Capítulo 14
Sherlock no durmió durante el resto de la noche. Había muchas razones por las que no lo hizo pero la primordial era el deseo de observar dormir a John y ser el primero en saber cuándo salía el sol. El clamoroso ritmo de su síndrome de abstinencia se había calmado, aliviado, retirándose, mientras su cuerpo luchaba por abrirse camino para volver a ponerse bajo su control, Sherlock estaba agradecido. Por ahora. Estaba seguro de que la próxima vez en la que la oportunidad se presentase, demasiado aburrimiento, sin casos nuevos, el tedio, la monotonía- querría volver a la cocaína. Después de que el fresco horror de estar con el mono desapareciese, Sherlock estaba seguro de que la oportunidad le parecería atractiva. Decidió pensar en eso más tarde.
Estaba de vuelta en la calle Baker y John estaba en su cama. Era casi perfecto- lo sería si John estuviese despierto. Sherlock tamborileó sus dedos en la cama mientras esperaba. La tentación de despertar ahora a John era muy fuerte, pero tenía la idea de que si despertaba a John antes del amanecer, John estaría un poco enfadado y sería un 75% más propenso a rechazar sus insinuaciones. Podía esperar.
Cuando los primeros rayos del sol naciente empezaron a deslizarse por debajo de las cortinas de la habitación, Sherlock cerró la pequeña distancia entre él y John y acarició su mejilla. John se movió bajo su toque y Sherlock esperó a que despertase… y esperó. Soltando un impaciente suspiro, Sherlock se inclinó, con cuidado, y le besó el cuello, fascinantemente cubierto de áspera barba incipiente, y por donde pasó su lengua hasta la oreja, cuyo lóbulo metió en su boca y chupó. John hizo un ruido bajo en su pecho y arqueó un poco la espalda y… siguió durmiendo. Poniendo los ojos en blanco, Sherlock mordió- fuerte.
John gritó cuando se despertó del todo y se giró para mirar acusadoramente a Sherlock, quien parecía locamente satisfecho consigo mismo.
-Oh, bien, estás despierto-. Dijo Sherlock, inclinándose hacia delante con rapidez, cogiendo la cara de John y besándole. John intentó darse la vuelta -su oreja tenía un ligero dolor punzante y él había estado teniendo un sueño bastante bueno- pero Sherlock apretó su agarre sobre la cara de John y se giró para quedarse encima de John, pegado a él desde el pecho hasta los pies… y John se perdió.
Besó a Sherlock, enredando sus dedos en el pelo rizado y apretando su boca contra la de Sherlock, negándose a que el detective se soltase. A Sherlock no parecía importarle mientras empezaba su lento movimiento de la noche anterior contra la cadera de John, entregando sus labios a John para que hiciera lo que quisiera. John gimió mientras movía sus labios sobre los de Sherlock. Parecía que había estado soñando que besaba a Sherlock de esta manera durante años. Cerró el puño en la camiseta del pijama de Sherlock y tiró hacia arriba de ella, resultando en una pequeña pelea entre los dos, pero al final John ganó y la camiseta aterrizó lejos de la cama. Solo tuvo el más breve de los vistazos a la bella y blanca piel que había sobre él antes de que Sherlock reclamara sus labios, mordiendo con más fuerza de la necesaria pero causando que John se arqueara contra él, deliciosos escalofríos bajando por su espalda.
-¿T-todavía -¡Oh, joder, Sherlock, no tan fuerte!- te sientes igual entonces?
-Cállate, John-. Fue la rápida respuesta, que a John le sonaba mucho más caliente cuando Sherlock estaba sin aliento y apretándose contra su cuerpo.
John gruñó y, cogiendo a Sherlock por la mitad, dieron la vuelta, queriendo estar encima. La postura había sido inimaginablemente excitante la noche anterior y John deseaba mucho volver a repetirla. Las sensaciones posteriores casi hacen que sus ojos se pusieran en blanco.
-Oh, joder-, gimió John, dejando que Sherlock tirase de él hacia abajo para darle otro intenso beso. Las manos de Sherlock se abrieron camino por debajo de la camiseta de John y pasó ligeramente sus uñas por la espalda de John, provocando un escalofrío en el hombre que estaba encima de él. John se desplomó contra Sherlock, cogiendo su peso en sus codos a cada lado de la cabeza de Sherlock, y se permitió devorarle la boca. Mordió los labios de Sherlock, chupando el daño antes de enredar su lengua con la de Sherlock y gemir en su boca.
Sherlock respondió con entusiasmo, continuando empujando hacia arriba y a lo que John respondía apretando hacia abajo, disfrutando del roce que sus cuerpos producían. Sherlock pasó sus uñas de nuevo por la espalda de John y luego agarró el trasero de John, deseándolo más y más cerca. Fue suficiente para volver loco a John.
-John, John, por favor-, Sherlock susurró erráticamente, temblando, y John se levantó con la intención de cumplir la agradable tarea de quitarle los pantalones a Sherlock.
Sherlock sintió que John se congelaba encima de él y abrió los ojos para ver a John mirando sus brazos con absoluta consternación. ¿Sus brazos? Maldiciendo, Sherlock se sentó bruscamente, mandando a John al suelo, cogiendo y poniéndose con rapidez su camisa, abrochándola con dedos temblorosos. Sabía lo que John había visto –los pinchazos, los numerosos pinchazos, algunos más recientes que otros, algunos tan descoloridos que casi no se distinguían de su piel, pero aun permaneciendo en ella. John sabría lo que había estado haciendo.
-Sherlock-. La voz de John era temerosa y Sherlock hizo una mueca al oírla pero no se dio la vuelta ni respondió.
-¡Sherlock!- enfadada ahora, el shock dando paso a la ira.
-¡No eres un loro John, deja de repetir mi nombre!- silencio a su espalda.
-¿Cuándo empezaste otra vez?- la voz sonaba perdida, cansada, asustada y resignada.
¿Dónde estaba la ira? Sherlock descubrió que se había sentido más cómodo con la ira de John. No le gustaba oír a su John sonando tan… derrotado por sus acciones.
Sherlock se encogió de hombros, su espalda rígida. –Cuando estuve fuera. ¿Qué importa, John?
-No volverás a consumir cocaína nunca, ¿me oyes, Sherlock?
La primera inclinación de Sherlock fue rebelarse, decirle a John que se metiera en sus propios asuntos y que consumiría tanta cocaína como quisiera- luego respaldar la amenaza con acciones. Si hubiera sido Mycroft el que se lo estuviera diciendo –ordenando- Sherlock habría hecho exactamente eso. Sherlock había hecho exactamente eso en el pasado. Sin embargo, este era John. Esto era diferente.
-¿O qué?- preguntó, sabiendo que estaba presionando a John pero incapaz de detener las palabras que salían de su boca. No quería alejar a John, enfadarle tanto que le dejase para siempre, pero era como ver un accidente de tren y no poder hacer nada al respecto.
Hubo silencio detrás de él. –O me iré, Sherlock. Dios me ayude, me iré. No me quedaré aquí y ver como poco a poco te vas destruyendo a ti mismo con algo… algo tan estúpidamente sin sentido. Te das cuenta de lo que la cocaína le hace a tu cuerpo ¿no? Eres inteligente, deberías saberlo.
-Tienes que hacer lo que creas que es mejor, John-. Respondió Sherlock, su voz fría y evasiva, aunque por dentro estaba entrando en pánico. ¿Qué estaba diciendo? ¿Por qué estaba diciendo esto? John estaba amenazando con dejarle y todo lo que Sherlock era capaz de hacer era animarle.
John maldijo y rodeó la cama, tan enfadado que no podía estar más tiempo con Sherlock en la misma habitación. De repente, todo era demasiado, el conocimiento de que hubiera estado vivo y le hubiera mentido, que hubiera consumido cocaína mientras no estaba. Simplemente era demasiado. John sabía que necesitaba alejarse de todo.
Cuando pasó, Sherlock cogió a John y le dio la vuelta, pero John se soltó y salió de su habitación, dando un portazo tras él.
La llamada a Mycroft no había ayudado. El cabrón había sabido que Sherlock estaba consumiendo otra vez y todo lo que había hecho era poner sus cámaras sobre Sherlock a la espera de lo jodidamente mejor. Alguna de las palabras que había gritado John en su enfado acabarían haciéndole encoger de la vergüenza pero en ese momento no le importó. Mycroft le había dado a entender que Lestrade también lo había sabido y John se sintió muy traicionado. ¿Por qué nadie se lo había dicho? ¿Cómo no podía haberlo visto? ¡Él era médico, joder! Debería haber visto los síntomas del síndrome de abstinencia en Sherlock, debería haberlos visto por lo que eran.
John salió del piso y empezó a caminar sin rumbo fijo. No había habido ruido en la habitación de Sherlock cuando salió y no había mirado atrás, así que no había visto las cortinas del salón moverse y una cabeza de pelo rizado asomarse para verle marchar. Se había preguntado si Sherlock ya había salido o si estaba echado en la cama en su postura de pensar. John se sacudió la tensión de sus hombros y alzó la cara hacia el débil sol de invierno.
Descubrió que sus pies le habían llevado hasta San Bart, y cuando miró hacia arriba, arriba, arriba a la azotea, se dio cuenta de que había estado pensando en esto todo el día. No había vuelto a venir aquí, ni una sola vez, después de que Sherlock "muriese." John se alegró de no haberlo hecho. Si hubiera visto a Molly, simpatizando con él y luego descubrir que durante todo ese tiempo ella lo había sabido- habría sido intolerable. Parecía que nada era lo que parecía. Sacudió la cabeza, su boca una fina línea y lentamente entró en el edificio.
-No he consumido desde que volví.
John saltó en la entrada al piso y encendió la luz para encontrarse con Sherlock acurrucado en su sillón, en bata, su mirada fija en John.
-Eso es… genial, Sherlock. Bueno saberlo-. John estaba sorprendido por cómo de cansada sonaba su voz y entró en la cocina. Había comenzado los preparativos para hacer té cuando Sherlock habló de nuevo.
-Tampoco consumí cuando te marchaste hoy.
John suspiró con alivio y bajó la cabeza, sus hombros encorvados con alivio. Había pensado eso, cuando estuvo de pie en la azotea de San Bart, mirando hacia abajo, asombrado por lo pequeño que parecía todo, que Sherlock probablemente consumiría mientras él no estaba. Era este pensamiento el que lo había atormentado. Mycroft no podía pararle, no si Sherlock realmente quería hacer algo. Era un juego entre ellos, Sherlock intentando ser más listo que Mycroft. Ya no era un juego divertido para John.
-No volveré a consumir, John.
-No es como apagar un interruptor, Sherlock. No puedes decidir un día no ser un adicto. No es como funciona.
-Todavía quiero cocaína, John-. Fue la irritada respuesta. –Solo que te deseo a ti más.
John abandonó su té y fue al salón y se hundió, con un pesado suspiro, en su sillón.
–Solo dime por qué, Sherlock. Solo… inténtalo y dime por qué empezaste a consumir otra vez. Puede que no lo entienda. Para ser honesto, probablemente no lo haga, igual que realmente no entiendo un montón de razones por las que haces las cosas que haces-. John se pasó las manos por la cara. –Aunque lo intentaré.
Sherlock frunció el ceño. –Odiaba matar gente, hacerles cosas horribles. Empecé a consumir para ayudarme a superar eso. Funcionó, morían, yo estaba bien. Ahí tienes tu respuesta-. Dijo todo esto muy rápidamente pero John captó cada palabra. Les dio la vuelta en su cabeza una vez y otra vez, leyó entre las líneas de lo que Sherlock había dicho, y lo que no había dicho, y llegó a sus propias respuestas. Asintió.
-¿Té?- preguntó, levantándose y volviendo a la cocina.
Hubo silencio en el salón, así que John hizo dos tazas igualmente y las cogió. Cuando le dio a Sherlock la suya, sus dedos se acariciaron y Sherlock miró a los ojos de John, buscando, intentando deducir su próximo movimiento.
-¿Te quedarás?- preguntó al final.
-¿Consumirás cocaína otra vez?
-No.
-Entonces sí.
