Ginny golpeaba la puerta de la alacena con furia, llamando a Draco a gritos. Su voz se perdía, amortiguada por los corredores amplios y oscuros de Malfoy Mannor. Su mano izquierda había dejado de sangrar, pero aún le dolía cada vez que la chocaba contra la madera.

La oscuridad, la sed y el cansancio que tenía la obligaron a desistir. Las horas pasaron lentas, tan lentas que se le hicieron días. La luz escasa provenía desde la rendija de la puerta. Ginny se acostó en el suelo. Colocó sus manos en las frías baldosas de mármol negro, asomando sus ojos por debajo de la puerta, vigilando cualquier movimiento durante largos minutos.

Nada. Al parecer Draco se había marchado. Se encogió en un rincón, a esperar que el rubio regresara. Cerró los ojos, y atrajo su piernas hacia el pecho.

Esto está mal—pensó.

Y lo estaba, nada en su cabeza podía tomar sentido. Recordaba muchas cosas, el final de la batalla, cuando la tomaron prisionera junto a Hermione y la arrojaron en aquella prisión improvisada en el centro de Londres, la muerte de Lucius Malfoy, y las consecuencias que esto tuvo para ellas dos. Recordaba los días en completa oscuridad, y luego la voz de Skeeter confundiéndose con la suya dentro de su cabeza. Recordaba que la habían vendido a Blaise Zabini, y que había escapado en medio de la noche hacía un lugar que a juzgar por las cruces y las bóvedas sólo podía ser un cementerio muggle.

—Él me trajo aquí—murmuró para sí misma—¿Pero por qué?—

Sabía que Draco era un mortífago. No tenia que escarbar mucho en su memoria para recordar cuando odiaba a su familia, ni como se había burlado de Hermione y de ella misma en el pasado. No encontraba razón alguna para que él la ayudara en lo mas mínimo. En su mente volvieron a aparecer los retazos de imágenes sucedidas en el carruaje de Zabini. Tan sólo de pensar lo que le hubiese podido suceder la hacía estremecerse de espanto.

Un gota de sudor helado recorrió su espina dorsal. ¿Y si Draco quería lo mismo que el moreno? ¿Si la había salvado de las garras de otro mortífago para aprovecharse de ella él mismo? El aire se escapó de sus pulmones. Tan siquiera pensarlo le daban deseos de regresar en el tiempo, e inmolarse en medio de la batalla, hubiese sido mucho mejor morir con honor aquel día que tener que servir a una causa tan vil.

Volvió a echarse en el suelo, tratando de observar algo por debajo de la rendija. Era extraño que nadie hubiese acudido por esos lados. Malfoy Mannor era una edificación bastante amplia y espaciosa, y era muy conocido que Narcissa Malfoy mantenía más de cinco elfos domésticos para el cuidado de su casa. Ahora que lo pensaba ¿Dónde se encontraba la madre de Draco? ¿Era por ella que el rubio la había petrificado y encerrado en aquella alacena mientras subía a averiguar quién llegaba por la chimenea?

Alzó la vista hacia el techo, intentando ver algo. Nada, la oscuridad era tan penetrante que apenas se podía mirar las manos. El lugar era espacioso, a juzgar por los pocos rincones que se había atrevido a revisar en penumbras. Tenía miedo de explorar más , ya que era conocido cuantos objetos oscuros mantenía Lucius Malfoy en su casa.

—¡Merlín ayúdame!—suspiró presa de la angustia—Necesito salir de aquí—

Despacio, volvió a palpar el suelo. Hacía frio. Se recostó en posición fetal, tratando de retener el calor que emanaba su cuerpo. Cerró los ojos intentando serenarse. Entonces, justo en el momento en que empezaba a dormirse, la puerta se abrió.

Xxx

Draco caminó de regreso a su alcoba, ignorando los gritos que provenian de la alacena. Subió las escaleras, observando de reojo los retratos de sus antepasados muertos. Algunos lo miraban con una mezcla de tristeza y compasion, otros fingian dormir, pero ninguno de aquellos magos y brujas de pelo platinado dijo ni la mas minima palabra de consuelo para el último de sus descendientes.

Se quitó los zapatos, sacó la varita de su abrigo, y lo colgó en un poste cerca de su cama. Luego se derrumbó, sin terminar de desverstirse sobre su cama a medio hacer.

El dolor de cabeza regresó. Un solo martillazo entre sus sienes que se repetia una y otra vez. Cerró los ojos, tratando de dominar el malestar y desterrar los restos de malos recuerdo, aunque fuera tan sólo por unas horas. Y antes que pudiera darse cuenta estaba dormido. Soñó con una pradera encaramada a orillas de un ancantilado, donde muchos años atras sus padres lo habian llevado a pasar las vacaciones. Iba caminando, con el cuerpo de su madre exangue entre brazos, enterrando sus pies entre la hierba verde, y las pequeñas flores amarillas que inundaban el pasto. Por unos instantes se olvidó de todo, creyendo que ella simplemente iba dormida, bajo el sopor del viento que azotaba su pelo aureo.

Pero ella no respiraba. No hacia el mas simple movimiento, y toda su piel lucia nivea, desdibujandose el color de sus labios en un gris perlado, que hizo que Draco recordara su desgracia.

Gritó, más allá de donde pudo, pidiendole, rogandole que lo perdonara por ser tan ciego, por no darse cuenta a tiempo de la soledad que plagaban sus dias y noches de mujer de alta sociedad.

La luz golpeó su mirada gris. Se levantó y se metió a la ducha, tratando de exorcizar el dolor bajo el agua fria.

Cuando estuvo vestido, bajó a la cocina buscar algo de comer. El ambiente de oscuridad no habia respetado ni siquiera el lugar que en otro tiempo no tomara descanso en aquella mansion milenaria. Las telarañas ya empezaban a formar sus caminos de hilos pegajosos y entrecruzados. Entre los sartenes olvidados por la falta de uso, y los caminos que las hormigas hacian entre una despensa y otra, Draco rescató un sobre de sopa de pollo mágica, y lo vertió sobre dos plato que encontró encima de una alacena.

Desde que Harry Potter y sus dos amigos maravilla escaparan de su casa, no quedara un solo elfo domestico con vida. En su rabia, el Señor Tenebroso los habia asesinado a todos, dejando la servidumbre desierta, y a los integrantes de la familia en ascuas. Desde entonces comía fuera, a veces en una cafeteria para muggles que habia cerca de la estacion de King Cross, donde una muchacha de piel morena y peinado extraño le servia cafe y tostadas, y se compadecia de su inhabilidad para calcular el dinero muggle.

Esa era una manera de desligarse del mundo magico al que tanto orgullo le habia dado pertenecer. Despacio, puso un plato en una bandeja, y se encaminó hacia la alacena.

Abrio la puerta, observando a la chica Weasley, quien se incorporo de prisa, mirandolo fijamente.

—Ya te dije que no te haré daño—repitio con voz cansada. Ella esperó.

Le alcanzó el plato con la sopa, Ginny lo aceptó aprehensiva

—Si quieres puedes venir a sentarte en la mesa–dijo él.

Ella negó en silencio. Estaba demasiado asustada para notar que esas palabras no fueron dichas con la arrogancia habitual de los Malfoy. Draco tampoco cayó en cuenta de nada, incómodo y algo abrumado por la cantidad de cambios que habia tenido que procesar en poco tiempo.

Ginny ni siquiera habia consideraro la posibilidad de rechazar el plato, ya que el hambre que sentia rayaba en lo doloroso, y no tenia muchas opciones. Pero el instintó se le activó, cuando se llevó la primera cucharada a la boca.

—¡Está envenenada!—exclamó, dejando caer su contenido en el suelo.

El rubio-que por alguna extraña razón no se habia marchado, y la observaba taciturno- torció el gesto como acostumbraba hacerlo antes de liberar alguno de sus comentarios mordacez.

—Si te quisiera muerta ya lo hubiese hecho... ¿no crees?—espetó con un brillo en sus ojos grises.

El hambre de Ginny desapareció al punto ante la sola mención de la muerte. ¿Qué habria querido decir Malfoy con aquello? ¿Planeaba algo más para ella que dejarla encerrada en aquella alacena hasta el final de sus dias? Se quedó livida, mirando a Malfoy fijamente. El chasqueó la lengua.

—¿Qué no te gusta la cena?—preguntó.—Pensé que seria demasiado para ti, llevando el apellido que tienes...—se burló, en un desesperado intento por ser el de antes.

—¿Qué quieres de mi?—respondió ella con la mirada cristalizada.

El ignoró la pregunta.

—Levantaté—ordenó mientras hacia desaparecer la bandera. Ginny no respondió.

—Vamos...—continuó él—No quiero un cadaver en descomposición encerrado dentro de mi casa.—

Sólo entonces ella lo siguió. El frio del piso se le metió por los pies, haciendo que sus huesos le dolieran. Caminaron hacia la cocina, el sin quitarle los ojos de encima, ella temerosa de encontrarse con otra persona.

—Bien—dijo él cuando al fin llegaron a la enorma cocina en desuso— Ya puedes preparar algo digno de comerse...—

Ella frunció el ceño. Aún asustada se cruzó de brazos.

—No soy cocinera—espetó. él dejo salir una pequeña sonrisa de maldad cuando vio su expresión.

—Entonces...—respondió—llamaré a Zabini para que venga a buscarte...—el pulso de Ginny empezó a acelerarse. El rubio no fue ajeno a esto.

Aterrada, la pelirroja alcanzó uno de los sartenes que colgaban del techo, y empezó a recolectar ingredientes entre las gavetas olvidadas. Draco desapareció por unos minutos, dejandola sola.

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La mesa del comedor de Malfoy Mannor no habia sido puesta en mucho tiempo. Cubriendo el puesto de dos personas, Ginny Weasley coloco dos platos humeantes, uno al frente del otro, mientras rogaba dentro de si que su plan diera resultado. Estaba asustada, muy asustada, pero al igual que la mayoria de las personas que sobrevivieron a la guerra, el miedo se habia convertido en una forma de vida, y sobrellevarlo era más fácil con el tiempo. El rubio hizo su aparicion, recien duchado, y afeitado, en uno de sus impecables trajes oscuros. Se sentó en la cabecera de la mesa, arrastrando uno de los platos con pasta revuelta y pan tostado que la chica habia preparado. Ginny se quedó de pie, esperando que el dijera algo más. Su mirada esperanzada al momento en que Draco seleccionó su plato duró tan sólo un instante.

—Sientanté—le ordenó él. Ella sorprendida, tomó una silla, preparandose para engullir una comida decente en meses. Entonces recordó algo.

—¿Dónde esta tu madre?—preguntó a bocajarro, mientras dirigia una mirada al rubio.

Draco detuvo su su tenedor, y su cuchillo a mitad de camino hacia el plato, levantó la cabeza y la miró.

—Esta muerta—respondió sereno. Por unos momentos sus ojos grises se hundieron en las pupilas de la Weasley.

—Necesitamos algo de beber—anunció. Ella frunció el ceño sin entender.

—En la cocina hay una reserva de vino de elfo—le dijo— Vé y trae una botella—

Los puños de Ginny Weasley se crisparon, pero el momento no estaba para hacerse la dificil. Se levantó al vuelo, a buscar lo que fuera que aquel hurón desteñido le pidiera, total, muy pronto podria largarse si su plan daba resultado. No se tomó un minuto para preguntarse por cuales razones ni desde cuando Narcissa Malfoy estaba muerta. Llegó a la cocina, encontró la susodicha botella de vino de elfo y dos copas y se regresó al comedor.

Ya el rubio habia empezado a comer.

—Esto esta delicioso—dijo él con una sonrisa ladina , que Ginny no respondió.

Ahora si, se dispuso a consumir la pasta al estilo putanesca que su madre le habia enseñado a preparar, lanzandole miradas de reojo al rubio, esperando que finalmente ocurriera lo que tenia que ocurrir. Pero entonces un terrible dolor, como si alguien le pateara la boca del estomago la azotó. El aire se le escapó y ante la mirada divertida del otro se derrumbó de bruces sobre el suelo.

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Muchas Gracias por continuar apegados a la historia, y les pido disculpas por durar tanto para actualizar, sucede que se murió mi disco duro, y no tenia backup, asi que tuve que reeescribir este capitulo cuando ya lo tenia finalizado, y al igual con el proximo que tendre que volverlo a exprimir de mi cerebro. Un abrazo. Espero sus reviews...