Después de la guerra
Capítulo 14
No eres Akimichi
Karui despertó por el violento sonido proveniente del baño y con un ojo abierto y otro cerrado, fue a ver a su novio con la cabeza metida en el retrete, vomitando primero con abundancia y luego tosiendo lo poco que le quedaba en el estómago. En un principio no supo qué hacer y se le quedó mirando desde la puerta con morbo pero pronto se sintió malvada y hasta pensó que era algo tierno vomitar así.
—Lo siento —murmuró Choji, sintiéndola tras él aunque no dijera nada—, lamento despertarte así. —Choji se sentó en el suelo cercano al retrete, miedoso de una nueva oleada de arcadas. Karui simplemente negó con la cabeza.
—¿Qué te pasó? —preguntó ella, sentándose sobre el suelo, en el umbral de la puerta.
—No lo sé —dijo, acariciándose el estómago fuertemente—, desperté con nauseas.
—Pareces una embarazada —bromeó ella, riéndose suavemente. Choji hizo una mueca, era verdad, estaba subiendo mucho de peso por sus múltiples antojos y ahora, para colmo, vomitaba en la mañana.
—Debe haber sido la cena —repuso Choji como una excusa y Karui se rio levantándose del suelo.
—Yo no estoy enferma —rebatió la morena con las manos en la cintura y Choji se encogió de hombros—. Por qué no llamas al trabajo mientras yo te hago una sopa —propuso con una sonrisa, a lo que él contestó de la misma manera. Lo de la sopa para la enfermedad ya era una costumbre adorable que tenían entre ellos.
Karui fue a la cocina con una sonrisa, buscó las ollas y las puso en los quemadores para preparar las dos partes de la sopa de enfermos de Choji con tranquilidad. Al momento de comenzar a freír las verduras, la mente de la extranjera comenzó a divagar y entre la cadena de pensamientos, hubo un hecho que la alarmó hasta el punto que se puso a gritar desesperada.
Choji apareció rápidamente en la cocina atraído por el grito de Karui y la vio aterrada dejando que el aceite hirviera libremente en el fondo de la olla.
—Llévame al hospital ahora —imploró ella corriendo a la habitación para vestirse mientras Choji la seguía asustado, buscando el síntoma invisible y horroroso que la afectaba.
No hablaron en el camino al hospital, simplemente caminaron rápido haciendo pausas entre los mareos de Choji que lo llevaban a encorvarse para regurgitar un vómito ausente. Por las pocas palabras que él le logró sacar a su novia, comprendió fácilmente lo que le asustaba y él empalideció bruscamente, buscando expresamente la presencia de Sakura cuando llegaron al hospital.
La flamante Uchiha demoró en acudir a su llamado debido a su evidente estado de gestación y Karui no la recibió con un saludo ni una cara amable, simplemente dejó que Choji hablara por ella y se mostrara diplomático.
—Dios, Choji, luces mal —dijo Sakura cuando entraron a su oficina personal. Choji trató de sonreír y se enjuagó el sudor frío de la frente, producto inequívoco del susto y sus náuseas—. ¿Intoxicación otra vez?
El Akimichi asintió, congestionado.
—La cena de ayer —respondió, tragando con dificultad.
—Haré una receta para eso —dijo, buscando una pluma sobre su escritorio, pensando equivocadamente que la consulta era para él.
—En realidad quisiéramos que revises a Karui —expresó Choji con un tanto de timidez y Sakura se mostró sorprendida, prestándole atención a la extranjera que masculló una maldición.
—¡Ah, sólo dime si estoy preñada!
La habitación quedó en silencio abruptamente hasta que a Choji le vino otra arcada y Sakura le daba un cubo para que pudiera vomitar con tranquilidad.
—¿Qué te hace pensar que estás embarazada? —preguntó Sakura entrelazando los dedos sobre el escritorio—, ¿te hiciste una prueba de embarazo?
Karui negó con la cabeza, moviendo rítmicamente uno de sus pies como si estuviera teniendo un ataque de histeria.
—No, hoy me di cuenta que las fechas estaban mal —gruñó desviando la mirada y Choji respiró hondo—. Mira, esto no debería estar pasándome, he tomado las píldoras religiosamente todos los jodidos días.
Sakura pasó la mirada de un lado a otro y tras repasar el historial médico de Karui mentalmente, se dio cuenta de un error común entre las mujeres.
—¿Las estuviste tomando junto con los antibióticos?
Karui quedó de una pieza, aturdida.
—¿Qué tienen que ver los antibióticos?
Sakura suspiró.
—Anulan a los anticonceptivos, es como si no los estuvieras tomando… —Sakura se levantó lentamente del escritorio mientras Karui se ponía a mascullar maldiciones y lloriquear enfadada con ella misma, y Choji trataba de calmarla—. Ven, te haré un test rápido. Veremos si tienes un bebé en la barriga. —Sakura se levantó tras un gran esfuerzo y señaló la salida—. ¿Has sentido mareos, náuseas, antojos…?
Karui frunció los labios y miró a Choji con las cejas levantadas, haciendo una mueca.
—Choji los tiene. Todos esos —precisó y el gran hombre del Clan Akimichi se mostró sorprendido ante tal revelación, todo cobraba sentido ahora.
Choji llevó a Karui a rastras a una sala especial en el hospital y comprobó que la arisca mujer del extranjero se había vuelto como un animalito asustado. Llegados a la sala especial de Sakura, Karui, Choji y el cubo de vómito esperaron en silencio a que la pelirrosa les dijera qué hacer, aunque fuera un tanto obvio.
—Recuéstate aquí y súbete la ropa —dijo ella, encendiendo la máquina y preparando el gel que le echaría sobre la barriga.
Karui se acostó tan tiesa como una tabla y demoró en descubrirse la panza que exhibía una curvatura en forma de gota que era inconfundiblemente una panza de embarazada. Tanto Sakura como Choji quedaron sorprendidos de lo obvio que era su forma y Karui frunció el ceño mirando al techo, sintiéndose la tonta más tonta de todo el país.
—Pensaba que estaba poniéndome gorda —se excusó la extranjera con la frustración a flor de piel y Choji se le acercó de forma afectuosa cuando la sintió quebrarse—. Choji también ha subido mucho de peso, pensé que era normal que yo… —Karui se detuvo al sentir el gel heladísimo sobre la piel y contuvo la respiración.
—Empezaremos el test —avisó Sakura, poniéndose manos a la obra, y obviando el mea culpa de Karui para que dejara de culparse tanto. Choji le dio un rápido beso en la frente como para que se tranquilizara y esperaron el veredicto sintiendo que los segundos se estiraban y se convertían en minutos—. En efecto, Karui, estás embarazada —dijo la Uchiha con calma y luego se puso a sonreír—, felicidades a ustedes dos, debes tener un mes por lo menos… —Sakura congeló la imagen y apretó un botón para que la máquina imprimiera la fotografía en escala de grises—. Tomen la primera imagen del bebé, ¡para que la peguen en el refrigerador!
Karui tomó la fotografía como si le tuviera miedo y la miró sin entender realmente lo que veía. Necesitaba que le dijeran dónde se encontraba el bebé en toda esa distorsión y Choji le pidió la foto con timidez para mirarla largo rato con una sonrisa tierna en sus labios.
—Como no te has controlado como corresponde haremos… —Sakura comenzó a explicar los especialistas y las citas que debía agendar, le recomendó vitaminas, una dieta balanceada y un sinfín de cosas que no logró procesar porque se largó a llorar desesperadamente.
El médico de la familia fue al departamento de Choji a petición de su madre.
—No digo que tu amiga no sea una buena médico —comentó la señora de manera silenciosa pero no lo suficiente, el departamento de Choji era pequeño y las paredes delgadas—, pero qué sabrá ella de nuestra familia, necesitamos a un especialista. —Su madre estaba preocupada pero Choji lo estaba aún más y no lo ayudaba con sus temores—. ¡Una extranjera tendrá a un Akimichi…! —exclamó, presa de la ansiedad.
—Mamá…
—¡Te lo dije desde el principio! ¡Cómo irá a dar a luz a un bebé del Clan con esas caderas tan angostas! —sermoneó y se arrepintió enseguida.
—El médico de la familia está aquí, él nos dirá qué hacer —dijo Choza con calma, pero su hijo sintió ganas de vomitar y se dirigió a su habitación, a donde el médico estaba hablando con Karui, quien estaba acostada en la cama como una enferma.
Choji suspiró cuando ambos callaron para mirarlo. El médico del Clan lo invitó a pasar tras una pausa.
—¿Está todo bien? —preguntó él después de sentarse a un lado de Karui y el médico, que también era un Akimichi, entrelazó las manos sobre su barriga para responder.
—Sí, todo está perfecto —precisó él y Choji dejó escapar una exclamación de alivio. Miró a la chica morena con una sonrisa pero ella no pudo responder tan efusivamente como él. Karui se sentía como una alienígena en un mundo de personas rollizas y altas, mientras que ella era bajita y delgada. ¿O quizás era ella la que tenía el alien alojado en su barriga? —. Sin embargo, la señorita Karui es bastante delgada y necesitará una dieta especial para que dé a luz a un Akimichi fuerte y sano. —Hizo una pausa—. Un bebé Akimichi no es un bebé normal: son más grandes. —Karui creía que la palabra más correcta era gordos—. Será un peso muy grande para tu cuerpo y quizás debas pasar acostada los últimos meses de gestación.
—Entiendo —dijo ella y sintió que su prometido la cogía de la mano—. Eso no suena tan mal.
—No lo es —secundó Choji y Karui se rio un poco.
El médico fue a hablar con los padres de Choji y Karui se mordió el labio, incómoda con la idea de que llevaba un mes embarazada sin darse cuenta e incapaz de creérselo. Choji, en cambio, se sintió más tranquilo y la abrazó fuertemente contra su pecho.
—No es para tanto —chilló ella, queriendo mantener su postura de chica ruda pero Choji simplemente asintió sabiendo la verdad.
El Akimichi la miró a los ojos largos momentos antes de llevar la vista hacia abajo y ambos se quedaron mirando la ahora evidente barriga de embarazada de la extranjera. Choji se demoró en alzar una mano para ponerla sobre el ombligo de Karui. Su palma cubría gran parte de la curvatura de la panza.
—No es un bebé de comida después de todo —le dijo, mirándola a los ojos otra vez y Karui imitó su acción, dándole palmaditas a la barriga oronda de él.
—Este sí lo es.
Ambos se pusieron a reír hasta que escucharon golpes en la puerta abierta. Era Choza.
—Shikamaru está aquí.
Ino había quedado varada a medio camino y vio morir el sol al oeste sin moverse de la banca en el parque que la había acogido en su momento de debilidad. A su lado estaba la caja de helado que hacía tiempo se había derretido pero carecía de sentido completamente.
—¿Hace cuánto que estás aquí? Pareces un cadáver —le dijeron a sus espaldas—, un cadáver bastante triste, si me lo preguntas, preciosa. Fui a comer algo y te vi, y ahora que me devuelvo a casa sigues en el mismo lugar.
—¿En serio? —preguntó ella, sorbiéndose la nariz y peinándose el cabello, para parecer más vivaz—. No lo creo —asintió, levantándose del asiento, pero tan pronto como se volteó a ver a Kiba, él ya se había sentado a un lado del helado. Ino se quedó parada sin saber qué hacer y terminó sentándose otra vez cuando Kiba abría la caja del helado derretido y se ponía a comerlo con un dedo.
—¿Qué te pasa? —Kiba la miraba con la boca llena de helado.
—Nada —dijo rápidamente ella y el Inuzuka chasqueó la lengua, sin creerle—. ¡No es nada!
—Dile eso a Sai, seguro te cree —dijo, hundiendo el dedo nuevamente en el helado para sacar más—. Yo, en cambio, sé que eso no es verdad.
—Oh, cállate —contestó Ino, ganando un poco de vida con esa molestia y Kiba se puso a reír a carcajadas.
Akamaru llegó trotando y Kiba lo acarició tras las orejas y se dejó lamer antes que el gran can se echara a correr por el parque otra vez. Kiba no le importó seguir comiendo con sus manos tras haber tocado a su perro.
—Vamos, dime qué te ocurre —dijo él—, pensé que te haría feliz ser la única chica de la generación que sigue siendo una mujer sexy y no una madre como las demás —bromeó Kiba aunque sólo rio él—. Aunque si me lo preguntas a mí, siempre te preferiré a ti, seas madre o no.
—¡No estoy enfadada por no estar embarazada! —Su propia reacción la hizo sentirse cohibida. Kiba siempre lograba sacarla de sus casillas con mucha facilidad.
—¿Es por Sasuke? —preguntó él de pronto y ella volvió a ser un cadáver triste—. Pensé que sería por él, ahora que está en la aldea es natural que lo veas.
—No es por él —dijo Ino, cabizbaja—. Digo, creo que no. —Ino hizo una pausa—. Iba a ver a Sakura al Hospital para que habláramos, hace tiempo que no lo hacemos como antes…, ella está muy ocupada con el trabajo y su bebé y Sasuke; y yo… —Ino suspiró.
—Pensé que estabas feliz con Sai —dijo Kiba, poniéndose muy serio—, pensé que ya habías superado a Sasuke —dijo, dejando de lado el helado—. No sé qué le ves a ese tipo, Sakura revolotea alrededor de él mientras que él… bueno, digamos que es… él.
—Ah, Kiba, tú no entenderías —bufó Ino, queriendo dejar el tema de una vez.
—¿No entiendo que ustedes enloquecen por un hombre insípido? Pensé que era Sai el que no tenía sentimientos pero Sasuke… —Una mueca desagradable reemplazó el adjetivo que usaría para el antiguo traidor.
—¿Insípido…? —repitió Ino con sorpresa—, no. No. ¡No! —Ella no estaba hablando de Sasuke esta vez—. Soy muy feliz con Sai, no lo cambiaría por nadie —dijo ella pero no terminaba por convencer a Kiba—. Es sólo que… creo que… sí, todo está cambiando, todos. —Ino se tapó la cara con sus manos, avergonzada—. Y yo me estoy quedando atrás.
—Dioses, Ino, ¿no estarás exagerando? Todo porque Temari, Sakura, Hinata y Karui estén preñadas no significa que tú debas hacerlo también. Piensa en Tenten, ella no lo está, no estás sola…
—Espera, ¿qué dijiste…? —Ino frunció el ceño—. ¿Karui está embarazada?
—¿Qué? ¿No lo sabías?
—No lo sé porque no es verdad —rebatió ella, confiando ciegamente que algo como eso no se lo irían a ocultar.
Kiba hizo una mueca despreocupada.
—Quizás todavía no se dan cuenta —dijo él y luego se tocó la punta de la nariz con el índice derecho—. Alguien con una nariz como la mía se percata de cosas así. El aroma de todas ellas están distintos, en cambio, tú hueles igual que siempre.
Ino sufrió una pequeña desilusión.
—¿Estás seguro de eso?
Kiba simuló estar olfateándola con detenimiento y se acercó a su cara hasta estar incómodamente cerca. Ino frunció el ceño y con una mano cubriéndole la mitad de la cara, lo alejó de un empujón. El Inuzuka terminó riéndose a carcajadas.
—No tienes absolutamente nada —le dijo—, pero sigues siendo la más sexy de las cuatro.
—Oh, cállate, Kiba —contestó ella, riéndose un poco.
—No puedo creer que no se hayan dado cuenta. —El Nara exhalaba humo por la boca. Él y Choji estaba en el balcón del departamento, observando la aldea sombrada por la noche desde una altura importante. Akimichi no le respondió, simplemente sonrió mirando el horizonte; ya le había comentado que ambos habían subido de peso y que era él quien presentaba todos los síntomas de una embarazada—. Temari y yo nos percatamos enseguida. —Pero algo en su relato le pareció no tan cierto—. Bueno, ella se dio cuenta enseguida… —Shikamaru le dio una calada a su cigarrillo.
—Supongo que los dos somos estúpidos —acordó Choji con una sonrisa divertida y Shikamaru no hizo más que reírse un poco.
—Es verdad —afirmó Shikamaru recordando la infinidad de veces que Temari lo había golpeado en la mejilla. No entendía cómo no se le desfiguraba el rostro con todo el tiempo que llevaban juntos.
Desde donde estaban se veía la habitación de Choji, difuminada por la cortina. Temari estaba sentada al pie de la cama con Karui y charlaban como si fueran muy cercanas. Si antes sólo las unía el hecho que eran extranjeras, ahora las unía el ser extranjeras teniendo bebés del País del Fuego.
—¿Cuántos meses tienes? —Temari se echó para atrás, apoyándose sobre una mano como si estuviera cansada de mantener una misma posición por mucho tiempo.
Karui se mordió el labio inferior y abrazó sus piernas bajo las sábanas antes de responder.
—Dicen que uno —respondió—, pero no saben bien…, me han dicho muchas veces que tendré un bebé especialmente grande y eso complica el cálculo. Y me han recordado muchas más veces que no soy una Akimichi.
Temari se rio.
—Déjame ver —pidió la chica de la Arena, acercándose a la morena como si compartieran un secreto. Karui se quitó de encima las sábanas con desgano y se irguió bien derecha para que Temari le viera el vientre inflado. La otra extranjera sonrió y lo tocó con la yema de los dedos un momento.
—¿Te parece de un mes? —preguntó Karui cuando Temari no le decía nada, perdida en sus pensamientos.
—No —dijo ella, riéndose.
—¿Qué quieres decir con eso? —Karui frunció el ceño, algo ofendida.
—Que tienes un Akimichi dentro. —Comparando con el vientre de casi tres meses de Temari, la barriga de Karui se veía un tanto más grande, ¿o acaso era una ilusión óptica?
Shikamaru encendió un segundo cigarrillo en el balcón, capeando el poco viento que había con una mano frente al encendedor de Asuma y el cigarrillo. Al momento de encender el tabaco prensado, dio una bocanada y la exhaló enseguida por la nariz.
—¿No vino Ino?
Choji bebió un gran sordo de cerveza antes de contestar.
—Le mandé un mensaje pero parece que no lo vio. —Choji frunció los labios, pensativo—. Cuando se entere estará muy enfadada.
Lo que lo pondría nervioso en la normalidad, lo hizo reírse a carcajadas. Shikamaru se rio junto a él.
—No me gustaría estar en tus zapatos ahora mismo —continuó diciendo Shikamaru—. Estará muy enfadada si es la última en enterarse…
Choji se aclaró la garganta y miró hacia abajo, algo desanimado. Shikamaru lo notó sin demora.
—Sai me comentó algo hace unos días —dijo el rollizo—, hace varios días en realidad —corrigió, después de todo, fue el mismo día en el que se había comprometido con Karui. Shikamaru lo miró expectante—. Me dijo que había intentado embarazar a Ino y no daba resultados… Dijo que quizás era él el problema.
El Nara se quedó en silencio, encogido de hombros y mirando hacia sus pies.
—Vaya qué problema —dijo dando la última calada al cigarrillo.
Ino botó la caja del helado antes de llegar a casa, sin quitarse la idea de la cabeza que Kiba tuviera razón y Karui se encontrara embarazada. Comprometida y embarazada, antes que ella que llevaba mucho más tiempo con Sai. Ino suspiró, quizás estaba pidiéndole demasiado a su novio.
Al entrar las luces estaban prendidas y el olor a comida cocinándose en el horno la hizo dar una bocanada de aire de alivio. Ino se fue directamente hacia la cocina y vio que Sai preparaba una salsa sobre un quemador.
—Ah, Ino, me estaba preguntando cuándo irías a llegar —le dijo él con una de sus sonrisas con los ojos cerrados.
—Huele bien —le respondió, sentándose en la mesa de la cocina con la cara apoyada sobre sus manos. Parecía cansada y Sai lo notó pero fingió que no lo había hecho. Sin embargo, aún era muy malo disimulando —. Estoy enfadada, ¡enfadada! —le dijo—, fui a ver a Sakura al Hospital, le llevé helado para hacerla feliz…
—¿No le gustó el helado? —preguntó inocentemente Sai, quien le daba la espalda para que no se le quemara la salsa en la que estaba concentrado.
—No llegué a verla —le dijo, triste—, la vi caminar junto a Sasuke por la avenida principal… —Ino dio un alarido de enfado—. ¡No puedo creer que no me haya invitado a su boda! ¡Y se supone que yo soy su mejor amiga! —exclamó sin que Sai hablara—. Casi no la veo ahora que está embarazada, con suerte la veo en el trabajo… —Otro alarido de enfado y la cara de Ino terminó enterrada en la mesa—. Sakura y Temari se ven más seguido ahora que las dos están embarazadas, y para colmo, Karui…
Sai la miró de soslayo.
—¿Qué hay con la señorita Karui?
Ino demoró un mundo en contestar.
—Kiba cree que está embarazada también, dice que lo puede oler —dijo Ino, todavía con la cabeza enterrada como si fuera un avestruz. Un golpe fuerte la hizo levantar la cabeza de improviso, Sai había sido muy brusco en dejar la cuchara de palo sobre el mesón, salpicando salsa roja en su ropa, la pared y mesa como si fuera la escena de un crimen espantoso. Ino se sintió impactada, Sai siempre era delicado en todo lo que fuera el quehacer del hogar—. ¿Qué pasó, cariño? ¿Te sientes bien?
Tras un momento de silencio, Sai se volteó con una sonrisa plantada en el rostro.
—No pasa nada —le respondió pero algo en él no se veía del todo bien.
—¿Estás seguro? —Ino sonó bastante insegura—. Te ves aterrador. —Ino curvó una sonrisa—. Ven, siéntate conmigo.
La florista esperó que estuviera junto a ella para volver a hablar, Sai era el que parecía un cadáver triste en ese momento.
—Hablé con Choji el otro día —dijo Sai, cabizbajo—, se suponía que ninguno de los dos lograría completar su costumbre. Ahora se casarán y tendrán un bebé.
Ino se atragantó con una risa mal lograda.
—¿Por qué te ríes?
—Lo lograremos —le contestó en lugar de lo que él le había preguntado y le acarició un mechón de cabello negro como la tinta. Sai la miró por el rabillo del ojo como si no le creyera.
—¿Qué pasa si no? —rebatió él sin capaz de devolverle la mirada—. Qué pasará si no logro hacerte un bebé.
—No me importa. Al diablo con la tradición, Shikamaru y Choji pueden buscarse a otro niño Yamanaka para sus hijos —le dijo, enamorada, y se abrazó tiernamente de él. Tras un momento de inactividad, el antiguo miembro de la Raíz, la abrazó también—. Te amaría igual que como te amo ahora.
—Ino —la llamó Sai con voz lúgubre.
—Dime, cariño.
—No puedo ponerle un apellido a nuestros hijos. No tengo uno.
Ino se separó de él como si le quemara el tacto y lo miró con una tristeza infinita, y quiso llorar como si la incapacidad de Sai por las emociones se lo transmitiera a ella para que las expresara. A veces olvidaba que la vida previa de su novio había sido horrenda y se sentía un tanto culpable que la de ella hubiese sido tan buena.
—No necesito un nuevo apellido —le dijo, acariciándole una mejilla y él la miró a los ojos, negro contra celeste se sostuvieron intensamente—. Pero yo puedo darte el mío —le dijo con una sonrisa y Sai sonrió suavemente ante esa idea.
—Me encantaría.
Nota de la Autora: Hola, buen sábado a todos. Después de eones, mi era glaciar de no inspiración llegó a su fin, al menos por ahora jaja Quería actualizar esta historia hace mucho y tuve que entrar en desgracia con el último capítulo de Agnosia para poder seguir con este, y muchos días pasaron sin que pudiera escribir algo... Mi mayor logro había sido escribir una línea en Agnosia jajaja
¿Les mencioné que amo a Choji? jaja es muy tierno, definitivamente es el mejor esposo de toda la generación. Siempre lo digo, el award para la categoría del mejor esposo va para él y el award para la mejor esposa creo que va para Sai JAJAJA
La escena final no se suponía que fuera tan emotiva jaja quizás fue así porque estaba escuchando Once upon a nightmare de Epica cuando estaba en esa escena xD Pero bueno, ya llegaron a tener un logro(?) se casarán y no sé si hacer la boda o linkearlos directamente al oneshot que escribí sobre su boda jaja recuerden, mis ragdollcillos: Ino es la última en embarazarse y lo hace cuando nace Sarada, cuando Karui tiene como cuatro meses, Temari cinco, Hinata no sé porque no sale cuándo nace Boruto pero es después de Sarada y antes que Chocho según lo que leí en algún lugar de dudosa procedencia...
Gracias a las chicas que siempre comentan la historia: Ardentida, Sybloominai, SunnyNara, Ares-sama, Shirae, Mitsuki Tsukiomi y Astron, a mi nueva adquisión: Lirio-Shikatema. Por tu nombre asumo que amas el ShikaTema, espero de corazón que mis intentos por hacer ShikaTema hasta el momento te gusten porque realmente intento escribirlos y me cuesta mucho jaja
Gracias a Ardentida además porque me escribió reviews en los capítulos en los que no había dejado, hasta que llegué a los 100 reviews jajaja muchas gracias, amigui :3
Besos, RP.
