Capítulo 14.

—No necesitan una niñera—concluyó Sasuke.—Necesitan un carcelero—comentó.

Sakura decidió que no necesitaban una niñera sino un padre. ¿Habría algún modo de conseguir que Sasuke Uchiha se portara como tal? No lo sabía, pero estaba dispuesta a intentarlo. Se volvió pensativa hacia él.

—¿Sabe?—dijo, eligiendo con cuidado sus palabras.—Tiene algo de razón, no sabía que habían tenido tantas niñeras—comentó ella. —¿Ha dicho treinta?—cuestionó con incredulidad.

—Así es—asintió él. La joven movió la cabeza.

—Eso es terrible—hablo ella. —¿Sabe ya lo que va a hacer?—preguntó. El hombre se encogió de hombros.

—No lo he decidido todavía—contestó Sasuke. Sakura apoyó la barbilla en su mano.

—¿Ha pensado usted en un internado?—preguntó la ojijade.

—¿Un internado?—murmuró Sasuke.

—En la costa este hay varias academias militares excelentes—siguió Sakura. —Cuando empezaba, hice unos artículos sobre ellas, una en especial, ANBU, era sensacional—susurró. —Si quiere, puedo llamar al comandante—inquirió.

—Creo que no—murmuró nuevamente él.

—Tal vez fuera la solución ideal—se alzó de hombros Sakura. —Dios sabe que el comandante Morino sabría inculcarles disciplina, uno o dos años de obedecer órdenes e inspecciones diarias les vendrían muy bien—indicó.

—¡Cielo Santo!—alzó un poco la voz Sasuke. —Sarada sólo tiene cuatro años—Sasuke la miró con incredulidad. —No habla usted en serio, ¿verdad?—preguntó.

—Eh, sólo era una sugerencia—se alzó de hombros ella. —No se ponga así, en realidad, yo nunca he tenido ningún problema con los niños... A decir verdad, cuando yo estaba, todo iba bien—hizo una pausa y añadió pensativa.—Los niños perciben cuándo uno se siente seguro de su autoridad—comentó. Hubo una pausa.

—¿Insinúa usted que yo no lo estoy?—preguntó el Uchiha.

—Claro que no—se disculpó mentalmente con los niños por lo que estaba a punto de hacer.—Aunque tienden a ignorar lo que les dicen, ¿verdad?—preguntó. —Y pueden ser algo gamberros—inquirió.

—¿Y qué quiere decir exactamente con eso?—preguntó el hombre con fiereza, como un león que defendiera a sus cachorros.

—Bueno…—se mordió el labio inferior y luego prosiguió de mala gana.—Mire lo que están haciendo ahora, todas esas flores acabarán atorando el filtro—inquirió. Sasuke se puso en pie de un salto.

—¿Qué diablos?—cuestionó. —¡Niños! ¡Dejen eso de inmediato!—gruñó.

Daisuke, Sanosuke y Sarada se quedaron inmóviles. Habían añadido algunos geranios y botones de oro a su provisión de municiones. Una mezcla de pétalos rojos, amarillos y rosas cubrían el agua, además de su pelo y sus rostros. Los tres miraron a su padre sorprendidos.

—¿Qué pasa?—preguntó Sanosuke, inocente. Sasuke se acercó a ellos con la espalda rígida.

—Saben muy bien que no tienen que meter palos, piedras, hojas ni flores a la piscina….—soltó el azabache mayor.

—Pero es munición—protestó Daisuke.

—No me importa lo que sea—comentó Sasuke. —Quiero que saquen todo eso y salgan de la piscina—cruzó los brazos en torno al pecho y esperó.

—Pero no hace falta que te pongas así—murmuró Daisuke.—Si tuviéramos a alguien como Sakura para cuidarnos, no nos portaríamos así—inquirió. A Sasuke no le gustó aquello. Lo miró con rabia.

—Ya es suficiente—dijo él.

Daisuke miró a sus hermanos, se encogió de hombros y comenzó a recoger las flores mojadas. Sanosuke y Sarada lo imitaron y unos minutos después los tres salieron de mala gana de la piscina.

—Agarren las toallas y entren a lavarse a la caseta—pidió el mayor. —Esperenme en la puerta—añadió.

—Sí, papá—asintieron los tres.

Sakura endureció su corazón al verlos pasar a su lado con la cabeza baja. Aquél no era el momento de ablandarse. Cogió su bolsa de playa, sacó su agenda, un bolígrafo y una libreta y se puso en pie. Se acercó a la mesa y copió un nombre y número de teléfono en una de las hojas de la libreta. Cuando Sasuke se acercó a coger sus gafas de sol, le tendió el papel.

—Tome—dijo ella. El hombre lo cogió con desconfianza.

—¿Qué es esto?—cuestionó Sasuke.

—El número de la ANBU—respondió Sakura. Sasuke lo miró un momento y luego lo arrugó.

—No lo necesito—dijo el Uchiha cortante.

—Pero…—ella fue interrumpida.

—He decidido aplazar mi viaje—hablo el Uchiha. —Puede esperar unas semanas, hasta que los niños estén asentados—inquirió con seriedad.

—¿En serio?—preguntó ella, encantada. —¿Está seguro de que es lo mejor?—preguntó.

—Desde luego—afirmó el hombre. —Les enseñaré algunos modales y les recordaré que un mal comportamiento siempre trae repercusiones, cuando la agencia consiga encontrar al fin una niñera adecuada, estarán preparados—indicó.

—Oh, bueno—murmuró ella. —Si hay algo que yo pueda hacer…—nuevamente interrumpida. El hombre negó con la cabeza.

—Puedo arreglármelas solo—dijo con decisión. —Disculpe, por favor—termino.

—Oh, desde luego—asintió Sakura.

Echó a andar hacia la caseta, pero se detuvo después de unos cuantos pasos. Sakura lo vio vacilar antes de volverse hacia ella.

—Tal vez haya una cosa que puede hacer—hablo Sasuke.

—Lo que usted diga—dijo ella.

—¿Sabe usted por casualidad si los gatos tienen ombligo?—cuestionó Sasuke. Sakura abrió mucho la boca.

—Claro que tienen—repuso automáticamente ella.—Son mamíferos, no les vemos el ombligo a causa del pelo—inquirió.

—Gracias—susurró Sasuke. Sin añadir ninguna explicación, se volvió y entró en la caseta.

Sakura se quedó mirando la puerta por la que había desaparecido. Era un hombre estirado, autoritario y muy difícil de comprender. Entonces, ¿por qué deseaba ella conocerlo mejor y de un modo que no tenía nada que ver con los niños y sí mucho con el hombre?

¿Era porque siempre le gustaban los retos? ¿O porque enfrentarse a él le hacía sentirse más viva de lo que se había sentido en mucho tiempo? ¿O quizá se debía sólo a esa maldita atracción física? Después de todo, el hombre tenía un cuerpo sensacional.

Lanzó un gemido, se acercó a la piscina y se lanzó al agua.