Me quise adelantar un poco porque probablemente mañana no tenga tiempo de subir el capitulo y quería que empezaran bien su mid-weekend! Espero les guste el capitulo y muchas gracias por sus reviews del capitulo anterior! quiero decirles que ya casi vamos a la mitad de la historia, pero solo se pone mejor nose preocupen!
Dejen sus REVIEWS! :D
Capitulo 13 – Muéstrame
"Dime algo sobre ti."
Mi tenedor choca contra el plato mientras tomo otro poco de los huevos revueltos. Es la mañana siguiente y decido hacer el desayuno para nosotros, pero resulta una tarea difícil considerando que Edward no tiene tocino y su pan estaba un poco verde de las esquinas. Pero tenía una caja de mezcla para hot cakes y media docena de huevos, así que fui capaz de hacer algo con los pocos ingredientes disponibles.
"Nunca tengo tiempo de cocinar," me dice. "Y probablemente me aseguraría que esa mezcla para hot cakes no haya expirado."
Miro la caja con curiosidad. "¿La mezcla de hot cakes expira?"
"No tengo ni idea."
Resulta que, si expiran, o al menos tiene una fecha de consumase antes de. Pero afortunadamente, esa fecha no ha pasado, así que no tengo remordimientos en preparar nuestro desayuno con estos ingredientes.
Ahora estamos sentados en la barra de la cocina, ambos sentados en un banco, tan cerca que nuestras piernas descubiertas se tocan. Ambos estamos usando un par de sus boxérs y una playera. Edward se detiene con el tenedor a medio camino de su boca. "¿Qué quieres saber?" el tenedor termina el recorrido y el mastica lentamente.
"¿Cuál es tu segundo nombre?" empiezo.
"Anthony."
"Oh, si. Creo que ya lo sabía," contesto tímidamente, recordando nuestra primera cita.
Él arquea una ceja. "¿Cómo lo sabes?"
"Así me dijo Emmet que te llamabas durante nuestra cita a ciegas."
"Wow. Eso fue escurridizo… no mintió ni nada," reflexiona a través de la comida. Ya esta preparando su próximo bocado.
"¿Cómo te dijo que me llamaba?"
Me ve de reojo, inseguro. "Um… Isabella."
"¿Isabella?" bufo riéndome. "¿Esto tiene que ver con la gran cabeza? ¿Es por eso que no podías recordar mi nombre?" bromeo.
"Dijiste que tu nombre era Bella," dice a la defensiva.
Me disuelvo en un ataque de risa mientras Edward me ve con mala cara. El ceño petulante en su rostro es más que lindo.
"¿Cuál es tu segundo nombre?" demanda,
"Marie," logro decir entre risas.
"Marie…" prueba el nombre, dejándolo rodar en su lengua. Luego cambia el tema. "¿Cuál es tu ciudad favorita?"
"Oh, uh… ¿honestamente?"
"Claro."
"Creo que aquí," digo. Siento mi rostro calentarse, pero dudo en decirle que las personas de aquí son la razón por la que me gusta más. Emmet, Alice, Irina, Charlie… y, por supuesto, Edward. Edward, quien ha hecho todo más agradable. Trabajo, beisbol, duchas, pijamadas…
Luce sorprendido. "¿Aquí?"
"Es una ciudad hermosa," respondo, encogiéndome de hombros.
"Tienes razón. Lo es," acepta con una sonrisa.
"¿Que hay de ti? ¿Cual es tu ciudad favorita?"
"Me gusto Chicago por mucho tiempo. Pero creo que me he encariñado con Seattle, también."
"¿Si?"
Me mira, sus ojos penetrantes. No esta solo viendo mi rostro, mi piel, mi sonrisa. Ve más allá de eso. Me ve a mí.
Siempre me ve a mí.
"Si," responde, levantando la mano para alejar un cabello de mi rostro. Se inclina hasta plantar un suave beso en mis labios, causando que mis ojos se cierren. "De hecho, me gusta más cada día."
-x-x-
Mi mañana con Edward fue algo precioso, algo que no se debe de dar por sentado. Nos despertamos presionados el uno contra el otro, su entrepierna en mi trasero, su rostro en mi cabello, sus brazos envueltos alrededor de mí, mientras movía sus caderas muy ligeramente para crear una cálida, deliciosa fricción.
Nuestra ducha fue esencialmente una repetición de la de anoche. Me vuelvo a poner su ropa para desayunar, y vemos un poco de televisión y pasamos el rato hasta que es hora de que se prepare para ir al trabajo. Varias veces, considere ir a comprar condones, pero al final, creo que fue un acuerdo mutuo que no queríamos que nuestra primera vez fuera una experiencia apresurada antes de ir al trabajo. Así que, la idea de ir a comprar condones como que mataba el momento.
En todo caso, queríamos tomarnos nuestro tiempo. Queríamos disfrutar.
Cuando es hora de que se vaya, me pongo mi ropa y voy al supermercado, donde me encuentro en un estilo de cielo de condones. ¿Con relieve para el placer de ella? Si por favor, eso suena fantástico. ¿Doble placer? No estoy segura de lo que eso significa, pero ¿porque no? ¿Fuego y hielo? ¡Santo cielo! ¿La gente realmente quiere que su asunto se sienta como si estuviera quemándose? La mera idea conjura algunas imágenes de horror de usar lubricante Icy Hot o algo, y mis partes femeninas huyen del miedo justo ahí en el pasillo del supermercado.
¿Qué paso con los condones normales, de todas formas?
Hablando de eso, necesito llamar a Alice para conseguir un buen ginecólogo. Entonces podemos olvidarnos de todo este asunto de los condones y el fuego en mi entrepierna.
"Hola Bella," dice mientras contesta el teléfono. "¿Qué pasa? Tu y Emmet desaparecieron ayer."
La señora en la caja registradora me esta llamando. Es mayor, con cabello gris y ojos juiciosos. Yo al menos tengo la decencia de sonrojarme cuando pongo mi montón de condones en sus manos.
"Si, perdón por eso," balbuceo en el celular. "No nos sentíamos con muchos ánimos de socializar después del juego."
"Si, estaba muy malhumorado," observa. "¿Es porque la Dr. Hale atrapo su bola, no?"
No había pensando en eso antes, pero sabiendo lo que se, tiene mucho sentido. "No lo sé. Puede ser." No estoy segura lo que Alice sabe respecto a la 'situación' de Emmet con la Dra. Hale, y no quiero traicionar su confianza al ser la que le dice todo. Lo crea o no, le debo mucho en este momento.
"Típico. Siempre ha sido un mal perdedor."
Pago por mis condones, y luego tomo la bolsa y salgo de la tienda. "Eso creo."
"Bueno, ¿Qué estas haciendo?"
"Nada," miento. "Comprando unas cosas en el supermercado."
"Eso es genial. Yo estoy esperando a Jasper." Su voz toma una ruta distraída, un tono soñador, y no puedo evitar sonreír.
"¿Van a salir?"
"Creo. Quiero decir… espero que no," contesta, su voz ahora sugestiva. Sonrió mientras abro mi auto y coloco la bolsa en la parte de atrás. Me gustaría decir que estoy esperando a Edward. Creo que de alguna forma lo estoy, pero maldición, apenas se acaba de ir al trabajo. Esta salvando vidas y siendo sexy mientras yo estoy aquí, sola, con mis ropas sucias de beisbol y un montón de condones diferentes.
Estoy casi segura que esta es la primera vez que he querido ir al trabajo.
"En realidad, necesito preguntarte algo, um… relacionado al tema," le digo mientras enciendo mi auto.
"¿Qué quieres decir?"
"¿A que ginecólogo vas?"
"Dra. Cullen," contesta rápidamente.
"¿La mamá de Edward?"
"No, su abuela" responde sarcásticamente. "Si, su mama ¿Quién mas?"
Me siento un poco aterrorizado por la admisión. "¿No te sientes rara dejando que su mamá examine tu asunto?" pregunto incrédula.
"No. ¿Por qué habría…?" una pausa, y luego. "¡Bella Swan! ¿Te has acostado con Edward?"
"¡No!" digo rápidamente mientras salgo del estacionamiento. Alice bufa del otro lado de la línea, y puedo notar que no se cree mi respuesta.
"Eres tan mala mintiendo. ¿Si no estas durmiendo con él entonces porque te importaría que su madre viera tus asuntos? Es un doctor, Bella. Un doctor de asuntos. Ha visto muchos asuntos."
"Si te digo algo, ¿prometes no decir nada?"
"Si, por supuesto."
"Es en serio, Alice. Ni siquiera puedes decirle a Jasper."
"Bella, te aseguro que, Jasper no esta interesado en tu vida sexual." Puedo imaginarla poniendo los ojos en blanco, pero no le creo ni por un segundo que no va a tener algo así como un festival del chisme con Jasper después de que hagan… lo que sea que van a hacer esta noche. Siento un escalofrió y trato de no pensar en eso.
"Cierto. Bueno suena como si tu estuvieras lo suficientemente interesada por ambos," recalco.
"Por supuesto que lo estoy. Ahora escúpelo."
Suspiro, y luego procedo a contarle – en vagos términos – que Edward y yo acordamos ser exclusivos, pero que no hemos tenido sexo debido a nuestro 'problema'. Alice exhala un fuerte jadeo, luego empieza a recitar todas las alternativas de control de natalidad, como 'sacarlo antes' y la pastilla del día siguiente. Le digo que debería estar avergonzada, por que es una enfermera y debería saber que el método de sacarla casi nunca funciona (n/a: NO LO HACE), para lo que ella me llama una mojigata por no tener una dotación de condones en mi bolso.
¿Y que hay sobre las ETS? Pues de acuerdo a Alice, los doctores no tienen ETS. Porque son doctores, entonces ¿Por qué habrían de tenerlas?
Claro.
¿Y desde cuando una mujer anda con condones en su bolso? Siempre pensé que era responsabilidad del hombre tener uno en su cartera. Supongo que esto es el resultado de una relación de cinco años y una pésima vida sexual.
Al final, finalmente me dice el nombre de un doctor al que puedo ir. "Su nombre es Dr. Cooper," me dice. "Trabaja en la misma oficina con la Dra. Cullen. He escuchado que es muy bueno también."
"Gracias, Alice."
"Sabes, si dejas que su mamá sea tu doctor, ella podría asistir en el parto de todos sus bebes."
"¿Qué pasa contigo y los bebes? Dios, solo hemos estado juntos por, doce horas. Ni siquiera hemos tenido sexo aun."
"Solo estoy diciendo, Bella," dice indignada. "En la sala de parto usualmente solo permiten que dos personas estén ahí contigo. De esta forma, su mamá no contaría como una de las personas."
"No me voy a preocupar por eso en este momento. Ahora, todo lo que quiero es una botella de pequeñas pastillas mágicas para poder montar a su hijo cuando yo quiera, sin bebes. ¿De acuerdo?"
Alice suspira derrotada. "De acuerdo, es tu sala de parto."
-x-x-
"¿Puedo tomarte una foto?"
Mike esta recargado contra la pared, su pierna derecha doblada detrás de él y apoyada en el exterior de ladrillo. Me ve, frunciendo el ceño por un segundo, y luego sus labios se arquean en una sonrisa de complicidad.
"¿Por qué? ¿Quieres llevar una imagen de esta belleza a donde quiera que vayas?" Usa la mano que esta sosteniendo el cigarrillo para hacer un ademán sobre él, pasando por su cuerpo. Un camino de humo gris sigue sus movimientos.
Arrugo la nariz. "No, solo creo que es gracioso que estés fumando justo frente a un letrero de no fumar."
Frunce el ceño de nuevo antes de ver detrás de él, luego le da otro toque a su cigarro antes de tirarlo al piso y apagarlo con su pie. "Entonces no, no puedes tomarme una foto," bufa a la defensiva. Un cambio drástico de su humor hace unos segundos. "Lo último que necesito es que vayas por ahí con evidencia incriminatoria en tu bolsillo."
Y lo último que necesitan nuestros pacientes con enfermedad pulmonar crónica es que regrese hediendo a Malboro lights Pero no digo esto, aunque recuerdo lo que el neumólogo le dijo a un paciente en el último lugar que trabaje. El paciente estaba corto de aliento, y fue a verlo. "Siento que no puedo recuperar el aliento," le dijo. "Bueno," respondió calmadamente, "eso es lo que pasa cuando fumas una cajetilla por cincuenta años y arruinas tus pulmones." La paciente solo asintió con pesar y estuvo de acuerdo.
Pongo mis ojos en blanco. No estoy de humor de empezar una disputa sobre la salud de Mike.
"Solo estaba bromeando, Mike. Caray." Tomo la manija de la puerta, a punto de entrar y empezar mi día de trabajo, cuando su voz me detiene.
"Así que… ¿tu y el Dr. Cullen, huh?"
Hago una pausa y me giro para verlo de frente, frunciendo el ceño. "¿Qué pasa conmigo y el Dr. Cullen?"
"¿Al fin están juntos?"
Han pasado tres días desde mi noche con Edward, y aun no he podido verlo de nuevo. Terminó teniendo un largo día en el trabajo y quedándose hasta casi las dos de la mañana la noche anterior. Me llamo antes de que me fuera a dormir y hablamos brevemente, pero no estuvo ni cerca de ser suficiente.
Lo extraño demasiado. Por la primera vez, estoy emocionada por venir al trabajo. Y aquí Mike, esta tratando de arruinar mi día antes de que empiece. Ni siquiera sé que decirle sobre nosotros, porque no hemos hablado sobre si vamos o no a mantenerlo en secreto en el trabajo. Una parte de mi piensa que nuestra relación de trabajo debe ser estrictamente profesional, mientras que otra parte de mi quiere gritar nuestro nuevo estatus desde el techo.
Pero no grito, ni siquiera murmuro. Aun no.
"¿Por qué preguntas?" mantengo mi voz exceptiva, curiosa. Me pregunto si Alice le dijo a alguien lo que dije.
Se encoje de hombros. "Es solo que estas sobre él todo el tiempo. Siempre que los veo juntos, quiero decir. Y es genial, lo entiendo. Es un doctor, y ¿que chica no quiere a un doctor, cierto?" Su voz es un poco amarga. Celosa.
Trato de no molestarme, pero estoy fallando con facilidad. "No sé de que estas hablando, Mike. Apenas me conoces, así que es un poco mierda de tu parte que asumas que saldría con alguien por su estatus."
Se muerde el labio un momento, sus ojos pegados a los míos. "Si, tienes razón," dice finalmente. Luce debidamente reprendido, lo que me sorprende. Suspira y pasa una mano por su cabello color arena. "NO es de mi incumbencia de todas formas." El matiz celoso regresa.
Mientras siempre supe que medio le gustaba a Mike, nunca pensé que guardara sentimientos tan desagradables contra Edward. Sin embargo, no cambia nada. Y no es como si Mike hubiera tomado la iniciativa de invitarme a salir. Aunque no hubiera logrado nada de provecho.
"Bueno, te aseguro que si estuviera viendo a Ed – el Dr. Cullen, no sería porque es un doctor," digo. Al contrario, es una de las principales razones por las que no quería salir con él. Los ojos de Mike se entrecierran un poco al casi llamar a Edward por su primer nombre, pero no dice nada más mientras jalo de la manija y me abro camino adentro. "Me tengo que ir, Mike. Probablemente ya voy tarde."
Él asiente una vez, su voz aun resentida. "Nos vemos."
Para cuando llego a mi piso, estoy cuatro minutos retrasada. No importa, porque a las dos de la tarde Edward va a llegar, y si tengo suerte tendremos al menos cinco minutos para vernos.
Es algo difícil de creer que mi día completo ha empezado a girar de repente en torno a esos posibles cinco minutos.
No se aparece hasta casi las cuatro de la tarde, sin bata, su cabello un perfecto desorden. Sus brazos tonificados lucen deliciosos en su uniforme azul marino, y su trasero luce como si hubiera sido esculpido por los dioses Griegos de la perfección, quien quiera que sean. No que lo estuviera mirando ni nada. Él sonríe cuando me ve y yo trato de no lucir muy emocionada.
"Hola," digo, forzando un tono casual. La estación de enfermeras esta atestada, el teléfono esta sonando sin parar, y todo lo que quiero es cinco minutos.
"Hola," responde, su sonrisa agrandándose.
Jessica esta tomando una llamada en la otra línea. "¡Captura de llamadas!" chilla a todos, y gruño antes de tomar el teléfono. Es alguien queriendo hablar con otra enfermera que no esta por aquí, y después de que llamo a la enfermera y descubro que su teléfono esta apagado, paso los siguientes cinco minutos llamándolos por el intercomunicador y rogando porque contesten pronto. No lo hacen, por supuesto. Los dioses de la seducción están hoy en mi contra. No que tenga tiempo para seducir a Edward, ni nada por el estilo, aunque tengo al menos diez condones en mi bolso, pero aun así es una agradable fantasía para entretenerme. Tengo altas esperanzas para lograr un pequeño beso antes de que se vaya.
Se va a ver un paciente mientras yo trato de localizar a mi compañera, y luego otro paciente llama para pedir medicación para el dolor. Le doy su medicina al paciente antes de ser llamada de nuevo para hacer algo más, y eventualmente veo a Edward desapareciendo dentro de la habitación de dictado. Lo sigo dentro tan pronto tengo la oportunidad y cierro la puerta detrás de mí. Está sentado en la computadora, un historial abierto frente a él, el teléfono en su oreja mientras dicta en el recibidor.
Me voltea a ver mientras entro, reconociendo mi presencia. Hay un pequeño banco con llantas debajo del escritorio, y lo saco y me siento a su lado, ligeramente a su izquierda.
"El conteo de células blancas en la sangre es de 16.2, H y H es 8.9 y 27.2, potasio es 3.9..."
Es simplemente demasiado delicioso para resistirme. Acercándome, ligeramente rozo el borde de su uniforme con mi dedos, dudando solo por un momento antes de deslizar mi mano bajo la tela y encontrar la suave, lisa piel de su espalda baja.
Pausa abruptamente, luego rápidamente se aclara la garganta y empieza a hablar de nuevo.
"Ella,uhh… tiene finos crujidos en su pulmón derecho, aun tiene picaduras en sus extremidades bajas…"
Paso mis uñas a través de su piel, siguiendo hacía arriba, acariciando su espalda. Su playera se levanta mientras mi mano se mueve al norte y obtengo una gloriosa vista de su clara, perfecta piel.
Su voz esta trastabillando de nuevo. "Umm… ella tiene…" se aclara la garganta una vez más y pasa su mano por su cabello. "Aun se queja de tos. Aun recibe 500mg de Levaquin por intravenosa diariamente para su neumonía, se repetirán tomografías de pecho en la mañana…"
Ahora voy hacía abajo, apenas rayando la superficie de su piel. Se voltea de repente y toma mi mano, sus ojos oscuros y acalorados mientras la toma con fuerza entre la suya y la pone en su regazo.
Precipitadamente farfulle el resto de su dictado, luego cierra el teléfono y se gira hacia mí.
"Tu," empieza acusatorio, "vas a ser la causa de mi muerte." Toma mis caderas y me trae más cerca, mi banco deslizándose ruidosamente por el piso de linóleo, antes de inclinarse hacía adelante y capturar con fuerza mis labios con los suyos. Solo estoy sorprendida por un momento, y luego estoy respondiendo con entusiasmo, mi lengua rápidamente deslizándose en su boca mientras mis manos pasan por sus hombros y se enredan en su cabello. Él gime antes de separarse abruptamente.
"¿No hay posibilidad de que esa puerta se cierre, verdad?" pregunta afectado, viendo sobre mi hombro a la puerta.
"No, pero tienes que poner un código para entrar, así que eso nos dará al menos una advertencia de dos segundos si alguien trata de entrar."
"Eso es suficiente para mí." Sus labios están sobre los míos de nuevo, pero nuestra gloriosa reunión es muy breve cuando escuchamos el inconfundible sonido de alguien aplastando los botones del teclado. Rápidamente nos separamos y él se gira hacía el historial que tiene enfrente mientras yo – bueno, me siento ahí deseando el haber pensado en traer mis notas o algo conmigo. Precipitadamente empujo mi banco lejos de él justo en el momento en que la puerta se abre. Jessica abre la puerta con una audible rabieta, sus ojos azules en nosotros inmediatamente.
"Hola Edward," lo saluda alegremente. Su rostro es un rígido contraste con su voz relajada. Labios encorvados, ojos entrecerrados, me ignora por completo y camina al gabinete directamente al otro lado de la habitación, tomando un montón de papelas envueltos en una bolsa de plástico.
Yo escondo mi rostro, con miedo de que pueda ver mis labios rojos, mi rebelde cabello, la extrema lujuria en mis ojos – un millón de cosas diferentes que puedan descubrirme. Edward ni siquiera voltea mientras calladamente se aclara la garganta y dice, "Hola, Jessica." Hojea el historial y pretende que esta concentrado en su trabajo.
"Bella," dice, "el 412 acaba de llamar y dice que necesita que lo limpien."
"¿Dónde esta técnico?" pregunto, inmediatamente con sospecha. Ella se encoje de hombros sin importarle mientras sale de la habitación.
"En descanso, supongo."
Cierra la puerta de golpe detrás de ella. Trato de no fruncir el entrecejo, aunque estoy completamente consciente de lo que esta haciendo. Mi indiferencia debe de ser nula, porque las manos de Edward están en mi rostro de nuevo, forzándome a verlo.
"Oye," murmura. "¿Qué pasa?"
Inmediatamente me debilito bajo sus manos. "Nada."
"¿Sabe ella de nosotros?" pregunta con precaución.
"No. Quiero decir, yo no le dije. ¿Tu le dijiste a alguien?"
"Nadie que trabaje aquí."
"Yo le dije a Alice," confieso. "Pero le hice jurar que no le diría a nadie. No sabía si tu querías que supieran…"
"No me importa si la gente sabe," me informa. "¿A ti te importa?"
"No, no me importa."
"Bien. Como que me gusta que las personas sepan..." Juega con un mechón de mi cabello, y me derrito.
"Te extrañe," murmuro. Él se inclina hacia mi y besa mis labios suavemente, luego mi barbilla.
"Yo también te extrañe."
"¿Pasas por mi apartamento cuando salgas del trabajo?"
Ambas cejas se levantan preguntando. "Voy a salir tarde."
"No me importa. Te extraño," repito, mi voz suplicante.
Otro beso, esta vez en mi mandíbula. Luego mi cuello. Cada uno más prometedor que el último.
"Entonces estaré ahí."
-x-x-
Uno de los pacientes de Alice entra en código antes del cambio de turno. En ese momento es cuando cosas horribles, inimaginables siempre pasan.
Ella inicialmente hace una llamada rápida, pero luego el paciente se deteriora y pierde el pulso antes de que alguien llegue. Alice esta suspendido sobre él con su pequeño cuerpo, poniendo todo su peso en las compresiones mientras Kate y yo conducimos el carro de paro a la habitación. Deslizamos la tabla bajo su espalda mientras Mike provee respiraciones manuales con una bolsa de aire. Las paletas del desfibrilador son puestas en su pecho y de regreso, y Edward esta ahí tres segundos después para recibir un acelerado estatus de Alice.
"Su presión sanguínea empezó a bajar y le di 500 en solución salina, pero luego empezó a jadear y no podía encontrar el pulso…"
Edward le da instrucciones, tomando el mando. Epinefrina y atropina son suministradas, de nuevo; Edward intuba al paciente, Aro consola a la desolada esposa en el corredor. Es caótico, con demasiadas personas atestados en una pequeña habitación.
El paciente eventualmente es traído de vuelta, su ritmo cardiaco en 140, y lo llevamos a la unidad de cuidado intensivo. Ayudo a empujar la cama, Alice y Kate conmigo, mientras Edward continua suministrando aire a través del tubo endotraqueal.
Edward y yo hacemos contacto visual, pero nada más.
Estrictamente profesional.
Admito que me preocupaba que trabajáramos juntos. ¿Sería incomodo? ¿Extraño? Pero no fue nada de eso. En esos precarios momentos, cuando la vida de otro hombre estaba en la línea, nuestro nuevo estatus no me vino a la mente. Él era solo otro doctor y yo era solo otra enfermera, ambos trabajando en equipo para evitar que el hombre muriera.
Las enfermeras de la unidad nos están esperando. Alice empieza a darles el reporte mientras conectan al paciente a un monitor cardiaco y un ventilador. Los ayudo en silencio, escuchando su conversación.
"¿Tienes un análisis reciente de azúcar en la sangre?" la enfermera de la unidad le pregunta a Alice.
"No…" la voz de Alice baja. "No tuve tiempo. Pero la checaron esta tarde en sus análisis y estaba estable. No es diabético," argumenta.
"Bueno es parte del protocolo el checarla durante el paro," la enfermera exclama groseramente. Como si el protocolo fuera lo único que importa. No la vida de este hombre. Solo el protocolo.
Tengo toda la intención de mantenerme callada. Metida en mis propios asuntos. Pero cuando Alice trata de decir algo más la enfermera la interrumpe bruscamente, y las palabras salen de mi boca sin mi permiso. "Dios, no hay razón para ser tan grosera. Ella estaba preocupada por otras cosas, como su respiración, si quieres un maldito análisis de azúcar puedes sacarlo ahora."
Varios ojos se giran en mi dirección, Edward incluido. Alice se esta mordiendo el labio para contener una sonrisa. La enfermera de la unidad se ve furiosa.
"Oh, lo siento. ¿Es este tu paciente?" pregunta con aspereza.
"Trato cada paciente como si fuera mio mientras trabajo," contesto, mi voz insultantemente dulce. Normalmente no actuaría tan condescendiente, pero algunas cosas me ponen los nervios de punta. Innecesaria rudeza incluida. Somos compañeros de trabajo, no sus subordinados. Aguantaría más mierda de doctores que de ella.
Ella frunce el entrecejo y cambia su atención hacía el paciente, ignorándome, y tengo que esconder una sonrisa presumida.
Termino y espero a Alice en la estación de enfermeras de la UCI. Edward esta parado cerca en el mostrador, escribiendo en el historial del paciente, esperando una llamada de su doctor regular. Le doy espacio mientras trabaja, imaginándome que esto es lo que una enfermera normal haría cuando un doctor normal esta ocupado.
Pero eventualmente cierra el historial y se lo entrega a la secretaria antes de acercarse a mí. Se inclina cerca de mí y dice, "¿Nunca dudas en poner a alguien en su lugar, huh?"
Por un momento, estoy preocupada, tengo miedo que vaya a estar molesto. Empiezo a dudar y reprenderme a mi misma mientras deseo haber mantenido la boca cerrada. Parece meterme en problemas o hacerme lucir como una tonta la mayoría de las veces. Pero levanto la mirada para descubrir una pequeña sonrisa en sus labios, sus ojos bailando de alegría.
Toda preocupación se evapora. Tal vez debería estar avergonzado por mi comportamiento – por caer al nivel de esa enfermera – pero de repente estoy tan aliviada como para que me importe.
"No hace daño dejar que las personas peleen sus propias batallas, sabes," continua. "He escuchado que eso construye el carácter."
Me muerdo el labio, sintiéndome de repente un poco avergonzada.
"¡Bella!" Alice de repente retumba detrás de mí, interrumpiéndonos. "¡Oh Dios mio, te amo! Eso fue clásico. Definitivamente eres mi amiga bocona favorita en este momento. Emmet estaría orgulloso." Hace una pausa para ver a Edward y entrecierra los ojos sospechosamente, alejándome ya. "No oh. Aléjese de ella, Dr. Cullen. Tenemos mucho trabajo que hacer si queremos llegar a casa esta noche."
No lucho mientras me jala lejos de la estación de enfermeras. Terminar mi trabajo, ir a casa, y encontrarme con Edward suena como el mejor plan que he tenido en años. Ofrezco un patético adiós antes de estar fuera de vista, y el esta sonriendo mientras me ve desaparecer.
-x-x-
Me siento en el sofá viendo televisión para mantenerme despierta. Edward llamo hace media hora para hacerme saber que tiene un par de pacientes más que ver antes de irse, pero promete que aun así va a venir. Paso un buen rato pensando en él durante el código – sobre lo sexy que era cuando tomaba el mando – y eso me ayuda a pasar el tiempo.
Pero debo de haberme quedado dormida, porque lo siguiente que se, un cuerpo firme esta presionado contra el mío, atrapándome contra el respaldo del sofá. Gruño y me muevo contra él tratando de liberar mi brazo. El murmura suavemente y planta dulces besos en mi rostro mientras su mano hace mi cabello a un lado.
Finalmente suspiro y descanso contra él.
"¿Qué hora es?" pregunto medio dormida. Entierro mi nariz en su cuello e inhalo profundamente, ignorando el fuerte olor de hospital que aun permanece en su piel.
"Casi media noche," contesta suavemente. Aun esta acariciando mi cabello; paso mi mano por su espalda, deslizándola bajo sus boxers y tomando su desnudo trasero. Puede o no que tenga una ligera obsesión.
"Podemos ir a la cama," ofrezco, luchando para contener un bostezo.
"Mmm." Sus ojos están cerrados, sus movimientos se vuelven pesados. No hace ningún esfuerzo por aceptar mi oferta, y por un momento creo que se ha quedado dormido.
"¿Edward?" susurro.
Sus cejas se levantan ligeramente en su percibida inactividad. "¿Hmm?"
"Vamos a la cama. Esto puede sentirse cómodo ahora, pero créeme, es un sofá usado. No será bueno para ti."
"No, pero tu serás buena para mí." Sus brazos se aprietan a mí alrededor, trayéndome cerca.
"Es en serio, Edward," digo, moviéndome. "Vamos a la cama. Es solo un pequeña caminata al final de pasillo…" Mi voz se pierde tentadoramente y Edward de repente se gira sobre mí, atrapándome contra los cojines. Dejo salir una fuerte ráfaga de aire por el movimiento repentino. Su cuerpo es firme y cálido, su cabello húmedo – apenas estoy notando los patrones de lluvia contra la ventana – y esta usando solo sus boxers y una playera.
Delicioso.
Me besa suavemente, luego otra vez, y otra, aplicando un poco más de fuerza cada vez. Su voz es ronca cuando habla. "¿Qué estabas diciendo?"
"No tengo idea." Contesto con honestidad. ¿Que estaba diciendo? El literalmente me besa hasta dejarme sin sentido, y el cansancio es lo último en mi mente.
Alentado, se mueve a mi cuello, mordisqueando suavemente la piel mientras sus manos se deslizan bajo mi blusa. Mi cuerpo entero se pone con los pelos de punta y envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros, abrazándolo estrechamente contra mí.
Besa mis labios una última vez y se aleja. Poniéndose de pie, me ofrece su mano. "¿Vienes?" pregunta.
Lo dejo sacarme del sofá y nos dirigimos a mi habitación, aun besándonos, aun tocándonos, nuestras acciones menos frenéticas pero con el mismo propósito de la noche anterior. En mi cama, moldea mi espalda contra su pecho, su ingle contra mi trasero, sus labios encuentran agarre en mi cuello y hombros. Jala el cuello de mi blusa hacia abajo, concediéndole un área más amplia para probar y explorar.
Giro mi cuello, y tan pronto mis labios están a la vista los demanda con los suyos. Presiono mi cuerpo hacia atrás contra el suyo y mando mi brazo hacía atrás, enredando mi mano en su suave cabello. Mis labios nunca están lejos de los suyos mientras me muevo en sus brazos, y el aprieta su agarre alrededor de mí, tirando con fuerza hacia su pecho.
"Te sientes muy bien," suspira, pasando sus manos por mi cuerpo. "Pensé en ti todo el día. En estar a solas contigo de nuevo y tenerte toda para mí."
Sus palabras mandan un bienvenido escalofrió por mi espalda. Tomo su mano, guiándola al ápex entre mis muslos. "Ahora me tienes," le digo, y sus dedos se deslizan debajo de mi pijama y entre mis mojados pliegues. Me acaricia lentamente y yo gimo, mi necesidad por este hombre sobrepasando mi necesidad básica por respirar.
"¿Te gusta eso?" pregunta, como si los vergonzosos sonidos que produzco no fueran suficiente confirmación. Muerdo mi labio y asiento, luego empiezo a bajar sus boxers por sus caderas con ansiedad. Se gira sobre mí de nuevo antes de ayudarme a bajarlos el resto del camino, dejando que su erección quede libre, y yo inmediatamente envuelvo mi mano alrededor de su largo y lo acaricio lentamente.
Su rostro esta en mi cuello. "Tan bien," murmura contra mi piel, y yo murmuro mi concordancia antes de tirar de su playera, causando que se levante en su espalda. Se la quita y la tira a un lado, luego toma mis shorts, lentamente arrastrándolos hacía abajo por mis muslos. Levanto mis caderas para que los pueda quitar y es lanzado al piso, mi blusa siguiéndolo segundos después.
El firme cuerpo de Edward cubriendo el mio, sus labios en mi cuello. Toma mi barbilla con su mano y gira mi rostro, exponiendo más de mi piel, más para que él pueda besar y mordisquear ligeramente. Paso mi mano por su pecho, hombros. Hacia abajo por su cuerpo y sobre su trasero. La lluvia tomo fuerza y ahora golpea con estruendo contra la ventana, mientras la luz de la luna brilla a través del vidrio empapado y crea rayas torcidas a través de la lisa piel de Edward. Nunca lo había visto más hermoso.
Sus labios viajan hacía mi pecho, donde toma un duro pezón con su boca. Yo jadeo y me presiono contra él mientras mis dedos se enredan en su cabello. La misma atención es puesta en el otro seno, y luego sus labios están sobre los míos de nuevo, vigorosos y apasionados.
Muevo un brazo a un lado, luchando a ciegas con mi mesa de noche hasta que encuentro el cajón y puedo abrirlo. Edward no deja de besarme lo suficiente como para ver en realidad que estoy haciendo, pero no me estoy quejando. Su mano esta entre mis muslos de nuevo, acariciando mis pliegues, un dedo deslizándose en mi entrada, y es todo lo que puedo hacer para no gritar.
Finalmente siento un paquete de aluminio, y lo saco del cajón. Desafortunadamente, aun esta atado a varios paquetes de aluminio que venían en mi mega caja de condones, así que tiro de una larga tira de diez o más condones todos unidos. Golpeo a Edward en la cara con ella accidentalmente, pero el esta preocupado en otra cosa y apenas lo nota.
Considero disculparme, pero sus dedos aun están haciendo cosas deliciosas a mis adentros… y luego los saca, una sonrisa en su rostro.
"Veo que alguien esta preparado," dice tímidamente. Toma los condones de mi mano y rompe un paquete, tirando el resto en el piso.
"Alguien tiene que estar preparado," contesto, casi jadeando del deseo para este punto. Se esta moviendo demasiado lento – voy a explotar si no lo tengo dentro de mi pronto. "De hecho, te haría bien aprender una o -." presiona su boca firmemente contra la mía, silenciándome, mientras sus dedos encuentran mi clítoris de nuevo. Frota pequeños, sensuales círculos con su pulgar, causando que mis caderas se levanten de la cama. Me quejo contra su boca y tiro de su cabello con una mano, la otra tomándolo de la nuca.
"Dios, Bella," gime. "¿Tienes idea de lo que me haces?"
"Muéstrame," jadeo.
Abre el paquete en su mano y se pone el condón, y no puedo evitar el estirar mi mano y pasar mi mano por el delgado condón cubriendo su polla. Una. Dos. Tres veces, y Edward gime, alejando mi mano y atrapándola sobre mi cabeza.
Besa mis protestas y se alinea en mi entrada con su mano libre. Abro más mis piernas, ansiosa por tomarlo, por sentirlo. Empuja solo la punta dentro antes de besar mi rostro, su otra mano pasando por mi brazo hasta mi cabello.
"¿Esto es lo que quieres?" me preguntado, incitándome. Afortunadamente para él, estoy más que convencida que esta es la clase de agonía que experimentas justo antes de vencer la frustración sexual. No estoy por encima de ponerme a rogar ahora.
"Maldición si, Edward. Por favor."
Debe sonar apropiadamente patético, porque el embiste contra mí de repente, estirándome de todos lados. Jadeo en su hombro e inhalo con fuerza por la repentina sensación.
Fantástico
Aun esta dentro de mi por un segundo y abro más mis piernas, queriendo tomar cada delicioso centímetro.
Mueve sus caderas con lentitud. "¿Esto esta bien?" pregunta suavemente.
"Si," suspiro. Con cada embestida sale un poco más, entrando con más fuerza. Envuelvo mis piernas alrededor de su cintura y tiro la cabeza hacia atrás.
"¿Si?"
"Maldición si."
"Dios, te sientes jodidamente increíble." Amo cuando maldice. Enredo mis dedos en su cabello mientras él toma mi trasero, levantando mis caderas y empujándose a si mismo más profundo. "Pensé en esto hoy," jadea en mi hombro. "En cogerte en el cuarto de dictado."
Oh, Dios maravilloso.
Un rayo cruza el cielo, ilumina mi habitación por unos breves segundos. Un fuerte estruendo lo sigue. Edward toma mi barbilla entre sus dedos y me besa con fuerza, sus caderas aun embistiendo contra mí en un ardiente y firme ritmo.
¿Por qué no estaba haciendo esto hace tiempo? Esto es mucho mejor que el monarca. Y si no hubiera comprado tantos malditos condones probablemente sería más barato también.
Mis manos tiran de su cabello, pasan por su espalda, sintiendo los firmes músculos bajo la suave piel. Extiendo las palmas sobre su trasero, tomando cada nalga, ayudándolo a guiar sus caderas contra las mías. Beso y muerdo su cuello con suavidad, y Edward regresa el favor, sus manos viajando sobre mis senos y costados y caderas.
Este… deseo… que siento por Edward no es algo que conocía con Alec. Es más fuerte, más intenso. Una casi abrumadora corriente de emociones me recorre mientras el susurra en mi oído lo mucho que me ha extrañado.
Puedo darme cuenta cuando esta cerca porque para de embestir y entierra su rostro en mi cuello, respirando pesadamente. Probablemente esta pensando en su abuela o contando hacía atrás, o cualquier cosa loca que hagan los hombres para durar más. Froto su cabeza con mi mano, suavizando su cabello húmedo, y luego la deslizo entre nosotros acariciando mi clítoris mientras él empieza a embestir de nuevo.
Él también puede darse cuenta que me estoy acercando, porque levanto mis caderas para encontrarme con las suyas, jadeando laboriosamente. Se sienta sobre sus rodillas de repente, llevándome con él. Me monto sobre su regazo y me hundo sobre él una y otra vez mientras uso sus hombros como soporte. Una de sus manos esta en mi trasero, ayudándome a guiar mis movimientos. Su otra mano aprieta un pezón entre sus dedos mientras su boca chupa y besa mi otro seno. Luego desliza su mano donde estamos unidos, frotando mi clítoris, y me lleva al borde de nuevo.
Me besa apasionadamente mientras me vengo, y él me sigue solo momentos después, su brazo alrededor de mi cintura, manteniéndome contra él mientras sus caderas golpean hacía arriba y contra mí unas pocas veces más.
Descansamos el uno contra el otro por un momento mientras recuperamos el aliento. Mis dedos acariciando su húmedo cabello de nuevo, y luego me esta empujando hacía atrás, bajándome sobre la cama y cubriéndome con su cuerpo. Nos besamos por un largo rato antes de salirse de mí e ir a tirar el condón.
Se reincorpora conmigo en la cama y me jala contra su pecho, besando mi rostro una y otra vez. Me rio mientras sus labios encuentran los míos, luego me callo cuando nuestro beso se profundiza e intensifica.
Voy a estar tan cansada mañana, pero dormir parece algo tan insignificante en este momento. Me privaría de él cada noche solo por sentir sus labios contra los míos. Incluso por un beso que dure cinco segundos.
"Maldición, eres increíble Bella," murmura contra mi cuello, y me siento cayendo un poco más. Cada beso, cada palabra. Cada caricia.
Solo espero que él siempre este aquí para atraparme.
