Los personajes son de SM. La historia es mía.
Capítulo 14
Sentí cómo mis manos tiritaban y cómo mi cuerpo comenzaba a sudar, sentía un peso sobre mis hombros y… aunque pareciera un llorón, incluso tenía ganas de llorar. Quería subir mi mano y secar las pequeñas gotas que se había formado bajo mis ojos pero no pude.
Gemí.
Gemí de dolor.
Gemí de cansancio.
Gemí de rabia.
Esto no podía ganármelo.
Apreté el agarre de mis manos al fierro y me levanté las últimas dos veces que me faltaban para llegar a las treinta y sobre pasar al cabrón de mi cuñado y mi amigo.
- ¡TREINTA! – grité mientras me dejaba caer de vuelta al suelo y apuntaba a Emmett -, ¡y en tu cara!
Mi cuñado me hubiera golpeado si su hermana no lo hubiera tomado del brazo.
Por suerte, ver a Bella era mil veces mejor que poner atención a Emmett, así que desvié por completo mis ojos hacía mi novia y abrí mis brazos para que se acercara. Solo cuando lo hice me di cuenta de lo transpirado que estaba producto del reciente esfuerzo, iba a cerrarlos pero Bella se dejó caer en ellos antes de que pudiera hacerlo.
- Lo siento, amor – masajeé su espalda -, estoy todo sudado.
- Hueles a hombre – ella se separó de mí para verme, cuando hicimos contacto, se alzó en puntillas y acarició mis labios con los suyos -, y ese es el mejor olor que podrías emanar para mí.
Cuando sus manos pasearon hacia mi espalda rodeando mi cintura, sentí un ligero tirón en mi entrepierna que me pedía que la tomara y la llevara lejos de aquí.
Lejos del pesado de su hermano y del mirón de mi amigo. Afiancé mi agarré en su cintura y quise acercarla un poco más para sentirla más cerca, pero sabía que si lo hacía terminaría mostrándole a todos lo mucho que necesitaba un poco de atención en mi zona baja.
- Supongo que como ganaste te quedas con la chica.
Abracé a Bella desde su espalda y me cubrí con su cuerpo en el caso de que se viera algo de mi erección, apoyé mi mentón en su hombro y les sonreí a los dos hombres derrotados que había frente a mí.
- Supongo que cualquiera no puede con el peso de su cuerpo – me burlé y me premié dándole un beso al hombro de mi chica.
- ¡Exijo la revancha! – Emmett ya se estaba remangando su camiseta, que por cierto era de mangas cortas, listo para la revancha.
Lástima por él.
- Lo siento, cuñadito… pero yo tengo mejores cosas que hacer.
Pasé las manos por la cintura de mi novia hasta cruzarlas sobre su vientre.
- Pues más tarde follas con mi hermanita… y eso si es que te dejo – me apuntó con su dedote.
- ¡Ey! – por fin Jasper apareció e intervino -, ¿Qué te parece si tú y yo vamos por unas cervezas y dejamos a estos tortolitos solos?
Emmett me miró primero, luego a su hermana y por último a nuestro amigo. Lo meditó por un segundo hasta que relajó sus hombros y los encogió.
- Bien, pero solo porque sé que mañana me darás la revancha… ¿cierto, Edward?
- Claro – rodé los ojos pero a él pareció no importarle.
- Ahora – se volteó hacia Jasper y rodeó sus hombros con su brazo -, vamos por esas cervezas… y quizás por un par de mujeres.
Jasper asintió y golpeó su hombro para después quitarse el brazo de encima. Mi amigo me guiñó un ojo y terminó por arrastrar a Emmett fuera del parque.
En Forks no había mucho que hacer un viernes por la noche si no te ibas de fiesta, es por eso que estar en el parque a las once de la noche se me hacía bastante extraño. Sabía que debía ir a ver lo de mi "negocio" y buscar la forma de dejarlo, pero esta noche Bella quería hacer algo tranquilo y por supuesto que eso dejaba fuera de los planes ir a Port Ángeles y lo que tuviera que ver con el tráfico de drogas.
Solo llevaba unos días siendo oficialmente su novio, pero estos días han sido los mejores de mi vida, Bella era mi luz… era…
¡Mierda!
Le sonreí mientras nos sentábamos en el pasto, ella me hacía desvariar incluso cuando no estaba abriendo la boca.
Abrí los brazos para que se acurrucara en ellos y me complací al sentí su calor muchísimo más cerca.
A pesar del amor inmenso que siento por mi madre, creo que me falta un poco más de motivación para dejar a Cayo y su maldito negocio, pero a la mañana siguiente de hacer el amor con Bella, por fin me di cuenta que esto era algo que no podía seguir dilatando, tenía suficiente dinero ahorrado y no me iba a quedar de vago, algo encontraría que me reportara algo de ganancias, sé que no serían las mismas de mi actual "empleo", pero esperaba que por lo menos me sirvieran para cooperar con algo en casa.
- ¿Qué piensas?
Besé sus cabellos y le sonreí – En que debo cambiar de trabajo.
- ¿Por qué?, ¿algo está mal?
- No, es solo que… - lo medité hasta encontrar las palabras correctas -, quiero algo más cerca y con mejores horarios.
- ¿Para estar más cerca de mí?
Sé que no quiso removerse para excitarme, pero mierda que lo consiguió cuando su pequeño pero firme trasero se restregó contra mi ingle.
- Quiero tenerte siempre así de cerca.
Aproveché el momento y la senté, sin ningún pudor, sobre mi erección, ella gimió bajito, pero casi gritó cuando mordí su cuello. Amaba su risa juguetona y amaba ser yo quien la provocara.
El solo hecho de tenerla así, tranquila y a mi lado, me bastaba para sentirme completo. Respiré un poco del frío aire de Forks y me di cuenta que no podíamos estar mucho más tiempo aquí, ya estaba humedeciendo y lo último que quería era que mi niña se resfriara.
- Deberíamos irnos a casa.
- Vamos a la mía – me miró hacia atrás –, mi mamá…
Se calló al mismo tiempo que mi rostro se contraía, sabía que debía verme como si hubiera mordido limón y es que así mismo era como me sentía.
- Edward…
- No – la corté -, está bien, es solo que… me gustaría que mi madre me tuviera un poco más de confianza.
- Yo creo que quieren estar seguras, supongo que esto no debe de ser algo fácil de decir, pese a todo lo liberal que es mi madre nunca ha tenido una pareja femenina y he de suponer que Esme tampoco – asentí dándole la razón –, bien, entonces es lógico que quieran esperar un poco más de tiempo para hacernos participes de su relación.
Relación.
Me he pasado la vida con miedo a que la palabra "relación" involucrara a mi madre, sé que era un chico egoísta pero ella siempre ha estado para mí y solo para mí, por eso que a estas alturas ya estaba convencido que eso siguiera siendo así. No me esperaba que mi madre quisiera tener una pareja, menos que fuera la madre de Bella y muchísimo menos que fuera mujer.
Pero en algo tenía razón mi, tan siempre sabia, novia. Mi madre estaba más feliz que nunca.
- Ey, no digas nada, solo obsérvala, saca tus conclusiones, ve si la ves distinta… feliz, y ahí tendrás tu respuesta.
- Pero… ¿estás segura? – no estoy seguro de cuántas veces había hecho la misma pregunta, pero no pude evitar repetirla una vez más.
- Ed… las vi besándose…
Gemí y dejé caer, con demasiada fuerza, mi cabeza de vuelta a la cama. Esto estaba peor de lo que pensaba, no es que tuviera algún rechazo especial hacia las lesbianas, pero…
Era mi madre.
- ¿Segura?
La miré solo por un ojo pero la vi rodar los suyos.
- ¿Te da… asco?
- ¡NO! – quizás fui un poco más expresivo de lo normal -, para nada, es solo… que es extraño.
- Pero si se aman está todo bien ¿no?
- Claro…
- Ey – se volteó para verme -, ya verás que en cuanto las veas juntas aclararás todas tus dudas, juro que son la pareja más feliz de este mundo.
- Bueno – me apresuré a contradecirla -, creo que ahí te equivocas, porque – rodeé su cintura y la apegué un poco más hacía mi -, la pareja más feliz de este mundo somos nosotros.
Pestañeé varias veces pero me puse de pie en cuanto me sentí capaz de volver al presente.
- ¿Qué pasa?
- Pasa que no quiero a mi novia con un resfrío – le contesté.
- ¿Vamos a mi casa?
- Tu mamá…
- Dijo que iría a Port Ángeles.
Sonreí – Sí, la mía dijo que iría con tu madre, algo de unas compras que necesitaba hacer.
Estaba feliz por mi madre pero de cierta forma me sentía decepcionado - ¿Qué pasa?
- ¿Por qué crees que no confían en nosotros?
Ya habíamos salido del parque y ahora íbamos abrazados hacia la casa de Bella – Creo que es por lo que ya te dije… necesitan tiempo.
- Sí, seguro.
Abracé mejor a mi novia y sonreí para mis adentros en cuanto vimos la puerta de su casa. Mis ansias crecieron en cuanto entramos, estuve listo para besarla con desenfreno pero ella no me lo permitió, puso una de sus manos sobre mi boca impidiéndome siquiera respirar su aliento.
- ¿Qué?
- Antes de nada… tengo que darle de comer a mi plantita.
Vi como Bella se movía por la sala en dirección a la cocina, allí la vi remover un par de cosas y llegar hasta una parte debajo de la ventana en donde estaba su plantita. Vi como sacaba algo de un sobre y lo esparcía por sobre la tierra para luego verter un poco de agua sobre la tierra.
- ¿Qué es lo que le echaste primero?
- Unas vitaminas, la ayudan a crecer sana y fuerte – me sonrió de una forma que tuve que retorcerme las manos para no correr a tomarla entre mis brazos.
- Está bonita.
- ¿Cierto que sí? – me volvió a sonreír pero luego se giró hacía su plantita -. Eres la plantita más linda del mundo y tienes que crecer mucho… así como ahora.
Sabía que a las plantas había que hablarle pero la pasión con la que le hablaba Bella a su plantita era algo excepcional.
- ¿Cómo le sacas las hojas?
- ¿Quieres que te enseñe?
Yo sabía cómo preparar líneas en una mesa, las inyecciones e incluso, sabía cómo hacer papelillos, pero no tenía ni idea del proceso previo. Así que con un poco de obvia curiosidad, asentí emocionado.
- ¡Claro! – me acerqué los pasos que nos separaban y me quedé al lado de ella.
Ella se puso algo más seria y asintió – Bien, lo primero es saber cortar la hoja, hay que hacerlo con la mano, nunca con algún objeto externo.
- ¿Por qué? – fruncí el ceño.
- Porque así es más natural – ella me respondió -, trataremos de asemejar el corte a como si la hoja se hubiera caído de forma natural.
- De acuerdo… ¿y luego?
Ella cortó la hoja y yo la miré atento – Luego la secamos.
- ¿A sol? – estúpidamente miré por la venta solo para comprobar que ya no había sol afuera.
- Eso es lo ideal, pero en Forks es imposible, además de que a veces es un poco complicado… no queremos llamar la atención de los vecinos o la policía, ¿verdad?
Rodeé su cintura con mis brazos y la acerqué aún más a mi cuerpo – Por supuesto que no lo queremos… imagínate cómo sería mi vida sin mi preciosa y maravillosa novia.
- Sería horrible – estuvo de acuerdo conmigo antes de dejar un tímido beso en mis labios -. Pero, ahora sigamos.
A regañadientes la dejé salir de entre mis brazos. Vi mientras removía un par de cosas en su cocina, no supe lo que estaba buscando hasta que llegó de vuelta con un sartén en sus manos.
- Este es el segundo método – me habló.
- ¿Y pones las hojas ahí?
- Exacto.
Miré mientras Bella ponía las hojas en el sartén y las movía solo meneando el mango, mantuvo todo el tiempo el sartén en el aire impidiendo que tocara directamente el fuego. Por un momento me concentré en las hojas de marihuana como cambian su color verde intenso a un verde musgo, el cambio era sutil pero mientras más Bella las movía, más se notaba el cambio.
Quedé impresionado cuando, sin necesidad siquiera de tocar las hojas, estas se fueron deshaciendo un poco.
- ¿Y ahora? – le pregunté mirándola.
- Ahora se arman los papelillos.
De otro cajón en la cocina sacó su siempre tan variado y provisto arsenal de papelillos de colores, esta parte me la sabía pero siempre era sexy ver cómo Bella ponía las hojas desechas, que se terminaron por deshacer cuando las tocó, sobre el papelillo. Pero mierda, la mejor parte era cuando pasaba su exquisita lengua para cerrarlo.
Y ahí la perdí… Perdí la poca cordura que me quedaba, se fue a la mierda.
Ya no me importaba el papelillo en sus manos, que seguramente estaba delicioso, ni nada a mi alrededor, en esos momentos lo único en lo que pensaba era en tenerla entre mis brazos.
La besé con pasión pero con la suficiente calma para disfrutar de cada parte de su boca. Sabía que ella ya estaba entregada a mis caricias por lo que no perdí tiempo y la subí a la encimera en donde terminé de disfrutar de ella.
Estar dentro de Bella definitivamente era la mejor parte de mí, hasta ahora no había pasado una día entero sin que dejara de estar dentro de ella y no pensaba comprobar cómo sería. Por lo que a penas deslicé el condón por mi erección me hundí en su centro.
- Bella…
Gemí mientras tomaba sus piernas desde sus rodillas y las enganchaba en mis brazos, con mis manos me afirmé del borde de la encimera y adquirí el impulso necesario para balancearme sobre ella.
- Yo… esto…
Amaba escucharla decir incoherencia, en estos días había aprendido que la segunda cosa más maravillosa en este mundo, luego de escuchar a Bella llegando al orgasmo, era escucharla perdiéndose en el placer mientras yo la hacía mía.
Mis pantalones estaban en mis tobillos pero odiaba la idea de que el perfecto trasero de mi novia estuviera siendo aplastado así que aguantando el dolor de mis bolas, me separé de ella y la di vuelta para poder volver a introducirme en su interior pero esta vez desde atrás.
Cualquier visión que incluyera a Bella era fabulosa, pero hoy había descubierto otra, Bella reflejada en la ventana de su cocina mientras yo le hacía el amor.
Mis bolas se apretujaron y mi polla se terminó de hinchar cuando Bella alcanzó su orgasmo. Era maravilloso escucharla correrse, aunque me gustaba más verla cuando lo hacía, pero sentir su mano acariciar mis bolas para ayudarme a acabar, fue sublime.
Mi cuerpo, ahora lánguido cayó sobre su espalda, la besé repetidas veces entre sus pecas hasta que ella misma se dio vuelta y me llevó hasta su habitación.
.
.
.
Odiaba despedirme de mi novia, pero sentí llegar a Reneé, lo que quería decir que mi madre ya estaba en casa, y eso significaba que era el momento para tratar de entablar una conversación con ella.
Mientras mi suegra entraba unos paquetes, yo bajé las escaleras, Bella aún dormía como el ángel que era por lo que más tarde pasaría a verla de nuevo.
- Oh, Edward… ¿te quedaste a pasar la noche aquí?
Asentí, no porque ella se acostara con mi madre dejaba de ser mi suegra – Sí… lo siento si no te avisamos.
- Tranquilo – le restó importancia mientras hacía un gesto despreocupado con su mano -, confío en mi hija y sé que es inteligente… además, tú eres un buen chico.
No pude evitar que se me inflara un poco el pecho por sus palabras – Gracias.
- ¿Y ya te vas? – ella había avanzado hacia la cocina, en donde comenzó a hacerse un té mientras me hablaba.
- Sí, quería hablar con mi madre.
- Oh – pese a que Reneé me estaba dando la espalda, pude sentir a la perfección como se tensaron sus hombros -, ¿todo bien?
Me dio una fugaz mirada, supe que me estaba evaluando por lo que puse mi mejor sonrisa despreocupada – Oh, sí… solo quería hablar un poco con ella, a veces siento que paso mucho tiempo con Bella y no quiero que sienta que la he dejado de lado.
- Estoy segura que ella entiende lo que es estar enamorados.
Cuando vi la sonrisa de Reneé no me importó nada más, si ella miraba a mi madre con esos ojos soñadores yo podía darme por satisfecho al saber que alguien la amaba tanto.
- Sí, pero ahora me voy, ¿le dices a Bella que la vengo a ver más tarde?
- Claro, hijo… adiós.
Me despedí solo con un gesto de mano.
Para cuando llegué a mi casa, mi madre estaba haciendo lo mismo que Reneé, un té, así que me fui directo a la cocina.
- ¿Hay uno para mí?
- Oh, hijo – se tomó el pecho pero me sonrió -, lo siento, no te escuché… ¿estabas donde Bella?
- Sí… pero llegó Reneé así que me vine para hacerte compañía… ¿lo pasaron bien?
Una tímida sonrisa se formó en sus labios – Sí… hace mucho que no salía.
- Me agrada que tengas una amiga, siempre es bueno tener alguien con quien salir.
Estudié su reacción pero ella no dejó de sonreír, solo se encogió de hombros y volvió a concentrarse en las tazas de té, cuando las tuvo listas las dejó en la mesa junto a un plato de galletas. Lo primero que hice fue tomar una y satisfacer un poco a mi vacío estómago, recién ahora me venía a dar cuenta que no comía nada desde ayer en la tarde, y es que bueno, habían mejores cosas que hacer cuando tenía a Bella desnuda entre mis brazos.
Moví mi cabeza un lado al otro para despejar esas exquisitas imágenes y me volví a concentrar en mi madre.
- ¿Y a dónde fueron?
- Oh, por ahí y por allá… hicimos un par de compras.
- Creo que podríamos tener una cena – me encogí de hombros para que mi idea se viera relajada -, para celebrar mi noviazgo con Bella y tu… amistad con Reneé.
Creo que las cagué porque mi madre solo me miraba con los ojos entrecerrados cuando trataba de leerme más allá de lo que estaba viendo, así que magistralmente desvié mi mirada.
- Sí… supongo que es una buena idea.
Ella aún seguía estudiándome por lo que no pude estar más agradecido cuando mi celular sonó salvándome de su escrutinio.
- Perdón – me excusé para levantarme.
Avancé hasta la sala de estar y ahí conteste, pero para mi mala suerte, no miré el número antes de hacerlo.
- ¿Hola?
- ¿Me puedes explicar por qué mierda ayer no viniste por tu mercancía?, ¿Quién mierda te crees, Edward Cullen, para dejar tu trabajo botado?
No sé si fueron las palabras o el tono de Cayo lo que provocó que mi cuerpo se estremeciera por completo.
Hola!Bueno, he aquí un nuevo capítulo... por fin :)
Espero que aún estén por aquí leyendome, amo sus comentarios y los leo todos pero no alcanzo a contestarlos, sorry :(
Erica Castelo, como siempre, mil gracias por betearme :) Besos, Joha!
