CAP. 14 Augusto Fornari

La fuerte oleada de arrepentimiento llegó a la chica, sentía la respiración del sarraceno, le detenía las manos, en una de ellas llevaba el cuchillo, ella no era rival para un asesino. Decidió dejar caer el arma, haciendo un ruido metálico al golpear contra el suelo, no podía verlo a los ojos y mantenía su mirada oculta entre los mechones de su cabello, no le importaba morir a manos de él, de no ser por la situación seguramente haya soltado una risa irónica, era vergonzoso pensar que había preferido convertirse en una traidora a una cortesana, pero ya no tenía nada más, así que, ¿Qué importaba?

— Sabes… antes de venir aquí averigüé unas cosas, César mandó matar a tus padres y te amenazó.

— Y así decidí decirle lo que sabía para mantener mi vida y seguí sus órdenes, soy un asco de persona, si quieres matarme no pondré resistencia, la muerte parece ser lo único que me espera.

— Yo no soy quien para decidir eso, vendrás conmigo.

Adelaide estaba notoriamente sorprendida, intentó por primera vez buscar la mirada del joven, pero la mitad de su rostro era oculta por la sombra de su capucha, aunque no es que tuviera esperanzas en que las cosas fuesen bien para ella y menos pensar en pedir un perdón, a fin de cuentas, ella había decidido aquello. Tenía la vergüenza y el alma devastada como para pensar en una utopía donde su vida no fuese tan miserable como en ese momento, sintió un apretón en su hombro y perdió la conciencia poco después.

Aquella técnica aprendida de Desmond era muy útil en esos momentos, el carro que Vanozza había preparado estaba listo para llevarse a Adelaide; mientras tanto, iría a llamar la atención de César y así asegurar la salida de la ciudad. No podía dejar de sentir un resentimiento por ella, aun a su pesar le resultaba creer que una chica haya hecho tanto después de quedarse sin nadie más, tal vez era que no veía a los Asesinos como aliados, o pensaba que eran igual a César y la matarían cuando ya no fuera útil.

Sabía que pensar en ello ya no tenía sentido, después de todo, Adelaide había decidido su camino por si sola para bien o para mal. Le avisó a uno de los criados, que llevaron por la parte trasera de la casa a Adelaide para subirla al carro.

César aún estaba en la casa, faltaba poco para el atardecer y debía dejar el camino libre guiando a los guardias al servicio de los Borgia lejos de la entrada sur. Salió por la ventana de forma calmada y cayó en el jardín, rápidamente, los anteriores guardias que había confundido con una bomba de humo hicieron sonar la alarma en la casa.

Comenzó a pelear con un grupo de ellos, pero solo los esquivaba y les propinaba un golpe en partes estratégicas para dejarlos fuera de combate, en poco tiempo divisó a César, con la cara llena de ira, recordó la actitud de Ezio y el plan de lograr que los templarios siguieran creyendo que eran solo un asesino, por lo que le contó Vanozza, Adelaide no los había delatado en ese aspecto.

Buon pomeriggio* (Buenas tardes) — dijo imitando el tono de voz burlón de Ezio.

Enseguida César mando al resto de los guardias contra él, que hábilmente subió por la barda y comenzó a correr en dirección al norte, los guardias fueron llamando a más hombres cuando veían a algunos patrullando por las calles, se le escapó una risa burlona mientras corría por los tejados a la vista de todos para seguir atrayéndolos hacia él, de verdad habrían sobrestimado la inteligencia de César si había caído tan fácilmente en su pequeña trampa.

OOoOo oOoOo

Desmond estaba un tanto inquieto, aunque el joven Augusto no lo pudiera notar, para él, parecía muy calmado esperando al otro asesino que al parecer se iba a enfrentar a la guardia que estaba al servicio de los Borgia.

Augusto había escuchado del trió de hermanos que habían sido separados y criados en distintos lugares del mundo, Ezio, presentado ante todos como el único hijo nacido del segundo embarazo en la familia Auditore, quien estudiaba finanzas para seguir los pasos de su padre, o eso creían todos; Altaïr, estuvo en el medio oriente, a cargo de un grupo de asesinos entrenándolo a la forma antigua de los asesinos, alejándolo de su familia y luego el chico frente a él; Desmond, de él, Mario solo dijo que era de lugares muy lejanos diferente a los valores y creencia en Europa o Asia, Augusto había deducido que tal vez había estado en alguna isla apartada, escondido del mundo.

Esa era la historia que habían creado, Desmond había hablado un poco con Augusto, que era un par de años mayor que él, su cabello era corto y de color cobrizo, un tanto ondulado y sus ojos eran de un profundo color negro, era de espalda ancha y se veía en sus músculos que era alguien fuerte, aunque al parecer no tenía mucha agilidad, lo cuál sería un problema, pero sabía que podría desarrollar esa habilidad indispensable para un asesino y su mirada denotaba su determinación a formar parte de la hermandad.

El ocaso ya se veía en Roma y mientras que el sarraceno seguía en su misión, Augusto decidió hablar con el chico, ante su gran curiosidad causada por el misterio de los trillizos separados.

— Me pregunto cómo a Giovanni Auditore se le ocurrió la idea de separarse de dos de sus hijos.

— Supongo que nunca lo sabremos… cuando volví a Italia, el junto a mi madre y mi hermano mayor estaban muertos.

Desmond no quiso escucharse frío o indiferente aunque su tono calmado le dio a entender eso a Augusto, pensando en que realmente los dos hermanos que fueron obligados a tener una vida difícil, tal vez incluso le tenían rencor a sus padres y a su trillizo Ezio, por haber tenido una vida tranquila y llena de lujos.

— ¿Y solo regresaste por ayudar a entrenar a la familia con la que nunca conviviste?

El neoyorkino volteo a ver al de ojos negros, realmente parecía interesado en la historia ficticia, tal vez le era demasiado irreal la historia como para creerla y no era que le fueran a revelar el secreto de los asesinos a todos los miembros, era demasiado peligroso y tomando en cuenta la traición de Adelaide, faltaría mucho tiempo antes de que se ganara ese honor de resguardar el secreto -a pesar de la ayuda que dio a Mario- por lo que decidió que sería mejor enfocar la atención e Augusto en la historia de la hermandad y en la de los Auditore.

— Nuestro padre él… seguramente sabía que algún día los Auditore serían perseguidos a pesar de la ayuda prestada a los Médici, nuestro parecido y la capucha ayudan a fingir que somos la misma persona que nuestros enemigos conocen, Ezio; yo y Altaïr no existimos para el mundo y nos da una gran ventaja.

Augusto supuso que no podría ir en contra de esa lógica aunque sonara tan fría.

— Mario dijo que Ezio lo corrió y que él se encargaría de todo… ¿Él se convertirá en el Maestro de los Asesinos?

— Posiblemente, ni yo ni Altaïr estamos interesados, solo queda Ezio y en todo caso seguiría Claudia.

Antes de que Augusto continuara con sus cuestionamientos Desmond prosiguió.

— Tal vez incluso te parezca cruel o demasiado extremo lo que hizo nuestro padre, yo tampoco lo termino de entender, pero lo que sí sé, es que Ezio, Claudia y Pretuccio siguen siendo mi familia, la sangre llama y si ello significa no existir y ayudar desde las sombras a traer la justicia no me quejaré de ello.

Fornari no se esperaba aquella contestación, le parecía realmente extraño el hecho de que Desmond ya considerara tan importantes a los Auditore a pesar de que tenía poco de verlos, lo miró por unos momentos, descubriendo que no mentía, aunque una ligera sombra en sus ojos le mostraba que tal vez había una historia escondida entre sus palabras, aunque no lograba descifrar que, se quería reprimir a si mismo esa forma de ser suya tan inquisitiva y a la vez curiosa, por lo que decidió no preguntar más, si se iba a quedar en la Villa Auditore junto a ellos, de a poco podría darse cuenta cómo era la orden realmente.

— Ahora que el plan de nuestro tío falló… seguramente regresará a Florencia, él fue el que me dijo dónde estabas, no tuve tiempo de preguntarle sobre sus próximos planes, pero tal vez lo piense un poco más antes de intentar hacer todo por su cuenta.

— ¿Por qué me lo cuentas?

— Dijiste que lo respetabas a tal punto que aceptaste formar parte de la locura de plan que tenía, supuse que te gustaría saberlo.

Augusto pensó que Desmond era una persona interesante, con esa mirada relajada y pensativa, parecía que pensaba en mil cosas a la vez, sin duda alguien muy inteligente, tal vez incluso fuera el estratega, por lo poco que tenía hablando con él se dio cuenta que era muy ágil mentalmente, podría casi imaginar los rompecabezas en su mente, siendo armados rápidamente ante cualquier circunstancia.

Siguieron hablando de cosas triviales al ver que las personas pasaban al igual que unos guardias, solo parecían un par de amigos hablando calmadamente. De un tejado cercano, bajó Altaïr sin hacer ruido, igual que el viento mismo. Augusto solo logró ver sus ojos y su cabello corto, igual de castaño que el de Desmond, solo que su color de ojos era más brillante, parecían dorados ante los pocos reflejos de sol que quedaban.

Acababa de desaparecer el sol en el horizonte, al contrario de Desmond, Altaïr solo dijo su nombre y se subió al carro sin decir nada más.

— Adelaide ya está rumbo a la villa, los guardias se quedaron en la parte norte buscándome, tardarán en darse cuenta de nuestra partida.

— Misión cumplida entonces. —dijo con una mediana sonrisa.

Altaïr tan solo lo miró por unos momentos y luego asintió, para luego dirigir su mirada a la ventana. Para el joven Fornari le fue imposible descifrar la mirada de Altaïr, tan diferente a la de Desmond. Se quitó el pañuelo que le cubría la mitad del rostro, la misma cicatriz en el labio, la forma de los ojos era un tanto diferente, su piel parecía bronceada, diferente a la de Desmond, pero viéndolo vestido de asesino, se imaginaba a Desmond con la misma ropa y con la capucha puesta, definitivamente se podrían hacer pasar por la misma persona.

El sarraceno notó la mirada profunda de Augusto, podía darse cuenta que le observaba detenidamente, analizando su físico, seguramente comparándolo con Desmond. Decidió no darle importancia al asunto y siguió en sus pensamientos, por unos momentos cerró los ojos, imaginando los paisajes a los que él estaba acostumbrado, las palmeras y el desierto que parecía interminable, las montañas y los edificios, el calor, e incluso se concentró tanto a tal punto de casi sentir de nuevo la sensación de la arena en su piel.

Y ahora todo parecía tan lejano para él, no pensó que podría ponerse nostálgico y se sorprendió a sí mismo dándose cuenta que incluso extrañaba a Malik molestándolo, y el calor al que estaba tan acostumbrado ya no lo sentiría en ninguna parte de Italia o Europa a la que viajara. Pensando en ello se quedó dormido.

— Eres muy observador. — Habló Desmond una vez que Altaïr quedó dormido. — Serás muy bueno en las misiones de espionaje.

— Bueno… mi padre conoció a Giovanni Auditore y sabe de la hermandad, de tu padre aprendí que el observar te puede dar las respuestas que necesitas.

— ¿Lo conociste?

— Si, lo llegué a ver varias veces, incluso a Ezio.

— Ya veo…

Desmond quería saber por qué el férreo interés de Augusto por la historia de los Auditore y si de alguna manera Giovanni alguna vez había pensado en que en el momento adecuado Augusto se uniría a la orden. Luego de lo ocurrido con Adelaide prefería andar con cuidado con cualquier persona de ese tiempo o las cosas podrían complicarse. Se dio cuenta que al igual que Altaïr se sentía cansado, y sabiendo que tardarían mucho antes de llegar a su destino terminó dormido recargado en la ventana.

Fornari en ese momento se centró en pedir por la seguridad de su padre, esperaba que el pudiera tener tiempos de paz el tiempo que le restara de vida.

OOoOo oOoOo

Era por la mañana y desde el amanecer, Ezio estaba impaciente sentado encima de la entrada de la Villa, tenía tiempo sin ver a Augusto y se sintió culpable por no haber prevenido al chico de la presencia de su tío en Roma, tal vez se pudo haber evitado que lo persiguieran los Borgia, pero sabía que pensar en ello no le llevaría a nada, a lo lejos pudo ver el carro donde ellos iban y decidió bajar.

Sin esperar a que el conductor o los pasajeros hicieran algo, Ezio abrió la puerta, se encontró al sarraceno y al chico del futuro durmiendo calmadamente, Augusto fue el primero en bajar.

— Señores durmientes, ya llegaron a la Villa. — dijo con voz fuerte y en tono burlón Ezio.

Cada uno abrió los ojos, Desmond dando un bostezo.

— ¿Llegó Adelaide? — fue lo primero que preguntó Desmond, mientras bajaba.

Altaïr lo miró fijamente, esperando una respuesta al estar al lado de su descendiente.

— Se encuentra en una habitación, la está vigilando Claudia y Cristina.

— ¿Qué harás con ella?

— Creo que eso es obvio…— mirando a ambos seriamente.

— ¿Van a matar a la dama de compañía de Lucrecia Borgia?

Preguntó Augusto al haber escuchado de Desmond la razón por la que no podían salir de Roma sin antes llamar la atención de los Borgia.

— Vanozza dirá que la chica regresó con sus padres, no podemos arriesgarnos a dejarla irse, César podría encontrarla y torturarla para que le diga todo lo que sabe sobre nosotros.

— Es verdad que los traicionó pero… ella ya no tiene a nadie, estaba asustada y solo quería seguir viviendo.

— Tener compasión de los traidores es incitarla a que puede hacerlo y salir con vida… si la dejamos irse igual morirá.

Augusto se sorprendió de la respuesta tan fría de Altaïr, que luego de eso dijo que iría a la casa principal. Fornari trago saliva al sentir la mirada penetrante del sarraceno.

— No creo que nadie esté contento con su presencia en la Villa… ¿Por qué la defiendes?

Ezio lo miraba, esperando la respuesta de Augusto ante la pregunta de Desmond.

— Quien ha matado personas de forma cobarde ha sido César, ella solo era un peón desechable para él, intento ponerme en su lugar.

— Se aprecia tus sentimientos Augusto, pero a menos que decidas hacerte cargo de ella y hacerla tu responsabilidad no creo que pueda aceptar dejarla seguir con vida.

De verdad que aquel castaño era demasiado diferente a como lo recordaba, se preguntaba si de verdad ese seguía siendo el bromista y despreocupado Ezio que había conocido cuando eran niños.

— Intentó matar a mi hermano dos veces… no quiero ni siquiera tenerla a unos metros de mí.

Aquella declaración le hizo entender a Augusto la decisión de Ezio, pero igualmente le parecía innecesaria la muerte de la chica, no era lo mismo que los hombres que habían traicionado a los Auditore y a pesar de eso decidió que por el momento, si podía evitar que una chica asustada muriera entonces lo haría.

— Entonces no te preocupes por eso, la mantendré vigilada.

Los "hermanos" se miraron el uno al otro sin entender el empeño de Augusto para que no mataran a Adelaide. Ezio decidió ceder por el momento, aun sin quitarse de la cabeza la idea de matar a la chica que les había mentido, Desmond no dijo nada, pero se quebraba la cabeza pensando en las razones de Augusto, una chica que fue capaz de intentar matar a un chico que quería debido a las amenazas y a la desesperación de saber que no pudo salvar a sus padres… el único recuerdo de su hermana regresaba a su memoria, intentar cambiar su historia, ocasionando su propia desaparición en el tiempo y el espacio, se podría decir que podía entender un poco a Adelaide, pero solo eso.

Llegaron a donde estaba la chica, todos se encontraban reunidos para escuchar lo que se haría a la joven dama de compañía que no levantaba la mirada, esperando su último respiro, lo cual no llegó.

— Un novicio ha decidido hacerte su responsabilidad, pero no podrás ir a ningún lado sin él, será algo parecido a un arresto en castigo a tu traición, aunque habíamos pensado matarte, veré si aún podrás sernos de utilidad.

Adelaide volteo a ver entre los presentes quién habría sido el que la había salvado de su muerte, por un momento pensó en Altaïr, pero él ya estaba graduado por lo que sabía, su mirada chocó con la de Augusto, que estaba serio pero que le mantuvo la mirada para luego hacer una mueca parecida a una sonrisa, un desconocido la había salvado, un gran alivio la inundó.

— Apenas y dijo que sería parte de la hermandad ¿y le vas a dar la protestad de una traidora?, ¿En qué estás pensando Ezio?— preguntó Claudia con los brazos cruzados.

— En una chica en Roma que se preocupará mucho por la desaparición de su dama de compañía.

Los presentes se voltearon a ver entre sí, sin comprender las palabras de Ezio, a excepción de los dos viajeros del tiempo y la propia Adelaide. Por su puesto, el plan de Ezio era mantenerla con vida y que la información que no obtuvieran de Vanozza encontrarla en la pequeña Lucrecia, que aún los veía como unos ángeles, unos que habían "salvado" de su muerte y ahora "protegerían" a la chica.

Adelaide por fin dejó salir su risa burlona, ahora entendía lo que decían acerca de las consecuencias de sus actos, se levantó aún sin mirar a nadie y habló.

— Me encargaré de que Lucrecia siga viendo en los asesinos a sus salvadores.

— Y Augusto se encargará de la traidora que incluso pensó en atentar contra una niña para chantajear al que mandó matar a sus padres.

Eso realmente sorprendió a Fornari, Adelaide se sintió de nuevo como una basura, por supuesto que ellos lo sabrían, después de todo, tenían los contactos suficientes para mantener vigiladas a las familias poderosas en Italia. Antes de que Augusto replicara Ezio habló nuevamente.

— Le has salvado la vida, has que no sea en vano y que no afecte aún más a la hermandad, esa será tu primera misión como Novicio.

Augusto tragó saliva y miró de nuevo a Adelaide, quien tenía la mirada apagada, lo había perdido todo y ahora el sería uno de los que se encargaría de hacerle ver más de una vez sus traiciones. Pensaba en como lograría Adelaide decirle a Lucrecia que vivía bien con los asesinos cuando solo se mantenía con vida por el hecho de que era conveniente que la niña adorada de César no se enterara de nada.

En ese momento se preguntó si había sido lo correcto, pero ahora se enteraba que en realidad Adelaide no se merecía misericordia, a una niña, había atentado contra una niña y ese pensamiento lo convenció de no tratarla con compasión.

Horas después se encontraba desayunando con todos los actuales miembros de la hermandad, Adelaide seguía encerrada en la habitación subterránea de la casa y al verlos comiendo tranquilamente, incluso bromeando, Augusto se preguntaba si seguían siendo las mismas personas de tiempo atrás, al parecer la elección de unirse a la hermandad de los asesinos haría cambiar su vida en todos los sentidos, pero pensando en lo que habían hecho por él y por su padre sabía que no iba a arrepentirse.

OOoOo oOoOo

— No hay nada que hacer, se han escapado, el Dottore Fornari se encuentra protegido por Giovanni di Médici. — dijo el hombre informando a César.

Por su parte, el joven Borgia aventó a la pared la copa de vino que llevaba en sus manos, maldiciendo mientras decía el nombre de la dama de compañía el hombre pareció no importarle la reacción de César, ya estaba acostumbrado.

— Lo dejaremos así por el momento, ya veremos como la traemos de vuelta y le hacemos decir más, al parecer no nos contó todo, sino no veo porque habrán hecho ese teatro para que ella saliera de Roma.

La pequeña Lucrecia estaba asustada luego de ver a su hermano aventar la copa de esa manera a la pared, salió rápido de ahí antes de que se dieran cuenta que escuchó a escondidas, la única que podía ayudarle era su madre y con lágrimas en los ojos fue a pedirle a Vanozza que le dijera si su quería amiga y compañera estaba a salvo, ajena a que en la habitación de Adelaide había una bolsa con cantarella, la misma con la que intentó matar a la niña días atrás y que al final se había arrepentido…

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SUBIDO NUEVAMENTE: 15/12/17