Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen, son ambos propiedad de la historia "Shokugeki no Soma", escrita por Yūto Tsukuda e ilustrada por Shun Saeki.
La situación en el restaurante era extraña. Megumi se enfocaba directamente en su trabajo, casi sin descanso, todo el día estaba o cocinando, o haciendo cuentas, o averiguando cosas para el menú, probando platos nuevos, o entablando contactos con otros comerciantes de la zona.
Al principio creían que estaba más relajada después del día libre que se tomó, y ciertamente se veía más aliviada, como si se hubiese quitado algo que la laceraba por dentro de encima. Y, sin embargo, les preocupaba toda esa energía que le metía al restaurante, como si intentara lograr en un año lo que se logra en por lo menos tres. Lo peor de todo es que ya casi nunca hablaba de sí misma, si mantenía una conversación, no solía decir nada sobre cómo se sentía, o que pensaba, incluso se sumía en un mutismo cuando hacía alguna actividad. Poco a poco se fue poniendo fría y seria.
Esto ocurrió a partir de aquél día en que se había confesado. Tadokoro volvió de tripas corazón para olvidarlo todo y seguir adelante, estaba completamente determinada en ello y buscaba cualquier excusa para distraerse de pensamientos o divagar sobre lo que podría haber sido o no aquella historia de amor. La vida es simplemente así, uno debe seguir adelante después de todo, no se puede quedar estancado. Pero le había costado algo de esa ternura y calidad que anidaba en su corazón. Se volvió más práctica y meticulosa, eficaz y rápida en su trabajo. Ordenaba más duramente y se excluía un poco de la vida social de sus empleados.
Kaori se lo hizo notar a su hermano. Nami también lo sospechaba. Todos hablaban de ello en los momentos en que no estaba presente la joven.
-Antes saludaba con esa sonrisa y esos gestos tan tiernos –suspiraba Kaori.
-Es como si no fuera la misma persona de antes –asintió Dan.
-¿Habrá tenido algo que ver su…?
Se quedaron callados y lanzaron un suspiro al unísono. Definitivamente, debían alegrar a Megumi, ella se guardaba todo para sufrirlo sola y no lo iban a permitir.
Así comenzó el plan sonrisas (Como el de Colgate) y trataron de siempre hablarle animadamente, contarle cosas sencillas y sin mucha profundidad, tratar de estar siempre contentos a su alrededor. Ella siempre respondía amablemente, pero no conseguían los resultados esperados. No estaba en poder de ellos el cambiar la situación al parecer. Aun así, por el simple hecho de al menos verla sonreír un rato, siguieron intentándolo, todos querían mucho a la dulce Megumi. Incluso Mitou se dio cuenta de la situación en los días que pasó a almorzar por ahí y trataba de alzarle los ánimos cuando podía.
Es que en el centro de todo, estaba Soma. Y todos tenían conocimiento de ello. Megumi impartió algunas pautas claras: No le contestaba el teléfono, ordenaba que si llamaba al restaurante le dijeran que estaba ocupada, cuando se aparecía por ahí no lo dejaban pasar a la cocina (o Megumi subía arriba), y solía evitar temas cuando salía algo relacionado con el o los Nakiri.
Todos comprendían, más o menos, que era lo que le pasaba. Megumi no quería saber nada de él hasta superarlo. Estaban de acuerdo en que se lo tendría que haber dicho desde un principio, porque la resistencia de Soma era poderosa y seguía insistiendo en querer hablar con ella, cosa que nunca llegaba a ocurrir.
Pasaron como 3 semanas en esta tensa situación para todos los miembros del restaurante. El negocio estaba a flote y avanzando a zancadas, pero el precio era algo molesto e intolerante. Y, sin embargo, todos aparentaban seguir con sus vidas normalmente. Tal vez el tiempo lograse volver todo a la normalidad. O tal vez no. Megumi al menos no parecía estar sufriendo, solo un poco cansada, y a veces lanzaba algún que otro suspiro de tristeza. Pero por lo demás, funcionaba como siempre, con una mano algo más dura de lo normal.
El tiempo pasó y algo hizo cambiar a Soma de parecer, porque dejó de tratar de encontrarse con Megumi, o de contactarla. Las cosas en el restaurante seguían con la misma rutina, algunos eventos, decoraciones extras, pero un ambiente más cómodo que antes. La dureza de Megumi siguió, pero era ya menso reacia a hablar y su natural dulzura regresaba cuando no estaban trabajando. Había logrado un equilibrio entre el dolor, su vida social, y el trabajo, y de repente se veía más madura y altanera.
Habían transcurrido ya casi tres meses, cuando ocurrió algo extraño.
Tadokoro se disponía a cerrar la tienda, esperando a que todos se cambiaran a su ropa de calle, mientras acomodaba algunas cosas en la cocina, cuando de repente se cortó la luz en el local. Torpemente, se guió hasta la puerta de la cocina para tener un punto de referencia.
-¡Chicos! ¿Están bien? ¿Nadie se ha lastimado? –preguntó a la nada. Solo distinguía las luces de la calle, más allá- ¿Chicos?
Quiso avanzar hacia los vestuarios, cuando escuchó que la puerta de estos se abría.
-¡Ah! ¿Son ustedes? Al parecer solo se cortó por esta zona… -comenzó a hablar creyendo que eran los chicos.
Pero solo una persona avanzó hacia el interior de la cocina, hacia ella.
-¿Kaoru? –preguntó, reconociendo la silueta de un hombre.
La persona llegó hasta ella y buscó su rostro con las manos. Estupefacta y sorprendida, se quedó estática y con los ojos bien abiertos mientras la persona la abrazaba con fuerzas. Enseguida se dio cuenta.
-So…Soma… -con un hilo de voz, mientras olía su cuello y pecho, atrapada como estaba en sus brazos.
Puso las manos sobre su pecho para apartarlo y huir de allí, pero él era claramente más fuerte.
-Sueltame… Soma… -suplicó, apretando los ojos con furia.
-Solo un momento más… -pidió él, con la voz algo quebrada- Quedate así, Megumi…
Rendida en su forcejeo, apretó la camiseta del joven, bajando la mirada. Estaba confundida y su corazón latía como loco. Sentía poco a poco como todos esos meses de tratar de superarlo se esfumaban en un instante, con tan solo sentir su calor y oír el latir de su corazón cerca del suyo. Se había equivocado. Negándose a sí misma y evitándolo, no lograría olvidarle. Porque nunca lo había odiado, y no quería tenerlo lejos de ella.
Se quedaron así unos minutos, abrazados en el lugar, hasta que Soma se separó un poco y recorrió su cintura hasta subir a su rostro, tocando con un dedo el lugar de los labios, para poder besarlos sin equivocarse de sitio. Ella correspondió como si lo estuviese esperando, casi de manera refleja, apretando las manos contra su ropa. Fue un beso profundo, que se sintió anhelado, delicioso. Un escalofrío los recorrió de pies a cabeza, adelantándolos a dar más y más besos. Soma la apoyó contra la pared mientras acariciaba sus mejillas, pidiendo que ese momento en la oscuridad durase por siempre. Que la oscuridad se los tragase juntos para poder amarse completamente. Pero Megumi volvió a traerlo a tierra cuando, jadeando, bajo la barbilla, parando las caricias.
-Soma, sabes que no…
-Sé que no quieres verme, y que quieres olvidarte de todo, pero al menos escúchame Megumi ¿Puedes?
Ella asintió en la oscuridad, tragando saliva y llevándose las manos hacia el pecho. Lo escucharía.
Soma no escuchó respuesta alguna, a lo que tomó como un sí.
-Lo he pensado mucho tiempo, y creo que ya estoy seguro. Quiero que te cases conmigo.
Fue tan directo que Megumi casi se derrite de vergüenza.
-Soma tú ya…
-Aún no he terminado –la interrumpió- Sé que no me perdonarás haber dejado a Erina…
-¿La has deja…?
-Y sé que necesitas tiempo. Y yo también lo necesito –confesó- he tomado una decisión en estos meses. Lo he organizado ya todo y pienso marcharme hoy.
-¿De qué estás hablando? –se sorprendió, desesperada por querer ver la cara que ponía.
-Yo… yo no estoy hecho para esa comida gourmet –soltó una leve risa- Y estaba perdiendo lo que me hacía ser yo, el ser que ponía en la cocina –acarició con suavidad la mejilla de la joven- Y por eso he decidido que quiero viajar a conocer cosas nuevas. Quiero experimentar todo tipo de cosas antes de finalmente volver a tu lado, Tadokoro. Quiero estar seguro de ser lo que soy antes de volverme el hombre que estará a tu lado.
Sonaba como aquél viejo Soma, ilusionado por una nueva aventura. Lo había pensado bastante y sus palabras salían fluidas y sencillas, a pesar de lo mucho que abarcaban. Megumi sintió como se le llenaban los ojos de lágrimas, y una sonrisa se dibujaba en sus labios. Después de todo, ella quería verlo feliz, por sobre todo.
-Y me casaré contigo cuando lo logre –finalizó, como si hablara del jefe final de un juego.
Ella se rio, entre feliz y triste, mientras el pasaba su dedo por la comisura de sus ojos, apartándole las lágrimas.
-No quiero que estés triste, odio verte así, así que sigue viviendo tu vida, como siempre lo haces. Como tú lo haces –besó suavemente su frente- Esa es la Megumi que siempre he conocido.
-Y este es el Soma que siempre he conocido –respondió ella, buscando de vuelta sus labios, envalentonada por todo, incluso la oscuridad donde no podía ver su brillante sonrojo.
Se besaron un largo rato más, llegando a meterse algo de mano, pero ya no era adolescentes calientes y se contuvieron. Se separaron lentamente, y él levantó su mano.
-Es una promesa, ¿si? –alzó su meñique y lo entrelazó con el de ella.
-Esta bien –respondió ella- es una promesa.
Se sonrieron a pesar de que no podían verse, y Soma se alejó, yéndose por donde había entrado. Cuando hubo desaparecido, la luz volvió a prenderse, y 6 cabezas se asomaron por la puerta, como intimidadas por la "travesura que acababan de hacer".
"Así que lo habían planeado" Megumi se rio, abriendo los brazos mientras volvía a llorar. Todos se acercaron a abrazarla y pedirle perdón, Kaori, Kaoru, Dan, Mitou, Nami y Hitomi, pero ella negó, diciéndoles que eran las personas más irresponsables, pero con buenas intenciones, del mundo.
Tenía personas a su alrededor que la apreciaban, y ahora debía valorarlo. Ellos seguían allí dispuestos a ofrecerle sus hombros, porque la querían. Y ella también a ellos. Se sintió algo mal de no haberse dado cuenta y les pidió perdón.
-Ay, vamos Megumi-chan –le respondió Mitou, dándole una palmada en la espalda- ¡Nosotros fuimos los que quisieron estar ahí! Es un gusto ser amiga tuya.
-Mitou-chan –se abalanzó ella en sus brazos, enternecida, para llorar a moco tendido.
-Ya, ya –la calmó ella, ante las risas conmovidas del resto- Bebamos algo, me muero de sed.
Sin duda, no sería difícil esperar teniendo a esas personas a su lado. Todo de repente se comenzó a aclarar y embellecer en su manera de ver el mundo.
Sería una dulce, dulce espera.
