Como siempre, siento el retraso en actualizar, voy a intentar actualizar algo más a menudo.

Y gracias por todas las reviews, animan mucho a continuar y me alegra saber que va gustando.


Cuando me despierto, Kate ya se ha marchado a trabajar. Me siento mal por no haberme despertado al mismo tiempo que ella, pues me habría gustado prepararle el desayuno.

Después de desayunar con Allan y vestirnos, nos vamos a dar una vuelta. He quedado con mi madre para ir al parque. Al parecer está encantada con esto de ser abuela de nuevo. Cuando vamos de camino al parque, me manda un mensaje de texto, diciendo que nos espera en una esquina cerca de la novena. Me extraño ya que eso queda algo lejos del parque al que solemos ir, sin embargo me dirijo hacia allí empujando la sillita de Allan. Conociendo a mi madre lo más probable es que haya visto algún conjunto en algún escaparate y necesita mi tarjeta de crédito.

Tras un rato caminando por fin nos encontramos con ella, que rápidamente se agacha junto a la silleta para saludar a su nieto.

-Madre, ¿para qué nos has hecho venir hasta aquí? ¿Debería ir sacando la tarjeta de crédito?

Ella ladea la cabeza y me mira con gesto cabreado por lo que he dicho.

-La tarjeta de crédito no, pero quizá deberías tener preparada la chequera.

-¿Qué… qué es lo que quieres comprar esta vez? – pregunto, sin llegar a entender.

Me agarra del brazo y comienza a hablar mientras caminamos.

-Me dijiste que el apartamento de Katherine era muy pequeño – yo asiento, confuso, y ella continúa – Y ahora que habéis decidido a daros una oportunidad…

-Madre… - intento decir yo, pero ella me corta, con un pequeño golpe en el brazo.

-No te molestes hijo, Alexis me lo ha contado. Como decía, ahora que os vais a dar una oportunidad, ¿no crees que sea hora de buscar un nuevo lugar? ¿No querréis vivir como sardinas en lata en ese pequeño apartamento?

-¿Y qué propones? – le pregunto yo, sarcásticamente, suponiendo que ella ya ha pensado en algo.

De pronto detiene el paso y alza la mano, señalando la casa que tenemos detrás. Caminando hemos llegado a una pequeña calle, bastante tranquila y con varias casas adosadas a ambos lados de la calle. La que señala mi madre, en concreto, tiene un cartel de "se vende/alquila" en la entrada.

-Madre, que… ¿qué pretendes, que compre una casa para los tres sin consultarlo antes con Kate?

-De momento podemos entrar a verla – dice ella, sacando unas llaves del bolsillo de su abrigo y moviéndolas en el aire – Es de un amigo, se va a vivir a California, así que la quiere vender o alquilar.

Yo suspiro, pero cuando intento hablar de nuevo, ella ya está subiendo los tres escalones que llevan a la puerta. Miro más detenidamente la fachada de la casa y pienso en Kate, lo cierto es que creo que le encantaría.

Cuando entramos en la casa, mi madre sale al pequeño jardín trasero con Allan, mientras yo veo el resto de la casa. La planta baja tiene una cocina con acceso abierto al comedor, un salón con salida al jardín trasero, y un pequeño baño; la parte de arriba tiene dos baños completos y cuatro habitaciones. La habitación principal es sin duda la más grande, con baño propio y un vestidor; dos de las otras son también grandes, pienso en Allan y en el dormitorio que tiene ahora, esta es sin duda más espaciosa. La cuarta de las habitaciones es más pequeña, así que pienso que podría utilizarla como despacho.

Suspiro y me llevo la mano a la frente. Sin duda sería un lugar perfecto para los tres. De pronto me imagino viviendo aquí. Allan tendría su propio espacio, e incluso hay un dormitorio de sobra que podríamos utilizar para invitados y, en un futuro, quizás para un nuevo miembro en la familia. Aunque la idea me hace sonreír, sacudo la cabeza, no puedo tomar esta decisión sin ella.

Bajo a la planta de abajo y me quedo en la puerta acristalada que da acceso al jardín, viendo cómo Allan corretea de un lado a otro, feliz.

-¿Y bien? – me pregunta mi madre, cuando salgo afuera.

-Creo que sería perfecta para nosotros – digo sinceramente.

-El precio también es bastante bueno. Aunque a ti no te importe, seguro que Kate no permitirá que te hagas cargo de todos los gastos.

-No puedo alquilar esto sin hablar con ella, madre.

-Pues encuentra el momento cuanto antes o te la quitarán de las manos.

-No, solo… pídele a tu amigo un poco más de tiempo, hablaré con Kate esta semana. Y no me agobies – le digo, antes de que se le ocurra decir algo más.

Ella alza las manos y simula que se esté cerrando la boca con una cremallera, mientras yo lamento que no lo hubiese hecho antes. Ahora tendré que hablar con Kate y proponerle mudarnos aquí, y no sé cómo se lo tomará, lo único que sé es que no quiero que se enfade conmigo, no ahora.

Me agacho junto a Allan, que parece entretenido arrancando hierba del césped.

-¿Te gusta esta casa Allan?

-Miraa – me dice él, enseñándome un puñado de hierba arrancada.

-Sí cariño – el digo yo, sonriendo – creo que lo que más te ha gustado es el jardín.

-Narnín – dice él, sonriendo y enseñando todos sus pequeños dientes. Me es imposible no devolverle la sonrisa. Sin duda, creo que sería feliz aquí.


Cuando Kate llega a casa, por la tarde, Allan y yo estamos jugando, sobre la manta de juegos del pequeño, arrastrando coches de juguete por el suelo. Allan más bien tratando de hacer que se choquen.

-Hola – me dice, con una sonrisa, cuando entra por la puerta.

-Hola – le devuelvo la sonrisa - ¿Qué tal tu vuelta al trabajo?

-Aburrida. Todo papeleo en comisaría… - dice, tras un suspiro, pero vuelve a sonreír en cuanto se acerca a Allan y se agacha junto a él - ¿Y tú cariño, qué has hecho hoy, has ido al parque?

-¡La abela! – chilla Allan, soltando el coche que tiene en las manos y gesticulando con ellas de una manera graciosa.

-¿Has estado con la abuela Martha, cariño?

-Narnín – dice él, moviendo efusivamente su cabeza de arriba abajo.

-Nar… ¿Jardín? – intenta adivinar Kate.

-Chii, la cacha – dice él con una sonrisa. Yo me llevo la mano a la frente.

-¿Habéis estado en una casa con jardín? – Pregunta Kate, confusa, girándose hacia mí.

-Eh… No. No, se refiere al parque – digo yo, haciendo como si lo que Allan acababa de decir fuese una locura.

Ella asiente, pareciendo conforme con mi explicación y se vuelve de nuevo hacia Allan, que no para de repetir la palabra "jardín". Yo le hago gestos con las manos, intentando hacer que se calle, sin embargo a él parecen divertirle tanto que comienza a imitarme, pareciendo que está bailando.

Kate se gira rápidamente hacia mí, mientras yo intento disimular.

-¿Qué haces, Castle? – me pregunta entre divertida y confusa.

-Nada, había… una mosca – digo yo, después de tragar saliva.

-Me voy a dar una ducha y después preparamos la cena – dice, levantándose frunciendo el ceño. Yo asiento.

-¿Se puede saber qué haces? – le susurro a Allan, que me mira haciendo una mueca divertida, cuando ella ya se ha ido – Tiene que ser secreto, no puedes decirle eso a mamá, deja que sea yo quien se lo cuente, ¿de acuerdo?

Él no me hace ni caso y comienza a jugar de nuevo con su coche.

-¿Qué estáis cuchicheando? – pregunta Kate desde la puerta del baño.

-Nada – digo rápidamente.

Kate nos observa durante unos segundos, hasta que se mete finalmente en el cuarto de baño y yo suspiro aliviado. Definitivamente, tengo que encontrar el mejor momento para hablarle de la casa.


Después de cenar, Kate se sienta en el sofá, con Allan sentado de cuclillas en sus piernas. Ella le habla cariñosamente mientras él le toca la cara. Me siento a su lado, mirándolos, embobado. Me encanta el cariño con el que se tratan el uno al otro. Aunque Allan ya tiene mucha confianza conmigo y sé que me quiere, no es igual que con Kate, con ella tiene un vínculo especial, y eso me encanta.

Kate me mira durante unos segundos y después se acomoda a mi lado, apoyando su cuerpo junto al mío.

-Me encanta estar así, los tres juntos – digo, mientras acaricio la mejilla de Allan.

Ella gira su cabeza hacia mí, quedando separados solamente por unos milímetros y yo acorto la distancia, juntando despacio mis labios con los suyos, dejando que me detenga si es lo que quiere. Pero no lo hace. Siento el roce de sus labios con los míos e incluso introduce su lengua en mi boca, haciéndome enloquecer. Hago lo mismo con ella, profundizando el beso, hasta que siento una pequeña mano sobre mí pecho y ambos nos separamos. Allan, relajado en los brazos de Kate, ha estirado su manita hacia mí y yo se la agarro, dejando sobre su suave piel una pequeña caricia. Él emite un sonido de tranquilidad y, agarrado a ambos, apoya la cabeza en el pecho de Kate, quien cierra los ojos y apoya su cabeza en mi hombro, disfrutando de ese momento especial entre los tres.


Un rato después, llevamos a Allan a su cuna, que prácticamente se había quedado dormido en brazos de Kate. Rápidamente recupera el sueño y vuele a cerrar los ojos sin rechistar. Creo que le tranquiliza que Kate y yo estemos ahí, le da seguridad vernos juntos.

Kate y yo nos tumbamos en la cama, abrazados, mientras ella recorre mi pecho con su dedo, por encima de la camiseta. Yo la rodeo con mis brazos, mientras miro al techo, pensativo.

-Puedes contármelo – dice, de repente. Yo levanto un poco la cabeza y ella alza la suya hacia mí – Te conozco, sé que hay algo que te preocupa.

Yo sonrío de lado, antes de sentir el sudor frío en mi frente. Ha llegado el momento de contarle a Kate lo de la casa, y siento pánico solo de pensar que se va a enfadar. Me inclino hasta quedar sentado, haciendo que ella lo haga también.

-Rick, ¿qué es lo que pasa? Estás un poco pálido – dice, con cierto tono de preocupación, acariciándome la mejilla.

Yo cojo su mano entre las mías, agarrándola, mientras ella me mira, confusa y preocupada.

-Tengo que contarte algo, pero no quiero que te enfades.

-Me estás asustando… - dice ahora.

-Es… la habitación de Allan, es muy pequeña. Creo que deberíamos ponerle ya una cama, necesita más espacio y, claramente en ese dormitorio no cabe – Miro a Kate que me mira confusa, así que aprovecho para decírselo todo de una vez y de carrerilla – Esta mañana hemos estado viendo una casa y creo que sería perfecta para los tres. La habitación de Allan sería enorme comparada con la que tiene ahora, tendría espacio para poner todos sus juguetes allí. Nuestro dormitorio también sería enorme e incluso la casa tiene un jardín, que a Allan le ha encantado.

-¿Has estado viendo una casa? – pregunta. Intento descifrar qué es lo que piensa pero no soy capaz de distinguir si está enfadada.

-No fue idea mía, la casa es de un amigo de mi madre y ella insistió en que la viese, así que…

-Castle – me para ella - ¿No crees que vas muy deprisa? ¿Quieres comprar una casa, para los tres?

Ahora lo veo, no está enfadada exactamente, más bien lo que refleja su cara es agobio.

-Lo sé, solo… piensa en ello. No quiero agobiarte, yo pensaba sacar el tema más adelante, Allan no puede estar en ese espacio tan pequeño por siempre, pero entonces mi madre se ha adelantado. Creo que esta casa te gustaría de verdad, y creo que sería perfecta para los tres.

-Sé que tienes razón con lo del dormitorio de Allan, pero… Rick, si esto no sale bien…

-Va a salir bien – le corto yo – No hay ningún motivo para que salga mal, vamos a permanecer los tres unidos, como una familia. No me importa si es aquí, en una casa más grande o si incluso tenemos que compartir dormitorio los tres, me da igual, pero los tres juntos. Mira, si no te parece bien no pasa nada, Kate.

-Me gustaría ver la casa al menos – mis labios se tuercen en una sonrisa al escucharlo – Pero no te prometo nada.

Yo la abrazo efusivamente y ambos nos volvemos a tumbar sobre el colchón.

-¿Entonces, no estás enfada conmigo? – le digo, retirándole un mechón de pelo de la cara y colocándoselo tras la oreja. Ella niega.

-Me gusta que pienses en nosotros, que te preocupes porque Allan tenga el espacio que necesita.

Recorto las distancias con ella y atrapo sus labios con los míos. Ella enreda sus dedos en mi pelo, produciéndome un cosquilleo por todo el cuerpo mientras nos besamos y yo llevo mi mano a su cintura. Comienzo a acariciarla e, instintivamente, subo mi mano, acariciando su piel, por debajo de su camiseta. Estoy tan inmerso en ese beso que no pienso en nada más, hasta que siento cómo ella se tensa, deja de besarme, y frena mi mano.

-Lo siento – susurra.

Rápidamente aparto mi mano de su cuerpo, confuso por lo que ha pasado. Estaba tan inmerso disfrutando de ese beso y del roce con su piel que he estado a punto de ir más allá, sin recordar que ella necesita más tiempo. Me siento cómo un estúpido mientras ella se tumba boca arriba, seguramente sintiéndose culpable por no poder saciar mi deseo.

-No pasa nada – digo, atrayéndola hacia mí y dándole un beso en su pelo.

Ella suspira y se abraza a mí, acomodándose entre mis brazos.

Le agarro suavemente del mentón y hago que incline la cabeza hacia mí, robándole un rápido beso, haciéndole saber que todo está bien.