14. Después

Jemma no se lo podía creer.

Por un segundo, por un simple y brevísimo segundo, sus labios habían estado a pocos milímetros de los de Skye. Había podido respirar el aliento de la chica, percibido su aroma, estado a punto de saborearla…

Y sin embargo…

Sin embargo, aquel viejo cascarrabias había tenido que interrumpirles.

¿Acaso no existía ni un mínimo de sensibilidad en el mundo?, se preguntó Jemma, frustrada. ¿De empatía? ¿De solidaridad? ¿De romanticismo?

El hombre había visto que las dos jóvenes iban a besarse, que estaban a punto de unir sus bocas y, aun así, no había tenido reparos en impedir que aquello que Jemma tanto ansiaba sucediese por fin.

Desde ese día, Jemma no podía evitar mirar con resentimiento a las personas mayores. Era consciente de que no todas eran iguales, que ninguna de ellas tenía la culpa más que aquel señor en concreto, pero ella no lo podía remediar. Tenía la sensación de que, si se acercaba más de la cuenta a Skye, alguna otra persona, o quizás el mismo hombre, aparecería para recriminar a las dos chicas lo que estaban a punto de hacer e impedir que lo llevaran a cabo.

Sobre todo, Jemma tendría especial cuidado a partir de entonces con los ancianos de abundante barba canosa, boina marrón y parche cubriendo su ojo izquierdo.

A pesar de ello, el odio de la muchacha, su rabia y su frustración no se podían comparar a los que sentía Skye.

Durante los tres días que siguieron, en los que estuvo tan ocupada que no pudo acudir al parque, la joven pensó mucho en lo ocurrido, o, mejor dicho, en lo que no había llegado a ocurrir. Ella jamás había pensado que, un día, Jemma querría besarla, o que ella misma querría besarla a ella por mucho que la quisiera.

Pero, desde el mismo instante en que Skye se percató de lo que Jemma hacía, de lo que estaba a punto de hacer… ella se dio cuenta de que lo deseaba con toda su alma.

No sabía si era bueno o malo, pero, puesto que su mayor preocupación era deshacerse de aquel molesto sentimiento, la chica no pudo sino regañarse a sí misma por sentir lo que sentía incluso sabiendo que no era culpa suya. Ni de Jemma. Ni de nadie.

El caso era que ella lo había deseado, había deseado ese beso… y aquel hombre tuvo que estropearlo todo. Cuando sucedió, Skye casi no se podía creer que realmente pudiese existir una persona tan insensible como para no respetar a dos chicas que estaban a punto de darse su primer beso. ¡Interrumpirlas de aquella manera…! ¡Cómo había sido capaz!

Sin embargo, cuando regresaba a casa, Skye se percató de que, en el fondo, agradecía a aquel señor que hubiera detenido lo que estaba a punto de pasar. ¡Quién sabía si ella se hubiera arrepentido después! Se había quedado con las ganas de probar los labios de Jemma, no lo negaba, pero ¿y si aquello hubiese estropeado definitivamente su amistad? Ella ya la había dañado bastante, de modo que no le gustaría que una cosa así acabase para siempre con todo lo que había vivido en el último mes.

La muchacha reparó en lo mucho que había cambiado su vida en tan corto espacio de tiempo. A finales de marzo ella era una chica normal, preocupada únicamente por sacar adelante a su familia y por trabajar todo lo que aguantara por tal de conseguirlo; así era como se lo había explicado a Jemma y así era en realidad.

Y, sin embargo, aquel mes de abril había constituido para ella un gran cambio. ¿Pero para bien o para mal? Skye no se arrepentía de haber conocido a Jemma, de haberse convertido en su amiga, pero… ¿resultaba bueno que ahora estuviese enamorada de ella? ¿Resultaba bueno para ella, para su familia, para su trabajo…?

La respuesta le vino de inmediato: no. Rotundamente no, pues casi se había desentendido de Agnes excepto cuando ésta enfermó días atrás. La jornada laboral de Skye, y con ella su sueldo, habían disminuido, y la joven no podía culpar a su madre por haberlo solicitado, pues ésta la había visto tan descentrada, que pensó que necesitaba un respiro. Jiaying sólo había actuado pensando en el bien de su hija mayor y, si con ello había logrado estar más activa ella misma, superando por fin la muerte de su marido, Skye se alegraba y hasta lo agradecía.

Lo agradecía porque había podido pasar más tiempo con Jemma, aunque, por otro lado, lo lamentaba porque ello había causado que la quisiera más. Y Skye aún no sabía si aquello era bueno o malo.

En fin, se dijo, encogiéndose de hombros y decidiendo dejar ya de pensar en lo que había ocurrido tres días atrás. Ya tendría tiempo de descubrirlo.

Y así, el seis de mayo, Skye se encaminó a su enésima cita en el parque con Jemma, preguntándose qué habría ocurrido si aquel beso se hubiera llevado a cabo, si habría cambiado algo entre ellas…

Al fin y al cabo, soñar era gratis.

IIIIIIIIIII

Disclaimer: Estas palabras y estos personajes los tome prestados. Gracias