Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de S. Meyer, yo sólo sueño y me divierto con ellos.

Hola amores, hoy voy corriendo que apenas tengo unos minutos para terminar de editarlo. En verano, ni modo que saque tiempo para estar delante del ordenador viviendo en una playa :P

Meli: La imagen chulísima, me ha encantado. Esto, junto a los rr, son los tesoros que la historia me va dejando. Ni te imaginas cuanto valoro estos detalles, ya que el hecho de que alguien dedique parte de su tiempo en hacer una imagen para mi historia, con lo que para mí supone el tiempo, es algo que me conmueve muchísimo. Muchísimas gracias preciosa. Te adoro.

Bueno, ahora sí, espero que os guste.

¡Disfrutadlo!


"Si me olvidaras"

XIV. Vivir en familia.

Cuando llegamos al coche me despedí de Marco dándole la dirección donde estaría y encomendándole el cuidado del apartamento.

Edward me sostuvo las muletas y me ayudó a entrar en el vehículo. En cuanto estuve en él, sentí de nuevo el embriagante aroma de su perfume. Sabía que debería odiarlo, sentir repursión por él, pero lo cierto era que no podía, su olor me envolvía como una excitante caricia a la que no podía y, sinceramente, no quería resistirme. Inhalé profundamente para colmarme de su olor antes de que él entrara y me acomodé esperando a que lo hiciera.

Su mirada se fijó en mí mientras se colocaba el cinturón de seguridad. Me ponía nerviosa. Aún cuando giré la cara para mirar por la ventanilla sabía que seguía haciéndolo. Dios, sentía que la cara me ardía, me estaba sonrojando ante su atrevimiento; un atrevimiento que me violentaba. No debería mirarme así. ¿Por qué lo hacía?

Por el rabillo del ojo podía ver que sus movimientos eran certeros y su mirada penetrante. Inmediatamente me recordó al imponente hombre que me esperaba en el hall del hotel, con toda esa seguridad y aplomo que me encendía y me excitaba como nunca nadie lo había hecho. Me estremecí. Mi piel se erizó ante el recuerdo de aquella noche, el recuerdo de sus caricias demandantes quemando mi piel. De su fiera boca devorándome con un hambre insaciable.

-¿Tienes frío? - de pronto su voz me sacó de la espiral de emociones que ese recuerdo me provocaba.

Lo miré sobresaltada -Qué..- conseguí balbucea aún atolondrada ante la magnitud de ese recuerdo.

- Se te ha erizado la piel. ¿Tienes frío? - Volvió a preguntarme, su mirada se veía realmente preocupada.

Dios, hasta él había notado la reacción de mi cuerpo - Ahh…sí, no…bueno un poco- contesté como mejor pude.

-Debe ser el efecto de la medicina. ¿Estás bien?

-Sí, no te preocupes, sólo estoy algo cansada.

Él mantuvo su mirada por un tiempo más en mí, como evaluándome, hasta que finalmente, asintiendo, arrancó. Dejé escapar casi un suspiro de alivio cuando oí que lo hacía y tratando que los latidos de mi corazón, que de pronto se había acelerado, volvieran a su ritmo normal, me acomodé para realizar el trayecto.

- ¿Queda muy lejos? - pregunté para romper el silencio que de nuevo se instaló entre nosotros.

- A media hora de aquí. ¿Por qué?… ¿te duele?.. - preguntó de nuevo con preocupación.

- Oh no, no.. - contesté rápidamente - sólo era curiosidad.

- Vivimos a las afuera de Seattle; a dos cuadras de la casa de Aro - me informó- ¿Te importa qué ponga música?

- No, claro que no - le contesté viendo como él pulsaba uno de los botones que activaba el equipo.

Una conocida melodía invadió todo el espacio - Claro de Luna… - susurré recordado lo mucho que le gustaba a mi madre esa pieza.

- ¿Conoces a Debussy? - me preguntó sorprendido.

Yo asentí mirando hacia la ventana dejando que la suave melodía me transportar a los días en los que vivía con mi madre - Era la favorita de mi madre …- contesté con añoranza…

- También es mi favorita - confesó él y yo no pude evitar mirarlo. Se veía concentrado en la carretera aunque de vez en cuando, se giraba a mirarme y me dedicaba una pequeña sonrisa.

Me quedé mirándolo por un largo rato mientras él conducía placidamente por la ciudad; la música convirtió el silencio, en uno cómodo y relajante. Me sentía bien a pesar de estar tan cerca de él, a diferencia de la vez anterior; estaba tan cómoda y relajada, que empecé a sentir como me pesaban los párpados…

De pronto sentí como mi cuerpo flotaba en el aire; la sensación de un brisa fresca golpeó mi piel haciéndome estremecer. Aún mantenía los ojos cerrados, no tenía la fuerza suficiente para abrirlos, sólo me dejé llevar por esa sensación de vaivén que me desplazaba a un lugar desconocido. Me acurruqué entre esa fuente de calor que me rodeaba y que me proporcionaba confort; a pesar de la confusión, esa familiar y sutil fragancia me hacia sentir segura.

- Pobrecilla, llévala a la habitación para que descanse, tiene que estar agotada - escuché que murmuraba una dulce voz a mi alrededor pero era incapaz de ver de quién se trataba.

- ¿Se quedará sin cenar?- susurró otra voz que me resultaba familiar, pero no conseguía ponerle cara.

- No os preocupéis, más tarde subiré y le llevaré algo para cenar - volvió a murmurar la primera voz.

Oí como una puerta era abierta y como mi cuerpo era apoyado contra algo mullido y fresco. Enseguida sentí la ausencia de esa fuente de calor que me proporcionaba esa tranquilidad y seguridad, pero mi cuerpo se sentía tan pesado, que me acurruqué buscando mi propio calor y me dejé llevar por la inconciencia…

El sonido de unos suaves golpes a una puerta me hizo despertar. Parpadeé una par de veces hasta acostumbrarme a la poca luz que había en la habitación. Un pequeño pinchazo en el pie me hizo recordar el esguince que había sufrido, y miré a mi alrededor intentando reconocer la estancia.

De nuevo unos suaves golpes en la puerta llamó mi atención.

-¿Pase? - pregunté más que indiqué.

La puerta de la desconocida habitación se abrió lentamente y tras ella apareció la imagen de una mujer.

- Hola Bella - me saludó Esme con una dulce sonrisa - ¿ Cómo te sientes? - preguntó con cariño mientras se acercaba a la cama cargando una bandeja .

En ese momento entendí que ya estaba en la casa de los Cullen y no pude evitar sonrojarme al darme cuenta que me había quedado dormida durante el trayecto y seguramente, Edward tuvo que cargarme hasta llegar aquí.

- Ho..hola Esme - le devolví el saludo un tanto desorientada y aún sonrojada -. Siento haberme quedado dormida… Yo...- intentaba excusarme por mi descortesía ante mis anfitriones.

- No te preocupes Bella, es lógico que te durmieras, recuerda que has tomado calmantes para aliviar el dolor - dijo sentándose a un lado de la cama mientras dejaba la bandeja sobre la mesita de noche-. Por cierto ¿ cómo te sientes? ¿te duele? - preguntó con preocupación.

- Me molesta un poco, pero nada que no pueda soportar - le confesé, había algo en ella que me hacía hablarle como a una madre.

- Puedo pedirle a Carlisle que te de algo que alivie el dolor - se ofreció cariñosamente. Resultaba raro que una mujer que apenas conocía me tratara de una forma tan maternal.

- No te preocupes Esme, no molestes a Carlisle.

- No es una molestia Bella, él me ha pedido que te venga a ver por si necesitas algo - ella se volvió hacia la bandeja y volvió a cogerla -. Mira, te he traído un poco de caldo, estarás hambrienta - dijo con una sonrisa.

De repente, y para mi vergüenza, mi tripa decidió hacerse notar.

- Oh - dije sonrojada -, creo que no podré decir que no tengo hambre -. Y las dos comenzamos a reír.

Esme colocó la bandeja sobre mi regazo y me acompaño mientras tomaba el rico y calentito caldo.

- ¡Mnnhh! ¡ está buenísimo! - alabé tras probar la primera cucharada. Esme me sonrió cariñosamente y pude ver un brillo especial en sus ojos. Mientras terminaba la sopa me contó todo lo que había ocurrido desde que Edward me llevó al hospital y casi me atraganté cuando, entre risas, contó que Emmett se había caído también tras pisar la misma piedra; aunque en su caso sólo fue dañado su orgullo.

Después de acabar el caldo, con pena le pedí a Esme que me ayudase a ducharme. Me sentía sucia y pegajosa y quería ponerme el pijama. Ella amablemente me ayudo y aunque me sentí cohibida al principio, ella hizo que me relajara y me sintiera cómoda.

Verme limpia y fresca me hizo sentir mucho mejor; de nuevo me metí en la cama. Esme ahuecó la almohada para que estuviese a gusto y colocó otro cojín debajo del pie.

Unos golpes en la puerta nos sorprendió.

- ¿Se puede? - preguntó Carlisle asomando la cabeza por la rendija de la puerta.

Ambas sonreímos y le dimos permiso para que entrara.

- ¿Cuál es el chiste? - se quejó viendo como nosotras seguíamos riendo.

- No hay ningún chiste, cariño - le contestó Esme, amorosamente - fue muy gracioso ver tu rostro asomando - le dijo entre risas. Él nos sonrió y se colocó de pie cerca de mí.

- ¿Cómo te sientes, Bella? - me preguntó un poco más serio-, aunque… veo que al menos tu humor es bueno - dijo sonriendo y mostrando su blanca dentadura.

- Me siento bien Doc...- le bromeé, no sabría decir porque, pero me sentía muy cómoda y confiada con ellos; él rodó los ojos - …sólo me molesta un poquito.

- Me alegro - dijo yendo hacía el cuarto de baño y llenando un vaso de agua -. Tómate esto, Bella - me extendió otro calmante junto al vaso de agua -, te aliviará y te hará dormir, mañana te sentirás mucho mejor. Pero debes continuar con el pie inmovilizado por cinco días, ¿de acuerdo? - dijo pellizcado mi mejilla juguetonamente. No sabía porque, pero con ellos me sentía como una niña pequeña.

Yo asentí sonriente y no tardé en tomarme el calmante, ya empezaba a dolerme un poco más.

A la improvisada reunión se unieron Rose y Emmett que no dejó de bromear sobre mi caída haciendo que el sonrojo no abandonara en ningún momento mi cara.

- Ya déjala, Emmett, la estás avergonzando - le reprendió Rose dándole un zape. Él se quejó por el golpe pero continuó con sus bromas. Esta vez ya no era yo su blanco sino todos los demás y no pude evitar reírme hasta que empecé a notar que los párpados empezaban a pesarme de nuevo.

- Creo que es hora de retirarnos - anunció Carlisle -. Esta jovencita tiene que descansar -. Y sin más todos salieron dejándome sola en la habitación, no sin antes hacerme varias recomendaciones.

Ya sola, y antes de que el sueño por fin me arrastrase a la inconsciencia, me pregunté por qué no había subido Edward, y sólo hallé una respuesta para esa pregunta. Él estaría con ella, con su prometida. Otra vez sentí el hueco en mi pecho y aunque intenté convencerme que eso era lo que tenía que ser, no podía evitar que me doliese. Agradecí que el calmante empezará hacer efecto y esa sensación de ansiedad fue evaporándose a medida que el sueño se hacia presente. Sólo en el mundo de los sueños era posible estar con él y adoraba cada vez que él se hacía presente en ellos, aunque al despertar, lo hiciera con esa dolorosa sensación de pérdida.

A la mañana siguiente, Esme me despertó, pasado el medio día, para que desayunara y tomara la medicación. Me asombré de haber dormido tanto, pero ella me dijo que eran a causa de los calmantes, y que eso era bueno, así mi pie se recuperaría antes. Me ayudó a asearme y salió para darme privacidad a la hora de vestirme.

Me puse un pantalón corto de algodón negro y una camiseta de tirantes de color fucsia. Me coloqué una sandalia negra en el pie sano y dejé el otro solo con el vendaje que me llegaba casi a la rodilla. Cepillé mi cabello y lo recogí en una coleta alta para retirarlo de la cara. Agarré las muletas que estaban apoyadas sobre la cómoda y salí para bajar al piso inferior.

Me disponía a bajar el primer escalón cuando unos fuertes brazos me uparon.

- Bella, si lo que quieres es permanecer en esta casa más tiempo, sólo tienes que decirlo; no es necesario que te rompas otro hueso - dijo bromeando Emmett mientras me cargaba.

- ¡Emmet, por Dios! - grité agarrándome fuertemente a su cuello - casi me matas del susto - Él reía mientras bajaba tranquilamente conmigo en brazos hasta llegar al primer piso -. Ya me puedes bajar ¿sabes? - le hice saber cuando bajamos el último escalón.

- Esta bien - dijo sonriendo mientras me dejaba en el suelo y me ayudaba a poner las muletas.

Quedé impresionada cuando mire a mi alrededor. La casa era una mansión tan grande como la de Aro, pero con un estilo mucho más modernistas y vanguardista. Tanto el mobiliario como el revestimiento en tonos cálidos de las paredes, eran embellecidos por la claridad natural que provenía de la luz que entraba a través de los altos ventanales que rodeaban la estancia, revestidos con suaves cortinas de seda de un sutil dorado, haciendo que la estancia resplandeciera más cálida y luminosa.

Sobre las mesas, hermosos centros con una gran variedad de flores daba el toque alegre junto con las distintas obras de artes que colgaban de las paredes. Unas hermosas alfombras persas estaban dispuestas en los distintos ambientes, combinando con el mobiliario que fusionaba a la perfección el estilo moderno con el antiguo y el étnico.

- ¡Wow! - exclamé mirando a mi alrededor-. ¡ Es preciosa!

- La verdad que Esme hizo un gran trabajo aquí - comentó Emmett.

- ¿Esme fue la diseñadora de esta casa?- pregunté asombrada.

- Sí, ella es una gran decoradora pero ya no ejerce, sólo lo hace como favores especiales.

Entré a la cocina escoltada por Emmett. La cocina también era hermosa, amplia y luminosa. Los muebles de acero se fundían con la madera. Estaba equipada con todo los electrodomésticos más innovadores y estéticos siguiendo una línea moderna. Una gran isla centraba la estancia de la cual salía una gran barra rodeada con doce bancas. Un gran ventanal daba acceso a una hermosa terraza desde la cual se accedía a un enorme y hermoso jardín lleno de flores de colores de todas las especies y hermosas figuras hechas de abetos . Desde la terraza se podía ver una linda piscina rodeada de tumbonas y palmeras que proporcionaba la sombra suficiente dejando paso a los cálidos rayos del sol.

Emmet me guió hasta la terraza donde estaban sentados Esme y Carlisle que estaban leyendo placidamente.

- ¡Hola cariño! - me saludó Esme nada más me vio llegar -. Ven, siéntate aquí y te serviré el desayuno.

Le obedecí y saboreé con gusto todos los majares que había sobre la mesa. Bandejas con diversas frutas, pequeños platos con fiambre y exquisitas tortitas se agrupaban junto a jarras de zumos y café.

Carlisle estaba en su día libre y Emmett había regresado a recoger unos informes. El resto de la familia estaba trabajando ya que yo era la única que me había tomado unos días libres.

Cuando terminé de desayunar me despedí para ir dentro donde poder trabajar con mi laptop. Esme me indicó que podía usar el sofá que había en la biblioteca, desde allí podría trabajar y estar cómoda a la misma vez, sin que nadie me molestase.

Al entrar en la biblioteca, volví a quedarme con la boca abierta. Enormes estanterías de madera acogían miles de libros. Era el sueño de cualquier persona que disfrutaba leyendo. En el centro, una mesa rectangular rodeada de sillas y al mismo tiempo por todo el perímetros cómodos sillones acompañado con mesitas auxiliares donde había unas pequeñas lámparas.

Sobre la mesa me encontré tanto mi Laptop como las carpetas. No pude evitar pensar en Edward, recordándolo cuando acarició mi fotografía. Cerré los ojos y sentí como mi estómago se contraía por una especie de emoción. Todo en mi interior era una batalla bestial. Quería odiarle, aborrecerle, él lo merecía por como se portaba no solo conmigo, sino con su propia novia, pero por más que mi mente me ordenaba eso, mi cuerpo y mi corazón ansiaba que él realmente sintiera algo por mí. Su caricia a mi retrato me emocionaba en exceso aunque él trató de oculatarlo. ¿Por qué se comportaba así? Si realmente no siente nada por mí, ¿por qué lo hace? y sí siente, por que al menos no me da la cara ¿Por qué demonios no se mostraba como era en realidad y asumia sus errores?

De nuevo mi ánimo decayó, una vez más ese vacío que se abría paso en mi interior me dejaba una sensación amarga. ¿Qué leches estaba haciéndo yo aquí? Esto no iba a ser bueno para mí, algo en mi interior me lo decía.

Pero ya estaba aquí, había aceptado una invitación que sabía de antemano que no me haría bien, ahora sólo esperaba que mi pie se curara lo antes posible para salir corriendo de quí. Decidí ponerme a trabajar. Sí, sólo así ocuparía mi mente para que ni él, ni nada de lo que en estos días viviera en esta casa , causara un daño inrreparable en mí. Con decicisión encendí mi lap, abrí el correo para ver si Nicole me había mandado algo y me dispuse a llenar las horas con lo único que me daba paz y me hacía tener el control.

Estuve contestando cada uno de ellos y me comuniqué por teléfono con Nicole por unos asuntos sobre la campaña de Alice.

Nicole me envió la documentación de los distintos hoteles de las ciudades en el que patrocinaríamos el nuevo trabajo de Edward. Le había indicado unos requisitos que tenía que reunir y ella se encargaría de hacerme llegar solo los que cumplían con ellos.

Estuve estudiándolos toda la tarde sin dame cuenta que llevaba más de cuatro horas encerrada en la biblioteca.

- ¿Se puede? - la dulce voz de Esme me distrajo.

- Claro Esme, pasa por favor - le indiqué avergonzada por estar aprovechándome de su hospitalidad.

- Creo que deberías descansar Bella - sugirió con tono preocupado.

- Sí, perdona… cuando me meto en el trabajo no me acuerdo ni de la hora - le confesé con una sonrisa, ella me la devolvió y asintió.

- Sé a que te refieres, cuando ejercía también me pasaba. Podía llevarme horas y horas diseñando y distribuyendo los espacios - decía sonriente -. En más de una ocasión, Carlisle me tuvo que sacar de mi estudio para comer - suspiró al recordar aquellos tiempos.

- Eres una gran diseñadora, Esme - le dije al fin - Emmett me comentó que tú habías diseñado esta casa y es realmente fantástica - le alabé por su trabajo.

- Gracias, querida; me alegra que te guste. Realmente me siento muy orgullosa de ella- dijo mirando a su alrededor - Aún recuerdo cuando diseñé esta biblioteca. ¿Sabías que aquí hay ejemplares que datan del 1800? Tanto mis antepasados como los de Carlisle eran unos grandes coleccionistas y a través de las generaciones se fue creando esta gran biblioteca…- Yo miraba a mi alrededor intentado localiza alguna de esas obras - .. los más antiguos los tenemos dentro de esas cristaleras. Tienen que tener una conservación más compleja dada la antigüedad. Prácticamente son un tesoro - me dijo mientras yo la escuchaba embobada, su voz era tan cálida y melodiosa que escucharla hablar era todo un placer.

- Bueno, creó que me volví a perder en mis historias - se regañó a si misma -. Y yo que venía para decirte que sería mejor que te acomodaras en el salón. Los chicos están al llegar y ya estaba la cena preparada.

Esme me ayudo a subir junto con una chica del servicio y después de darme una ducha, me cambié y opté por un vestido sencillo pero hermoso, además su tela de seda era una caricia para mi piel. Me dejé el pelo suelto y de nuevo, tanto Esme como Mery, la chica del servicio, me ayudaron a bajar.

Me acomodé en el sofá que había en el salón con el pie apoyado en una silla. Mientra esperaba la llegada del resto de la familia, me entretuve leyendo uno de los libros que Edward había elegido de mi pequeña biblioteca… Sonreí al recordar su comentario sobre mi "gran colección," teniendo en cuenta, que la suya, sólo podría compararse con las grandes bibliotecas del mundo..

Me sorprendió mucho que fuera "Orgullo y Perjuicio" uno de los ejemplares que eligió. El otro incluso me extraño más, "Sentido y Sensibilidad." Por pura casualidad había elegido mis libros favoritos, solo faltaba "Cumbres borrascosas" para que el bingo hubiese sido completo..

Sobre las seis de la tarde, Carlisle llegó seguido de Edward que venía empujando la silla de Ángela.

Ella se acercó inmediatamente hasta el lugar donde estaba y me saludo cariñosamente.

- Hola Bella, ¿ cómo te encuentras? - preguntó amablemente con una cálida sonrisa en su rostro. Edward se colocó a su lado y me saludó con un gesto de la cabeza; yo le respondí con una tímida sonrisa..

- Me encuentro bien, Ángela, gracias por preguntar - le respondí mientras le sonreía. En ese momento, vi como Edward se inclinaba hasta llegar a su oído y le susurraba algo. Ella agarró la mano que él tenía apoyada sobre su hombro y asintió con la cabeza. Yo intenté mirar hacia otro lado para darles un poco de privacidad pero no pude evitar un pinchazo en el estómago… Era la primera vez que los veía tan cercanos y envidié la manera en el que él la miraba… Realmente había cariño en su mirada y el tierno beso que le dejó en su mejilla antes de separarse hizo que un nudo me oprimiera la garganta.

- Esta bien cariño.. - le contestó ella dedicándole una amplia sonrisa -… te esperaré haciéndole compañía a Bella..- Yo volteé a verla en el preciso momento en el que él besaba su mejilla, pero enseguida fijó su mirada en mí con algo de incomodidad, incluso culpabilidad.

Me quedé mirando sintiendo el dolor de verlo besarla, y me sentía impotente por tener que presenciar sus escenas cariñosa sin poder salir de allí.

Él se separó de ella y se disculpó antes de salir camino a las escaleras dejándome con Ángela . Me odié por sentir ese remolino de emociones que aprisionaban mi pecho y me producían tanta angustia. Sabía que ella no tenía la culpa, pero no pude evitar odiarla en ese momento; aunque era una gran chica, no soportaba la idea de que fuera ella la elegida por él.

Me llevé una mano a la frente y empecé a masajearla intentando disimular lo que realmente estaba sintiendo…

Quería salir corriendo y gritar; gritar para deshacer el nudo que se formaba en mi garganta y me provocaba ese malestar; gritar para sacar ese peso que aplastaba mi pecho desgarrándolo cada vez que lo veía; me dolía verlo besar a otra, verlo acariciar a otra, que fuera otra la que tuviera derecho sobre él y que yo sólo hubiese sido una más; gritar que lo odiaba por cruzarse en mi camino…

Quería correr hasta quedar sin aliento, hasta que todos estos sentimientos desaparecieran de mí; caer sobre el mullido césped para llorar hasta quedar sin nada dentro.

- ¿Bella?…¿Bella… - oí la suave voz de Ángela llamar mi atención.

Haciendo un esfuerzo, levanté la cara para mirarla. Ella me miraba con preocupación y me sentí mal por ser incapaz de ocultar mi malestar.

- ¿ Te encuentras bien, Bella?, ¿ te duele algo? -me preguntó preocupada..

Yo aparté la mano de mi sien y le dediqué una sonrisa, la más forzada de mis sonrisas - No, lo siento… yo .. - intenté buscar algo que justificara mi reacción - es sólo un pequeño dolor de cabeza.

- ¿Quieres que llame a Carlisle para que te vea?

- No - le interrumpí -, se me pasará .. Ah… ¿ qué te parece si vamos a la cocina para ver si podemos ayudar a Esme? - ella me miró arqueando una ceja ,a mi intento por acabar con este momento tan incómodo -¿Qué? - le pregunté por su reacción.

Ella sonrió ampliamente y me miró con dulzura - No sé si te has dado cuenta, Bella, pero no creo que seamos las más indicadas para ayudar - dijo mientras señalaba mi pierna y su silla de rueda.

- Oh.. Lo siento - susurré avergonzada por mi falta de tacto. Pero ella soltó una gran risotada que acabo contagiándome -. La verdad que seríamos más un estorbo que una ayuda - añadí y volvimos a romper en risas.. Tenía que reconocer que su compañía no me afectaba, era cuando estaba él que me sentía a morir. Me preguntó que había estado haciendo en mi primer día en la casa Cullen y ella me contó que ya tenía todo para salir mañana en la tarde. Lo cierto era que me sentía mucho más animada que antes y sólo rogué para que siguiera así cuando él hiciera de nuevo acto de presencia.

Unos minutos más tardes, Emmet y Rose llegaban a la casa acompañados de James, que no se cortó un pelo en llegar hasta donde estábamos y darme un tierno beso en la frente. Ángela nos miraba divertida al ver que me sonrojaba. Pero sinceramente me alegré de que mi amigo estuviera aquí.

Él se levantó para ir donde Esme a saludarla y prácticamente auto-invitarse a cenar, a lo que Esme accedió encantada porque sabía que eso me haría sentir mejor.

Poco después llegaron Alice y Jasper ya que, cada vez que coincidían en la ciudad se la pasaba todo el tiempo libre juntos.

De pronto el ambiente se volvió mucho más relajado, los momentos tensos desaparecieron y me dispuse a disfrutar de la cena… Todos hablaban y reían y yo los miraba maravillada. Nunca había asistido a una cena familiar, al menos, donde todos los miembros de la familia estuvieran. Siempre habíamos sido yo y mi madre o yo y mi padre y después solo con Jacob y Tanya.. Dejé escapar un suspiro al recordarlos porque realmente los echaba de menos, pero no podía negar que me sentía bien entre los Cullen, ellos hacían que me sintiera en casa y me alegre de, aunque sólo fuese por unos pocos días, conocer lo que sería vivir en familia….

Continuará…


N/A. Ainss...que cosita me da mi Bellita, no quisiera estar en su pellejo en estos momentos; estar sintiendo por alguien algo tan intenso y que ese alguien se muestre realmente afectuoso con otra que no es ella... Menos mal que llegó super James al rescate. Veremos a ver lo que su presencia en la cena provoca (movimiento de cejas)

Espero que os haya gustado.

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Espero que no se me haya olvidado nadie. Bienvenida a todas las que os incorporáis a la historia, espero que la disfruteis mucho. Muchas gracias por todos vuestros comentarios. Muchas gracias por seguir apoyando la historia y seguir formando parte de ella dejando vuestra huellita.

Ya sabéis preciosas mías, si nada me lo impide, nos leemos el miércoles. Os aseguro que para el próximo os quedáis con la boca abierta...ajajajjajajja...¿Qué pasará? (Movimiento de cejas)

Un besazo a todas. En especial a mis Reques, que siguen soportándome después de casi dos años, algunas incluso más ;) Os amo.

/(^_^)\saraes.