CHANTAJE Y TRAICIÓN
Poco a poco las semanas van pasando y las ausencias de Ron son cada vez más descaradas. La castaña se preguntaba dónde iría su novio. Al principio ella lo atribuyó a que tenían las vistas de los juicios de los mortífagos, pero al cabo de un tiempo las sospechas volvieron a resurgir en su mente. La trataba distante y fríamente. No la besaba como antes y siempre que podía no se quedaba a solas con ella. Hermione lo pasa mal porque ve que está perdiendo al chico que siempre ha querido, aunque hubo un momento que pensó amar a otra persona, pero se había jurado a sí misma olvidar a cierto Slytherin.
A finales del mes de mayo las cosas entre la pareja ya eran insoportables. Estaban en el salón de La Madriguera, Harry y Hermione estaban en la mesa del comedor revisando algunos documentos para el siguiente juicio, Ginny estaba sentada en el sofá leyendo el nuevo libro de Encantamientos del próximo curso, cuando en la chimenea resplandecieron unas llamas verdes que anunciaron la presencia de Ron. El pelirrojo salió de la chimenea y se sacudió el hollín que se le había adherido a la ropa muggle. Miró a su alrededor y vio a Harry y a Hermione en la mesa rodeados de pergaminos y optó por no hacerles caso y se encaminó hacia la cocina, pero a medio camino la voz de la castaña lo paró en seco:
—¿Se puede saber dónde diablos has estado Ronald Weasley?
—No te interesa.— fue lo único que le dijo. No tenía ganas de discutir de nuevo.
—¿Qué te está pasando Ron? Has cambiado, estás extraño, no eres el mismo.
—No me pasa nada Hermione, tal vez eres tú la que has cambiado.
Sin dejarle tiempo a que le replicase el pelirrojo se marcho hacia la cocina, dejándola con la palabra en los labios. Ginny estaba que se la llevaba el diablo, su hermano se estaba pasando y aun no le había dicho nada a Hermione. Se levantó del sofá y fue a hablar con su hermano. Lo encontró sentado en la pequeña mesa comiendo un emparedado de pavo.
—¿Se puede saber que te pasa Ron?— dijo enfadada y cruzándose de brazos delante de su hermano.
—Y ahora qué quieres, no estoy de humor.
—¿Las cosas no van bien entre tu y Lavender?
El pelirrojo levantó de golpe la mirada y la clavó en la de su hermana.
—¿Qué sabes tú de eso?
—Todo Ron, todo. Hace un par de días te seguí y os vi a los dos en la sala del personal del hospital.
—¿Por qué me sigues? NO te metas en mi vida Ginny.
—Me das asco Ron, Hermione no se merece lo que le estas haciendo, ella te quiere y le vas a hacer mucho daño cuando se entere.— como vio que su hermano no le decía nada ella se le acercó y le quitó el plato de delante y le espetó— ¡Quieres dejar de comer! ¡Te estoy hablando Ronald!
—¡No quiero hablar de ello ahora, Ginny!
—¿Has ido a verla ahora no?
—No la he ido a ver, para tu información —, dijo su hermano con sarcasmo.
—No vayas Ron. Olvídala. —dijo Ginny con tono suplicante.
—No puedo hacer eso, Ginny, yo...
—Ni te atrevas a decirlo Ronald Weasley— le interrumpió la pelirroja, que empezaba a mosquearse de verdad.
—¿Qué la amo?
De pronto Ron vio una sombra que se cruzaba delante de su vista y sintió un fuerte dolor en la cara. Se quedó atónito ante lo que sus ojos vieron. Ginny estaba roja de ira y tenía el brazo extendido, como si acabase de golpear algo.
—¡Me has pegado!— lentamente las orejas del pelirrojo adquirieron un tono escarlata.
—Si vas a verla esta tarde, te juro que se lo voy a contar todo a Hermione.
—No te atreverás— le dijo su hermano, levantándose de la silla y cogiendo a Ginny por el cuello del jersey—. No se lo vas a decir, porque no quieres lastimarla.
—Yo que tú no estaría tan seguro — le soltó Ginny sacando su varita y clavándosela en el estómago— ¡Suéltame Ron!
Alertados por los gritos Harry y Hermione aparecieron por la puerta y se quedaron petrificados al ver a Ron cogiendo a su hermana por el cuello, mientras ésta le tenía la varita incrustada en el vientre.
—¿Qué esta pasando aquí, Ron?— preguntó Harry, que había sacado su varita, dispuesto a agredir a su mejor amigo si le hacía daño a su novia.
—¡Ron, suéltala!
Hermione se les había acercado y cogió a Ron por el brazo, tirando de él para separarlos. Al sentir el contacto de la castaña, Ron soltó a Ginny y se zafó de la mano de Hermione, los fulminó con la mirada y salió de la cocina, dirigiéndose hacia las escaleras para encerrarse en su cuarto con un portazo.
Los tres amigos vieron como el pelirrojo se marchaba. Harry fue al lado de Ginny y la abrazó, mientras que Hermione tenía la vista clavada e las escaleras.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué habéis discutido?— preguntó el pelinegro.
—Mi hermano es un cretino Harry, tendríais que saberlo ya a estas alturas...
Cuando Ginny iba a contestar la segunda pregunta que le había hecho Harry, oyeron un portazo procedente del piso superior y unos pasos que bajaban las escaleras de nuevo. Los chicos entraron de nuevo en el salón y vieron a Ron que se había cambiado de ropa. El pelirrojo cogió un puñado de polvos Flu y los tiró en la chimenea, los miró con odio uno por uno y su mirada se demoró unos segundos más en Hermione, pareció que él iba a decirle algo, pero se lo repensó y se sumergió entre las llamas mientras murmuraba algo ininteligible para ellos, que estaban al otro lado del salón.
—¿Adónde habrá ido ahora?— preguntó Harry.
—Este ya se está pasando de la raya.— murmuró por lo bajo Ginny, mientras se dirigía hacia la chimenea. Apuntó hacia la y murmuró un hechizo—. Lo que me temía— dijo la pelirroja en voz alta, miró a Hermione y a Harry y les dijo, acercándose a ellos—. Sé dónde esta Ron.
—¿Sabes dónde va?— preguntó sorprendida Hermione.
—Hace cosa de un par de días que lo averigüé. Por eso me he peleado con él.
—Y... —la animó a seguir Harry.
Ginny cerró los ojos fuertemente y suspiró, lo que iba a decir iba a hacer mucho daño a su mejor amiga, pero no podía aguantar más aquella situación. Cuando los abrió de nuevo, miró a Hermione y le dijo:
—Lo que te voy a decir va a hacerte mucho daño, pero no puedo soportar lo que mi hermano te está haciendo.
—Ginny me estás asustando.
—Ron se está viendo con otra.
El color del rostro de la castaña la abandonó. Tuvo que tomar asiento y ocultó el rostro entre sus manos, mientras los sollozos se apoderaban de ella.
—Voy a llevarte hasta el sitio dónde se están viendo a escondidas. Quiero que lo veas con tus propios ojos para que sepas que no te estoy engañando.
Ginny cogió de la mano a Hermione y la llevó hasta la chimenea, tiró polvos Flu y las dos se metieron entre las llamas. Esperaron a que se les uniera Harry y entonces Ginny gritó:
—¡San Mungo!
Las llamas los devoraron por completo y los pies dejaron de tocar el suelo. Giraron a gran velocidad mientras veían pasar luces. De repente tocaron de nuevo el suelo y salieron al vestíbulo de Hospital Mágico. Ginny los guió por pasillos y escaleras hasta que se pararon ante una puerta, donde el cartel que tenía rezaba: Sala de Personal.
—Entra aquí y lo verás por ti misma.
Hermione miró aterrada a sus amigos. Tenía miedo de ver lo que estaba pasando detrás de esa puerta. ¿Por Merlín, Ron la estaba engañando! Ella no se merecía esto. Todos sus esfuerzos para que lo suyo funcionase de verdad se habían desvanecido en tan solo unas semanas.
Hermione agarró el picaporte de la puerta y lo accionó con decisión. La habitación estaba en penumbra, en ella se distinguían algunos armarios, una mesa larga rodeada de sillas y en el fondo había unos sillones y sofás delante de una chimenea que estaba encendida, en donde se distinguían dos figuras que estaban muy juntas una al lado de la otra, en uno de los sofás.
Con un rápido movimiento de varita, Hermione encendió las velas de la estancia y pudo ver exactamente lo que estaban haciendo Ron y Lavender Brown. Estaban recostados en el sofá en una actitud bastante indecorosa (vale más no dar detalles) Rápidamente Lavender se tapó a toda prisa, mientras que Ron se levantó del sofá para alcanzar su jersey del suelo.
—¡Hermione, te lo puedo explicar!
—¿Explicar qué, Ron? ¿Que me has engañado? —Ron intentó hablar, pero ella lo cortó— He confiado en ti, te he querido como nunca he querido a nadie, o eso creía hasta ahora, Ron ¿cómo me lo pagas? ¡Engañándome con Lavender!— dijo Hermione con desdén al pronunciar el nombre de la rubia.
Harry apareció en el umbral justo en el momento en el que Hermione sacaba su varita con mano temblorosa para lanzarle una imperdonable a Ron. Harry le cogió la mano y le quitó la varita.
—Hermione, no hagas ninguna tontería.
La castaña miró a su mejor amigo con los ojos anegados de lagrimas.
—Es que nunca pensé que me haría algo semejante.
—Hermione, yo no quería que te enterases de esta manera— le dijo Ron dando un paso hacia ella—. Quería contártelo sin hacerte tanto daño.
—Buena manera de hacerlo hermanito— intervino Ginny con sarcasmo.
Ron fulminó con la mirada a su hermana y prosiguió:
—Ahora sé con quién quiero estar—. Volvió a dar otro paso hacia Hermione y se situó delante de ella para cogerla por los hombros, haciendo que lo mirase a los ojos—. Si me he mostrado frío y distante contigo ha sido para no lastimarte.
—Eres un... un... idiota Ronald, yo nunca te habría hecho algo así, primero habría roto la relación para no lastimarte y luego habría ido con la otra persona. Eres un insensible y un inmaduro.
—Yo... lo siento mucho...
—Espero que seas feliz Ron.— Hermione le dio la espalda, no quería verlo nunca más—. Me marcho de La Madriguera, no quiero verte nunca más. ¡Te odio!
Ron la cogió por el hombro y la paró, no quería que acabasen así.
—Perdóname, yo no quería...
La castaña se zafó de su mano y echó a correr por el pasillo, alejándose del lugar.
—Ya es demasiado tarde para disculparse, Ron— le espetó Ginny, que salió tras su mejor amiga.
En ese momento Harry y Ron quedaron cara a cara.
—Me has decepcionado Ron. Creí que te conocía pero es evidente que me equivoqué.
—Harry tu no lo entiendes.
—Lo único que entiendo es que eres un cabrón que ha hecho daño a la única persona que considero como mi hermana. Ella no se lo merecía. Eres un mierda.
Harry dejó a su algo allí plantado y se marchó a buscar a Hermione, pero no antes de lanzar una mirada envenenada hacia Lavender. Cuando llegó al vestíbulo se encontró con Ginny que lo esperaba.
—Se ha marchado, Harry. Creo que la encontraremos en casa.
—Vayámonos. No quiero estar aquí.
La pareja entró en una de las chimeneas y se fue hacia la casa de los Weasley.
