Epilogo

Tal vez había sido una terrible y mala idea decirle a Arnold que fuesen a su habitación. Helga estaba comenzando a dudar de que fuese una buena idea tener al chico en su departamento… en general. Nunca salía nada bueno de eso. La habitación del rubio era cambiante. A veces ocurrían cosas que la dejaban con las piernas temblando, otras veces se reía y otras tantas pasaban tranquilos. Bien, era una habitación cambiante, con personalidad, no solo blanca, no solo negra o roja, era adaptable. Una buena habitación. Pero ¿Su departamento? ¿El que tenía con Gretel? Maldición… ese era el departamento de "Toca… toca… toca sexo… toca manoseos… toca entrenar… toca besos… toca corretear… toca…". Siempre toca. Eso, era un departamento excesivamente sensorial. Pero por supuesto, Helga había creído que era una buena idea aprovechar su primera cita en terreno conocido… dado que estaba completamente nerviosa. Si. Nerviosa. Muy nerviosa. Y por suerte nadie leía su mente porque si no tendría que explotar el mundo para ocultar la evidencia y las malditas cucarachas sobrevivirían.

Las muy malditas…

Pero tenía que ser realmente sincera. Muy sincera. La cita no había iniciado mal. Tampoco había sido lo que esperaba. Arnold realmente podía sorprenderla. Cuando, en un inicio, él le explicó que no quería salir a ningún lugar, a menos que ella deseara lo contrario… pues, si era sincera, había pensado terribles cosas. Muy terribles. Y posiblemente porque estaba con las hormonas al tope, pero sus pensamientos se fueron directo al chico usando un sombrero vaquero y unos pantaloncillos de cuero curtido.

Lo que le recordó que si alguna vez podía regresar en el tiempo, evitaría ver esa presentación de nado sincronizado donde Arnold había participado. Porque era completamente absurdo que la imagen la siguiera atormentando hasta hoy en día.

Luego, cuando llegaron a la habitación de la rubia y él le hizo una señal para que se recostara en la cama, ella había llegado a imaginar una venda en los ojos, inmovilizada y plumas. Muchas plumas, de esas que hacían cosquillas y daban escalofríos.

Claro, era de esperarse que el sentido común de Arnold no fuese por ahí. Algo absolutamente normal en la mayoría de adolescentes, cabía recalcar. La primera cita con el gran amor no tenía que ver con esposas, crema batida y palabras sucias al oído. Por mucho que ella quisiera. En el fondo, ella era la única pervertida.

Así que el chico tomó uno de los antiguos poemarios de la chica, recordándole que fue ella quien le dijo que podría hacerse de uno cuando deseara. A la par, él le entregó la libreta y el bolígrafo púrpura que ella usaba para anotar sus historias. En total naturalidad, Arnold se recostó junto a ella, la abrazó suavemente por sobre sus hombros y con la otra mano sostuvo el cuaderno rosa, iniciando su lectura. Y si bien muchos encontrarían aburrida esa acción, para Helga fue todo menos eso. El encontrarse entre los brazos del hombre que había amado desde niña era mucho más que un sueño. El saber que eran novios y ese momento sería natural y constante, fue la seguridad que necesitaba. No todo era aventuras y citas en restaurantes caros. El amor se basaba en algo más real que eso. En las actividades cotidianas, en la confianza de permitirle leer sus poemas y ella poder mirarlo.

Por eso, acomodada sobre el hombro masculino, descubrió cosas interesantes. Arnold respiraba profundamente cuando estaba tranquilo, su pecho se inflaba hasta parecer una montaña y bajar lentamente, produciéndole una sensación de calma. No solo eso, pudo divertirse un poco al ver que podía usar las costillas del chico como una mesita y apoyar ahí su cuaderno, donde podía escribir tranquilamente, a buen pulso. Le agradó notar que Arnold no espiaba su trabajo a pesar de su creciente curiosidad porque simplemente le tenía un sincero respeto a los límites artísticos. Además, estaba entregado al poemario que había tomado y por lo que Helga había revisado, era uno que había escrito el año pasado. La mirada esmeralda se deslizaba de una línea a otra y repentinamente se detenía, observando el vacío y una sonrisa cálida se formaba en sus labios. Helga no pudo evitar preguntarse qué pensaba en ese momento, dada su profunda entrega al trabajo. Pero parecía disfrutarlo, en verdad. El chico lucía entretenido en su lectura y eso la complacía.

Lamentablemente, por estarlo mirando, no podía introducirse en su historia. Y su protagonista se estaba fastidiando por ello. Lo cual tenía sentido, Helga también se enojaría si alguien la dejara en la antesala de un "felices para siempre" simplemente porque su concentración se centraba en el cálido cuello del chico y la colonia que suavemente llegaba a sus sentidos. La rubia se mordió el labio inferior. Todo eso había sido una terrible idea. El simple hecho de recordar que Gretel se había ido a mimarse un poco con quien sabe que, le hacía recordar que estaban completamente solos. Y esa colonia olía terriblemente bien.

Lo peor era que al parecer ella era la única que estaba tomando un camino oscuro en su torrente de pensamientos.

Arnold bajó la mirada, descubriéndola en su delirante tortura. El chico sonrió de lado y se inclinó suavemente, tomándola del mentón para atraerla. Sí, eso era lo que quería. Por fin. Nunca pensó que podría ponerse celosa de sus propios poemas. Pero estos habían captado demasiado la atención de él.

- Cuando me miras así… sacas algo oculto en mí ¿Cómo lo haces…? –le consultó el chico, deteniendo el acercamiento entre ambos. Ella abrió los ojos suavemente, saliendo de su transe y le observó con extrañeza- ¿Quién soy?

- ¿Arnoldo? ¿Perdiste la memoria, acaso? –consultó Helga, sin comprender a donde iba todo eso.

- No. –se rio- Quiero que lo digas ¿Quién soy? ¿Quién soy ahora para ti? –los labios del chico cayeron casualmente sobre el mentón de la rubia y estúpidamente eso le robó un profundo suspiro.

Hipersensibilidad. Lo que le faltaba. Helga G. Pataki estaba hipersensible. Hiper-necesidad. Hiper-urgida. Hiper-frustrada. Hiper-todo. Maldita sea.

No supo que contestar a esa pregunta ¿Quién era él para ella? Siempre había simbolizado algo para ella, pero ¿Ahora? Eso era diferente… debía decir la diferencia que existía entre el antes y después ¿No? Los dientes de Arnold rasparon suavemente su mentón y se deslizaron por su garganta, logrando que su tren de pensamientos se perdiera momentáneamente. El chico marcó un húmedo camino por su garganta, respirando sobre la piel erizada y creando una noble y deliciosa sensación. Helga se aferró a los hombros masculinos, encontrando su perdición en él. Por ahí fue cayendo el cuaderno que contenía el mundo de papel de su protagonista. Algo le decía que esta estaría molesta cuando intentara retomar su trabajo.

Pero lo que le importaba en ese momento era la lengua del chico que recorría en círculos un camino hacia su clavícula y le daba una suave mordida ahí.

- Aún no respondes mi pregunta ¿Quién soy? –la voz del chico era oscura y la pregunta se hacía más poderosa acorde las manos del rubio tomaban vida propia.

Una de estas delineo sus suaves curvas por el costado, sin importarle el descaro en que su palma caía por la redondeada figura de su seno y luego recorría peligrosamente su cintura hasta cerrarse posesivamente en su cadera, llegando a acariciar uno de sus glúteos con devoción. Helga entrecerró los ojos, arqueando la espalda y dejando caer su rostro hacia atrás, respirando lentamente, diciéndose que estaba bien dejarse llevar. Él era su novio, el juego había terminado y le gustaba la manera en que se sentía.

- Me gustan tus coletas… -la voz de Arnold sonaba oscura, como un reclamo natural a que le observara y solo por eso entreabrió la mirada y pudo observar la sonrisa ladeada en los labios masculinos- Pero preferiría que las usaras cuando estamos solos. No soy el único que disfrutó viéndolas e imaginándolas en diversos… momentos. –ella suspiró profundamente y por instinto sus caderas se levantaron cuando él la besó peligrosamente en su cuello, robándole un suspiro alargado, que no se podía contener en el cuerpo.

El chico separó un poco el rostro, llevando su mano libre a la espalda baja femenina y sosteniéndola de ahí para que no se separara, manteniendo el contacto constante, íntimo. Y Helga lo sintió, una presión contra su cadera que no buscaba ocultarse. Arnold suspiro profundamente contra su piel, apoyándose en el hombro femenino, disfrutando del placer simple pero glorioso de la sincera intimidad, Él la estrechó con más fuerza pero aun así, a pesar de esa manera de declarar su debilidad por ella, el aura de seguridad del chico no se perdió.

- Responde Helga ¿Quién soy para ti ahora? –besó despacio el mentón femenino, observándola directamente a los ojos.

La rubia se quedó en silencio un momento, le gustaba ese Arnold, natural a un nivel animal, confiado y con una seguridad apremiante que calentaba su pulso. Le gustaba demasiado. La mirada oscura y demandante, la pregunta que acariciaba sus oídos aun cuando ya había sido pronunciada segundos atrás. Simplemente le gustaba, la presión entre sus caderas, el calor entre ambos. Sus caderas serpentearon contra las de él, sintiendo desde su punto más sensible un estímulo que hormigueó por todos sus sentidos y se concentró entre sus piernas. Helga ahogó un jadeo que él acalló entreabriendo sus labios sobre los de ella, como si su aliento fuese un delicioso entremés.

¿Qué era Arnold para ella? ¿Quién…? ¿Quién era? Ahí había un chico, con su cabello despeinado, el sonrojo sobre sus mejillas, similar a la embriaguez, el calor pulsante en su cuerpo y la oscuridad en su mirada ¿Quién era? Una sonrisa se formó en sus labios y rodeó con sus brazos el cuello masculino, presionando pecho contra él.

- ¿Quién? –consultó, en un susurro.

Él asintió, aunque preparándose para un ataque. La repentina seguridad de Helga no podía significar nada bueno. Las piernas femeninas rodearon sus caderas, creando la más íntima cercanía y el calor del infierno casi nubló su mente. Solo el brillo pícaro en la mirada azulada fue lo que mantuvo su compostura.

- ¿Recuerdas el primer día de clases?

Él asintió, lo recordaba ¿Cómo olvidarlo?

- Desde ese día hasta hoy te has trasformado, Arnold. –ella ladeó el rostro y no pudo evitar contener el aliento y dejarlo escapar, cálido, entre sus labios, disfrutando el suave golpeteo que cierto código morse le brindaba - Ahora eres el "Señor Lobo" mi señor lobo.

Él intentó separarse, con sorpresa, ante la inesperada respuesta. Porque ambos sabían lo que Arnold había estado esperando escuchar y obviamente, no había sido eso.

Helga soltó una carcajada astuta, lanzando el rostro hacia atrás, pero sin separarse. Cuando él luchó por apartarse, aun indignado al no ser tomado en serio anteriormente, ella se aferró por sus piernas a las caderas masculinas y con una astuta sonrisa en sus labios, le miró fijamente, logrando, en un simple movimiento, quedar sobre él. Si Arnold se había quejado la última vez por no tener una cercanía íntima, en ese momento podía comerse sus palabras, pues la rubia le sonreía de esa manera que no pronosticaba nada bueno.

- Helga… -le regañó, pero no pudo evitar tomarla de la cintura y entretenerse con esta, agradeciendo que tal curvatura delicada se hubiese ocultado por años debajo de las prendas femeninas, sin atraer a indeseados pretendientes.

Ella siempre le había atraído, con un magnetismo inevitable. A pesar de su comportamiento de la infancia, que si era sincero le avergonzaba a veces por sus simples y erróneas conclusiones, siempre habían estado cerca, el uno del otro. Al ir entrando en la pubertad había reparado más en ella como un ente femenino y a pesar de los malos entendidos y la distancia que se había producido entre ambos, nunca había podido apartar la mirada de ella. En todos esos años, casi por inercia se había fijado si ella había llegado a clases o a que rincones procuraba ir en los recesos. También se había percatado de como al inicio de clases, en el pasado, Helga llegaba con gran ánimo pero al pasar el tiempo decaía en un aburrimiento casi crónico y al acercarse el final de clases volvía a animarse con naturalidad. Ahora sabía que todo eso se debía a que en las vacaciones viajaba a Alemania, dándole ánimos al inicio de clases y gran expectativa cuando estas acababan. Él había sido el único que había notado Helga salía corriendo todos los viernes al final de clases, sin dirigirle la palabra a nadie y por fin comprendía que se debía a que los fines de semana eran su tiempo con Phoebe.

Arnold había reparado en ella como un individuo y entreabría su femineidad como nadie más lo hacía.

Por fin, en la preparatoria, había juntado esas dos partes y llegado profundamente a conocerla. La amaba, en forma impulsiva, juvenil, posesiva y romántica. A cierto punto había lamentado el descubrir la figura que se escondía en las antiguas prendas, dado que no había sido el único en reparar en eso. Los nuevos atuendos, el regreso de su fuerte personalidad, habían llamado la atención del género masculino. En el coliseo, recordaba, mientras eran las prácticas, los otros aspirantes para el equipo de básquet habían suspirado sonoramente en nombre de las dos rubias y debatían entre la figura de largas piernas de la alemana o las sugerentes curvas de Helga. No había podido soportar todo eso, porque, como Gerald había comentado en su momento, no se debía a que las chicas fuesen las bellezas máximas del lugar, sino que sus personalidades lograban hacerlas destacar con más fuerza, ahí donde otras no podían. Así que todos esos hombres que habían fijado su atención en Helga ¡No la conocían! Esos chicos habían estado planeando conquistarla ¡Sin siquiera conocerla!

Arnold solo había podido pensar en que era imposible soportar la idea de que otros comenzaran a rondar a Helga. El sorpresivo temor de que ella se fijara en otro chico le había impulsado a besarla en frente de todos, a declararla suya aun si el acto fuese machista. Pero es que no sabía cómo explicarse, el pánico había acudido a él y cuando se dio cuenta que podía existir la mínima posibilidad de perderla, se había lanzado a marcar su territorio. Le había importado poco y nada que eso pudiese meterlo en problemas. Solo había deseado espantar a la posible competencia.

Y en ese momento, teniéndola regia, como una reina, sobre él, agradecía su osadía, pues no hubiesen sido igual las cosas si todo eso no hubiese ocurrido. Porque su atrevimiento le había impulsado a continuar, a vencerla del todo. Le debía a su instinto territorial que, en ese momento, fuesen novios.

Y seguía agradecido, a pesar de que Helga no le había dicho novio cuando él le había preguntado qué era él para ella. En lugar de eso ella había usado ese nuevo sobrenombre que se había inventado Gretel en algún momento. Aun así, se sentía feliz, porque lograría que Helga, aunque fuese en la intimidad más segura, admitiera que había sido Arnold y solo él, quien la había atrapado.

- ¿Qué tanto piensas? –la chica ladeó el rostro, extrañada por el repentino silencio por parte del rubio.

- En la suerte… -en un juguetón movimiento la recostó una vez más en la cama, con él sobre ella, pero acarició su rostro, despacio, con una sonrisa de victoria- de tenerte, de no tener que competir con medio equipo de béisbol y todo el coliseo.

Ella soltó una carcajada despectiva y muy incrédula. Por supuesto, Helga desconfiaba de su atractivo físico, tenía más seguridad de su personalidad y como esta podía atraer o repeler a la gente. Ni siquiera el gran acto de Gretel con los trajes de porrista podía cambiar ese pensamiento de la noche a la mañana.

- Hablo en serio.

- No temas, cabeza de balón. Betsy y los cinco vengadores no han perdido el toque. –sonrió de costado, orgullosa- Además, yo solo entiendo un idioma y me interesa un solo remitente. –con atrevimiento y cargada de cinismo, deslizó su mano hasta posarla sobre el enfermerito, logrando que Arnold diera un respingón y se apartara de ella del todo.

Helga soltó una carcajada poderosa que acalló rápidamente simplemente por respeto, al notar que él la miraba completamente sorprendido.

- Ah… claro. Pero antes estaba bien darme de golpes con él ¿No? –comentó, divertida- Y estaba bien hablarme en código morse ¿Verdad?

- Eres de lo peor… -pero sonreía y eso era agradable, porque implicaba que habían creado una intimidad que podía cargar humor entre ambos.

Los dos sonrieron, pero repentinamente escucharon la puerta de departamento abrirse de golpe y cerrarse, se observaron extrañados pero sin moverse, atentos.

- ¿…Y por qué dijiste que podría desahogarme muy pronto? –la voz de Will se escuchó ahogada y en eco, posiblemente debido a que el cuarto de Helga estaba cerrado.

- Bueno, pensé que Zoe y tú lo harían pronto. –Gretel hablaba con tranquilidad, cuando se hacía de un apodo era extraño que lo soltara- Yo la vi muy emocionada contigo cuando se besaban. Esa actitud prende a cualquiera ¿Cómo iba a adivinar que no pasarían pronto a acciones más húmedas? –se defendió- Ya te compensaré las falsas ilusiones. Hablaré con ella o te pondré dinero en algún videojuego online para que te compres armaduras, consigas cortesanas cibernéticas o lo que sea que hagas con ese dinero en los videojuegos.

- Ah… ya… No necesito que hagas nada… -Will parecía por fin comprender la situación, al parecer el pelirrojo se había hecho una idea errónea pero curiosamente había alivio en su voz al comprender- Pues no, la deje en su casa después de ir por unos helados. Tampoco pienso que este en los planes de ninguno de los dos tener sexo pronto… -la puerta del cuarto de la alemana se cerró, las voces se ahogaron y luego se dio un repentino silencio.

Arnold y Helga se observaron fijamente, con extrañeza. Ambos miraron hacia la pared divisoria de ambos dormitorios. Por un momento pareció que ambos intentaban adquirir la habilidad de observar a través de los objetos solidos pero al pasar de los segundos la remota posibilidad se hizo nula. Los dos rubios, sincronizados, suspiraron sonoramente, se observaron y fue inevitable reírse ahogadamente, para no delatar su ubicación.

- Creo que no esperan que estemos aquí. –admitió Arnold, con una sonrisa ladeada.

Ambos se sentían como si estuviesen haciendo una travesura al ocultarse, a pesar que tenían derecho de estar ahí.

- O tal vez esperaban que saliéramos a saludar y dado que no lo hicimos asumieron que no estamos.

Gretel tenía ese tipo de modales, le parecía de lo más lógico y normal era saludar y despedirse de las personas cercanas o por lo menos anunciar su presencia. Aunque también era verdad que sin contar ese puñado de personas, no le dirigía la palabra a nadie, casi como si no existieran.

- Lo cual me alegra… -susurró Helga.

- ¿Por qué? –el chico se acercó a ella, tomando su mentón, con una sonrisa ladeada y taimada- ¿No quieres interrupciones?

- Detén tu tren, cabeza de balón. –le dio un ligero golpe con su dedo índice sobre su redondeada nariz- Mira lo que la testosterona hace con tu ego. –se burló- Me alegra porque para Gretel el plan de diversión es ponerse a jugar videojuegos de terror. Y no estoy de humor para tener pesadillas por días sobre historias japonesas terriblemente terroríficas. –entrecerró los ojos y un escalofrío la recorrió. Bien podía recordar la vez que había jugado Ju-On y por una semana evitaba escaleras y áticos como si se tratasen de la mismísima peste.

- ¿No te gusta el terror? –preguntó extrañado, acomodándose para quedar sentado contra las almohadas de la cabecera, manteniéndola sobre su regazo.

- Me gusta y usualmente no le tengo miedo a esas cosas. Pero Gretel sabe escoger cosas verdaderamente terroríficas. –se explicó, cruzándose de brazos- Ya quiero ver que tan gallito eres cuando veamos Kansen. –masculló, defensiva.

El chico estuvo a punto de contestar cuando escucharon un sonoro gemido proveniente de la habitación de la alemana… y ella lo había producido. Los dos rubios se quedaron estáticos, en un acuerdo silencioso. Ambos se acercaron a la pared divisoria y escucharon atentamente. Otro gemido, alargado, pero que parecía querer acallarse. Una pequeña risita que se cortaba y daba paso a un jadeo. Muy femenino todo, muy vergonzoso de escuchar.

- Eso no suena a un videojuego de terror… -susurró Arnold, buscando la mirada de Helga, quien estaba completamente pálida.

- Ahora si no entiendo… -había cierta incomodidad entre ambos por estar espiando tan atentamente- ¿Están esos dos…?

- No creo. –se apresuró a decir el chico- Will no haría eso. Él esta con Nadine ¿No? Pues es imposible que la engañe. –Helga sonrió de lado al verlo defender al pelirrojo- Admito que no lo conozco tan bien, pero estoy seguro de que él no es ese tipo de personas, ni que tu prima se prestaría para algo así ¿Verdad?

Ella asintió y otro gemido sonó, tan alto que les hizo apartarse de la pared como si esta, en lugar de ser de concreto, fuese de papel.

Uno transparente y que delatase lo que estaban haciendo.

- Entonces ¿Qué? ¿Él está jugando con la consola y ella consigo misma? ¿Cada quien por su lado? – Helga negó con fuerza ante su propia disparatada idea- Eso no tiene sentido.

- Tampoco que estén juntos. –recalcó Arnold.

- Bueno, solo existe una forma de averiguar qué está ocurriendo. –la rubia se levantó decidida pero sintió como el chico le agarraba de la muñeca, reteniéndola- ¿Qué?

- No estarás insinuando que vayamos a interrumpir ¿Verdad? –ella asintió- Estas loca. Claro que no haremos eso ¿Te gustaría que te hicieran eso?

- Bueno… -se soltó- No lo hagas tú. Yo lo haré, no es la primera vez que interrumpo a Gretel. Le diré que es para que baje el sonido. –se escabulló del agarre y caminó hacia el dormitorio de su prima.

Atrás de ella le seguía Arnold, con visible duda en su mirada. Y no era para menos, era un suicidio hacer todo eso. Por un lado deseaba detener a Helga de tan descabellada idea pero sabía que sería imposible. Aun así, no quería ver a dos lobas enfrentando su poder por algo tan ridículo como la curiosidad de su novia. Además, era una completa falta de respeto hacia la vida personal de Gretel.

Parados enfrente de la puerta, pudieron observar en la manija de la misma, colgado el cintillo de la alemana. Un mensaje. Helga entrecerró los ojos, intentando recordar cuál era el significado de este. Obviamente tenía que ver con el calcetín o la corbata que los universitarios ponían cuando estaban teniendo sexo con alguien y deseaban avisar a sus compañeros de piso para que no les interrumpieran. Pero en este caso, había un significado particular ¿Pero cuál? ¿Y por qué su prima no creaba carteles en alemán? Eso sería más fácil de adivinar, Helga estaba segura que era imposible que otra persona en Hillwood supiera alemán además de ellas dos.

La rubia agarró el picaporte y recordó: El cintillo significaba que estaba con alguien que Helga conocía. Bueno, obvio, si estaba con Will, ella lo conocía, pero necesitaba saberlo. Así que rodó los ojos y abrió la puerta lentamente.

Tres gritos se escucharon a la par, dos femeninos y uno masculino. Tres gritos avergonzados, sorpresivos y cobardes. Helga cerró la puerta de golpe y mantuvo el agarre como si un monstruo fuese a salir de esa habitación.

- ¡Esa no era Will! –fue lo primero que dijo Arnold, señalando con completa sorpresa la puerta y su voz chilló tan agudamente que pareció un puberto en el proceso de cambio de voz.

- ¡Ahí ni siquiera estaba Will! –mascullo la chica, a punto de caer en un ataque histérico- ¿Dónde rayos está Will? –exigió saber.

- ¿Y cómo voy a saber yo algo así? –Arnold se agarró el pecho, sintiendo el golpetear de su corazón- Obviamente no estaba entre ellas ¡No había espacio ahí!

Si aún le había quedado inocencia se le había escapado cuando esa puerta se abrió.

¡Maldita puerta! ¿Acaso Gretel no sabía poner seguro?

- ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! –rogó la chica, soltando la manija y tapándose los oídos, mientras negaba- No puede ser ¿Cómo…? No… No puede ser…

La puerta atrás de ella se abrió. Los dos rubios saltaron hacia diferentes lados, despejando el lugar. Un torbellino de escarlata y pecas salió disparado hacia el baño y se encerró ahí. El impacto había sido tal que ni siquiera habían reparado en que ese torbellino estaba completamente desnudo. Pero si recordaron lo que habían visto dentro de la habitación y seguramente ninguno de los dos lo olvidaría.

En un par de segundos habían contemplado lo imposible de observar. Sin lugar a duda, nunca hubiesen esperado una escena así, por varios motivos. En primer lugar, la simple imagen de Gretel y la pelirroja, completamente desnudas, sobre el edredón de la cama de la primera, ya parecía inverosímil. En segundo lugar, descubrir que la buena, correcta y dulce Lila estaba abrazando por atrás a la alemana, mientras sus manos se perdían entre los muslos de la rubia y su boca lamía el cuello femenino, resultaba imposible. Aún si desearan contar lo que habían visto de seguro nadie les creería ¡La inocentona! ¡La señorita perfecta! ¡La única que superaba en ingenuidad a Arnold! Si, ella misma. Ella, pelirroja y salvaje, perdiéndose en emociones que nadie hubiese asociado con ella. Y en tercer lugar, observar a Gretel pasiva, relajada, apoyando su nuca en el hombro femenino y con una de sus manos acariciando la mejilla de su amante, eso, resultaba inadmisible ¿Toda la escena? Digna de gritar. Por parte de Helga por descubrir a su antigua rival de amores con su prima, por parte de Arnold por encontrarse con su amor de la infancia con su cuñada y por parte de Lila por ser descubierta así por parte de las dos personas que habían sido un fuerte impacto en su vida, sin contar que ella había albergado por los dos rubios dulces emociones románticas en su infancia. Así que no había sido de extrañarse que la pelirroja saliera corriendo a encerrarse en el baño.

La estruendosa risa de Gretel resonó para romper toda esa tragedia con una burla cínica y cruel. Arnold se había cubierto el rostro cuando su noble cerebro le recordó que había podido verle hasta el alma a la alemana ¡Peor aún! No podía borrarse la imagen de la cabeza: Nunca hubiese imaginado que la chica tendría un tatuaje en la cara interna de su muslo derecho y que este fuese la silueta de un buque de guerra con cuatro cañones y uno de ellos disparando.

El chico se sorprendió preguntándose ¿Cómo rayos, en un momento así, había logrado observar con tanto detalle?

- ¿Desgarbada? –Gretel ronroneó, buscando la atención de su prima- Oh… ¡Venga! Ya pueden ver, estoy tapada… Desconfiados… muy astutos… ¡Juro por el escudo de mi familia que estoy cubierta! -los dos chicos observaron dentro, la habitación tenía un ambiente cálido y un dulce aroma almizclado y a lirios, la alemana estaba apoyada contra la puerta, con una camiseta deportiva de Will encima- Y bien, señor lobito ¿Te gustó mi tatuaje? –preguntó, divertida, logrando que el rubio se sonrojara- ¡Lo sabía! ¡Lo viste!

- ¡Eso es lo de menos! –Helga avanzó hacia su prima y logró zarandearla hasta que esta se soltó del agarre- ¿Qué rayos hacías con Lila aquí?

- ¿Qué hacían ustedes espiando? –se cruzó de brazos.

- Yo venía a decirte que hagas menos ruido, creo que toda la casa de huéspedes te estaba escuchando. –la alemana soltó una pequeña risita.

- ¿Y Will? –consultó Arnold, cauteloso, desde el marco de la puerta.

- ¿Y por qué la pre…? – se cortó- ¡Ajá! ¡Estaban aquí cuando llegamos! A ver ¿Por qué no salieron a saludar como buenos niños? Hasta puse el altavoz en el celular mientras hablaba con él para que me escucharan. –se estiró y le dio un golpecito en la cabeza a Helga- Yo no te eduqué así.

- ¡Tú no me educaste! ¡Y deja de evadir el tema! –pero aun así la alemana hizo oídos sordos, estiró sus brazos hacia arriba, dejando que la camiseta subiera por sus caderas hasta casi revelar su desnudes y avanzó fuera de la habitación- ¡Gretel! –exigió Helga, siguiéndola.

Pero la chica no se detuvo y fue hacia el baño, tocando la puerta un par de veces.

- ¿Angelita? –murmuró, una vez más su voz sonó suave, como cuando había ayudado a Nadine- ¿Estas bien?

- Si… -la voz de Lila sonó ausente, aunque por fortuna no provenía ningún llanto del interior- Lo siento…

- Tranquila. No es tu culpa… - Gretel observó a Helga de forma significativa.

- ¿Ella… lo sabe? –se escuchó atrás de la puerta el temblor en la voz de la pelirroja.

Gretel hizo una señal a su prima, abriendo en gran medida sus ojos e inclinando el rostro. Al parecer eso debía servir para dar a entender a qué se refería la pelirroja. Helga por un momento no comprendió, pero repentinamente vino a su mente esa mañana, cuando había escuchado las palabras de Lila. Abrió los ojos sorprendida y se sonrojó de golpe, cruzándose de brazos y mirando a un lado. No había imaginado que la pelirroja fuese consciente que hablaba mientras dormía y que alguien podía escucharla.

- Ella lo sabe… -obviamente Lila no era tonta y el silencio le había dado la respuesta- Pero… eso es del pasado… Lo juro…

Helga rodó los ojos. Niña tonta ¡Claro que se había figurado que el enamoramiento de Lila hacia su persona ya era cosa del pasado! No necesitaba jurarlo.

- ¿Qué sabes? –preguntó Arnold, extrañado, sintiendo que se estaba volviendo común que en cuestión de mujeres lo dejaran fuera de contexto.

- Nada. –masculló Helga, acercándose a la puerta- Mira… -se rascó la nuca, observando el techo, no era una experta consolando a las personas, menos si se encerraban en su baño para ocultar su vergüenza- Somos amigas. Esto no cambia nada ¿Verdad? –no obtuvo respuesta y frunció el ceño- ¡Maldita sea, Lila! –golpeó con fuerza la puerta del baño y como si pudiese ver a la chica a través de la madera, la fulminó con la mirada- ¡Sobrevivimos lo de Arnold! ¿No? Si pude aceptar que tú nunca obraste mal contra mí, que todos mis celos eran por envidia, que al final del día me fuiste completamente leal, sin importar cuanto mal te hiciera y nunca le contaste, a nadie, sobre mis sentimientos y debilidades… ¿No te parece que, después de eso, podemos superar cualquier cosa? ¡Y te quise de amiga al darme cuenta lo tonta que fui de niña! –apretó los labios, respirando pesadamente y su voz se volvió amable, obligándose a acercarse más a la puerta del baño para hablar- Lila, lo juro, me da igual de quien te enamoraste en el pasado o que ahora te sientas atraída por mi prima. No voy a juzgarte, yo no soy así. En realidad, pienso amenazar a Gretel, porque somos… amigas… -gruñó, le costaba decirlo tantas veces, tener que admitir… que se había vuelto amiga de quien tanto había odiado.

Pero no hubo respuesta al otro lado. Y la poca paciencia que había usado para intentar razonar con la pelirroja se esfumó ¿Por qué se encerraba en el baño? ¿Acaso Helga no le había demostrado que también le podía ser leal? ¿Qué también podía ser buena amiga? Si, tal vez no fuese la señorita perfección en persona ¡Pero sabía ser buena amiga! Ella había superado sus infantiles celos y su envidia, se había obligado a ser objetiva y mirar a Lila como la persona que, a pesar de los malos tratos y de las dificultades, nunca le reprochó nada y siempre guardó el secreto sobre sus sentimientos hacia Arnold. Helga había hecho una tregua con sus demonios internos y creo un pacto pacífico con la pelirroja, pero con el tiempo, Lila se había metido en su vida, se habían vuelto amigas. Tal vez no las más cercanas ni las más íntimas, pero habían creado un vínculo entre ambas. Entonces ¿Qué importaba si Lila se había enamorado de ella en el pasado? En realidad ¿Qué importaba si la había deseado? La pelirroja nunca le faltó al respeto, ni la forzó a nada. Y ahora, si había decidido intimar con Gretel, era asunto suyo. Helga no iba a juzgarla, menos cuando era muy posible que fuese la alemana quien la hubiese engatusado. Lo único por lo que Lila podría pedirle disculpas era por no haber puesto seguro a la puerta ¡Pero nada más! Entonces ¿Por qué seguía encerrada en el baño? ¿Por qué actuaba como si imaginara que Helga era algún tipo de criatura indiferente a la leal amistad y no pudiese entender sobre emociones? ¿Acaso Lila no la conocía lo suficiente? Solo Helga podría entender lo que era no poder controlar de quien enamorarse y por ende no podría juzgarla, ni criticarla.

La rubia sintió frustración, porque sabía los miedos de Lila y le parecían ridículos ¡Simplemente debía confiar en ella y salir de ese maldito baño!

- Aun quiero ser tu amiga, Lila. Te lo repito, no me importa hacia dónde apuntaste tu corazón en el pasado o hacia dónde lo haces ahora. –se cruzó de brazos, frunciendo el ceño y le dio un puntapié a la puerta- Ya queda en tus manos si las cosas van a cambiar entre nosotras ¿Me oíste? ¡En tus manos! Porque yo no soy hipócrita, yo respeto el corazón de otras personas ¡Así que sal de ahí estúpida niña campirana! –gritó, dándole la espalda a la puerta, cruzándose de brazos, descubriendo la mirada de Arnold, inquisitiva- ¿Y a ti qué te importa, cabeza de balón?

La risa de la pelirroja se escuchó claramente atrás de la puerta, llamando la atención de las tres personas que le esperaban.

- Ustedes dos se parecen mucho ¿Lo sabían? –hubo una suave pausa- Gretel y tú. –completó.

La alemana observó a su prima y le hizo una señal hacia el dormitorio.

- Angelita, te dejo custodiada con el señor lobito. Voy a hablar un rato con Helga. –anunció.

Gretel comprendía que Lila tenía más que todo vergüenza y una casual charla podría calmarla, un tipo de charla que solo Arnold podría darle, pero con Helga frustrándose, gritando y mal interpretando las razones por las que se había encerrado ahí, Lila no iban a salir de ahí nunca.

Gretel guío a su prima y cerró la puerta de su cuarto para quedar solas, respiró hondo, pues ella también tenía sus propios problemas que se habían acentuado por culpa de Helga…

Ella avanzó hasta sentarse sobre su cama desordenada.

- Bien… -levantó la mirada, llamando la atención de Helga, que repentinamente se relajó al notar que se trataba de algo serio- Ven desgarbada, siéntate… -dio un par de palmadas al colchón y se hizo a un lado para darle espacio. Al estar sentadas una junto a la otra, se acomodó para observarla- Quiero ir por partes… -habló suavemente- Primero ¿Qué fue eso de creer que me gustaba Will? De todo el mundo, esperaba que para ti quedara muy claro que entre los dos no había nada. Sí, no ha sido una amistad convencional pero ¿Qué en mí lo ha sido? –ladeó el rostro- Y algo me dice que tú pensaste que estábamos los dos aquí. Por amor a la humanidad, desgarbada, seré todo lo que quiera la gente, pero nunca sería la otra. Menos si eso implicara hacerle daño a Zoe. Ella es una buena chica y con suerte Will se enamorará de ella. Porque bien sabes que, al igual que su familia, a mi me preocupa que él no le entregue su corazón a nadie, no se permita enamorarse. Zoe no es mi tipo de buena chica, -admitió, encogiéndose de hombros- pero tal vez si lo sea para mi Hänsel. –sonrió de manera pervertida- Además, le enseñé a…

- No quiero detalles. –Helga levantó la mano, para cortar el camino escarlata de lujuriosos recuerdos- Menos de algo que a tu educaste y podría disfrutarlo Will. –advirtió, logrando una carcajada de la alemana- Pero bien, -rodó los ojos, resignada- lamento haberme dejado llevar por la fantasía idealista y romántica de dos mejores amigos enamorándose ¿Contenta? –la chica asintió- No debí dudar de ti, cuando siempre te has mostrado sincera con todo el mundo. Pero si a ti te preocupa que Will no se enamore, a mi me preocupa que tú lo haces fácilmente pero rara vez de corazón. Aunque entiendo que eso no es de mi incumbencia… -intentó levantarse pero Gretel negó.

- Aún no termino. –apuntó- Eso apenas era algo pequeño que necesitaba decir. Algo muy lejos del verdadero problema… Ahora quiero dejar algo en claro. –la alemana levantó sus piernas, sobre la cama y se las abrazó, mirando seriamente a su prima, con demasiada seriedad y Helga supo que el agarre de sus brazos era demasiado fuerte sobre sus desnudos muslos- Desgarbada, estoy a punto de caer en un ataque hormonal, emocional e inestable, clásico de esta estúpida etapa llamada "adolescencia". –advirtió.

A Gretel le gustaba atribuir sus ocasionales rabietas o momentos emocionales a algo biológico que no tenía que ver con ella, acusando a la etapa febril de la juventud todo mal que no pudiese controlar ni disfrutar. Y Helga le dejaba ser, dado que no importaba cuanto le luchara sobre el tema, la alemana saldría con estudios biológicos, psiquiátricos y psicológicos que apoyaran sus argumentos. Además, como fuera, esa lógica y bien pensada advertencia era una buena manera para que Helga se preparara. Porque significaba que su prima no podía contener una emoción que no comprendía y, al igual que una alarma que anunciaba la llegada de un tornado, advertía que algo iba a ocurrir. Algo que estaba fuera de toda su lógica.

- Así que, sin importar lo que diga, quiero que te quede claro que tú eres mi persona. –sentenció.

- ¿Qué…? –enmarcó una ceja, sin comprender.

- Mi persona, mi "alma gemela" si lo quieres ver así. La persona más importante en mi vida y de la cual no planeo prescindir nunca. Tu persona es Arnold, la de Will soy yo y tú eres la mía. Porque se que no importa quien se interponga o lo que ocurra, siempre podré contar contigo. –hablaba con seriedad, sin avergonzarse de sus emociones.

Gretel se levantó y se cruzó de brazos en frente de su prima.

- Bien, tenemos eso claro ¿Verdad? –Helga asintió- Entonces… -fue visible que temblaba, que se estaba conteniendo y lo último que le quedaba de autocontrol se le escaba de las manos peligrosamente- Aquí va… -cerró los ojos y cuando los abrió, su mirada era de absoluto reproche, su pie derecho dio un fuerte golpe en el suelo y sus manos cayeron, como puños, a los costados de sus caderas- Lo siento Helga pero estoy cansada… ¡Cansada! –alzó la voz- Estoy cansada de que me robes las cosas… -levantó la mirada al techo- Oh… créeme que sé que no lo haces a propósito. Eso es lo peor. Ni siquiera te enteras cuando me arrebatas las cosas ¡Eso es lo peor! ¿Cómo es posible? Desde que pise este maldito país he pasado de ser Gretel von Bismarck a la sustituta de Helga G. Pataki ¿Cómo demonios pasó eso? –preguntó con sarcasmo- Me siento como esa marca de "No puedo creer que no es mantequilla". –masculló, soltando una carcajada despectiva- Primero Wolfgang y luego Lila… para ambos ¿Qué soy? Una sustituta de ti. –se dejó caer en la cama, junto a su prima- A veces… desearía golpearte.

- Gretel… -susurró Helga.

La alemana estaba retraída en sí misma, pero a pesar de eso, la menor de los Pataki estiró su mano buscando la atención de su prima. Lo peor es que sabía que intentar sacarla de esa crisis que no servía de nada, porque sin su sentido común y razonamiento, solo estaban sus emociones desbordándose y distorsionando todo, sin comprender razón.

- Yo nunca me fijé ni me interesé en Wolfgang. –le recordó.

- Lo se… ¡Lo sé! –ambas se observaron - Ni siquiera él sabía que toda nuestra relación había iniciado sobre ti…

Helga apartó la mirada. Cuando Gretel se había fijado en Wolfgang y se había propuesto conquistarlo, le pareció natural. El chico era del tipo que le atraía a la alemana. Helga se percató que en el momento en que comenzaron su relación, tanto su prima como el chico tenían una poderosa química y sinceramente se había alegrado por ambos. Casi nunca pasaba con ellos, pero cuando lo hacía Wolfgang era amistoso con ella pero que solo tenía ojos para Gretel. Eso hablaba bien de su cuñado, como bromeaba en ese entonces. La guerra de poder que tenían Gretel y Wolfgang era posiblemente lo que encendía la llama entre ambos, el hecho que él fuese supersticioso le daba el encanto enternecedor que la alemana siempre necesitaba para reclamar su poderío, pero Wolfgang tomaba todo eso como un desafío y constantemente luchaba por vencerla. Todo parecía prometedor y no fue de extrañarse que Gretel en verdad terminase enamorada de él. Pero en una fiesta donde el chico había terminado bebiendo más de la cuenta había comentado casualmente el parecido que había notado entre Gretel y Helga. Todo eso hubiese quedado en el vacío sino hubiese sido porque los amigos del chico, igualmente embriagados, habían recordado que antes de la llegada de la alemana, Wolfgang había estado locamente enamorado de Helga Pataki y que, curiosamente esa obsesión se había ido cuando Gretel llegó. Ahí la alemana se percató de la realidad, una que ni siquiera Wolfgang se había dado cuenta y que por eso no podía recriminarle nada. Aunque le hubiese encantado hacerlo, gritarle que solo se había fijado en ella por recordarle a Helga. Por supuesto, no podía culparlo por algo que él no había hecho conscientemente pero si podía enojarse. Así, terminó con él, pues su orgullo no le permitía seguir en una relación así, estando tan involucrada emocionalmente. Ella se había enamorado de Wolfgang, sinceramente y sospechar que solo había sido un sustituto la había herido mortalmente. Después de eso vino la depresión por parte de Gretel y cuando se lo contó a Helga, esta se juró nunca acercarse a Wolfgang, no quería reavivar sentimientos en su prima, dado que entendía lo doloroso que todo eso podía ser.

Aunque si Helga era sincera, todo el mundo sabía que el chico también pasó una fuerte depresión, había buscado explicaciones y acercamiento a la alemana, pero esta, protegiendo su orgullo, nunca había dicho nada. Tal vez, la parte más lamentable era ver que en verdad el chico se había enamorado de la alemana y sufría por ella de todo corazón. Aun así, Gretel no cedió. No importaba si Wolfgang la amaba, pues la alemana siempre sospecharía dónde terminaba el amor hacia ella y comenzaba el amor hacia Helga. Wolfgang, al final, había asumido que ella le había cambiado por Will y se creó cierta rivalidad entre ambos. Nadie le dijo la verdad al chico.

Pero posicionar a Lila a la misma altura de Wolfgang le extrañaba ¿No era solo un juego, como otros tantos? Helga clavó su mirada sobre la de su prima, ladeando el rostro, en búsqueda de una explicación y esta cerró los ojos, hablando pausadamente.

- La angelita me gusta… -murmuró- Me gusta en verdad… -admitió.

- ¿Qué? –se extrañó.

- Desde que la vi me pareció preciosa. Después la encontré algo infantil y aburrida… pero tenía una fuerte pasión en su mirada… Mi error fue quedarme con ella cuando tú te fuiste a la librería del padre de Will. –susurró- Yo me había dado cuenta que a ella le habías gustado en algún momento, se notaba por la manera en que te miraba. También me di cuenta que en algún momento le gustó el señor lobito. Me parecía fascinante todo eso. –se encogió de hombros- Y aun así, ahí fui, de cabeza, curiosa. Tanta bondad e inocencia… tanta dulzura, me extrañaba ¿Dónde habían criado una criatura tan caritativa? –negó ligeramente- Me encapriché, supongo. No entendía cómo te gustaba el señor lobito, así que fije mi atención e su versión femenina. Solo quería entenderte. Después de ver Psicosis y casi matarla de un susto busqué distraerla. Le dije que sabía de sus sentimientos y después de alarmarse me explicó que eran parte del pasados. Ella lo juró apasionadamente y me dijo cuan feliz estaba de ver tu sueño volviéndose realidad. –se encogió de hombros- Yo me divertí ante su debilidad, lo admito, me pareció ridículo que alguien pudiese amar tan platónicamente. Le pregunté que si sabía lo que era un beso indirecto, pues curiosamente si me besaba te estaría técnicamente besando a ti, porque yo te había besado. –comentó, burlona.

- Pero lo del beso fue hoy. –recordó.

- Ah… una vez me retaron a besarte cuando dormías. –admitió- No te lo dije porque pensé que enloquecerías. –Helga abrió los ojos sorprendida - Mi momento, no el tuyo. –le recordó- Luego te rompes y traumas de forma ridícula por un simple beso. –advirtió.

- ….Bien… -masculló Helga, respirando hondo.

Lo que se hacía por la familia…

- En todo caso, le convencí de besarme… Le dije que siempre era bueno quitarse la curiosidad de encima, aun si el amor ya había pasado. -susurró, por un momento cerró los ojos y se deslizó hasta el suelo, sentándose ahí- Mala idea… Simplemente me condené, aunque fue solo un casto beso. Luego se rio por lo tonto que había sido todo eso, porque simplemente había averiguado como era besarme a mí. Ella estaba bien, siguió siendo la misma pero yo me quedé pensando, estancada en el recuerdo de sentirla tan confiada y curiosa, recordando la sensación y no me ayudó en nada dormir en la misma cama con ella. La angelita tan tranquila y pacífica, teniendo el sueño de los justos y yo observándola a un palmo de distancia, sin poder creer que alguien tan bonita e inocente no se hubiese inmutado ante su primer beso. En realidad, parecía que ni siquiera lo había contado como tal, por lo que podía seguir su vida de pureza aunque llevase mi deseo en sus labios… –se cubrió el rostro y soltó un gruñido- Me sentía tú cuando acosabas al señor lobito. –acusó, como si Helga le hubiese contagiado una enfermedad peligrosa.

- ¿Ahora resulta que es mi culpa…? -rodó los ojos.

- Debería ser así. –se defendió- ¡Yo nunca había perdido el sueño mirando a alguien dormir! ¿Y luego? No pasó nada. No cambió nada. Ella tomó con ligereza al asunto, mientras a mi me consumía la curiosidad. Cuando nos dejaste solas con la música de ballet, simplemente hablamos. Me dije que lo hacía porque era tu amiga y yo debía ser buena con ella por eso. Me quise convencer que solo tenía curiosidad sobre qué encontrabas de interesante en la gente pura. Pero cometí otro error… la vi bailar… -su voz se volvió lastimera- Eso fue tortura… Ella no advirtió como en cada movimiento parecía hipnotizarme. La inocente criatura se había convertido en una fémina que era consciente de su cuerpo y lo ofrecía para ser poseía por la mirada. Pero a diferencia de otras bailarinas, ella lucía experta en el arte de hacerse desear.

Helga nunca la había visto así, tan profundamente embriagada de emociones románticas. Lo que Gretel había sentido con Wolfgang se expresaba siempre en pasión, instinto y dominio. Pero todo eso, tan dulce, tan romántico, parecía irreal. Ni siquiera en su mimoso cortejo a otras chicas, se había entregado de esa manera ¿Dónde estaba la solitaria loba que parecía ser Gretel? Tan segura y dispuesta a vivir cada emoción al máximo. Y lo recordó, pues esta chica frente a ella, era la misma autora del libro rojo, romántica y deseosa de enamorarse, aunque lo admitiese solo en letras que nadie comprendería.

- Sus piernas parecían pinceladas… -cerró los ojos, sonriendo suavemente, recordando- Casi la puedo ver ahora, una bailarina de fuego y yo en primera fila, pudiendo seguir su rítmico movimiento, rasgando el piso con sus pies en puntillas al deslizarse al compás de la música…

Esa era. Esa era la narradora del libro rojo, poética y distante, entregada como una súbdita ante un altar divino. A Helga le costaba recordar que su prima no estaba hablando de una Diosa, sino de Lila. Pero así era como se refería la alemana al cuerpo femenino.

- Ella viviendo en la cálida luz de la bondad humana, yo entregada a la lógica y la oscuridad de la carne… -contuvo su frustración, ante lo inevitable- Creo era inevitable entrometerme, desearla. Amar y odiar cada rasgo de su personalidad. No se en comento comencé a desear callarla con un beso, cada vez que parecía tener fe en cualquier persona ¿Acaso entendía lo exasperante que era su inocencia? ¿Acaso notaba la inspiración que despertaba en una hija de la guerra, como yo? ¿Lo hacía apropósito? Como un truco femenino, tramposo e inexplicable. –se detuvo de golpe, observando a su prima con una pasión creciente, con una victoria temporal en la mirada- No sé qué fue, si ver a Zoe salir de su tímido aislamiento para confesarse o ver que tú pudiste conquistar al chico que siempre amaste. No lo sé. Pero tuve que admitir que nunca antes había sentido algo tan desdeñoso, tan oscuro y sagrado ¿Qué podía salir mal al sincerarme con ella? Después de todo, una parte de mi la culpaba por lo que yo sentía, de la misma manera que tú culpaste por tantos años a tu chico por hacerte amarlo. Así que la cité para confesar que estaba enferma de sentimientos contradictorios por ella. –notó la mirada de sorpresa en Helga y sonrió- Por lo menos sabía que le gustaban las chicas, pues sabía que tú le habías gustado una vez. Tampoco planeaba lanzarme a una piscina vacía. –confesó, burlona- Lo tenía todo fríamente calculado. Y seguramente mi plan era tan complejo como alguna vez fue el tuyo para contarle tus emociones a él. Pero al igual que a tú, no salió como esperaba. La vi y no pude contenerme, estuve a punto de succionarle el alma en un beso y si confesé algo fue todo lo que mi cuerpo sentía, más no mi mente ni mis sentimientos. –soltó una carcajada- Tan propio de mí pero justamente esa no era mi intención en ese momento. Y como pudieron ver, el ímpetu era mutuo, en cierto punto la que parecía poseída por demonios era ella y no yo. –Helga levantó la mano para cortar esa ruta del diálogo y Gretel desistió- Decidimos venir. Por eso llamé a Will cuando ingresamos aquí y puse el altavoz. Si estaban ustedes, esa era la manera de saberlo. Pero por supuesto, no esperaba que fuesen unos espías de muy mala categoría. –acusó.

- Yo me ocultaba de los videojuegos de terror. –se defendió, levantando las manos con inocencia. En su momento parecía una excelente idea.

- Como sea… -la derrota por fin dominó su mirada- Pero esto es como Wolfgang. La atracción desbordante, aún si ella no lo sabe, como a él le ocurrió, es por mi similitud contigo… -se dejó caer en la cama, vencida- Te sustituyo, volviendo sus fantasías en realidad, aunque yo no sea tú. –concluyó- Si ella fuese un interés cualquiera, me daría igual, pero… tengo mis sentimientos de por medio y me niego a entregarlos si es que solo voy a sustituirte.

- ¿Y qué te hace pensar que es por ella?

La puerta nunca se había cerrado por completo y aunque no era cortés espiar, al escucharse ser nombrada, Lila no pudo evitar prestar atención a la conversación. Al igual que Arnold, aunque este le había movido su natural curiosidad a asuntos que no eran de su incumbencia. Posiblemente le costara entender que Lila, la dulce niña de su infancia, había sido en su momento, también una fuerte competencia para hacerse del corazón de Helga, pero no parecía molesto, ni mucho menos disgustado. Su rostro simplemente carecía de emoción, mirando el vacío,

La pelirroja ingresó al dormitorio, llevaba la camisa a cuadros que Arnold una vez le prestó a la rubia en la enfermería, eso era todo lo que cubría su desnudes. Pero la seriedad en su mirada apartaba cualquier burla o apariencia erótica de ese momento.

Lila avanzó hasta estar frente a Gretel, sin siquiera reparar en Helga. La pelirroja apoyó sus finas y pecosas manos sobre sus caderas.

- ¿Nunca pudiste pensar que simplemente tú me gustas? ¿Qué simplemente estaba intoxicada de ti? –preguntó, bajando la mirada un segundo con un repentino sonrojo en su rostro- Que era extraño… y nuevo… -levantó su rostro, luchando por agarrarse de un valor que rara vez lo necesitaba- Y no podía escapar –susurró- ¿Y todo eso simplemente se debía a ti? Sin sustituciones o complejos análisis… Solo por ti… estoy aquí… -se miró y sonrió apenada- así…

Y Helga supo que era un excelente momento de salir de ahí, cerrar la puerta, tomar del cuello de la camiseta a Arnold y llevárselo fuera del departamento. Por supuesto, era una excelente idea, porque si no, iban a terminar los dos seriamente traumados en el primer día que habían iniciado como pareja.

Nunca era un buen pronóstico un noviazgo que al primer día comenzaban con visitas al psicólogo…

Y así, había acabado siendo una terrible idea ir a su habitación ese día. Por muy seguro que le hubiese parecido, pues había olvidado con quien compartir el departamento. Una terrible idea con un desenlace peligrosamente aterrador. Aun se preguntaba si Arnold no tendría serios traumas psicológicos después de todo lo ocurrido. Para colmo de males, recordaba lo que Gretel le había advertido. Al orgullo masculino podía incomodarle ciertos descubrimientos.

- ¿Sabes? –el chico se apoyó contra la pared del corredor- Hace menos de un mes… y no te burles de esto… Para mí, la homosexualidad y la bisexualidad eran cosas lejanas. Algo único y muy escaso, casi como si ocurriesen muy lejos. –regresó a ver a Helga, sintiendo cierta vergüenza por su comentario- Pero luego conocí a tu prima, ocurrió lo de Nadine, ahora Lila…

- Nadine no es bisexual. –le aclaró al chico y antes que continuara, sonrió con burla- Que comas una vez en tu vida carne no significa que dejes de ser vegetariano ¿No crees…?

- Entonces…

- La orientación sexual, cabeza de balón, no se determina por con quien te besas o… tienes relaciones. –señaló con la mirada hacia la puerta del departamento para simbolizar el significado- Sino de quien te enamoras. Si en este momento te convirtieras en chica yo seguiría amándote, simplemente por ser tú… -susurró.

- Bueno, tampoco es que sea importante. –la tomó de la mano, aprovechando que estaba desprevenida y la guio hacia su habitación- Eso aprendí con ustedes. –jaló el cordón que abría los escalones desplegables y se giró para observarla- ¿Por qué clasificar a la gente? –notó como ella sonreía de lado- Es innecesario encasillar ¿Verdad?

- Arnold… -la chica sintió el latido precipitado de su corazón y sonrió suavemente, sin poder evitarlo.

Ahí estaba algo que disfrutaba ciegamente de él y en ese momento se hacía más fuerte. Siempre estaría orgullosa de la forma en que él aceptaba a las personas abiertamente.

Lo amaba cada vez con más fuerza, lo sabía porque a cada segundo podía sentir el vértigo de caer, el miedo de perderlo; incrementándose cada vez con más fuerza. Para ella, dado que su prima había sido su principal apoyo, le era importante que Arnold aceptara a la alemana tal cual era. En el fondo sabía que la gente usualmente no consentía con total naturalidad cosas así, la homofobia o el racismo eran comunes en la sociedad, dolorosamente comunes y se debían aguantar como algo que aún no desaparecía, para su mala suerte. Pero ahí estaba Arnold, con su amabilidad y sincera manera de recibir las cualidades y excentricidades de las personas a su alrededor, sin quejarse o sin usar los parámetros sociales comunes como cristales por los que observar el mundo. Una de las cosas por las que se había enamorado de él, era esa capacidad que tenía para observar a las personas y poder darles una sincera lealtad.

Ya dentro del cuarto, no pudo evitar abrazarlo suavemente, bajando la mirada. No importaba que fuese extraño y que su instinto le pidiese que saliera corriendo. En ese momento se juró que debía ser más sincera con sus emociones, más comunicativa con él. No siempre iba a expresarse apasionadamente, también gestos tan simples implicarían mucho en esa relación. Eso se prometió.

- Tengo un regalo para ti. –le anunció él, soltándola ligeramente para buscar en el cajón de su escritorio.

Helga se quedó en su lugar un par de segundos pero se dio cuenta que con la misma naturalidad que recorría su propio dormitorio, con la misma se acomodaba en la habitación del rubio. La chica se dejó caer tranquilamente en la cama y se cruzó de brazos, mirando el cielo.

- ¿Sabes? Gretel y Will son amigos más de un año. Pero yo apenas lo conocí el primer día de clases, aun así, siento conocerlo de toda la vida. –bajó la mirada para encontrarse con la de Arnold- ¿Qué tan raro es eso?

- Tienes razón… -se sentó junto a ella- Recuerdo que tu prima nos dijo algo el primer día de clases, cuando te quedaste con Will un rato al final del día. Por la manera en que ustedes dos congenian…

- Pensarías que él y yo nos conocemos más tiempo. –asintió, ladeando el rostro, subió su mano desde el pecho de él hasta acariciar su mentón con la punta de sus dedos, distraída- Tú y yo nos conocemos muchos años y Will sabe más de mí por puro… instinto. –recordó el diario, el pelirrojo supo de inmediato que lo había escrito Helga, también le había insinuado que de seguro ella era la misteriosa cita de Arnold cuando fueron niños. Si recordaba bien, fue Will quien la encontró cuando desapareció para pelear con Chloe. Le sorprendía como le costaba recordar que él apenas llevaba unos días en su vida.

- Entonces guíame. –pidió Arnold, cerrando su mano sobre la femenina- Guíame para conocerte como nadie. –ella sonrió de lado, pero parecía distante, pensando en más cosas que en bellas promesas.

Helga estaba pensando en la realidad.

- Las vacaciones de verano y las festividades de diciembre… Gretel y yo volvemos a Alemania…

- Curioso… -Helga arqueó su ceja, sin entender- Has dicho "volvemos", como si Alemania fuese tu hogar. –ella abrió los ojos, con sorpresa y un suave sonrojo cubrió sus mejillas- ¿Lo es?

- De cierta manera. –se encogió de hombros- El tío Klaus y Gretel han sido más mi familia en muchas cosas que los Pataki. –subió sus pies suavemente a la cama, para abrazarse las piernas- En casa no les importa que me pierda navidad o año nuevo con ellos. A mí tampoco. –musitó, pero sonaba ligeramente resentida; repentinamente soltó una pequeña risa - No, no me importa. Me dolería más ya no ir allá, no verme con los chicos… los amigos de Gretel –se explicó-, Creo que no sería lo mismo si no pudiese ir a la fiesta de navidad de la marina… -su sonrisa se volvió nostálgica, sin siquiera darse cuenta. Arnold rodeó con su brazo los hombros femeninos y la atrajo a su pecho- perder el tiempo en el club de oficiales, estar con el resto de la familia, viajar en tren a Rusia para año nuevo. – repentinamente sacó del bolsillo de su falda el prendedor en forma de calavera, presionó un costado y le dejó ver la fotografía interna que estaba a la derecha. Ahí estaba Arnold, principalmente se veía su rostro y hombros, llevaba una playera de básquetbol, tenía el cabello revuelto y estaba agitado, pero sonreía- No te burles. –le advirtió.

- Nunca lo haría. –le juró, besando su cabello- Realmente me parece algo inesperadamente dulce y me hace desear tener uno.

- ¿Te pondrás un prendedor de cabello? –preguntó con burla y lo sintió reírse en silencio.

- Sabes a lo que me refiero. Una fotografía de ti.

- Tonto… -susurró, mientras inclinaba el prendedor para que se viera el lado izquierdo, ahí estaba una fotografía de su tío y de Gretel.

El tío Klaus llevaba su uniforme negro de almirante de la marina, con todas sus medallas a la vista, pequeñas y rectangulares unas, sobre el lado izquierdo de su pecho. El rostro del hombre era completamente serio, el sol había marcado la piel del hombre dándole un color tostado, tenía el rostro cuadrado, con arrugas entre las cejas y a los costados de sus párpados, dándole un aire solemne. El cabello que se veía debajo de la gorra del uniforme era completamente blanco y sus ojos de un intenso gris espectral. El hombre no sonreía pero se veía orgulloso, de pie y erguido, con sus dos manos sobre los hombros de su hija, quien estaba sentada en una silla isabelina. Gretel llevaba un vestido formal celeste, sin escote, ni mangas. Su cabello estaba recogido en un moño alto y sonreía de lado. Sobre el lado izquierdo de su pecho llevaba un prendedor en forma de estrella de cinco puntas, color rojo, con bordes azules, a honor de la escarapela de las fuerzas aéreas de Rusia. Y por ende, en memoria de su madre.

- Los amas ¿Verdad? –ella cerró el prendedor y asintió, observándolo, en su mirada se mostraba el temor que tenía al abrirle su corazón sobre algo tan íntimo y sagrado.

- Ven con nosotras. –murmuró Helga, respiró hondo y habló con más seguridad- Ven en verano con nosotras. Gretel iba a llevar a Wolfgang y al tío Klaus no le molestó. –bajó la mirada- Ven… si quieres. –ladeó el rostro- Es una excelente oportunidad para ti ¿No crees? –su voz sonó distante- Conocer una nueva cultura, un país tan importante…

- Helga… -tomó su rostro, sonriendo de lado- Tú fuiste a San Lorenzo por mí y solo éramos niños. –le recordó- Me encantaría ir contigo a Alemania en verano.

- ¿…No te parece muy precipitado? –murmuró, bajando la mirada.

- ¿No recuerdas?

Arnold la soltó y cuando ella levantó el rostro, observó su relicario colgando de los dedos masculinos. Helga abrió los ojos con sorpresa, sin poder creerlo. Pero… era verdad… Si, era su relicario, dorado, con su cadena gruesa y el corazón girando suavemente.

- Tú lo dijiste, esto, nosotros, es un para siempre.

Ella tomó el relicario entre sus manos, silenciosa y sorprendida, sintió la cadena caer y observó la fotografía en el centro, descarada y a la vista de cualquiera que mirase el relicario. Pero no era la misma foto... Ya no era Arnold quien le observaba desde ahí. Bueno, en realidad lo era, pero no estaba solo. En la fotografía estaba el rubio sonriendo con picardía, despeinado y adormilado, pero lo llamativo era que contra su pecho estaba Helga dormida. Por el ángulo de la fotografía, se podía notar que él mismo había tomado la foto.

- ¿De dónde sacaste esto? –el grito sonó ahogado, con la chica completamente roja y sin saber si saltar de emoción o golpearlo.

Tal vez las dos cosas…

Pero más importante aun: ¿Qué tan sano era tener una fotografía tan comprometedora en su relicario?

- Después de ver It nos dormimos ¿Recuerdas? –ella asintió- En la mañana no pude contenerme. Tú estabas dormida y tomé la fotografía. Cuando Gerald me dijo que el relicario estaba arreglado se lo pedí y puse la foto. –se encogió de hombros, sonriendo- ¿No te gusta?

- Eres un atrevido al poner algo así. Algo suicida, en realidad… y me encanta. –lo abrazó de golpe, tumbándolo en la cama y quedando sobre él- Estúpido cabeza de balón. –murmuró, inclinando el rostro a él, pero repentinamente su celular comenzó a sonar.

Ambos fruncieron el ceño.

- Déjalo… –pidió Arnold, intentando atraerla a él, pero ella se sentó sobre el vientre masculino y contestó.

- ¿Will?

"Lo siento Pataki. Mira, no interrumpiría pero debes escuchar esto" el chico sonaba completamente divertido. Al inicio no supo comprender hasta que notó gritos al otro lado de la línea. Poco a poco esos gritos tuvieron dueña.

"¡No quiero! ¡No! ¿Por qué debo aprender algo como esto?" era Gretel… y estaba en su modo infantil.

"Porque no puedes depender del resto todo el tiempo…" y esa era Lila. Helga enmarcó una ceja, extrañada.

"¡Claro que puedo! ¡Aquí tengo a la desgarbada y en Berlín tengo… a todos los tripulantes, sirvientas, choferes y subordinados varios del Almirante, mejor conocido como mi padre!"

¿Qué diablos era eso?

"¿Escuchas?" Will preguntaba con tal regocijo, que obviamente contenía las ganas de reír.

"¡Will! ¡No te quedes ahí! ¡Tú sálvame!"

- ¿Qué es todo eso? –observó a Arnold y se levantó.

¿Dónde rayos estaba su prima?

"Baja y averígualo. Te esperamos" y Will le colgó. Bien, eso era más extraño.

- Hay que bajar. –anunció la chica.

- ¿Por qué? –Arnold parecía reticente a dejar su propia cama, pero también lo había estado de que ella se levantara y contestara.

- Creo que Lila tortura a Gretel. –notó la mirada de extrañeza en el chico- Lo se… pero desde que vimos lo activa que resultó ser la santurrona… con eso que hacía con sus manos… –los dos negaron con fuerza.

Aún estaban en negación sobre el asunto. Eso no había pasado. Eso no merecía la pena hablarlo a profundidad. Eso no volvería a ser visto. Punto.

-… yo ya no dudaría tanto de si tiene o no un lado malvado. –comentó, saliendo de la habitación- Tal vez Gretel la rompió el otro día y ahora Lila está actuando sin sentido.

No tuvo que regresar a ver sobre su hombro para comprobar que el rubio le seguía, sacó sus llaves y antes de poder abrir la puerta, esta, como si hubiese desarrollado conciencia propia, se abrió.

- ¡Helga!

Y había aprendido a hablar…

…o estaba embrujada…

La chica ladeó el rostro para poder ver dentro, Will se encontraba en el suelo, riendo con fuerza, de esa manera casi perruna que hacía vibrar todo su cuerpo y lograba, como en ese momento, con el chico en el suelo. Pero eso era lo menos relevante, en realidad. No era la primera vez que el pelirrojo terminaba riendo de esa manera ni usando su ropa como trapo de piso.

Lo notable era como, en menos de un día, Gretel y Lila podían traumatizarlos de tantas maneras.

Para su sorpresa su prima estaba agarrada a la manija de la puerta con sus dos manos, dato que revelaba el misterio de la puerta que se abrió sola. Lo siguiente y principal curiosidad fue encontrar que Lila estaba atrás de Gretel, tomándola de la cintura y jalándola al interior del departamento. Sorprendentemente la pelirroja usaba tal fuerza en un solo brazo que con el otro rodeaba las piernas de la alemana, haciendo que esta solo se agarrara de la puerta con las manos, no tocara el piso y chillara como niña. Lila tenía suspendida en el aire a la chica. Eso era increíble.

- ¿Qué pasa aquí? –Arnold se asomó sobre el hombro de Helga, notando la curiosa escena.

- ¡Señor lobito, sálvame! –rogó Gretel, intentando poner su mejor cara de niña buena que nunca había atentado contra la integridad física o mental del chico.

- ¡No! –los dos rubios se sorprendieron ante el grito de advertencia de Lila, a pesar de la primera impresión, sus facciones demostraban una completa seriedad sobre el asunto- Gretel debe aprender… -jaló otra vez a la chica y al parecer con tal fuerza que ambas salieron disparadas y rodando hacia atrás, en el suelo.

Will se había logrado calmar y sentar en el suelo, pero ante la escena, volvió a soltar una estridente carcajada que lo envió de vuelta al piso. Lila y Gretel lucharon entre sí, la primera para capturar a su presa y la segunda para escapar de su esclavista pareja. Al final, la dulce chica de campo se impuso y de una manera más que curiosa.

- Comienzo a lamentar tu elasticidad… -gruñó la alemana, luchando por soltarse.

Lila se las arregló para descuartizarse con las piernas a los costados de sus caderas, uno de sus pies inmovilizaban el rostro de Gretel al clavarse contra su garganta y mentón, su otra pierna estaba doblada capturando los muslos femeninos de la alemana y teniéndola así prisionera.

¿Quién diría? Una bailarina de ballet le había ganado a la antigua capitana de un equipo de kung fu.

- No puede ser… -Helga entró con cautela.

Eso era nuevo y a la vez realmente esperado. Si alguien podía sacar de quicio a Lila… debía ser Gretel. Después de todo, Helga era la única que enojaba a Arnold. Pero nunca esperó que fuese en el primer día de relación pública.

- ¿Puedo saber porque intentas convertir la cabeza de mi prima en un corcho de botella a punto de salir volando? –apoyó sus manos sobre sus caderas, enmarcando una ceja.

Por un momento Lila y ella se observaron en silencio, la pelirroja pareció estar a punto de sonrojarse avergonzada, pero Helga se encogió de hombros con tranquilidad y observó a su prima, que no dejaba de luchar por soltarse.

- He sido entrenada en kung fu, defensa personal militar, uso de sable… ¡Y me gana una bailarina flexible! –golpeó el suelo con la palma de sus manos y Will soltó una carcajada más fuerte y burlona- ¡No ayudas! ¡Ya verás cuando me suelte, mi traicionero Hänsel!

- No. Me niego, Gretel. –aclaró Will, divertido- Tú primero aclara tus cuentas con tu novia. A mí no me metas en tus cosas de pareja. Cuando estás así, sueles ser bien violenta atrás de esa cara de inocente ternura. –el pelirrojo se levantó y caminó para apoyarse junto a Arnold, en el mesón. En esa posición se podía observar desde una perspectiva diferente a la señorita Lila y su uniforme escolar dominando por completo a una Gretel en su leotardo color vino y shorts holgados.

- ¿Alguien me va a explicar lo que ocurre? –exigió Helga, soltándose las coletas para peinarse su habitual cola de caballo, poniéndose su prendedor de calavera sobre su lazo rosa.

- Gretel está huyendo de sus lecciones. –explicó Will.

- Le intento enseñar a hacer arroz. –completó Lila, apoyando sus manos a los costados de la alemana para no caerse, dado que esta había pensado que era una excelente idea intentar rodar de un lado a otro para quitarse a la pelirroja de encima.

- ¿Arroz? –Arnold preguntó con sorpresa- ¿No sabes hacer arroz? –volvió a consultar, mirando a Gretel, esta negó con fuerza y tanto él como Will volvieron a reírse de manera burlona.

- ¡Se aprovechan de que estoy inmovilizada! ¡Irrespetan mi autoridad! –se quejó la alemana, conteniendo las ganas de incrementar su berrinche- Nunca he tenido que aprender los quehaceres de la casa ¡Nunca! ¡Una de las razones por las que la desgarbada está aquí es para mantenerme alimentada y limpia!

- ¡Maldita sea! –Helga señaló a Will y Arnold, quienes tenían un peligroso brillo en su mirada y una sonrisa oscura tocando sus labios- ¡No se refiere a ese tipo de limpiar! ¡Ella se baña solita! ¡Par de pervertidos!

Unos golpes en la pared detuvieron las risas. Al parecer estaban perturbando a los nuevos inquilinos de la casa de huéspedes, que para su mala suerte compartían pared con las dos rubias. Lila se quitó de Gretel y sacó del bolsillo de su falda escolar una aterradora cuchara de palo, con la cual la apuntó.

- ¿Qué harás el día que no esté Helga aquí? –consultó.

- ¿Compraré comida a domicilio? ¿Contrataré una linda sirvienta en un sexy traje francés? En realidad… ¿No quieres ser tú esa sirvienta…? Puedo botar a Helga ahora mismo si aceptas… –Lila la golpeó con la cuchara de palo en la cabeza y la alemana se cubrió la herida con sus manos- ¿Desgarbada…?

- ¿Si…?

- ¿Recuerdas cuando te dije que se parecían estos dos…?

- Si…

- Ya no lo creo tanto… -se quejó, acariciándose la cabeza- Ya aprendí a lavar la ropa… -se defendió.

- En lavadora… -recordó Helga, negando suavemente.

- Algo es algo. –se movió ágilmente para que en un par de movimientos estuviese sobre el mesón, abrazándose a Will, como si él fuese zona segura- Me maltratan… -se quejó.

- Te lo has ganado. Tú le dijiste a Lila que cocinar era fácil.

- Exacto. –la pelirroja se puso las manos sobre sus caderas, en su estilizada figura podía pasar de una dulce chica a una poderosa dama. Así, en un abrir y cerrar de ojos. Esa faceta no la conocía Helga- Si es tan fácil, creo que puedes aprender el nivel principiante ¿Verdad?

- Pero… -la alemana lanzó una mirada a un cuenco, ahí había arroz en un agua blanquecina- Se siente asqueroso lavar arroz… -mascullo.

Tanto Helga como Arnold observaron el cuenco verde que debía tener dos tazas de arroz y suficiente agua para cubrirlo. El agua era de una tonalidad lechosa, pero era normal dado que el arroz, como todos saben, es blanco. Pero Gretel tenía un gesto asqueado que Helga no pudo evitar compadecer.

- En realidad… -la menor de los Pataki le lanzó una mirada a Lila- Aunque me encanta que intentes enseñarle, necesito a mi prima.

Bien, siempre era bueno ganarse el favor de la alemana. La aludida levantó la mirada con una pequeña sonrisa y se soltó de Will para avanzar hacia Helga.

- Pero… -obviamente para la pelirroja no le era conveniente ceder tanto terreno después de la batalla que había tenido con Gretel, pero era inevitable. Una parte de ella le decía que Helga no haría eso a menos que realmente fuese necesario- Esta bien… pero tarde o temprano aprenderás a cocinar. –le advirtió a la alemana, apuntándola con la cuchara de palo, Will soltó una carcajada burlona e intercambió miradas de complicidad con Arnold.

Si, definitivamente irían a ver esas lecciones.

- Dios los crea y ellos se juntan… los buenos siempre son más malos. –se acercó a Helga, con una sonrisa ladeada- ¿Y para qué soy buena? Además de lo obvio, claro.

- Pagas doble en el cine… -comenzó la chica.

- Una entrada para mi ego y otra para mí. Lo sé. El chiste es viejo.

Helga la guio a su habitación y sacó su laptop, mientras revisaba su celular, buscando un mensaje que le había llegado días atrás.

- ¿Cómo te va con tu nuevo novio, desgarbada?

- ¿Por qué se siente como si me preguntaras por la trasmisión de un auto? –consultó, encontrando el mensaje y escribiendo en su laptop la dirección de correo que estaba en este.

- Supongo que ves los puntos en común, el señor lobito y el auto queman combustible y con el procedimiento adecuado los prendes y hasta los haces rugir. –Helga le lanzó una mirada de advertencia, sonrojada y la alemana soltó una carcajada- ¿Qué? ¡Tú preguntaste!

- Era retórica la pregunta… -negó suavemente- ¿Recuerdas lo que le hicieron a Nadine?

- Si… -la alemana se puso completamente seria- Aun no se lo digo a Will. –se cruzó de brazos, observando hacia ningún punto en particular- Esas malditas arrastradas… me pagarán tal humillación ¿Cómo se atreven a herir a Zoe? Ella… -la ira fue poblando cada vez con más fuerza a la rubia, su acento se hacía más obvio acorde avanzaba, volviendo su voz en un prolongado gruñido- Zoe es una criatura noble… ¿Cómo pueden esas hienas atacar a tan fina criatura? Alguien… -apartó su cabello con soberbia, cruzando una mirada con su prima- debe darles una lección.

- Imaginé que dirías eso. –levantó la laptop para ponerla en su escritorio y se sentó en su silla, atrayendo la atención de su prima- Pero para eso necesitas estar en la posición correcta para darles esa lección.

Phoebe le había dejado pensando sobre ese asunto, pues como siempre, su amiga tenía razón.

- ¿Te refieres a estar frente a ellas mientras les rompo los dientes con mi puño? Esa es una posición. También puedo clavarles mi pie en sus raquíticos traseros… -comenzó a enumerar.

- No, no me refería a eso. Lo que necesitas es poder para darles una lección. No se logra mucho lanzando piedras contra una gran máquina, pero ¿Desde adentro…? Hay como modificarla. –empujó la laptop para que la pantalla quedara en dirección de Gretel también, ahí se podía ver el rostro de Gino, con una sonrisa calculadora en sus labios- Ellas son poderosas por su popularidad. Pero existe un poder superior: El de las sombras.

"Parece que aceptaste mi propuesta a fin de cuentas, Pataki" el chico sonreía complacido, Gretel se acercó con cautela y se sentó en el borde de la cama, atrás de su prima.

- Te equivocas. –Helga señaló a su prima- Necesitas una representante femenina ¿Verdad, Carlo Gambino? Aquí la tienes, tu nueva señora, tu donne d'onore.

- ¿Disculpa? –la alemana se señaló a si misma- ¿Acaso quieres que me asocie con Italia? Soy una guerrera, no una mafiosa.

"No creo que de la talla, Pataki. Esto no es lo que te propuse. Una donne d'onore es una mujer entregada a la causa, atractiva, fuerte y poderosa. El ser bonita y que asuste a sus pretendientes, no significa que sea poderosa o fuerte." Gino negó severamente "Tu prima, no tiene el nivel de dominio de las masas que tú tienes, ni mucho menos tu carisma. La palabra, la intimidación, la belleza, la presencia… complacer y aterrorizar por partes iguales… No cualquiera puede hacerlo"

- ¿Y tú crees tener la inteligencia para tu organización? –Gretel se levantó, altiva, a pesar de estar en shorts holgado y viejos y un leotardo lleno de polvo por la batalla reciente contra su novia. Aun así, lucía tan poderosa y madura como en uno de sus más caros trajes de diseñador- Tú no produces lealtad, solo miedo y deseos de asociación para luego derrocarte. Un grupo de animales que se huele entre sí y dedica su tiempo a la intriga y conjuras. Las personas comunes no desean estar cerca de ti y la mala calaña solo busca aplastarte y tomar tu lugar. –ladeó el rostro, con una sonrisa suave- Tú no dominas a nadie, ni al pueblo ni a la escoria social. Careces de perspectiva. En una semana yo podría castigar a los inútiles y obtener la lealtad de todos. En una semana. –a Helga y a Gretel les gustaba el poder, el ejercer dominación sobre otros. A Helga le interesaba la política, a Gretel las empresas. Y por eso la primera había sabido que su prima sería la indicada para hacerse del control sobre Gino, después de todo era una experta titiritera en la empresa de Big Bob.

"Me agradas…" admitió el chico, sorprendido "te juzgué demasiado rápido, Gretel… Lo admito, tienes una perspectiva interesante. El tipo de visión que buscaba ¿Qué dices? ¿Te interesa un puesto en mi organización?" Gino estaba sentado en un cómodo sillón, en las sombras se podía observar a dos de sus más leales matones, agazapados y observando. En verdad eran una manada de hienas.

- ¿Un puesto? –la alemana soltó una carcajada- Querrás decir: Socia. –ronroneó, inclinando su torso hacia la pantalla para aclarar la corrección.

"¿Y qué crees poder aportar como socia? Estar a cargo de tantos miembros… es una posición muy agotadora. Te lo digo por experiencia" el chico apoyo sus manos sobre su pecho, en un fingido estado de lamentación.

- Tecnología… económica, accesible y un nuevo mercado que explotar. –la alemana apoyó su mano sobre el hombro de Helga- Estás hablando con las princesas de los localizadores… Estamos a punto de cerrar un contrato con una empresa japonesa de celulares… puedo conseguirles la mercancía barata.

- Ya no es época de vender y extorsionar con chocolates. –le recordó Helga, al saber por dónde iba su prima- Ahora todos quieren minutos. Nadie tiene minutos, el tiempo es un bien comercial. Los celulares son una manera de encapsular ese tiempo y usarlo ¿No crees? Nos necesitas. A Gretel como tu donne d'onore. Y a mí como su mano derecha.

"¿Y qué quieren a cambio de esta asociación?" consultó cuidadosamente el chico, entrecerrando los ojos. Las dos rubias intercambiaron miradas, con una sonrisa ladeada.

- Poder…

- Dominación…

- Justicia. –dijeron a la par, con una sonrisa peligrosa en sus labios, similares en ese momento, como un espejo.

"¿Se refieren a Chloe y esas chicas?" las dos rubias se encogieron de hombros, intercambiando miradas astutas "Por mí no hay problema. Entonces, señoritas ¿Tenemos un trato?"

- Lo tenemos. Pero recuerda, Italia… A Alemania –Gretel se señaló- no le gusta jugar con mojigatos, ni ser engañada. Te recuerdo que en la Campaña de Italia murieron más italianos que aliados y alemanes juntos. –Helga cerró la comunicación, cargando de dramatismo la advertencia de su prima- Así que ¿Ahora somos de la mafia de la preparatoria? –consultó, como siempre, lanzándose de cabeza cuando de la menor de los Pataki se trataba.

¿Cuándo aprendería…?

- Bueno… -se encogió de hombros la chica- Alguien debe ensuciarse las manos para mantener las nobles ilusiones de los inocentes. –lanzó una mirada hacia afuera de la habitación, donde Will se había puesto a cocinar y tenía de asistentes a Arnold y Lila, como si de dos dulces duendes se tratasen.

- Y yo que pensaba que todo se volvería aburrido ahora que la manada se había agrandado… -la alemana se estiró con pereza y ambas chicas salieron de la habitación.

- Majestad…. –saludó Will, inclinando el torso, en dirección de Gretel- Sus siervos preparamos vuestro banquete.

Lila y Arnold rieron, al parecer habían estado bromeando a costa del berrinche de la alemana, mientras las chicas hacían tratos con Gino.

- Majestad… -Helga se unió, inclinándose frente a su prima- Estamos aquí para entreteneros.

La alemana soltó una carcajada y le dio una patada a la chica en el costado al entender que era su respuesta sobre el aburrimiento que había supuesto Gretel que vivirían.

- ¿Y quién sois vos, caballero de curiosa cabeza? –consultó, señalando a Arnold.

- El prometido de vuestra heredera. –respondió astutamente el chico, inclinando el rostro, logrando que Helga se sonrojara.

- Y yo vuestro más fiel consejero. –completó Will.

- Pues creo que os equivocáis, pues la reina no soy yo, sino ella. –señaló a Helga, quien se cruzó de brazos.

- ¿Qué somos? ¿Una manada o una corte real? –preguntó, burlona, cortando el juego.

- Una manada de sangre azul. –respondió la alemana, apoyándose contra Lila, quien cruzó una mirada discreta con Gretel- Una fuerte manada, indestructible.

Arnold se deslizó hasta rodear con su brazo la cintura de Helga, la atrajo suavemente contra su costado, mientras Will volvía a la cocina y Lila se disponía ayudarlo. Por el aroma, Helga supuso que era uno de los deliciosos platillos de Nueva Orleans que sabía hacer él. El rubio besó la frente de la chica y la atrajo más contra él.

- ¿Te he dicho que has vuelto de cabeza mi mundo? –consultó, observando alrededor, hace unas semanas nunca hubiese creído como iba a cambiar su mundo a partir de su abusadora de la infancia.

- Si y te gusta la embriaguez de la sangre en la cabeza. –lo tomó del mentón, atrayéndolo a sus labios, sintiendo contra su boca la sonrisa suave de él.

- Te amo… -murmuró Arnold.

- Lo sé, señor lobo. –lo besó lentamente, sin importarle los gritos de Gretel y Will a sus espaldas o la risa cantarina de Lila mezclándose con el ambiente de su hogar.

- Por alguna razón me gusta más ese nombre cuando lo dices tú. –admitió el chico, sonriendo.

- Oh… -Helga sonrió de costado y acercó sus labios al oído masculino, susurrando lentamente- Entonces, tú solo espera, porque muy pronto, en tu habitación, te diré: Cómame señor lobo –lo besó suavemente sobre la piel de su cuello.

La chica dio un paso hacia atrás, notando el inocente sonrojo en el rostro de Arnold, la mirada del chico resaltaba sorpresa. Ella sonrió de costado, deslizando su lengua por su labio superior, pues había notado como el claro tono esmeralda se oscurecía, a la par que el gran la lobo asechaba en los ojos de su novio.

Todo eso era parte del para siempre. Y le gustaba.

Fin

¡Saludos Manada! No se cómo plasmar correctamente todo esto. Así que haré lo que se me ocurre siempre. Simplemente improvisar y decir las cosas de la misma manera en que lo haría al hablar: como salgan.

No tienen idea cómo voy a extrañar el escribir esta historia y todo lo que ha implicado para mí. Creo que hace casi diez años que no me sentía tan entregada a una historia. Y aun así, la sensación que me ha invadido al escribirla no tiene comparación.

Para mí, los personajes tienen su vida propia, pero la energía que han adquirido se la debe a ustedes. Y en nombre de ellos, se los agradezco.

Antes de comenzar con la secuela ¡Vienen los extras!

Bonus Track: Capítulos cortos de escenas extras de la historia. Aquí podrán leer escenas que han sido mencionadas por los personajes que no pudieron vivirlas.

Entrevistas: Los propios personajes responden las preguntas más realizadas por los lectores, confesarán sus más grandes secretos y admitirán sus verdaderos sentimientos sobre eventos ocurridos en "Cómame señor lobo"

Rojo y Negro: Las escenas +18 que tanto fueron pedidas. Capítulos que contarán los íntimos encuentros de los personajes.

What if…?: La puerta a Universos Alternos. Capítulos donde pequeños detalles hubiesen cambiado totalmente la historia. Aquí el ¿Qué hubiese pasado si…? Es la realidad de cada capítulo.

¿Les ha gustado la historia? Me alegra haber contado con ustedes todo este tiempo.

Reglas de la Manada: Nunca pierdas tu presa. Aun si demoras años en conseguirla o si al obtenerla puedes ver que no era lo que buscabas, siempre será mejor haber llegado hasta el final en la cacería que lamentar no haberlo intentado. Solo hay que recordar que la victoria más dulce solo existe en la fantasía del cazador, no en su presa.

¡Nos leemos!

Nocturna4