No hay excusa para tan largo parón… pero trataré de actualizar más seguido! :) (A ver si hay suerte…!) Mientras tanto, ya sabéis… Los RW, favs y seguidores son el mejor combustible! Hemos llegado a los 150 RW así que… que no paren! ^^

Espero que os guste el capítulo tanto como a mi escribirlo y, para cualquier cosa, nos leemos por Twitter! :) (Summerwinesip)

P.d.: Va casi sin corrección, algo que odio, pero estaré off y era subirlo así o no subirlo… Así que perdonar cualquier errata o cosa y avisadme, vale? :)


Tuerce el rostro. Su mandíbula cae hasta el suelo. Abre los ojos. Muchísimo. Pero la imagen frente a ella sigue sin tener sentido. No. No lo tiene. Es Emma. Debajo de la cama de Regina. Arrastrándose y saliendo de ella. Las neuronas de Snow no pueden hilar razón alguna para que su hija estuviera ahí debajo. O quizás pueden pero no quieren…

"Perdón por el susto." Esas son las primeras palabras de Emma, que se sacude los pantalones como si retirara un poco de polvo que, por supuesto, no tiene. Y las neuronas de Snow, dentro de su cabeza, estiran el dedo índice y lo mueven negando una y otra vez. No quieren analizar esa situación.

Pero James ya lo ha hecho por ella.

"¡Dime que mi hija no acaba de salir de ahí debajo!" El bramido, casi acusatorio, va dirigido a Snow.

Y los ojos oscuros de su esposa le responden con una inexpresividad que roza el shock. "James…" tose mirando de soslayo a Henry. Pero el príncipe está fuera de sí. Observa alternativamente a Snow, que permanece junto a él, a su nieto que estudia a sus madres elevando una ceja y a las dos mujeres mortificadas a pesar de mostrar una entereza de lo más digna.

Emma no deja la mirada quieta, aunque trate de sonar preocupada y serena: "¿Qué está ocurriendo?"

"Eso me pregunto yo…" susurra Snow.

"¡Dime que mi hija no acaba de salir de ahí…!"

"¡James!" gruñen Emma y Snow al mismo tiempo.

Regina se rasca la frente, incómoda, fuera de lugar, casi más nerviosa que la salvadora. "Está claro que hay una emergencia, así que deberíamos posponer esta conversación…"

Emma asiente con la cabeza, convencida de la certeza de esas sabias palabras. Posponer. Sí. Le parece perfecto. "Sí, ¿podemos hablar de lo que habéis venido a contarnos?"

"¿Posponer?" brama James buscando los ojos de su hija que se niega a mirarle confirmando sus más temidas sospechas. Es cuento viejo: Sólo alguien que estaba sobre la cama termina escondida bajo ella. "No, no, no…" La mano de Snow se para sobre su hombro y la mirada de reproche de su esposa logra que cierre la boca.

Emma no es capaz de mirar a su madre, pero su madre tampoco logra mirarla a ella, así que están a la par cuando se dirige a ella: "Es el pueblo… La carretera ha desaparecido de repente de algunos tramos, el césped ha empezado a cubrir las aceras, la casa de la abuelita se ha desplazado varios metros hacia la zona más frondosa y el bosque está cambiando."

Emma contesta meditabunda y, por un instante, el temor supera a la vergüenza: "¿Cómo con el detonador?"

"¡¿Pero has visto de donde ha salido?!" increpa de repente James. Emma pega un pequeño salto y Snow le fulmina con la mirada. Sabe perfectamente de donde ha salido su hija. Está tratando de apartarlo de su mente durante una fracción de segundos, pero si su marido no para de pegar grititos al respecto, no lo va a conseguir. "Dime que no, dime que no…"

Trata de ignorarle y responde a la pregunta de su hija. "Eso parece…"

Emma va a responder pero un pequeño hilo de voz la interrumpe. Henry ha permanecido callado, observando, hasta ahora.

"¿Estáis juntas?"

Nadie habla, nadie respira. Pero Henry, con las manos en los bolsillos espera una respuesta, y a Regina le cuesta un mundo sacar corazón para decirle también a su propio hijo que pospongan esa conversación.

"Henry… ¿podemos hablar de ello un poco más tarde?"

"Pero es eso, ¿verdad?" insiste y Emma y Regina se miran entre sí, sobrepasadas. Un gesto que sirve de confirmación para el pequeño. "¡Eso lo explica todo!"

Regina frunce el ceño ante el repentino cambio de humor de su hijo. "¿Qué quieres decir?"

"La ciudad no se está destruyendo, está convirtiéndose en el Bosque Encantado. Todo está volviendo a su lugar."

"No te sigo…" murmura Emma y es casi una portavoz de la extrañeza general.

"Tú rompiste la maldición pero los personajes de los cuentos han permanecido aquí atrapados porque no la deshiciste" resume como si lo aclarara todo. Pero resopla y continúa hablando cuando nadie parece seguir su razonamiento "Sólo la rompiste y la única forma de liberarles y regresar a casa es cumplir el fin con el que fue lanzada la maldición."

Snow susurra sin ser muy consciente "¿Y era…?"

"Tener mi final feliz." Regina responde impertérrita.

"¡Y ese es Emma!" remata Henry alegremente. James bufa agarrándose la nariz y Snow trata de respirar hondo. Lo suficiente como para no ver como Regina retiene el aire y Emma se sonroja torpemente. "¿Qué estabais haciendo cuando hemos llegado?"

"¡Henry!" Emma y Snow gritan al mismo tiempo mirando al niño fijamente.

"¡Me refiero a parte de 'eso'! Dios, no quiero ser adulto jamás…" resopla él incómodo. "¿Y bien?"

No suena a pregunta, suena a interrogatorio, al menos para Emma. Una Emma cuyo corazón late contra sus oídos, inunda sus mejillas en forma de sonrojo y le hace preguntar si puede haber una situación bochornosa en este mundo. Intuye… No, peor aún, sabe perfectamente que estaban haciendo además de 'eso'. Y Henry espera a que conteste. ¿Qué tipo de broma pesada le está jugando el destino?

"Hablábamos…" masculla bajito como si así fuera más sencillo. ¿Puede haber un momento más vergonzoso en toda su vida? Henry la mira frunciendo el ceño, espera más. Y Emma tose y piensa que es un maldito mocoso listillo que sabe demasiado, pero no puede negarse a esos dos pequeños y perspicaces ojos. Traga saliva, miedos y orgullo y añade: "...Hablaba sobre lo que siento por Regina."

Los "Dimequeno, dimequeno, dimequeno…" entre dientes de James suenan como un zumbido y Snow se limita a cruzarse de brazos y hacer un ruidito que suena parecido a "Hummm…". Emma sólo piensa en girarse hacia Regina, hundirse en sus ojos y que todo vuelva a ser tan imperturbable y perfecto cómo hace unos felices minutos. Pero no se atreve a buscar a la alcaldesa y que su padre termine por colapsar. En su lugar se vuelca en Henry.

"Pero chico, no creo que…"

"Esa es la clave, el amor. ¡Es el final feliz que termina con la maldición!" dice Henry girando ilusionado hacia todos. Las piezas encajan y no entiende que los demás no estén igual de emocionados.

"Cariño, ¿entonces por qué seguimos aquí?" Snow trata de calmarle acariciando su pelo.

"No me crees, ¿verdad?" pregunta entrecerrando los ojos y evaluando a los otros tres adultos de la sala. "¿Ninguno lo hacéis?" insiste mirando a sus madres y cruzándose de brazos. "¿Entonces qué está pasando?"

"Hemos estado jugando con mucha magia al viajar entre mundos… Pueden ser muchas cosas, Henry" suspira Snow con su sonrisa más piadosa. "Por eso tenemos que hablar con todos y descubrir qué está pasando" Retoma la conversación hasta el motivo que les llevó a interrumpir en ese dormitorio y…. Y frena sus pensamientos. Hasta ahí, se repite con un pestañeo largo y paciente.

"Sé que tengo razón…" suspira Henry. "¿Vosotras no?" Y esta vez mira a Emma y Regina, solamente. Como si ellas tuvieran que estar tan convencidas como él. La sheriff suspira y sin saber qué responder. Pero Regina, por el contrario, contesta. Y no sabe si sus propias palabras son producto del amor que siente por su hijo o si realmente ha logrado hacerla dudar.

"Bueno… yo no he dicho qué siento…"

No se da cuenta del segundo plano en que había quedado su presencia hasta ese momento. Los Charming apenas le han dirigido un par de miradas, Emma, al igual que ella, parece ser capaz de mirar sólo al frente y el único que se dirigía a ella era Henry. Pero con su respuesta se convierte en el centro de atención indiscutible.

"¿De qué estás hablando?" interpela Snow.

"Pues a eso mismo…" Regina cruza sus brazos y frunce los labios a la defensiva. ¿Acaso no se ha explicado bien? Pero son los nervios y no su soberbia los que la hacen actuar así. "A que no he… hablado." James se deshace en el resoplido más indignado y furioso que nunca ha exhalado. Por su mente corretean mil imágenes posibles de qué estaría haciendo la reina malvada con su hija para no poder usar la boca para hablar. Snow se sonroja, Emma apenas sigue el hilo de sus pensamientos, y Regina se apresura a aclararlo con palpable incomodidad. "No he hablado sobre eso en particular" intenta explicar, aunque no está segura de haberlo arreglado.

Algo dentro de la cabeza de Emma hace contacto y entiende porqué James mira aún peor a Regina. El color de sus mejillas se torna a un favorecedor rojo fuego mezclado con un tono sandía. Y sigue lloriqueando en silencio y preguntándose si puede haber situación más embarazosa que esta. De repente todo es real, todo es de dominio público y no sabe ni cómo reaccionar. Pero reflexiona sobre las palabras de Regina. La alcaldesa no le ha dicho que la quiere, es cierto. Aunque curiosamente no está preocupada. Ansiosa quizás sí… Pero no preocupada. Y sin embargo… ¿cree a Henry? ¿Puede haber desatado un contra hechizo que sacuda los cimientos de una ciudad entera por abrirse a Regina?

Le sabe mal no confiar ciegamente en él, pero la lógica le dice que, en esa teoría, no hay lógica ninguna. "Tenemos que estudiar todas las posibilidades, es algo muy serio"

"¿Sigues sin creer?"

"Henry, creo en ti" A pesar del cariño en su voz, es como no decir nada. "Pero deberíamos ir al Ayuntamiento y consultar a Rumpelstiltskin y las hadas. Quizás ellos ya tengan alguna sospecha"

"Vale…" refunfuña Henry, dando media vuelta, pateando el suelo con mansedumbre y dirigiendo sus pasos hacia la puerta. Regina carraspea incómoda captando la atención del cuarto una vez más.

"¿Puedo quedarme un momento con Henry?" rezuma educación, incluso suena con una docilidad desconcertante, pero a pesar de sus intentos su pose delata la inflexibilidad con la que lanza la pregunta.

James tuerce el morro sin ocultar su disgusto, pero Snow ya ha asentido por los dos y le arrastra fuera del cuarto. Su mirada se cruza durante apenas un embarazoso segundo con la de Emma y la rubia musita casi contra el cuello de su camisa: "Creo que yo también debería quedarme". La morena, a pesar de todo, aprueba en silencio su idea y trata de sonreír educada.

Los gruñidos de James rompen el momento madre e hija y Snow termina tirando con más fuerza de él hacia la salida.

Las manos de Regina tiran de las de Henry con gentileza y se sienta en el colchón, quedando a la altura de su hijo. Los pequeños ojos le responden con un chispazo de curiosidad y nada de reproche, pero su pecho sigue atenazado con una mezcla de ansiedad y cierta conmoción.

"Henry, ¿te parece bien?" La serenidad de su pregunta contrarresta la sensación de estupidez que recorre su ánimo. ¿Qué es lo que tiene que parecerle bien exactamente? Su hijo y los Charming han entrado arrasando en su cuarto antes de haber podido concretar nada. ¿Qué son, qué es Emma para ella, qué siente…? La sensación de mareo se instala en su estómago cuando su cabeza empieza a dar vueltas. Simbólicamente.

"¡Claro que sí!" exclama Henry siguiendo los pasos de Emma, que termina sentada en el colchón, a una prudente distancia de Regina. "Es la salvadora, ella es quien debe deshacer la maldición"

Regina traga hondo, molesta de alguna forma. A eso queda reducida su relación… su cosa… su "eso" con Emma. A la solución a la maldita maldición que la Reina mala malísima lanzó años atrás. Es lo primero en lo que piensa su hijo y, de alguna forma, eso remueve sus tripas con la sensación de que no le gusta. Esa no es la percepción que ella tiene, no es la que esperaba que tuviera su hijo… Pero se recompone una vez más. Es experta en ello.

"Cariño, eso está muy bien" sonríe contenida. "Pero necesito… necesitamos saber que te parece bien. Más allá de la maldición" Su petición es tan suave y cariñosa como ella misma y no guarda ningún tipo de recriminación.

"Simplemente nosotros tres, olvida la magia y el mundo de los cuentos" Emma trata de precisar y dejar fuera cualquier posible malentendido. Necesita tanto como Regina esa aprobación. "¿Te parece bien que estemos juntas?"

Henry guarda un segundo de silencio. "¿Qué pasará con Neal?"

Emma toma aire pero es Regina, rápida como el viento, la que termina por contestar. "Nada. Él nunca va a dejar de ser tu padre, cariño" Es tal la velocidad con la que contesta que sus palabras no muestran más que franqueza cruda y tanto la salvadora como su hijo la miran con un ceremonioso mutismo. "Formará parte de tu vida tanto como tú desees."

Henry sonríe, su cara es toda conformidad y alegría. Y también un poco de sorpresa, claro. Su madre, la tiránica y posesiva alcaldesa, actuando comprensiva y sin un atisbo de egoísmo. Actuando como la mujer que era su madre y no la Reina atrapada en Storybrooke.

"Quiero que seas feliz. Que las dos lo seáis, sois mis madres" resume con una gigantesca sonrisa. "Y me gusta que vayamos a ser una familia" El suspiro de Henry resuena en el cuarto antes de tirarse al cuello de ambas, abrazándolas y acercándolas entre sí. Emma también suspira, de alivio y de felicidad. Pero frunce el ceño, estudia las palabras de su hijo y las digiere. De repente cae. Está en lo cierto, eso es lo que son, ¿no? Una familia. Su cuerpo se contrae ante la sensación de vértigo. Pero, sin romper el abrazo, sus ojos se cruzan con los de Regina sobre la espalda de Henry. Emma sonríe y le abraza con más fuerza. Su hijo ha resuelto el misterio con la sencillez que sólo un niño puede poseer. Sí, eso es lo que son. Una familia. Y Emma jamás podría imaginar una mejor.

Pero la curiosidad de Henry rompe el abrazo y devuelve a Emma a la tierra.

"¿Y cuándo ha pasado? ¿Cómo ha sido?"

"Chico, tus abuelos están rozando el infarto. Creo que no deberíamos hacerles esperar más…" bromea la rubia poniéndose en pie.

Henry frunce el ceño y no necesita hablar para dejar ver su disconformidad. "¿Pero me lo contaréis?"

"Todo" responde besando la cabeza de un conforme Henry. A unos centímetros de ella, Regina se pone a su vez de pie y Emma busca su mirada inconscientemente. Casi puede leer como los ojos marrones preguntan burlones: "¿Todo… todo, sheriff?", y se limita a tragar hondo mientras los tres, juntos, caminan hacia la puerta.


El sol que apenas era una tímida lucecita a las nueve de la mañana, ya ha cogido fuerza e intensidad y sorprende a los ojos claros de Emma cuando sale a la calle. Guiña un par de veces al abrir la puerta de la calle y salir, seguida de Henry. A lo lejos, aparcados frente a la puerta, permanecen su pequeño escarabajo y la furgoneta de su padre, pero algo no está en su sitio. James permanece dentro del coche, preparado para arrancar, mientras que Snow permanece de pie, apoyada en la puerta del escarabajo. Y, antes incluso de llegar hasta su coche, Emma ya sabe lo que le deparará su futuro más cercano.

"¿Dónde está Regina?" pregunta la voz de la morena.

"Hemos acordado que sería más conveniente llegar cada uno en nuestro propio coche"

Snow asiente acorde con su decisión y sonríe con dulzura a su nieto. "Henry, ¿te apetecería ir con James?"

Henry, consciente de que es una sutil manera de pedirle que se esfume, ni siquiera responde. Una pequeña sonrisa y da media vuelta hacia el otro vehículo. Pero no tan rápido como para que Emma no le escuche musitar un diminuto y bajito "¡Suerte!".

Y la rubia está de acuerdo. La va a necesitar.

Montan en riguroso silencio y no se escucha ni un ruido hasta que el motor arranca y llena el incómodo momento. Cuando el garaje de Regina deja paso al coche de la alcaldesa, todos siguen el vehículo como en una procesión, con el escarabajo amarillo cerrando la comitiva.

"¿Sabes que si me pegas mientras conduzco nos podemos matar, verdad?"

"Por eso estoy yo aquí y no tu padre" La severidad en la voz de Snow detiene la respuesta de Emma, que se limita a tragar saliva. "¿Regina?"

Una pregunta simple, pero que lo dice todo. Emma se gira, mortificada, y la mira dos escasos segundos antes de volver a poner sus ojos en la carretera. Pero no dice nada. ¿Qué puede decir?

"¿Era la primera vez que…?"

"No"

Y como respuesta, un suspiro largo. Casi un ciclón, a oídos de Emma. "Regina" farfulla Snow para el cuello de su camisa "¿Desde cuándo…?"

"Desde el barco… a los días de llegar" Responder preguntas sabe, eso sí puede hacerlo. No puede imaginar hasta donde está dispuesta a preguntar o qué espera escuchar, pero por ahora a Emma le parece bien esta dinámica. Snow pregunta, ella se sonroja y contesta, pero al menos se ahorra tener que pensar más allá de las cuestiones que le va planteando. Snow se frota la frente y Emma observa su reacción. "Pensé que te lo tomarías mucho peor…"

"Si aún no ha habido un baño de sangre posiblemente es porque todavía no me lo creo" Y es tal la frialdad con la que habla que Emma traga hondo y permanece convenientemente callada. Se limita a girar en la rotonda y a no perder de vista los otros dos coches. "¿Regina?" insiste regresando al estado de irritación.

"¿Crees que yo sí me lo esperaba o que lo planeé?"

"No lo sé. Te recuerdo que hasta que os hemos pillado en el cuarto de Regina yo no sabía nada"

Emma pone los ojos en blanco tratando de hacer acopio de sus reservas de serenidad y de paciencia. "Entiendo que te parezca una locura, lo es" responde dando su brazo a torcer. "Pero también sé que no es algo pasajero y, desde luego, no es algo reciente…"

"¿Cuánto tiempo llevas…?" Aunque no termina la pregunta ambas saben que termina con un: "…pensando en ella", y Emma la mira de nuevo mortificada. "No me va a gustar, ¿no?"

"Dejémoslo en 'mucho tiempo'"

"Y… ¿Estás enamorada?" Le cuesta terminar semejante pregunta, pero a Emma no el contestarla.

"Hasta la médula…"

Snow niega con la cabeza sin mirar a ninguna parte y resopla agarrándose la nariz: "Regina…"

"¡Mamá!"

"¿Qué? ¿Eres consciente de lo que me estás pidiendo, Emma? La Reina Malvada dedicó su vida a destrozar la mía asesinando, destruyendo y condenando a todos a su paso. ¿Y pretendes que en diez minutos asuma y entienda que mi hija y mi madrastra juegan a los médicos? ¿De verdad?" Esta sí es la reacción que se estaba temiendo… El carácter de su madre saliendo a relucir poco a poco en todo su esplendor. Pero no puede reprocharle nada. Contestando a su pregunta en silencio, sí, es consciente de la magnitud de lo que le está pidiendo, y sólo le queda confiar en que lo entienda… algún día.

El coche toma una calle, a solo unas manzanas ya del ayuntamiento, y Snow, ajena a sí misma, se deja mecer con la curva. "¿Por qué no me lo dijiste?" pregunta con un toque de indignación. Emma se atreve a mirarla alzando ambas cejas y Snow se responde a sí misma. "Ya, ya, por si te mataba…"

"En parte, sí. Pero es más complicado que eso…"

"¿A qué te refieres?"

"Tenía que solucionar cosas. Hablar y aclararnos nosotras antes de poder tomar la decisión de dar explicaciones…"

"¿Y lo habéis hecho?"

"Sí"

"¿Y qué tal…?" Casi indaga con miedo.

"Muy… muy bien" Y el suspiro que vacía sus pulmones esta vez está cargado de dulzura y deja una sonrisa boba a su paso por los labios. Emma reconoce los edificios a su alrededor, están en la cuenta atrás para llegar al emblemático edificio.

"¿Estás segura?" insiste con cierto enfado en su voz que se va mezclando con genuina y maternal preocupación. "Sé que parece que ha cambiado, Emma, pero no es la primera vez que malgasta su oportunidad…"

"No parece que ha cambiado. Lo ha hecho" responde tajante. "Recuerda el viaje a Nunca Jamás y dime una sola cosa que la Reina Malvada que tú conociste habría hecho"

"Liarse con mi hija…" espeta a medio gas.

"¡Mamá!" gruñe como advertencia y Snow levanta las manos en son de paz, aunque su morro torcido indica lo contrario. "Nos salvó a todos, luchó por nosotros y se jugó la vida sin pensárselo. Es otra mujer. Esta es Regina. No la Reina Malvada."

Snow cierra los ojos un segundo y trata de aceptar las palabras de su hija, mientras a unos metros aparece el ayuntamiento. Ella misma se repite una y otra vez que nunca se debe perder la esperanza y quiere creer que Emma hace bien al no perderla con Regina. Aunque hacerse a la idea esté siendo increíblemente duro. Perdonar y olvidar es una cosa. Puede olvidar y perdonar si Regina está lejos, en su propia casa o castillo o quién sabe dónde. Pero esto no es sólo olvidar. Es cerrar un millón de heridas, olvidar cada puñalada y aceptar de buenas que Regina ya no es la reina malvada sino la reina de su hija. Se estremece y no precisamente de felicidad. Sólo tiene una cosa clara en medio de esta absurda pesadilla que es ahora su vida:

"Te vas a cansar de defenderla… ¿Lo sabes?"

"Lo imagino" murmura con calma, antes de clavar los ojos en los de su madre y apagar el motor del coche recién aparcado. "Pero no me importa. Es más, estoy deseándolo."

Ahí, sin tener que prestar atención a la carretera y con las manos fuera del volante, Emma le dirige la mirada más firme y sincera de todo el trayecto. Y Snow se encuentra cara a cara con el vivo retrato de James y ella. Emma se parece más que nunca a ambos y, aunque le cueste, tiene que admitir que es porque sus ojos brillan como los de ellos dos. Con la chispa del amor verdadero.

Su hija ha encontrado algo tan maravilloso como a su alma gemela. Pero el destino ha elegido que Regina sea esa persona. Y como madre no puede dejar de sufrir y sonreír a partes iguales.

"Realmente la amas, ¿eh?"

"Como no he querido nunca a nadie." Habla con tanta rotundidad que Snow ni siquiera se molesta en preguntar por Neal. La mirada segura y centelleante de su hija es respuesta más que suficiente.

Cierra su mano y golpea con fuerza el antebrazo de Emma. El inesperado y doloroso puñetazo impacta contra ella sin tiempo más que para gritar. "¡Au! ¿Y esto por qué'?"

"Por enrollarte con mi archienemiga, mentirme y encima enamorarte de ella. Da gracias, al menos ya no estabas conduciendo" gruñe dejando salir los últimos rastros de su enfado. Y, a pesar de que su brazo está casi dormido por el dolor, Emma no puede evitar sonreír. Conoce a Snow, es su forma de desahogarse y, al mismo tiempo, dar su resignado visto bueno a lo suyo con Regina. "Pero esta conversación no ha terminado, ¿entendido?"

"Entendido" Sonríe divertida y, con el brazo aún atontado, rodea a la morena y la abraza con cariño. Snow gruñe contra su pelo, pero se deja llevar hasta estrujar a su hija con fuerza.

"Venga, vayamos a averiguar qué ocurre en Storybrooke ahora…" propone separándose de su hija con media sonrisa. Una mueca que disimula los sentimientos encontrados que se revuelven dentro de ella, rebotan y se pelean sin claro vencedor…

Continuará…