Capítulo Nº 13: Demostraciones.

Pasé el resto del día pensando en lo que había sucedido con él; era como tantas veces lo había oído: del odio al amor, hay solo un paso. Esperaba con ansias volver a estar con él, poder ver como llevábamos adelante la relación desde ese punto; aunque antes podría pasarme por la habitación de los gemelos y molestarlos un rato, ya que tenían nada que hacer ya que se había tomado unas semanas libres. Dichoso ellos que pueden y no son como su padre.

Caminé por los jardines del Palacio con mis sentimientos revueltos. Era cierto que lo conocía hacía mucho tiempo, que de vez en cuando teníamos nuestras agarradas, que éramos muy graciosos junto con los gemelos y Aragorn y que habíamos hecho mil y una locuras todos juntos, como aquella vez en el viaje a Mordor que hicimos una competencial que consistía en ver quien tomaba más cerveza.

Una gota tocó la punta de mi nariz; luego otra y otra. De pronto, un aguacero caía sobre mí; me detuve y cerré los ojos por un momento ya que la lluvia me fascinaba, eran como una forma de liberación... Abrí los ojos y seguí caminando.

Pasaba frente a una de las ventanas abiertas de Legolas y, cuando volteé, lo apoyado contra el marco sonriéndome.

—Pensé que harías eso, siempre te dio una sensación de libertad ¿verdad?

—Veo que me tienes controlada —le sonreí—.Uno siempre desea más libertad de la que ya tiene —le susurré mientras lo veía salir por la ventana con un salto. Vi sorprendida como sus hermosas y costosas ropas se mojaban con cada gota que caía hasta que estuvo a mi lado y tomó mi mano.

— ¿Qué prefieres? ¿Vivir libre de sentimientos o dejarte presionar por un amor prohibido?

Con aquella pregunta me sorprendió, me quedé con la boca abierta; nunca imaginé que me preguntaría algo como eso.

—Prefiero vivir un amor prohibido que dejar de amar. Así por lo menos, sería feliz teniéndolo a mi lado.

Se acercó más a mí y paso su lengua por mis labios; al ver que yo no me alejaba o que no me inmutaba por lo que acababa de hacer, acercó más su boca, haciendo una unión con la mía. Me besó tranquilamente bajo el aguacero, cuando a nadie le da ganas de ni asomarse al exterior. Lentamente, su lengua buscó la mía y dejó de ser un beso tierno para convertirse en uno desaforado.

Nos separamos respirando apresuradamente, apoyando nuestras frentes juntas aún con la lluvia mojando nuestros cuerpos, abrí los ojos y me topé con un par de pupilas azules. Subiendo la mano que jamás había soltado, depositó un beso en las yemas, susurrando un tierno te amo mientras se oía un ensordecedor trueno.

—Vos sabes que yo también te amo.

Caminé algunos pasos hasta la puerta pero su mano firme detuvo mi paso.

—Entremos a mi habitación por la ventana —dijo señalándola con la cabeza, mientras sonreía maquiavélicamente.

Sabía lo que pasaría si iba con él, pero no podía evitarlo. Asentí y caminé temerosa de su mano aún bajo la lluvia.

Saltó por la ventana y me tendió la mano para entrar por ella; abrió el armario y sacó una camisa color pastel y me la pasó para que me cambiara. Él se sacó la suya, poniéndose encima una camiseta azul oscuro, antes, dejando entrever aquel torso bien trabajado que me hacía babear.

Caminé hasta el baño y lentamente me saqué las prendas mojadas para luego, sólo vestir aquella prenda que me había dado. Salí, y me encontré sola; minutos después, apareció con dos tazas de té caliente.

—Te amo, Evënya —volvió a repetir—.He luchado contra este sentimiento durante este último tiempo y me rendí. Sé que estás fuera de mis límites.

—No estoy fuera de tus límites. Y si fuera así, no estaría acá con vos —le repuse tranquilamente.

—Estás fuera de mis límites, no deberías estar acá.

Dejé la taza sobre la mesa de noche junto con la de él y lo abracé para después fundirnos en un cálido beso; un portazo nos sacó del mundo en el que estábamos.

— ¡Oren! No es lo que parece —murmuró algo consternado.

—Ya lo creo —dijo con tono irónico. —Hablaremos luego.

Salió quedamente, dejándonos ahí con un silencio que entre nosotros nunca se había manifestado.