N/A: ¡Hola! Nos acercamos poco a poco al desenlace de la historia... ¡Qué emoción! Dejo notas a final de capi, que os quiero contar una cosa. Pero leed primero ^^ ¡Saludos!
Capítulo 14
Harry llevaba más de veinticuatro horas sin dormir. En cuanto él y su escuadrón de aurores habían vuelto de la misión en Turquía, se había puesto a trabajar en los siguientes pasos. El primero fue reunirse con Kingsley y negociar la situación de Lucius Mafoy. No fue nada fácil convencer al Ministro pero, al final, Harry tuvo en su mano el papel con su firma que ordenaba el arresto domiciliario. Así que Lucius estaba en Malfoy Manor con Narcissa, y todos sus desplazamientos serían monitorizados por los dos aurores asignados a su vigilancia. Narcissa también era la custodia de su varita y la responsable de su permanencia en Inglaterra bajo Juramento Inquebrantable.
Pero si eso había sido difícil, lo verdaderamente complicado resultó ser mantener al Wizengamot al margen de las noticias. Harry quería una reunión para acordar los planes de acción, pero la quería con Kinsgley, con Hermione, con Minerva, con Neville, con los Malfoy y con Blaise, ya que iban a usar su recuerdo como prueba principal, y con algunos de los aurores en los que tenía mayor confianza. Era un grupo demasiado pequeño para lo que exigían las leyes. Kingsley quería cumplirlas y llevar a cabo ese debate en el Wizengamot, con todos sus miembros y también con la presencia de los inefables. Harry no necesitaba verlo para saber que eso generaría una alarma social sin precedentes y que se convertiría en una auténtica escabechina contra Draco.
Draco. Se negaba a llamarle el nuevo Señor Oscuro como Kingsley le había bautizado ya. Harry sabía que en el Wizengamot dejarían de usar su verdadero nombre, que le convertirían en un monstruo y pedirían un golpe de fuerza definitivo para evitar una nueva guerra. Querrían sangre y muerte. Para Harry, ése iba a ser el último recurso. Así que debatió, discutió y defendió su postura sin fisuras hasta que Kingsley pareció incluso más cansado de lo que él se sentía. Hasta que consiguió la reunión que buscaba, a excepción de una sola cosa: Croaker. También estaría presente la Directora del Departamento de Misterios y Jefa de los Inefables.
No siempre se podían ganar todas las batallas.
Después, empezaron las visitas. Harry habló personalmente con todos los que iban a estar en aquella reunión. Les puso al tanto de la situación, les pidió que investigasen todo lo que pudiesen sobre el tema y que llegasen preparados a la reunión al día siguiente. Sabía que no podían perder más tiempo, que cualquier hora ganada a la noche sería una pequeña ventaja. Él ni siquiera fue a dormir a casa.
El informe de los aurores enviados a Uzbekistán le dio un soplo de oxígeno que ni siquiera sabía que necesitaba. Draco había visitado al hechicero que vivía en el Monte Adelung, como Lucius les había dicho que haría, y el hombre seguía vivo. Al ser interrogado por los aurores ingleses, aseguraba una y otra vez que la serpiente había querido matarle pero que el mago que la acompañaba lo había evitado. Decía que el Yolak no le había poseído por completo pero que pronto lo haría. Los aurores uzbekos lo habían detenido en cuanto descubrieron qué clase de pociones guardaba en la cueva y lo increíble es que el hechicero les había agradecido que se lo llevasen. Estaba aterrorizado.
El Yolak, la Poción del Laberinto. Harry había leído toda la información que el Ministerio poseía sobre ella y lamentaba que Lucius no lo hubiese hecho antes de dársela a su hijo. Pero justo al minuto siguiente no lo lamentaba en absoluto. Sin esa poción, Draco estaría muerto. Ahora, en cambio, estaba luchando contra eso que intentaba dominarle, tenía una oportunidad si ellos conseguían ayudarle. Ayudarle y no detenerle, como le había dicho Blaise. Harry lo había escrito en la solapa interior de la carpeta donde guardaba toda la documentación para el día siguiente.
Las dos horas de sueño en el sillón de su despacho le despejaron un poco y le regalaron una contractura en el cuello. Por suerte, Harry había programado la reunión a las ocho de la mañana y ya pasaban de las siete, así que no tendría que esperar demasiado. El tiempo justo para refrescarse un poco el baño y tomar un café rápido. Diez minutos antes de las ocho, Harry cruzaba la puerta de la sala de reuniones. Croaker ya estaba allí. La única a la que no había puesto en antecedentes.
—Buenos días, Jefe Potter.
—Buenos días, Directora.
No se dirigieron ni una palabra más, pero Harry podía sentir sin verla, la mirada de Croaker sobre él. Había algo en la actitud de superioridad de la Jefa de los Inefables que hacía a Harry sospechar que no anunciaba nada bueno.
Los demás no tardaron en llegar. Primero el Ministro, acompañado de Hermione; luego Minerva con Neville; Williamson representando a los aurores; y en último lugar el matrimonio Malfoy con Blaise Zabini. Todos se sentaron alrededor de la mesa, cuidándose bien de dónde hacerlo. Harry observó cómo Blaise y Narcissa rodearon a Lucius sentándose a cada uno de sus lados, era evidente que todos sus sentidos de protección estaban alerta. No pudo evitar observar al padre de Draco. Volvía a vestir acorde a su apellido y a su posición, el pelo limpio y suelto sobre los hombros, la espalda erguida y el rostro serio, pero Harry pensó que ya no sería incapaz de engañar a nadie. Algo dentro de Lucius se había roto sin remedio. Era la primera vez en su vida que Harry sentía algo muy cercano a la pena por ese hombre.
Pero no iba a dejarse llevar por ella. Aquella era una reunión muy importante y él tenía la responsabilidad de que no saliesen con las manos vacías cuando terminase. Así que se echó hacia delante en su silla y les miró uno a uno mientras tomaba la palabra.
—Gracias a todos por estar aquí. No voy a extenderme en los motivos, sé que todos estamos al tanto — su única duda era que Croaker lo estuviese, pero se dijo con total sinceridad que le importaba bien poco — Antes que nada, quería deciros que he recibido un informe de los aurores enviados a Uzbekistán. Todo apunta a que Draco sigue en el monte Adelung después de haber visitado a Sehrgar, el hechicero de la montaña, para obtener información sobre el Yolak. Según las palabras de ese mago, la serpiente quiso matarle pero fue Draco el que lo impidió. Atendiendo a este testimonio podemos decir que Draco está intentando luchar contra esa fuerza que le posee y que aún no está por completo a su merced.
Los Malfoy lo sabían. Él mismo les había contactado por red flú al recibir el informe. Aun así, Harry pudo ver el agradecimiento en los ojos de Narcissa por haberlo dicho antes que cualquier otra cosa en la reunión, y la sorpresa en el resto de las miradas alrededor de la mesa.
Harry iba a seguir hablando cuando Croaker tosió con suavidad y alzó la mano, pidiendo la palabra.
—Adelante, Directora, no tiene que pedir permiso.
—Gracias — dijo Croaker poniéndose de pie, como si se hubiese subido al estrado del Wizengamot — En nombre del Departamento de Misterios y en el de todos los inefables quiero pedir formalmente que se aparte al señor Potter de este caso. Señor Ministro — añadió dirigiéndose a Kingsley — los motivos para mi petición son la implicación personal del Jefe de Aurores con esta nueva amenaza, lo comprometida que está su actuación profesional y los dudosos antecedentes que obran en nuestro poder, como la interrupción de nuestras investigaciones en Malfoy Manor, la noche en que tuvo lugar…
El golpe sobre la mesa hizo que Croaker dejase de hablar. Harry había estampado su mano contra la madera con más fuerza de la que había pretendido, pero se tragó el dolor en la palma y se puso de pie, encarando a Croaker. Ni se había molestado en mirar al Ministro.
—No voy a consentir que siga, señor Croaker. ¿Le importó al Departamento de Misterios y a sus inefables, a los que usted dirigía ya por aquel entonces, que yo estuviese implicado emocionalmente cuando me enfrentaba a Voldemort?
—En ese caso, la venganza…
—La venganza y mi rabia funcionaba bien para sus intereses, y no les tembló el pulso para exponer a un niño contra un mago oscuro de la calaña de Voldemort. Pues ahora soy un adulto, Directora, y no voy a permitir que ni usted ni nadie me aparte de mis funciones.
—Eso es toda una falta de respeto hacia el Ministro aquí presente, señor Potter, si él decidiese…
—Eloise… — dijo Kingsley con voz suave e indicándole con un gesto que se sentase — Quiero dejarles claro a todos que no voy a apartar a Harry ni de este caso ni de su puesto. Respeto por completo su labor hasta el día de hoy y tiene mi absoluta confianza. Y Directora, cuento también con toda la colaboración de su departamento. La amenaza que nos trae aquí es la un posible nuevo Señor Oscuro, quizá la de una nueva guerra. Y espero que todos estemos a la altura.
Eloise Croaker se sentó en su silla y un leve rubor coloreó sus mejillas. Harry vio cómo las expresiones de disgusto de todos los presentes se fueron suavizando, y cómo Kingsley le miraba y asentía, invitándole a seguir hablando. Harry asintió a su vez, agradeciéndole la intervención, y continuó con la reunión.
—Nuestro objetivo es ayudar a Draco Malfoy. Por supuesto, la prioridad es detener eso que esté pasando y evitar el surgimiento de un nuevo Señor Oscuro, pero… — Harry miró a Blaise —…lo que tenemos ahora entre manos es a un mago británico bajo los efectos de una poción devastadora, intentando luchar contra ella. Y vamos a prestarle nuestro apoyo.
Blaise asintió ante sus palabras. Harry las había repetido una y otra vez en su cabeza a lo largo de la madrugada y ahora que las había dicho en voz alta, supo con total certeza que eran las correctas.
—Ahora, por favor, ¿alguien ha encontrado alguna información que pueda arrojar luz sobre el caso?
Harry miró instintivamente a Hermione. Ella era siempre la fuente de las respuestas y había traído consigo un dossier enorme lleno de pergaminos que justo ahora abría sobre la mesa. Sin embargo, quien habló fue Neville.
—Yo he encontrado algo. Pero antes de compartirlo debo estar seguro de que… —Neville le miró con cierta angustia en la mirada, poniendo sobre la mesa un libro que Harry reconoció al instante. Era el libro que Neville le había enseñado en Hogwarts cuando le había revelado la verdad sobre los Profanadores del Destino. El libro de Helga Hufflepuff. Harry entendió qué era lo que le preocupaba, pero sus miedos eran infundados.
—Esta sala tiene un hechizo fidelio muy elaborado, Neville. Nada de lo que se hable aquí saldrá de estas cuatro paredes. Os será imposible contarlo o escribirlo a alguien que no haya estado aquí dentro y ninguna de esta información podrá ser utilizada en vuestra contra en ningún caso. Tenéis mi palabra.
—En ese caso, creo que puedo haber encontrado algo de utilidad — Neville abrió el libro de los Profanadores y fue hacia la parte final. Pese al hechizo que protegía las páginas, el libro era tan antiguo que partículas de papel se desprendieron hacia la madera de la mesa — Hay un uso diferente a las armas de destino. Helga cuenta en unas notas añadidas a mano que no dejan de ser armas, que la lucha puede tener lugar sin reclamar a un mago profanado sino para proteger a alguien querido de su propio destino. Mirad, está aquí.
Neville puso el libro en el centro de la mesa y todos, excepto Lucius, se echaron hacia delante para tratar de verlo.
—Esperad — dijo Hermione alzando la varita. Y con un hechizo consiguió pasar las letras de esas dos páginas a una de las paredes de la sala. Todos menos Croaker la miraron sorprendidos, pero Hermione se quitó importancia — Trucos que aprendes cuando pasas demasiado tiempo entre libros — dijo.
El mensaje estaba allí. Hablaba de lazos afectivos, de protección, de evitar desenlaces aciagos. Era cambiar de nuevo el destino, pero no para modificarlo, sino para impedirlo.
—Pero eso… Eso no es muy diferente a lo que ocurrió la vez anterior — dijo Harry.
—No, no lo es — contestó Neville — La única diferencia es que no tiene nada que ver con la profanación sino con salvar a un mago de ciertos peligros. Da la impresión de que ninguno de ellos se fiaba de que los fundadores no abusasen de su poder. Helga insinúa la posibilidad de que Slytherin quisiera crear su propio ejército con los magos de su casa. Quizá de que los demás también lo hiciesen y llevasen la rivalidad demasiado lejos.
—¿Reclamar a un mago a través de los lazos afectivos? — pregunto McGonagall.
—Desde luego tiene que haber una conexión con ese mago, el conjuro lo dice de forma clara — dijo Hermione — supongo que fue la forma que encontraron para asegurarse de que no se estarían simplemente robando los mejores magos. Pero tenemos dos problemas. Draco tiene el bastón, pero no sabemos dónde está la espada de Godric Gryffindor. Y por otro lado, si el león matase a la serpiente, las heridas las sufriría Draco y acabaría muriendo también.
Harry no pudo evitar sentir un escalofrío. Vio cómo Lucius cerraba los ojos en el otro extremo de la mesa.
—No estoy seguro de que esto funcione así, Hermione — contestó Neville — Si Godric y Salazar pelearon así, como dice Helga, sabemos que ninguno de ellos llegó a morir. Tal vez no sea el mismo proceso que al reclamar a un mago profanado.
—Aún así es un "tal vez", no un "estoy seguro" — replicó Hermione. Neville frunció el ceño, claramente molesto, pero Harry entendió lo que Hermione estaba haciendo. Cuando discutía todos los pros y los contras de un plan era que realmente estaba tomándoselo en serio.
—No es una mala idea, Neville — intervino Minerva — Pero al no contar con la espada de Gryffindor es inviable. Créanme que la he buscado por todo Hogwarts, los inefables de la señora Croaker se aseguraron de que lo hiciera.
Croaker encajó la puya con un mohín ofendido.
—Cumplimos con nuestro trabajo de forma eficiente, directora McGonagall.
—No lo dudo, querida.
—¿Y en Malfoy Manor? — dijo Williamson como si estuviese pensando en voz alta, más que siendo consciente de lo que decía. Tenía la mirada fija en las letras de la pared y Harry no pudo evitar sorprenderse ante su pregunta — Lo más lógico es que si Slytherin ganó el duelo, la espada haya pasado a su poder. A manos del profanador quiero decir…
Harry había puesto a Williamson al tanto de los profanadores cuando hizo su informe tras la batalla de Malfoy Manor. Necesitaba a alguien de confianza al tanto por lo que a él pudiera pasarle. Una cosa era la versión para la prensa y el Wizengamot, y otra muy distinta la que tenían el Ministro o los inefables. Y en este caso, el propio Williamson.
—La espada de Gryffindor no está en Malfoy Manor — afirmó Narcissa con rotundidad — Nada me haría más feliz que poder entregársela en este momento.
Williamson parecía dispuesto a responder, pero Harry interrumpió antes de que pudiese hacerlo.
—La espada se buscó en todos los lugares posibles en esa investigación. Y no dimos con ella. Neville, lo que nos comentas es…
Harry…
Harry se giró hacia la voz que le había llamado. Provenía de un cuadro al fondo de la sala. Era una chica con un cántaro de leche en la mano y un paisaje bucólico a sus espaldas. No le dio importancia y siguió hablando.
— Como decía, tu plan Neville…
Harry, tienes una visita…
La chica se reía con timidez. Harry se giró y silenció el cuadro. Lo que menos tenía ahora era tiempo para lidiar con cuadros estúpidos.
—Otra opción que tenemos sería usar las Armas de Destino de las otras dos casas pero claro…
—Harry, a lo mejor deberías hacerle caso a la muchacha — dijo Kingsley, señalando al cuadro. Harry volvió a girarse y al lado de la chica vio a un anciano saludándole afable con la mano. Era Dumbledore.
—Insisto, no deberíamos emocionarnos demasiado Harry. Los retratos son solo retratos.
—Estoy dispuesto a aferrarme a cualquier cosa, Minerva.
La Directora de Hogwarts y Harry caminaban por los pasillos de Hogwarts hasta los baños del segundo piso. Neville, Hermione y Croaker les acompañaban, junto a otros dos inefables. Estos se habían encargado de sellar la Cámara Secreta hacía unos cuantos años y solo ellos podrían volver a abrirla. Por suerte, se habían encargado de que la lengua pársel ya no fuese necesaria. Desde la muerte de Voldemort, Harry no podía pronunciar una sílaba.
"Él nunca se marchó del todo. Dejó atrás su cuarto de los secretos. Nadie creía que fuese verdad, pero Harry descubrió que sí. ¿Verdad, Harry?" había dicho Dumbledore sin parpadear. Harry sabía que era una pista vaga e inconsistente, pero era todo lo que tenía y no pensaba dejar pasar la oportunidad de registrar la Cámara Secreta.
No tuvieron que registrar demasiado, de todas formas.
Una vez que la entrada fue abierta y todos descendieron hacia la cámara subterránea, vieron enseguida la espada de Gryffindor, clavada en la roca por la que Harry había visto aparecer y desaparecer al basilisco. Allí también había estado a punto de morir Ginny, a punto de morir él mismo. Quería salir de allí cuanto antes.
—Así que las armas de los vencidos aparecen directamente en Hogwarts… — dijo Neville.
—O eso o Salazar se encargó de que si ganaba algún duelo, el botín acabase en su cámara privada — respondió Harry.
—Sea como sea, la hemos encontrado — dijo McGonagall.
Los inefables se encargaron de comprobar que tocar la espada no sería peligroso. Harry también pronunció un par de hechizos, y cuando todo pareció seguro, tomó la empuñadura de la espada y la arrancó de la roca. El filo plateado brilló en la oscuridad de la cámara.
Todos parecían algo más esperanzados teniendo la espada de Gryffindor en el centro de la mesa. Harry estaba ya trazando el plan, explicándoselo a Williamson pero dejando que todos le escuchasen. Cómo rodear el monte Adelung, cómo cercar a Draco y cómo aproximarse. Según las notas de Helga el conjuro no era muy diferente al de reclamar a un mago profanado, se trataba de reclamar a Draco de la influencia de la serpiente, de enfrentar al león con ésta. Hermione lo estaba transcribiendo en letra mucho más legible a un nuevo papel y Harry iba a memorizarlo palabra a palabra.
Nadie se esperaba que Lucius interrumpiese el buen ritmo de sus planes. No había abierto la boca hasta ese momento.
—No va a funcionar.
—¿Disculpe, señor Malfoy? — le preguntó Harry.
—Todo lo que estás planeando, no va a funcionar si eres tú quien lo lleva a cabo.
Harry se quitó las gafas y se frotó los ojos. Ahora que se había librado de Croaker, no había esperado tener que enfrentarse a Lucius Malfoy.
—Mire, señor Malfoy, si insinúa que mis lazos…
—No, no me entiendes Potter. No estoy insinuando nada. Afirmo un hecho, tú no eres un Gryffindor. La espada no va a responder ante ti.
Dolió como un crucio. Harry se sentó en la silla y dejó escapar un suspiro. No se había planteado eso ni por un momento. Ni él ni ninguno de los que le acompañaban. Todos tenían tan asumido que era un Gryffindor, el Gryffindor por autonomasia, que incluso estaban convencidos de que Slytherin no había ganado el duelo hacía un año. Y ése era el origen de todo. La razón que Draco le había dado para esconder el bastón durante tanto tiempo, la necesidad de que él siguiese sintiendo que su vida había sido una farsa. Pero ahí estaba, cuando más necesitaba ser un Gryffindor, no podía ejercer como tal. Y no había otro Gryffindor en el Mundo Mágico con lazos afectivos hacia Draco. Todo se había venido abajo.
—James… — Había sido solo un murmullo a la derecha de Lucius, pero todos lo habían escuchado y se habían girado hacia Blaise.
—No, ni hablar — fue la respuesta inmediata de Harry. No sabía cómo Blaise se había enterado de que James estaba con Scorpius pero debía estar loco si pensaba que iba a exponer a su hijo a algo como eso.
—Antes de negarte en redondo deberías pensarlo bien.
—No hay nada que pensar, Blaise. Es mi hijo, es aún menor de edad, ¡por Morgana! No va a hacerlo.
—Es el único Gryffindor con lazos afectivos para hacerlo. Si ama a Scorpius de verdad, eso sería suficiente. Le movería querer evitarle el sufrimiento a Scorpius de perder a su padre. Sabes que podría funcionar.
—¡Son dos adolescentes! ¿Por qué he de suponer que sus sentimientos son tan profundos?
—James tiene la misma edad que tú tenías cuando empezaste a salir con Ginevra. ¿Quién está siendo un hipócrita ahora? — contestó Blaise, levantando la voz. Estaba luchando por Draco y Harry podía ver con claridad cómo el resto de la mesa le estaba escuchando.
—Lo siento. Yo he estado ahí. Sé lo que significa invocar al león — dijo Harry mirando a todos — No puedo exponer a James a eso. Sé que Ginny estará en contra también.
—En cuanto a eso… Quizá podrías ayudarle — dijo Blaise — James aún es menor de edad. Hay un vínculo muy antiguo que se puede aplicar de padres a hijos. ¿No es así, Lucius?
Harry vio cómo Lucius asentía.
—Así es. Podrías llevarte parte de su dolor. Gran parte. Al ser un vínculo tan nuevo, él apenas sufriría — dijo.
—Me llevaría el dolor. ¡Pero las heridas serían suyas!
—Nadie dice que la mecánica del duelo vaya a ser igual, Harry. No sin una profanación — apostilló Neville.
—James Sirius Potter puede ser la única esperanza para salvar al Mundo Mágico — incidió Croaker — Decidme ahora si la implicación personal no está afectando al caso.
Antes de que Harry pudiese girarse hacia Croaker para maldecirle, Hermione se puso en pie y sujetó su brazo.
—Es una decisión que no puede tomar solo Harry. Su madre tiene que opinar. Y también James y Scorpius. Puede que sean menores de edad pero ya no son niños pequeños. Demos un poco de tiempo para que Harry nos dé una respuesta. No le parece, ¿Ministro?
—Estoy de acuerdo — dijo Kingsley, recogiendo el guante de Hermione — Te daremos un tiempo, Harry. Reunámonos aquí al anochecer. Y quiero dejar clara una cosa, si la respuesta es no, no permitiré que se coaccione a Harry para enviar a una misión así a un menor. Encontraremos otra forma de hacerlo, ¿de acuerdo?
Todos asintieron aunque sabían que probablemente no tendrían una alternativa.
Harry se lo había contado todo. Le había mostrado el recuerdo de Blaise, le había detallado todos los pasos posteriores y lo que se había hablado en la reunión. Y, por último, Ginny había escuchado la teoría de que James era el único Gryffindor posible para llevar el plan adelante.
Su no había sido aún más rápido que el de Harry.
—Entiendo — dijo Harry mirando a sus manos. Había sido casi un alivio que Ginny se negara.
Ginny miraba el recuerdo de Blaise que seguía reproduciéndose en medio del salón como si no pudiese creérselo.
—Lo siento por ti, Harry. Siento que Draco…
—Gracias.
—¿Hay alguna alternativa? ¿Tenéis algún plan B?
Harry negó con la cabeza. Y allí, frente a su ex mujer, se atrevió a decir lo que aún no había dicho todavía.
—Es cuestión de tiempo. El Yolak le poseerá por completo y entonces tendré que volver a perseguir a un Señor Oscuro. Pedirán su cabeza y me recordaré día a día que ya no es Draco. Que en realidad matándole estaré salvando a todos los que quiero.
—Está claro que ya has pensado en ello.
—Es mi trabajo, Gin. Y si no soy capaz de hacerlo, renunciaré a mi cargo y… — Harry suspiró, sacó sus gafas y se restregó los ojos — Escucha, el Ministro quiere que James y Scorpius asistan a una reunión y sean informados. Con nosotros presentes, por supuesto. Cree que esto es algo de vital importancia para el Mundo Mágico y que deben saberlo.
—De acuerdo. ¿Cuándo?
—El tiempo corre en nuestra contra, así que ahora mismo si no tienes problema.
—No, claro que no.
—Avisaré a Minerva.
Harry y Ginny estaban sentados en uno de los sofás. En el otro, esperaban Lucius y Narcissa Malfoy. Kingsley les miraba desde el enorme sillón detrás de la mesa de su despacho. Todos se giraron hacia la chimenea cuando ésta se activó y Minerva salió de ella, seguida de James y Scorpius.
Los dos chicos parecían asustados. Y lo estuvieron aún más cuando vieron allí a sus familiares y al Ministro. Scorpius miró a James y aunque éste trató de devolverle una sonrisa, no fue capaz.
—Por favor, sentaos — dijo Kingsley, señalándoles dos sillas que había cerca de los sofás y acercando con un hechizo otro sillón para McGonagall — Os preguntaréis por qué estáis aquí. Voy a contároslo.
Scorpius lloraba. Narcissa se había acercado hasta él y le abrazaba. Lucius ni siquiera había sido capaz de mirar a su nieto, la culpa paralizándole y encogiéndole entre los cojines del sofá. James, en cambio, soltó la mano de Scorpius y se puso en pie.
—Quiero hacerlo.
Harry escuchó el pequeño quejido de Ginny a su lado.
—James, la decisión está tomada. No vamos a seguir este plan — Harry le dijo a James buscando su mejor voz de Jefe de Aurores.
—La decisión es mía y quiero hacerlo.
—La decisión sería tuya si fueses mayor de edad, pero aún no lo eres.
Lejos de amilanarse, James frunció aún más el ceño. Harry lamentó que su hijo siempre hubiese sido tan terco.
—¿Por dos meses? ¿Vas a impedir que os ayude porque me faltan dos meses para ser un mago adulto? ¿Qué pasará entonces? Si esto sigue adelante, si Draco se convierte en una amenaza ¿me dejaréis hacerlo porque seguiré queriendo y no podréis impedirlo?
—Encontraremos una solución a este problema antes de que cumplas años, James.
—¿En serio?
El tono de la pregunta, la ceja alzada de James eran toda una provocación, pero a Harry más que provocarle le hicieron daño. James siempre le había admirado, tratándole a veces como si fuese un superhéroe capaz de todo. Con los años se había ido dando cuenta de que era tan humano como el resto, pero aun así no había dudado de su valía como Jefe de Aurores. No tenía la adoración de Albus por esa profesión, pero siempre había mostrado respeto. Harry todavía estaba procesando ese dolor cuando James se volvió hacia McGonagall y Shacklebolt.
—¿Hay alguna manera de que pueda decidir sobre esto? Son solo dos meses, tiene que haber algo.
—James… — rogó Ginny. Se veía tan desvalida y a punto de romperse que Harry cogió su mano.
Harry miró a Minerva y a Kingsley pidiéndoles en silencio que no lo hicieran. Pero era tarde. Conocía bien al Ministro y sabía que a esas alturas no estaba valorando la vida de James sino la supervivencia del Mundo Mágico. James era una llave demasiado valiosa para desperdiciarla y se le estaba sirviendo en bandeja.
—En realidad, sí hay una manera — dijo Kingsley.
—Entonces, hagámoslo. Quiero ayudar. Ésa es mi decisión — contestó James.
Y tras una breve mirada a sus padres, volvió al lado de Scorpius.
Continuará...
N/A: Cuando empecé esta historia solo sabía que iba a ser un Drarry. No tenía pensado meter otra pareja o hablar más que de pasada de la siguiente generación, pero de repente tuve muy claro que James y Scorpius estaban juntos. No tenía razones para ello, solo una imagen muy clara de ellos dos abrazándose en el pasillo de Malfoy Manor, así que me dejé llevar por eso y comencé a contar lo que veía en mi cabeza. Fue alrededor del capítulo 12 cuando entendí por qué existía esa pareja en Profanadores, lo importante que iba a ser que James tuviese un nexo con los Malfoy. James y no Albus. Albus es un Slytherin y no hubiese servido. Pero lo genial de lo que os estoy contando es que yo no lo sabía por aquel entonces. Como sabéis escribo al día, no tengo guión, por lo que esto ha sido pura magia. Y creedme, me sentí más que feliz cuando todas las piezas encajaron. Es algo que me ha pasado en todas las historias largas que he escrito, tanto fanfics como originales. ESCRIBIR ES LO MEJOR DEL MUNDO. ¡Gracias a todos!
Yuuki: ¡Hola! Pues sí, está en proceso y en este capi sabrás más sobre ello ^^ Narcissa es una mujer increíble y Lucius no está en su mejor momento, la verdad. Blaise, ya lo hemos hablado antes, a mí Blaise me puede XD Como el capi anterior se te hizo corto, éste es un poco más largo jejeje Y sobre los favoritos, tienes todo tu derecho a tenerlos. Yo también tengo los míos, y soy más Sly que otra cosa, pero como escritora intento ser justa con todos los personajes y que estén IC. En tu caso, como lectora disfruta de tus faves cuanto quieras :3 ¡Besos!
Cinoet: ¡Bienvenido a la historia! Y muchas gracias por saludar y comentar ^^ Estupendo que te gusten los personajes. Siento si ves a Harry algo flojo, pero es que el pobre no ha parado de tener disgustos hasta el momento, y también es humano. Me gusta explorar esa parte de él menos heroica. Pero sigue siendo un hombre de acción. Y tienes razón, Blaise estuvo a puntito de caer. Lo que le costó resistirse! XD ¡Gracias a ti!
Murtilla: ¡Hola! No te preocupes por eso. El hecho de que comentes y me digas que te gusta es más que suficiente ^^ ¡Muchas gracias!
