Capítulo 13: Avril Blaze 1

1 de Septiembre de 1975. Mansión Lestrange. 9:05 am.

- Recuerdas muy bien el plan, ¿verdad?

- Por supuesto. - contestó, sonriendo complacida.

- Dentro de 10 a 15 minutos, Bellatrix y Rodolphus te llevarán a la estación 9 y 3/4. No des razones para sospechar a nadie. En especial a Dumbledore. - advirtió Voldemort, sin poder contener la ansiedad, paseándose de derecha a izquierda.

Alicia lo miraba ir y venir, sentada en una silla frente al escritorio. El plan había sido trazado durante años, no tenía necesidad de repasarlo una vez más.

- Entonces todo está en orden. ¿Alguna pregunta? - se detuvo de pronto delante de ella.

La niña de once años se mordió la lengua. La verdad, sí tenía una pregunta, pero era demasiado estúpida, y no quería tener como último gesto de despedida el recuerdo de lo que podía hacer una maldición Cruciatus de su padre. Tragándose la pregunta, asintió en silencio.


- Muy bien, que tengas un buen viaje. - le dijo Rodolphus Lestrange, apoyando una mano en su hombro. La escena debía verse lo más natural y creíble posible, considerando que ya habían pasado delante de ellos varios magos del ministerio que les habían lanzado miradas escrutadoras.

- Será un trayecto agradable. - le aseguró el señor Lestrange, y ese tono de voz no le pareció exagerado en lo absoluto. - Sólo intenta hacer migas con la gente necesaria.

- Deshazte de toda esa escoria impura que se atreve a mancillar el nombre de mago. - añadió Bellatrix. Se acuclilló frente a la niña, llamando la atención indebida de un par de hombres unos metros más allá. - Intentaré hacer que tu padre te traiga a casa para Navidad. Te habré preparado muchas sorpresas para entonces. - y le guiñó un ojo, haciendo bailar sus largas pestañas.

Alicia le sonrió, mientras le daba un abrazo. Bellatrix le correspondió con el cariño macabro propio de ellas. Rodolphus le revolvió el cabello paternalmente.

- Pásalo bien, Alicia. - le asintió a ambos, volteándose hacia el expreso de Hogwarts.

Apenas había puesto un pie en el tren, sufrió un encontronazo con dos jóvenes, que no debían tener más de unos quince años. Ella tenía una mata de cabello pelirrojo despampanante, y los ojos parecían dos verdes esmeraldas, brillantes y exultantes de energía. Llevaba una insignia dorada y escarlata, con una "P" grabada en un costado. El muchacho, a diferencia de la chica que parecía irradiar salud y alegría, era de aspecto enclenque y desgarbado. Tenía la piel cetrina, una nariz ganchuda, con los ojos negros como pozos profundos, y el cabello negro similar a la grasa. No había que mencionar el hecho de lo delgado que era. Como su compañera, llevaba una insignia, pero ésta intercalaba los colores verde y plata.

- Ya vamos, Sev. Remus Lupin es un chico agradable, no tienes que seguir con tu ridícula perorata. Además, ¿a qué viene todo esto, cuando yo te hablaba de los prefectos? - decía la chica con el ceño fruncido.

- Eso lo dices porque no lo conoces en serio... - inició el chico, interrumpiéndose abruptamente al encontrar a la niña. Alzó una ceja hostilmente y le espetó:

- ¿Se te perdió algo? - Alicia se enfureció; nadie le hablaba así a ella. E iba a responder de esa forma tan particular que había aprendido, no de su padre, sino de Bellatrix, cuando la pelirroja se adelantó.

- Ya deja de ser molesto, Sev. Hola, soy Lily Evans. - se presentó la chica alegremente. Alicia permaneció callada, parpadeando. - Debes ir por primera vez a Hogwarts, ¿verdad?

- Sí - contestó escuetamente. Lily le lanzó una mirada a su amigo, como si confirmara algo que le había dicho. Severus se limitó a encogerse de hombros.

- Eso está muy bien. - comentó con el aire de una educadora de párvulos. El chico rodó los ojos. - Yo empezaré quinto curso este año, al igual que mi amigo aquí presente, Severus Snape. - Alicia volvió la mirada de Lily al chico, pero éste ni se inmutó. - Bueno, yo voy en Gryffindor, y él en Slytherin. - continuó la pelirroja para romper el incómodo silencio. - ¿A qué casa te gustaría ir? -

Alicia, que no había despegado su fría mirada de Snape, contestó sin vacilación.

- A Slytherin. -

Tal debió ser la convicción de su voz, que ambos chicos se miraron; un estremecimiento recorrió a Lily, y la expresión adusta de Severus se relajó levemente.

- Que estimulante es saber que los alumnos de primero conozcan lo que les conviene. - comentó Snape, con una sonrisa amarga en los labios.

- Mi padre fue un Slytherin, yo también debo serlo - añadió la pequeña Alicia, desafiándolos. Lily, nerviosa, se miró la muñeca, donde llevaba un reloj, y dijo:

- Son casi las once, Sev. Vamos al compartimiento de los prefectos, antes de que aparezca Potter y su pandilla. - No había ni rastro de James Potter, sólo lo decía para tener una excusa para alejarse de la niña.

- Nos vemos en Slytherin, entonces. - murmuró Snape a modo de despedida.

Alicia frunció la nariz y chasqueó la lengua. Acto seguido se dispuso a buscar un compartimiento vacío, antes de que se llenaran de estudiantes parlanchines. Finalmente encontró uno que se adecuara a sus requerimientos, que se encontraba al fondo del tren.

Varios alumnos desfilaron delante, perdidos la mayoría, que no se molestaban en mirarla, haciendo de su presencia algo invisible. La niña se puso a observar por la ventana, indiferente a aquella actitud.

Iba a Hogwarts por una misión. Y la cumpliría.

El tren partió. Seguramente, Bellatrix y Rodolphus ya habían vuelto a la mansión. En las palabras de Bellatrix estaba pensando, cuando:

- Disculpa, ¿puedo sentarme aquí? El resto del tren va lleno - una niña de negros cabellos y ojos color almendra había asomado la cabeza por el compartimiento. Alicia le echó una ojeada, examinándola.

- De acuerdo. - fue el diagnóstico. La chica sonrió, y de inmediato arrastró el baúl, subiéndolo con mucho esfuerzo a la rejilla, junto al de Alicia. Se sentó frente a ella, y la miró.

- Soy Avril Blaze, mucho gusto. - le tendió la mano. Alicia fulminó la mano de su acompañante fríamente.

- Alicia Riddle - contestó, volviendo a concentrarse a la ventana, dejando a Avril con la mano extendida, quien un tanto desilusionada, la bajó. Se mantuvo el silencio, algo que Alicia comenzaría a extrañar cuando se encontrara en presencia de Avril, porque no bastó mucho para que se le ocurriera interrumpirlo.

- ¿Sabías que existía todo esto? - de principio, la pregunta no le cuajó. Se despegó de la ventana, para fijar los ojos en Avril, parpadeando.

- ¿Cómo? -

- Pues... esto. La magia, los magos, una escuela para magos... - continuó enumerando con los dedos. Y en ese instante, Alicia cayó en la cuenta de que Avril Blaze no podía ser más que una sangresucia.

Antes de que el repudio comenzara a recorrerle el cuerpo, una idea le atravesó la cabeza. ¿Por qué no? Había oído de los muggles muchas cosas, pero nunca había podido darlas por sentado (excepto la capacidad que tenían para clamar por su vida, claro). Nadie se daría cuenta, porque cuando Alicia Riddle quería que no la descubrieran, nadie podía hacerlo. Y si se aburría, podía deshacerse de la muchachita en lo menos que dura un chasquido. Ni que le costara tanto trabajo pronunciar el maleficio letal. Además, que era exactamente lo que su padre le había pedido.

"No des razones para sospechar"

¿Qué era menos sospechoso que ser amigo de un sangresucia en esos momentos?

- Por supuesto que sí. - la detuvo, con una sonrisa malvada que Avril malinterpretó.

- ¿De verdad? - inquirió, parando su inventario que iba por "varitas mágicas, libros de hechizos, escobas voladoras..." centrando su atención en Alicia.

- Sí, mi padre es mago. - respondió con suficiencia. Esperó para saborear el efecto que sus palabras producían en Avril antes de añadir. - Toda mi familia lo es.

Avril no cabía en sí de la emoción, y lo que quedaba de viaje siguió con preguntas de la niña a Alicia sobre la magia misma hasta una detallada explicación del Quidditch. A su vez, Alicia le sonsacó varias cosas que Avril tuvo que explicarle sobre el mundo de los muggles y sobre su propia familia: le contó que su madre era rusa, su padre norteamericano, y que habían sorteado difíciles obstáculos para poder estar juntos, principalmente porque sus familias tenían ideales contrarios. Avril había nacido en Londres, pero vivió su primera infancia en la Alemania Oriental, y tuvo que explicarle largo y tendido a Alicia por qué habían dos Alemanias. Luego se mudó al lugar donde residía actualmente en Inglaterra, un pueblo menor, casi escondido. Y que su segundo nombre lo había escogido su madre, siendo Nadezhda. Con cierto rencor, Alicia pensó en lo despreocupado que había sido Tom para escoger unos nombres tan comunes como Alicia, y Natasha, el nombre de su madre.

De pronto, ingresó un prefecto, que por la insignia Alicia dedujo que era de Gryffindor, a avisar que estaban por llegar a la estación de Hogsmeade y lo mejor sería cambiarse.

- Esto es lo más increíble que he visto en toda mi vida... - murmuraba Avril para sí en cuanto se bajaron del tren, admirando la sombra del gran castillo, chocando con un niño que parecía ser de su edad.

Entonces no has vivido mucho...pensó Alicia, pero tenía que coincidir, que jamás antes había visto un lugar de tal esplendor como Hogwarts.

Hagrid, el semigigante, los llamó para recorrer el habitual viaje de los alumnos de primero por el lago. Se subieron al mismo bote que unos niños, tan emocionados como Avril: Ryan Smollet y Evan Miller. Por las actitudes de los chicos, Ryan Smollet debía ser hijo de padres magos, y Evan Miller, un sangresucia que babeaba tanto como Avril.

- Mi padre me habló sobre el lago, pero no me creía que fuera tan interesante como él lo dijo... - comentó Smollet, observando atento unas burbujas que había dejado el calamar gigante al mover un tentáculo. - También me dijo que en la selección de las casas, te ponen un sombrero en la cabeza que decide a qué casa irás. - se jactó, cruzado de brazos. Evan y Avril lo escuchaban con atención.

- ¿Ese sombrero en serio tiene vida? - preguntó Evan, como si tanta maravilla fuera a extenuarlo en cualquier instante.

- Sí - le confirmó Smollet, orgulloso de acaparar tal respeto. Alicia escondió una mueca de desprecio en las sombras. - Y espero quedar en Gryffindor, como mis padres...

Perfecto, las primeras personas que me encuentro son dos sangresucias y un Gryffindor...se dijo Alicia con fastidio.

- Es absolutamente genial eso de las casas, ¿verdad, Alicia? Aunque tú ya sabías todo eso, ¿cierto? - la despabiló Avril, al terminar Smollet una detallada introducción sobre las cuatro casas de Hogwarts, sus fundadores, y las cualidades propias de cada uno.

Por alguna razón, a Avril le importaba mucho la opinión de Alicia.

Es sólo que fui la primera niña que vio cuando se subió al tren. Las niñas siempre necesitan de sus amigas...se auto convenció Alicia. Le incomodaba pensar que era sólo porque de verdad la consideraba una persona digna con quien trabar amistades.

- Yo supongo, porque... - empezó, pero Ryan la interrumpió bruscamente.

- ¿A qué casa te gustaría ir? - Alicia pensó muy bien la respuesta, cavilando que si el chico era sangrepura, sabía lo que estaba pasando, no le podía decir que quería ir a Slytherin, por la mala fama que se estaba ganando gracias a Voldemort. Suspiró antes de contestar.

- A la que mejor me venga. - Tom la torturaría de escucharla hablar. Renegando de su ascendencia Slytherin...


Estaban ya en el Gran Salón. La profesora McGonagall los había recibido en el vestíbulo, y aparte de darles la bienvenida, les informó lo que más o menos había dicho Ryan Smollet en los botes.

Se formaron en fila delante del taburete donde estaba el Sombrero, y después de su estúpida canción sobre permanecer unidos, la profesora comenzó a llamar por lista. Adivinen quien fue la primera persona:

- Blaze, Avril. -

Entre Alicia y Ryan, Avril miró primero a una y luego al otro. Tragó saliva, y con las piernas tiritonas, se sentó sobre el taburete. Pasaron unos minutos hasta que el Sombrero gritó:

- ¡Gryffindor! -

Con una enorme sonrisa, se levantó de un salto y fue a sentarse junto a Lily Evans. Alicia resopló, pensando en cómo no lo había previsto, y cuando Avril buscó su mirada, se limitó a sonreírle cínicamente. No estaba segura de que Avril hubiera entendido o no, pero de todos le sonrió de vuelta.

Como la selección no le interesaba, y porque faltaba mucho aún para que la llamaran, echó un vistazo a las mesas. Debía admitir que Hogwarts albergaba muchos chicos atractivos, como cierto muchacho sentado en la mesa de Gryffindor de cabello negro azulado y ojos grises, pero ninguno de ellos le llegaba a los talones a Lucius. Mordiéndose el labio inferior, posó los negros ojos en la mesa de los profesores.

Ahí estaba. Su objetivo principal. La razón de su existencia.

Alicia sabía desde que era conciente de que algún día tendría que acabar con Albus Dumbledore. Se veía vulnerable el anciano director, situado en el centro de la mesa, sonriendo como Santa Claus a los niñas que desfilaban para ser seleccionados.

- Riddle, Alicia -

Sobresaltándose, avanzó hasta caer sentada en el taburete, con una expresión de superioridad que no pasó inadvertida para la profesora McGonagall. Sabía lo que sucedería a continuación.

Mmm - inició el sombrero - Tienes una mente ágil, pequeña. Razonas y actúas.

Por supuesto- concordó Alicia.

Sin embargo, la sangre de Slytherin corre por tus venas. Hablas pársel, estás por sobre las reglas que afecten tus intereses, eres ambiciosa, orgullosa, y no te dejar pasar a llevar.

Alicia sonrió. Estaba más claro que el agua a que casa pertenecería.

Estás completamente entregada a tus ideas, y lo harías todo por ellas... una característica esencial de Gryffindor - aseguró el sombrero. Alicia frunció el ceño. -Además... tus ideas tienen que ver con el afecto... eres una persona exageradamente leal, tu fidelidad no es fácil de romper... Hufflepuff sería adecuado para ti en ese aspecto...

¿Qué carajo...? - comenzó, enfurecida. - ¡Hufflepuff!- pensó indignada, cerrando los puños sobre las rodillas.

Puedes ser rebelde si te lo propones... otra faceta de Gryffindor... pero la elección queda en tus manos, ¿a cuál casa deseas ir? -

A Slytherin.- contestó.

¿Estás segura?- inquirió el sombrero.

¡Sí, maldito pedazo de tela harapiento!- rugió. El sombrero se desinfló sobre su cabeza como si suspirara derrotado, y anunció:

- ¡Slytherin! - la mesa del verde y la plata estalló en aplausos. Se quitó el sombrero y prácticamente de lo tiró a la profesora McGonagall, pensando mientras se dirigía a su mesa, en lo que había dicho el sombrero.


El banquete estuvo delicioso para quienes no estaban acostumbrados a comer comida preparada por los elfos. Para Alicia, fue como cenar en casa. El director ya había dado su discurso de bienvenida, y ahora los prefectos conducían a los alumnos a sus respectivas salas comunes.

- Así que aquí estás - murmuró una voz fría y suave. Alicia se volteó para encontrarse con Severus Snape. Ella le sonrió altiva.

- Nos encontramos en Slytherin, Snape. - contestó. El muchacho alzó una ceja y preguntó:

- ¿Puedo llamarte Alicia? -

- No. - fue la seca respuesta.

- Muy bien, entonces, Riddle - Snape sonrió con sorna. - Muévete rápido y sígueme si no quieres quedarte aquí sola y sin saber donde está tu sala común. - dicho eso, giró sobre sus talones. Sin embargo, su sonrisa se ensanchó cuando escuchó un susurro perfectamente audible a su espalda que decía:

"Presumido"


Al día siguiente, fue la primera niña en salir de la habitación de las chicas. Sus otras tres compañeras dormían profundamente tras los doseles verde esmeralda de sus camas. No sabía cómo se llamaban, ni le interesaba, a menos que fuera estrictamente necesario.

Se sentó en la mesa de Slytherin y comenzó a desayunar silenciosamente. Poco a poco empezó a llegar el resto de los alumnos, así que la paz que tenía se disolvió con las habladurías de sus compañeros. Después del desayuno llegó el correo. Se limitó a observar cómo a sus compañeros les llegaban búhos y lechuzas con cartas y paquetes. Tom no le escribiría. No era ese tipo de padre. A los minutos luego pasó el profesor Slughorn entregando los horarios. Tan sólo le bastó echar una mirada al horario para exclamar:

- ¡Mierda! - Dos horas seguidas de Transformaciones con los de Gryffindor. Y con la profesora McGonagall que era precisamente la jefa de la casa Gryffindor. Se levantó, teniendo la suerte de no cruzarse con nadie que la molestara hasta llegar al aula. Buscó el último pupitre de a dos, sentándose en el rincón. Abrió el libro y comenzó a ojearlo.

- Hola - dijo una voz a su lado. Levantó la cabeza para encontrarse a Avril. A diferencia de ella, Avril llevaba corbata e insignia de colores dorado y escarlata con el león estampado.

- Blaze. - saludó Alicia gélidamente. Avril sonrió, al parecer satisfecha de que Alicia la recordara.

- ¿Puedo sentarme contigo? - preguntó la niña. Alicia se encogió de hombros. - Gracias - contestó. Alicia torció la boca en una mueca de disgusto.

¿Por qué tiene que ser tan inocente? pensó hastiada.

- Es una lástima que no quedaras en Gryffindor. Podríamos haberlo pasado de maravillas. Evan y Ryan también quedaron allí, sólo faltabas tú. -

Seguramente podríamos haber sido un cuarteto estupendo...pensó Alicia con ironía.

- Bueno, mi padre estuvo en Slytherin - contestó Alicia. - Esto suele ser cosa de familia.

- Alicia - llamó Avril después de unos segundos. Sus ojos estaban perdidos en la nada.

- ¿Qué, Blaze? - le espetó Alicia, alzando los ojos del libro de Transformaciones.

- ¿Por qué no me llamas Avril? - Alicia cerró el libro con un golpe seco, haciendo que Avril saltara de su asiento.

- De acuerdo, Avril. - accedió Alicia, hundiendo los ojos en el libro nuevamente. Avril parecía más alegre aún, si eso podía ser posible.