Disclaimer: Harry Potter y su mundo son míos y... *Tomate* Vale. No lo son. Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.
Summary: Su básicamente inexistente "vida" es todo lo malo que puede ser una vida porque se ha convertido lentamente en un perene infierno de eterna agonía en donde el único culpable es... ¿Pues quién va a ser? Entre la esfera, su vecina, su trabajo, su familia, su jefe y Scorpius Malfoy, iba a volverse loca. Er, más loca.
¡Por Dios! Hubo una implosión de amor hacia Scorpius por el capi pasado y yo estoy que me muero de agradecimiento porque llegué a los 150! xD Muchas gracias a: Kiri (Hola! Me alegra que te gustara Scorpius en el último capítulo y te diré de una vez que NO fue una bruja quién le dio el brazalete jajaja Por lo demás, pronto tendrás a todos esos hombres para ti sola y lamento que te desvelaras por mi culpa :S Y lo de Zabini... ya veremos xD), Annie Thompson, Viian Jntte M, MrsLGrint, Cami camila (Sí! Scorpius, como cualquier ser humano, también ha sufrido lo suyo y eso le da cierta vulnerabilidad que desarmó a Rose por completo jajaja Y aquí entre nos, yo también me lo comería vivo ;) Besos y espero que te guste el capítulo!), Erika Dee, FYA (Jajaja yo tampoco sabría qué hacer, si te soy sincera. Y te diría dónde encontrarlo, pero no tengo ni idea y también quiero uno xD Pues sí, esta nueva cara de Malfoy la ha dejado aturdida hasta el punto de que desapareció gran parte de su habitual defensa. Pues Albus jamás se entera de nada y Marius... no es un ángel, pero tampoco un demonio. Tiene lo suyo xD Muchos besos y Scorpius para ti!), Altea Kaur, Cora Lozar, MayLiz Potter de Weasley (Lo lamento! COmo dije, que actualizara temprano ha sido pura casualidad xD Pero volví a tiempo, eh?! No, Scorpius no usa oclumancia xD Su silenciosa comunicación se fundamenta en un entendimiento que comienza a nacer entre ambos ;) Y su mirada es tan misteriosa para Rose como para ustedes, pero ese es precisamente el punto jajaja Espero que disfrutes esta tarde en Gringotts!), CarlaMelina, kisses rain, Diane Potter, Lucy (Pues únete al club! xD El amor hacia Scorpius ha aumentado y me encanta :D Y tienes razón en todo; los detalles son lo que realmente vale, Rose moriría antes de volver a recordar esa tarde y Malfoy ni loco dejará que la olvide xD Y no, nada de lo que hace es casualidad. Es muy cuidadoso con lo que hace y en especial en lo referente a Rose, que es más "asustable" que un conejo en una pradera jajaja Ojalá te guste el capítulo, besos!), Rossett (Por Dios, Rossett, has dado en el clavo! Esa es precisamente la actitud de Scorpius xD. Esos andares errantes se deben a ese "no sé cómo conquistarte", pero me apuesto lo que sea a que ni siquiera él entiende lo que le pasa xD Muchas gracias por comentar y espero que te guste :)), TAMYmos, Leprechaun07, Clickerland, dianalinqui, Crisstinacr, LauraGranger (Hola! Gracias por los cumplidos y la verdad es que es un placer saber que te inspiro de una u otra forma :D Saber que he abierto otras ventanitas en tu cabeza con esta historia es halagador y la verdad me encanta que también te guste la historia y la mitología, porque no faltará nda de eso por aquí jajaja También es de lo más raro conseguirse un clon por estos lares, así que ¡Mucho Gusto! xD Y en cuanto a la fuente de inspiración... la trama sólo me golpeó un buen día. Nació de mi interés por la mitología y de allí, sólo desarrollé lo demás. Sólo se necesita un 1% de "buena idea" y un 99% de dedicación :)) y Shar0n EspiPPirifLautik CulleN.
En Gringotts
(O del por qué la vida sería más placentera si Scorpius Malfoy desapareciera… con Dominique)
–...precisamente por lo que pasó, que fue su culpa, mi madre me visitó a la oficina y él se ganó todas sus atenciones porque es un manipulador de mierda. En fin, el punto es que Mark Pucey es un cabrón sin alma –detuvo su sarta de insultos y maldiciones hacia aquel malévolo y conspirador hombre para volver a mirarla con curiosidad. Como Rose la ignoró, bufó ruidosamente y se dispuso a continuar–. Entonces… ¿me dirás al fin como diablos conseguiste estos boletos? –inquirió finalmente cuando entraron a Gringotts aquella mañana.
–La cosa es que los tengo, ¿no? –dijo intentando sonar casual, pero su prima la conocía mucho mejor que eso.
–Has estado esquivando mi pregunta todo el día y me estoy quedando sin anécdotas sobre el odioso de Pucey… gracias guapo –le guiñó el ojo a la mole que había en la entrada cuando las dejó pasar. Rose rodó los ojos.
–Claro que no. ¡Hey! Mira esa escultura de hielo tan hermosa en la fuente de bocadillos –Dominique se volvió en seguida para ver a tres duendes tallados sosteniendo una gigantesca corona de hielo.
–Si te gustan esos duendes, creo que tenemos problemas más serios que tu falta de habilidad para evitar un tema –dijo mirándola con seriedad. Rose sólo se encogió de hombros.
–No seas tonta, Nique. Tiene su estilo –la verdad es que no estaba nada mal. El tallado era impecable y las formas…
–Joder, Rose. Dime cómo conseguiste los boletos –Rose se detuvo y miró al suelo como si este le fuera a proporcionar una excusa–. No me importaría si no te estuvieras esforzando tanto por no decirme nada.
Suspiró y comenzó a caminar nuevamente hasta la sección que ponía "Argentina".
–¡Mira! Creo que estarán divididas por países y en orden alfabético. Los duendes son muy organizados –se inclinó sobre la cápsula de vidrio que guardaba un largo pergamino antiguo y leyó el letrero bajo ella–. Aquí pone que muchos magos Europeos se asentaron en Argentina cuando la Segunda Guerra Muggle se puso muy fea… ¿Qué? –Dominique parecía estar a punto de matarla.
–Rose… –comenzó con un ligero toque de advertencia. Rose cerró los ojos y dejó caer los hombros con pesadez.
–Fue una casualidad. Me los regaló un… un conocido. Supongo que no los quería –dijo finalmente y Dominique asintió.
–Un conocido, ¿eh? –abrió los ojos a tiempo para ponerlos en blanco al verla sonreír pícaramente–. ¿Y a quién le debo el favor?
–¡Dominique!
–¡¿Qué?! Tú ya tienes novio y la verdad tengo tiempo sin, bueno… un conocido no regala boletos tan costosos sólo porque sí.
–Pues es un conocido que trabaja aquí. Dudo que le cobraran algo por ellos y no le costaba nada dármelos –replicó sin estar muy segura de lo que decía. Era evidente que Malfoy los había obtenido gratuitamente, pero Dominique tenía razón; él no debió dárselos como si nada.
Dominique la miró durante un par de segundos eternos como preguntándose si valía la pena replicar. Finalmente, sacudió la cabeza y sonrió.
Rose era un caso perdido.
–Pues ya que estamos aquí, hay que disfrutar. ¡Mira! Aquí está el primer escudo tallado en oro de Abenourises, la Academia Subterránea de Magia y Hechicería de Buenos Aires. Dicen que la forma de entrar se oculta en una fuente que queda en la Plaza de Mayo, pero que antes era accesible en una pared lateral de la construcción llamada Recoveca Vieja. Parece que los magos tuvieron que hacer malabares para modificar la forma de ingreso cuando lo demolieron –leyó Dominique emocionada y Rose contuvo un suspiro de alivio cuando su prima no intentó retomar el tema anterior.
Luego de un par de horas caminando entre la gente y maravillándose ante muchos códigos Estadounidenses y varios rituales Mexicanos, ambas concordaron en que la exhibición valía cada centavo que costaba el boleto y a juzgar por las caras de los presentes, era todo un éxito. Incluso los duendes habían dejado atrás su hostilidad habitual y los trataban con educación. Parecían muy orgullosos de su trabajo y no había forma de negar que tenían razón al sentirse así.
Era espléndida.
Siempre había disfrutado mucho la historia (era una de las pocas que no dormía en la clase de Binns) y junto con Dominique, pensaba que la única forma de avanzar y evolucionar era aprendiendo de los errores del pasado y curiosear en las otras culturas para crecer espiritualmente.
Nique tenía tan afianzada esa creencia que la única razón por la cual trabajaba con su madre era esa; averiguar qué era lo que no funcionaba y modificarlo. Rose había sido un poco menos drástica y había decidido simplemente expresar su opinión a través de El Profeta y rogar por que la gente la escuchara.
–¡Merlín! ¡Mira, Rose, mira! –chilló Dominique cuando llegaron a la sección de Perú. Parecía una chiquilla y Rose no pudo evitar sonreír–. ¡Esos pergaminos fueron hallados en los cimientos de Machu Picchu! Los magos de Suramérica escogen espacios demasiado concurridos para ocultar sus cosas –rió levemente y ambas se inclinaron para intentar descifrar el escrito en español por su cuenta, ignorando olímpicamente la traducción disponible en el rótulo que acompañaba a cada exhibición.
–No parecen tan antiguos –dijo Rose con la vista fija en los pergaminos y Nique asintió a su lado–. A lo mucho, unos 100 años. ¿Qué opinas?
–127 años, pero buen intento –dijo una voz a sus espaldas y Rose se tensó inmediatamente. Ambas volvieron la cabeza con rapidez, aún inclinadas sobre la cápsula de vidrio que cubría a los escritos.
Tarde o temprano se lo encontraría; no debería estar tan sorprendida.
Lo curioso era que lo estaba. Y mucho.
–Buenas tardes, Malfoy –dijo algo cortante al tiempo que se enderezaba y Malfoy le sonrió ladinamente. La miró de arriba abajo y ella se alisó los pliegues de su túnica con nerviosismo.
¿Por qué tenía que hacer eso?
Ya saben, eso de mirarla así, sin ninguna vergüenza.
Vestía la misma túnica que había usado en la cena de los Nott, a pesar de las protestas de Dominique (según ella, los atuendos jamás debían repetirse. En dado caso, se combinaban con otras cosas para disimular), y se sentía muy guapa pero no, ¡Oh, no! Malfoy debía mirarla así y hacerla sentir un gusano insignificante.
–Imaginé que vendrías con Marius, pero veo que me equivoqué. Es un placer volver a verte, Dominique Weasley –le extendió la mano a Dominique y se inclinó para besarla una vez que la tomó. Rose casi sintió deseos de reír.
Casi.
El deseo fue un poco opacado por la pesada sensación que se instaló en su cuerpo cuando la sonrisa perene de Dominique se volvió predadora.
–Scorpius Malfoy –dijo su prima con un ligero tono insinuante que la hizo sentir mareada–. No te veía desde aquella vez que me castigaste una noche en la torre de Astronomía por una semana antes de que finalizara mi séptimo año.
Scorpius rió ligeramente y a Rose se le revolvió el estómago. Olvidaba la increíble facilidad que tenía Dominique de darle a cada cosa que decía un sugestivo toque sexual. También olvidaba que Malfoy, al igual que ella, fue prefecto y aunque casi nunca habían compartido rondas nocturnas (sospechaba que Neville se había encargado de ello al ser tan amigo de su padre), era esa clase de cosas que no se debían dejar de lado. En especial cuando Dominique lo miraba de esa forma y Malfoy le sonreía de esa manera.
–Era eso o quitarte puntos. Si lo hacía, Ravenclaw perdería la copa de las casas y cosecharon tantos éxitos ese año que no... fue una noche bastante ocupada, cierto –se corrigió cuando se percató de las miradas de extrañeza que recibía y continuó–. Espero que estés disfrutando la exhibición –la estaba ignorando olímpicamente, el muy idiota. Pero, oh… si creía que la afectaba de alguna forma, se equivocaba.
No lo hacía.
Es decir, no que no se equivocaba, sino que no la afectaba.
–¡Oh! Es magnífica. ¿Has trabajado en ella o…
–No, pero me encantaría tomar el crédito si eso me hará parecer más interesante –soltó la pequeña mano de Nique y le sonrió con galantería. Bueno, quizás sí le molestaba un poco que coqueteara con su prima en sus narices y de forma tan descarada.
Después de todo, Dominique era su prima y Malfoy era, bueno, un idiota.
–No seas tonto, Scorpius –rió su prima encantada y Rose se aclaró la garganta para que notaran que seguía allí–. Ya me parecías interesante antes de que abrieras la...
–Si, eh… bueno, creo que ambas continuaremos "disfrutando de la exhibición" –interrumpió con un toque de sarcasmo que hizo a Malfoy alzar la maldita ceja del mal. Tomó a Dominique del brazo y comenzó a arrastrarla, ignorando su mirada de reprobación. Y es que no; no permitiría que Nique cayera en las redes de ese tonto y como ella podía evitarlo, lo haría.
–Me temo que eso no será posible –dijo Scorpius con seriedad y ambas detuvieron su improvisada fuga con desconcierto–. Al menos no sin un guía apropiado y, vale acotar, sería un placer –le extendió su brazo a Dominique, que lo tomó encantada luego de sacudirse a Rose con brusquedad porque ésta se negaba a dejarla ir. Cuando Malfoy procuró hacer lo mismo con ella, Rose miró su brazo extendido como si la hubiera ofendido a muerte y él sonrió con mofa antes de volverse a entablar una amena charla con Nique.
La pareja (puaj) no tardó demasiado en dejarla atrás y cuando lo hicieron, Nique la miró por sobre su hombro con un deje de éxtasis que la hizo desviar la mirada, sintiendo algo no identificado en su estómago.
Avanzaron a través de las secciones con una lentitud desesperante ya que, aparentemente, Malfoy conocía cada historia, relato, detalle y leyenda tras cada pieza mostrada en la exhibición. Dominique parecía estar en la séptima nube del placer y Rose se sintió un poco culpable por querer que Malfoy bajara al séptimo infierno sólo por ser tan condenadamente inteligente y alardear por ello.
Y es que no tenía porqué hacerlo. No era necesario, en realidad. Sólo estaba siendo insoportable, como de costumbre. Más aún porque parecía intuir que Rose no tenía ningún conocimiento acerca de esos temas y no se pudo resistir a la satisfacción que conlleva enseñarle a una sabelotodo algo que ésta no sepa.
Idiota.
Cuando llegaron a Uruguay, no pudo evitar soltar un pequeño suspiro de alivio. Sólo un país más y se libraría de ser la tercera en discordia para siempre.
–En un pequeño pueblo del Departamento la Colonia vive un mago que ha hecho avances extraordinarios en lo que a pociones mata-lobos se refiere –comenzó Scorpius con solemnidad–. Parece que hay un ingrediente que se encuentra sólo en las costas frías del río de la Plata… aunque perdona si no recuerdo exactamente de qué se trata. Sólo sé que el efecto es tan sorprendente, que el hombre lobo en cuestión entra en un estado profundo de sueño poco antes de la transformación y el dolor de la misma se reduce al mínimo... y a pesar de que aún está en estado experimental, ha habido hallazgos muy prometedores. Aquí pueden ver los borradores de la poción modificada que tan amablemente cedió para su muestra.
Se inclinó sobre la cápsula que contenía los pergaminos fingiendo interés, fallando en ignorar las risas coquetas que emitía su prima cada vez que el hombre articulaba cualquier sílaba.
–¿Hay alguna historia tras su descubrimiento? –preguntó Dominique con voz suave y Scorpius asintió muy satisfecho por la curiosidad que generaban sus palabras.
–Su esposa fue mordida en un viaje a Portugal hace unos veinte años. Desde entonces, no descansará hasta hallar la cura o, al menos, suavizar los síntomas –explicó y Dominique suspiró con tristeza.
–Eso sí que es amor –susurró y su tono le hizo tener ganas de echarse a correr. Si antes se sentía como una intrusa entre esos dos, ahora era como si fuera una especie de obstáculo para el progreso de su relación.
Sólo por eso se quedaría.
Pero su convicción decayó notablemente cuando Dominique bromeó acerca de algo y Scorpius soltó una ligera risa grave y varonil que le erizó los vellos de la nuca. Entonces, cogió a Dominique por la cintura, la acercó a él y le susurró algo que hizo que su prima se sonrojara.
No podía recordar la última vez que la había visto sonrojarse.
De hecho, Dominique no se sonrojaba y punto.
Tal vez era que Scorpius tenía ese talento o...
O...
Quizás no valía la pena intentar separarlos. Tal vez comenzarían una relación y Rose se vería obligada a abandonar a su prima para siempre porque odiaba a Scorpius. Ellos se casarían, vivirían juntos en una cabaña en alguna playa de Nueva Zelanda, tendrían cinco hijos y Rose viviría el resto de sus días lamentándose de ese momento en el que no pudo evitar tal unión. Pasarían los años y ella, como la solterona desconsolada que sería por no tener a Nique para desahogarse, se compraría cinco gatos que la traicionarían y la matarían a zarpazos para comérsela.
Y sería infeliz.
Con esos turbios pensamientos y haciendo caso a sus instintos, se alejó varias secciones hasta la mesa de bocadillos para intentar relajarse.
Como de costumbre, estaba exagerando.
Porque lo estaba, ¿Cierto?
¿Cierto?
Frustrada, tomó un dulce de papaya (al parecer, una fruta común en países caribeños) con tosquedad más para ocuparse en algo que por verdaderas ansias y se llevó una grata sorpresa al degustarlo. Resultaba refrescante ese sabor tan exótico.
–Rose, por Merlín… deberían prohibirte comer en público. Ese simple acto parece tan obsceno cuando lo haces… –abrió los ojos enseguida para ver a un sonriente Teddy Lupin frente a ella. Enrojeció y se apresuró a tragar el dulce para abalanzarse sobre él.
–¡Teddy! ¿Qué haces aquí? –preguntó algo abrumada por la impresión y Teddy la estrujó un poco antes de soltarla.
–Hola a ti también, Rosie –dijo con una sonrisa condescendiente que la hizo fruncir el ceño.
–No soy yo la que empieza conversaciones hablando de lo obsceno que resulta la forma de comer de alguien –alzó las cejas y Teddy se echó a reír.
–Touché –aceptó y Rose no pudo evitar emitir una risita triunfante–. Trabajo en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, ¿recuerdas? –aclaró y Rose asintió–. Muchas de estas cosas son algo así como préstamos y bueno… he trabajado lo suficiente con los duendes como para saber que aquí hay una cosa o dos que les gustaría quedarse. ¿Viste el escudo de la academia de Buenos Aires? Fue tallado por duendes y no soportan la idea de devolvérselo a la Federación Latinoamericana de Magia. Y eso es sólo por dar un ejemplo.
–Entonces el buen Teddy ha venido para salvar el día –empleó un tono sarcástico y que hizo que el hombre bufara divertido antes de responder.
–Teddy y un montón de compañeros de trabajo. Eso sin contar al par de aurores que vigilan cada vitrina. No necesitamos un conflicto internacional –hizo una especie de parodia de pose heroica que la hizo sonreír.
–En serio agradezco que estés aquí –le dijo en un arranque de sinceridad que lo desconcertó.
–Pues yo quisiera saber qué haces tú por acá. Ni siquiera yo pude conseguirte las entradas... ¿Cómo hiciste? Te escabulliste, ¿cierto? –picó con el dedo índice sus costillas, como cuando era niña y él la pillaba en medio de una travesura–. No es justo utilizar tus encantos con los pobres guardias de seguridad; deben estar tan acostumbrados a lidiar con gente problemática que dudo que soporten tanta ternura.
Volvió a ruborizarse y miró el suelo, que súbitamente parecía muy interesante. Como Marius, Teddy tenía la habilidad de hacerla sentir deseos de reír como idiota y batir las pestañas como quinceañera.
–Eres un tonto –susurró con una sonrisa boba que se apresuró a eliminar de su rostro cuando volvió a mirarlo–. No me escabullí. Un conocido que trabaja acá me regaló las entradas.
–Fue Bill, ¿cierto? Nunca se ha podido resistir a tus sonrisas. En realidad, no conozco a nadie que pueda hacerlo –le sonrió con todo el carisma que poseía y a Rose le entraron ganas de matar a Dominique. ¿Cómo era que a ninguna se le había ocurrido pedirle entradas a su tío Bill?
–No, pero ahora que lo dices… debimos haberlo hecho –masculló pensativa y Teddy puso los ojos en blanco.
–Merlín, Rose, puedes llegar a ser muy despistada –Rose lo golpeó ligeramente en el hombro y Teddy rió un poco antes de continuar–. Ya, en serio… ¿Quién fue?
–Ya te dije. Un conocido –Teddy la miró suplicante y Rose suspiró. Hacía mucho que había aprendido a no ceder siempre ante una cara derretida de ternura de Ted Lupin–. Y eso es todo lo que sabrás.
–Vale, entonces –asintió finalmente con gesto derrotado y le extendió el brazo. Rose lo tomó y se dejó guiar por él–. Ya has visto todas las secciones, supongo.
–De hecho, no. Pero estoy bien –se apresuró a aclarar antes de que él volviera a llevarla al infierno; es decir, a donde se encontraban Dominique y Malfoy–. ¿El tío Bill está por acá?
Teddy alzó las cejas ante el cambio de tema, pero se encogió de hombros y la condujo hacia un grupo numeroso de hombres cerca de una esquina del gran salón.
La siguiente media hora pudo respirar con la añorada normalidad que se esfumaba cada vez que Scorpius estaba cerca. Su tío la recibió con una sonrisa perpleja y estuvieron conversando por largo rato, siempre evitando tocar el tema de lo sucedido en la Madriguera una semana atrás. Bill era uno de los pocos Weasley existentes al que no le satisfacía meterse en la vida de los demás.
Por eso siempre le gustaba estar con él.
Y Teddy no hacía más que hacerla sentir como en casa, siempre haciéndola reír y sentirse querida. Esa clase de tratos era justo lo que necesitaba luego de las 2 horas infernales que pasó siendo absolutamente ignorada por Malfoy. Y, bueno, por Dominique.
De todas formas, era casi mejor que no la hubiera tomado en cuenta. Las cosas entre ellos la noche anterior habían estado muy raras y, para ser honesta consigo misma, no quería que la tensión aumentara entre ellos debido a eso.
–…entonces ha venido este señor salido de la nada y me ha dicho que prefiere que sus…
–¡Bill! Tenemos una situación en las Bahamas. Otro idiota fue seducido por la sirena en exhibición. Sabía que traernos a esa especie iba a resultar muy mal –interrumpió un hombre pequeño y rechoncho la amena historia que su tío relataba.
–Se advierte antes de entrar y hay señales de precaución alrededor de ella. ¿Por qué siguen mirándola a los ojos cuando comienza a cantar? –refunfuñó Bill antes de alejarse con la varita en alto.
Teddy y Rose rieron cuando lo vieron arrojarle agua con su varita al pobre hombre hechizado que se daba golpes contra el cristal que protegía a la sirena para unirse a ella en el estanque artificial.
–Nunca aprenden –Teddy negó con la cabeza y bufó–. Cuando pasé por allí, deliberadamente evité mirarla.
–Pero eso es un poco injusto, ¿no crees? –Teddy la miró sin entender y ella se apresuró a aclarar–. Ustedes son algo inmunes a sus encantos. Ambos están casados con mujeres que tienen una fracción de veela en su sangre y si mal no recuerdo, ellas también hechizan a los hombres con su belleza –explicó y Teddy la miró con las cejas alzadas por la sorpresa antes de echarse a reír.
–Rose, la misma feminista e inflexible Rose, está defendiendo a un hombre débil que cayó en un cliché patético y repetitivo. Si no lo veo, no lo creo –lo fulminó con la mirada y él resopló divertido antes de seguir–. Vamos, eso no es justo. Además, tengo la perfecta defensa para mí y para Bill –Rose arqueó las cejas, instándolo a continuar–. Nosotros estamos perdidamente enamorados sin importar cuanto de veela tienen nuestras esposas.
–¿Y eso qué quiere decir? –preguntó sinceramente confundida y Teddy sonrió complacido por su curiosidad.
–Que no importa cuantas sirenas seductoras traten de engatusarnos, no caeremos en sus redes –volvió a mirarlo con el más puro de los desconciertos en su rostro como una pregunta silenciosa y él suspiró–. Lo único que te hace técnicamente inmune al canto de esa especie de sirena en particular, es el amor. Si amas a alguien o tan siquiera piensas en ella con excesiva frecuencia, no importa cuanto lo intente, no caerás rendido a sus… er, a su aleta. Cualquier tipo de atracción romántica hacia alguien del sexo opuesto no hace que sea "imposible" que te hechicen, pero al hombre en cuestión se le hace muchísimo más fácil resistir la tentación de mirarla... o al menos eso fue lo que leí. Su hechizo no puede vencer el sentimiento tan real e innegable que te proporciona el querer a una mujer para ti.
Cuando acabó, Rose tuvo implacables deseos de abrazarlo por ser tan condenadamente dulce, pero se contuvo.
–Eso es muy… lindo.
–Estás hecha toda una romántica, Rosie –su sarcasmo le ganó un empujón de Rose mientras reía de su propio chiste–. Entonces… –volvió a tomarla del brazo y comenzaron a caminar sin dirección alguna. Sin embargo, Rose se aseguró de que Malfoy no estuviera a la vista mientras avanzaban–. ¿Quién es ese "conocido"? No me digas que fue tu novio. Uno que, por cierto, no he conocido aún.
–Y no lo harás mientras sigas creyendo que tienes el derecho de estar amenazando a todo hombre que se me acerca a mí o a cualquier chica Weasley –replicó aprovechando la oportunidad de cambio de tema. Se estaba volviendo toda una experta en el asunto.
–No podrás evitarlo. Mientras viva, nadie podrá volver a hacerte daño –su caminar vaciló un poco ante lo que había dicho y evitó mirarlo. Teddy, percibiendo su incomodidad, se apresuró a añadir–. Y tienes que decirme ya qué hombre desafortunado te consiguió los boletos... hasta tengo preparado lo que le diré; "no te acerques a ella, desconocido. Ya tengo suficiente con que se consiguiera un novio sin siquiera avisarme como para que vengas tú y…"
–Teddy, no seas tonto –sonrió muy a su pesar cuando su caminar sin rumbo los llevó nuevamente a la mesa de bocadillos. Cogió una fresa bañada en chocolate y se la tendió–. Toma; prefiero que tengas la boca llena –él miró la fresa con recelo cuando Rose sonrió maliciosamente–. Cómela bajo tu propio riesgo.
Él dirigió la fresa a la altura de sus ojos y la analizó con ojo crítico. Rose sólo puso los ojos en blanco.
–El que estés aquí no tiene nada que ver con el anuncio que se daría hoy en la Madriguera, ¿cierto? –mientras lo decía, no dejaba de mirar la fresa con aparente interés. Rose se soltó de su agarré y se alejó un poco de él, inmediatamente a la defensiva.
–¿Cómo sabes que…
–Soy prácticamente un Potter. Victoire y yo estuvimos en la cena de ayer cuando Lily y Lysander anunciaron que estaban comprometidos.
¿Conoce alguien la sensación de que te acaban de lazar una luna de Júpiter justo en la cabeza? Sí, esa en la que se te doblan un poco las rodillas por el peso y te obligas a cerrar los ojos para intentar resistir el golpe.
Algo así era lo que estaba sintiendo en ese momento. La única diferencia era que creía que no fue una luna, sino Júpiter en sí.
–Se… se van a casar –susurró sólo porque tenía miedo de que la voz se le quebrara si hablaba demasiado alto. Teddy, viendo que había trastabillado por la noticia, se apresuró a cogerla por la cintura con la mano libre y la miró con preocupación.
–Pensé que Albus te lo había dicho. Ayer me comentó que se retrasó porque le estabas ayudando con un trabajo en tu piso y que se había quedado muy preocupado –Rose tragó saliva en un intento por deshacer el nudo en la garganta antes de hablar.
–No tiene por qué –dijo esquiva y Teddy frunció el ceño–. Lo de Lysander sucedió hace mucho, Teddy. No tienes que preocuparte, en serio –intentó soltarse de su agarre, pero fue imposible. Él seguía mirándola como si esperara que de un momento a otro se fuera a desmayar.
–Aún no me dirás qué ocurrió exactamente, ¿verdad? –Rose bajó la mirada y Teddy suspiró resignado–. Te diré algo que aprendí con el tiempo... mientras más te esfuerces por ocultar las cosas, peor resultará porque a la única a la que haces daño es a ti misma y de eso sí no puedo protegerte –le alzó el mentón con la muñeca de la mano que aún sostenía la fresa y la miró con seriedad–. Los sentimientos son como bolas de nieve; mientras va descendiendo la colina, se hace más y más grande hasta el punto en que, finalmente, te aplasta.
Le besó la frente con cariño mientras Rose asimilaba sus palabras. Tenía tanta razón… cuando se lo había contado a Hugo, sintió que se había desprendido de unas pesadas cadenas que no sabía que llevaba encima y de verdad debería hacer el esfuerzo de abrirse con los demás ya que el sólo hecho de no saber en qué punto de su relación con Lysander las cosas habían comenzado a decaer la mataba. Necesitaba que él se lo explicara; quería saber por qué decidió engañarla sin ningún tipo de contemplación y, quizás, el primer paso para coger el valor suficiente como para preguntárselo directamente era explicando lo que pasó a su familia.
Tal vez, ellos podrían ayudarla.
Miró alrededor con cautela y se preguntó qué tantas posibilidades había de echarse a llorar si hablaba con Teddy en ese mismo instante. Al final, decidió que no importaba.
Ya nada lo hacía.
–Teddy, lo que pasó fue que…
–No creo que sea el lugar, Rosie. Pero si quieres, podemos ir a tu piso a penas termine esto –dijo con entusiasmo mal disimulado. No sabía por qué, pero presentía que él y sus primos tenían mucho tiempo esperando esa confesión–. Toma, come esta fresa para pasar el mal trago hasta que nos vayamos.
Le puso la punta de la fruta sobre sus labios y Rose sonrió mientras la masticaba a consciencia. Teddy parecía saber qué era exactamente lo que necesitaba incluso antes que ella misma.
–Está divina –se pasó la lengua por los labios para retirar los restos de chocolate y Teddy le sonrió.
–Entonces… ¿por qué no vamos a ver lo que te faltó de la exhibición? –le dijo sin soltar el agarre en su cintura y Rose asintió, agradeciendo que Teddy estuviera esforzándose por distraerla de su tristeza.
Caminaron hasta la sección de "Venezuela" y Rose se permitió disfrutar un poco antes de marcharse. Leyó cuidadosamente cada inscripción y letrero de cada cápsula y vitrina al tiempo que comentaba con Teddy las cosas que le parecían interesantes mientras él asentía con una sonrisa condescendiente.
Casi al final de su exploración por la sección, se encontró con una imagen pequeña que casi pasaba desapercibida de una mujer de piel morena junto a una gran ave de plumaje negro y porte magnífico e imponente. Bajo la foto, había una serie de pergaminos, calderos y frasquitos con un contenido rosa brillante y atrayente.
–¿Qué es eso? –preguntó al aire a sabiendas de que Teddy no disfrutaba tanto de la historia como ella. Se inclinó un poco más y detalló la poción con curiosidad.
–"Eso" es un Cóndor de los Andes – se sobresaltó al escuchar la voz familiar detrás de ella. Se volvió con rapidez y, sin saber muy bien por qué, se deshizo del agarre de Teddy con una habilidad impropia. Teddy se limitó a mirarla con la confusión bailando en sus pupilas, sin entender a cuenta de qué venía esa alarma en sus ojos azules–. Probablemente el ave mágica más importante de Suramérica y no sólo entre los magos. Los muggles también le guardan un respeto impresionante.
–Nunca había escuchado hablar de ella –murmuró un poco fastidiada por no saber nada acerca de un tema que Malfoy parecía dominar. Él le sonrió con suficiencia y se apresuró a explicar, muy consciente de la aparente molestia de Rose al tener que oír la explicación precisamente de él.
–Sería muy extraño si lo hubieras hecho, ya que sólo habitan en las cordilleras andinas y en algunas costas adyacentes al océano pacífico –se situó junto a ella y Rose, algo reticente, se volvió a mirar la imagen del ave–. Es el ave voladora más grande del mundo… al menos para los muggles. Pero sus plumas, garras y lágrimas son increíblemente difíciles de conseguir y excesivamente costosas, ya que es una de las pocas criaturas mágicas que se consideran en peligro de extinción. Además, si el ave no te cree una persona digna de sus dones, no te dejará ni siquiera verla a la distancia.
–Y… ¿y qué es lo que hace? –preguntó un poco sobrecogida por la noticia. Una de las pocas cosas que detestaba de los muggles era su desconsideración hacia la fauna que compartía su ecosistema.
–Tiene muchísimas propiedades mágicas. Sus garras son uno de los ingredientes principales en pociones sudamericanas para infundir valor y fuerza antes de cualquier reto, pero no hay que confundir con la poción de la euforia –añadió cuando vio que Rose abría la boca para interrumpir–. Sus plumas son el elemento más valioso allá para el núcleo de las varitas y los magos que tienen el honor de poseer una con ese centro, son respetados porque traen la promesa de ser grandes. Y sus lágrimas… tienen muchísimos usos. Uno de ellos es la sanación, pero no a un nivel tan elevado como las del fénix, ya que éstas se deben combinar con los ingredientes adecuados. Otro de ellos es, bueno… esa poción de allí es el equivalente a nuestra Amortentia y las lágrimas suprimen el efecto exagerado y enfermizo que tienen las pociones de amor europeas. Lo malo es que si se usan a largo plazo, puede crear una obsesión permanente, por lo cual están prohibidas en todo el continente y se está trabajando para que se veden en el resto del mundo.
–¿Y entonces cómo se las ingeniaron para traerse ese frasquito? –preguntó con curiosidad y Scorpius sonrió al percatarse de que Rose parecía más interesada que ofendida por lo que él tenía que decir.
–Esa mujer de allí se llama Eva y fue ella quien descubrió la poción. Esa es la última botella existente si restas las que seguro se preparan ilegalmente y allí está el resultado de su experimento, por lo cual se podría decir que fue la primera poción preparada. Por cierto, el brebaje se llama Evamor, como la bruja que lo descubrió y, bueno... la palabra en español de amor –Rose asintió fascinada y se volvió a mirarlo. Cuando lo hizo, se dio cuenta de que probablemente Malfoy no le había quitado los ojos de encima desde que comenzó la explicación, razón por la cual se aclaró la garganta y se enderezó, alejándose un poco de él en el proceso.
–¿Cómo sabes tantas cosas sobre América? –inquirió sinceramente intrigada por la respuesta. Scorpius también se alejó de la cápsula que guardaba la poción y le sonrió con suficiencia.
–Para entrar a trabajar aquí, nos exigen conocimientos básicos sobre la cultura mágica de cualquier continente y nos obligan a tomar un curso intensivo de Historia Mágica Universal. Puedes preguntarle a Dylan o a mi mentor si lo deseas. Ambos me dieron clases –la forma en que lo dijo sonó extraña, como si estuviera conteniendo las ganas de echarse a reír en su cara. Casi tuvo miedo a preguntar, pero el impulso fue más fuerte.
–¿Quién es tu mentor?
Él amplió su sonrisa y alzó la ceja del mal. Miró a sus espaldas y Rose siguió la dirección de sus ojos, pero el único que estaba allí era...
Previendo su confusión, Malfoy se inclinó hacia ella y le susurró al oído.
–Bill Weasley.
Ah, claro. Debió haberlo imaginado.
Sin embargo, nada evitó que su mandíbula cayera unos centímetros por la estupefacción.
Si tío Bill conocía a Malfoy, ¿Por qué no había dicho nada el día que su padre la acusaba de mentirosa y zorra?
Paras ser sincera consigo misma, no estaba segura de querer saberlo.
–¡Oh! –exclamó sobresaltada cuando volvió a la realidad y fue consciente de la incómoda cercanía de Scorpius a sus espaldas. Frunció el ceño y, sin volverse, siseó–. Espacio personal, Malfoy.
Él rió entre dientes y su aliento le hizo cosquillas en el cuello justo antes de que se alejara definitivamente. Indignada por la rebeldía de su cuerpo al estremecerse, se giró sobre sus talones y lo fulminó con la mirada. Se quedaron luchando visualmente durante segundos infinitos hasta que un carraspeo a sus espaldas la sobresaltó.
–¿Y tú quien eres? –preguntó Teddy con voz áspera e intimidante. Scorpius se adelantó y le extendió la mano sonriendo con cortesía, pero él no la estrechó.
–Scorpius Malfoy, Señor…
–Lupin. Soy Teddy Lupin –dijo situándose junto a Rose y pasándole un protector brazo sobre los hombros. Si Scorpius se sorprendió, Rose no fue capaz de decirlo; sin embargo, sí hubo una chispa de reconocimiento en sus ojos. Aunque estaba segura que la mirada de fugaz burla que le dirigió no se la había imaginado.
Dios mío, Malfoy sabía que Teddy era su amor platónico casi desde que había nacido.
Já, justo cuando pensaba que las cosas no podían ser más incómodas.
Pero no, oh, no... no lo dejaría burlarse sin piedad. Si se atrevía a siquiera insinuar algo frente a Teddy, ella misma lo mataría.
Aunque no, eso sería muy sencillo. Lo torturaría hasta la demencia y se aseguraría de que quedara recluido en la misma habitación que el legendario Gilderoy Lockhart. De esa forma, sufriría el peor castigo de los infiernos y ella sería malvada y retorcidamente feliz hasta que...
–¡Scorpius! Encontraste a Rose, gracias a Merlín –interrumpió Dominique con su llegada la extraña tensión que se había instalado en el ambiente.
Nunca, jamás, había estado tan agradecida de que Dominique interfiriera en algo como ahora y probablemente no volvería a sentirse así. Aprovechó la distracción para deshacerse del abrazo de Teddy y se alejó de los dos hombres, situándose en el lugar más seguro en esos momentos; junto a su prima.
–¿Teddy? ¡Teddy! –exclamó Nique arrojándose a los brazos de su cuñado con una sonrisa alegre–. No recordaba que estarías aquí.
–Entonces tú viniste con Rose –Teddy pareció soltar todo el aire que retenía en su pecho y Rose volvió a fruncir el ceño con desconcierto. Le daba la impresión de que Teddy creía que ella había ido a la exhibición con Malfoy y aunque él se les había unido poco después, no era para tanto.
Tuvo que morderse el labio inferior para no reír por la absurda idea. Ella y Malfoy juntos y compartiendo tiempo voluntariamente...
Já, era de locos.
–Claro, ¿quién más? –preguntó su prima confusa cuando soltó a Teddy y Rose agradeció que su habitual agudeza mental fuera incapaz de conectar las evidencias–. Mira, Rose, jamás vuelvas a perderte así. ¡Incluso fui a buscarte al baño y no estabas ni en la mesa de bocadillos!
–Iba al baño –mintió descaradamente. No podía decirle que había estado tratando de huir de Scorpius y de ella porque no quería acabar asesinada por zarpazos de sus cinco futuros gatos de solterona–. Es que me encontré con… –miró fugazmente a Malfoy y regresó sus ojos a una Dominique expectante–. Teddy y luego con tío Bill. Estuvimos hablando un rato y olvidé que…
–Despistada –Nique negó con la cabeza y Rose sonrió con disculpa, ya sin fuerzas para negarlo. Todos estaban tan convencidos de su aparente facilidad de distracción que comenzaba a creérselo–. En fin, ¿nos vamos? Ya Scorpius me ha enseñado todo lo que había que ver y prometió enviarme las fotos que sacaran los profesionales de Gringotts. ¿A que es genial?
–Si, es fantástico –le dedicó una rápida mirada de incredulidad que Malfoy correspondió con una odiosa sonrisa de suficiencia.
–Además, muero de hambre, ¿tú no? Podríamos ir a comer a tu casa, pero yo cocino –añadió seriamente y Rose la fulminó con la mirada. Vamos, no cocinaba tan horrible… preparar tostadas se le daba bastante bien si a uno le gustaban, bueno... muy tostadas.
Y sí, había arruinado una que otra cena en su casa al no tener nada más que ofrecer que macarrones pastosos o bistecs quemados, pero no era para exagerar.
–Antes de irte, Dominique, podrías probar las deliciosas fresas con chocolate que sirven en el banquete. Estoy seguro de que Rose puede dar fe de su sabor –dijo Scorpius con un tinte de sarcasmo que la desconcertó. Cuando se volvió a verlo, él parecía retarla con la mirada y entonces recordó: Teddy le había dado a comer una fresa con sus propias manos.
Maldito Malfoy acosador que no tenía nada mejor que hacer que mirarla todo el tiempo en busca de material para infernales chistes en su contra.
Sin embargo y a pesar de no poder evitar sonrojarse un poco, respondió al desafío como siempre que tenía una respuesta inteligente y para nada estúpida.
–Si, están casi celestiales, Nique. Deberías probarlas –siseó sin despegar la mirada de Malfoy, que le sonrió con sorna y asintió con la cabeza, como aceptando que, por primera vez, Rose le había dejado sin palabras.
Seguro esperaba a que ella balbuceara incoherencias producto de la vergüenza, pero no. Ella era muchísimo más fuerte que eso.
Ante ésta realización, tuvo que contener el saltito de triunfo, pero no reprimió la sonrisa vencedora.
–Eh, vale –Dominique les echó una mirada que indicaba que estaba a punto de internarlos a ambos en una institución mental, pero se encogió de hombros y le extendió el brazo a Teddy–. ¿Vamos? Me parece que Scor aún debe explicarle unas cuantas leyendas Venezolanas a Rose–. ésta vez, los ojos de Dominique le gritaron que le debía unas cuantas explicaciones sobre algo que ella aún no alcanzaba a entender, así que se limitó a desviar la mirada y darse la vuelta, fingiendo interés en la fotografía del Cóndor de los Andes. De refilón pudo ver cómo Teddy le lanzaba una última mirada recelosa y se alejaba con Nique hasta la mesa de banquete.
–Dominique es una persona bastante simpática –musitó Malfoy en cuanto estuvieron a solas y Rose alzó las cejas con mofa.
–¿Scor? –se burló ella del diminutivo que Nique le había puesto a su némesis, para variar. Scorpius sólo se encogió de hombros antes de responder.
–¿Qué te puedo decir? El sobrenombre es incluso ingenioso –dijo y Rose, sin embargo, se permitió una risa leve que hizo a Malfoy fruncir el ceño–. Ríe lo que quieras, no importa. Si Teddy te ve reír, no vendrá a asesinarme porque en serio estaba seguro de que en cualquier momento se me echaría al cuello.
Hubo algo en la forma en que dijo el nombre de Teddy que la confundió. Parecía como enojado por algo y eso definitivamente no era normal.
Bueno, ¿Y qué era tan sorprendente en eso? Malfoy hasta ahora había demostrado ser de todo menos normal.
–¿Qué te puedo decir? –repitió a su vez las palabras despreocupadas del hombre–. Ser una Weasley implica que tienes aproximadamente doscientos hermanos mayores celosos que detestan cuando un hombre se acerca demasiado a ti.
–Debe ser desagradable –dijo comenzando a caminar sin rumbo fijo. Rose, más por costumbre que por otra cosa, se apresuró a igualar su ritmo tranquilo sin siquiera percatarse de que, bueno, lo estaba siguiendo para acompañarlo voluntariamente cuando minutos antes aseguraba mentalmente que compartir tiempo con Malfoy de otra forma que no fuera forzada era de locos.
Lo cual fácilmente podría traducirse en que estaba loca.
Quizás no al grado de la señora Murray, pero casi.
–Lo es, pero ya es algo rutinario e irrelevante –Malfoy simplemente asintió y continuaron avanzando en silencio.
Era extraño estar así con él en un silencio que no resultaba incómodo. Generalmente, comenzaba a soltar estupideces con la única intención de disipar la tensión, pero esta vez era diferente.
Era como si, simplemente, ya su presencia se hubiera vuelto cotidiana y sus deseos continuos de ahorcarlos hubieran disminuido una pequeña fracción desde el día anterior, cuando hablaron un poco más que para insultarse o burlarse del otro.
–¿Cumplimos nuestro objetivo? –dijo Malfoy repentinamente cuando pasaban frente a la sección de Colombia. Rose ni siquiera fue consciente del momento en que habían avanzado tanto, así que por eso y por la pregunta, soltó un "¿eh?" aturdido. Scorpius resopló–. Me dijiste que no querías pasar un mal rato en el almuerzo con tu familia y aquí estás, ¿cierto?
–A cambio, estoy pasando un mal rato contigo, pero qué se hace –replicó sin malicia o intención de incordiarle y Malfoy rió entre dientes y asintió, demostrando que tenía toda su atención–. Aunque, bueno… –se mordió la lengua ante lo que iba a decir, pero finalmente se rindió ante la necesidad de comentarlo con alguien ajeno a su entorno familiar–. Anunciaron su compromiso.
Tal vez él no fuera la persona más apropiada para escuchar eso y, por un momento, temió que se burlara por su evidente inquietud ante la noticia. Sin embargo, Malfoy volvió a asentir con pasividad y Rose suspiró aliviada.
–Quizás sea mejor así –le dijo en voz baja, como si temiera que Rose reaccionara de la forma equivocada. Sin embargo, la mirada interrogante que recibió lo instó a continuar–. El matrimonio es algo definitivo. Tal vez te ayude a entender... a lidiar mejor con la idea de ellos dos juntos y superarla, ya que esa clase de unión no tiene vuelta atrás.
No se le escapó el detalle del como él se cortó a mitad de la frase para corregir sus palabras, como si supiera que Rose estaba tan cerca de entender a Lily, a Lysander y a ella misma como lo estaba Scorpius de agradarle a Teddy Lupin.
Por otra parte, sus palabras removieron algo doloroso y punzante en su interior. Sin embargo, también sabía que, en cierta forma, él tenía razón.
–No sé… no creo que me moleste la idea de ellos dos juntos –dijo de forma ausente, como pensando en voz alta–. Creo que, en realidad, me enoja no saber qué fue exactamente lo que pasó.
Se maldijo a sí misma por lo que le había dicho y se calló definitivamente ante el peso de su propia frase. Y es que una cosa era hablar con Scorpius acerca de lo que había pasado y la otra muy diferente era contarle cómo se sentía. Eso haría todo muy íntimo y demasiado personal y por Merlín que Rose no quería que fuera así.
Ya la cosa entre ellos estaba lo suficientemente rara como para comenzar a confesarse cosas mutuamente.
Er, de nuevo.
Así que se limitó a suspirar largamente y a cruzarse de brazos más por hacer algo y evitar mirarlo que por otra cosa.
–Pues cuando no sabes algo, preguntas sobre ello, ¿no? –dijo finalmente y luego de lo que parecieron años de mutismo con un tono tranquilo y desenfadado, como si estuvieran hablando del clima y no de algo tan personal.
Estaba a punto de responder con alguna evasiva que la ayudara a volver a un terreno conocido como las burlas o los insultos, cuando un cántico en un dialecto extraño la distrajo y el pronunciado respingo de Scorpius la sobresaltó. Miró el nombre de la sección por la que transitaban en ese momento y casi se echa a reír.
Estaban en las Bahamas y quién cantaba no era otra que la flamante sirena de pechos descubiertos que cautivaba a los hombres para atraerlos hacia ella y ahogarlos. No importaba que la piel de la sirena fuera de un tono azulado o que su larga aleta fuera evidencia de que no era humana, seguía siendo una hermosa criatura que hacía resonar su voz celestial mientras observaba fijamente a Scorpius con una sonrisa calculadora en sus carnosos y perfectos labios. Malfoy desvió la vista de Rose a penas un segundo para mirar a la criatura y cuando Rose preparó su varita para echarle agua fría con una inmensa satisfacción y agradeciendo su buena suerte, él se apresuró a clavar sus ojos en el suelo y carraspear ligeramente.
–No mires ahora, pero creo que una sirena está tratando de seducirte –se mofó mientras Scorpius aceleraba el paso y se cubría los oídos. Rose, ahora sí riendo, fue tras él y lo alcanzó cuando ambos llegaron a Argentina, el inicio del recorrido–. Y yo que pensaba que tenías más fuerza de voluntad.
El hombre subió la manga izquierda de su túnica y comenzó a frotarse la muñeca, que estaba enrojecida bajo el brazalete que siempre llevaba. Ella, aún con la risa floja en sus labios, recordó que ese amuleto le avisaba a Scorpius de peligros inminentes mediante el calor y, ciertamente, la intención de esa especie de sirena era atraer hombres para ahogarlos en el fondo del mar. No le extrañaría que le estuviera quemando, a decir verdad.
–Esa sirena ha tratado de hechizarme al menos unas quinientas veces el día de hoy –masculló sonando fastidiado mientras analizaba el estado de la piel de su brazo. Rose alzó las cejas e imitó la clásica sonrisa ladina de Malfoy, por primera vez percibiendo el cómo se intercambiaban los papeles y sintiéndose gratamente complacida por ello.
–Debes sentirte muy especial, entonces –siseó con todo el poder sarcástico que poseía y Malfoy se volvió a mirarla con la ceja arqueada, regresando la manga de su túnica a la posición correcta, cubriendo todo su brazo.
–No necesito que una sirena me cante para saber que soy especial, Weasley. Es algo que todo el mundo da por hecho en cuanto me ve. Ya sabes, no es muy fácil pasar desapercibido cuando se es tan increíblemente atractivo e interesante –honestamente… no se podía ser tan odioso y jactancioso en una sola oración, en serio.
–Sí que no te falta autoestima, ¿eh? –inquirió reprimiendo el deseo de rodar los ojos y mirarlo reprobatoriamente. Con el tiempo había aprendido que enfurruñarse frente a Malfoy era como colgarse un letrero que dijera "búrlese aquí".
Y ella era mucho más inteligente que eso.
–Pues no todos los días te encuentras con alguien como yo –se encogió de hombros con modestia fingida y ahora sí puso los ojos en blanco y soltó una pequeña risa incrédula. ¿Acaso se podía ser más presumido que eso?–. Además, dime una cosa... ¿Qué puedo hacer con una personalidad tan interesante como la mía?
Al parecer, si se podía.
–No podrías ser más idiota ni aunque lo intentaras –replicó francamente impresionada por la nueva conquista de Scorpius al darle un nuevo significado a la palabra detestable–. Y la palabra es "desagradable," no "interesante" –continuó con un rictus de desaprobación frunciendo sus labios y Malfoy sonrió con su cinismo característico. Cuando se disponía a seguir atacándolo con otro ingenioso comentario, un alboroto a sus espaldas los sobresaltó a ambos.
Era otro hombre atrapado por la criatura.
Bufó sin poder reprimirse. Los hombres podían llegar a ser tan básicos…
–Es como el doceavo tonto que se deja engatusar –comentó Scorpius sacudiendo la cabeza y Rose asintió en acuerdo. Y estaba a punto de expresar su opinión cuando se percató de algo inusual mientras veía al pobre hombre en la distancia ser espabilado por los aurores cercanos con un chorro de agua fría–. Muchos acá intentamos que no la trajeran porque, ya sabes… traen muchos problemas innecesarios y son muy difíciles de controlar. Pero los duendes saben que ningún hechizo insonorizador funciona en su contra y no pudieron suprimir la tentación de echarse unas risas a costa de los débiles humanos aunque fuera por un par de horas. Por si te interesa, fue traída de las costas frías del océano Atlántico, pero también pueden encontrarse en el mar Caribe y son de agua salada...
Sin embargo, Rose no lo escuchaba. Estaba demasiado ocupada preguntándose algo muy inquietante y potencialmente perturbador.
–Malfoy… –masculló intentando organizar sus ideas. Él se giró a mirarla con interés; llevaban rato parados frente a la sección que iniciaba el recorrido y Rose, queriendo despejarse un poco y ganar algo de tiempo antes de preguntar, rodeó el lugar para ir de regreso a la mesa de banquetes, ambos asegurándose de caminar lo más alejados posible de las "Bahamas"–. ¿Exactamente por qué la sirena no pudo atraerte?
Malfoy se detuvo súbitamente y la observó con toda la sorpresa que su inexpresivo rostro podría mostrar, como si recién se estuviera dando cuenta de ello. Inclinó la cabeza hacia un lado y frunció el ceño con aire meditabundo antes de sonreír ladinamente.
–Ya te lo dije, Weasley. Soy especial –volvió a adoptar su habitual mueca indescifrable y retomó el paso. Rose, sin embargo, no se quedó contenta con la evasiva respuesta y más aún luego de esa fugaz impresión de que él tampoco comprendía porqué había sido inmune al poderoso cántico.
–Ah, claro. La sirena simplemente no pudo penetrar tu gran cabezota, ¿eh? –él no hizo ningún gesto que indicara que la había escuchado, pero su mirada pareció oscurecerse como si a él tampoco le estuviera gustado el rumbo que había tomando la conversación–. Teddy me dijo que la única forma de evitar caer en el hechizo es…
Ahora fue ella quién se detuvo en seco. No podía ser, ¿cierto? Era imposible que Malfoy tuviera sentimientos tan humanos y primitivos como...
Vale, quizás estaba siendo un poco extremista, pero en serio… simplemente no era posible. Al menos, no parecía que Malfoy estuviera enamorado de alguien y la idea era tan extraña como inquietante.
–¿Cuál es la única forma, Weasley? –preguntó clavando sus ojos grises sobre ella, que cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro con incomodidad y no sintiéndose capaz de pronunciar ninguna palabra coherente. No sabía qué pretendía preguntándole algo así si era obvio que debía saberlo. Y es que, Merlín, ¡Incluso sabía sobre la existencia del Cóndor de los Andes!
¿Quién sabía eso? ¡Nadie!
Nadie lo sabía; sólo él.
–No… no sé. No prestaba mucha atención –musitó y su esquiva respuesta le sonó patética incluso a ella. Pero es que la verdad no deseaba tocar precisamente ese tema con Scorpius.
–Entonces puedes quedarte con la sencilla idea de que soy especial –dijo con una firmeza nada apropiada para la frase justo antes de retomar el paso y mirar hacia el frente con determinación.
¿Por qué, dioses del cielo, Malfoy tenía que ser tan anormal? Esos bruscos cambios de humor siempre terminaban por desconcertarla.
Además, ahora tenía que lidiar con la perturbadora posibilidad de que Scorpius fuera capaz de sentir algo por alguien que no fuera él mismo y eso ya era lo suficientemente bizarro como para siquiera pensarlo sin ningún tipo de burla incluida.
Pero mientras prácticamente corría para alcanzarlo, se reveló ante ella una horrorosa posibilidad.
Scorpius tenía gran parte de la tarde compartiendo con Dominique, ¿cierto? Si seguía por esa línea del pensamiento, no era difícil imaginarse que, tal vez… después de todo, Teddy dijo que bastaba con que sintieras una "irremediable atracción" hacia una mujer para no ser hechizado por la sirena.
Oh, Dios mío. ¿Y si Scorpius se había sentido "irremediablemente atraído" hacia Dominique?
Claro, porque cuando pensaba que ya nada podía ser más raro, incómodo y raro otra vez, ahora cabía la posibilidad de que Scorpius fuera algo así como su cuñado.
El sólo pensamiento provocó que un irritante escalofrío se paseara por su espina dorsal con libertad, ignorante de la amargura infinita de Rose en esos momentos. Sabía que Dominique era una mujer deslumbrante, pero vamos… ¿Tan fácil había sido para ella atraer a Scorpius así, de la nada? ¡Sí sólo habían pasado dos míseras horas juntos!
Aunque ahora que lo pensaba, gran parte de ese tiempo ambos estuvieron haciéndose ojitos y coqueteando descaradamente en su cara y, bueno, ella misma se los había imaginado viviendo juntos en Nueva Zelanda...
–La miraste a los ojos y aun así no pasó nada –susurró cuando lo alcanzó, pero él no dio señas de haberla escuchado a pesar de que sí parecía algo tenso y volvía a acariciar su muñeca izquierda como si el brazalete estuviera ardiendo–. No puede ser. ¡Te gusta Dominique! –exclamó sin poder reprimirse por mucho tiempo. Él la miró con la ceja arqueada y esa sonrisa de superioridad que tanto la molestaba antes de echarse a reír.
Ahora sí no entendía nada. ¿Por qué se reía? ¿Se estaba burlando de ella? Pues no debería, porque ese era un asunto muy serio y no tenía ningún chiste.
La posibilidad de que a él le gustara Dominique era bastante desagradable y muy, muy desalentadora, así que no le veía lo gracioso.
Además, no era una idea tan absurda. Si ella fuera hombre y Dominique no fuera su prima…
–¿Dominique? Weasley, vuelves a sorprenderme. Teniendo todas las pistas y sacando a conclusión equivocada –rió un poco más mientras se relajaba visiblemente y Rose frunció el ceño. ¿Qué era lo que se le estaba escapando?–. Tu prima es una mujer muy agradable, sí... pero creo que jamás saldría con ella –finalizó con sinceridad y el ceño de Rose ya prácticamente perforaba el puente de su nariz.
–Entonces… –se sintió incapaz de preguntar quién era la persona que evitaba que Malfoy cayera en el hechizo de la hermosa sirena y es que si quería dejar de hablar cosas tan íntimas y personales con Malfoy para mantener a su precaria cordura intacta, no iba por buen camino.
–¿Entonces? –la imitó con una mueca burlona cuando llegaron a la mesa de banquete y la observó con las cejas alzadas, como esperando el posible enfrentamiento verbal. Rose desvió la mirada y se cruzó de brazos con evidente incomodidad.
–Nada, olvídalo –farfulló cuando vio de refilón cómo Dominique y Teddy caminaban hacia ellos. Scorpius siguió la dirección de sus ojos y soltó un pequeño bufido de risa que la exasperó justo antes de coger una fresa bañada en chocolate y ponerla a la altura de su sonrojado rostro.
–Vamos, Weasley. Haz la pregunta –volvió a invadir su espacio personal y se situó a escasos centímetros de su cuerpo. Rose ni siquiera lo miró; no quería tener que enfrentarlo tan de cerca nuevamente. Sin embargo, él puso la fruta muy cerca de su boca y Rose se relamió los labios sintiéndose algo obnubilada por la cercanía y el olor del chocolate–. Sé que te mueres de curiosidad –sintió su aliento cálido sobre su rostro y fue más de lo que pudo soportar. Bajo la mirada atenta de Malfoy, mordió la punta de la fresa más como una excusa para no responderle que por otra cosa.
Y él sólo la miró. Sin ninguna sonrisa de suficiencia o ceja sarcásticamente alzada.
Sólo eso. La miró.
Y allí fue cuando se dio cuenta de que ese gesto, es decir, el tomar un bocado de una fresa directamente de la mano de un hombre con tan poca distancia de por medio era algo que no podía verse muy bien no importaba la perspectiva en la que lo pusieras.
Dios mío, ¿por qué se hacía estas cosas? ¿En qué estaba pensando cuando la mordió?
¿Estaba pensando, siquiera?
Cuando creía que ya nada podía ser más extraño, venía ella y, voluntariamente, empeoraba la situación.
¿Cuál era su problema?
Estúpida, estúpida Rose.
A penas tenía idea de porqué lo había hecho, y, honestamente, no tenía ningún deseo de descubrir cómo funcionaba su aparente deseo de humillarse a sí misma de todas las maneras posibles.
Aturdida, avergonzada y muy perturbada, colocó ambas manos sobre su pecho para alejarlo de ella justo cuando Teddy y Dominique estaban a unos tres metros de distancia. Él sonrió ante el gesto, giró la fresa restante entre sus dedos y se comió el resto frente a ella, quizás para justificar el pequeño espectáculo que seguro habían dado.
Ambos los miraron con suspicacia y desconcierto, pero Rose se apresuró a aclararse la garganta y darles la espalda. No quería que vieran lo ruborizada que de seguro estaba.
–¿Ves? No estaban envenenadas... –improvisó sobre la marcha y casi pudo sentir la mueca mezcla de mofa e incredulidad de Malfoy. Suspiró intentando relajase y se apresuró a tomar otra fresa para disimular su extraño comportamiento. Finalmente, se volvió hacia sus primos con demasiada rapidez–. ¿Nos vamos? Comienza a hacerse tarde y muero de hambre –dijo y les sonrió tan falsamente como pudo.
Luego del estrechón de manos serio y formal de Teddy y Malfoy y la interminable despedida de Dominique, los tres se encaminaron a la salida y una vez afuera, Rose volvió a respirar con normalidad.
Bueno, con toda la normalidad que la aflicción de haber mordido una fresa de los dedos de Scorpius podía proporcionarle.
Lo dicho, estaba loca.
Completamente demente, sin mencionar que era un poco masoquista.
–¿Qué tanto le ves? –escuchó a Teddy preguntar cuando enfilaban hasta el Caldero Chorreante para aparecerse en su piso y se sobresaltó.
¡Ella no le veía nada a Malfoy! ¡Sólo había sido un maldita fresa, nada más!
Merlín, ahora odiaba las fresas. Y la carne de cordero.
–¿A Scor? Es encantador y una persona muy amable. Y deja el fastidio, que ya estoy bien grande –siseó Dominique con tono de advertencia y Rose tuvo que suspirar de puro alivio.
Teddy no se refería a ella, sino a Dominique, gracias a Circe.
Sin embargo, esa aclaración no la hizo sentir mejor.
–¡Es que no puedo creer que lo hayas invitado a salir! –exclamó Teddy luciendo profundamente indignado y ahora sí Rose miró a su prima con perplejidad.
–¿Lo invitaste a salir? ¿A Malfoy? ¡Dominique! –le reprochó sin poder contenerse y Dominique alzó las cejas con inocencia.
–No es la gran cosa, Rose. Es sólo una salida –movió la mano con indiferencia y Rose la miró con los ojos muy abiertos.
–¡Es Malfoy, Dominique! ¡Malfoy! Es un tonto arrogante y francamente…–se detuvo cuando el gesto de su prima mutó a uno inquisitivo. Carraspeó para disimular su propia interrupción y aceleró el paso. Faltaba poco para llegar al pub y se moría por llegar a su piso y caer en un coma probablemente inducido por dulces y chocolates en obscenas cantidades industriales.
–¿Y desde cuando tienes una especialización en "personalidad de Malfoy"? Que yo sepa, sólo se han visto un par de veces desde la entrevista en el Ministerio y ambas han sido para el reportaje que harás de su cumpleaños –su voz sonaba suave y condescendiente, pero Rose la conocía mejor que eso. Sabía que en cualquier momento saltaría con una conclusión estúpida si ella decía la combinación equivocada de palabras, así que se negó a responder. Luego de unos segundos, escuchó el bufido de su prima–. Igual no te preocupes. Me rechazó como sólo un buen caballero puede hacerlo.
Rose se mordió los labios para evitar preguntar, pero no pudo ignorar el pequeño salto que dio su estómago al saber la noticia. Sin embargo, Teddy pareció leer la pregunta que su mente se moría por hacer.
–¿En serio? Que raro es ese tipo –sonó aliviado y Rose, a decir verdad, se contagió un poco del sentimiento.
No le apetecía comprarse cinco gatos de solterona que la matarían a zarpazos en un futuro lejano sólo para remplazar la pérdida de su adorada prima por su improvisada mudanza a Nueva Zelanda con Malfoy.
–Si, me dijo que justo ahora está ocupado, pero que podríamos salir cualquier otro día. Aunque me dejó muy claro que sólo saldremos como amigos –dijo cuando llegaron al pub. Rose se volvió hacia ellos cuando llegaron al punto de aparición dentro de El Caldero Chorreante y se encontró con Dominique mirándola de forma extraña–. Quizás es que le gusta alguien más –lo último que vio antes de desaparecerse, fue la sonrisa aterradoramente insinuante de Dominique.
Fin! Lamento no haberle respondido a algunas de ustedes, pero me quedé dormida en la noche mientras lo hacía xD Apenas llegue a casa tendrán su respuesta. Y GRACIAS a quién me dijo que las notas de autora del capi doce aún no aparecían en pantalla. Qué descuido, pero está resuelto :)
Espero que el capítulo les haya gustado y luego me paso para dejar una nota de autora decente xD
Besos, Clio :)
Viernes, 23 de noviembre del 2012.
5:34 pm.
