AMOR SANGRANTE

14. Camino al aeropuerto

Me dormí muy pronto después de llegar a casa y de colgar la ropa. Por primera vez en días por fin soñé. Como de costumbre, no recordé los detalles principales y cada pequeña acción, pero sí que me acordé de que finalmente James estaba aquí. Supongo que estaba soñando que James volvía a mí al final. Me quedé en la cama, disfrutando los sentimientos restantes que él sueño había removido en mi interior. No pude evitar sonreír cuando vi la nieve caer en la ventana.

Finalmente logré salir de la cama y me puse unos vaqueros y una camiseta ajustada de los que Tanya me compró ayer. Cuando me hube cambiado y cepillado el pelo, salí fuera para buscar a Laurent y Tanya. Laurent estaba en la cocina sentado en la mesa del centro mientras que de Tanya no había ni rastro.

—Buenos días, Laurent— dije con una sonrisa.

—Buenos días, pareces contenta

—Yo siempre lo estoy— Laurent me miró con cara de: ¿en serio? Simplemente le miré.

—De acuerdo, pareces más contenta. ¿Buen sueño?

—Sí… espera, ¿cómo lo sabes?

—Bueno, para empezar, no te gusta ir de compras así que estoy casi seguro de que no fue por el viaje. Además, si la razón fuera esa, habrías estado contenta desde ayer.

—Sí… tiene sentido.

—Además, has estado susurrando el nombre de James desde que te dormiste.

—¿De verdad? Un momento, ¿cómo de alto lo decía?

—No, no muy alto. Pasaba por allí cuando te oí murmurar algo. Así que fui a verte y fue entonces cuando te oí diciendo el nombre de James.

—Vale. ¿Qué vamos a hacer hoy? — solté para dejar de lado el tema de conversación sobre mi sueño.

—Vamos a la ciudad— anunció Tanya mientras entraba

—Espera, ¿por qué? —pregunté sin muchas ganas de otro viaje en coche. Quiero decir, ahora que había recuperado el culo por el viaje anterior.

—Tenemos que recoger una cosa

—¿Qué tenemos que recoger?

—Algo grande y que no debería estar demasiado en un aeropuerto— replicó Tanya. Mientras me dirigía mecánicamente a mi habitación para coger my bolso (otra compra de Tanya) traté de imaginarme qué podría ser tan importante.

¿Sería algo de comer? No, teníamos muchísima ya que fuimos de compras ayer. ¿Sería algún complemento alimenticio vampírico o algún envío de sangre envasada? Probablemente, pero nunca había oído hablar de ello y no podía imaginarme de dónde podrían sacarlo. Entonces, ya que, aparentemente, los vampiros habían estado viviendo entre nosotros durante bastante tiempo, quizá tuvieran algún tipo de organización secreta para ayudarles.

¿Sería algún neonato al que se habían comprometido a ayudar? ¿Sería James? Detuve mis pasos, haciendo que Tanya mirara hacia atrás y me preguntara si pasaba algo. Negué con la cabeza y seguí caminando hacia el coche. Por supuesto que no podía ser James. Dijo que volvería directamente a la casa. Laurent le daría las direcciones o algo así. Tenía que ser el neonato. Después de todo, Tanya dijo que fuera lo que fuera no se debía dejar en un aeropuerto lleno de gente.

—Deja de imaginar, Cerys— dijo Laurent desde el asiento de delante.

El comentario me golpeó de vuelta a la realidad lo suficiente como para que pudiera procesar que estaba en el coche, tenía mi bolso, era la única persona en el asiento de atrás, tenía el cinturón abrochado y Tanya aceleraba como una maníaca.

—Siempre puedo intentarlo— murmuré

—No tiene sentido…— dijo Tanya —Estaremos allí en unos… 20 minutos a esta velocidad.

—¿Qué pasa si nos pilla un policía?

—Eso no va a pasar.

—¿Estás segura?

—Sí

—¿Totalmente?

—Sí, ponte a imaginar de nuevo, me estás molestando— sonreí y volví a mis pensamientos, aunque seguí sin imaginarme la razón por la que íbamos a la ciudad, o al aeropuerto en ese caso.

—¿Es por uno de tus amigos? —pregunté de repente

—Se podría decir así— contestó Tanya. Genial, eso no ayudaba nada. Al menos, sabía que lo más probable es que fuera un vampiro, a menos que considerara a los animales sus amigos, de una forma retorcida y enferma.

oOoOoOo

—El vuelo estaba retrasado— dijo Tanya mientras se volvía hacia donde Laurent y yo habíamos encontrado asiento en uno de los bancos en frente de la puerta de salida de pasajeros.

—Lo han hecho a propósito— murmuré —Sabían que yo no sabía quién viene y han decidido hacer la espera aún más larga.

—Estoy seguro de que esa es la razón— comentó Laurent

—¡Eh, Tanya! Podrías haber conducido a la velocidad normal. Ahora tenemos que esperar hasta que el vuelo aterrice— dije con una sonrisa. Tanya gruñó pero superó el comentario en seguida.

—Vuelo 29 desde Phoenix, Arizona, aterrizando— dijo una voz alrededor de media hora después.

—Deben ser ellos— dijo Laurent mientras se ponía de pie y estiraba las piernas.

—¿Ellos? Así que hay más de uno.

—No, solo hay uno. Simplemente no quería revelar nada.

—No te preocupes, no lo haces— murmuré —Espera, ¿Arizona? ¿No es un poco demasiado soleado para vosotros?

—Para un asentamiento permanente sí, pero esta persona solo estaba de paso— explicó Tanya —Si no permaneces en un sitio durante mucho tiempo, o al menos tanto como para construirte una reputación y no levantar sospechas, puedes ir donde quieras.

—Te lo juro, aprendo algo de vosotros todos los días— comenté.

—Eso es lo que pasa cuando te das cuenta de que los humanos no son las únicas… criaturas inteligentes del planeta.

—¿Cuánto se tarda en que salga todo el mundo?

—Mucho— murmuré recordando las últimas vacaciones familiares —¿Tenemos que esperar hasta que recojan el equipaje?

—No —dijo una voz profunda mientras dos brazos de acero se envolvían alrededor de mi estómago —Tengo todo lo que necesito aquí delante.

—¡James! —chillé. De acuerdo, normalmente no chillo pero creo que este momento se merecía hacer la excepción.

—Hola amor— dijo antes de darme un beso.