ROSAS EN EL DESIERTO

XIV. SACRIFICIO

Templo del Mar

Oskar se rascó la cabeza, extrañado y sorprendido de encontrarse en ese sitio. No era extraño al Santuario de Athena y los santos, y sabía que los dioses existían, pero jamás imaginó encontrarse en el templo de Poseidón bajo el mar. Uno de los generales marinos había pasado por él a su casa y lo había llevado casi a cuestas, hasta que le explicó que era para seguir atendiendo a Cathy, y comenzó a seguirlo voluntariamente.

Mientras esperaba, Oskar salió de su sorpresa y sonrió amablemente al encontrarse con Milo, que llevaba a Cathy en sus brazos, detrás de él estaba Minos, cruzado de brazos, y ambos eran seguidos de cerca por Julián Solo y su esposa Céline.

-Milo- dijo Oskar, mirando de reojo a la chica en sus brazos, mientras que el santo de Escorpión la colocaba en una cama que Julián había mandado preparar para ella- ¿qué sucedió?¿porqué la sacaron de…?-

-Atacaron el hospital para rematarla- lo interrumpió Milo en un tono hosco- Minos me ayudó a defenderla y a traerla aquí-

-Seguramente enviado por Elizabeth… digo, por Perséfone, ¿verdad?- dijo Julián Solo con una inusual seriedad mientras que corría la cortina de la habitación para que se iluminara mejor. Minos asintió repetidamente- Cathy es nuestra querida amiga. Y es demasiado buena para su propio bien-

-Lo sé- dijo Milo, mirando a su chica con cariño mientras la cubría con una manta.

-No te preocupes- le dijo Anfitrite, dándole unas palmadas en la espalda al santo dorado- estará a salvo con nosotros. Isaac y François están en el Santuario de Athena, ayudando a vencer a los enemigos-

-Gracias- dijo Milo, tomando la mano de Cathy. Ésta despertó y sonrió al ver al santo de Escorpión.

-Milo…- dijo ella con una sonrisa cansada. Éste besó su mano con ternura.

-Aquí estoy, αγάπη μου- dijo Milo en voz baja- estamos a salvo, no te preocupes-

-Cathy, me da gusto verte despierta- dijo Julián Solo.

-¿Julián?- dijo ella con dificultad- ¿qué haces aqui?-

-Estamos en el templo de Poseidón- dijo Milo- Elizabeth fue tan amable de mandar a Minos a ayudarme a sacarte del hospital, y Julián nos recibió aquí-

Cathy sonrió agradecida.

-Creo que no has conocido a mi esposa- le dijo Julián, orgulloso, mientras que abrazaba a Céline- ella es Anfitrite. Se llama Céline. Ella es mi amiga, Cathy- añadió, volviéndose a su pequeña esposa y sonriéndole.

La chica sonrió levemente. Estaba feliz por Julián. Se volvió hacia Oskar, y alzó las cejas de manera significativa.

-Estarás bien, Cathy- dijo Oskar- la infección está respondiendo bien, y la herida ha comenzado a sanar-

-Gracias- dijo la chica.

-Los dejaremos solos, Cathy necesita descansar- dijo Julián, inclinando la cabeza para despedirse de ambos, y tomando del brazo a su esposa- les traeré noticias del Santuario tan pronto como las recibamos-

-Yo regresaré al Santuario- dijo Minos, sonriendo tan ampliamente que se le notaban los colmillos, y tronándose los dedos- yo quiero ver si aún puedo repartir patadas-

Julián y Céline se despidieron y salieron de la habitación, seguidos de Minos y de Oskar. Cuando quedaron solos, Cathy volvió su cabeza hacia el santo de Escorpión.

-Gracias, Milo- dijo la chica en voz baja- por salvar mi vida. Otra vez-

-Tú lo hiciste primero, Cathy- dijo Milo- eso fue muy estúpido, no debiste hacerlo-

-Lo siento, bonnie lad- dijo ella.

Milo sonrió y comenzó a acariciar su mejilla con delicadeza y cariño. Le habían dado excelentes noticias. Su salud comenzaba a mejorar. El santo suspiró. Había tenido tanto miedo de perderla.

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Entrada de los Doce Templos, Santuario de Athena

Al mismo tiempo

Afrodita caminaba despacio hacia la entrada de los Doce Templos. Sonrió tristemente al sentir todas las batallas que se estaban desarrollando a su alrededor, ganadas una por una por los santos de Athena. Se mordió el labio. Lydia estaba peleando, pero sonrió: su estudiante estaba estaba haciendo bien.

Hacía unas horas que habían pasado de la media noche. El cielo se encontraba despejado, y no había ningún indicio de que hubiera problemas con los demás. El santo dorado suspiró, y sintió una mano en su hombro. Se volvió hacia su lado, y se dio cuenta que la diosa egipcia lo había acompañado hasta la entrada del Santuario de Athena.

-¿Estás seguro de que podrás hacer lo necesario para detener a Evelyn, Afrodita de Piscis?- dijo Nancy Habib.

-No tengo ninguna otra opción, señora- le dijo el santo dorado en voz baja, mirando fijamente hacia la entrada del Santuario- tengo que liberar a Evelyn de ese horrible destino. Esa… es la única manera-

Nancy sonrió levemente, y asintió. No solo era la diosa de la sabiduría, sino también la diosa del amor, y lo reconocía perfectamente. La amargura con la que hablaba el santo dorado era evidencia de lo mucho que estaba enamorado. Suspiró.

-Yo no puedo interferir en esta pelea, santo de Athena- dijo Nancy en un tono triste- mientras que Evelyn tenga el khopesh en sus manos yo no podré intervenir ni ayudarte de alguna manera. Si logras hacer que lo suelte…-

-No será necesaria su intervención- dijo Afrodita cabizbajo, tomando en sus manos una rosa blanca y suspirando- ya sé que tengo que hacer-

-¿Y estás seguro de que quieres hacerlo?- preguntó ella de nuevo.

-No tengo opción- dijo Afrodita en un tono seco- no quiero que siga sufriendo. No lo voy a permitir-

No pudieron seguir hablando. Los dos levantaron su cabeza y vieron a los recién llegados. Al frente iba Evelyn, sus ojos brillando de color rojo, y la espada maldita en su mano. Iba seguida de Khayrat y de Collins, y finalmente de un hombre que emanaba un fuerte cosmo divino, que el santo adivinó que sería el dios Seth. Los recién llegados se detuvieron frente al santo de Piscis, riendo socarronamente.

Afrodita respiró profundamente. Se cruzó se brazos.

-No tienen nada que hacer aquí- dijo Afrodita, plantándose frente a ellos- éste es el Santuario de Athena. Y tampoco tienen nada que hacer con ella. Les pido de la manera más atenta que la liberen inmediatamente-

-Vaya, el santo de Piscis no está muerto- dijo Khayrat, cruzando los brazos y sonriendo maliciosamente- no te preocupes. Pronto tu querida Evelyn corregirá eso-

Collins no dijo nada, pero comenzó a acariciar el cabello de la chica, que hizo que la sangre del santo dorado hirviera de furia. ¡Cómo se atrevía a ponerle las manos encima! Eso sacó el lado sadico de Arodita: quería verlo sufrir, retorcerse de dolor por su veneno. Apretó los puños.

Afrodita miró a Evelyn a los ojos, los cuales brillaban de un color rojo. Frunció el entrecejo: había escuchado que habían hecho lo mismo al alumno de Shaka en una ocasión. La chica estaba en pose de ataque, con el khopesh en alto. El color había abandonado las mejillas de la chica, con las ropas sucias y rotas. Afrodita quería primero destruir a esos sujetos miembro por miembro, sobre todo cuando vio a Collins tocando el cabello de Evelyn, y acercando un mechón a su nariz para olfatearlo. Tristemente pasó su mirada nuevamente a la chica.

Por un momento, Afrodita vio que los ojos de Evelyn regresaron a su natural color olivo por unos momentos y, a fijar su mirada en él, le suplicaron ayuda. "Ayúdame". La palabra se formó en sus labios, pero ningún sonido salió de su boca. Pronto volvieron a tornarse rojos.

-Evelyn…- dijo el santo dorado en voz muy baja, palideciendo aún más. Miró de reojo a Nancy, quien igual que él parecía muy acongojada al ver a su protegida en esas condiciones.

-Evelyn, termina con ese santo dorado- dijo Khayrat, echándose a reír- y cuando lo hagas, después pasarás a asesinar a todos en el Santuario. No dejes a nadie con vida-

La chica no pudo evitar obedecer. Levantó el khopesh en sus manos y se lanzó contra Afrodita. El santo de Piscis apenas esquivó el ataque, y la espada maldita se hundió en el suelo, partiendo en dos las piedras del suelo. De nuevo, se lanzó contra Afrodita y, cuando estuvo a punto de golpearlo, el santo usó su cosmo para alejarla de él. La chica no desistió, y volvió a lanzar un golpe, el que el santo detuvo cruzando sus brazos en alto. De nuevo los ojos de ella cambiaron de color, volviéndose olivos. Detuvo su golpe, y miró fijamente a Afrodita.

-Anders… Afrodita…- dijo ella en un susurro- detenme, por favor…-

-¿Sabes lo que me estás pidiendo?- dijo el santo dorado.

-Detenme, por favor- dijo la chica con desesperación- mátame-

Afrodita no pudo responder. Palideció mortalmente al escucharla decir eso. ¿Cómo podía pedírselo? Se mordió el labio. Antes de verla llegar, Afrodita había estado resuelto a hacer lo necesario para detenerla, tomar su vida, como era su deber de santo de Athena y como un gesto de amabilidad y compasión hacia ella, pero ahora que la veía, que ella misma se lo pedía, no estaba seguro de poder tomar su vida. Se volvió a mirar a Nancy, y ésta miraba a su protegida con preocupación.

Seth pareció darse cuenta también, pues comenzó a reír a carcajadas en voz alta, mientras que sonreía maliciosamente, burlándose de la diosa.

-¿Qué sucede, Hathor?- dijo Seth, quien estaba de pie detrás de los dos hombres, mirando divertido la pelea- ¿acaso estás preocupada por tu pequeña protegida? No te preocupes, cuando termine con todos los santos, también a ella la pondremos a dormir-

Nancy lo miró con desdén, sabiendo que no podía hacer nada al respecto.

-El día de hoy pasará a la historia- dijo Seth, aún azuzando a Hathor, con una sonrisa maliciosa- hoy morirán Athena y sus santos, y después morirá por fin el linaje secreto de más de tres mil años de Tutankhamón. Vaya noche-

La diosa miró tristemente a Evelyn, que seguía atacando a Afrodita. El santo de Piscis estaba furioso, apretando los puños, y reaccionó. No tenía opción: tenía que detenerla a cualquier costo.

Afrodita tomó la rosa blanca y la clavó en su propio hombro. Hizo una mueca de dolor mientras la flor se tenía de color rojo. Lo iba a debilitar, pero no lo mataría. Una vez que la rosa se volvió de color rojo, el santo dorado se la quitó y la tomó con fuerza con su mano. El chico miró la rosa y suspiró. Había escuchado que Albafica, el santo dorado de Piscis en la última guerra santa, había hecho precisamente eso. Levantó la mirada, y vio que Evelyn estaba a punto de volver a atacarlo.

-Lo lamento, Evelyn- dijo Afrodita entre dientes, en voz tan baja que solo él lo pudo escuchar- lo lamento mucho-

Antes de que sucediera algo más, el santo dorado se apresuró a correr hacia ella. Esquivó los dos o tres golpes de la espada maldita, y clavó la rosa en el hombro izquierdo de Evelyn. Ésta quedó paralizada por unos segundos, mirándolo con horror con sus ojos rojos. Después, sus ojos regresaron a su color original, solo para cerrarse. El cuerpo de la chica se relajó, y su mano se abrió, dejando caer el khopesh al suelo, el cual cayó haciendo un ruido metálico. Afrodita lo ignoró completamente. En vez de ello, puso su atención en Evelyn, cuyo cuerpo perdió toda su fuerza, siendo atajada por el santo dorado antes de que cayera al suelo. Afrodita la tomó en sus brazos y se arrodilló en el suelo, haciéndola apoyar su cabeza sobre su regazo.

-¡No!- escuchó gritar a Seth, lleno de furia, mientras que los dos hombres que lo acompañaban palidecían de terror- ¡estúpido caballero de Athena! ¿Qué has hecho?-

Afrodita sintió algo de orgullo por haber arruinado los planes del malvado dios, pero todo esto se desvaneció al ver a la chica en sus brazos, retorciéndose de dolor, intoxicada por su propio veneno.

-An… Anders…- dijo Evelyn con dificultad, con sus ojos llenos de lágrimas.

-Afrodita- le dijo el santo de Piscis en voz baja, limpiándole las lágrimas con el dedo pulgar- me llamo Afrodita, ya lo sabes. No trates de moverte- añadió el en voz baja.

-Duele…- dijo la chica en sus brazos, mostrando una mueca de dolor- duele mucho, Afro…-

-Shhh… lo sé, Evelyn- dijo Afrodita con una expresión llena de tristeza. Sus ojos también se estaban humedeciendo. No podía creerlo. Iba a pasar lo mismo que había pasado con su amigo Death Mask: la chica que amaba iba a morir- tranquila… pronto pasará. Vendrá un poco de somnolencia, y después un largo sueño-

Evelyn notó perfectamente la pena en los ojos de Afrodita. Ella sonrió levemente, y tomó la mano del santo dorado.

-Gracias, Afrodita…- dijo ella, apretando la mano de Afrodita tras suspirar nuevamente- gracias… por salvarme…-

-¿De qué hablas, Eve?- dijo Afrodita tristemente, tallándose los ojos con el dorso de su mano para evitar que las lágrimas se escaparan de sus ojos- no pude salvarte de esa maldita espada. Vas a morir por mi culpa, por mi mano-

-Y te lo agradezco…- dijo Evelyn con una sonrisa triste, sin abrir los ojos- prefiero morir que… lastimar a más personas… esa chica a la que ataqué…-

-Cathy está viva, y mejorando- dijo Afrodita, haciendo que la chica apoyara su cabeza en el pecho del santo dorado: podía sentir los fuertes latidos de su corazón- estoy seguro que se va a recuperar. No has matado a nadie, Eve-

Evelyn sonrió aliviada, y Afrodita la estrechó con más fuerza contra su cuerpo. No quería separarse de ella ni un segundo, sobre todo porque sabía que le quedaban solo unos minutos de vida. ¿Porqué el destino era tan injusto? ¿Era un castigo por lo que había hecho antes, por las vidas que había tomado? Aún así era injusto.

Mientras eso sucedía, tanto Nancy como Seth y sus hombres se lanzaron hacia la espada, siendo tomada por la diosa. Seth dio un paso atrás al ver su arma maldita en manos de su rival, y palideció.

-Te lo advierto, Hathor- dijo Seth, señalándola y haciendo un esfuerzo por qué su voz no temblaba- devuélveme eso, y salvaré la vida de tu protegida-

El corazón de Afrodita dio un vuelco al escuchar esto, pero Nancy sacudió la cabeza y se cruzó de brazos sin soltar la espada maldita.

-Tú y yo sabemos que no hay manera de hacerlo- dijo Nancy tristemente - y si sacrifiqué la vida de mi protegida por el bien de la humanidad, el precio fue bastante caro…-

Seth gritó furioso, sacando un khopesh de plata y lanzándose contra la diosa. Ésta encendió su cosmo y la maldita espada dorada se desintegró en sus manos, y levantó la vista hacia el dios, quien se detuvo, dando un alarido, y desapareció.

-¡Lo logramos!- dijo la diosa egipcia, suspirando aliviada, pero sin sonreír. Miró de reojo a Evelyn, aun tumbada en el suelo, en brazos de Afrodita, pero inmediatamente bajó la mirada.

Los dos hombres, por su parte, al ver que el dios que iba con ellos desapareció y los dejó varados en medio de los enemigos, se miraron entre sí e intentaron huir, pero su huída se vio cortada por las amazonas Marín y June, quienes encendieron sus cosmos para darles su merecido.

Pronto llegaron Lydia y Aioria, seguidos de los demás santos dorados, quienes ya habían ganado sus respectivas batallas, y se quedaron helados al ver lo que había pasado. Afrodita los ignoró. Y Nancy también, se apresuró a arrodillarse junto a Evelyn.

-¿Nancy?- dijo Evelyn en voz baja- ¿eres una… una diosa?-

-Lamento haberte mentido, hija mía- dijo la diosa- hice un voto a Tutankhamón, de siempre proteger a sus descendientes. Por primera vez en tres mil años tuve que romper mi promesa-

-Está… bien- dijo Evelyn, cerrando los ojos y apoyando su cabeza en el pecho del santo dorado.

Nancy sonrió tristemente y se alejó unos pasos, dándoles privacidad. No pasó mucho tiempo cuando Shion regresó al Santuario, teletransportándose junto con Death Mask y Fatima. El santo de Cáncer, tan pronto como vio lo que estaba sucediendo, sintió como si su corazón se le cayera a los pies. Estaba pasando de nuevo, pero esta vez a su mejor amigo. Sabía cómo se sentía. ¡Era horrible! ¿Porque tenía que pasar eso?

-Ella es…- comenzó a decir Fatima- ella es la chica que Rashid quería hacer su esposa, Dema-

Fatima tembló levemente al pronunciar el nombre de su anterior esposo. Death Mask gruñó en voz baja, nada contento de escuchar aquello, y la abrazó con cariño. La chica, por su parte, miró preocupada a Evelyn.

-¿Qué le pasa, Dema?- dijo Fatima. Death Mask señaló la rosa en el hombro de la chica.

-Envenenada- dijo el santo de Cáncer, y le explicó brevemente lo que imaginaba que había pasado, que Afrodita había tenido que atacarla con su sangre envenenada para detenerla y evitar que lastime a más personas.

Afrodita miró a Evelyn y acarició su mejilla. La chica abrió los ojos otra vez y lo miró.

-Victoria- dijo Evelyn- dile a Victoria… ella es mi mejor amiga, y…-

-Entiendo- dijo Afrodita. La chica sonrió y tocó la mejilla del santo dorado.

-Creí… creí que nunca me iba a enamorar- dijo Evelyn con una sonrisa triste, mientras que Afrodita cerraba los ojos, disfrutando la caricia de la chica- lo lamento… lamento que fue demasiado tarde-

-No fue demasiado tarde- dijo Afrodita, acercándose a ella y besando su frente. El santo dorado la miró sonreír. Sus mejillas estaban muy rojas, pero era hermosa, verdaderamente hermosa- Eve, te amo-

-Y yo…- dijo Evelyn, aún acariciando la mejilla del santo. La chica se interrumpió y, tras cerrar los ojos, su cuerpo se rindió, su mano cayó al suelo, y su corazón se detuvo.

-No…- comenzó Afrodita, sus ojos llenándose de lágrimas- no, Eve, no me dejes…por favor…-

Pero no recibió ninguna respuesta. El santo de Piscis la abrazó con fuerza contra su cuerpo y se echó a llorar en silencio, sin importarle que los demás lo estuvieran mirando. ¡Dolía tanto! Afrodita no podía dejar de llorar, mientras estrechaba el cuerpo de Evelyn, que aún estaba cálido. Las lagrimas del santo dorado caían una por una sobre los cabellos de la chica.

Shion bajó la mirada, apenado. ¡Pobre Afrodita! Nancy se dejó caer al suelo y se llevó la mano a la frente, sus ojos entristecidos por la pena. Algunos de los santos dorados, quienes ya habían terminado sus peleas, no sabían quién era ella, pero de inmediato entendieron lo que estaba pasando. June abrazó a Marín. Death Mask bajó la cabeza tristemente. Sabía exactamente lo que su amigo estaba sintiendo. Fatima se llevó las manos a la boca tristemente y le dio la espalda a Afrodita. Death Mask la abrazó con tristeza y suspiró.

De pronto, Fatima se soltó de él. Había recordado algo muy importante: un comerciante le había dado algo el día en que había ido al mercado con Rashid. ¿Qué le había dicho ese hombre?

-Dema, yo puedo ayudar- dijo Fatima, sacando un pequeño vial de su bolsita- un comerciante me regaló esto. Dijo que era un antídoto para cualquier veneno-

-Fatima, para el veneno de la sangre de Afro no hay ningún antídoto- dijo Death Mask tristemente- es mortal y eficiente-

-No, Dema, déjame intentarlo- dijo Fatima.

-Death Mask- le dijo Lydia, quien con Aioria había escuchado toda la conversación- deja que lo intente: Afrodita perdió mucha sangre, y recibió muchas transfusiones, sangre que no es la suya, quizá puede funcionar-

-Déjame ver eso- dijo Nancy, y Fátima le mostró el vial- ¡por Amón Ra! Este antídoto pertenece a Imhotep. ¿Quién te lo dio?-

Fatima parpadeó, y describió lo poco que recordaba del comerciante. Nancy se cubrió la boca, sorprendida.

-¡No puedo creerlo!- dijo Nancy- Imhotep previó esto. Puede funcionar-

Death Mask la evaluó con la mirada. No quería darle falsas esperanzas a Afrodita, pero sabía que tenían que intentarlo.

-Vamos, pequeña- dijo Death Mask, tomándola de la mano, y pidiendo a los dioses que el veneno diluido de Afrodita respondiera al antídoto que tenía Fatima, por el bien de su amigo.

Ambos se acercaron a Afrodita. Con dificultad convencieron al santo de Piscis de soltar a Evelyn por un momento, y Fatima puso unas gotitas en la boca de la chica. Al principio no sucedió nada, y los tres se miraron entre sí, un tanto decepcionados. Después de unos minutos de incertidumbre, el color regresó a las mejillas de Evelyn, y su corazón volvió a comenzar a latir. Al sentir el pulso de la chica bajo sus dedos, los ojos del santo de Piscis se iluminaron.

-Eve…- comenzó a decir Afrodita, aliviado. Se limpió los ojos con el dorso de su mano, y levantó la vista hacia Fatima- no sé quien eres, pero podría besarte-

Fatima se ruborizó, y apretó la mano de Death Mask.

-Creo que mejor no- dijo Fatima, sonriendo levemente y sonrojándose.

Nancy sonrió al ver lo que había sucedido. Suspiró aliviada. El linaje de Tutankhamón seguía vivo, y podría cumplir su promesa. Poco a poco, todos los santos dorados se encontraban en la entrada de los Doce Templos al concluir sus batallas. Saori bajó a la entrada del Santuario, escoltada por Kanon, y sonrió aliviada al ver que todos se encontraban bien.

-¿Están todos bien?- preguntó Saori, llevando su báculo en la mano- ¿qué fue lo que sucedió?-

Todos los presentes sonrieron aliviados y asintieron. Era largo de explicar.

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Templo de Piscis, Santuario de Athena

Dos días después

Evelyn abrió los ojos tras despertar y sentir el delicioso aroma a rosas a su alrededor. Que extraño. ¿Eso era lo que se sentía morir? Pero le dolía todo el cuerpo, no estaba muerta. Se encontraba en una habitación extraña, con ese aroma a rosas, el cual provenía de un pequeño bouquet que se encontraba en la mesita de noche. La chica suspiró y se incorporó. Se miró, y se dio cuenta de que estaba en una cama ajena, vistiendo un pijama que no era suyo y que no recordaba haberse puesto. Pronto entró en pánico. ¿Quién la había desvestido?

Cuando se incorporó, se sintió terriblemente mareada.

-Tranquila, Eve- le dijo Afrodita, quien estaba sentado junto a ella en el borde de la cama, empujándola suavemente para hacerla volverse a recostar- no te apresures, no pasa nada. Estás a salvo-

-Yo… ¿cómo?- comenzó a decir. Tenía mil preguntas en su cabeza, y no sabía como empezar- mi ropa…-

-Fue mi aprendiz. Lydia- dijo Afrodita en tono de disculpa- y Marín. Ellas dos me hicieron el favor de cambiarte de ropa, para que estuvieras más cómoda. Estás en mi habitación. Lydia te prestó un pijama suyo… no te asustes-

-Ah…- dijo ella, tranquilizándose. Respiró hondo y miró a su alrededor- de acuerdo… ¿cómo… cómo estoy viva? Creí que iba a morir…-

Afrodita sonrió y le quitó un mechón de cabello de su rostro con una expresión delicada.

-Ibas a morir- dijo Afrodita en voz baja- tu corazón se detuvo. Pero alguien… una chica que encontró Death Mask, tenía un antídoto. No lo podía creer, para mi veneno no hay ningún antídoto. Quizá…- añadió bajando la mirada- cuando me atacaste y perdí sangre, la que me transfundieron no estaba envenenada, y el veneno perdió potencia. Por eso…-

Evelyn sonrió y extendió su brazo para tocar el rostro del santo dorado.

-Sigo pensando lo mismo. Afrodita- dijo Evelyn, mirando con atención el rostro del santo dorado- gracias por detenerme. No podría… no podría vivir conmigo si hubiera…-

Se interrumpió. Afrodita entendió bien lo que quería decir, y besó la mano con la que la chica le estaba acariciando.

-Shhh…- dijo Afrodita- ya no pienses en eso. Ya pasó-

-Y lo que dije es cierto- dijo Evelyn sonriendo y ruborizándose un poco. El santo dorado también se ruborizó.

-Y yo también, Eve- dijo Afrodita, y se inclinó hacia ella. La chica puso su mano derecha en su mejilla y la deslizó hacia atrás, entrelazando los dedos en los cabellos del santo dorado. Afrodita tocó con sus labios los de ella. Ambos se ruborizaron y se separaron. Ninguno de los dos sabía lo que estaban haciendo, pero sonrieron y se echaron a reír.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Shion se cruzó de brazos mientras Death Mask presentaba a Fatima a Athena. Saori no dejaba de sonreír, notando la expresión del santo de Cáncer, sonriendo levemente sonrojado y mirando a Fatima con adoración. Una vez que Death Mask explicó las circunstancias en las que Fatima había terminado con él, y Shion explicó su intervención para detener el veneno de Afrodita con la chica protegida de Hathor.

Cuando terminaron el relato, Saori se levantó y se apresuró a donde estaba Fatima, y la abrazó. La chica, que era más pequeña que la diosa, se asustó un poco ante el contacto, pero después sonrió.

-Gracias, señorita- dijo Fatima, sonriendo.

-Gracias a ti, Fatima- dijo Saori, sonriendo y tomando su brazo. También tomó el brazo de Death Mask, e hizo que ambos se tomaran- eres bienvenida en Grecia, y aquí en el Santuario. Death Mask se quedará como encargado y responsable de ti-

Fatima sonrió mientras el santo dorado deslizó la mano sobre la de ella, y la atrajo hacia sí mismo.

-Tiene mi palabra, señorita Athena, de que la protegeré- dijo el santo de Cáncer.

-Lo sé- sonrió Saori.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les haya gustado. El próximo capítulo es el epílogo. No sufran, el fic de Minos ya está listo, no habrá pausas. Muchas gracias por seguir leyendo, y por sus reviews. Gracias a Karla por su review! Nos leemos pronto.

Abby L.