¡Holaaaa! Ya llegué para darles a su vida un poco de drama y misterio LOL. Bueno, la verdad es que les traigo la continuación de este fanfic :3 Solamente diré que las cosas están adquiriendo un sabor más picoso :v. Ya sabrán por qué lo digo, y como no quiero hacer spoilers, pues mejor disfruten de la actualización. Quiero agradecer a mis lectores fantasmas, siempre allí presentes xD y que hacen que las lecturas aumenten cap con cap, y claro a mis dos comentaristas por excelencia que siempre tienen algo que contarme :3. Ya saben que se los agradezco mucho y nunca es molestia responder a sus reviews por MP. Sin más dilación, nos estamos leyendo el domingo =D ¡Qué la semana les aproveche! Mata ne =3
Capítulo 14
Sin escapatoria: La noche ha empezado a agitarse
No tenía tiempo para apreciar cuántos de ellos habían aparecido de repente, seguramente ocultos entre la arboleda y arbustos circundantes, lo único que aseguraba era que la gran mayoría de esos desagradables invitados pertenecían al barrio al que había sido conducido; después de todo, existían ciertos rasgos faciales que les clasificaba de inmediato como foráneos.
Estar estático sería su perdición, por lo que habría de movilizarse, evadiendo sus intentos de agarre y al mismo tiempo intentando ofrecerles un poco de su enfado traducido en certeros golpes. Enfocándose en hacerles caer y que no se volvieran a poner de pie en largo tiempo.
No obstante, la diferencia de número sin duda era un factor que poseía en contra y que de un momento a otro le pondría contra la espada y la pared.
—Incluso sabes pelear bien. Tú sí que estás lleno de sorpresas –rió el que llevaba la batuta en todo ese asunto. Ese mismo miserable que hasta ahora continuaba sin dignarse a mostrarle su rostro y que apreciaba todo desde un sitio seguro, como si quisiera ser el único espectador de aquel acto de cobardía.
—Tsk…No vas a salirte con la tuya, ni siquiera con todos estos idiotas intentando tumbarme –aseguró sonriendo burlonamente, con esa intensa mirada. Cuando se le enfurecía podía dar demasiado miedo.
—Espero que seas capaz de respaldar tus palabras, Aom…
Él no había sido el único que guardó silencio en el instante en que colocó su mirada justo en la escena que tenía frente suyo. ¿Por qué había caído tan abruptamente aquel chico contra el suelo, quejándose de un enorme dolor sobre su abdomen?¿Qué es lo que hacía aquel esférico naranja sobre el suelo, rodando con plena confianza?¿Qué se supone que estaba ocurriendo?
—¿Un balón de baloncesto…? –el moreno simplemente no lo creía y el resto se encontraban del mismo modo. Incluso intentaban hallar a quien habría de arrojar aquella pelota.
—Aomine-kun, no es bueno que estés a estas horas lejos de casa y mucho menos metiéndote en problemas graves –esa era la voz de Tetsu resonando a un lado suyo. Vaya infarto que casi le causa el sexto jugador fantasma de la Generación de los Milagros.
—¡¿Pero qué demonios estás haciendo aquí?! –le gritó entre colérico y despavorido. Él no era precisamente quien debía hacer las preguntas en este momento.
—Recuerdo que llamaste a Kagami-kun hace más de una hora atrás –indicó con cierta calma.
—Ese maldito soplón –chasqueó la lengua con profunda molestia.
—Y como dijo que seguramente terminarían apaleándote, decidimos venir a ayudarte –explicó con un cinismo propio de Kuroko Tetsuya.
—¡De ti es de quien menos necesito ayuda, Tetsu idiota! Dudo que sepas pelear…A este paso terminaré cubriéndote el culo a ti -¿por qué se complicaban las cosas para él conforme pasaba el tiempo? La paciencia simplemente se le había agotado.
—¿Quién dijo que vamos a pelear, idiota? –allí estaba el otro tonto que le sacaba de sus casillas, tomando el balón-. Nunca es tarde para jugar un poco de basquetbol.
—¡Tú también! –le gritó el moreno a todo pulmón.
—Sólo cállate y juguemos –le sonrió de lado a lado. La idea era estúpida pero podría funcionar.
¿Es que se pensó que una pelea podía transitar semejante sendero?¿Es que habían perdido cualquier sentido común y preferían ponerse a jugar en un momento como ése o es que tenían un plan entre manos que sólo requirió un intercambio de miradas para ponerlo en marcha?
Cada uno de esos jugadores era rápido y a la vez, eran muy diestros para escabullirse en cuanto sentían que deseaban acorralarles para depositar una buena cantidad de golpes sobre ellos. Y tampoco negaban que algo extraño estaba ocurriendo, después de todo, prácticamente de la nada aquellos rápidos y enérgicos pases se estrellaban de lleno contra las áreas más blandas de sus cuerpos, concluyendo en una visita sin paradas al suelo.
No es como si aquel agresor se esperara que cada uno de sus subordinados cayera uno tras otro mientras recibía semejantes impactos desde direcciones aparentemente al azar. Además, ¿quién se supone que se encontraba haciendo algo como eso? Hasta donde sus ojos lograban contemplar ese par de altos chicos lo único que habían estado haciendo hasta el momento era pasarse ocasionalmente el balón y enfocar la atención de aquellos pandilleros en ellos.
Ellos les habían tendido una trampa, una que había contado con un elemento sorpresa que no pudo ser notado hasta el final de aquel frenético encuentro donde los únicos que permanecían de pie eran esos dos hombres. ¿Y desde cuándo se supone que había un tercero?
—¡¿Pero cómo han logrado algo como esto?! ¡Les superaban en número!¡Y lo único que han estado haciendo es jugar ese estúpido basquetbol! –enfado, odio, frustración, deseos de venganza, eran los sentimientos que le revolvían el estómago, le calentaban la cabeza y le hacían hervir la sangre, llevándole a dejar su preciado estado de cordura en la basura. El simple hecho de que las cosas no salieran como él deseaba había sido el detonante perfecto para quebrar sus estribos-. ¡Vas a pagármela, Aomine Daiki!¡No creas que esto es todo lo que tengo!
—…Creo que esto es mucho más patético de lo que esperaba. Hay personas que jamás entenderán con palabras, por lo que hay veces en que darles un buen golpe les ayuda a reacomodar sus ideas…
—¡¿Quién demonios está allí?!
Esa noche había cometido dos graves errores. El primero, pensar que nadie vendría a ayudar a Aomine, porque lo conocía de antemano y sabía que no era esa clase de personas que le gusta clamar por ayuda. Segundo, voltear sin siquiera considerarlo hacia el interlocutor que se dirigió hacia su persona desde atrás, sin siquiera haberle notado.
No tuvo oportunidad de siquiera esquivar o bloquearle. Lo único que pudo hacer, fue experimentar de lleno aquel funesto y bien direccionado golpe. Uno que impactó de lleno contra su rostro, causándole algo más que un boleto directo contra el asfalto.
¿A dónde se había ido sus agallas ahora?¿Por qué gimoteaba como un niño pequeño ante lo que se había ganado a pulso?¿Es que no estaba mentalizado en que pudiera ocurrir algo como eso?
El dolor le resultaba insoportable y el tener que tragar aquella bocanada de sangre no estaba haciéndole mejor la noche.
—…De donde yo vengo, los problemas personales los arreglamos uno contra uno y no hacemos uso de artimañas tan bajas como las tuyas, chico –mencionó con una peligrosa tranquilidad-. ¿Ahora serías amable de contestarnos un par de preguntas?
—¡¿Quién demonios eres tú?! –se puso de pie en un solo impulso, movido por la furia y ese amargo de sentimiento de burla. Él iba a pagar por su osadía de un modo u otro.
—Creo que deberías replantearte lo que estás a punto de hacer. A diferencia de esos chicos de allí, yo sé pelear muy bien –le sonrió con descaro. Esto simplemente le provocó aún más.
De nada le servía el portar aquel objeto cuando a quien tenía como enemigo sabía apañárselas tanto para evadirla como para arrojarla lejos de su dominio. Creyó que sólo estaba fanfarroneando descaradamente, pero las cosas no eran así de simples.
Le faltaba el aire y le dolía terriblemente aquella área denominada como mesogastrio. Pero no era para poco, no cuando aquel puño izquierdo había ido a dar a una zona tan frágil con una vehemencia abrumadora.
Nuevamente se encontraba sobre el suelo, intentando inútilmente ponerse de pie.
—No vuelvas a decirle pequeñejo o te hará algo peor que a ese tipo…-mencionaba el moreno, viendo de reojo a Taiga.
—¿No se te pasó un poco la mano…Marko? –preguntó con cierto nerviosismo el pelirrojo.
—¿A qué te refiere? Si ni siquiera le hice la gran cosa, Taiga –se quejó.
—La violencia no es la solución de los problemas.
—Tetsu, te encargaste de mandar al suelo a todos esos chicos haciendo uso tu poderoso pase. No eres la persona indicada para decir algo como eso en este momento –recriminaba el peli azul. Todos allí le apoyaban.
—Yo sólo hice mis pases usuales. No había nada diferentes en ellos –mencionó con inocencia pura. Prácticamente le cubría un aura angelical.
—¡Él es un maldito monstruo…! –pensaron los tres, sin excepción.
—¿Qué demonios hace él aquí, Bakagami? –señaló con vileza el peli azul al italiano.
—Vino de visita hoy, por lo que estaba con nosotros cuando nos llamaste para preguntarnos sobre si habíamos visto a Satsuki.
—Les dije que no vinieran, idiotas –refunfuñó.
—Pero si no hubiéramos venido, seguramente hubieras terminado en malas condiciones para ir por Satsuki-kun –mencionaba Marko, mirándole detenidamente-. Sé que Axelle también está en problemas, porque no responde al teléfono, de manera que me meteré en esta asunto, quieras o no.
—Supongo que no hay manera de hacerte desistir, idiota –sonrió socarrón.
—¿Alguna idea de dónde empecemos a buscar? –cuestionó con la voz de la razón, Tetsu.
—¿Por qué no se lo preguntamos a él directamente? –dijo con vileza el castaño, señalando al lastimado chico.
—¡No pienso decirles absolutamente nada! –vociferó.
—Siempre hay modos de obtener información. Creo que es un buen momento para poner a prueba el método increíblemente efectivo que mi padre utilizaba para sacarnos la verdad a mis hermanos y a mí –sonrió ampliamente, con una inocencia aterradora-. Lo haremos al estilo de los italianos, chico.
Hacía ya un par de minutos que aquel chico se había ido, llevándose consigo al encapuchado muchacho para sacarle algunas respuestas. Por lo que aprovecharon aquel tiempo para encargarse de aquellos chicos y que no se convirtieran en un verdadero dolor de cabeza; era cuestión de intimidarles un poco para que salieran corriendo del lugar como niñitas lloronas.
—¿Ya se está demorando demasiado, no?
—Sólo han pasado cinco minutos, Aomine-kun.
—Despreocúpate. A dónde sea que nos manden, llegaremos rápido –aseguraba el pelirrojo con autosuficiencia.
—Idiota, pasan de las once y ya no está en funcionamiento el metro –mencionó lo obvio.
—Ya tenemos eso solucionado, Aomine-kun.
—Bueno chicos, les tengo buenas y malas noticias –mencionaba el castaño mientras descendía de aquella larga escalinata que conducía al gran templo.
—¿Cuáles son? –preguntó con preocupación Taiga.
—La buena es que ya sé en dónde está Satsuki-kun. La mala es que no sé llegar allí, así que espero que uno de ustedes tres tenga un buen sentido de la orientación.
—¿En dónde la tienen? –ahora era el moreno quien hacía las preguntas.
—En Kabukicho –respondió. Los tres simplemente guardaron silencio, mirándose entre sí. Conocían la mala fama que ese distrito poseía.
—Nosotros nos encargaremos de indicarte por dónde ir, Marko-kun.
Tras abandonar el templo, se dirigieron hacia la estación. Al parecer aquel grupo de chicos poseía un modo de desplazarse y poder así llegar a su nuevo destino antes de que alguna otra cosa sucediera.
Había una gran cantidad de autos estacionados cerca de la zona. Estaba claro hacia dónde se dirigía la cosa.
—Bakagami, no sabía que tenías coche –mencionó Aomine, intentando saber cuál era el coche del pelirrojo. Seguramente se trataba de aquel pequeño volkswagen sedán color amarillo patito.
—¡Yo no tengo coche, idiota! –estaba enfadado porque le quedó más que claro que él pensaba que de tener un coche, seguramente sería ese pequeño vocho de color llamativo.
—No quiero presionarlos, pero tenemos que irnos de inmediato –ese era Marko llamando a ese grupo de desatendidos chicos.
Aomine no sabía si odiar al castaño o querer ser su mejor amigo de ahora en adelante. Es que sus predicciones sobre el coche que les sacaría de aquel sitio, habían estado demasiado lejanas de la realidad.
A pocos metros de donde se encontraban permanecía ya en marcha aquel nada despreciable y flameante Lexus LFA de tono carmesí; sencillamente era una belleza aquel automóvil súper deportivo y que llamaba la atención de cualquiera, incluso cuando era un modelo bastante anterior.
—¿De dónde demonios has sacado algo como esto, Turletti? –cuestionaba el moreno mientras subía atrás junto con Kagami. Tetsuya se había apropiado del asiento del copiloto.
—Digamos que fue algo así como mi regalo de cumpleaños anticipado –mencionó con cierta burla, a la vez que encendía aquel pequeño monstruo de carreras-. Mi padre consideró que necesitaba un coche en el cual moverme estando aquí, por lo que me lo compró en estos días, aprovechando que debía venir a Shinjuku a cerrar un importante contrato de negocios.
Nadie podría quejarse de trasportarse en un auto capaz de alcanzar velocidades tan aterradoras de un momento a otro. Tampoco es como si poseyeran todo el tiempo del mundo.
—Por favor, gira en la siguiente avenida, Marko-kun.
—Olvidaba que tu padre era dueño de una larga cadena de hoteles –mencionó Taiga-. Aunque te ha dado un juguete bastante caro.
—Él es un amante de los coches deportivos, por esa razón me dio esto. Yo quería una motocicleta, pero se negó rotundamente. Dice que no quiere que me estrelle o un coche me mande a volar lejos –explicaba sin despegar su atención de lo que tenía frente. Agradecía el prácticamente nulo tráfico que existía.
—No dudo que algo como eso pase, viendo lo impulsivo que eres –se burlaba el moreno.
—Por algo me mandaron un año entero a un reformatorio –soltó Taiga sin aviso y con cierta ironía.
—¿Qué demonios fue lo que hiciste? –Taiga simplemente suspiró ante la curiosidad de Aomine.
—Solamente mandé a cinco tipos al hospital –confesó con tranquilidad-. No fue nada grave en realidad, un par de narices rotas y algunos dientes perdidos, y claro, sus orgullos hechos añicos. Creyeron gracioso emborrachar a un grupo de chicas e intentar sobrepasarse con ellas; pero su jueguito les salió bastante caro –una sonrisa se asomó en sus labios. El moreno simplemente compartió el gesto-. Gracias a que el padre de Axelle me ayudó, ellos pagaron una linda condena y yo sólo tuve que ir a ese sitio durante un año.
—Creía que su padre sólo producía vinos y ya.
—En realidad su padre es abogado, pero no es uno que ejerza la profesión de manera constante. Es algo como que opcional, ya que se encarga más de producir vinos y ese tipo de cosas. Aunque es el abogado legal de mi padre y de los de Hadrien y Leo.
—Por cierto, ¿cómo lograste que ese hombre te soltará la información sin problema alguno?
—Digamos que se pueden hacer muchas cosas con un simple alfiler –respondió-. Y no debemos preocuparnos de que haga algo indebido, como avisarle a sus compañeros que las cosas no le salieron como quería.
—¡¿Qué has hecho esta vez?! –le interrogaba Taiga, imaginándose lo peor.
—Le he quitado su celular –expresó, mostrándoles el susodicho teléfono-. Y lo dejé contemplando el templo desde una excelente vista. El tiempo que demoré fue en lo que buscaba algo con que amarrarlo para colgarlo de ese enorme árbol.
—Sabes que me alegra mucho tenerte de amigo, ¿verdad Marko?
—¿Y cómo demonios haces a alguien claudicar con un alfiler? –Aomine estaba más intrigado por esa parte más que nada.
—Es un secreto familiar, pero quizás se los cuente después. Es súper efectivo. Ahora aceleremos un poco o no llegaremos, por lo que les sugiero que se abrochen muy bien sus cinturones –advirtió divertidamente. A sus pasajeros no les causaba ni la más mínima gracia sentir aquella aceleración recién alcanzada.
Había estado observando la situación desde un área segura por más de un par de horas; encargándose de que nadie indeseable colocara su mirada en ella, por lo que mantener un perfil bajo era de suma importancia; no sería bueno si alguien indeseado lograra identificarle o los problemas irían por partida doble.
Había renunciado a sus vestimentas, adquiriendo algo que le sirviera de mejor manera para la situación que enfrentaba en ese preciso instante.
Tennis cómodos, pantalones verde militar sueltos con numerosos bolsillos a los lados y aquella amplia sudadera negra de gorra, eran ahora su actual vestimenta. Ya no quedaba señales de su llamativo tono de cabello gracias a aquel gorro, mismo que quedaba oprimido por su gorra. La idea era mantener oculto su rostro sin importar qué.
—A buena hora tenía que descargarse mi celular…Tsk...No sé si decir que tengo mala suerte o me he relacionado con las personas incorrectas. Sólo sé que desde que conocí a los amigos de Riko, mi tranquila vida se ha ido al traste. No es que me queje, pero creo que estas emociones van a matarme pronto.
Durante ese tiempo de observación se había percatado de que el lugar al que habían llevado a la peli rosa en algún momento había sido un espacioso bar; uno que parecía haber sido clausurado hace un tiempo ya por no cumplir con las normas sanitarias establecidas; las largas cintas amarillentas que se encontraban bloqueando la entrada principal lucían descoloridas por el paso del tiempo y las inclemencias climáticas.
Poseía dos entradas además de la puerta principal. Una que daba hacia un angosto callejón que conectaba hacia la parte posterior con una calle poco transitada; y misma que había sido empleada para llevar a la chica hacia semejante sitio. La otra daba directo hacia dicha calle y podía ser entendida como un garaje no usado en mucho tiempo.
El segundo piso era más una azotea que cualquier otra cosa, pero contaba con una puerta que conducía a los propietarios hacia aquella abandonada zona donde habían apilado un sin número de cajas y basura inservible.
—Supongo que es ahora o nunca…-podía sentir cómo su corazón se aceleraba ante la sola idea y seguramente sus nervios no demorarían en aflorar. Sin embargo, si se acobardaba ahora se lamentaría al poco tiempo. Y sólo habría que recordar aquel desagradable acontecimiento para olvidarse de aquel prematuro miedo.
Aspiró hondamente e inició su acercamiento, lento pero constante, valiéndose de los diferentes accesos con los que gozaba para ver cuál era el que más le convenía.
Estaba claro que acceder de una forma tan directa sería su perdición completamente. La respuesta era clara, debía llegar a aquella segunda planta, usando la oscuridad e intimidad del angosto callejón para no ser vista y detenida.
Fue en ese momento en que agradeció los entrenamientos espartanos de Riko y que por muchos años haya tenido la necesidad de escalar todo lo que estuviera frente suyo para escapar tanto de los magistrales castigos de su madre como de los niños que no soportaban sus bromitas y le correteaban con la intención de ponerle en su sitio.
—Vaya que este sitio es un verdadero basurero –moverse entre la penumbra y la luz que ese barrio rojo le ofrecía, era la única opción que le quedaba. Si encendía alguna luz le verían.
No le sorprendía que la puerta estuviera cerrada, ya que era hasta cierto punto, predecible. Pero no estaba tan segura de que pudiera hacerla ceder no por falta de mañas o experiencia, sino más bien porque se encontraba demasiado oxidada y maltratada.
Miró en todas direcciones en busca de algo que pudiera llevarse consigo y lo único que halló fue algo parecido a un maltratado bat de madera. Ya le serviría de algo.
—Y mi madre decía que nunca iba a servirme de nada saber abrir una cerradura con un clip –pensó con enorme satisfacción. Ya había sacado aquel objeto de la bolsa de su sudadera, extendiéndolo cuidadosamente para que su superficie fuera perfecta-. Una puerta no va a poder más que yo –le dobló, formando un pequeño lazo para que entrara fácilmente en el agujero de la cerradura, teniendo que verse en la necesidad de ajustar el lazo un par de veces más antes de lograr el tamaño adecuado-. ¡Listo!
Abrió con lentitud, intentando hacer el menor ruido posible y a la vez esforzándose por observar lo que podría estarle aguardando en el interior. No se relajó hasta que logró entrar por completo, dejando entre cerrada la puerta.
Esa planta servía de ático, uno que no había sido limpiado en largo tiempo. Podía apreciarse sin demasiado esfuerzo aquellos muebles protegidos del polvo por gruesas mantas y al mismo tiempo, se daba cuenta de que la puerta se encontraba a escasa distancia de ella.
Se pegó a ella, posando su oreja justo sobre la zona. Quería escuchar atentamente lo que se suscitaba en la planta de abajo; no obstante, sus esfuerzos fueron en vano. Todo estaba demasiado silencioso, que era terriblemente sospechoso.
No pudo evitar sobresaltarse cuando se percató de que esa puerta no poseía seguro alguno. Eso dejaba en claro que accedían a esa zona de forma ocasional.
Solamente tenía una elección.
—Es demasiado riesgoso, pero no me están dando más elección.
Empezó a bajar escalón por escalón con el más grande de los sigilos, manteniendo sus oídos atentos a cualquier ruido que pudiera estar fuera de lugar. Y gracias a esa simple precaución, logró detener su avance en el mejor de los momentos.
En la planta no había solo una persona, sino dos. Al menos la diferencia en el timbre de voz era lo que le indicaba. Rogaba porque fueran los únicos dentro de ese abandonado lugar.
—¿Ya ha llamado Okura?
—Ha mandado un mensaje de que todo ha salido a pedir de boca. Simplemente ese idiota no se lo estaba esperando –mencionaba el otro.
—Debes de estar feliz de que al fin has logrado tener la oportunidad de conocerla, ¿no es así?
—Esperen un momento…esa es la voz de una mujer…Entonces, quien se encargó de traer a Satsuki hasta aquí, debe ser el otro…
—Ella es tan dulce y amable como siempre. Simplemente soy feliz con verla y poder hablarle un poco.
—Ahora podrán hablar todo el tiempo que quieran, ya que ahora están juntos –expresó con enorme candor.
—Sé que pronto tú también podrás tener esa misma felicidad –dijo, convencido de que pronto su compañera podría experimentar ese mismo regocijo.
—Mi felicidad dista un poco de la tuya, pero me encargaré de saborear cada momento, por más pequeño que éste sea.
—Por alguna razón…su voz…se me hace conocida…Aunque por el momento no se me ocurre nadie en concreto…Si salieran durante unos minutos estaría muy agradecida.
—Iré a encontrarme con Okura. Hay cosas que quiero tratar con él, porque requeriré de su colaboración. Así que encárgate de mantener las cosas en orden por aquí, ¿entendido?
—Entendido.
—En cuanto acabe mis asuntos con Okura vendremos por ti, por lo que prepara todo para que podamos irnos sin problema alguno.
—¡Por supuesto!
—¿…"Vendremos"…?¿Hará referencia a ella y ese tal Okura?¿O es que se trata de alguien más? Lo único que sé es que quiero que se largue para poder sacar a Satsuki de aquí antes de que esa loca vuelva con compañía indeseable.
Aquel tan ansiado ruido se hizo presente. La cómplice de aquel desequilibrado chico había abandonado la casa habitación desde la salida lateral, esa que llevaba al angosto callejón. Pero todavía no podía actuar, debía aguardar un poco más de tiempo o podría percatarse de que había visitas indeseables.
Nunca antes los minutos se le fueron tan lentos y estresantes como en ese preciso momento. Sabía lo que tenía que hacer, pero, ¿tenía el valor para realizar algo como eso?¿Y si estando frente a frente con aquel secuestrador el miedo le podía más, dejándole completamente paralizada?
Era normal que una parte de ella estuviera aterrada, con el corazón queriéndosele salir del pecho, porque al final, ¿que ser humano no teme ante lo desconocido, ante eso que atenta directamente contra tu vida? Y al mismo tiempo, sabía que no tenía mejor oportunidad que ésa.
Le decisión era fácil de tomar pero difícil de mantener.
—Tengo que hacer esto o a saber a dónde llevarán a Satsuki…No sé por qué me empiezo a acobardar ahora cuando la situación que enfrenté anteriormente lucía menos agradable que ésta. Vamos Axelle, tenemos que hacerlo, no podemos simplemente agregar un arrepentimiento más a la lista…
Aquel ruido fue desconcertante para el chico, ya que se supone que se encontraba completamente a solas con su custodiada, ¿entonces quién se encontraba haciendo semejante jaleo?¿Y por qué todo venía desde arriba, desde aquella zona que se encontraba a su parecer abandonada sin ni una alma en ella?
Mientras subía pensaba en que tal vez se trataba de gatos callejeros, muchas veces lograban escurrirse hacia aquella zona. Sin embargo, recordó que él se había encargado de cerrar la puerta y ventanas de arriba para impedir que algo como eso sucediera esa noche.
Todo apuntaba a un polizonte demasiado curioso.
—Por tu bien, será mejor que salgas ahora…-amenazó con amabilidad en el instante en que se adentró en aquella solitaria y oscura zona. La luz proveniente de la sección inferior delineaba su silueta sin problema alguno.
—…Lo siento, pero las personas con tu patología no son nada agradables cuando sacan su lado psicópata en el momento en que las cosas no salen como deseaban…
—Buena chica…
La tenía, a escasa distancia de él podía apreciar su figura sin problema alguno. Sabía en dónde atestar el golpe para tumbar a la inoportuna visita que intentaba arruinarle su brillante plan.
Un golpe seco, directo y habría de llevarle contra el suelo. Ahora solamente tendría que encararse de ella para que no le causará muchos más problemas.
