Nota: Ningún personaje me pertenece.
Capítulo Catorce
Había sido una mala semana para Jacky, llena de puras malas noticias, peleas y un ambiente pesado en la escuela.
Y lo peor de todo era que aún seguía peleada con Gunther.
No porque él no hubiera hecho todo lo posible para que se reconciliaran, sino porque ella no cedía. Si era honesta consigo misma, para cuando Gunther le había horneado él solito ese enorme y delicioso pastel de arándanos ella ya lo había perdonado.
Jacky ya le creía, su Gunther no estaba enamorado de la arpía Perkins, pero eso no quería decir que no le estaba ocultando algo.
Y esa era la maldita razón por la que ella seguía evitándolo.
No era sencillo, sobre todo cuando Gunther parecía seguirla como perrito faldero. Pero a Jacky nadie la llamaba Loca por nada. Si se lo proponía podía desaparecer la presencia de alguien aunque estuviera enfrente de ella gritándole con un megáfono. Justo como hacía antes cuando estaba locamente enamorada de Kick y ni siquiera notaba los esfuerzos que hacia Gunther —o al mismísimo Gunther para lo que cabe— por ganar su corazón.
Y no lo notaría, no hasta que él estuviera dispuesto a contarle lo que estaba ocultando.
Mientras tanto, Jacky había decidido que no estaría mal investigar por su cuenta. Así que se la había pasado siguiendo los pasos de Kendall Perkins en la escuela.
Y había sido tan aburrido como sonaba. La rubia no hacía nada más que ir a la biblioteca, a los laboratorios y vigilar a Kick para que no rompiera ninguna regla, y de paso se llevaba a todos los demás consigo.
"No corran por los pasillos". "No griten". "Recoge lo que tiraste". Eran las frases más típicas que usaba. Era asfixiante.
¡Y lo peor era que todos la obedecían! Jacky ya no estaba segura si quería ahorcar a la rubia o a sus compañeros por ser tan sumisos enfrente de Kendall.
Aunque ayer, Jacky nunca admitiría esto en voz alta, pero fue la ocasión más épica que había visto en toda su vida. Kendall le había gritado a Verónica que se bajara el dobladillo de su uniforme de boba porrista porque era muy revelador. La zorra no había hecho caso y la había ignorado, y oh, nadie ignoraba a Kendall Perkins. Así que la Srta. Rectitud le había dado la reprimenda de su vida a esa porrista llamándola de forma muy educado, pero sin ninguna duda, una puta.
Si no fuera porque estaba Kendall, Jacky se habría muerto de la risa ahí mismo. En especial por la cara que puso Verónica y porque esta no podía hacer nada. No podía intimidar a Kendall, no podía sabotearla, no podía acusarla... ¡Nada! Fue tan épico.
Sin embargo, sabía que no podía evitar a Gunther por siempre. En especial cuando la fiesta del viernes se aproximaba. Jacky y el rubio vikingo tenían que ayudar a Kick a preparar todo para el show, y para eso ella tendría que hablarle, dirigirle la palabra. Otra vez.
—¿Jacky estás bien?
La aludida saltó sobresaltada ante la repentina pregunta. Jacky rápidamente alzó la vista y se encontró con los luminosos ojos azules de Brianna Buttowski quién estaba vestida —como siempre— con un hermoso y elegante vestido rosa y unas enormes zapatillas blancas.
En serio, ¿cómo es que usando tremendos tacones podía deslizarse tan silenciosamente por los pasillos de la escuela? ¡Nunca nadie la escuchaba llegar!
—¡Si, estoy bien! —Jacky se apresuró a abrir su casillero y a sacar su libro de cálculo. Cuando lo cerró se dio cuenta de que Brianna seguía ahí parada, observándola atentamente.
—¿Qué? —Preguntó molesta.
Odiaba que la miraran más tiempo del que se debería. Sentía como si la estuvieran juzgando por ser quien era.
—Es solo que no creo que estés bien.
Jacky suspiró mientras abrazaba su libro como si fuera un ancla.
—Mira... Es solo una pelea entre Gunther y yo. Ya lo solucionaremos.
Brianna no dijo nada, solo la siguió observando. Jacky en serio ya estaba empezando a sentirse incómoda.
—¿Qué hay de Kendall? —Preguntó inocentemente. O bueno, lo más inocente que podías creerle a Brianna de ser capaz.
—¿Qué sobre ella? —Contestó defensivamente. Tan solo el nombre de esa bruja sabelotodo la hacía ponerse tensa con enojo.
Brianna se encogió de hombros.
—No he podido evitar notar que la has estado siguiendo, y me pregunto por qué —esos bellos y aterradores ojos azules se entrecerraron—. ¿Acaso mi hermano te envió a espiarla?
—¿Quién? ¿Brad? —Preguntó realmente confundida—. ¿Por qué demonios piensas que él haría eso?
Una sonrisa demasiado encantadora apareció en su rostro. Jacky conocía lo suficientemente a Brianna para saber que eso solo significaba problemas.
—No, por nada.
Dando por terminada esa extraña conversación con la extraña hermana menor de Kick, Jacky se alejó de los casilleros y se dirigió al salón de su próxima clase. Sin embargo, Brianna parecía pensar lo contrario.
—Y… ¿Ya está todo listo para la fiesta?
Jacky no sabía que estaba algo tensa hasta que se relajó al escuchar el tema tan normal y común.
—No. Apenas hoy empezaremos a ver todo sobre la acrobacia de Kick.
—Oh… Oye, la fiesta no solo será para los de la escuela, ¿verdad? ¿Pueden venir personas… Externas?
—Por supuesto —contesto Jacky extrañada por la pregunta—. Pueden venir todas las personas que quieran. Solo tienen que saber dónde es la fiesta.
—Sí, es cierto.
Antes de que pudiera preguntarle la razón detrás de su extraña pregunta, o específicamente a quién planeaba invitar, Brianna se despidió súbitamente. Con demasiada alegría.
—Bueno, te dejo. Tengo que hacer una llamada. Nos vemos luego, Jacky.
Ella la vio alejarse, mágicamente esos malditos tacones no hacían ni el más mínimo ruido. Varias personas, en especial chicos, se quedaban embobadas viéndola caminar. Nadie más que Jacky parecía ver a la bruja que Brianna era. Una bruja que algo tramaba… Algo muy malo.
—¿Que tú estás invitada a qué? —preguntó Kendall con demasiada incredulidad.
—A una de las fiestas más salvajes de todo Mellowbrook —contestó Linnie orgullosa.
Kendall estaba en serio que no se lo creía.
—¿Pero cómo? Es una fiesta de adolescentes y tú eres... —Kendall miró de pies a cabeza a su hermana mayor, la cual tenía una cara de pocos y retaba a su hermana menor a que dijera algo de su apariencia. Por lo que mejor Kendall dejo de buscar una palabra complicada que describiera a su hermana y solo dijo—: Una adulta.
El traje de cachemires azul marino que Linnie traía enfatizaba las palabras de Kendall. Ese traje resaltaba sus curvas y su más que obvia madurez.
—Es por eso que irás conmigo.
El tono en que lo dijo insinuaba que era algo muy obvio, como si Kendall fuera la única retrasada que no había entendido nada desde el principio.
—¡¿Qué?! —los ojos esmeraldas de la rubia menor nunca habían estado más grandes—. No, no, no. No. Estás loca, Linnie. Yo no iré a esa fiesta contigo. Nunca.
—¿Pero por qué? ¡Vamos, será divertido! —Cuando Kendall no dijo nada, Linnie fue a sentarse junto a su hermana en la cama y rodeó el cuello de Kendall en un abrazo—. Mira, hace mucho que no salimos a divertirnos solo tú y yo, ¿como cuando estabas de vacaciones en Harvard e íbamos a los antros?
Kendall asintió de mala gana, sin embargo, por dentro estaba sonriendo. Esos momentos alocados con su hermana mayor fueron uno de las mejores experiencias de ir a la universidad. Y de los más graciosos, ya que aunque Kendall era una estudiante universitaria aún no era mayor de edad, pero Linnie siempre fue buena con la ropa y el maquillaje, y solo con eso y usando su identificación de Harvard, todos los antros y clubes estaban abiertos para Kendall.
Aunque claro, Linnie siempre la estuvo cuidando como una mamá gallina cuando salían: nada de alcohol y un toque de queda para amabas hasta las dos. Inclusive varias veces se puso a espantar pretendientes que se acercaban a la menor y Kendall no pudo evitar enojarse mucho con ella. Porque varios estaban realmente guapos, aunque hubo otros que podían ser el padre de ambas y solo entonces se sentía agradecida.
—Pues yo extraño eso —continuó Linnie ajena a los pensamientos de Kendall—, y quiero retomarlo ahora antes de que en verdad empieces a trabajar y ya no tengas tiempo para nada. Además esta fiesta si es legal, por si te lo preguntas, y te ayudará a tener una mejor perspectiva de lo que tus estudiantes hacen ahora y de lo que les gusta.
—Solo es un estudiante —refunfuñó Kendall.
—¡Ay, como sea! Pero no me lo recuerdes mucho. Aún no estoy contenta contigo por eso.
Kendall suspiró. Dudaba en serio que tanto ella como su madre algún día aprobarían su reciente trabajo. Su padre ya lo había hecho, pero sólo porque era consciente que solo era por un mes, o bueno, ya solo tres semanas. Pero tanto Linnie como Kimberly Perkins no lo superarían, porque aunque le doliera a Kendall ellas tenían demasiados prejuicios.
Linnie por ser un miembro de la familia Buttowski a quien estaba enseñando y Kimberly porque según ella el empleo estaba demasiado por debajo del nivel de su hija y heredera.
—¡Vamos, Kenny! Di que sí y vayamos a la fiesta. Será divertido, ya veras que sí.
—Linnie, escucha... Incluso aunque yo quiera ir no podré.
—¿Y por qué no?
Kendall puso los ojos en blanco ante la confusión de se hermana mayor.
—¿Es en serio, hermana? ¿Olvidas quién soy yo para ellos? ¿La Reina de los Aguafiestas? ¿La Mascota de los Profesores? Tal vez esto no signifique nada para ti, pero para ellos... Primero se vuelan los sesos antes que permitir que me quede en una de sus fiestas. Puede que a ti te hayan invitado —y los dioses sabrán por qué—, pero si tú me llevas, nos van a linchar a ambas.
—Creo que estás exagerando, Kenny.
La aludida bufó. ¡Ojalá estuviera exagerando! Pero con el repentino comportamiento hostil de las porristas hacia Kendall y con Jacky dirigiendo a los estudiantes de Mollowbrook, dudaba en serio que si ella y su hermana iban a esa fiesta salieran completamente ilesas.
—Además juro por Dios que después de que termine contigo ni mamá podrá reconocerte.
Oh, cielos. Linnie ya tenía básicamente todo planeado en esa terca cabecita suya.
—¿En serio? —Linnie asintió emocionada—. ¿Y qué planeas hacerme?
La rubia mayor solo sonrió y se paró de la cama para echarle un vistazo completo a Kendall, la cual no pudo evitar encogerse por el escrutinio intenso de su hermana.
Cuando Linnie acabo de mirarla, su sonrisa se volvió malévola. Esto no auguraba nada bueno.
—Ya verás.
Nota de Autor: Sé que ha pasado mucho, mucho, MUCHO tiempo desde mi última actualización y sé que en el último capítulo que publique dije que este capítulo ya casi estaba, pero la vida se puso en contra mía. Primero mi iPad se murió… O bueno, la pantalla se quedó en blanco, y ahí es donde escribo comandante, tuve que mandarlo a reparar y tomo tres semanas para que reemplazaran todo lo que estaba mal. Y pues bueno, también está mi laptop, y aunque por lo regular ahí solo editó mis capítulos planeaba continuar la que me faltaba de este capítulo pero… ¿Adivinan? ¡Se le descompuso el maldito teclado! Era como si el destino no quisiera que actualizara mis historias. Pero bueno… Todo este enrollo fue en marzo y parte abril, donde solo tenía un celular roto y viejito para mantenerme medio conectada. Luego cuando mis aparatos electrónicos ya estaban reparados y nuevos me vino un enorme bloqueo mental con TODAS las historias que tengo, aparte estaban mis problemas con la universidad y unos cuantos libros que tenía que leer. Todo eso no ayudo a que continuara escribiendo y a penas en estos días me he aventurado en mis archivos para ver en lo que me quede. ¡Doy pena, lo sé!
Sé que no es excusa, pero quería que supieran que aún no he abandonado mis historias. Es solo que todo ha estado en mi contra. En estos momentos aun lucho con este bloqueo para mis otras historias y no estoy segura cuando saldré. Pero como esta es la que siempre tuve claro un final es más fácil seguir el camino hacia allá.
Gracias por leer y por ser pacientes.
Sorceri.
