como creemos que algo no nos agrada, hasta que lo vemos más de cerca y luego lo probamos y… ¡boom! Se convierte en algo adictivo…

Me mantuve en silencio y me quedé pensando en sus palabras. Algo me revolvió por dentro.

- Debo ir a buscar unas cosas… vengo pronto a buscarlo… - sonreí y salí de la habitación.

Luego de cerciorarme del papeleo, alistarme y avisarle a Ino que tendría la cirugía ahora, para que al menos pudiese verla desde la ventana de espectadores, volví a buscar a Jiraya, el cual miraba concentrado un programa con chicas en bikini.

- Estamos listos… - sonreí y me devolvió el gesto.

De pronto, entró Sai a la habitación y le miré tratando de parecer feliz. Jiraya por supuesto, nos miraba con atención.

- Te ayudaré a llevar a tu paciente… escuché que debías llevarlo al quirófano.

- Gracias – sonreí y él me besó. Pude notar que Jiraya levantó una ceja.

Caminé con el peso de la camilla atenuado por la ayuda de Sai, que de vez en cuando me daba palabras de aliento.

- Te saldrá todo perfecto.

Simplemente le sonreí. Quería que fuera perfecto, pero la angustia me comenzaba a colapsar. Estaba nerviosa por lo que venía. Pude ver como se nos cruzó Karin y le dirigió una mirada sonriente y a mí, un saludo sínico.

Llegamos hasta la entrada del quirófano y una de las enfermeras recibió a Jiraya para prepararlo para la cirugía. Sai se acercó a mi y me besó. Su beso era agradable, pero algo pacífico y sentí un escalofrío cuando lo ví alejarse ¿desde cuándo sus labios no me llenaban? ¡No! Sus besos bastaban, sus labios bastaban, con eso bastaba… tenía que bastarme.

Entré a la sala de preparación y lavé mis manos. A los segundos entró Sasuke, que se mantenía callado. Suspiré, después de todo no esperaba unas palabras de apoyo de su parte. Le miré de vez en cuando, tratando de entender porqué no decía nada, digo, no debía importarme, se supone que lo que había hecho estaba bien, sobre todo después de la actitud que él había tenido, pero entonces ¿por qué me molestaba que no dijera nada? ¿Por qué en el fondo deseaba que me diera alguna explicación? O peor aún ¿por qué deseaba que de alguna forma nuestros labios se volvieran a juntar? Negué con la cabeza ¡joder! Tenía que concentrarme en la cirugía.

Caminé detrás de él, que no reparó en mirar a la plebeya de la cirugía, como rey que era él en aquel momento. Mantuve mis brazos flexionados hacia arriba por el frente y pude sentir como el delantal estéril cubría mi propio delantal. Vi a Jiraya sobre la cama, con las luces sobre él observándome con una sonrisa repleta de confianza. Le miré con cariño, por algún momento su rostro parecía tan dulce que se asemejaba al de mi padre cuando le iba a visitar al hospital.

Me paré frente a Sasuke el cual parecía tan concentrado en lo que tenía en frente, que no reparaba en nada más. Antes de posar la mascarilla para anestesiar a Jiraya, éste soltó un suspiro despreocupado.

- Espero no te hayas cansado para la operación… - sonrió y le miré confundida.

- No lo estoy…. – no entendía el objetivo de ese comentario, que más que beneficiarme, podría provocar lo contrario.

- Es un alivio… deberíamos agradecerle a tu novio por ayudarte a traerme en la camilla… - miró a Sasuke y una leve sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro – estoy listo – y cerró los ojos.

Le miré, algo contrariada y luego vi a Sasuke. A pesar de que estaba cubierto por una gorra y una mascarilla, podía notar perfectamente sus negras orbes posadas fijamente sobre mis pupilas. Su mirada denotaba molestia. Alzó la voz y pidió el bisturí.

Durante la cirugía me hizo bastantes preguntas, las cuales supuse respondí bien, pues no se esmeró en joderme como antes. Era eso, o estaba demasiado ensimismado en su propio trabajo. Observé con atención, mientras succionaba y asistía de forma menor aquella cirugía a corazón abierto. Estaba sumamente concentrada observando todo. Había leído el procedimiento, pero estaba lejos de poder entenderlo sin verlo in vivo. Miré con atención, durante horas, con el corazón acelerado y cargado de entusiasmo por lo que tenía enfrente. Me sentía tan feliz como el día en que papá me llevó a un parque de diversiones cuando pequeña y dábamos vueltas en las tacitas. Fui tan feliz.

Levanté la mirada y me dediqué a ver a Sasuke. Realmente era extraordinario. Si no fuera el novio de mi madre, probablemente hubiese sido demasiado fácil sentirme magnéticamente atraída hacia él en ese momento. La forma en que trabajaba, precisa y minuciosa, me hipnotizaba. Puede que no lo entiendan, pero lo que él hacía en ese momento, me parecía sacado de una caja mágica. Sasuke tenía la caja mágica de la medicina y yo estaba hechizada por él.

De pronto, sentí una pregunta que me colapsó en medio de aquella importante cirugía, como una bofetada… ¿acaso comenzaba a sentir algo real por él? … no podía, no debía.

Me quedé plasmada viendo el corazón de Jiraya, que si bien estaba expuesto, me hacía entender que el mío no podía hacerlo… no podía abrirse de nuevo y menos ante él.

- Utilizaremos una válvula artificial… ¿qué anticoagulante le darás?

No respondí de inmediato. Seguía presa de su voz, sus ojos y toda esa atmósfera de perfección que le rodeaba, sumado a mi reciente catastrófica reflexión

- ¿Sakura? – su voz aterciopelada y masculina, se tornó fastidiada.

Oí como una enfermera carraspeó notoriamente detrás de mí y la vista de varias personas del lugar se fijaban sobre mi rostro.

- Warfarina… - contesté brusca y abruptamente.

Sasuke me miró con confusión.

- ¡Sakura! – habló fastidiado - ¡succión!

De inmediato despejé el campo y él me vio entre medio que continuaba con el procedimiento. Me sentí estúpida e inepta, y por qué no decirlo, avergonzada.

Finalmente, luego de casi 5 horas, la cirugía había finalizado con éxito para mi paciente, pero de forma amarga para mi. Sasuke suturó y luego de darle unas indicaciones a la enfermera, dejó el lugar, sin siquiera dirigirme la palabra. Me sentí inútil.

Caminé hacia la salida, con la derrota latente sobre mis hombros y pude ver a una confundida Ino, que me observaba con preocupación.

Salí hacia el pasillo y traté de contener un par de lágrimas que luchaban desesperadas por salir.

- Soy una estúpida… - solté apretando mis puños.

Sentí una palma en mi hombro y al levantar la vista me encontré con unos ojos viejos y cansados.

- Sarutobi – le sonreí.

- Querida Sakura – su rostro era dulce.

- ¿Se recuperó? ¿volverá al hospital? – sentí algo de entusiasmo en aquel momento en que estaba derrotada.

- Por el momento no… sólo andaba chequeando cómo funcionaba todo… - me miró interrogante – más que nada como funcionaba Sasuke y además de casualidad tú…

- La jodí ¿no? – bajé la mirada y una pena profunda me inundó.

- No te des por vencida… - su voz estaba llena de fuerza, pero su rostro era severo – la verdad, esperaba más de ti, pero sea lo que sea que te detuvo hoy… sácalo.

Llegaron un grupo de doctores de avanzada edad y él se despidió de mi, con un enorme sobre en sus manos, para alcanzarlos y luego perderse entre batas blancas.

Sea lo que sea que te detuvo hoy… sácalo…

Salí hacia la cafetería luego de aquellas palabras que me daban vueltas. Sácalo. Tenía mucha razón… demasiada.

Al entrar, pude ver a a Ino almorzando sola en una mesa y me acerqué.

- Me cansé de esperar que fueras por mi así que vine a comer… además supuse que saldrías fastidiada - no estaba enojada, pero sí algo seria.

- ¿Y Hinata? – cambié el tema.

- Adivina… - bufó.

- Naruto… - resoplé.

- Le ofreció intubar pacientes en urgencias para que practicara ¡no es justo! – hizo un puchero – no podemos competir contra práctica gratis.

Le sonreí y saqué mi sandwish y mi yogurt con frutas.

- ¿Estás a dieta? – dejó de comer para observarme de forma casi analítica.

- No… sólo algo menos marabunta – resoplé.

Comencé a comer bocados pequeños algo desganada. Su voz, que parecía cabreada, me hizo mirarla con atención.

- Odio sacártelo a la fuerza, así que te doy la oportunidad por las buenas – la Ino sobreprotectora volvía.

- Ino… - le supliqué, no tenía ganas de hablar.

- Dilo… - me indicó con el tenedor.

- ¡No! – la miré molesta, en otro de mis intentos burdos de llevarle la contra.

- Pues entonces invitaré a Gaara y a Sasuke a comer aquí… se que te fastidian… - había logrado dar en el clavo y chantajearme con algo que me terminaría de joder el día.

Puse cara de pánico y mi cara se tornó fucsia cuando observé a Sasuke entrar al lugar. Ya la había jodido de lleno, quería arrancar de Sasuke, al menos hasta que pensara bien las cosas.

- No… por favor ¡no! – le supliqué con cara de corderito, traté de apelar a su misericordia – Sasuke ¡no! Necesito descansar de él… - era verdad, lo necesitaba, mi cabeza estaba como un caldo hirviendo.

Ino me vio sorprendida.

- Wow… entiendo que lo odies por salir con tu madre… pero ¿no estarás exagerando? – la miré con tristeza.

- No exagero Ino… sólo lo quiero lejos – mi respiración se contuvo lo suficiente para soltar un suspiro largo y agónico.

- ¿Te gusta Sasuke? – preguntó rápida y sorpresivamente.

Su pregunta llegó a mis sentidos como una inyección fuerte y poco delicada. Sabía que no era fácil engañar a Ino y menos con una pregunta tan directa, así que en mi desesperación por ocultar mi atormentada y vergonzosa situación personal, opté por la salida fácil… negación.

- No es eso… - fingí calmarme con patética risa - creo que me atrae… pero es solo algo físico – decirle eso, sonaba mejor que relatar la parte del hechizo del quirófano.

Solté brevemente los últimos sucesos, omitiendo claro todos los detalles de mi mente traicionera, para así poder justificar de alguna forma mi estúpida atracción. Cuando terminé de hablar, Ino se mantuvo pensativa unos segundos y luego me sonrió.

- No te culpo… es demasiado – suspiró – bueno míralo – indicó haciendo un gesto con su boca en dirección a la mesa en la que comía - no te lo tengo que explicar… es cosa de que veas al resto – era cierto… de las 20 chicas que había allí, unas 15 al menos le veían, y las que no lo hacían era probablemente porque estaban dándole la espalda.

- Necesito sacarme la idea de la cabeza Ino… por mi bien sicológico y académico – no era mentira, pero la primera parte era la que me tenía más abrumada.

- ¡Ya sé! – alzó la voz y un par de personas la vieron. Luego se agachó a mi altura – sé cómo te puedes sacar esa atracción física indeseable y poco conveniente.

- Dilo… - la miré llena de esperanzas, a veces Ino tenía ideas bastante buenas - haré lo que sea …

- Debes… - comenzó a hablar más despacito – … debes acostarte con Sasuke Uchiha.

- ¡¿Qué?! – grité y todos, incluido el propio Sasuke, voltearon a verme.

Me sonrojé como una niña pequeña y bajé la cabeza para mirar a mi descabellada amiga.

- Tienes que acostarte con él, con eso frenarás esas hormonas reactivas que tienes por allí… - sonrió como si hubiese dado el mejor de los tratamientos para una enfermedad mortal.

- ¿Y me puedes explicar de qué forma eso me podría ayudar? – solté incrédula.

- Saku… - negó con la cabeza - es un principio básico… - me miró como si fuera algo retardada - si te acuestas con él, dejarás de fantasear… después de todo si es algo físico, con eso le darás el punto final… y tu madre no tiene porqué enterarse – me sonrió – me agrada tu madre, pero no estaría malo que le des una venganza por todo lo que te ha jodido, aunque ella no termine por saber, viste… matas dos pájaros de un tiro – sonrió maquiavélicamente.

- Ino… creo que… - no me convencía aún.

- ¡Shhh! – puso su palma frente a mi rostro.

- Pero… - repliqué.

- ¡Shhhhhh!

- Es que…

- ¡SH! – me miró severa - ¿Qué nunca has escuchado esa frase que dice que… – tosió – la única forma de superar la tentación es rendirse a ella?

La miré pensando en todo lo que me había dicho.

- Vamos, ya no eres una nenita, no es como que te engancharás de él con algo tan superfluo - hizo un ademán con la mano.

Mire a Sasuke a lo lejos y repetí las palabras de Ino y Sarutobi. Me sentí cabreada por todo y noté cuan desesperada me sentía por finiquitar aquel asunto.

- Al menos piénsalo – se levanto del asiento y salimos de ahí.

Le di vueltas la mayor parte del día al asunto. La verdad, al final del día, las palabras de mi amiga no me parecieron una total aberración. Algo en mi interior me daba una señal de alarma, me advertía que no iba a salir nada bueno de esto, pero estaba desesperada… necesitaba sacarme a Sasuke Uchiha a cualquier precio. Necesitaba volver a encajar todas las piezas a la normalidad. No sé porqué, pero de forma muy estúpida en algún momento del fin de ese día, mi carrera brillante parecía más importante que la cordura que luchaba por mantener, pero mi error fue no detenerme a pensar en las posibles consecuencias del juego que estaba a punto de terminar… uno que creía fácilmente podría ganar… pero, simplemente… no era uno que yo sabía jugar.


siento la tardanza... pero soy de chile y hubo un terremoto aki para los k no saben... terrible :(

espero les guste y me dejen unos buenos reviews... =)