Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fanfic Make a Wish, escrito por aria710. Los créditos van a la verdadera autora.
Capítulo 14
El calor del fuego
Se acercó lentamente, pensando que cualquier ruido repentino podría asustarla en un entorno tan hostil. Al encontrarse en una zona de guerra, cualquier persona normal se encogería de miedo, mirando a todos lados con paranoia. Pero, como se estaba dando cuenta, Bulma no era una persona normal. Ella no parecía estar escondida en lo absoluto. La chica sonrió apenas lo vio, corriendo hacia él con bastante lentitud, sus piernas aún no se acostumbraban a la gravedad. Vegeta casi sonríe ante eso. "No podría haber elegido algo más frágil que proteger." Pero él lo tomaba como un desafío.
Su mente esperaba que hiciera aquella cosa de nuevo, cuando sus labios rozaron suavemente su rostro; pero para su sorpresa, esta vez la chica en verdad lo golpeó.
-¿Por qué tardaste tanto? ¡Estaba ensuciándome toda mientras me escondía en ese pedazo de chatarra!
Vegeta no respondió, simplemente colocó el rastreador en sus manos.
-Deshabilita el localizador, ahora.
-¿Qué dijiste? ¿'Por favor deshabilita el localizador, señorita Bulma'?
Él empujó el rastreador en sus manos hacia el pecho de la chica, haciendo que el dispositivo comience a sonar. A Vegeta se le estaba acabando la paciencia y, sobre todo, el tiempo.
-Hazlo.
-¿Pasa algo malo? –preguntó Bulma, ignorando su pequeña irritación.
Vegeta negó con la cabeza; no quería preocuparla.
-Vas a la Tierra –anunció él. No estaba seguro cómo llegaría, pero la chica debería tener alguna idea. Si su historia original era remotamente cierta, entonces ella tendría al menos un poco de noción sobre dónde se encontraba la Tierra en el espacio. Eso lo ayudaría mucho.
-¡En serio! –ella inmediatamente lanzó sus brazos alrededor del príncipe, haciendo al Saiyajin retroceder ante aquel repentino contacto. Su cuerpo arrimado al suyo era demasiado tentador, y no pudo evitar tocar su cabello con sus dedos. Tenía un aspecto salvaje ahora, largo y desordenado, casi como el de un Saiyajin. Y aunque Vegeta sabía muy bien que esta chica no era más que un débil humano, decidió no contener sus pensamientos e impulsos nunca más. Ella le gustaba. La deseaba junto a él. Ella era el único consuelo que había encontrado desde que era niño, y ¿por qué debería renunciar a eso? Él era un príncipe, y como tal tenía derecho a cualquier maldita cosa que quisiera. Incluso si lo que quería era a esta débil chica terrícola.
-Sí –dijo él, observando sus dedos mientras acariciaban el cabello de la chica, tratando de quitar las partículas de vidrio y asfalto que se habían adherido a éste. Su aroma llenaba el aire a su alrededor-. Yo voy contigo.
Ella se apartó inmediatamente, y Vegeta se tensó, sintiéndose traicionado. Podía sentir la ira recorriendo su cuerpo, y se dio vuelta para volar lejos, pero la voz de Bulma volvió a plantarlo firmemente en el suelo.
-Supongo que debería empezar a hackear esta cosa de inmediato.
El chico dejó escapar una pequeña sonrisa, pero rápidamente la hizo desaparecer.
-Sí. Hay otro localizador en la cápsula espacial, también tendrás que desactivarlo. Ahora bien, si me hubieras escuchado desde el principio probablemente ya habrías terminado.
Bulma sonrió acercándose a él, y Vegeta se preguntó si la chica lo golpearía de nuevo; claro, si aquel suave puñetazo podría calificarse como un golpe. Pero en cambio, ella plantó otro pequeño beso en su mejilla, y Vegeta sintió su ki avivarse.
-Nunca cambias, ¿verdad?
-¿Por qué habría de hacerlo?
-Por supuesto, mi error –Bulma se dejó caer al suelo y empezó a examinar el rastreador, presionando teclas en diferente orden mientras el dispositivo echaba pitidos rápidamente. Sus ojos azules miraron al príncipe con vacilación-. Puedes sentarte… esto tomará tiempo.
-No sigo órdenes.
-No es una orden, Vegeta –Bulma sonrió, aunque su atención seguía enfocada en el rastreador-. Sólo una sugerencia. ¿Qué tal esto? ¡Te ordeno que te mantengas de pie!
El chico sonrió y se sentó de inmediato, sintiendo una calidez en el cuerpo cuando la sonrisa de la muchacha creció.
-Me he dado cuenta que no te he preguntado sobre Freezer en mucho tiempo.
-¿De verdad tenemos que hablar sobre ese cretino de nuevo? –se quejó Bulma.
-Todavía pienso conseguir mi venganza, chica –esa era una parte de él que jamás sacrificaría-. No importa a donde vaya ahora, algún día lo encontraré y me aseguraré de matarlo con mis propias manos.
-Oh, no me malinterpretes, realmente espero que lo hagas –aclaró ella y luego suspiró-. Pero Zarbon no ha dicho nada sobre eso. Absolutamente nada. No puedo creer que había pensado que él era mi hombre perfecto. Qué ridiculez.
Vegeta parpadeó confundido.
-… ¿Tu qué?
-Er… no importa. Lo único que dijo Zarbon fue que, básicamente, tendrías que ser inmortal para pelear contra Freezer y vivir para contarlo.
"¿Inmortal?" El príncipe reflexionó sobre la palabra. Era algo imposible de conseguir. Rayos, convertirse en el mítico Super Saiyajin se escuchaba mucho más probable, y él no tenía ninguna razón para creer que alguien pudiera ser capaz de eso. Su padre había declarado que este era el derecho de Vegeta, que solo él podría poseer el poder de transformarse en el legendario guerrero. Pero aquel recuerdo sólo lo hacía reír. No sería la primera mentira que su padre le había dicho. El chico volvió a enfocar su atención en Bulma.
-Eso es completamente inútil. No hay forma de que alguien pudiera simplemente volverse inmortal –la chica de repente soltó una risa nerviosa, antes de volver a mirar el rastreador. Vegeta no le hizo caso y continuó-. Pero el bastardo en sí no es inmortal. Voy a entrenar. No importa cuánto me tome, algún día él…
-¡Listo! –exclamó Bulma, devolviendo el rastreador-. ¡Ahora ya no tendrás que destruirlo!
Vegeta gruñó, completamente satisfecho, y tomó el artefacto. Comenzó a colocarlo sobre su ojo, pero se detuvo al escuchar el suspiro de Bulma.
-¿Qué pasa, muchacha? –preguntó él con frustración.
-Nada… -ella hizo aquel ruido molesto de nuevo, esa especie de risa tímida que hacía a su corazón sentirse ansioso-. Sólo que te ves mucho más lindo sin esa cosa.
Los ojos de Vegeta se abrieron en sorpresa.
-¿Lindo? Soy un príncipe Saiyajin. Yo no me veo lindo –respondió el chico en tono áspero.
Pero Bulma continuó riendo, colocando sus manos sobre sus caderas y cerrando un ojo en falsa examinación.
-¿Quién es la chica aquí, Vegeta? Creo que yo soy la experta en cosas lindas, y puedo decir que tú eres muy lindo.
-¡Deja de decir eso!
-No te entiendo –ella se acercó, colocando las manos sobre los hombros del chico y presionándose hacia él. Vegeta permaneció inmóvil, inseguro de lo que estaba haciendo o de cuál era su intención. Él se enorgullecía de su habilidad para leer a sus enemigos. Era un estratega experto, ya que la estrategia es un componente vital de las batallas. Pero Bulma no era un enemigo, y sus acciones eran completamente impredecibles. Sintió de repente un torrente de energía acumulándose en la parte inferior de su abdomen. La cálida sensación invadió su cerebro y pulmones, haciendo su normalmente fácil respiración casi trabajosa. Los labios de Bulma se elevaron en una leve sonrisa-. ¿No puedes aceptar un cumplido? ¿O prefieres que te diga de otra manera?
Él no respondió. Permitió que los dedos de la chica examinen su armadura, deseando que no la estuviera usando para empezar. Sus pensamientos al fin dejaron de estar en conflicto, y sintió un alivio inmediato de que su mente ya no esté dividida. Vegeta dejó que las manos de ella acaricien sus brazos, sonriendo levemente ante su expresión sorprendida al sentir su musculatura. Comenzó a tocar su cabello nuevamente, aquel color pareciéndole ahora más bello que extraño. La chica tenía unos ojos impresionantes, él finalmente se dio cuenta, como nada que hubiera visto jamás. Mientras que los suyos eran de tonalidad oscura, los de ella parecían contener una multitud de diferentes tonos de azul que enmarcaban sus pupilas negras en un contraste perfecto. "Qué criatura tan extraña." Sus dedos presionaron la parte superior de su cuello, empujándola más cerca de él y ganándose un gemido de la frágil muchacha. Él acaricio su suave piel a través de sus guantes, y de la fina tela de su ropa, colocando finalmente sus manos sobre sus caderas. El instinto parecía ser su guía, la experiencia estaba completamente ausente de su cerebro. El brusco suspiro de Bulma, cuando su cálida boca tocó su piel, le hizo presionar con más fuerza. Sus dientes rasparon suavemente la tensa piel de su cuello, y pronto los reemplazó por sus labios. Vegeta posó sus labios en distintas partes de su piel, en su cuello, su clavícula, la línea de su mandíbula, cada toque húmedo ocasionaba una reacción diferente en la chica, a quien sostenía firmemente.
El príncipe se apartó un poco, su aliento forzado aun humeaba contra la piel enrojecida de la chica.
-¿Qué fue lo que hiciste? –preguntó él, su propia voz sonaba tan profunda y diferente que casi no la reconoció.
Bulma parpadeó, tomando un tiempo para que las palabras salgan de su boca.
-¿Qué? –dijo ella sin aliento, como si no hubiera estado respirando.
La sonrisa de Vegeta creció con arrogancia. No se había dado cuenta que la muchacha lo estaba disfrutando tanto. Para su desesperación, el chico levantó la cabeza, colocando sus labios justo al lado de su mejilla.
-¿Fue así? –él empujó suavemente contra su piel, tratando de imitar la memorable acción, pero Bulma se apartó de inmediato.
-Yo no quise hacer eso –la chica presionó más contra él cuando vio su expresión enojada-. No te asustes, ¿de acuerdo?
-Hum. ¿Acaso recuerdas con quién estás hablando?
Ella solo mantuvo su sonrisa, inclinándose más cerca, y a pesar de que el primer instinto de Vegeta fue moverse hacia atrás, éste permaneció inmóvil, permitiendo que la nariz de Bulma toque directamente contra la suya. El aliento caliente lo golpeó como un fuerte puñetazo en la cara.
-…Puede que no sea buena en esto.
El chico negó con la cabeza.
-No importa –dijo él, su cuerpo temblando con impaciencia-. Solo hazlo.
Ella lo interrumpió bruscamente, empujando sus labios contra los suyos. La sensación era como ninguna otra que había experimentado. Húmeda, cálida, precipitada, pero fuerte. El contacto era tan desconocido como diferente. Él comenzó a empujar sus labios con más y más fuerza, volviéndose completamente insaciable de aquel contacto. Los labios de la chica eran tan suaves, su dulce aroma golpeaba sus vías respiratorias con mucha más potencia de la que él creía capaz en una criatura tan débil. Vegeta casi rompió el contacto cuando la punta húmeda de su lengua rozó contra sus labios, pero al final fue Bulma quien se apartó, completamente desalentada.
-Abre la boca.
Vegeta sonrió.
-¿Perdón?
-Se supone que debes…
Fue su turno de ser interrumpida, pero a Bulma no pareció importarle, cayendo con avidez en el beso directo del Saiyajin. Él no era de los que seguían órdenes, por nadie ni por nada. El chico dejó que su propia lengua saliera fuera de su boca y presione contra la de ella; Bulma abrió los ojos, ligeramente enfadada, pero luego cedió a su petición alegremente. El calor combinado de sus cuerpos consumía cada pulgada de su piel, quemando a través de su sangre mientras él presionaba más y más contra los labios de la chica, y mientras su lengua se deslizaba alrededor de su boca.
Era descuidado y húmedo, pero completamente estimulante.
No podía tener suficiente de este contacto extranjero. Sus entrañas dolían como si hubiese recibido un golpe en el estómago, pero a él no le molestaba. Sólo se volvía hambriento por más. Una furiosa oleada de adrenalina corrió por sus venas, y él empujó con más fuerza contra ella, su agarre alrededor de su cintura apretándose con frenética necesidad.
Bulma se apartó de nuevo, tomando una bocanada de aire y limpiándose la boca de saliva húmeda.
-Eso dolió.
La respiración del chico se recuperó rápidamente, pero ella aún jadeaba, su pecho expandiéndose rítmicamente mientras tomaba más oxígeno. Aquella imagen hizo a Vegeta dominar el impulso de querer cerrar la distancia entre ellos de nuevo.
-¿Qué esperabas? –dijo él, pero en realidad no había tenido idea de que la acción le estaba haciendo daño. El príncipe ya se estaba conteniendo lo suficiente, tratando de no ser demasiado brusco aunque su cerebro y hormonas prácticamente gritaban por aquella liberación.
-Algo así… -Bulma se sentó en suelo, con las piernas dobladas hacia un lado-. Tal y como fue… -dejó de hablar, sonrojándose de repente, pero el orgullo finalmente la obligó a continuar-. ¿En serio, Vegeta? Sabes que no soy tan fuerte como tú. Pero quién habría pensado que dolería tanto besarte.
Él se agachó y agarró su muñeca, ayudándole a ponerse de pie y dejándola inclinarse contra su cuerpo, mientras sus dedos buscaban de nuevo su cabello azul.
-No sucederá de nuevo. No fue mi intención lastimarte.
Ella sonrió y tocó su mano contra su cuello.
-¿Quién lo diría?... Tú también puedes ser dulce.
-Aunque no es mi culpa que seas tan débil.
Bulma resopló y se alejó de él al instante.
-Idiota.
-Debilucha –él sonrió ante aquella riña, y volvió a acercarse a ella-. Tenemos que volver a la cueva y dejar a Nappa su nave espacial –Vegeta entrecerró los ojos viendo la expresión confundida de Bulma-. Tú tienes la cápsula de nuestras naves espaciales y no pienso dejar a Nappa morir en Karbos. Después de todo lo que me ha hecho, merece sufrir bajo el mando de Freezer.
-Ah, vale –ella se acercó más a él-. ¿Tal vez ahora puedas sostenerme como una persona mientras volamos?
-Hum –el chico la agarró de la cintura, colocándola toscamente sobre su hombro-. No lo creo.
