NA. Hola a todos de nuevo. Lo primero de todo pediros disculpas por el retraso, pero no he tenido un segundo para respirar estas últimas semanas por culpa del trabajo.
Sin desviarme más del tema os dejo con el capítulo 14 de Como Buenos Vecinos. Espero que lo disfrutéis.
¡Nos leemos pronto!
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Capítulo 14
De Navidad y nieve
- Abre la ventana- dijo Sanosuke mientras él abría la suya.
- Sanosuke ¿Vas a saltar otra vez por la ventana? ¿Y si los vecinos se enteran?- Preguntó con una expresión de horror en la cara.
- Por eso te he dicho que hay que hacerlo rápido- dijo mientras se ponía sus zapatos y se metía las llaves de su casa en el bolsillo. Un poco contrariada la chica la abrió y observó como el joven de un salto ágil se colgaba de la suya y entraba a su habitación con mucha más facilidad que la vez anterior- Ya está- dijo mientras de un salto terminaba de internarse en su habitación. Megumi no pudo evitar reír.
- Eres de lo que no hay- dijo mientras cerraba la ventana para evitar que entrara el frío.
- ¿Esto no se lo esperaba tu padre verdad?- Sanosuke se acercó lentamente a la pelinegra y la rodeó por la cintura- No he tenido oportunidad de decirte lo guapa que vas esta noche- la chica se sonrojó ante las palabras del castaño.
- Gracias- contestó mientras pasaba su mano por el pelo- Me gustaba el peinado que llevabas- dijo con una sonrisa.
- Cuando quieras me lo vuelvo a hacer- dijo mientras se acercaba para besarla, haberla tenido tanto tiempo cerca y sin poder acercarse a ella había sido una verdadera tortura para él. Subió sus manos por la espalda de la joven hasta atrapar sus mejillas.
- Siento que hayas tenido que conocer a mi padre- pudo decir la chica mientras el castaño le besaba el cuello. Este paró y la miró.
- Es un hombre simpático- bromeó- me ofreció tabaco- Megumi no pudo evitar reír y lo abrazó, sorprendiéndolo un poco.
- Gracias por estar conmigo- dijo, Sanosuke la miró con dulzura. Parecía una niña insegura, nada en comparación que cuando la conoció, le acarició el pelo agradecido.
- ¿Qué vas a hacer estas Navidades?- Le preguntó mientras seguían abrazados.
- Mi padre tiene pensamiento de montar otra fiesta como esta…- contestó mientras que se separaba un poco y lo miraba a los ojos, el castaño empezó a pasear sus dedos por el hombro al descubierto de la morena.
- ¿Vas a ir?
- No- respondió.
- ¿Le estás empezando a plantar cara a tu padre?- Preguntó sorprendido.
- Plantar cara no creo… pero si piensa que voy a asistir a esa fiesta con él lo lleva claro- contestó.
- ¿Entonces no tienes planes?- su cara se iluminó como la de un niño pequeño.
- Si no me sale nada interesante… no- sonrió.
- ¿Quieres venir a Nagano conmigo?- preguntó serio, Megumi lo miró sorprendida.
- Pero…- no pupo que decir- Salir de Tokio va a estar más difícil.
- Podemos pedir ayuda- susurró mientras volvía a acercarse a ella para besarla.
La pareja pasó la noche junta con el incentivo de que sabían que estaban siendo vigilados por el ayudante de Saito. Les dio igual y se regalaron besos y caricias hasta la hora del amanecer. Cuando por fin decidieron levantarse de la cama Sanosuke se despidió de Megumi con un ligero beso en los labios antes de volver a encaramarse a su ventana y daba un salto hacia la suya, la cual había dejado abierta la noche anterior.
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A partir de ese momento la pareja tuvo alguna que otra dificultad para verse. Sanosuke agradecía que Saito no supiera donde vivía, pero con el señor Oda enfrente de la casa de Megumi todos los días, iba a ser difícil no ser reconocido por él, así que cada vez que salía de casa intentaba pasar lo más desapercibido posible cuando iba a la universidad o a trabajar y para ver a Megumi tenía que terminar saltando por la ventana.
Las Navidades fueron acercándose poco a poco y el ambiente festivo inundó la ciudad de Tokio, Misao se puso bastante triste al saber que ni Sanosuke, ni su hermana iban a asistir a la fiesta de Navidad que estaban organizando en casa de Kenshin. Tanto la pelinegra como el castaño se dedicaban miradas intensas mientras se encontraban con sus amigos en el restaurante donde fueron a cenar la primera vez que se conocieron. Se habían acostumbrado a no tener muestras de afecto en público y eso les gustaba, pues aprovechaban cualquier despiste para dedicarse una mirada o una caricia furtiva. Kaoru había pasado a las semifinales del campeonato nacional de kendo femenino y estaba emocionada contando el combate que ganó hacía unos días, mientras que Kenshin la escuchaba emocionado, entre esos dos también había cambiado algo, aunque ni Megumi ni Sanosuke sabían explicar el qué.
- Pues si te vas estas Navidades no sé cómo voy a estudiar- dijo la ojiverde mientras se apoyaba en la mesa- La física no me entra en la cabeza y las matemáticas menos… y si quiero aprobar el examen de acceso necesito subir las notas…- suspiró mientras apoyaba su cabeza en la mesa.
- Yo puedo ayudarte- Todo el grupo se sorprendió y miró a Aoshi que leía el periódico tranquilamente, este al sentirse observado volvió a hablar- Soy bueno con las matemáticas y con la física… nada más…- Kaoru sonrió al observar el tono rojizo que iban adquiriendo las mejillas de su mejor amiga.
- Pues entonces ya no tienes problema para estudiar comadreja- La animó Sanosuke mientras golpeaba su espalda y hacía que enrojeciera aún más.
El grupo de amigos pasó una buena noche entre risas e historias, se alegraron de que todo volviese a la normalidad y cuando salieron del restaurante se felicitaron la Navidad y cada uno se dirigió a su casa, Megumi tomó un taxi para evitar que la vieran con el castaño. Saldrían hacia Nagano al día siguiente y no quería levantar mucha sospecha. Sanosuke se despidió de ella con un disimulado apretón en su mano y colocándose la bufanda se dirigió andando a su casa. Su sonrisa se mostraba en el rostro de manera casi inconsciente. Cuando llegó preparó lo que le quedaba de su maleta y extendió su futón en suelo, y echando un último vistazo a la ventana se acostó.
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El despertador sonó a las seis de la mañana como tenía previsto, con un poco de dificultad se levantó y observó como en la ventana de enfrente Megumi ya se había levantado y estaba dando vueltas por la habitación, al comprobar que el castaño también estaba levantado tomó su móvil y lo llamó.
- ¿Cómo lo hacemos?- Preguntó nada más Sano descolgó el teléfono.
- ¿Te ves capaz de saltar?- dijo mientras se colocaba una camiseta.
- Eso es lo malo…- su voz se veía preocupada- son casi dos metros de distancia.
- Si yo puedo saltarlos tú también- dijo mientras abría la ventana.
- Tu eres un orangután y yo una delicada señorita…- colgó el teléfono mientras ella también abría la ventana.
- Pásame el equipaje- dijo el castaño mientras sacaba casi medio cuerpo fuera, la chica le lanzó su macuto el cual agarró al instante- Muy bien ahora tú.
- Sigo sin estar segura de esto- la pelinegra se encaramó en su ventana temblorosa.
- Salta- le indicó el castaño y así lo hizo, Sanosuke la ayudó a agarrarse y la metió lentamente en su apartamento.
- Esto es una locura…- dijo la joven mientras soltó una carcajada, el karateka cerró la ventana del apartamento de la futura doctora con un palo de escoba y cerró también la suya.
- ¿Quieres café?- le preguntó mientras se adentraba en la cocina, la joven asintió mientras lo seguía.
- ¿Entonces las maletas como las vamos a llevar?- Preguntó interesada mientras observaba al castaño preparar dos tazas de café.
- Kenshin se va a encargar de eso, ahora cuando salgamos tenemos que dejárselas en la puerta- tomó una de las tazas y se la ofreció a Megumi que la tomó con las dos manos.
- Cuando mi padre se entere no le va a hacer gracia…- dijo pensativa mientras mojaba sus labios en el café con leche. Sanosuke le acarició el brazo con dulzura mientras le sonreía.
- No va a pasar nada, y si pasa te prometo que iré a hablar con él- dijo tranquilizándola- Quizás no sea un hijo de esos millonarios amigos suyos, pero puedo trabajar duro para conseguir un buen puesto de trabajo- La pelinegra quedó paralizada por un momento con las palabras del joven- Si tengo que ganarme su reconocimiento me lo ganaré.
- Sanosuke ¿Tienes fiebre?- Bromeó mientras dejaba su taza en el fregadero. El chico le guiñó un ojo mientras le daba un beso en los labios. Fue a la entrada donde le dio el casco de la moto a Megumi.
- Póntelo- dijo mientras él se ponía el suyo. La pareja dejó el equipaje en el rellano de la puerta y con cuidado se dirigió hacia la moto del castaño, donde ambos montaron y acelerando se dirigieron a la estación de trenes para tomar el tren de las 7 con destino a Nagano.
Cuando llegaron a la estación se sorprendieron al ver ya a Kenshin esperándoles en la entrada con sus macutos en sus pies.
- Llegáis tarde- Les dijo mientras señalaba su reloj. Sus amigos bajaron de la moto y rápidamente tomaron sus maletas.
- Gracias Kenshin, hemos estado dando vueltas por si acaso- dijo Sanosuke mientras se quitaba el casco y se lo entregaba a su mejor amigo, junto con las llaves de la moto- ¡Cuídala!- le advirtió.
- Descuida- dijo el pelirrojo tomando lo que le entregaba el castaño- Por cierto, esto es para vosotros- dijo mientras le extendía un sobre. Sanosuke lo tomó con el ceño fruncido- Es un regalo de Navidad- La voz que salía de los altavoces informando la salida del tren hacia Nagano hizo que ambos jóvenes tuvieran que salir corriendo.
- Muchas gracias Kenshin- gritó Megumi mientras corría hacia el andén con su macuto en la mano. El pelirrojo se despidió del ellos mientras que sonreía alegre.
- Llevad cuidado- susurró, entonces con una sonrisa se puso el casco de Sanosuke y se montó en la Honda- Siempre quise hacer esto…- Aceleró la máquina y se perdió por las calles de Tokio, mientras que el tren salía de la estación.
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- Menos mal…- dijo un exhausto Sanosuke mientras se sentaba cansinamente en un sitio libre e invitaba a Megumi a hacer lo mismo- Justo a tiempo.
- Gracias a que Kenshin, nos ha traído las maletas- la pelinegra colocó la suya en los compartimentos que se encontraban justo arriba- ¿Por cierto que hay en el sobre?- Preguntó interesada mientras se sentaba al lado de Sano.
- Vamos a ver- contestó mientras se lo sacaba de su chaqueta y lo abría cuidadosamente. Se encontró con una carta y con un recibo de Hotel.
Feliz Navidad de parte de Santa Claus
Sé que teníais alojamiento en Nagano,
Pero, ¿hay algo mejor que las aguas termales en invierno?
Pasadlo bien
Kenshin
La pareja leyó la carta a la vez mientras que se iban sonrojando poco a poco, al ver que el recibo era para una habitación doble en el mismo hotel donde estuvieron en verano.
El viaje se les hizo corto mientras observaban el paisaje nevado de las montañas de Nagano, todo era completamente diferente que en verano y hacía mucho más frío que en Tokio. Cuando bajaron en la estación se sorprendieron al ver a la familia de Sanosuke al completo, Ayame saludaba alegremente con el brazo y Suzume se encontraba de la mano del viejo doctor Gensai. Sanosuke se acercó rápidamente a su familia para abrazar a sus hermanas pequeñas y despeinar a su hermano Yahiko. Megumi se mantenía lejos de la escena, con vergüenza y las mejillas teñidas de rojo. Cuando accedió a pasar las Navidades en Nagano sabía que pasaría bastante tiempo con la familia del castaño, y aquella vez no tenían la excusa de ir con más amigos.
- Me alegro de que haya venido, señorita Saito- La saludó el viejo doctor Gensai mientras se acercaba a ella. Megumi sonrojada hizo una reverencia.
- Es un placer volver a vernos- dijo aún sonrojada- Gracias por invitarme.
- Sanosuke insistió mucho porque vinieras- comentó el doctor con una sonrisa, mientras miraba como su nieto cogía a su hermana pequeña en brazos- Gracias por cuidar de mi nieto- dijo volviendo su mirada a ella, que simplemente asintió vergonzosa.
- ¡Megumi!- Gritó Ayame mientras corría hacia ella y se abrazaba a sus piernas. Suzume también la miró con una cara sonriente.
- Vaya Sano, tu invitando a chicas a casa… ¡Esto es nuevo!- el comentario de Yahiko hizo que volvieran a enrojecer, el castaño tomó a su hermano por los hombros y lo obligo a salir de la estación mientras colgaba su macuto.
Las hermanas pequeñas de Sanosuke no se separaron de Megumi y tomaron sus manos para ir juntas, la pelinegra sonrió agradecida por el recibimiento de la familia Sagara y miró a Sanosuke que caminaba justo delante de ella llevando a su hermano pequeño que se quejaba porque le estaba haciendo daño. El doctor Gensai caminaba con las manos en la espalda al lado de la futura doctora.
- ¿El viaje ha ido bien?- le preguntó, Megumi recordó todo lo que habían tenido que hacer para que el "vigilante" que le había puesto su padre en la puerta de su casa no se enterara de que había salido de la ciudad.
- ¡Sí! Se llega mucho más rápido en tren que en coche, y los paisajes invernarles en las montañas son preciosos- el viejo doctor sonrió.
- Abuelo, al final tenemos hospedaje- le informó Sanosuke mientras dejaba a su hermano tranquilo- Kenshin nos ha dejado hospedarnos en su hotel-El doctor alzó sus pobladas cejas blancas.
- Vaya, entonces no dormiremos apretados estos días…- Yahiko hizo un gesto de satisfacción con su mano.
- Ya sabes cómo es Kenshin- siguió mientras salían de la estación, las calles de la ciudad estaban nevadas- Se empeñó en que nos quedáramos allí- Megumi alzó las cejas mirándolo ¿Qué se había perdido ella?
- Pero vendréis a cenar esta noche por la víspera de Navidad por lo menos ¿No?
- ¡Claro abuelo!- exclamó un contento Sanosuke que al parecer le daba igual el frío que hacía en la calle- Sabes que es una tradición a la que nunca fallo- Megumi los escuchaba con una sonrisa en la cara, su familia nunca celebraba la Navidad con una cena, siempre eran grandes eventos importantes o compromisos a los que asistía obligada hasta que ya tuvo una cierta edad, donde empezó a pasar las Navidades con Kenshin y compañía. Se sonrojó al ver lo que había cambiado su vida en menos de un año.
- Megumi ¡Esta noche vendrá Santa Claus!- Exclamó Ayame emocionada- ¡Viene todos los años!
- Os habréis portado bien ¿No?- les preguntó mientras que la más pequeña de la hermana le daba la mano y andaba dando pequeños saltitos emocionada.
- ¡Claro!- dijeron las dos al unísono, la futura doctora sonrió.
Llegaron en poco tiempo a casa del castaño, donde Megumi intentó ayudar al viejo Gensai en todo lo que pudo. Pero el abuelo de los Sagara no la dejaba hacer casi nada invitándola a que se pusiera cómoda en el salón. Sanosuke se dedicó parte de la mañana a ponerle las cadenas al coche de su abuelo para poder ir al Hotel.
- Pues Megumi no cocina nada mal- comentó despreocupado Sanosuke mientras entraba en la cocina y bebía de un trago un vaso de agua- Es una de las mejores cocineras que he conocido- La pelinegra lo miró con el ceño fruncido, bastante vergüenza estaba pasando ya para que encima la adulara de aquella manera.
- Tampoco soy tan buena- dijo avergonzada.
- Está bien, te dejo que me ayudes a preparar la cena- cedió con una agradable sonrisa el viejo doctor- Sanosuke tu ve con Yahiko a preparar el comedor- decía mientras le daba un delantal a la pelinegra y se ponía a trabajar en la cena junto a ella.
- Siempre me ha gustado que mis nietos mantengan esta tradición- Dijo el doctor, una vez había salido Sanosuke de la cocina- Mi hija adoraba la Navidad, desde que tuvo a Sanosuke siempre hacía lo mismo- suspiró- Yo he querido mantener esta tradición, para que no se olviden de sus padres- Megumi lo miraba con expresión triste.
- Seguro que nunca lo harán…- contestó- Han tenido mucha suerte de tener a alguien como usted con ellos- El abuelo de los Sagara sonrió.
- ¡Abuelo!- Yahiko apareció en la cocina con el teléfono móvil en la mano- Tsubame no tiene nada que hacer esta noche ¿Te importa si la invito a cenar con nosotros?- Preguntó interesado a su abuelo.
- ¡Vaya! Con que Tsubame- Sanosuke apareció justo detrás de él- ¿Este año también vendrá?- preguntó sonriendo- Yahiko tienes que ser un buen anfitrión si quieres que se enamore de ti- Dijo riéndose mientras le daba pequeños codazos a un enrojecido Yahiko, que salió de la cocina corriendo. Megumi suspiró agradecida al saber que era normal que algún Sagara llevara amigos a esa cena, sintió como una gran presión desaparecía de su espalda.
- Kenshin hace tiempo que no viene- comentó distraído el señor Gensai- desde que está en Tokio lo veo muy poco…
- Ya vendrá algún día- comentó Sanosuke mientras tomaba un trozo de zanahoria que Megumi ya había cortado y pelado- Está muy ocupado con la universidad y el trabajo, aunque su trabajo sea el de barrer el pasillo del edificio- La pelinegra aguantó una pequeña risa.
Sanosuke terminó de colocar y decorar el comedor para la cena, se sentó cansado mientras se apoyaba en la pared y miraba como sus hermanas pequeñas jugaban en el comedor. Al poco tiempo sonó el timbre de la casa indicando la llegada de la amiga de la infancia de Yahiko, con un pastel muy Navideño para el postre.
La familia Sagara y las dos invitadas se sentaron alrededor de la mesa para empezar a comer la deliciosa comida que habían preparado Megumi y el doctor Gensai. Yahiko se sorprendió de lo bueno que estaba todo lo que había preparado Megumi y se peleaba con Sanosuke para comer lo máximo posible.
- Por muy bien que cocine yo, he de admitir que las mujeres les dais un sabor especial a la comida- dijo el viejo doctor mientras probaba la tempura que había preparado Megumi.
- ¡Es verdad que está muy bueno!- Tsubame se había sentado a su lado, al verla se sorprendió de que Sanosuke llevara por primera vez a una chica a esa cena, siempre invitaba a Kenshin o algún amigo, pero siempre chico. Megumi se sonrojó por los halagos.
- No creo que sea para tanto- contestó- el pulpo que ha preparado el doctor también está exquisito- comentó con una sonrisa. La verdad era que se encontraba muy a gusto, nunca había vivido una cena tan familiar como aquella y miró a Sanosuke con una sonrisa, que esté le devolvió.
Tras la cena se quedaron un rato tomando la tarta que había preparado Tsubame, Sanosuke desapareció alegando que lo habían llamado por el móvil. Megumi terminó de comprender lo que ocurría cuando un Papá Noel llamaba a la ventana de la casa. Ayame y Suzume se quedaron atónitas mientras que Yahiko le habría la ventana y este entraba al salón con un saco lleno de regalos.
- ¡Santa!- gritaron al unísono las dos pequeñas hermanas.
- Jo, jo, jo – Megumi no pudo aguantar una pequeña carcajada tras reconocer a Sanosuke tras la roja vestimenta y la espesa barba blanca que le tapaba el rostro- ¡Traigo los regalos!- Dijo emocionado mientras que empezaba a sacar cosas del saco rojo que llevaba en la espalda.
- ¡Ala!- Dijo Ayame cuando descubrió una muñeca, Yahiko sonreía satisfecho con el videojuego que acababa de recibir, Suzume daba saltitos mientras abrazaba un gran perro de peluche más grande que ella, el Doctor Gensai recibió una manta eléctrica para sus dolores de espalda y a Tsubame un libro.
- ¡Ese libro lo ha elegido Yahiko! jo, jo, jo- informó mientras que el segundo de los Sagara iba enrojeciendo poco a poco- Yo solamente he hecho caso a su petición y te lo he traído- entonces se giró a la pelinegra y dejó una pequeña caja cuadrada envuelta en papel de regalo- Este es para ti- dijo mientras le guiñaba un ojo- ¡Oh! Falta Sanosuke- se dirigió a las más pequeñas- ¿Sabéis dónde está?- Les preguntó.
- Ha ido a hablar con el teléfono- dijo Suzume.
- Bueno dejaré su regalo aquí- sacó otro paquete que puso sobre la mesa-¡Me tengo que ir! Aún me quedan muchas casas que visitar- Y con un elegante salto salió por la ventana. Escucharon a Notaro ladrar y acto seguido apareció un apurado Sanosuke por la cocina- ¿Me he perdido algo?
- ¡Sano, Sano! ¡No te lo vas a creer ha venido Santa Claus!- Megumi observó la escena con una sonrisa en la cara mientras mantenía entre sus manos el pequeño paquete que le había dado.
- ¿De verdad?- Preguntó Sanosuke exagerado, sus hermanas le llevaron el regalo que había encima de la mesa.
- ¡Te ha dejado esto!- Dijo Ayame emocionada, el castaño tomó el regalo y se sentó al lado de la morena guiñándole un ojo.
- ¡Veo que tú también tienes regalo!- comentó Sanosuke mientras abría emocionado su regalo y descubría unos guantes para la moto- ¡Justo lo que necesitaba!- comentó emocionado.
- ¿Alguien quiere té?- Preguntó el viejo doctor mientras se levantaba para dirigirse a la cocina.
- Haz para todos- le respondió su nieto mayor. Megumi miraba su regalo aún sin desenvolver y con mucho cuidado empezó a quitar el llamativo papel de regalo para descubrir una caja con un perfume. Miró a Sanosuke con una sonrisa, este le guiñó el ojo de nuevo.
Lo que quedó de velada fue bastante agradable, estuvieron jugando con Ayame y Suzume hasta que les llegó la hora de irse a la cama, las dos niñas se quejaron mientras subían las escaleras con su hermano mayor. La pelinegra se sentía a gusto rodeada de la familia del castaño, habían pasado un duro golpe por la pérdida de sus padres, pero se habían levantado y apoyado los unos en los otros y volvían a ser una familia completa, volvió a sentir un poco de envidia, al contrario que los Sagara, su familia era mucho más fría, especialmente por su padre, siempre preocupado por las apariencias, el dinero y el prestigio.
- Creo que yo también me voy ya- comentó Tsubame mientras se ponía de pie.
- ¡Te acompaño!- dijo Yahiko casi al instante mientras también se ponía de pie- No son horas para que vayas sola por la calle- se excusó con las mejillas coloradas.
- Oh Yahiko, que caballeroso que eres- Sanosuke, con voz de niña, habló desde las escaleras, el aludido enrojeció.
- ¡Sanosuke a ti nadie te ha dado vela en este entierro!- gritó mientras salía disparado hacia donde se encontraba su hermano mayor. Tsubame y Megumi no pudieron evitar reír ante el comportamiento de los dos hermanos, Yahiko se había colgado de la espalda de su hermano mayor e intentaba tirarle de la oreja.
- Vamos muchachos, ya está bien- intentó calmarlos su abuelo, ambos hermanos se separaron. El pequeño carraspeó
- Vamos Tsubame, antes de que se te pegue la estupidez de mi hermano- dijo mientras se colocaba su grueso abrigo. Sanosuke seguía riendo.
- Buenas noches- se despidió la chica mientras salía junto al menor de los Sagara.
- Nosotros también nos vamos- anunció el castaño mientras tomaba su abrigo y su regalo- Espero que el coche arranque con este frío…
- No creo que tengáis problemas- le respondió el doctor Gensai mientras recogía las tazas con la ayuda de Megumi- Ese coche es tan duro como una piedra- Sano alzó una ceja.
- Muchas gracias por todo- le dijo Megumi mientras se colocaba su abrigo.
- Gracias a ti por venir, nos gusta que la casa esté siempre llena de gente- contestó con sus manos en la espalda- disculpa si mis nietos han causado alguna molestia- la ceja del castaño tembló.
- En absoluto- respondió la pelinegra con una sonrisa- Ya conozco desde hace tiempo a Sanosuke, estoy acostumbrada- Sano la miró con el ceño fruncido.
- ¡Nos vamos!- Anunció mientras salía hacia el pequeño garaje y abría la puerta.
- Llevad cuidado- se despidió el doctor. Megumi se montó en el asiento del copiloto con una sonrisa en los labios. Vio cómo se montaba también un Sanosuke que seguía con el ceño fruncido mientras arrancaba el motor y salían de la casa.
La nieve volvía a caer, pero sin mucha fuerza, las calles estaban prácticamente desiertas y aún se encontraban encendidas las luces navideñas de algunas tiendas y plazas. Sanosuke conducía despacio y en silencio, la pelinegra lo miró, su cara se iluminaba al paso de las farolas y tenía el volante fuertemente agarrado con las dos manos.
- ¿Soy un desastre verdad?- Preguntó al sentir que la chica lo estaba mirando.
- No- contestó ella casi al instante.
- No te creo… Me conoces ya desde hace tiempo ¿No?- la pelinegra no pudo evitar una pequeña risa- ¿Encima te hace gracia?
- Sanosuke- comenzó- ¿Qué tiene de malo ser un desastre?- El castaño se quedó en blanco, alzó las cejas.
- Yo…
- Eres gracioso- susurró- una persona que siempre está contenta e intenta que los demás sean felices, eres noble y una buena persona- sonrió- que seas un desastre no te quita todo eso…
- Vaya Kitsune… puede que sí que estés empezando a conocerme un poco- dijo con una sonrisa arrogante, Megumi suspiró y sin quitar su sonrisa miró hacia la ventana apoyando su barbilla sobre su mano.
Llegaron al hotel al poco tiempo, no tuvieron ningún problema para sacar su habitación, enrojecieron un poco al ver como su amigo Kenshin les había reservado la habitación con el nombre de señor y señora Takada.
- ¿No tenía un nombre mejor?- se preguntó Sanosuke mientras se dirigían a su cuarto- Ahora me estaré acordando del señor Takada…
- Es mejor que con nuestros propios nombres, Megumi Saito llamaría mucho la atención si mi padre me estuviera buscando.
- ¿Estará el señor Oda aún en tu puerta?
- No me extrañaría- contestó Megumi con una sonrisa.
Llegaron a la habitación y entraron en silencio, la habitación era más grande que las que usaron en su anterior estancia, cuando entraron al dormitorio se encontraron dos futones, uno al lado del otro. Sanosuke inspiró profundamente y dejó su macuto a un lado de la habitación.
- Vo… voy a las aguas termales- informó ¿Por qué se había puesto nervioso? Se dirigió a un armario donde descubrió dos yukatas tomó el de hombre y salió a fuera, donde el frío era notorio.
Megumi en cambio se quedó mirando los dos futones, cuando reaccionó estaba sola en la habitación, se paseó por mirando los preciosos cuadros que la adornaban y se sentó en uno de los cómodos sillones junto la ventana, a fuera un congelado Sanosuke se disponía a entrar en las aguas termales, la chica no pudo evitar sonreír.
- Tranquilo…- susurraba el castaño ¿Por qué todo le era tan violento? Ya había estado con Megumi antes… pero siempre había sido casi improvisado. Aquello estaba preparado, Kenshin sabía perfectamente lo que hacía cuando les regalo la estancia. El castaño se sumergió un poco en el agua haciendo que salieran burbujas por su nariz.
- Sanosuke…- el aludido dio un brinco haciendo salpicar agua- ¿Puedo entrar?- Megumi se encontraba tras él ataviada con una toalla nada más, el castaño evitó mirarla.
- Claro…- contestó mientras volvía a ocultar la mitad de su rostro bajo el agua. Sintió como la morena entraba lentamente y se sentaba a su espalda.
- Estás raro- comentó ella.
- ¿Raro? ¿Quién? ¿Yo?- preguntó mientras sentía como Megumi apoyaba su espalda en la suya.
- Para tu información me he puesto el bañador debajo- dijo, Sanosuke abrió los ojos y suspiró, se sentía entre aliviado y decepcionado…
- Es bueno saberlo…- contestó. Estuvieron un rato en silencio mientras escuchaban el sonido del agua, había vuelto a nevar. La sensación de estar en las aguas termales con el termómetro a bajo cero era increíble. Megumi cerró sus ojos y apoyó su cabeza en la del castaño. Sanosuke al sentirla buscó su mano y se la tomó- Gracias por venir…- dijo de repente.
- Me lo he pasado muy bien- respondió- tu familia es increíble… aunque creo que eso ya te lo había dicho- Sanosuke rio.
- Si… ya me lo dijiste una vez- se dio la vuelta para mirarla directamente, llevaba su pelo recogido y sus hombros y cuello estaban totalmente al descubierto, estaba usando una toalla blanca que tapaba a partir de sus pechos, al parecer eso del bañador era mentira. Se miraron a los ojos durante un tiempo.
- Siento lo de aquella vez… lo de la pasada primavera- comenzó a decir la morena, Sanosuke la miró extrañado- Cuando iba en el coche y te empapé, siento haberte encarado- suspiró- llevaba un mal día ¿Sabes?- Sanosuke la escuchaba atento- Había suspendido fundamentos de cirugía, asignatura favorita de mi padre por cierto, estaba muy enfadada y harta de la universidad… lo pagué contigo… lo siento.
- Vaya… esto sí que es inesperado- dijo el castaño- la señorita Saito pidiéndole perdón a un pueblerino…- Megumi alzó una ceja- Disculpas aceptadas Kitsune…- y lentamente colocó sus manos en las mejillas de la futura doctora- Aunque he de confesarte de que no me arrepiento de nada de lo que pasó- Megumi sonrió, y acto seguido el castaño atrapó sus labios para besarla lentamente.
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NA. Esta última escena no es mía, he querido hacer un pequeño homenaje a un anime, a lo mejor os suena de algo ;)
Avance
Capítulo 15
De enfrentamientos y año nuevo
De: Padre
Sé que estás en Nagano.
Tienes tres horas para volver
a Tokio.
