Perry es de esos tipos callados, no porque fuese un animal y literalmente no pudiese hablar, pero de poder, ni la peor tortura lo haría decir una sola palabra. Sus ojos, aunque castaños, congelaban a quien los viese; logro destacable para ser un ornitorrinco y no una medusa. Sí, Perry era serio como pocos y era también todo un mamífero de acción.

Él no voltearía atrás, él no se retractaría, él no recitaría un largo discursos para justificar sus acciones.

Para Perry no hay palabras, sencillamente no las necesita. A sus dueños les basta con su sola presencia ya que siempre ha actuado como un simple ornitorrinco que no hace gran cosa. Con su némesis el asunto es más delicado, él nunca paraba de hablar.

Pero Perry sabe escuchar, tal vez por ello su relación siempre ha sido buena. Heinz contará su plan y él planeará como evitarlo. Heinz se quejará de la amargura de su vida y él estará ahí para consolarlo por el mero hecho de tener con quien desfogarse sin la necesidad que le griten "ve a un psicólogo". Heinz caerá por culpa de su impulsividad y él estará ahí para tomar su mano y ponerlo a salvo.

Extrañamente, ninguno de los dos necesitaba palabras para decirse lo mucho que se estimaban el uno al otro.