CONTRA TODAS LAS REGLAS
(Crossover)
Summary: Edward Cullen es el capataz del rancho que Isabella Swan heredó siendo una adolescente. Bella escapó del rancho hace años, después de un apasionado encuentro con Edwad. Él ha estado obsesionado por los recuerdos de su breve romance y cuando Bella vuelve finalmente al rancho, después de la muerte de su marido, Edward está decidido a que sea suya y no va a aceptar un no como respuesta. Pero Bella sabe que esta vez las apuestas están más altas, y las dudas asaltan su corazón, corazón que, finalmente comprende, siempre ha sido de Edward .
Capitulo 14
Mallory Store
Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, Contra todas las Reglas es propiedad de Linda Howard. Sólo la adaptacion es mía.
Mallory's Store era la única tienda de piensos del pueblo, así que Bella no dudó de que estaba en el lugar correcto cuando dio marcha atrás hacia la zona de carga. Había ido a la escuela con Lauren Mallory, la hija del dueño y sonrió ampliamente cuando recordó el día en que Lauren había empujado a su hermana mayor, Maryori, en un charco de lodo. Lauren había sido un pequeño diablo. Todavía sonreía cuando entró en la atmósfera mohosa del edificio.
No reconoció al hombre que se acercó para tomar su pedido, pero ya habían pasado ocho años desde la última vez que fue al rancho y, obviamente, él era una de las personas que habían llegado a la región desde entonces. Sin embargo, el hombre la miró dudosamente cuando le dijo lo que quería.
-¿Un pedido para el Rancho S? -preguntó con cautela-. Me parece que no la conozco, señora. ¿Cómo ha dicho que se llamaba?
Bella sofocó una risa.
-Mi nombre es Isabella Swan... Black -añadió en el último momento, sintiéndose culpable cuando se dio cuenta de que casi había olvidado decir su nombre de casada.-Soy la dueña del Rancho S.
-El señor Cullen... -empezó a decir el hombre.
-Es el encargado de mi rancho -terminó suavemente en su lugar-. Entiendo que usted no me conozca y le agradezco que sea tan cuidadoso con los pedidos. Sin embargo, el señor Franklin sí me conoce, así que puede preguntarle a él por mi identidad.
Lo hizo, y fue en busca del dueño de la tienda de piensos. A Bella no le molestó esperar y le agradó su precaución. Sólo habían pasado unos minutos cuando el hombre volvió con Franklin Mallory. El señor Franklin la miró detenidamente a través de sus gafas; luego su mirada se posó en su pelo, y dijo:
-Vaya, ¡hola, Isabella! Había oído que estabas en el pueblo -le asintió a su empleado-. Continúa y carga el pedido, Collin.
-Me alegra volver a verlo, señor Franklin -dijo Bella afablemente-. Llegué el sábado. Tenía intención de quedarme sólo durante las vacaciones, pero ahora parece que estaré aquí durante más tiempo.
Él sonrió tan ampliamente que se preguntó por qué sus noticias le complacían tanto.
-Estupendo, eso son buenas noticias. Me alegra oír que vas a asumir el control del rancho. Nunca me ha gustado ese Edward Cullen. Lo has despedido, ¿verdad? Estupendo, estupendo. Ese hombre no es más que un problema. Siempre he pensado que tu padre cometió un terrible error al acoger a Cullen de la forma en que lo hizo. Ya era bastante salvaje antes de ir a Vietnam, pero cuando volvió estaba completamente loco.
Bella sintió como se abría su boca de par en par mientras lo miraba aturdido. El hombre había hecho tantas suposiciones fantasiosas que no sabía por donde empezar, pero… ¿por qué el señor Franklin le tenía tanto rencor a Edward? Luego recordó y tuvo una clara imagen de la bonita y malhumorada cara de Maryori Mallory, recordó también que la chica tenía una reputación de perseguir a los hombres que sería mejor que evitase.
Hizo un esfuerzo por ser razonable. Comprendiendo el rencor del señor Franklin hacia Edward, aunque su hija fuera igualmente responsable, dijo con suavidad.
-Yo no sabría llevar el rancho, señor Franklin. Edward ha hecho un trabajo fantástico; el rancho incluso está mejor ahora que cuando papá estaba vivo. No tengo ninguna razón para despedirlo.
-¿Ninguna razón? -preguntó incrédulo, su ceño se frunció por encima de sus gafas-. Sus principios morales es razón suficiente para mucha gente decente de por aquí. Tendrás que vigilarlo como un halcón en tu propia casa o esa hermanastra que tienes...
-Señor Franklin, puedo entender por qué le desagrada Edward, dadas las circunstancias -le interrumpió Bella, repentina y ferozmente enfadada por su persistente ataque-. Pero Edward y su hija eran tan jóvenes como confundidos, y eso pasó hace mucho tiempo. Edward no fue el único responsable de ese escándalo.
El señor Franklin se volvió rojo de furia y escupió entre dientes.
-¿Qué no fue responsable? ¿Cómo puedes quedarte ahí y decir eso? Él forzó a mi muchacha, y luego se negó a apoyarla. No pudo quedarse en este pueblo. ¡Tuvo que irse y él se pasea por aquí como si no hubiera hecho nada malo en su vida!
Bella vaciló, no quería herirlo, pero había algo que no podía dejarle pasar, y dijo con frialdad:
-Edward Cullen no ha forzado a una mujer en su vida. No tenía por qué. Yo era joven, pero puedo recordar el modo en que lo perseguían las muchachas todo el tiempo, incluso antes de empezar a afeitarse. Cuando salió del ejército todavía fue peor. ¡Puede pensar lo que guste, pero le aconsejaría que no dijera esas cosas en voz alta a no ser que quiera tener una demanda por calumnias!
Sus voces cada vez más altas habían atraído la atención de todos los que estaban en la tienda, pero eso no detuvo al señor Franklin. Su pelo gris estaba casi de punta cuando gritó:
-¡Si es así como piensa, señorita Swan, le sugiero que compre el pienso en algún otro sitio! ¡Tu padre nunca habría dicho algo así de mí!
-¡Mi nombre es señora Black, y creo que papá estaría orgulloso de mí! ¡Él creyó en Edward cuando nadie más lo hizo, y fue bueno que lo hiciera, porque el rancho se hubiera venido abajo hace años sin él! -ahora hervía de rabia, y pisando fuerte bajó los escalones hacia donde estaba Collin esperando, con los ojos muy abiertos, para que le firmara la hoja. Garabateó su nombre sobre ella y se sentó tras el volante de la camioneta. Pisó furiosamente el acelerador y el vehículo, dando bruscos saltos, salió disparado de la zona de carga.
Temblando por el mal genio, Bella condujo sólo una manzana y se apartó a un lado para tranquilizarse.
Ahora lamentaba la escena con Franklin. Ya hubiera sido bastante malo si no hubiera habido testigos, pero con tantas personas allí paradas pendientes de la discusión, ésta sería repetida textualmente por todo el pueblo antes del anochecer. ¡Pero no podía permitir que alguien hablara así de Edward!
-Dios mío, realmente me he metido en un mal asunto -gimió.
Después de varios minutos, dio media vuelta y condujo calle abajo hacia la tienda de suministros. Allí no tuvo ningún problema. No sólo conocía a los empleados que estaban allí desde siempre, sino que además Edward había llamado para añadir algo a la lista que le había dado. Cuando todo estuvo cargado en la camioneta, la suspensión casi tocaba el suelo, así que, cuidadosamente, condujo de regreso al rancho.
