Se suponía que este iría la semana pasada ajaja, pero no sé que sucedió. Comencé a trabajar :( lo siento, les debo un cap.

(Me tarde de más en subirlo porque hubo un temblor que me mató la inspiración de golpe ajaj aunque estoy bien)

Gabe Logan: Gracias! Claro que Boruto tiene a sus amigos que lo defenderán, sin embargo, su duda es si su padre estará dispuesto a creerle. Además, un mal expediente siempre puede jugar en contra. Con respecto a los sentimientos de Hima, siendo sincera, soy drama andante y me tardo mucho en comenzar el romance, y esta historia no será la excepción (porque será larga, de verdad). Aunque me he prometido a mí misma incluir momentos muchos más cercanos con la pequeña Hima. De todas formas, muchas gracias por leer.

secretlistener: Boruto must to be brave, but is so hard in his age!. And I know that always I says the same thing ever, but I promise, I promise, write more beautiful moments with Hima-chan! So, please, I hope you are not boring yet.


Para chicos con problemas.

Parte II

.

"Mala suerte" es poco, ¿saben?

De seguro yo debo tener una maldición encima o algo.

- ¿Boruto? ¿Qué estás haciendo?

Papá me llama, sin dejar de caminar a mí. Sin embargo, de un momento a otro, se detiene repentinamente.

El pánico consigue que me congele y el corazón me golpea tan veloz que puedo escucharlo claramente.

¿Me habrá visto salir de su estudio? ¿Sabrá que estuve revisando sus cosas?

Es imposible que no me haya visto.

Estoy atrapado.

- Ah… yo… ah…

Trato de pensar en una excusa, pero nada viene a mi mente.

Algo cambia en la mirada de papá, de pronto, su gesto se hace mucho más serio. Vuelve a caminar, pero esta vez se mueve con rapidez.

Demasiada.

Trato de retroceder, pero él me detiene sosteniendo mi brazo.

- ¿Esos son golpes? -pregunta. Mi desconcierto me impide responder. De pronto, siento a papá sostener mi rostro con su mano libre y obligarme a alzarlo. La luz en el techo me obliga a cerrar los ojos. De seguro papá quiere verme con claridad.

En cuanto puedo hacerlo, me suelto, aun intentando procesar lo que sucede. Mi mente pronto comienza a funcionar.

Papá no me ha visto salir de su estudio, solo ha visto mi rostro golpeado.

Eso significa que ahora tengo que explicarle mis golpes.

- Tuve un… problema -digo. Las palabras se atoran en mi garganta-, un problema que tuve que solucionar.

No estoy seguro de si me creerá o si, para empezar, querrá escucharme. Pronto descarto ambas opciones.

Solo me basta verlo para notar que no está de buen humor hoy.

Su agarre en mi brazo se hace más fuerte. Tira de mi entonces, obligándome a entrar en su estudio, el mismo del cuál acabo de salir. Dentro me suelta y enciende la luz. Tengo que dar un pequeño salto para esquivar la caja en medio del cuarto.

- ¿Esto es lo que dijo tu madre sobre un problema en la escuela? -parece sorprendido, pero pronto se enoja. Frunce su ceño y yo sé que estoy en serios problemas-. ¿Con quién peleaste esta vez?

- No… no fue eso lo que sucedió, papá, yo…

Él niega con su cabeza, no me deja terminar. En vez de eso cubre su rostro con una mano y arroja un suspiro de cansancio.

Yo guardo silencio, entendiendo lo enfadado que está.

Rápidamente repaso en mi mente lo que debería decirle.

Para comenzar, debería explicárselo todo, decirle que no fue mi intención golpear a nadie, que simplemente me estaba defendiendo y que incluso mis amigos pueden respaldar mi versión. Pero las palabras se me atoran en la garganta, así que no consigo decir nada.

Y como no hablo, solo hay silencio entre nosotros, hasta que tras un minuto completo papá por fin me mira.

- Con solo ver tu rostro puedo imaginarme el tipo de cosas en las que te involucras. ¿Es mucho pedir que nos des un descanso a tu madre y a mí?

En cuanto dice esas palabras, es como si algo muy fuerte me golpeara justo en el pecho.

¿Alguna vez han experimentado ese tipo de sensación? Es como… caerte, o, más bien, estar de pie frente a un abismo.

Es horriblemente desagradable.

- Papá, yo no quise…

- Ahórratelo-ttebayo -ordena. Deja de mirarme-. Esos golpes en tu rostro lo dicen todo.

El sentimiento desagradable en mi pecho no tarda en evolucionar.

La frustración me invade.

Estúpido padre. ¿Acaso no es capaz de dejarme hablar?

- Entonces, ¿todo lo que dijiste antes sobre que me veía mejor fue una mentira?

Algo cambia en su expresión al oírme, como si acabara de entender el peso de sus palabras. Me mira nuevamente, arrojando un suspiro otra vez, como si el solo hablar conmigo fuese una actividad inútil.

Sé entonces lo mucho que me enfada y desespera estar aquí. Porque al menos mamá se esfuerza en comprenderme y escucharme, incluso si está enfadada por mi comportamiento.

A diferencia de él, mamá sí se preocupa por mí.

- Boruto, no quise…

- Ahórratelo-ttebasa -esta vez yo lo interrumpo y él guarda silencio. Sé entonces que ya no vale la pena quedarme aquí, porque sin importar lo que diga papá va a castigarme porque es un idiota. Retrocedo, pero lo hago tan rápido que olvido por completo la caja en medio del cuarto, hasta que la derribo en el suelo y esparzo los papeles por todas partes-. ¡Ah, mierda!

Veo a papá arrodillarse para comenzar a levantar los papeles, rápidamente.

Ni siquiera me mira o me regaña por haberla derribado, simplemente pasa de mí, como si yo ya no estuviera en el cuarto.

- Déjalo -me ordena en cuanto me ve arrodillarme para imitarlo, sin embargo, no obedezco.

- Es mi desastre, yo lo arreglo -respondo. No me esfuerzo en sonar menos agresivo. Mi mente está concentrada en seguir levantando los estúpidos papeles que parecen ser más importantes para mi padre que yo, cuando en verdad solo quiero arrugarlos o destrozarlos frente a sus ojos.

¿Realmente esto es tan importante? ¿Y si es así por qué los tiene en una caja en medio de su estudio?

Ah, que estupidez, para empezar ¿por qué me preocupo por ayudarlo? Debería irme y ya, dejarlo aquí solo.

- Ya te dije que te fueras -papá insiste. Sin mirarme amontona los papeles y los mete en la caja, con rapidez-. Luego hablaremos sobre tu castigo.

- Cielos, tienes que relajarte-ttebasa, solo intento ayudar.

- Me ayudarías más si solo te vas.

Aprieto mis puños con fuerza, sintiendo el enojo llenarme.

Estúpido padre.

Estúpido padre.

Me obligo a reprimir cualquier cosa que pueda salir de mi boca. Lo último que necesito es que mi condena aumente por responderle con algún insulto. Pero créanme, estoy pensando en muchos.

Me obligo a respirar, para no cometer alguna imprudencia.

No, no puedo perder el control, tengo que tranquilizarme. Comenzar a gritar o seguir mi primer instinto no es la respuesta, para empezar eso fue lo que me metió en problemas. Y si me voy ahora, jamás podré solucionar este embrollo en el que me metí.

"Confía en tu padre, hijo. Podría sorprenderte lo bien que puede entenderte"

Al verlo arrodillado, recogiendo los papeles y con su gesto de enfado, las palabras de mamá solo me parecen una ingenuidad. Pero ella no lo diría si en verdad no lo creyera, así que tengo que intentarlo, aunque sea una vez.

Y, ¿quién sabe?, puede que realmente funcione, después de todo mamá siempre dice las cosas por una razón. Así que decido hacerle caso.

Decido intentarlo de verdad por una vez.

- El chico al que golpee hoy… fue quién me dejó el rostro así hace un mes.

Papá se detiene entonces. Me mira por fin.

Parece sorprendido y, en cierta forma, yo también me sorprendo de mi propia honestidad.

¿Cuando fue la última vez que fui tan sincero con papá?

- ¿Lo fue? -pregunta. Recuerdo entonces que, siendo un niño, papá me enseñó a mirar a los ojos cuando dijera la verdad sobre algo. Así que lo hago, porque quiero que me crea.

- Sí. Últimamente no me deja en paz en la escuela. Y hoy intentó romperme la nariz.

Veo a papá relajarse, soltar los papeles en sus manos y mirarme nuevamente, como si reparara por primera vez en los golpes que tengo encima. Me pregunto si me creerá o si pensará que miento para evadir cualquier castigo.

- Ya veo -dice, y no agrega nada más.

- No quería pelear, papá -yo si hablo, solo porque quiero aclararlo todo-. Él me golpeó primero y después de eso yo solo… no sé que sucedió. Mitsuki y Shikadai intentaron llevarme a la enfermería, pero supongo que… no sé, simplemente no quería que él se saliera con la suya nuevamente.

Papá arroja un fuerte suspiro cuando yo termino de hablar, se coloca de pie y da una vuelta por su estudio. Fija sus ojos en mí al final.

Y se queda en silencio, por largos segundos.

Tantos, que consigo oír con claridad la manera en que mi corazón retumba en mis oídos, así como experimentar aquella sensación tan desagradable que se instala en la boca de mi estómago como si fuese un mal augurio.

Definitivamente odio estos momentos tan tensos con papá. Me colocan tan nervioso que incluso siento nauseas.

Me preocupa que no me crea, me preocupa que siga pensando mal de mí.

- De acuerdo, vamos a conversarlo cuando la cena termine-dattebayo -decide. El alivio me invade, como si fuese una ola inundándome. "Conversarlo" significa que ya no estoy en problemas-. ¿Por qué no vas a ayudar a tu madre mientras yo termino de levantar todo esto?

Sonrío sin quererlo. Cielos, que padre tan terco puedo tener.

Supongo que algo genial es que yo también soy así.

- Ya te dije que te ayudaré a recoger todo este desastre-ttebasa.

Él me mira un segundo, y luego arroja su propio un suspiro de resignación.

No me responde, solo se inclina para recoger los papeles, y yo tomo aquello como un "haz lo que quieras".

Y claro que lo haré.

Mientras los levanto, me pregunto si los papeles tendrán algún orden especifico, o si no tiene importancia la forma en que los ordene mientras los amontone todos juntos. Pero papá no dice nada, de hecho, él también los amontona sin ningún orden para luego meterlos en la caja.

Asumo entonces que, si para empezar están en una caja, es porque son papeles que quiere botar. Lo que no entiendo es aquella urgencia por juntarlos.

¿Acaso mi padre está obsesionado con el orden o qué? O de seguro quiere terminar pronto para poder cenar.

Decido molestarlo con lo primero.

- Da igual lo mucho que te esfuerces, tu estudio siempre es un desastre.

- Igual que tu cuarto-dattebayo -replica él. Veo una sonrisa formarse en su rostro.

Yo también sonrío con eso.

Estoy decidido a responderle, cuando algo llama mi atención en medio de tantos papeles.

Un folleto verde, atrapado bajo la caja. Viejo, arrugado, con la fotografía de un gran edificio en la portada.

Y con letras en inglés.

No sé porque, pero de pronto puedo sentir como si se formara un nudo en mi estómago con solo ver aquel folleto con letras en otro idioma. La sensación es tan desagradable que, antes de procesar lo que estoy haciendo, me encuentro apartando la caja para recogerlo, sintiendo como mi corazón se detiene por ello…

"Military Academy: for troubled boys"

…solo para comenzar a latir más rápido que nunca.

Y, entonces, lo entiendo.

- Hey papá. Lo que estás buscando con tanta urgencia es esto, ¿verdad?

No sé porque me lo tomo tan tranquilamente.

Quizás es porque yo mismo lo estaba buscando, esperando que mi nerviosismo desapareciera si podía probar que era real, esperando salir de la odiosa incertidumbre que me había inundado las últimas semanas. Y, sin embargo, ahora es como estar en un sueño. En alguna pesadilla.

Me siento dormido, mientras que todo lo que me invade son los horribles latidos de mi corazón que suenan tan fuerte que retumban en mis oídos.

- Boruto -papá me mira entonces, con sorpresa. O, más bien, lo que mira es lo que sostengo en mi mano.

El folleto de una academia militar en Estados Unidos.

El que él juró jamás existió.

- Eres pésimo escondiendo cosas -me sorprendo a mí mismo arrojando el folleto al interior de la caja. Y, como si se estuviese burlando de mí, lo veo rebotar en la orilla y caer por el borde, sobre el suelo.

La imagen del edificio -una fachada antigua, con decenas de chicos en uniforme, portando expresiones serias y mirando al frente-, se me entierra profundo.

Y el peso de la verdad me cae encima, como un balde de agua helada. Con eso, el pánico no tarda en invadirme.

Una academia militar.

Mi padre de verdad quiere enviarme a una academia militar.

- Boruto -oigo la voz de papá, lejana, pese a que estamos dentro del mismo cuarto.

Me está llamando, pero no soy capaz de reaccionar como debería. No puedo verlo, ni responder su llamado como mi mente me pide que haga.

Me toma un momento despertar de la pesadilla. Cuando lo consigo, todo mi cuerpo se mueve al mismo tiempo. En un segundo estoy de pie y en el siguiente estoy saliendo del estudio, pisoteando el resto de papeles que están en el suelo.

Tengo que irme de aquí.

Tengo que salir de la manera en que sea.

- ¡Boruto! -puedo escuchar a papá ponerse de pie para perseguirme, sin embargo, yo ya estoy corriendo por el pasillo.

- Hijo, ¿eres tú quién está corriendo?

Escucho a mamá, pero no me detengo. Y cuando giro al final del pasillo, veo a Hima asomarse desde la cocina, confundida.

- ¿Hermano?

- ¡Boruto!

La voz de papá es más clara.

Justo tras de mí, persiguiéndome. Corro más rápido, esperando ganar más distancia.

Cuando por fin llego al recibidor, me calzo las zapatillas a medias, desesperado por salir.

No sé en que estoy pensando.

No sé si tengo un plan de verdad.

Lo único que tengo en la cabeza es que necesito salir, tan rápido como sea posible.

Tengo que irme de aquí.

- ¡Boruto, detente ya!

Estoy en la puerta cuando papá me alcanza.

Al igual que el día en que Hima se perdió en el centro comercial y terminamos jugando los tres, con mamá riéndose mientras él nos levantaba del suelo para ponernos de cabeza, papá vuelve a atraparme. Pero esta vez no me abraza ni se ríe, ni promete que va a soltarme si llamo a mi hermana por su viejo apodo.

Lo que hace es sostenerme con fuerza del brazo y tirar de mí para detenerme.

- ¡Suéltame-ttebasa!

Grito.

Lo hago porque la forma en que me sujeta me duele y, además, porque sin importar lo mucho que tire para soltarme pronto me doy cuenta que papá sigue siendo mucho más fuerte que yo, que simplemente soy incapaz de ganarle.

Y de pronto, solo siento impotencia. Y lo detesto.

Porque no hay sentimiento más horrible que el de no poder hacer absolutamente nada por cambiar las cosas que suceden a tu alrededor.

Detesto tanto la sensación que, como si fuese un niño pequeño, me invaden unas profundas ganas de comenzar a llorar. Pero no quiero hacerlo frente a papá, así que en vez de eso me pongo a gritar.

Tan fuerte como me sea posible.

Tan fuerte que él tenga que soltarme.

- Boruto, ¡cálmate ya! ¡Tienes que escucharme!

- ¡Déjame solo! ¡Déjame ya!

- ¡No es lo que crees! ¡Si me dejas explicarte…!

- ¡¿Qué pretendes explicarme?! ¡Vi el folleto, idiota!

Papá no responde, vuelve a tirar de mí y me sostiene con sus brazos.

Me abraza.

Incluso aunque le grite, incluso aunque sigo intentando soltarme. Él me abraza e insiste en que debo escucharlo. Pero no tengo nada que escuchar, porque ya conozco lo que va a decirme.

En mi mente no hay nada más que aquel horrible folleto, y las palabras de Sarada como un recordatorio cruel de lo ingenuo y estúpido que fui creyendo en papá.

Papá, quién me mintió mirándome a los ojos.

Quién me prometió que jamás pensaría en la idea, porque yo era su hijo.

Así que sigo gritando, sin importarme nada. Y lo hago, también, porque siento que si tan solo me detengo por un segundo entonces voy a comenzar a llorar de verdad. Y no quiero hacer este momento más humillante de lo que ya lo es.

Oigo más pasos, por el pasillo directo a nosotros. No necesito girar para ver que se trata de mamá.

- ¡Naruto-kun, Boruto, ¡¿qué está sucediendo?!

- Hinata, no es nada, no… -papá hace silencio al verla. Puedo sentir como su abrazo se afloja.

Ni siquiera lo pienso. Vuelvo a tirar y me alejo, sin embargo, papá me sostiene aún del brazo, negándose a soltarme por completo.

- ¿Qué le sucede a hermano? -la voz de Hima se escucha detrás de mis padres. Con solo buscarla un poco, la encuentro, mirándonos con preocupación.

Mamá gira a ella y le dice que todo está bien, que vuelva a la cocina, pero mi hermana no se mueve.

Sigue mirándome.

- Tienes que entenderme -la voz de papá me hace recuperar la atención. Me pide que lo comprenda, pero yo me rehúso.

No quiero hacerlo, no quiero entenderlo.

Solo quiero irme de aquí.

- Naruto-kun, ¿qué sucede? -mamá le exige una respuesta. Él la mira, pero no responde. Y yo reconozco la mirada que lleva encima, la preocupación que hay en sus ojos.

Miedo.

Papá tiene miedo de responderle.

Eso significa… que mamá no sabe nada al respecto. No sabe nada de la escuela militar.

- ¿Y bien? ¿Alguno me dirá lo que sucede? -el agarre de papá se afloja, yo consigo soltarme entonces y retrocedo hasta chocar con la puerta. El pomo de la misma me golpea en la cadera, pero eso no me detiene de abrirla-. Boruto, ¡¿a dónde vas?! -mamá suena preocupada.

- Boruto, vuelve ahora.

"¡Papá quiere enviarme a una escuela militar!"

Quiero gritarlo, pero las palabras se me atoran en la garganta, incapaces de salir. Y muy pronto me invaden las ganas de vomitar.

No puedo. Definitivamente no puedo lidiar con esto ahora.

Solo quiero irme de aquí.

Tengo que irme, por favor.

- Voy a salir -hablo, y lo repito hasta que mi voz deja de temblar.

- No lo harás -papá me mira con seriedad, observándome casi como si acabara de decirle una tontería-. Es muy tarde para salir, la calle es peligrosa.

Mi respuesta es instantánea.

- ¡No finjas que te preocupas por mí, estúpido padre!

No espero más, empujo la puerta y salgo corriendo, azotándola tras de mí para que no me sigan. Escucho a papá llamarme por mi nombre, pero no respondo, ni vuelvo atrás.

En vez de eso sigo corriendo, tan rápido como puedo, sintiendo el aire frio de la noche colarse bajo mi ropa y acariciar mis brazos desnudos. Aunque no me importa.

No me importa en lo absoluto.

Porque todo lo que tengo en mi cabeza es correr, correr lo más lejos que pueda.

De casa, de mi padre.

De la horrible escuela militar.

Y de mí mismo, si es posible.

Cuando por fin me detengo, lo hago porque necesito recuperar el aire.

No sé bien dónde estoy, ni cuánto he corrido para llegar hasta aquí.

Supongo que ha sido lo suficiente para que ya no me queden ganas de nada, ni siquiera de gritar, solo energía suficiente para apoyarme contra una pared, intentando controlar mi respiración agitada.

Intentando evitar llorar.

Porque demasiado pronto me he dado cuenta de que no hay a dónde huir. No importa lo mucho que corra, es imposible salir de esto.

Estoy atrapado.

Lo que siento por mi hermana me está matando. Estos sentimientos, que tanto me esfuerzo en ocultar, me están ahogando lentamente. En este minuto puedo verlo con claridad.

Ustedes ya lo saben, ¿verdad?, que probablemente nunca más pueda volver a ser el buen hermano, el buen hijo, que solía ser antes, no si no puedo deshacerme de estos sentimientos tan incorrectos… Pero tras tantos años, no han hecho más que crecer. Y me asustan tanto que tengo que ser otra persona, con tal de mantenerlos lejos de mí, con tal de fingir que no los poseo.

En verdad, ¿cuánto más puedo seguir ocultándolos?

¿Cuánto más tengo que seguir peleando?

El estúpido folleto de la academia militar no es un problema, es solo la respuesta racional de mi padre a lo que me he convertido. El verdadero problema, el que no consigo solucionar por mucho que lo piensa, es otro.

Se los dije, ¿cierto?, que hace mucho tiempo opté por un camino.

Para proteger a mi hermana, para que mi familia siguiera unida, acepté aquel peso en mis hombros, hasta encontrar la manera de volver a ser normal. Y, tras tantos años, solo he entendido que nada va a ser como antes.

Estoy atrapado en un camino que va hacía un final sin salida, uno que se acerca cada vez más y más.

Así que alguien dígame, por favor, ¿qué hago para salir de ese camino?

¿Hay alguna forma en que las cosas cambien?

CONTINUARÁ…