Nueva York
Miércoles
-¿Qué demonios hace Santana en mi casa? – Rachel observaba a Quinn que caminaba furiosa de un lado a otro
-No bajes – le pidió.
-Iré
-Entonces iré contigo – dijo levantándose del suelo
-No – la voz sería de Quinn la hizo volver al suelo – no es conveniente que Santana te vea aquí y menos si está aliada con tu maridito – mascullo – espérame aquí o en mi habitación… pero si me esperas en mi habitación, ojalá sea sin ninguna prenda encima
-¡Quinn! – exclamó la morena escuchando la risa de la rubia que salía del lugar.
Bajo la escalera tratando de serenar su mente pero todo se fue al demonio, cuando vio a la latina sentada en su sofá
-¿Qué yo sepa aún no le invitó a sentarse? – tensó la mandíbula cuando la latina esbozó una traviesa sonrisa.
-Ya sabía yo que era mentira tu rehabilitación – Quinn siguió la línea de visión de la latina, y observó los rastros de cocaína que iba a ser consumida por Isabella – Puras mentiras, pero que más esperamos de ti.
-¿Qué diablos haces en mi casa? – la latina la ignoró cruzando la pierna aún en el sofá
-Vine por mi mujer.
-No sabía que Britt era una cosa – la molestó caminando hacia el ventanal quedando de espaldas a la latina
-¿Dónde la tienes encerrada?
-¿Disculpa? – la rubia se giró quedando frente a frente a la latina que se había acercado a ella.
-¿Cómo la convenciste? ¿Adoptando al estúpido gato? – la acusó la latina
-¿Quién carajos eres? – preguntó Quinn completamente indignada – ¿¡Vienés a mi casa y me acusas de tener secuestrada a tu mujer!?
-¡Britt no se vendría a vivir por voluntad propia con una adicta!
-Me estoy rehabilitando – susurró mirando hacia el jardín, esperando un milagro
-¡Se nota! – señaló la mesa - ¡Tu nunca vas a cambiar Fabray!... ¡Hazte un favor y deja que tu hija viva con Shelby…!
-¡De ninguna forma! – exclamó empujando a la latina que cayó al suelo de la impresión – ¡No te metas en mi puta vida López! ¡Y si tu mujer está en mi cada, es por tu culpa, a mi no me metas en tus problemas conyugales!
-Mira estúpida – Santana se levantó pero antes de que pudiera acercarse a Quinn, Trece entró a la sala y por la escalera bajo Britt.
-¡Quieta ahí! – Trece se interpuso entre Quinn y la latina – ¡Ya me tienes harta con tus comentarios! – tomó aire antes de continuar - ¡No se que diablos te vio ella! – señaló a Britt que estaba furiosa mirando a la latina - ¡Pero es obvio que no te la mereces!
-Escúchame hija de…
-¡Santana López! – gritó Britt silenciando a las dos mujeres y ganándose la atención de Quinn que ya se había sentado - ¿¡No tienes ningún tipo de descaro!? ¿¡Cómo te atreves a venir a casa de Quinnie y armar semejante escándalo!? – continuó sin dejar hablar a la latina - ¡Esto es el como del descaro! – se acercó a su esposa que estaba callada y algo pálida - ¿¡A ti que más te da si Beth vive con Quinn!? ¿¡Acaso tu eres quien da para la comida o la ropa de Beth que tanto te preocupa su bienestar!?
-Britt…
-¡Cállate Quinn! – silencio a su amiga que sólo levantó las manos - ¡Estoy tan decepcionada de ti! ¿¡En que momento te volviste tan amiga de Jesse que ahora le apoyas en todo lo que dice o hace!?
-Britt cariño…
-¡No me toques! – gritó cuando Santana trató de tomarla por el brazo - ¡No quiero que me toques!
-¡Britt cálmate! – Quinn la tomó por la cintura alejándola de la latina - ¡Tienes que calmarte!
-Quinn
-Shh – abrazo a la bailarina cuando está empezó a llorar – ya no llores más, no te sienta bien cariño – le dio un beso en la frente.
-¡Suéltala! – Santana tenía toda la intención de quitar a Quinn del lado de su esposa y lo hubiera logrado si Beth, quien entraba a la sala y Trece no se interponen.
-Veo que en ningún momento tienes decencia – murmuró la adolescente mirando de arriba abajo a la latina – no me gusta tu actitud y voy a pedirte que te marches de mi casa
-¿Así? – se arregló la chaqueta - ¿Quién me va a sacar, tú? – se burló
-Yo no, Ron – dijo con las manos entre los bolsillos – además parece que tu esposa no te quiere ni ver – comentó observando a su madre subir las escaleras aún abrazada a su amiga
-Es mejor que te vayas – sentenció Trece caminando hacia la puerta – Y no vuelvas – pidió abriendo la puerta.
-¡Mi esposa está aquí! – gritó con la voz rota.
-¿¡Y por qué está aquí!? ¡Por qué su esposa es una basura que creé tener la razón! – la miró fijamente. La latina estaba rodeada, en la puerta estaba Trece, tras ella estaba Beth y aún costado estaba Ron – Vete y si Britt quiere verte, te permitiremos la entrada pero por ahora márchate
-Has caso Santana, vete – la voz de Quinn se filtró en el salón. La latina la observó bajando sola nuevamente por la escalera
-¿Debo hacerle caso a tu niñera? – se burló Santana
-No agraves más la situación y ya escuchaste a Trece, si Britt quiere verte aquí en mi cada, podrás entrar, mientras tanto estas vetada
-Me iré – aceptó caminando hacia la puerta – pero está no será la última vez que me verás aquí.
Luego de que la latina se fue, la "calma" regresó a la casa de Quinn. Trece preparó la cena con ayuda de Rachel, quienes por primera vez no discutieron para ponerse de acuerdo en algo. Al momento de cenar, se entretuvieron con las historias de Beth en el instituto, notándose la ausencia de Isabella en la mesa.
-Quiero hablar contigo – Rachel miró a Trece cuando estaban recogiendo los platos
-¿Qué pasa?
-Voy a separarme de Jesse – a Trece casi se le cae el plato que tenía en la mano
-¿Estás segura?
-Segura, segura no – suspiró ante la extraña mirada de la doctora – estoy un 85% segura de que Jesse me está engañando
-Y tu haces lo mismo – dejó el plato en el mesón – Déjame ver si entendí ¿Quieres separarte de tú marido únicamente por qué te esta engañando?... Si es así, eres una cobarde
-¿Por qué?
-Sí vas a divorciarte de tu marido por infiel, perfecto hazlo pero si te separas por eso, esperó que te alejes de Quinn, porque ella vale más y tu no le estás dando nada. Si te vas a divorciar hazlo por esa rubia que te quiere más que a nada en este mundo y con eso le demostrarías que ella lo vale todo para ti… ya no tienen 15 años Berry.
Trece término de lavar los platos y se alejó de allí, dejando a la morena sumida en sus pensamientos
Viernes
Habían pasado ya una día y medio desde que la latina se había aparecido en casa de Quinn. El jueves en la mañana Isabella se había disculpado, no sólo con Quinn, sino también con Beth por exponerla de esa manera, de igual forma se había comprometido a iniciar el mismo tratamiento que la rubia. Y en lo que llevaban de viernes, lo había cumplido.
Rachel se había marchado el miércoles con la promesa de llamar a Quinn cuando regresará a casa, pero como paso en veces anteriores, la llamada nunca llegó.
-Realmente no entiendo que pasa con Rachel – comentó Britt sentada en la choza con Quinn – contigo se le ve enamorada, cosa que con Jesse no ocurre
-¿Cómo es la relación de ellos? – preguntó fumándose un cigarrillo
-A veces discuten y no como pareja, sino como un par de amigos que no se logran entender.
-Britt… - habló Quinn luego de unos minutos en silencio - ¿Creés que estoy haciendo bien en jugármela por ella? Digo, ella esta casada y me estoy metiendo en su matrimonio.
-¿Quieres a Rachel? – Quinn asintió – Entonces lucha por ella, Jesse a veces es exasperante y mandón, créeme que no entiendo porque Santana está tan empeñada en darle la razón, si ellos son de los que se la pasan discutiendo.
-Tienen un enemigo en común – se señaló con el cigarrillo antes de darle una calada – a veces pienso ¿Qué fue lo tan malo que hice, para que Santana me deteste?
-Tu no hiciste nada Quinnie – la bailarina la abrazó – es ella, que es una cabezota, que cree tener siempre la razón por su tercer ojo mexicano.
Quinn finalmente cambio el tema de conversación y se dedicó a escuchar como Britt hablaba de su trabajo como bailarina, con que famosos a trabajado y a quienes les ha dirigido las coreografías.
-Quinn – Isabella se acercó a ellas. Tenía el cabello recogido y nada de maquillaje, estaba empecinada en rehabilitarse como lo estaba haciendo Quinn y ahora entendía porque la rubia la había gritado, era muy difícil ver cocaína y no poder consumir – Beth llegó y al parecer tiene una cita
-¿Una cita? – rápidamente se enderezó – ya regreso Britt – salió corriendo dejando atrás a dos chicas muy confundidas.
Entró rápidamente a la casa y al no ver a la adolescente allí, subió de dos en dos las escaleras hasta la Suite donde dormida la chica.
-¿Mi nena tiene una cita? – fue lo primero que dijo al entrar, logrando que la adolescente soltará lo que tenía en las manos del susto que le dio.
-Sí – respondió sonrojada mientras recogía lo que estaba en el suelo – Agustín me invitó al cine.
-¿Agustín? – preguntó recostándose en el marcó de la puerta
-Agustín Gyllenhaal, viene en una hora para que vayamos al cine.
-¿Viene hasta la casa?
-Sí, esperó no te molesté que le haya dado la dirección
-No te preocupes, te dejó arreglarte.
Regresó sobre sus pasos, con el rostro serio, se detuvo en la escalera, respirando profundamente esperando equivocarse. En el primer piso, ya estaban Britt e Isabella charlando con Trece.
-Necesitó de su ayuda – interrumpió la charla de las chicas – en un rato viene Agustín Gyllenhaal
-¿Quién es él? – preguntó Britt.
-Es un pretendiente de Beth, pero tengo mis dudas cerca de sus intensiones.
-¿Qué quieres hacer? – preguntó Isabella con una sonrisa diabólica en los labios.
Una hora más tarde, Agustín Gyllenhaal llegaba a la mansión, vestido con un jean rasgado, un buzo rojo y su cabello despeinado, dándole ese toque de chico rebelde.
-Buenas tardes – saludó Agustín luego de que Trece lo dejara entrar – Estoy buscando a Beth
-Claro, siéntate mientras baja – le indicó Trece sentándose frente a él.
-Eh okay – el chico se removió incómodo, tratando de no mirar a la doctora y fijándose en el lugar en donde vivía Beth.
-Buenas tardes – la voz de Quinn se filtró en el salón atrayendo la atención del chico.
-Ly…Lynx Pentreath – murmuró el chico colocándose de pie – es un gusto.
-Me gustaría poder decir lo mismo – dijo caminando hacia el chico Ignorando la mano que le ofrecía – Beth bajará en unos instantes.
-Esta bien – volvió a sentarse en el sofá, ahora algo intimidado por la mirada de la cantante.
-Sólo te voy a decir una cosa niño – se sentó al lado de Trece que sólo se miraba las uñas – Si llegas a lastimar a mi hija, tu vas a sufrir el doble.
-Yo… - se aclaró la voz – yo no voy a lastimarla.
-Eso esperó chico – frunció el ceño levantándose del sofá – Esperó no equivocarme contigo.
-Nosotras esperamos lo mismo – habló Britt entrando al salón luego de que Quinn salió al jardín – yo que tu, tomó muy enserio las palabras de Quinn, si llegas a lastimar a Beth vas a sufrir mucho
-Yo no voy a lastimarla – repitió el chico
-Tu no te imaginas el genio que a heredado Beth – ésta vez fue Isabella la que habló – ya le digo a Beth que baje, pero piensa bien en tus intenciones.
Minutos antes de que el chico llegará, Quinn había decidido decirle a Beth lo que planeaba hacer y aunque al principio se negó, ella también tenía sus dudas.
-¿Qué dijo? – le preguntó a Isabella cuando está entró en la suite
-Tartamudeo con tu madre, pero creó que al menos logramos que el chico pensara bien sus intenciones, ahora sólo relájate y disfruta de tu cita – le dijo arreglándole el cuello de la chaqueta – ve y disfruta de tu noche
Beth entró en la sala, mirando como la pierna del chico temblaba
-Ya estoy lista – el chico levantó la mirada, quedando con la boca abierta. Beth estaba usando un vestido corto, con una pequeñas botinas y una chaqueta de cuero, que la hacia ver realmente sexy.
-Va-vámonos – se levantó del sofá – hasta luego.
-Yo sentí al mocoso algo nervioso – habló Trece luego de que se fueron los dos adolescentes
-Claro que estaba nervioso, ya sabe que sus planes de jugar con Beth no van a poder llevarse a cabo – Isabella se dejó caer en el sofá - ¿A dónde vas? – le preguntó a Britt que caminaba hacia el otro lado
-Tengo hambre – murmuró perdiéndose en la cocina.
-¿Y Quinn? – preguntó la cantante al no ver a su amiga
-Está en la choza… voy a buscar al gato
La noche pronto cayó. Beth llegó algo animada de su cita con el aquel chico. Habían cenado pizza italiana y se habían marchado a dormir dejando a Quinn a solas en la sala.
La rubia se recostó en el sofá, luego de prender la chimenea para observar como la luna se filtraba en el mar y los colores que salían de su piscina. Estaba fumándose un cigarrillo dejándose guiar por el sueño que ya empezaba a invadirla, cuando el timbre sonó.
-Demonios – susurró enojada, apagando el cigarrillo en el cenicero al levantarse del sofá - ¡Ya voy! – gritó cuando el timbre volvió a sonar – Ya… ¿Rachel? – se frenó cuando abrió la puerta - ¿Qué demonios te paso? – la morena estaba parada frente a ella con un moretón en su mejilla.
-¿Puedo pasar?
-Claro pasa pasa – se corrió para dejarla pasar - ¿Qué paso Rach? – preguntó después de cerrar la puerta.
-Jesse… - comentó sentándose en el sofá
-¿¡Jesse te hizo eso!? – gritó Quinn furiosamente caminando de lado a lado.
-Quieres calmarte – susurró Rachel atrayendo la atención de la rubia
-¿Qué paso? – se sentó al lado de ella
-Llegué a casa está mañana, decidida a ponerle fin a mi matrimonio con Jesse y lo encontré en mi cama con Jason
-¿Jason?
-Es el encargado del teatro, estaban teniendo sexo en mi cama – Quinn abrió los ojos de par en par – cuando lo confronté, me dijo que era mi culpa, porque estaba más entretenida en ti, que en nuestro matrimonio, luego discutimos y me golpeó.
-Maldito infeliz – apretó la mandíbula acercando el cuerpo de la morena hacia el suyo – te juro que nadie te volverá hacer daño – le beso la frente – ven, vamos a mi cuarto necesitas descansar – la morena asintió suspirando en el cuello de Quinn – mañana me encargaré de él
