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Salud!
Capítulo 14
A la mañana siguiente reanudaron la marcha. Kuvira dirigía la expedición un poco más aprisa que el día anterior. No podía esperar a llegar. Y después de larga marcha y cortos descansos, anocheció. Y a lo lejos se podía ver las luz de las antorchas que iluminaban la Aldea del metal.
Finalmente estaban allí: Zaofu en toda su gloria.
Fueron recibidas por unas mujeres, que bajo la supervisión de Zhu Li y Asami, tomaron la carga de grano y la llevaron a guardar para ser comerciada más tarde cuando se reunieran e hicieran el intercambio formal de bienes.
Las soldados fueron a reunirse con sus iguales de Zaofu. La comitiva diplomática, compuesta por la Comandante, la contadora y su asistente, se dirigieron luego a casa de Suyin, líder de su aldea, en donde les esperaba descanso y comida.
Al entrar se encontraron con Suyin, y su mano derecha y hermana Lin. Asami, Zhu Li y Suyin se saludaron amigablemente mientras Kuvira y Lin lo hicieron fríamente y fijaron sus miradas de forma amenazante.
Estaban muy cerca y la hostilidad que sentían era evidente: como si quisieran matarse la una a la otra y estuvieran siendo retenidas por cadenas invisibles. Se resistían a quitarse los ojos de encima como si eso fuera un signo de debilidad.
Asami jamás había visto a Kuvira adoptar una postura defensiva. Siempre la había visto confiada y hasta presumida, pero ahora, por la tensión en sus facciones, parecía incluso sentir algo de inseguridad frente a Lin. La energía de Lin era diferente: era pesada e intimidante, y parecía estar esperando el momento inevitable en el que el espíritu de Kuvira se quebrara.
-¿Así que el perro de la Jefa Korra ha venido a visitarnos?- preguntó Lin de forma retórica
-Y veo que el perro de la Señora Suyin no ha muerto aún. ¡Qué alegría!- dijo Kuvira con sarcasmo.
-¿Cuándo van a dejar de comportarse así ustedes dos?- preguntó Zhu Li con cierto hastío.
Suyin sólo sacudió la cabeza con resignación. Hacía tiempo que había aceptado que esta era la única forma en que las dos soldados eran capaces de interactuar.
Ninguna de las dos respondió, continuando con su lucha de miradas. Hasta que finalmente Suyin se acercó y tocó suavemente el hombro de Kuvira. Eso fue todo lo que hizo falta para que la mirada de la Comandante se apartara de su enemiga y se relajara su rostro, esbozando una sonrisa que Asami tampoco le había visto antes: una sonrisa... dulce.
-Comandante- dijo Suyin amablemente- me alegra mucho que haya venido a visitarme-
-Es un placer para mí que me reciba en su aldea, Señora Suyin- respondió Kuvira en un tono formal que no lograba esconder su alegría.
Hacía cuatro años que Kuvira había conocido Suyin y a su hermana Lin. Y su relación había empezado con el pie izquierdo:
En una ocasión hubo desacuerdo en cuanto al precio de las armas. Zaofu estaba a punto de cerrar sus puertas al comercio cuando Korra. La jefa de la tribu principal, y Kuvira, su comandante fueron a hacer una visita de emergencia, escoltadas con sólo tres soldados, como muestra de buena voluntad.
Korra intentó razonar con Suyin. Pero Korra siempre fue muy mala para la diplomacia y terminaron gritándose.
-¡No podemos pagar tanto!- gritó Korra
-¿Insinúas que las armas no lo valen? Ja! Típico de ustedes: siempre despreciando a Zaofu como si fueramos basura!- estalló Suyin.
Una mosca rondaba la habitación en la que discutían. Su molesto zumbido no ayudaba en nada a restablecer la calma.
-No estoy diciendo que no lo valgan- dijo Korra agitando el cuchillo que Suyin le trajo para que comprobara su calidad- pero no podemos pagar ese precio!-
-Oh, ¿la poderosa Aldea principal está en crisis?- dijo Suyin burlonamente.
-¡No te atrevas a burlarte! Zaofu también depende del grano que producimos…!-
En ese momento la mosca se posó en la mejilla de Korra, y esta exasperada por la discusión con Suyin, en un acto reflejo, atacó a la mosca con el cuchillo que tenía en la mano.
-¡Maldición! ¡Mosca del carajo!- exclamó frustrada al sentir la cortada que ella misma se había infligido.
-Será mejor que dejemos esto para más tarde- dijo Suyin respirando hondo.
Korra salió de la sala de reuniones hecha una furia y con la mejilla sangrado. Al ver esto Kuvira se enojó e iracunda fue de inmediato a poner a Suyin en su lugar. En ese entonces Kuvira era más joven e inmadura.
Fue ahí, en dónde Kuvira encontró a la mujer que iba a amar por siempre, y en dónde se ganó la mala fe de Lin, su hermana.
Kuvira sacó el hacha del cinto.
-¡Vas a pagar!- gruñó Kuvira
-¿Disculpa?- dijo Suyin
-Crees que puedes tocar si quiera un pelo de mi Jefa y salir ilesa?-
-Fue un accidente- respondió Suyin con calma
-¡Pues a mí no me importa si fue un accidente o no!-
La puerta se abrió tras ella, y entró Korra, seguida por Lin la cual ya apuntaba una flecha a la cabeza de Kuvira.
-Kuvira, guarda tu hacha. Ha sido un accidente- ordenó Korra.
Kuvira no guardó su hacha, sino que aún la elevaba por encima de su cabeza peligrosamente.
-¡Kuvira!- gruñó Korra.
De mala gana, guardó su hacha, sin quitarle los ojos de encima a Suyin.
-Jefa Korra, le recomiendo que entrene mejor a su perro- dijo Lin- un animal que no obedece a su amo es peligroso- continuó, riendo burlonamente.
Kuvira se puso roja de la rabia.
Esta vez Korra estaba a punto de rajarle la cara a la mitad a Lin, pero Suyin intervino.
-¡Lin! No hay necesidad de ser descortés. Discúlpate-
-Lo siento, Jefa Korra- dijo Lin
-La disculpa no es para mí, sino para mi Comandante- exigió Korra.
Lin bufó, y alzó una ceja: no iba a disculparse con alguien que había amenazado a su hermana.
-No hace falta- dijo Kuvira -sería como pedirle a un mono que tenga modales.
-Es mejor que nos volvamos a reunir mañana cuando todas nos hayamos calmado, y con suerte llegaremos a un acuerdo- sugirió Suyin y todas asintieron, deseosas de salir de aquella atmósfera tan hostil.
Más tarde, Korra explicó las circunstancias detalladas del accidente, y Kuvira se sintió avergonzada: Había amenazado a Suyin, y la estabilidad entre ambas aldeas a propósito de nada.
Ya de noche, rondaba tratando de refrescar su mente, y pensando en las consecuencias de lo que había hecho. Entonces se encontró con la mismísima Suyin y en cuanto la vio sintió una profunda vergüenza. Bajó la mirada, y se inclinó disculpándose.
-Lo siento, lo siento muchísimo, Señora Suyin- dijo la Comandante
Suyin guardó silencio unos segundos, esperando a que Kuvira se irguiera y alzara su mirada, pero se quedó ahí, inclinada, como pidiendo permiso para enderezarse. Entonces Suyin supo que, más allá de las relaciones entre ambas aldeas, la disculpa era sincera.
La tomó de la barbilla y la hizo pararse derecha. Pudo ver la sangre agolparse en las mejillas de Kuvira y sonrió «Qué adorable Comandante» pensó. Teniendo a una hermana cien veces más malhumorada y fría, sabía que debajo de esa fachada fuerte de Kuvira, y detrás de sus acciones precipitadas, existía un profundo sentimiento de lealtad y una gran capacidad para amar.
Kuvira sintió como si Suyin pudiera ver a través de su alma: se sintió desnuda.
-Está bien, ha sido sólo un malentendido- dijo Suyin sonriendo -eres un poco imprudente, pero es bueno para Korra tener una Comandante tan leal- continuó.
-Gracias, señora Suyin-
-Llámame Su-
-...Su- repitió Kuvira
Suyin se acercó y le dio un pequeño beso en los labios.
-Buenas noches, Comandante- y se retiró.
Un beso muy pequeño, muy rápido, apenas un roce. Pero Kuvira ya estaba perdida en el aroma de Suyin, en sus ojos, y en la sensación de sus labios contra los suyos.
Unos metros más allá, Lin observaba con desconfianza. Conocía a su hermana y sabía que Kuvira había hallado gracia a sus ojos.
Las negociaciones del día siguiente fueron inesperadamente más fluidas y fáciles de llevar. Y llegaron a un acuerdo que satisfizo a ambas partes. Suyin miraba a Kuvira de vez en cuando y le sonreía dulcemente, logrando que Kuvira se sonrojara cada vez.
-Quédense a los festejos, sólo faltan cinco días para la luna llena- dijo Suyin al terminar la reunión- será un placer tenerlas aquí y que celebren con nosotras. Eso fortalecerá nuestros lazos-
Por alguna razón, Kuvira sintió que Suyin se estaba dirigiendo específicamente a ella.
Durante los siguientes cinco días, fueron regulares los encuentros furtivos entre Suyin y Kuvira, que transcurrieron entre largas conversaciones y dulces besos.
El sexto día, el primero del festejo, cuando Kuvira iba de camino a encontrarse con Suyin, fue interceptada por Lin.
-He visto que cortejas a mi hermana- dijo Lin saliendo de entre las sombras desde sonde acechaba.
-No es asunto de los perros lo que hagan sus amos- respondió Kuvira
-No llegarás a ella sin mi consentimiento- respondió Lin frunciendo el ceño.
Kuvira era una mujer muy fuerte, pero la energía dominante de Lin era muy intensa y Kuvira no pudo evitar entrar en su juego.
-¿Y qué debo hacer para ganar el consentimiento del perro de Suyin?- respondió, tratando de aparentar más firmeza de la que realmente sentía.
De pronto se encontró en el piso. Lin le había conectado un gancho en la quijada que la mandó directo al suelo. La ira se apoderó de la Comandante y al levantarse se lanzó al ataque.
Lin, a pesar de su edad, era muy ágil. Por más que Kuvira lo intentara no podía alcanzarla con sus puños. Sin embargo la hizo retroceder hasta que Lin estuvo contra la pared. Teniéndola acorralada un golpe certero sería suficiente. Kuvira lanzó su puño con todas sus fuerzas contra el rostro de Lin, pero una vez más la experimentada guerrera esquivó el golpe, y los nudillos de Kuvira fueron a parar directo contra la pared.
Lin aprovechó para golpear el costado de la Comandante. A pesar del dolor, Kuvira se mantuvo firme, y tomó el brazo de Lin, para mantenerla quieta aunque fuera por un momento. Y mientras la sostenía, su puño izquierdo finalmente hizo contacto con el rostro de su enemiga.
Lin se hizo hacia un lado en un acto reflejo. Un delgado hilo de sangre bajaba por su barbilla, Kuvira le había roto el labio. Sonrió, se limpió con el revés de su mano y se lanzó de nuevo contra Kuvira.
Ambas mujeres estaban forcejeando, tratando de inmovilizar a la otra. No se quitaban los ojos de encima, ambas con una mirada amenazante. Kuvira comenzó a agotarse, quería terminar con esto pronto. En un ágil movimiento logró zafarse del agarre de Lin y hacerle un candado al cuello. Pero Lin no estaba dispuesta a perder esta pelea: su codo conectó ahí, donde antes había golpeado el costado derecho de Kuvira, y esta sin querer, aflojó su agarre.
Lin aprovechó e invirtió la situación rápidamente. En menos de un segundo, tenía a Kuvira agarrada por el cuello en un candado formado por sus dos fuertes brazos. Kuvira intentó escapar, pero era imposible: Lin era muy fuerte, su técnica era impecable y ella ya estaba cansada. Aún así, Kuvira no dejaba de intentarlo.
Lin apretó aún más, y Kuvira sintió que se ahogaba.
-Si le haces algún daño a mi hermana- susurró Lin-, no tendrás suficientes días para arrepentirte por que yo misma te mataré- amenazó Lin, soltando finalmente a Kuvira.
Mientras Lin se alejaba sin decir un palabra más, Kuvira calló al suelo de rodillas, tosiendo y tratando de respirar.
Al cabo de un rato pudo regular su respiración y se puso de pie para continuar su camino, preguntándose si aquella amenaza era el visto bueno de Lin.
Por cierto, sólo por si quisieran darse una vuelta por ahí: s/11511099/1/La-ficha-ganadora
N.A.: La leyenda de Korra, pertenece a sus respectivos autores. Este es sólo un trabajo de ficción meramente recreativo.
