HOLLYWOOD
La historia NO me pertenece. Gracias Ari, por betear tan lindamente este capitulo.
Inspirado en el video de Blue Jeans de LDR, Y ademas mi cap FAVORITO en toda la historia.
"Oh, pero ¿qué puedo hacer para enloquecerte o lograr entenderte?" —Lana
CAPÍTULO CATORCE
—¿Pasa algo malo, nena? —pregunta Carmen, estirando su mano para colocar algo de cabello detrás de mi oreja.
Levanto la vista de mi plato y arqueo mis cejas.
—Nada, ¿por qué?
Estamos sentadas en la mesa del patio junto a la piscina, comiendo nuestro almuerzo. Estos son los peores días del verano, donde el calor es húmedo y con dificultad puedes evitar sudar y verte decente. Pero quiero comer una vez más fuera, al menos antes de irme.
—Estás triste —murmura Carmen, doblando su servilleta y colocándola sobre su regazo—. No quieres irte y regresar a esa escuela, ¿no es así?
Suspiro y juego con mi botella de Coca-Cola.
—No.
Carmen agita su cabeza y murmura algo en español. Ella toma un bocado de su ensalada y mastica furiosa.
—Tampoco me gusta que tengas que irte. Las escuelas de aquí están perfectamente bien.
Le sonrío cansada a mi comida.
—Sí, lo sé. Pero Renée cree que las escuelas de aquí no me dejarán entrar a una gran universidad.
Carmen suspira, pero no dice nada más. No puede realmente, porque Renée es su jefa. Renée es quien le da su salario. Renée es la razón por la que Carmen sigue llevando comida a la mesa de su familia.
—En ocasiones la odio —digo, las palabras escapan de mis labios antes de poder detenerlas. Las lágrimas le siguen con rapidez, llenando mis ojos, pero negándose a caer, nublando mi visión. Perder el control hace que la presión en mi pecho empeore, así que miro a otro lado, lejos de la mirada amable de Carmen. Observo la piscina y entrecierro los ojos, tratando de aliviarme un poco.
Yo no hago escenas como estas.
Tengo mejor control sobre mí misma que esto.
Soy una chica segura, calmada y glamurosa.
—Eso no es cierto, nena —murmura Carmen con dulzura. Ella estira su brazo por la pequeña mesa para tomar mi muñeca.
Pero la retiro rápidamente y niego con mi cabeza, espabilando bruscamente.
—Sí lo es. Lo juro por Dios que lo es. La amo pero la odio. La odio demasiado.
—Isabel…
—¡Ella no me quiere, Carmen! —Sollozo, y no sé de dónde vino eso. Siento el veneno de las palabras creciendo en mi pecho y no puedo detenerlas—. Nunca lo hizo. Fui un error. Ella nunca quiso embarazarse de mí.
—Isabel, puede que quizá hayas sido una sorpresa, pero eso no significa que...
Levanto mi mano, y la acción es casi desesperada. Y la forma es la que tengo que limpiar mi goteante nariz es patética, y en este preciso momento, no solo odio a Renée.
Me odio también a mí misma.
—No hagas esto, Bella.
—¿Hacer qué? —pregunto a la defensiva.
—No estés enojada. Haces esto cada año, y no quiero que estés enojada —me ruega Renée, acercándose a mí en el sofá—. Quiero que vayas a una buena escuela. Quiero que tengas la mejor educación. No es porque no te quiera, es porque quiero lo mejor para ti.
—Bueno, no te creo. —Resoplo y me levanto, necesitando alejarme de ella—. Es difícil creer algo de lo que dices, de hecho.
Renée se ve afligida, como si lo que acabara de decirle le partiera el corazón. Y sé que no es mentira; a ella realmente le duele cuando digo cosas como esas.
—Bella, cariño, lo estoy intentando. Esta vez y de verdad, sí lo estoy intentando. Intento hacer las cosas mejor. Las cosas son buenas ahora. Las cosas se pondrán mejor.
—Es lo que siempre dices.
—Es verdad ahora.
Yo simplemente me rio y agito mi cabeza por ello. Empiezo a subir las escaleras.
—Bella, espera. —Renée se levanta y me sigue. Ella toma mi mano y la sostiene tan fuertemente que mis dedos se vuelven blancos—. Te lo juro. Te lo juro por todo lo que tengo. Yo solo quiero que tengas éxito en la vida, Bella. Quiero que tengas una educación grandiosa. Quiero que seas capaz de hacer cualquier cosa que te plazca. No quiero que nada te retenga, Bella.
—¿Pero no sería genial para todos tus amigos si tu hija entrara a Yale también? —pregunto con amargura.
Renée retiene sus lágrimas y sostiene mi rostro entre sus dos frías palmas.
—No tienes que ir a Yale.
—¿Entonces puedo ir a una escuela de arte liberal? ¿Puedo graduarme en escritura creativa?
El rostro de Renée decae.
Así que me alejo de ella y asiento con la cabeza.
—Es lo que pensé.
—Escritura creativa no es un título suficiente. Podrías no conseguir empleo. Podrías no tener un buen salario…
—¿Entonces por qué mejor no me dices en que debería graduarme? ¿Por qué no me dices eso, por qué no me dices a qué universidad ir, por qué no mejor me dices como quieres que me vista, con quién quieres que me case? ¿Por qué no solo arruinas mi vida por completo?
Mi voz es contenida pero rápida, y mi corazón golpea mi pecho con un doloroso ritmo.
Renée suspira, y se ve tan agotada.
—Bella, eres tan joven.
Mi boca se abre para responder, pero Edward abre de repente la puerta principal y camina hacia dentro de la casa, sonriendo con facilidad.
Pero se detiene tan pronto nos ve, y su sonrisa se desvanece.
Todas mis emociones están marcadas en mi rostro, y lo odio.
—Hey —dice con calma—. No quería interrumpir…
—Oh, no te preocupes, Edward —contesto, y mi voz es calmada y ligera—. Simplemente acabas de interrumpir una horrible y típica discusión entre madre e hija adolescente. Típico de telenovela.
Y con eso, me giro y subo las escaleras.
No me detengo a escuchar su conversación. Ya sé de qué tratara. Así que voy directo a mi cuarto. No tiro la puerta. No lloro ni grito. Ni siquiera pongo ruidosa y depresiva música adolescente.
En vez de eso, solo intento escribir.
Pero incluso ese refugio se ha ido hoy de mí.
Ya pasó una hora desde la pelea y estoy empacando. No tengo nada mejor que hacer, y mañana en la mañana me iré; tomaré el tren a Pennsylvania con rumbo hacia mi propio infierno.
Quiero ser Holden Caulfield. Quiero que me expulsen y escapar muy lejos, hacia la ciudad.
Pero eso es algo en lo que solo pienso en ocasiones.
Mi parte más lógica me recuerda cómo terminó la historia de Holden.
Cuando bajo las escaleras en la oscuridad, no espero ver a Edward. No esta noche.
Pero él está aquí, leyendo uno de sus libros. Él no levanta su mirada, pero sí me sonríe.
—Llegas tarde esta noche.
—No sabía que iba contra el reloj —le respondo.
Él levanta su cabeza, y sus ojos recorren el bañador blanco que estaba usando la primera vez que lo conocí. Su mirada no se detiene por mucho tiempo, pero es algo que nunca hace.
Él es el caballero perfecto que siempre ha sido.
—¿Nadarás esta noche? —me pregunta.
Yo simplemente asiento con la cabeza, y le regalo la más pequeña de las sonrisas.
—Nada conmigo esta noche —le digo por encima del hombro, moviendo mis caderas mientras camino.
Edward me sigue sin que se lo pida.
—Ya hemos hablado sobre eso. No tengo bañador.
—Y tú ya has escuchado mi solución. —Le recuerdo como un reto, girando ligeramente, caminando hacia atrás con pequeños saltos—. ¿Recuerdas?
Él rueda sus ojos.
—Sí, lo recuerdo. Nadar en ropa interior, ¿no es así?
Me encojo de hombros.
—Parece una opción sencilla.
—No.
Hago un puchero.
—Pero nadie nunca quiere nadar conmigo.
Él hace un puchero también, una clase de burla a mi propia expresión.
—Idiota.
Edward se tambalea como si lo hubiese herido, sonriendo mientras camina hacia su tumbona usual. Él toma asiento y busca uno de sus cigarrillos.
—Edward, hoy es mi última noche —suplico, caminando hacia él. Amo la sensación del frío concreto debajo de mis pies descalzos. Amo la sensación del caluroso aire nocturno. Amo cómo el cielo se refleja contra la luz azul de la piscina en la oscuridad. Y nada me gustaría más que hacer de esta noche una noche perfecta.
Que Edward nadase conmigo.
Así que insisto.
—Por favor.
Y yo rara vez digo por favor.
Edward me mira, su aún no encendido cigarro cuelga entre sus labios, sus manos se congelan en sus bolsillos donde él había estado buscando su encendedor. Él parece darse cuenta del peso y la sinceridad en mi propuesta de forma instantánea.
Lentamente, él se quita el cigarrillo.
—No lo sé. Es tarde, Bella, y tengo una cantidad de casos que necesito…
Me siento en la tumbona que está a su lado. Mis rodillas tocan sus piernas.
—Por favor.
Edward sostiene su mirada en la mía por solo dos microsegundos. Y él entonces está suspirando y apartando su vista hacia enfrente, con la contemplación grabada en su rostro. Él pesa sus opciones. Puedo ver lo que piensa.
Solo soy la hija de Renée.
Solo soy una niñita.
Solo tengo dieciséis.
Pero esas cosas solo pueden ser dudas y razones del porqué no.
Finalmente, él asiente con la cabeza, derrotado.
—Okay. Está bien.
Edward se quita su camiseta de último, y él es perfecto. Pero yo ya sabía eso.
Él tiene un cuerpo torneado y fuertes músculos.
Su piel es suave y los huesos de su cadera forman una V.
Él es hermoso, y se niega a tener contacto visual conmigo.
Yo solo sonrío y hundo mi boca debajo del agua para ocultar eso. Mis ojos permanecen en él mientras camina hacia la orilla de la piscina y se sumerge en la parte más honda. Desaparece de mi vista por un minuto entero antes de aparecer otra vez en busca de aire.
—Mierda, está helada. —Él exhala todo en un solo respiro.
Me echo hacia atrás hasta que estoy flotando, y todo lo que puedo ver son las estrellas brillando.
—Es lo divertido de esto.
—¿Cómo es que no te da hipotermia?
—Creo que estás siendo dramático.
Edward se ríe, incrédulo.
—Yo no soy el dramático aquí.
Chillo cuando siento su mano agarrar mi tobillo y tirar de él, interrumpiendo mi relajación, y me hundo en el agua un poco. Una vez que tengo mis pies contra el piso de la piscina, lo salpico con el agua.
—No soy dramática.
—Un poco, sí —me contesta, salpicándome con agua también.
Coloco un poco de cabello mojado detrás de mis orejas y me acerco a él. El agua se mueve entre nosotros. Y, mirándolo directamente a sus profundos ojos verdes, susurro:
—¿Realmente crees eso?
Edward me está mirando de cerca, con ojos muy oscuros, y parece darse cuenta de eso algo tarde. Él trata de mirar a otra parte, pero es inútil. Y entonces su mirada está de nuevo sobre la mía.
—No realmente —dice, despacio.
—¿No?
—No. —Él hace una pausa para limpiar su boca del agua que se ha reunido ahí. La acción parece hecha para mí, y es hermoso—. Creo que no reaccionas lo suficiente a veces.
—Tú crees que debería hacer berrinches —digo sin dudarlo.
Edward niega con la cabeza.
—No, creo que deberías decirle a las personas cómo te sientes.
—Eso no sirve para nada, Edward. Realmente a nadie le importa lo que sientes, ¿no es eso obvio? Además, si les digo todo a las personas, me quedaría sin secretos.
—¿Qué es lo bueno de tener secretos?
—Me mantienen joven —digo, moviendo mis pestañas.
—Ya eres lo suficientemente joven —él murmura, rodando sus ojos.
Me acerco mucho más a él. Lo suficientemente cerca como para ver las gotas del agua juntarse en sus pestañas, luciendo como lágrimas esperando a caer.
—¿Crees que soy infantil, Edward? —murmuro.
Él niega con su cabeza. Sus ojos siguen sobre los míos. Nunca me había mirado por tanto tiempo como ahora. Es embriagador, y muy intoxicante.
—Un poco superficial, tal vez —admite—. Pero creo que solo es un comportamiento, de todas formas.
—¿Ah, sí? —Muerdo mi labio juguetonamente, levantando mi vista para mirarlo a través de mis pestañas. Estoy tan cerca ahora que podría besarlo—. Te has dado cuenta de todo, ¿eh?
A eso, deja salir una sonrisa ladeada.
—Ni siquiera en lo más mínimo.
—¿Crees que soy inmadura? —pregunto con dulzura.
—No, creo que eres muy madura. Para tu edad —contesta, sus palabras son suaves, calmadas y roncas.
Alejo mi mirada de la suya y me concentro en su cuello, me concentro en el agua resbalando por su piel.
—¿Crees que soy bonita?
Él se mantiene en silencio por una eternidad que dura al menos veinte segundos. Creo que lo presioné demasiado.
—Lo recuerdo —dice de repente.
Mis ojos regresan a los suyos, y mis cejas se juntan levemente.
—¿Recuerdas qué?
Sus propios ojos se ahogan en confusión y repentina comprensión.
—Recuerdo esa noche… Cuando veíamos Lo Que El Viento Se Llevó.
Mi expresión es calmada. Coloco mi mejor cara de póquer, pero mi corazón late a un ritmo peligroso.
—¿Qué recuerdas? ¿Quedarte dormido en el sofá?
Él niega con su cabeza; una ráfaga de irritación inunda su expresión.
—Lo sé, maldita sea, Bella. No te hagas la tonta.
—Saber qué. —Me burlo.
Edward abre su boca y la cierra dos veces antes de dejar salir sus palabras. Y cuando las dice, sus cejas se levantan rápidamente como si apenas pudiera creérselo él mismo.
—Me besaste.
Me quedo en silencio por un momento.
—Quizá lo soñaste.
—Mentira. —Él pasa una mano por su cabeza, dejando gotas sobre él—. Puedo recordar la forma en la que...
—¿La forma en la que qué? —pregunto.
Su rostro se tensa rápidamente, como si una luz se encendiera en su cabeza.
—No juegues conmigo.
—No haría eso.
—¡Basta! —dice en tono áspero, y su mano me toma de mi brazo de repente. Está siendo un poco rudo y me gusta—. Deja de actuar de esta forma.
—¿Actuar cómo? Eres tú quien se está portando raro.
—Sé que me besaste, Bella. ¡Puedo recordar la manera en cómo tus benditos labios se sentían! ¡No me digas que fue un sueño!
—Está bien. No lo fue —admito descaradamente, mirándolo, sintiendo su agarre hacerse más fuerte, y observando la confusión crecer en su cara.
—¿Por qué? —pregunta con sus cejas unidas y su rostro tenso.
Simplemente me encojo de hombros, pero mi corazón me recuerda que sigue latiendo, que sigo viva y muy despierta aquí. Siento esa realización correr por todo mi cuerpo.
—Tenía curiosidad —susurro. Me inclino hacia él mucho más cerca y, casi respirando, agrego:
—Sigo teniéndola.
Un montón de emociones atraviesan el rostro de Edward.
No puedo reconocerlas todas.
Pero realmente no me importa, no cuando su mirada cae sobre mis labios. No cuando lo veo observándome de verdad, sin duda, ni arrepentimientos, ni vacilación.
Edward me toma por mi otro brazo ahora también, y él me está agarrando tan fuerte que incluso logra lastimarme un poco. Él no puede decidir qué hacer con su razón. Y por poco me siento mal por él, solo un poco, porque sé que esto es algo con lo que jamás ha lidiado. ¿Y a quién podría él pedir un consejo?
—Edward —digo suavemente.
Su mirada se choca con la mía; sus ojos son pura tortura.
Solo me mira por unos segundos.
Y entonces, me besa.
Jadeo incluso aunque estaba esperando esto. Pero no esperaba la sensación, o la belleza de aquello. Él no es dulce ni cuidadoso como yo pensé que sería. Él está siendo intenso, rudo, e incluso un poco brusco. Pero sigue siendo perfecto. Sigue siendo dulce y encantador.
Él deja ir mis brazos para agarrar mi cintura por debajo del agua, para ponerme más cerca de él. Pero eso no es suficiente, así que él agarra mi mentón, mi cabello, mi cuello. Mis pulmones queman y mis brazos se envuelven alrededor de sus hombros, tomándolo más cerca, porque soy codiciosa y sé que esto no durará mucho.
Las manos de Edward suben por las hebras de mi cabello hasta mi cuello y tira bruscamente, haciendo que mis ojos vean hacia arriba, hacia las estrellas, mientras sus labios dejan puro fuego sobre mi mentón y mi cuello. Él me besa y me muerde suavemente todo el tiempo, de arriba hacia abajo, y juro por Dios que está temblando.
Yo también estoy temblando.
El mundo entero también lo hace.
—Bésame otra vez —le susurro al cielo, y él tira de mi cabeza hacia abajo y junta nuestros labios una vez más, tan bruscamente que aún veo estrellas bailando detrás de mis ojos. Lo abrazo fuertemente, y sus manos están en mi cintura otra vez, apretando y explorando.
Nos besamos una y otra, y otra vez en la bonita piscina azul, y me estoy ahogando con eso sin siquiera hundirme en el agua.
Pero entonces las cosas se calman y Edward se aleja, de la forma en cómo sabía que lo haría.
Esta perplejo, sus ojos encuentran rápidamente los míos, pero él ya está negando con su cabeza.
—No debimos hacerlo —susurra a través de su respiración—. No debimos hacerlo.
—Está bien —digo en respuesta, tocando su cuello, jugando con su cabello mojado. Y un toque tan simple como ese, se siente como una gran victoria, como un regalo perfecto. Me inclino para juntar castamente sus labios con los míos una vez más. Incluso eso hace que mi corazón se contraiga con deleite.
—Está bien, Edward.
—No, no lo está —dice—. Bella, no, no está bien…
—No se lo diré a nadie.
Él finalmente deja de agitar su cabeza y me mira directamente, pero no dice nada
—No se lo diré a nadie —repito despacio y con cuidado—. Será nuestro secreto. Será nuestro secreto como en las películas.
—Esto no es una película… —Empieza.
Pongo un dedo en sus labios, callándolo. Él me está viendo, e increíblemente, parece vulnerable. Asustado.
Tengo que asegurárselo.
Así que una vez más se lo digo.
—Sera nuestro secreto, ¿okay?
Él no lo duda esta vez. Él simplemente asiente con la cabeza.
—Okay.
.
.
.
Oh, oh! ¿Ahora como van a hacer? Bella se va :( y... ¿Ya vieron por que es mi capitulo favorito? dejenme sus comentarios!
¿Ya se unieron al grupo en FB? -El link esta en mi perfil.
Por cierto, este es el ultimo capitulo antes de un salto en el tiempo.
¿REVIEWS? SABEN QUE LOS AMO.
