Episodio 14: Recuerdos del pasado. La tortura de la muerte.

Hace ya mucho tiempo de esto, pero mientras Kakashi me mantenía bajo mi manta y la suya, quieta para que recuperase mi chakra perdido, encerrada en aquella cabaña que había construido entre ambos; sujeta entre sus brazos por segunda noche consecutiva... Entonces recordé cosas del pasado.
"Kakashi¿no has oído lo que dicen por ahí?" Le preguntó Obito Uchiha sonriendo. "Que a la chica del pelo rosa de parbulario le gustas."
"Ya vale muchachos." Les dijo el maestro. "No perdáis la concentración por favor..."
"Sí, lo he oído." Dijo el joven Kakashi. "Pero no es mi estilo. Es solo una enana; además la conozco, es vecina mía y es una niña mocosa que no para de jugar con su hermano mayor."
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Varios años más tarde...
"¡Eh, Hachi!" Me llamó Obito sonriendo y sacudiéndo la mano. "¡Estamos aquí!"
"¡Voy!" Dije sonriendo.
"¿Tenía que venir también esa mocosa?" Preguntó Kakashi susurrando a Obito mientras yo corría a saludar a la chica.
"Pensé que te caía bien también a tí." Le dijo Obito.
"No, no es más que una niñata sabelotodo y llorica que no para de seguirnos a todos lados." Dijo Kakashi.

Días después...
"Eh, Hachi." Me dijo una de las antiguas compañeras. "He oído que Hataki te gusta."
Yo estaba totalmente roja al oír aquello, así que no pude hablar, sobre todo porque en aquél lugar estaba no solo él sino un montón de antiguos compañeros suyos y míos de un año más que yo.
"¿Has oído Kakashi?" Le dijo otro chico. "Que suerte tienes. Una chica tan inteligente que se guste de tí, eso es un auténtico milagro para tí¿no?"
"¡Cómo a a ser un milagro!" Dijo él molesto. "¡Solo es una niña y ya todos le ponéis buena cara!. ¡Hace cualquier tontería y todos le ríen las gracias!. ¡Es insoportable!"
"Kakashi, eso es muy cruel." Le dijo Jiraiya mientras me sujetaba por atrás tras levantarse de su asiento con Obito y Orochimaru mientras este último me cogía por los brazos suavemente.
Entonces yo me solté y salí corriendo y aguantandome las lágrimas hasta llegar a la montaña donde estaban los rostros de los hokkages y me sentaba allí.
"Oye, no le hagas caso a ese idota de pelo encanecido." Me dijo de pronto Orochimaru apareciendo tras de mí. "Tiene los sentimientos atrofiados. Tú eres muy bonita como para no hacerte caso."
"Vete." Le dije yo. "Vete de una vez..."
"Oye, que se supone que nosotros te hemos salvado." Me dijo Jiraiya sentándose con él en la cabeza de la piedra. "Ese chico era tonto. ¡En serio! Cuando crezcas un poco más, los chicos se volverán locos a tu paso. Eres guapa, inteligente... y creo que tienes un gran potencial. Algún día serás una buena ninja, ya lo verás."
"Ya, pero no el que yo quiera." Contesté enfurruñada.
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Algún tiempo después, las profecías de aquellos dos tíos se cumplieron, tuve algunos admiradores de mi villa y de otras villas. Pero sin duda, el que más significó para mí fue Katô Watsabe; un chico del curso con el que me había graduado yo, un año mayor que yo como todos mis compañeros de año.

Con él compartí grupo de misión tras convertirme en jounin y cuando crecí un poco más y mis formas de mujer se manifestaron un poco más, él comenzó a verme de otra forma. Tras nuestra primera misión de nivel B, eso se hizo evidente; sobre todo cuando nos tocó hacer la primera misión de nivel A.

Entre la de nivel B y la de nivel A, ambos fuimos muy felices. A menudo se nos veía por la calle juntos, sonriendo y a veces haciéndo cosas que luego creía eran moñas. No era raro vernos correr el uno tras el otro porque el que iba primero había picado al otro, o símplemente porque yo intentaba escapar de él en broma y siempre controlando mi velocidad para no dejarle atrás.

Las cosas no podían irnos mejor, pero... desde luego, sí podían ir peor.

El mismo día que se nos notificó la noticia de que se nos asignaba la misión de nivel B+ que era inferio a la A en peligro pero no por ello de menor rango.

"Oye, Hachiko." Me dijo Katô sonriendo mientras preparaba las cosas que me iba a llevar conmigo y me acababa de poner las armas aseguradas en mis piernas. "Hagamos una promesa. Si logramos acabar la misión con éxito te prometo que te llevaré al mejor restaurante de la ciudad. Uno con comida de lujo y donde puedan ver todos que yo tengo a la chica más bonita de toda la villa."

"Vamos, vamos." Le dije yo sonriendo. "¿Cómo vas a pagar tú eso? Yo me conformo con ir al puesto de ramen de siempre."

"Quiero lo mejor para la mejor chica." Dijo él sonriendo mientras me daba un beso. "Además, quiero que me prometas que si volvemos sanos y salvos y conseguimos llevar a cabo la misión con éxito, seamos pareja en serio."

Yo tenía la mala sensación de que no sería así, había habido problemas con otras villas, sería como una guerra y nosotros solo eramos principiantes en eso. Aún así, no tuve el valor de decírselo, tan solo sonreí y me convencí a mí misma de que me estaba confundiendo, que solo era la tensión de la batalla y nada más.

"Lo prometo." Afirmé sonriendo suavemente. "Pero ten cuidado... por favor."

"Tranquila, no me pasará nada porque yo tengo que protegerte." Me dijo él sonriendo mientras me abrazaba.

En cambio, la batalla se volvió una mini-guerra. La gente comenzó a caer heridos graves o muertos. Tuve que ver cómo los sanin hacían todo lo posible por salvar a la gente, en especial Tsunade que era la curandera oficial.

Nadie salímos ilesos, y nosotros que eramos principiantes en ese tipo de misiones aún menos; mi equipo, mis amigos y yo salímos mal parados; y cada nuevo día que comenzaba en aquel infierno, más profundo era el sentimiento de que algo malo iba a pasar. Y para mi desgracia... no me equivocaba.

La tercera noche, Katô desapareció en medio del combate, llovía mucho y la lluvia hacía difícil su búsqueda cuando el enemigo se replegó, en cambio, yo corrí a buscarle y le encontré, sí, rodeado de mucha gente.

"¡Katô!" Grité al llegar junto a él y verle.

Estaba cubierto en sangre pero su cara la habían respetado y solo estaba surcada por algunos arroyos de sangre proviniénte de sus heridas en la cabeza. Yo me caí de rodillas mientras los ninjas que teníamos en torno a nosotros me hablaban sin que yo oyese nada mientras me abrazaba a él llorándo y llamandole por su nombre.

"¡Un médico, por favor!" Grité mezcándolo eso con su nombre. "¡Por favor, un médico!"

"Ha... Hachi..." Dijo entonces con una voz un poco débil pero sonriendo. "No llores... te pones muy fea..." Añadió frotándome las lágrimas.

"¡Katô!" Le dije. "Aguanta un poco, enseguida vendrán a curarte..."

"Creo que no llegarán a tiempo." Afirmó sonriendo. "Siento no... poder cumplir... la promesa que hicimos..." Dijo acariciándome la cara mientras yo cogía su mano y restregaba mi cara en ella manchándome con su sangre.

"No digas eso." Le dije yo. "Te pondrás bien."

Él tan solo sonrió y negó con la cabeza muy suavemente, como si no tuviése fuerzas mientras yo le sujetaba la mano y frotaba mi cara contra ella.

"Vamos, tienes que curarte..." Le dije susurrando. "No puedo seguir si no es contigo..."

"Prometeme que harás lo posible... por ser feliz." Me dijo él mientras sus ojos comenzaban a entrecerrarse.

"No me pidas eso." Le dije yo. "¡Tienes que vivir!"

Entonces intenté hacer lo que había visto hacer tantas veces antes a médicos y a Tsunade. Le puse mis manos sobre la herída que tenía en su pecho y concentré todo el chakra que me quedaba en intentar curarle.

Tsunade se acercó e intentó que le dejase verle, pero yo me incliné sobre el cuerpo de Katô me negué.

"¡NO LE TOQUÉIS!" Dije llorando mientras intentaba despertarle. "Vamos Katô... despierta... ¡Despierta!"

Entonces volví a concentrar mi chakra en intentar curarle.

"Déjame curarle." Me pidió Tsunade. "¡Para ya!. ¡Si sigues así te matarás!"

"No me importa." Dije yo llorando con los ojos borrosos de lágrimas. "Tiene que despertar."

Entonces sentí como poco a poco la vista se me desenfocaba más. Había gastado mucho chakra en la batalla, demasiado, y lo que estaba intentando copiar gastaba aún más.

Recuerdo que intentaron disuadirme, o eso creo porque de pronto todo se quedó en silencio y sentí como mis ojos comenzaban a pesarme. De pronto, mi chakra que hasta entonces había sido azul, se volvió granate y azul eléctrico y a nuestro alrededor la tierra comenzó a soltar vapor y ponerse fría a trozos. Eso hizo confundir a todos, hasta que Sarutobi llegó y me pinchó en la espalda lo que me hizo caerme desmayada sobre Katô.

"Tsunade, intenta curar al chico." Dijo él cogiéndome en brazos. "Yo me llevaré a esta 'mujercita' cabezota al hospital."

Al día siguiente desperté en el hospital. Estaba en la habitación, sola puesto que fuera había guerra y mi habitación no era individual. Debido a las diversas bajas todos los cuartos estaban llenos de gente y había como cuatro personas por cada cuarto.

En el mío había uno de los chicos del rango superior, había perdido la vista y una pierna. Le conocía bien, era uno de los chicos de mi curso. Le moví el flequillo con suavidad mientras luchaba por mantener la fuerza de mis piernas para que me sostuviésen de pie como estaba.

"Vaya, parece que la princesita despierta." Dijo alguien desde la puerta que estaba tras de mí ahora. "Venga, sé buena chica y vuelva a la cama."

"¿Quién eres tú?" Le pregunté al chico de pelo blanco y ojos verdes.

"Lo siento, me llamo Dan. Supongo que no me recuerdas, pero fui compañero de tu hermano mayor en la escuela de ninjas." Me dijo sonriendo mientras yo me arropaba en la cama. "Venía a visitar a un compañero, pero está inconsciente; y entonces me dijeron que aquí había una chica con mucho valor. No pensé que fueses tú."

"¿Ha acabado la guerra?" Pregunté entonces mientras él se sentaba. "¿Dónde está Katô?" Pregunté sorprendia al recordar por qué estaba allí. "Quiero verle."

"Tranquíla." Me dijo él. "Aún es de noche; la guerra no ha acabado aún. Pero vamos haciendo progresos. Y encuanto a Katô... me temo que no sé quién es."

"Es un chico de mi estatura, un año más que yo, pelo corto y de punta, moreno... lleva la cinta de la villa en la frente." Dije rápidamente. "¿Lo has visto¿En qué sala esta?"

"Ah, ese chico..." Dijo poniéndose serio de golpe. "Tsunade me dijo que tú intentaste salvarle, fue algo muy noble de tu parte, un gran gesto de amor... lo siento mucho."

"No..." Murmuré. "Dime que está bien, aunque no sepas en qué cuarto está, por favor..." Dije casi rogándole.

"Me temo que si lo hiciése, Dan te mentiría." Me dijo Saratobi-sensei entrando mientras el peliblanco guardaba silencio de nuevo.

"Lo siento mucho... Ha tenído que ser duro..." Dijo Dan mientras Saratobi se sentaba junto a mi cama con parches en la cara donde supuse había tenido cortes de los ataques.

Yo no pude aguantar mucho, y creo que Dan lo supo ver porque se levantó.

"Será mejor que me vaya, supongo que me estarán esperando abajo." Dijo él sonriendo a medias. "Lo siento mucho, Hachiko."

"Dan." Le dijo Saratobi mientras este salía del cuarto. "Los funerales serán cuando acabe la guerra¿entendido? Así se ha decidido."

"Sí." Dijo él saliendo y cerrando la puerta.

Entonces, tan pronto se cerró la puerta, Saratobi-sensei volvió a mirarme.

"Ya no hay nadie más despierto aquí." Me dijo. "Puedes desahogarte si quieres, yo te guardaré el secreto."

"Un ninja no debe mostrar sus sentimientos en ninguna situación." Murmuré yo suavemente mirando a la manta que estaba sujetando con fuerza. "Un ninja debe dar prioridad a la misión y no dejar caer una lágrima."

Sentía que dentro de mí, el corazón se me partía y moría.

"Gatô y tú nunca os molestásteis en demostrar cuánto os queríais." Me dijo. "Es lógico que ahora se te permita llorar. Hacíais una buena pareja, juntos érais buenos..."

"No... ante todo soy una ninja..." Murmuré yo mirando a la manta y agarrándola con más fuerza intentando ocultar el temblor que ahora recorría todo mi cuerpo. "Y ni siquiera pude protegerle."

"Él no ha muerto por tu culpa." Me dijo. "Cuando lo encontraron ya era demasiado tarde para él. Ni siquiera el gran Hokage o Tsunade podrían haber hecho nada por salvarle... sus heridas eran graves. Seguro que él no hubiera querido que te sintieses culpable."

Ya no pude aguantarme más ante la idea de que otro ser querido mío hubiése muerto así. Me cogí a la ropa de Saratobi-sensei y enterré mi cara en ella mientras él me rodeaba la cabeza con un brazo y miraba arriba para que nadie me viese llorar.

Cuando la guerra acabó, no fue solo a mi Katô a quien tuvimos que enterrar. Mucha gente más murió, entre ellos Dan. Un montón de gente que no concía y antiguos amigos y compañeros de mi padre y mi hermano.

La única gloria que me quedaba era que todos ellos habían muerto en un valeroso acto de servicio, en una misión... ninguno había sido traidores. Por entonces.

Toda mi vida había querido ser una ninja intachable, pero en toda mi vida, pocas veces pude controlar mis emociones... hasta que mis compañeros murieron en aquella misión y yo me hice las marcas para recordarme lo que había perdido ya, cómo había perdido todo lo que quería por culpa de mi inconsciencia y mi falta de habilidad. Por ello, adquirí más técnicas aún de las que ya tenía. Para ser fuerte y que aquello no volviése a pasarme. Y para ello, para salvar a todos los que pudiésen llegar a significar algo para mí, para evitar volver a sufrir por la muerte del ser amado... congelé mi corazón, lo encerré en una coraza de hielo y me cuidé mucho de que aquella no pudiése ser abierta, nunca más, jamás.

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"¿No puedes dormir?" Me preguntó Kakashi cuando me metí por segunda vez los pies dentro de la manta.

"Estoy a punto de volver a tener pesadillas." Afirmé yo. "Fantasmas del pasado."

"Ven aquí, niña pequeña..." Me dijo sujetándome mejor "Si en el fondo no eres más que una niña crecida y asusatada..."

"No te metas conmigo." Le dije intentando golpearle. "Si tengo pesadillas es en parte por tí también bobo."

"Seguro que sí." Me dijo. "¿Cuándo te he hecho daño?"

Entonces le dí un codazo y me aparté de él para rodar y tumbarme separada de él.

"Vale." Dijo como rindiéndose. "Haz lo que quieras, yo estaré aquí."

"Piérdete." Le dije.

Entonces él se dió media vuelta y me dio la espalda tal y como yo se la estaba dando a él.

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"Hachiko." Me dijo Kakashi cuando volvímos a reencontrarnos tras algún tiempo con diferentes cometidos, diferentes grupos... diferentes tareas... "¿Por qué no dejas que te llamen por tu verdadero nombre?"

"Hachi es un nombre tonto." Dije yo entonces. "Es solo un número, es un nombre horrible..."

"A mí no me parece tan horrible." Me dijo. "Siete, es el número redondo de la mágia; siete es el número de la suerte... Es un nombre bonito."

Eso me había alegrado el día un poco.

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"En el fondo, Kakashi ha sido una fuente de dolor para mí hasta que creció un poco." Pensé entonces. "Ojalá entrase dentro de su vocabulario PERDÓN." Pensé suspirando.

Al fin y al cabo, era mi primer amor y el que más daño me había hecho.

Mi amor estaba gafado, cierto; aunque los chicos con los que había compartido algo más que unas risas, ahora seguían muchos vivos.

Iruka, Genma Shiranui, Ayate Gekko, Ibiki Morino when he was still handsome... Raido Namiashi, Aoba Yamashiro... y ahora Kakashi Hataki. Ahora que lo peinso¿había habido algún Shinobi o Jonin de los adultos poco más mayores que yo o de mi edad que no hubiése podido probar yo? Incluso chicos malos y de otras villas como Itachi Uchiha, Sasori, Deidara. Ellos no estaban muertos, aunque tenían sus vidas y... la verdad, no habían significado nada en mi corazón ¿no?

Del que menos orgullosa me sentía era de Yondaime, aquél hombre cuando yo era aún una cría había sido mi primer beso. Yo no lo sabía pero él había sido el guardían de la criatura que yo tenía dentro de mí, aquél pajarraco de fuego y destrucción... el fénix de 7 colas...

"Siento haber sido tan duro cuando eras una cría." Dijo de pronto Kakashi mientras había silencio entre nosotros. "Jiraiya me contó esta noche mientras te bañabas cómo por mis celos de tu habilidad y tesón te dije cosas horribles a veces... Siento el daño que ello te pudo hacer."

"Gracias a dios te acuerdas de algo." Dije yo molesta para luego suspirar. "En fin, que no te preocupes, me hicieron mucho daño tus comentarios entonces, pero siempre he tenido buena gente cerca para ayudarme a superarlos. Bueno, alguno luego se volvió malvado pero..."

"¿Tanto te dolieron los comentarios que pudo hacer un niñato que era yo entonces?" Me preguntó.

"¿Cómo te sentirías tú si la primera chica de la que te hubieras enamorado y a la que admirases profundamente se hubiera metido contigo durante casi 8 años o 10?" Le pregunté yo volviéndo a gatear hasta su lado a oscuras con la manta sobre mí.

"Vaya..." Dijo tras un silencio cuando le encontré. "Lo siento en el alma. No sabía que te estaba haciendo tanto daño..."

"Bueno, ahora que ya te has disculpado... supongo que no volverás a hacerlo y todo eso." Dije bromeando antes de que él me cerrase la boca con un beso tierno.

"Hablas demasiado." Me dijo entonces. "¿Comprobamos si soy el primer que sobrevive?"

"¿El primer qué que sobrevive?" Le pregunté sonriendo.

"El primero que te besa en los labios y sobrevive para contarlo, pequeña viuda negra." Me dijo obviamente bromeando.

"Eso no es del todo cierto, no eres el primero que sobrevive." Afirmé yo. "Pero seguramente serías el primero que lo contase." Añadí tras besarle de nuevo. "Y desde luego serías el primero que sobrevive y me toca el corazón."

Eso pareció dejarle confuso y acabó riéndose mientras yo apoyaba mi cara en su pecho con una sonrisa de satisfacción.

Tenía ganas de ver si era cierto, porque si no conseguía que sobreviviése a eso... yo tampoco podría hacerlo; no esta vez que él había sido mi primer amor, no él sería mi primer y último amor si él también moría.