¡Hola! Es un placer para mi de nuevo estar con ustedes, ayer no subí el siguiente capitulo, pero hoy aquí lo tienen, espero que lo disfruten :D
CAPITULO 19
EL RESCATE
Faraón ¿Qué es lo que haremos exactamente? –Le preguntó Marik a Atem mientras caminaban en dirección al escondite.
No lo sé, entraremos, pero no todos. –Le contestó Atem, con la mirada en el camino.
Disculpen que me meta, pero creo que para las chicas será mejor esperar afuera, dado lo que pasó la última vez y los demás deberíamos entrar para rescatar a Yugi y Ann. –Opinó Tristán.
Es igual de peligroso afuera y adentro, ya no sabemos qué puede pasar. –Contestó Atem.
Entonces que tres se queden afuera y los demás entremos, así los tres de afuera pueden avisarnos si hay demasiados sujetos entrando y saliendo del lugar, pero deberían quedarse en un lugar seguro, como sobre las ramas de un árbol. –Propuso Joey, acelerando el paso, ya que se estaba quedando atrás.
Esa una buena idea Joey. –Dijo Atem. –Lo haremos.
Valentine, Tea y Tristán, ustedes deberían quedarse afuera. –Dijo Kaiba.
Nosotras también queremos ayudar adentro, no es justo. –Reclamó Mai.
No es momento para discutir Mai, es lo mejor. –Dijo Marik. –No queremos ponerlas en peligro.
Bien. –Aceptó Mai, sin más.
Cuando se acercaron al lugar, Atem les dio un radio a los que se quedarían afuera del lugar.
Creo que no debo recordarles que hacer con ellos ¿Cierto? –Preguntó Atem.
Sabemos que hacer, les avisaremos lo que veamos y si algo nos llegara a pasar, estaremos en comunicación. –Respondió Tea.
Perfecto. –Dijo Atem.
Cuando llegaron al lugar, a unos 250 metros del escondite, comenzaron a buscar árboles para que subieran a ellos quienes se quedarían afuera.
Creo que este es bueno. –Dijo Joey, señalando un enorme árbol. –Se ve muy resistente, incluso podrían subir los tres al mismo.
Sí, creo que este es el indicado. –Confirmó Marik.
Bien, chicas ¿Saben trepar? –Preguntó Tristán.
Ambas respondieron que si al mismo tiempo, lo que hizo que Tristán se sorprendiera.
Bien, yo no sé hacerlo, espero no caer. –Dijo Tristán.
Vamos, te ayudaremos. –Dijo Mai, subiendo primero al árbol.
Es tu turno Tristán. –Le dijo Atem. –Joey, dame una mano con esto.
Joey y Atem ayudaron a Tristán a subir un poco para que se sostuviera de la primera rama firma y a partir de ahí lo haría el solo.
Solo tienes que buscar las ramas más firmes y trepar por ellas, pero no mires hacia abajo. –Le recomendó Tea.
Sigan en eso chicos, nosotros tenemos que adelantarnos ¿Estarán bien? –Preguntó Atem.
Vayan, faraón, estaremos bien. –Contestó Tristán.
Bien. –Dijo Atem mientras se retiraba de ahí y todos los demás lo siguieron.
De nuevo caminaron hacia la misma entrada que la vez anterior, ya sabían cómo entrar y al hacerlo comenzarían la búsqueda.
Atem entraría primero, pero Marik se ofreció a ser el primero, después Atem, Joey y al final Kaiba.
Cuando los cuatro estaban dentro, se dirigieron a la misma puerta para ir a buscar a sus amigos.
Debemos disfrazarnos para buscar mejor. –Propuso Joey.
Tienes razón, busquemos capas como las que usan esos sujetos. –Dijo Marik.
Kaiba miró alrededor y escuchó unos pasos, era un cuidador del lugar que caminaba por un pasillo al lado de donde se encontraban ellos y Kaiba se dirigió a él.
No me digan que lo hará. –Dijo Joey, sorprendido.
Kaiba se acercó sigilosamente al pasillo y en cuanto el sujeto pasó a un lado de él, Kaiba rápidamente con una mano tapó su boca y con la otra lo jaló. Entonces sacó un pañuelo de su ropa y se lo puso en la boca.
Denme algo para amarrarlo. –Ordenó Kaiba.
Marik tenía vendajes en las manos, se los quitó y se los dio a Kaiba, entonces este le quitó la capa, la espada y un pequeño cuchillo que tenía el sujeto.
Bien ahora, solo necesitaremos otras tres. –Dijo Joey.
Es peligroso seguir haciendo esto, podrían ser más de dos o tres los próximos que pasen. –Dijo Atem.
Bien, entonces tú úsala. –Le dijo Kaiba, tendiéndole la capa a Atem.
Atem la tomó y se la puso encima, cubriendo después su rostro.
Genial, no te reconocerá nadie. –Le dijo Joey.
Silencio, alguien más viene. –Dijo Marik.
Los cuatro se quedaron en silencio y escucharon voces, estaban charlando quienes venían, por lo cual, todos se pusieron en posición para defenderse.
Marik asomó un poco la cabeza y distinguió que eran dos sujetos, por lo que hizo unas señales con Kaiba y cuando pasaron junto a ellos, los embistieron tapándoles la boca, Joey y Atem también ayudaron para tenerlos detenidos mientras conseguían algo con que taparles la boca y amárralos.
Creo que ya sé que hacer. –Dijo Joey. –Atem, ayúdame a quitarles la playera y los calcetines.
Atem obedeció y entonces cortaron las telas de alas playeras para amarrarlos de brazos y piernas, mientras que metían calcetines en sus bocas para que no gritaran.
Bien, ahora tenemos tres capas pero también tres sujetos. –Dijo Joey.
Metámoslos en ese cuarto. –Dijo Atem.
Metieron a los sujetos en un cuarto vacío y Kaiba se puso una capa.
Toma Joey, tú úsala. –Dijo Marik, tendiéndole la última al chico.
Pero Marik, te descubrirán. –Dijo Joey.
No lo harán, soy un experto en esto, además es hora de dividirnos para buscar, yo puedo ir solo, me comunicaré con usted faraón, por medio de nuestros artículos del milenio. –Dijo Marik, yéndose silenciosamente por un pasillo.
¿No creen que es muy peligroso? Ni siquiera trae capa. –Dijo Joey.
Estará bien, nosotros debemos dividirnos también, así que tomen. –Dijo Atem dándoles un radio a cada quien.
Yo tengo el cuarto radio, así que nos comunicaremos únicamente en caso de ser necesario, yo buscaré de este lado, Joey, tú busca por donde encontramos los artículos y Kaiba, tú busca arriba. –Ordenó Atem.
Los tres chicos se separaron y comenzaron su búsqueda individual.
Mientras tanto en el árbol
No puedo creerlo, nadie ha entrado ni salido de ese lugar. –Dijo Tea, sorprendida.
Tal vez están durmiendo. –Dijo Tristán.
Tengo miedo de que estén todos dentro, los muchachos estarían en un grande peligro. –Le dijo Tea.
No te preocupes linda, ellos estarán bien. –La animó Mai.
Sí, eso espero. –Dijo Tea.
En la cabaña con Ishizu y Mokuba
No puedo seguir aquí Ishizu, mi hermano puede estar en peligro, no sabemos nada de ellos aún, además Yugi y Ann…
Tranquilo, ellos estarán bien, tú debes estar tranquilo y confiar en tu hermano.
No lo sé, esos sujetos son peligrosos. –Mokuba estaba preocupado, caminando en círculos. –Vamos Ishizu, podríamos ayudar en algo.
No Mokuba, le prometimos a tu hermano que estarías aquí, a salvo.
¡No puedo!
¡Tranquilízate Mokuba!
Nuevamente en el escondite
Cuando Atem comenzó a caminar, escuchó un sonido metálico de algo cerrándose y después un grito de una voz conocida. Era Kaiba.
Atem volteó enseguida y vio a su compañero atrapado de la pierna derecha en una especie de trampa, al parecer el objeto se cerró, dejando inmóvil a Kaiba, causándole un dolor muy agudo en la pierna, ya que era demasiada presión. Corrió hacia él y trató de liberarlo, pero no lograba abrir el objeto.
Joey ya llevaba más camino que Atem cuando pasó eso, así que no escuchó a Kaiba y seguía buscando, cuando llegó a una habitación cerrada con candado y decidió hablar en voz algo baja, pero posible de escuchar.
Yugi ¿Estás aquí? –Preguntó en la puerta.
Joey ¿Eres tú? –Preguntó una voz familiar, del otro lado de la puerta.
Tranquilo amigo, los sacaremos de aquí.
Yugi y Ann se encontraban dentro de esa habitación, Yugi tenía un ojo morado, algunas cortadas en la cara y brazos y cada vez que se movía sentía punzadas en el pecho y abdomen.
Ann por su parte, estaba bien físicamente, pero demasiado asustada, parecía que estaba en shock porque casi no hablaba, no se movía mucho y Yugi estaba comenzando a preocuparse.
Ann, mis amigos nos rescatarán, ya no te preocupes, por favor, dime algo. –Le pidió Yugi, pero la chica no respondía.
Yugi solo se desanimó más y por un instinto, abrazó a la chica contra su pecho y le dijo que todo estaría bien.
Ann en ese momento, movió la cabeza y miró a Yugi a los ojos.
Yugi, tengo mucho miedo.
Debemos ser fuertes, pronto saldremos de aquí y necesitaré que estés preparada.
Ann solo asintió con la cabeza y se acomodó mejor contra el pecho del chico. En ese momento Yugi sintió esas mariposas en el estómago y unos deseos inmensos de proteger a esa chica de todo y de todos.
Mientras tanto Joey buscaba como abrir esa puerta, intentó con un mazo que encontró, romper las cerraduras, pero fue inútil, así que decidió ingeniárselas y seguir buscando.
Nuevamente con Ishizu y Mokuba
Mokuba, te preparé una malteada, necesitas relajarte un poco. –Dijo la chica en la sala, esperando que el niño le respondiera, pero no fue así.
Mokuba ¿Dónde estás?
Al no obtener respuesta, los buscó por toda la cabaña y descubrió una nota sobre la cama de este, que decía que iría a buscar a su hermano y lo ayudaría, para así los dos volver lo más pronto posible.
Ishizu se congeló por un momento y salió corriendo, con la esperanza de encontrárselo a algunos cuántos metros de la cabaña.
En el escondite
Atem seguía tratando de liberar a Kaiba, así que buscó algo más para liberarlo, encontrando solamente una roca muy grande y pesada.
Escucha Kaiba, esta trampa tiene un punto débil, se puede liberar si conseguimos romper esta parte de aquí. –Dijo, señalando una tira que unía dos secciones de la trampa, sin embargo era muy dura. –Trataré de romperla, golpeándola con esta roca, pero tal vez la presión hará que te lastime ¿Estás listo?
Vamos, hazlo, no tengo todo el día. –Dijo Kaiba, tratando de ocultar su nerviosismo.
Bien. –Asintió Atem, tomando la roca con ambas manos.
Atem golpeó la trampa una vez, provocando que Kaiba se quejara, pero no gritó.
Siguió golpeando una, dos, tres veces más y esa tira comenzó a ceder, sin embargo Kaiba tenía una gran cara de sufrimiento, vaya que lo estaba lastimando.
Solo una vez más Kaiba. –Dijo Atem.
¡Hazlo, que esperas! –Dijo Seto, por lo que Atem no lo pensó y volvió a golpear, rompiendo finalmente la trampa y liberando al chico.
Atem terminó de quitar lo restante de la trampa de la pierna de Kaiba y este seguía sentando en el suelo, tomando aire.
No está tan mal ¿Puedes caminar? –Dijo Atem.
Kaiba se puso de pie y comenzó a caminar, cojeando un poco.
Vamos, sigamos buscando. –Dijo Kaiba.
Atem fue tras él y se toparon con Joey, quien buscaba entre el pasillo algo.
Joey ¿Qué pasa? –Preguntó Atem.
Los encontré, amigo, están ahí adentro, pero necesitamos abrir esa puerta.
¡Yugi! –Exclamó Atem.
Oigan, alguien viene. –Dijo Kaiba.
¡Intrusos! –Exclamó uno de los hombres con capa, que se acercó corriendo, con otros dos sujetos tras de él.
Mientras tanto en el bosque, Mokuba corría tan rápido como podía para llegar con su hermano, ya llevaba mucha ventaja y no se arrepentiría. Cuando estaba cerca, pudo distinguir a lo lejos, a varios hombres afuera y buscó el túnel por el que habían entrado su hermano y los demás chicos, la primera vez.
Una vez que lo ubicó con la mirada, se agacho y se acercó hasta el túnel arrastrándose por el suelo, para evitar ser visto.
En el árbol
Oigan miren, ese es Mokuba. –Dijo Tea, sorprendida.
Tienes razón ¿Qué está haciendo aquí? Además está entrando al lugar. –Dijo Mai, asustada.
Debemos detenerlo. –Dijo Tea, mientras intentaba bajar del árbol.
Iré contigo. –Dijo Tristán.
No, tú quédate aquí, lo mío realmente no es vigilar. –Le dijo Mai, al chico, mientras saltaba hacia abajo.
Ambas chicas corrieron en busca de Mokuba, quien ya había entrado al túnel.
Dentro, nuevamente…
Cuando los tres hombres corrían decididos a atacar a los intrusos, Atem rápidamente tomó un par de espadas que se encontraban en la pared, en forma de cruz y se las dio a sus compañeros, ya que él ya tenía una que le habían quitado al primer sujeto que amarraron.
Los sujetos comenzaron a atacar con sus espadas, así que los tres chicos se les enfrentaron, al parecer Atem y Kaiba eran buenos con eso, pero Joey no tanto, así que en varias ocasiones, Atem protegió al rubio de ataques mortales.
¡Ellos deben tener la llave! –Gritó Atem a sus compañeros, mientras seguían luchando.
¡Debemos derribarlos, pero estamos parejos! –Gritó Joey.
Atem se descuidó un poco y recibió un roce con la espada en el brazo izquierdo, por lo que comenzó a sangrar.
¡Faraón! –Gritó Joey, asustado al ver de reojo que habían lastimado a su amigo.
¡No te desconcentres Joey! –Le ordenó Atem.
Mokuba estaba corriendo ahora por los pasillos, buscando a su hermano, sabía que podían atraparlo, pero le preocupaba poco. Cuando giró su cabeza vio otro pasillo y corrió a través de este. Cuando llegó al final del pasillo, vio en un cuarto el ojo del milenio que habían visto los chicos la primera vez que entraron.
Es el ojo, debo conseguirlo. –Pensó Mokuba.
El chico se acercó demasiado al cuarto y lograron verlo.
¡Hey! ¡Hay un niño aquí! –Gritó alguien.
Mokuba se asustó, pero se armó de valor y corrió lo más rápido que pudo hacia el cuarto, para tomar el ojo del milenio de una caja de cristal, que rompió pateándola y quebrándose en el piso; se agachó y tomo el objeto, para salir corriendo nuevamente. Los hombres ya venían tras él, eran dos, pero Mokuba era muy ágil y más rápido que ellos.
Mientras corría, creyó haber perdido a los sujetos, pero escucho voces que provenían del lado al que corría y creyó que todo había terminado.
¡Mira es Mokuba! –Exclamó Mai, que veía correr al chico hacia ellos.
Mokuba se sintió muy aliviado al ver que se trataba de sus amigas y pasó a un lado de ellas, solo gritándoles que corrieran también, así que obedecieron y lo siguieron.
Por aquí, vamos. –Dijo Mokuba señalando una puerta.
Los tres entraron por esa puerta y escucharon mucho ruido, parecían ser espadas y gritos.
¡Esos gritos son de Joey y Atem! –Dijo Tea.
¡Vamos! –Dijo Mokuba quien ya estaba corriendo.
Mai, Tea y Mokuba, llegaron a la escena donde estaban sus tres amigos, luchando contra los enemigos. Mokuba se quitó uno de sus zapatos y se lo aventó a uno de los sujetos en la cabeza, lo cual lo desbalanceó y cayó al suelo, lo que le dio la ventaja a Kaiba para desarmarlo y arrinconarlo.
¡Denme algo con que amarrarlo! –Gritó Kaiba.
Mai se quitó su chaqueta y se la dio a Kaiba, quien se confundió ya que no se esperaba eso, pero se las ingenió para amarrar de brazos y piernas al sujeto, quien dejó al cuidado de Mokuba, para que no escapara.
Joey y Atem aún estaban luchando, pero Joey parecía demasiado cansado, así que Mai se abalanzó contra el sujeto con el que luchaba sin pensarlo y Tea hizo lo mismo contra el que luchaba Atem.
Ambos sujetos cayeron al piso, pero la espada de uno de ellos, logró cortar un poco a Tea por el abdomen, fue superficial, sin embargo comenzó a sangrar.
¡Tea! –Gritaron Atem y Kaiba.
Joey y Mai amarraron al otro sujeto, mientras que Atem desarmó al último y solo le amarró las manos con lo primero que encontró.
Kaiba y Atem fueron hacia Tea, la chica estaba en el suelo, viendo aterrorizada la sangre que no dejaba de salir de su cuerpo.
No te preocupes Tea, te curaremos. –Le dijo Atem, quien la miraba con mucha angustia.
¿¡Qué esperas!? Ve y libera a tus amigos, yo me encargaré de Tea. –Le ordenó Kaiba a Atem.
Atem se levantó y buscó la llave en los tres sujetos con quienes pelearon, la tenía el más grande que era con el que luchó Atem.
No se saldrán con la suya, nuestro Amo ya los está vigilando. –Dijo uno de los sujetos, entre risas.
¿Acaso creen que será así de sencillo? –Dijo otro.
Ya cállense, tontos. –Les ordenó Joey.
Atem tomó la llave y se dirigió al cuarto donde estaban Ann y Yugi, para finalmente abrirlo y encontrarse con los dos chicos tirados en el suelo, ya que al parecer también habían inhalado el gas tóxico que afectó a Joey la última vez.
Debemos sacarlos de aquí rápido. –Exclamó el faraón. –Mientras corría y ponía a Yugi en su espalda, así mismo, Joey cargaba a Ann en la suya y salían corriendo del lugar, hacia la salida principal, sin importarles ya si los veían, no debían de quedar demasiadas personas ahora.
Al llegar a la entrada principal, Mai se adelantó y abrió la puerta, así todos salieron corriendo de ahí.
¡Tristán son ellos! –Gritó Ishizu, quien al llegar, se encontró con Tristán y Marik, quien había logrado salir antes del lugar, después de ser descubierto.
Ambos corrieron para encontrarse con sus amigos, vieron que Tea y Atem estaban sangrando, pero Kaiba ayudaba a Tea a apoyarse al caminar.
Faraón, yo cargaré a Yugi. –Dijo Tristán.
No hay tiempo para eso, vámonos de aquí. –Dijo Atem y todos continuaron su huida, hacia la cabaña nuevamente.
Al llega a la cabaña, pusieron a Yugi y Ann sobre las camas e Ishizu trató de despertarlos, mientras que Mai revisaba a Tea, le ordenó quitarse la blusa y esta obedeció, pero solo dentro de su recamara.
Atem ya no sangraba del brazo, pero tenía la marca y sangre seca que había escurrido, además comenzó a marearse, así que decidió tomar un poco de agua y sentarse un poco.
Seto, conseguí el ojo del milenio. –Dijo Mokuba mientras sacaba de la bolsa de su pantalón, el objeto.
Todos se sorprendieron al ver que el chico lo había logrado y Seto se lo quitó de las manos para guardarlo él mismo.
No debiste escapar, Mokuba. –Lo regañó su hermano mayor.
Lo sé, pero no te dejaría solo, además pude rescatar unos de los artículos.
Lamento interrumpirlos. –Dijo Atem. –Pero este lugar ya no es seguro, debemos ir definitivamente por los otros tres artículos y marcharnos de aquí.
El faraón tiene razón, debemos terminar esto de una vez por todas. –Dijo Marik.
Esta noche debemos descansar, pero nos turnaremos para dormir y vigilar nuevamente, mañana iremos a terminar todo, ya que Yugi y Ann, estén recuperados. –Dijo Atem.
Lo haremos. –Dijo Joey con seguridad.
Esa noche Yugi y Ann despertaron, Tea no tenía nada grave, así que solo quedó en una cicatriz que sanaría y todos tomaron turnos para dormir en la noche.
