EL ARTE DE LA LOCURA
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ESTOCOLMO – – Siempre consideré a Shaoran Li como el peor de los orates con la más poderosa de las armas entre sus manos. Como darle a un fundamentalista una bomba de hidrógeno, él usa –o usaba– su pluma con tal sevicia que muchos se levantaron; en su favor o en su contra, pero se levantaron.
Cuando me enteré de su nominación al más reconocido galardón literario (y el único que le falta, de paso) pensé que no lo ganaría ni en un millón de años; es decir¿cómo un crío de 25 años podría ganar semejante distinción? Alguien que ha escrito cosas como sus novelas, ciertamente se merece un lugar…en un hospital mental.
O eso creí, hasta hace dos días.
Al saber que iba a concederme una entrevista, no sabía si sentirme de lleno afortunado, o definitivamente desahuciado. Creí que iba a ser nuestra pequeña reunión en un hospital psiquiátrico, con cristales de seguridad de por medio…y creí que me encontraría a un sujeto enredado en una camisa de once varas y un cuchillo entre los dientes. Si les interesa saberlo, no adiviné ni una. Es un muchacho educado con la rigidez inglesa, aunque su vida en Norteamérica algo lo ha corrompido; y su novia es una mujer despampanante que fue su psicóloga. Si alguna de sus admiradoras necesitaba saber el secreto para conquistarlo, bueno, acaban de enterarse lo que tenían que hacer.
Pero no nos desviemos del tema. Este muchacho es encantador a la hora de entablar una conversación decente…y más allá de ciertos apuntes, cuando se le pregunta por su estilo de escritura se corta inmediatamente. Tiene un aura extraña, como si del cielo pudiese pasar al infierno sin ninguna clase de escrúpulo; y tal facilidad de cambio inspira ese respeto que generalmente se confunde con el miedo.
Supongo que por eso es el escritor que, después del padre del teatro de la crueldad, es más respetado y más leído. Puede que no sea tan filosófico como Artaud, pero se manda un toque incalculable; aquel que hizo del terror psicológico una ciencia inescrutable para todos, y peor aún, hizo que todos disfrutáramos de ese toque. Yo soy de los que debe incluirse en ese grupo que lo puso dentro de esos escritores destinados a ser carne de cañón de los críticos; a cambio, él se ganó un premio Pulitzer por su "disertación de las letras", donde también es equiparado a las leyendas de Poe y Lovecraft. Se podrán imaginar los dones que tiene Shaoran Li.
Aún recuerdo claramente las primeras líneas de la primera novela que leí de su autoría: aquella vez, debo admitirlo, tuve pesadillas tan tremendas que no pude pegar el ojo. La historia desarrollada en una habitación y que tuvo el tino de volverlo loco con una semana de encierro. Por ese entonces cuando menos debía ser considerado un verdadero psicópata. Un niñito psicópata, para acabarlo de empeorar.
Hace dos días, en Estocolmo, se ganó el premio Nobel de literatura. El segundo asiático que lo gana, y uno de los más jóvenes en lograrlo. Su estilo de escritura, famoso por no dejarse llevar por sincretismos sino por dedicarse de lleno a lo que toca (no está muy claro si es asustar o de lleno dejarse llevar), hizo historia. Y creo que eso fue lo que a los del comité más les impresionó, por no decir aquellas aberradas y poco gratas descripciones del sufrimiento de las personas. Por eso, cuando él suba y reciba aquel galardón, muchas bocas serán cerradas por el rugido de los aplausos que van a llenar el auditorio entero.
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–¿No te gustó lo que escribió ese reportero?
–Lo disfruto no más.
–¿Por eso de que te puso fecha de vencimiento?
–Así es –una risa ahogada. Ella dejó la revista a un lado, apagó la luz y le miró por entre la penumbra largamente. Su vista volvió hacia ella y le sostuvo la mirada.
–¿Qué ves? –preguntó Sakura, divertida
–Una mujer desnuda en mi cama. ¡Ay, que suerte tengo!
–Ah¿sí? –dijo ella, sentándose a horcajadas sobre su cintura y mirándolo desafiante– ¿te crees muy suertudo?
–Mmm…–pareció meditarlo y le miró desafiante– ¿crees que te sienta la posición de mujer dominante?
–La verdad, sí.
–Eso no dijiste hace un par de horas.
Hace un par de horas no estaban hablando precisamente.
–Tú tampoco, querido…–arrulló ella, mientras sus ojos verdes brillaban con una luz venida de ninguna parte – suplicaste…
–Y con gusto volvería a suplicar –concedió él, sentándose y mordiendo su hombro desnudo en el acto– aunque tú también suplicaste…y mucho…
Ella dejó escapar un muy sugestivo sonido, acariciando su espalda y sus cabellos en un acto que comenzaba a dominar mejor que bien. Eso que hacía él le provocaba sobremanera, pero la peor parte venía cuando su cuerpo comenzaba a corresponder semejantes caricias. Dejó que sus piernas lo envolvieran en un potente abrazo y sólo se dedicó a dejarse hacer por ese hombre que en unos meses le había dejado la vida patas arriba. Sin embargo, "ese hombre" también estaba disfrutándolo enormemente…
Y podía decir, sin temor a equivocarse, que "ese hombre" era muy viril.
–Shaoran…–susurró ella con ese-tono-de-voz que volvería loco a cualquiera– por favor…
La verdad, es que ambos estaban acercándose al límite de la locura con aquella sesión de caricias.
–Está bien…–murmuró él, haciendo acopio de la fuerza de voluntad que aún le quedaba y cambiando las rampantes caricias por dulces toques de su mano sobre su cabello y su espalda. Pronto, la respiración acelerada de su pareja se tranquilizó y fue el turno de Sakura de ser la niña.
–Cuando te lo propones me vuelves loca.
–Afortunadamente –asintió él, sin dejarla ni un instante– sería tan aburrido si te dejara ser cuerda todo el tiempo…
Ella lo miró una vez más. El brillo de sus ojos marrones se podía distinguir claramente incluso tras la cortina de la oscuridad.
–¿Qué ves? –preguntó él.
–Lo suficiente –sonrió ella.
–Entiendo, señorita-respuestas-aporéticas
–No, no entiendes y eso te trastorna¿no?
Un gruñido era igual a un impacto directo. Le gustaba bajarlo de su pedestal de cuando en cuando.
–Te diré que veo –confesó ella a su oído– veo que estoy en una cama con el hombre al que adoro. ¿Qué te parece?
Él sonrió y, de paso, tuvo un nudo en la garganta.
–A mí, genial –respondió él, acariciándole el rostro– porque yo veo algo más…
Fue el turno de Sakura de ser la que no entendía.
–¿Qué es?
–Pues…–tomó aire y le miró– veo a la mujer con la quiero compartir mi vida.
Al instante, Sakura le miró como si hubiese invocado fuerzas capaces de cambiar el orden del universo. Shaoran, como siempre, le miró esperando una respuesta, sea cual fuere.
–Eso quiere decir, señor Li –sonrió ella, después de un instante de silencio– que es usted quién acaba de ganarse un lío muy grande.
