Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TU VENGANZA, MI PENITENCIA.
CAPÍTULO 13
El resto de su almuerzo lo vivió como en trance.
Alice y Rosalie hablaron sobre la chica que iban a emparejar con Edward.
Preciosa, había trabajado como modelo para pagarse una carrera de médico e iba a instalarse en Forks y trabajar en el hospital del pueblo.
Recién divorciada, guapa, simpática y cariñosa. La chica que Edward necesitaba, dijeron.
Una chica a la que no odia, pensó Bella, que acabó su comida mucho antes de lo esperado y se despidió de las chicas aduciendo tener algunas tareas que preparar para sus alumnos.
No pudo evitar encerrarse en el baño de profesores y llorar en silencio hasta que sintió que podía enfrentar unas largas horas de trabajo más antes de marcharse a su casa y encerrarse durante un fin de semana completo intentando superar el dolor de la traición que esa mañana Edward le había infligido sin saberlo.
Después de la noche que habían compartido ella había estado segura de que su relación había cambiado, pero, una vez más, se había equivocado y el dolor que sentía era el que había llevado meses esperando.
Edward no se sentía en absoluto de ánimos para esa especie de cita a ciegas que sus amigos habían organizado, pero, aun así, se preparó para una larga noche intentando que tanto Rosalie como Alice comprendieran que no estaba interesado en iniciar una relación sentimental, con la recientemente divorciada prima de Rose que Emmett aseguraba, estaba como un tren.
De cualquier forma, lo que más le ilusionaba era el día de pesca que tenía planeado para el día siguiente con su padre y su hijo, y para llegar a él debía atravesar esa noche, intentando no irse a dormir muy tarde.
La noche anterior no había dormido más que un par de horas, y se sentía exhausto, pero nada lo haría arrepentirse de las horas que había pasado haciéndole el amor a Bella Swan.
Ni siquiera después de un día entero, podía comprender lo que había sucedido la noche anterior. Y no era solamente que se hubiera permitido despertar con Bella, y en su cama, sino que después de tantos meses, había reconocido que no era solo por el desahogo físico que la había llamado.
Durante meses se había dicho y repetido que la relación que mantenía con Bella era algo frío y puramente sexual, pero la noche anterior había sucedido algo y él aún no sabía explicarlo.
Y allí, sentado en su Volvo en la entrada de la casa de los McCarthy, no podía dejar de darle vueltas a lo sucedido, ni a lo que iba a enfrentarse cuando entrara en la casa y le reconociera a Emmett que no quería llegar a nada con la prima de Rose, hasta tanto no tuviera una idea de a dónde iban sus sentimientos por Bella.
—Al fin llegas —le saludó Emmett en cuanto abrió la puerta.
—Se me ha hecho un poco tarde.
—No te preocupes. Ven, entra, estábamos tomando una copa antes de salir hacia el restaurante —explicó el hombre haciéndole pasar al salón donde estaban sus amigos, además de una preciosa rubia que le observó con una sonrisa apreciativa.
—Hola, Edward —le saludó Rosalie dando un paso hacia él —Ven, voy a presentarte a Tanya, mi prima —dijo tirando de su brazo hacia la joven doctora. —Tanya, él es Edward, Edward, esta es Tanya, desde luego —sonrió su amiga.
—Encantada —dijo la joven con una voz melodiosa a la vez que estiraba la mano hacia él.
—El placer es mío —coincidió él reconociendo que sus amigos no se habían equivocado al cantarle todas las cualidades de la chica.
Ocuparon los coches por parejas para ir al restaurante y, aunque Edward hubiese querido poder ofrecerle a la joven un coche más nuevo o de una gama más alta, se sintió complacido de que ella no mostrara el menor indicio de descrédito al subir al Volvo.
El viaje hasta The Lodge no era largo, pero les dio tiempo suficiente para hablar un poco sobre el pueblo y lo que la chica esperaba al instalarse allí.
La cena fue divertida y no pudo negar habérselo pasado estupendamente con sus amigos y la joven que acababa de conocer.
Cuando Alice sugirió ir por unas copas al Eclipse, Edward se sentía cómodo y distendido.
Ya en el pub, mientras Alice, Jasper, Rosalie y Emmett se alejaban de ellos para una partida de billar, él y Tanya se sentaron en un reservado dispuestos a conocerse mejor.
—Me ha dicho Rose que estás divorciado.
—Sí, gracias a Dios —suspiró ganándose una sonrisa comprensiva de parte de la joven.
—¿Cuánto llevas divorciado?
—Casi cinco años. Mi hijo apenas había cumplido un año.
—¿Y él se quedó contigo?
—Sí, Victoria digamos que me lo vendió —explicó volviendo una vez más a sentirse furioso con su ex mujer.
Nunca le había dicho a su hijo que su madre le había cambiado por un puñado de dólares y estaba decidido a no dejarle saber nunca lo poco que le había importado a la zorra de su ex mujer, pero sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que Tyler comenzara a preguntar por su madre.
Siempre había pensado que hubiese querido tener una madre sustituta para Tyler, cuando llegara ese momento, pero sin dudas el momento se acercaba y él aún no había encontrado a esa mujer.
Cuando observó a la joven rubia que le explicaba lo inconcebible que le parecía la actitud de Victoria, para pasar a contarle cuánto había deseado ella misma ser madre, pensó que tal vez en ella pudiera encontrar a la mujer que Tyler necesitaba.
Mientras Tanya le explicaba que su ex marido se había negado a darle un hijo tan vehementemente hasta el punto de llegar a realizarse una vasectomía, Edward intentaba imaginarse haciéndole el amor a esa chica y engendrando un hijo con ella.
Un hermanito para Tyler, una madre para sus hijos y una mujer para sí mismo.
Sabía con certeza que esa joven podría ser la respuesta a todas sus necesidades. Una mujer joven, inteligente, atractiva y exitosa.
Todo lo que cualquier hombre podría soñar.
Lo sabía y por si no fuera suficiente con su apreciación, sus mejores amigos también lo pensaban.
Pero, aun así, él era incapaz de imaginarse enredado con su cuerpo desnudo.
Ya entrada la madrugada, Edward condujo su coche hasta el edificio donde vivía Tanya desde hacía tan solo cinco días.
Había sido una noche realmente agradable y Tanya había resultado una más que grata compañía, aunque Edward debiera reconocer que no estaba interesado en la chica, de la forma en que sus amigos habían esperado que lo estuviera.
—¿Y qué suele hacer la gente en Forks los fines de semana? Ya sabes, para divertirse —investigó la chica cuando detuvo el coche ante el portal.
—Vaya, ésa es una interesante pregunta para hacerme a mí —explicó algo disperso.
—¿Por qué?
—Porque no tengo idea lo que hace la gente —explicó —Como te imaginarás, un padre soltero de un niño de cinco no suele hacer muchas de las cosas que seguramente podría hacer una chica como tú.
Tanya sonrió.
—¿Y qué suele hacer un padre soltero de un niño de cinco, los fines de semana en Forks? —insistió poco dispuesta a dejarle escapar.
Fue su turno de sonreír antes de contestar.
—Mañana tenemos planeado un día de pesca para las tres generaciones Cullen.
—Vaya, qué divertido. ¿Soléis ir a pescar a menudo?
—Un poco, sí. En general mi padre va a menudo y se lleva a Tyler con él, pero yo les acompaño cuando puedo librarme del trabajo.
—¡Qué divertido! —aseguró la chica —Me encantaría ir a pescar —dijo poniéndolo en un claro compromiso.
—¿Te gustaría acompañarnos? —le invitó, porque supo que no podía hacer nada más sin parecer un terrible maleducado y antisocial.
—Me encantaría —aseguró ella como era previsible.
—De acuerdo, saldremos temprano, así que, si te parece bien, te recogeremos sobre las ocho.
—Me parece fantástico —aceptó ella y se inclinó hacia él para besar su mejilla antes de abandonar el coche y entrar en su portal.
Edward condujo hasta su casa sintiéndose extraño y confundido.
Le había gustado Tanya, sin dudas la chica tenía absolutamente todo para ello, pero él sabía que lo normal y esperado hubiese sido que se hubiese sentido tan encantado con ella como para besarla, antes de despedirse y haber podido asegurarse una cita con ella a solas, como los dos adultos jóvenes, solteros y sin compromisos que eran.
Pero él no había tenido el menor interés en verla de esa forma y aun sabiéndola con certeza, aunque poco dispuesto a reconocerla, la razón estuvo más que clara cuando se metió en la cama.
Al apoyar la cabeza sobre la almohada, el perfume que Bella había dejado impregnado en ella la noche anterior, lo obligó a reconocer que no quería estar con nadie más que con la maestra de su hijo.
El despertador repicó en su mesita de noche, mucho antes de lo que hubiese querido.
Se vistió con su gruesa chaqueta de invierno y salió de la casa.
Cruzando su patio trasero, entró al patio de su padre y de allí, por la puerta de la cocina a la casa familiar.
Carlisle trajinaba preparando los aparejos, anzuelos y útiles necesarios para su día de pesca, mientras Tyler desayunaba sentado a la mesa de la cocina, un enorme cuenco de cereales de colores con leche.
—¡Papi! —gritó el niño saltando de la mesa a los brazos de su padre que lo apretujó y besó con cariño.
—Buenos días, campeón.
—El abuelo dice que hace un día perfecto para pescar. —anunció con excitación el niño.
—Realmente lo hace —aceptó Edward volviendo a ubicar al niño en su silla —Acaba el desayuno, cariño. Buenos día, papá —saludó a su padre mientras se servía una taza de café y se aprestaba a ayudar a su padre a llenar la cesta con comida y bebida que les serviría de almuerzo.
—Buenos días, hijo. ¿Qué tal la cena de ayer con tus amigos?
—Bien, genial.
—¿Y la prima de Rose?
—Simpática —reconoció —Y divertida. De hecho, le he invitado a venir con nosotros hoy.
Carlisle se volteó a ver a su hijo y rápidamente una sonrisa curvó sus labios.
—¿A pescar?
—Sí.
—Si prefieres salir con ella a algún sitio menos rudo para una chica, Tyler y yo podemos ir a pescar sin ti —ofreció Carlisle deseoso de facilitarle a su hijo la oportunidad de conocer una buena chica que pudiese acabar convirtiéndose en una buena pareja e incluso madre para su pequeño nieto.
—De ninguna manera —sentenció rotundo. —Hoy los tres hombres Cullen nos vamos de pesca. De cualquier forma, fue de Tanya la idea de acompañarnos.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Tanya se veía preciosa aun bajo su enorme parka y gorra de lana rosa. Y resultó además una fantástica compañía.
Se llevó de maravillas con Tyler desde el primer momento, e incluso Carlisle cayó rápidamente bajo el embrujo de sus encantos.
En ningún momento se mostró remilgada o incómoda, sino que incluso se dejó guiar por Tyler para colocar un pequeño gusano en su anzuelo.
Carlisle observó satisfecho a su hijo, parado a espaldas de la chica y rodeándola con sus brazos para sostener la caña de pescar y ayudarla a recoger un enorme salmón, que había conseguido con lo que un Edward envidioso llamó suerte de principiante.
Ese día cenaron pescado en la casa de Carlisle y la chica se ofreció a cocinar para ellos al día siguiente y de esa forma acabaron, Edward y su hijo, pasando el domingo en el departamento de la chica, jugando juegos de mesa y viendo El rey León con palomitas.
Pero ese domingo, cuando Edward volvió a colarse bajo las mantas, el perfume de rosas y canela de Bella le invadió y se durmió ansiando que llegara la tarde del martes, para poder hundirse una vez más en el cuerpo de su amante.
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Y en mi perfil les dejo el link del tráiler que Maia Alcyone ha hecho para este fic.
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