Hermione se encontraba mucho mejor al día siguiente y Pomffrey la dio el alta para la hora del desayuno.

Se sentó ocupando su asiento al lado del profesor Snape como de costumbre, tenía una sonrisa radiante.

-Buenos días profesor.-Le dijo tranquila.

-Buenos días Granger, ¿se encuentra mejor?.-dijo con su marcada indiferencia, aunque en realidad se lo había preguntado porque verdaderamente quería saberlo.

-Si, muchas gracias.- Había algo distinto en ella aquella mañana que desconcertaba a Snape. Estaba extrañamente tranquila, callada y su expresión era de total serenidad.

Tras un largo silencio Snape volvió a hablar, sorprendentemente se había acostumbrado a tener la voz repelente de Granger martilleándole los oídos tan temprano y lo echó de menos por unos instantes.

-¿Cree que podrá impartir clases hoy?.- Sus miradas se cruzaron y la boca de Hermione se torció en una dulce sonrisa.

-Por supuesto.- Dio el último sorbo al café y se levantó de la mesa. Snape la observó marcharse del comedor con aire risueño, moviendo las caderas suavemente.

"Contrólate Severus, ayer dijiste que se acababa y se acabó."- se dijo a sí mismo.

La castaña salió del comedor satisfecha con el inicio de su plan. Iba a necesitar mucha paciencia y aplomo para no rendirse fácilmente, pues la base de su plan era la indiferencia. Ella sería amable, encantadora e inocente con su profesor, pero sin mostrar un mínimo ápice de deseo ni de interés que no fuera meramente profesional. Incluso si se daba la oportunidad intentaría rechazarle con todas sus fuerzas.

La idea era que él la echara de menos, y que si realmente en algún momento sintió algo por ella, aunque no lo supiera, se daría cuenta de que algo le faltaba. Además es bien sabido que cuando un hombre es ignorado, su ego se resiente tanto que hará lo imposible porque esa persona vuelva a interesarse por él.

Hermione acudió a impartir las clases con Snape, obedeciéndole sus órdenes y vigilando a los alumnos más torpes. Él envió alguna que otra mirada furtiva a su alumna, pero se sorprendió al notar que ninguna fue correspondida, como solía pasar.

Ella no era tonta, se dio cuenta perfectamente de que la estaba mirando, así que como una buena leona y con un gran orgullo Gryffindor siguió a lo suyo como si nada.

Ese día a Snape se le hizo más largo de lo normal y no sabía por qué, después de cenar fue a su despacho y como de costumbre se sentó frente al fuego con un whisky en una mano y un libro en la otra.

" Esa Granger está distinta, no ha insistido en hablar conmigo, ha estado bastante callada todo el día… Quizás conseguí que se tomara en serio mi decisión de acabar con todo… y así espero que sea, porque no pienso cambiar de opinión"- Se autoconvenció de que había ganado la batalla contra Granger sin darse cuenta de que otra noche más, no pudo concentrarse en su lectura. Y así todas las noches tenía algo en lo que pensar que tenía que ver con su alumna, ya fuera lo bien que había realizado una poción o lo corta que era fu falda...

La navidad llegó de forma rápida al colegio, los días pasaron y Hermione no se daba por vencida con su plan, ya que, aunque a veces realmente creía que Snape no estaba interesado en ella, había resquicios que la hacían dudar. La relación entre ellos se había vuelto más cordial y tranquila, trabajaban a gusto juntos aunque ambos evitaban situaciones a solas, Hermione por su plan y él porque no tenía muy claro que pudiera controlarse.

La nueva Hermione le ponía nervioso. Había pasado de prestarle toda su atención a comportarse como una colega de trabajo más, y tenía que reconocer que las cosas funcionaban mucho mejor así a nivel de trabajo, pero echaba de menos tenerla revoloteando por su alrededor, por mucho que le pesase.

Días antes de las vacaciones de navidad, como todos los años empezaron los preparativos y las decoraciones, en las que por supuesto, Hermione colaboraba.

Snape entró mientras preparaban el comedor. Todo tipo de ornamentos volaban por el aire cuando la perfecta visión de los muslos de su alumna subida en una escalera tomó la atención del hombre, estaba decorando el árbol y necesitaba estar en lo alto para tener una buena perspectiva. La falda parecía más corta ahí arriba, pero no dejaba ver nada fuera de lugar.

-"Por desgracia"- pensó.

Se quedó un rato observando aquella maravillosa visión hasta que la profesora McGonnagall lo sacó de su ensimismamiento.

-Buenas tardes, Severus.

-Buenas tardes Minerva.

-¿Qué tal van las clases con Granger? Espero que estés siendo benevolente con ella.

-Lo soy en la medida en que me deja. A veces es demasiado… insufrible. - Se quejaba precisamente de aquello que echaba de menos...

-Vamos Severus, es un encanto de chica y ya no es ninguna niña, tal vez deberías dejar de tratarla como tal.

"Uno de mis principales problemas es el haberme dado cuenta de que ya no es ninguna niña"- pensó sin contestar a su compañera.

-Además, parece que no solo tiene talento con las pociones, ese árbol está quedando precioso.

Snape tuvo que reconocer que el árbol estaba realmente vistoso. No sabía si era una coincidencia o no pero los adornos plateados sobre el verde del abeto eran como toda una oda a Slytherin y se le ocurrió una idea.

-Vaya, señorita Granger.- Desde ahí abajo tenía una vista aún mejor que la anterior de los muslos de la chica.- Ya veo que por fin ha aceptado cual es la mejor casa de esta escuela…

Hermione le miró sonriente y mientras bajaba las escaleras se tropezó y casí se cae al suelo de no ser porqué Snape la agarró por la cintura. Se miraron a los ojos y por primera vez fue él quien se abandonó a aquellos ojos miel que lo miraban expectantes, después su mirada se posó en sus labios, igual que aquella mañana hace un mes, y se acordó del primer beso en la enfermería.

Cuando reaccionaron se dieron cuenta de que habían estado demasiado tiempo mirándose pues algunos que otros ojos de alumnos estaban fijos en ellos. Snape carraspeó y se incorporó tenso.

-Granger, ¿siempre va a ser usted tan patosa?-Dijo soltándola bruscamente y en voz alta para que todos aquellos que estaban mirándoles no pensaran cosas que no eran.

"Hombre, conclusiones muy desacertadas no serían…"- Otra vez esa maldita conciencia…

Ella, en vez de ponerse tensa y enfadarse por la humillación de su profesor, le sonrió.

-Disculpe profesor, soy una torpe.- Y sin borrar la sonrisa de su cara se fue a por otra caja llena de adornos.

Cuando le dio la espalda sus ojos se llenaron de lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento. La estaba resultando tan difícil aparentar que no la importaba nada de lo que la dijera, mostrar esa falsa indiferencia…

Por otro lado Snape se cuestionaba por qué se comportaba así con ella. No era consciente de que desde que dejó de prestarle atención sentía la necesidad de intentar que ella volviese a comportarse como antes, y la única forma que se le ocurría era molestándola.

Esa noche podría ser una prueba importante, tenían ronda nocturna.

Desde el encuentro en la enfermería no habían vuelto a estar a solas en una situación así, y cabía la posibilidad de que Hermione sacase alguna conclusión respecto a si su plan estaba funcionando o no…