THE EVIL TWIN
CAPITULO XIV: ANTES DEL FIN.
Estaba inconsolable, se sentía humillado, usado, atrapado, asustado y sin saber como reaccionar. Su antiguo Yo habría hecho lo posible por salir del lugar, pero sabía que Kaede no deseaba que se arriesgara a morir, además de que complicaría la situación con su irresponsabilidad. No deseaba quedarse en ese lugar y con respecto a Kaerou, ahora sabia que no podría perdonarlo por haberlo engañado de esa forma, aun así, no podía odiarlo, su forma de ser y de comportarse – siempre que no hablaran de Kaede – le hacia pensar que había algo bueno en el, cuando su mirada se dirigía hacia su persona era diferente, era bueno y alegre, era amable y atento, pero también era rencoroso y vengativo, además de que se había vuelto un poco loco al creer ver y pensar situaciones que no existían. Tal vez estaba perdiendo la razón, su odio hacia su familia y su hermano, no le permitían entender que su vida no tenía que ser así, que sus acciones no eran las correctas y que no tenía derecho de arruinarle la vida a nadie.
Hanamichi creía que tal vez con ayuda profesional podría ayudar a Kaerou, que el podría dejar de ver a su hermano como un enemigo, pero ya no estaba tan seguro, cada vez que lo veía, se comportaba amable y atento como una buena persona normal, pero al pasar lo segundos cambiaba de actitud y se convertía en un maldito egoísta sin corazón. Quería pero no podía dejar de sentir lastima por aquel joven que solo se sentía desplazado. Sabía que si no le ayudaba podría terminar muy mal y aunque tampoco estaba seguro de poder hacerlo, aun tenía la esperanza de que los hermanos Rukawa no derramaran la sangre del otro, y mucho menos por su humilde persona.
Se sentía culpable por eso, no entendía como era posible que Kaerou chantajeara a Kaede debido a su existencia en la vida de su zorro, ahora se arrepentía de haber permitido que su koibito se enamorara hasta ese punto de el, si tan solo lo dejara ahí con su hermano, los dos sobrevivirían y de alguna manera estarían tranquilos, pero eso ya no era una opción, solo una ilusión que se ahogo bajo los enormes egos de sus pretendientes.
Aun intentaba perdonar a Kaerou, imaginando que Kaede tenia conocimiento de aquel acto ruin por parte de su hermano, pero al recordar aquel raro comportamiento cuando regreso minutos después sorprendiéndolo nuevamente, le hizo pensar que tal vez, su zorro sí sabia que Hanamichi había tenido sexo con su hermano. Se sentía como un idiota, no podía controlar su llanto y seguía sin encontrar una manera de escapar sin morir en el intento. Horas después al fin controlo los espasmos que sacudían su cuerpo, pero seguía triste y desesperado, pensando en las siguientes horas y temiendo lo peor.
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Cuando le parecio que la guerra estaba por desatarse en aquel tranquilo templo, le ordeno a Yako llevar a Hanamichi aun lugar mas seguro, la ultima habitación del segundo piso era perfecto, así que al observar que el pelirrojo se había quedado dormido – al pasar algunas horas – lo llevo cargando hasta su refugio, donde nuevamente lo acomodo sobre un suave futón cuidando que no despertara durante el traslado.
Kaerou le ordeno a Yako cuidarlo hasta que volviera, también le aconsejo que si algo salía mal, o que si no volvía, se prepara a pelear, por que su hermano no tendría consideración con nadie. Lo recordaba perfectamente, en una ocasión durante una de las reuniones mensuales de sus padres y su abuelo con los demás Yakuzas del estado, hubo un complot para asesinar a su abuelo, pero Kaede estuvo ahí y lo impidió utilizando todas sus habilidades para impedir que aquel plan resultara. Todos los presentes fueron testigos de la brutalidad con la que el hijo menor de los Rukawa termino con todos los secuaces de un antiguo enemigo de su abuelo. No tuvo compasión con ninguno, cuando se trataba de acabar con personas no santas, no le importaba causarles daño y se convertía en algo parecido a una maquina asesina.
Afortunadamente Kaerou confiaba en que sus habilidades habían mejorado notablemente, y esperaba una buena pelea contra su hermano, de la que estaba seguro, saldría victorioso.
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El templo donde solía entrenar en sus años mozos estaba bastante lejos de la ciudad, a simple vista lucia abandonado y no había casi nada cerca, por lo menos no en un perímetro de 20 kilómetros a la redonda, de esa manera, el escondite de Kaerou era el mejor que pudo haber encontrado, lejos de policías y ladrones, además de otros Yakuzas.
Oscurecía profusamente, no era fácil ver algo en esa noche de luna menguante, pues estaba cubierta por grandes nubes excesivamente cargadas de lluvia. Estaba armado hasta los dientes y bien protegido. Ya estaba muy cerca del escondite de su hermano, observaba la parte de arriba del templo abandonado. Buscaba afanadamente francotiradores, pero felizmente no encontró ninguno, tenía la seguridad de que esa era una invitación a entrar por parte de su odiado hermano.
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Se coloco su Hakama de lujo, mientras esperaba a su peor enemigo llegar a su puerta, estaba conciente de que los anteriores adversarios con los que su hermano pelearía –incluyendo a sus guardaespaldas sin habilidades especiales, listos para morir – le darían tiempo, pero en realidad solo quería cansarlo un poco – no perdía nada con ser precavido al obtener un poco de ventaja – de cualquier forma, solo eran tres los que realmente valían la pena, incluyendo a Yako, el cual solo pelearía en caso de que Kaerou lo necesitara, o en caso de que Kaede fuera a buscar a Hanamichi directamente y que lo encontrara por accidente, ya que el ex sumo estaría cuidando al pelirrojo de que no intentara nada y de que nada le pasara.
Su primer subordinado destinado a pelear con Kaede, era muy hábil con los cuchillos, en su cuerpo escondía una cantidad increíble aun en los rincones mas insospechados y de todos los tamañas habidos y por haber, pero si este no era lo suficientemente bueno para darle una pelea a su hermano – y ni hablar de poder terminar con su vida – el segundo en su lista, era aun mas hábil con las espadas, poseía una exquisita Katana forjada por el mejor en el negocio y podía presumir las mismas habilidades de un cirujano cuando se trataba de modificar la carne humana con el filo de su espada.
Su tercer luchador favorito, estaba destinado a proteger a su pelirrojo, no por que fuera el mas hábil aunque si era el mas fuerte, sino por que podía confiar en el, o eso era lo que deseaba creer. El ex luchador de Sumo, no era muy viejo, pero lo habían descalificado de múltiples combates por la aplicación de su fuerza extrema al romper las reglas, por esa razón había optado por retirarse y dedicarse a salvaguardar a quien le pagara mejor por sus servicios.
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Con un poco mas de confianza, se introdujo al templo, lo conocía bastante bien y esperaba que Kaerou no hubiera cambiado nada, y así poder moverse dentro con libertad. Entro con sigilo al salón de visitas, lo encontró vació y le parecio sospechoso, el lugar parecía inhabitado y no sentía la presencia de nadie, por lo menos no en la habitación principal.
Dio unos cuantos pasos mas y encontró una mesita de centro, donde un mensaje le esperaba ansioso por ser leído, este llamo la atención de Kaede y lo leyó sin levantarlo.
"La vida es corta, y la tuya... hoy termina"
Suspiro al levantar nuevamente la vista "Tal vez en tus sueños", pensó con determinación y se alegro de haber practicado sus mejores golpes antes de llegar a este momento.
Al concentrarse un poco, advirtió la presencia de mas seres a su alrededor al cerrar los ojos, segundos después los abrió y dio algunos pasos con sigilo, esperando a ser atacado en cualquier momento, hasta que el sonido de un arma al ser cargada, le hizo saber que estaba cerca de unos cuantos tipos esperando a que diera un paso mas. Así lo hizo y una ola de balas de todos los calibres incluyendo algunos rifles, estuvieron muy cerca de traspasar su cuerpo, felizmente haciendo uso de la elasticidad de su cuerpo logro esquivarlas hasta estar a salvo.
Tras una columna de concreto solidó, alejado de sus enemigos, respiro profundo ahora con una pistola en cada mano, más que listo par contestar el ataque de la misma manera, dentro de sus posibilidades. Esperaba paciente a que alguno de los subordinados de su hermano hiciera ruido o que se acercaran para vaciarles las balas de sus pistolas, pero ninguno parecio tener el suficiente valor para hacerlo.
Saco una de sus pequeñas estrellas de acero e intento ver en su reflejo a alguno enemigo cercano, lo encontró y le disparo justamente en la cabeza. Después de que el primer pistolero cayo, una nueva ráfaga de balas roció su cuerpo, gracias a aquella columna no le paso nada y le dio tiempo de rodar por el suelo mientras disparaba con ambas pistolas, apuntándole a todos los que le fuera posible, solo dejo de disparar hasta que nuevamente encontró otra columna donde esconderse, cambio los cartuchos de sus armas y se alegro al ver que de los 10 guardaespaldas de su hermano ya solo quedaban 5 de pie.
Nuevamente se levanto, y se atrevió a dispararles a los presentes de frente, la sorpresa los hizo distraerse y 3 mas cayeron, pero los últimos dos, ya estaba heridos al intentar correr para ponerse a salvo.
Ambos respiraban dificultosamente, tenían miedo y Kaede podía olerlo, nuevamente cargo sus escuadras – armas – e intento convencerlos de salir.
—Tal vez si salen ahora, no les disparare – dio un paso sobre los cartuchos quemados, haciendo todo el ruido posible haciéndoles creer que era sincero.
Los tipos escondidos tras las paredes, no muy lejos del zorro, temblaban de miedo, su jefe les había advertido que debían ser muy tenaces para no ser asesinados, pero siendo 10, y armados con ese arsenal no le creyeron, y ahora estaban aterrorizados y sin saber que hacer. Se levantaron sin comunicarse y se mostraron ante Kaede con las manos en alto.
—Si no intentan nada, pueden irse, pero si vuelven no tendré piedad ni paciencia... Lárguense Ya! –les grito cuando vio que no se movían y estos corrieron lejos, para nunca volver.
Continúo con su difícil travesía, y llego hasta una de las habitaciones. Entro con sigilo, mirando hacia todos lados, concentrándose para escuchar cualquier sonido por mínimo que fuera, y al no escuchar nada, continuo hasta que llego a otra habitación, en la que al asomarla cabeza por un segundo se arrepintió pues una arma blanca estuvo a punto de enterrarse en su mejilla, de no haber actuado rápido al sacar su cabeza de aquella habitación, ahora estaría muerto.
Una gota de sangre rodó por su mejilla sin darse cuenta hasta que esta callo al suelo, se alegro de tener buenos reflejos y nuevamente intento entrar a la habitación de las dagas, así la bautizo cuando salio vivo segundos antes.
Entro saltando como pantera rodando por el suelo, disparando mientras estaba en el aire, disparo que sirvió para bloquear una nueva daga que planeaba enterrarse en su hombro. Nuevamente se levanto y mientras seguía disparando, corría velozmente por la habitación dando su primera vuelta en el amplio espacio destinado para su enfrentamiento.
Por fin logro rozar el hombro de su enemigo y este cayo lanzando antes una navaja pequeña, Kaede la evadió sin problemas y le disparo en el pecho en más de una ocasión, caminando hacia el de frente.
Su enemigo cayó por completo, sin gemir por el dolor, pero tocando sus heridas cerró los ojos mientras intentaba respirar aunque sabia que moriría.
Solo para asegurarse de que su enemigo estaba moribundo, se acerco a el y al notar que este ya no se movía se agacho sobre el, sintió deseos de observar bien su rostro y estar seguro de que ya no respiraba.
Se acerco demasiado y una pequeña daga en forma de flecha fue disparada como despedida por quien yacía tirado en el suelo, afortunadamente Kaede logro atraparla con su mano al detener su trayectoria, y aunque sangro un poco no se lastimo demasiado. Disparo nuevamente, esta vez en la cabeza del tipo que al parecer ya estaba inconciente y al fin murió.
Respiro con el conocimiento de que aun le faltaba mucho por recorrer, no estaba seguro de cuantas habitaciones tendría que visitar para encontrar a su hermano, pero estaba dispuesto a ir al mismo infierno con tal de llegar hasta donde se encontraran el y Hanamichi.
Se oxigeno el cerebro con tres respiros profundos y se aventuro a la siguiente habitación que encontró vacía, nuevamente con sigilo en busca de nuevos enemigos, cruzo la siguiente puerta, habitación en la cual fue recibido con una sonrisa diabólica, al parecer su nuevo enemigo si tenía personalidad.
—Me recuerdas, soy Hatori Tsunemori – se alejo lo suficiente para amenazarlo con su Katana en lo alto, en espera de una presentación oficial.
—Basura con apellido – respondió al sacar su espada de la funda tras su espalda, la tenía bajo la gabardina que usaba, la cual se quito para estar más cómodo en su siguiente batalla.
—Deberías ser más respetuoso con tus mayores Kaede Rukawa – Tsunemori respondió tranquilamente, había sido maestro de los nietos de Kido-Sama, y aunque ya tenía más de 40, estaba seguro de que podía vencer a su mejor alumno.
—Y tu deberías temerle a tus enemigos Hatori – le llamo por su nombre sin respeto alguno, esperando el ataque de su ex maestro.
—Seré precavido, comencemos ya – se inclino y después lanzo el primer golpe con su espada.
Kaede contuvo con su Katana el ataque de Hatori, sacando chispas con el choque de amabas espadas. Una nueva guerra se desato en aquella amplia habitación, la noche era oscura pero la luz artificial en algunas de las habitaciones incluyendo en la que luchaban ahora iluminaban cualquier rincón, mostrando así en la cámara que Kaerou conservaba en su oficina, la batalla que hasta el momento era la mas impresionante por el despliegue de aptitudes en el manejo de Sables.
Maki le había puesto nombre a su espada, la llamo simplemente "Yaga", y se la había prestado a Kaede cuando recordó que a Kaerou solían gustarle los combates particularmente con Katanas hechas por los mejores forjadores de metal. Era su único y mas apreciado recuerdo y no dudo en dársela a su único amigo para que no estuviera en desventaja pues el no poseía una, estaba en buenas manos y esperaba recuperarla pronto.
Estaba emocionado al ver lo bueno que era su hermano con la espada, su elegancia e insolencia se mostraban en cada movimiento y ya no podía esperar el momento de luchar con el, de hombre a hombre, mano a mano, seria un verdadero despliegue de poder y estaba ansioso por mostrarle a su hermano lo mucho que había mejorado.
Las hojas curvas de sus sables se blandían en una lucha imparable por obtener la victoria, y así la muerte del otro, en mas de una ocasión midieron sus fuerzas, tomando la vaina con ambas manos y ejerciendo presión con el filo de sus espadas, una contra la otra, sacando chispas en cada uno de sus encuentros, su fuerza en cada uno de sus cortes de viento era manifiesta, pero después de 5 minutos de un leal combate, Kaede se comenzó a desesperar y Hatori, ya se estaba cansando.
En un despliegue de poder y total exhibicionismo, Hatori se alejo al empujar con su sable el de Rukawa, solo lo suficiente como para regresar con más fuerza.
Kaede se preparo para recibir su ataque tomando la Katana de Maki con ambas manos, esperando pronto terminar su combate, antes de que dieran las 12 de la noche.
Nuevamente pero con una sola mano tomo su espada y con toda su fuerza la estrello contra la de Kaede, solo para dar un giro completo y volverlo a hacer en distintas ocasiones aplicando toda su fuerza y tan rápido como le era posible, provocando que su contrincante perdiera el equilibrio mientras retrocedía, pero solo para regresar con mas fuerza. Kaede, tomando la espada con una sola mano, corto el aire iniciando su trayectoria de abajo hacia arriba, pero Hatori no se sorprendió y contuvo el corte de aire con el filo de su espada, para después saltar hacia atrás y nuevamente tomar impulso al respirar profundamente.
Ninguno de los dos pensaba en enfundar su espada hasta haber derramado la sangre del otro y por lo tanto la contienda aun no había terminado. Ahora solo se miraban con un raro odio nacido por el hecho de ser enemigos y estar en el bando contrario, eran buenos enemigos y por lo tanto, buenos contrincantes esperando dar la mejor pelea de sus vidas.
Se miraban estudiándose en todo momento, pero especialmente al mirarse a los ojos podían predecir los movimientos del otro, Tsunemori estaba nervioso, sus mas poderosas estrategias no le funcionaban con su mejor alumno, y tenia miedo de morir, pero estaba dispuesto, sentía que como guerrero morir con honor frente a alguien como Kaede era su destino, así que respiro profundo con su sable en alto, dispuesto a atacar y se lanzo con toda su fuerza contra su ex alumno, con un grito de guerra.
Una vez mas Kaede contuvo la fuerza de su golpe con su sable, dispuesto a terminar el combate lo mas pronto posible, así que en un intento por aplicar su técnica de combate mas rápida y mortal, empujo con todas sus fuerzas a su enemigo, provocando que retrocediera y nuevamente lo ataco, blandió su Katana con sus dos manos apoyándose en su lado izquierdo, y cuando su espada fue rechazada por Hatori entonces repitió su movimiento en su lado contrario, hasta que su juego de espadas se convirtió en una rutina de ataque y defensa, esperaba encontrar el momento exacto para acelerar su movimiento y sorprender a su enemigo.
Hatori no sabía como responder al ataque de Kaede, sabía que se estaban envolviendo en un círculo de ataque y defensa pero no podía hacer otra cosa, más que contestar el ataque y defenderse como le fuera posible.
La rutina se repitió como Kaede lo esperaba y con un movimiento rápido, antes de que Hatori pudiera mover su espada para defenderse, nuevamente empuño su Katana pero esta vez en contra de su ex maestro, quien en esta ocasión no había podido bajar su espada para defenderse, resultando en un corte diagonal comenzando desde su hombro pasando por su pecho y parte de su estomago hasta llegar a su cadera.
El corte fue profundo, ambos lo sabían y cuando Hatori fue conciente de que había perdido, callo de rodillas sin bajar su espada y miro a Kaede sorprendido por su hazaña, estaba atónito, pero agradecido de que su mejor alumno hubiera terminado con su vida.
Bajo su espada y cerro los ojos, solo le quedaban unos cuantos segundos de vida, la perdida de sangre era devastadora así que decidió despedirse de su mejor contrincante, deseándole suerte y esperando que se vieran en su siguiente vida.
Kaede lo miro al igual que su maestro, totalmente sorprendido, al parecer su técnica funcionó y ahora estaba a punto de morir, no se arrepentía de sus acciones, pero tampoco se alegraba y como honorable guerrero considero darle una muerte con honor a su maestro, así que antes de que cayera por completo al suelo, se inclino y se mantuvo así, reverenciándolo hasta Hatori Tsunemori murió.
Algo le decía que ya no faltaba mucho para su ultimo enfrentamiento, así que salio de la habitación y se dirigió a la ultima habitación de la planta baja en busca de su hermano, entro con sigilo y ahí lo encontró.
Estaba sentado a un lado de su escritorio, observando la pantalla de su computadora, al parecer estaba modificando la configuración de esta, y al observarlo de frente al fin, supo que muy posiblemente el combate que se llevaría a cabo en esa habitación – la mas grande de la planta baja – estaría siendo gravando.
—Bienvenido hermano! – lo saludo al entrar – ya termine con esto, esta pequeña es mi segundo tesoro – sonrió confiado y la puso en un lugar seguro.
Se levanto y tomo su espada favorita, que también era la favorita de su hermano y le habia pertenecido desde muy joven.
—Me dijiste que todo se había perdido – le reprocho con obvia molestia, a el también le hubiera gustado conservar su espada.
—Siempre quise quedármela, como todo lo tuyo – lo miro con odio y se decidió a comenzar su ultimo combate con su hermano.
—Comencemos de una vez! – se puso en guardia y espero a que su hermano iniciara la contienda.
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N/A: Hola de nuevo! me tarde un poco por que no sabia como narrar el combate con espadas y aunque no me gusto como quedo, creo no lo habría podido mejorar (no soy buena para eso), creo que el siguiente capitulo será el final, espero que la acción les haya parecido creíble y entendible, con eso me daré por bien servida, y pues hasta la próxima actualización que ya no falta mucho.
Nota: La Hakama es una vestimenta típica oriental japonesa que consiste de un pantalón largo y un kimono.
