N/A: ¡Muy buenas a tod s! Me alegra mucho ver que habia gente esperando con ansias los nuevos capítulos de esta historia. Y para los nuevos lectores, ¡bienvenidos a mi propia historia de OUAT! Espero de verdad que os siga gustando, porque para mí eso ya es la mejor recompensa por escribir.
Y no me enrollo mucho que todavía os debo muchos capítulos de esta historia xD
Como siempre, espero que disfrutéis del capítulo. ¡Un besazo enorme!
Disclaimer: En los capítulos 1 y 2.
Capítulo 14: … Algo viejo
"Mi corazón es tuyo para siempre, Emma Swan…"
Esa frase no dejaba de repetirse en su cabeza desde que se había despertado. Ni siquiera centrándose en otras tareas, como preparar el desayuno, habían ayudado a su mente a alejarse de lo que parecía un recuerdo de la que sería su vida. Pero, dado que esa ida todavía no la había vivido, no estaba seguro de llamar 'recuerdo' a lo que había soñado esa noche. La maraña de recuerdos y visiones que estaba experimentando desde que sabía su verdad con respecto a Danny empezaba a agotarla mentalmente.
Afortunadamente para ella, el sonido de la cafetera consiguió despejar por un instante su mente, centrándose en terminar el desayuno mientras esperaba a que Danny bajase.
De su mente tampoco se alejaba la idea de que volvería a ver a Emma de un momento a otro, pues la rubia la había enviado un mensaje de buena mañana diciendo que iría a buscar a Danny para que la ayudase con la búsqueda de Peter Pan.
Los rápidos pasos que bajaban las escaleras fue lo que la devolvió al mundo real otra vez, girándose con su café en la mano, observando durante un instante a Danny: su hija volvía a tener el pelo rubio y los ojos verdes, siendo casi la copia exacta de Emma. Si la rubia no comenzaba a sospechar de la verdad cuando viese así a Danny, Regina se plantearía seriamente estamparle el libro de cuentos en la cara.
"Buenos días." Saludó suavemente Danny, mirando a Regina. Todavía le costaba acostumbrarse a esa dinámica madre-hija que se había instaurado entre ambas casi sin darse cuenta, pero se esforzaba para facilitar las cosas a su madre.
"Buenos días, querida." Saludó de la misma manera Regina, sentándose con su hija a la mesa, observándola desayunar con una sonrisa.
Lo que más llamaba la atención de Regina sobre el sueño que había tenido era que ella estaba embarazada, y eso era imposible. Ella misma se había encargado de no poder tener hijos. Tal vez por eso la Regina de su sueño luchaba por ese Amor con Emma, porque ese Amor había conseguido deshacer lo que parecía imposible, y le había otorgado el don de traer una nueva vida al mundo; una vida que ahora mismo estaba comiendo frente a ella.
Mientras las dos desayunaban, Regina observó el reloj. Emma llegaría de un momento a otro, y dado que Danny no sabía de los planes que Emma y ella habían hablado, Regina se aclaró la garganta, llamando la atención de su hija, que dejo de comer para prestarle atención. Antes de hablar, Regina no pudo evitar lo mucho que en ese instante Danny le recordaba a Emma. Estaba claro que el amor por la comida lo había heredado de su madre rubia.
"Emma ayer me propuso que la ayudases a buscar a Peter Pan. Hasta ahora no ha tenido suerte, y cree que con tu ayuda las cosas pueden salir mejor."
Danny la miró durante un instante. No sabía si podía estar ahora mismo con Emma, no después de lo que había pasado la noche anterior, no después de haber recordado su muerte. No quería aferrarse a ella si luego debía soltarla. Ante la reticencia de su hija, Regina sopesó que tal vez no era tan buena idea que Danny pasase toda la mañana con Emma a solas, ya no solo porque Emma no sabía la verdad, sino por todo lo ocurrido la noche anterior. Sin embargo, dejaría la elección en manos de Danny.
Tras unos minutos de silencio, fue Rinn quien rompió el monologo interno que cada una mantenía consigo misma. "Yo podría ayudar. Estoy hecho de magia, así que puedo sentirla casi tan bien como Danny."
Tanto madre como hija miraron al dragón: Regina lo hacía con gratitud, pues sabía que la presencia de Rinn calmaría a Danny y la ayudaría a controlarse; mientras que Danny lo miraba con suspicacia, sabiendo que algo estaba pasando por la cabeza de su amigo. Durante un instante, miró a su madre, que miraba a Rinn, y tomó entonces una decisión de la que tal vez más tarde se arrepentiría.
"De acuerdo." Fue lo único que dijo, continuando con su desayuno, sin levantar la mirada de su plato, ajena a la conversación mediante miradas que Rinn y Regina mantenían.
No fue sino hasta una hora más tarde que Emma apareció en la puerta de la mansión de la alcaldía. Como Henry se había quedado a dormir en casa de sus padres, Emma lo había llevado al colegio, y directamente del colegio se había encaminado a la mansión de Regina para recoger a Danny, esperando en el porche tras golpear suavemente, de espaldas a la puerta.
Al escuchar los suaves golpes en la puerta, Regina, que ya estaba lista para empezar su día, observó un instante las escaleras. Cuando había terminado de desayunar, Danny había subido a su habitación sin decir nada, y todavía no había bajado. No pudiendo retrasar más el momento de enfrentarse a Emma, Regina suspiró. Este nerviosismo era nuevo para ella, y todavía no tenía muy claro cómo manejarlo. Una vez frente a la puerta, volvió a suspirar, intentando serenarse. Una vez creía que lo tenía todo bajo control, abrió lentamente la puerta, viendo la espalda de Emma, quien, al escuchar la puerta abrirse, se giró, viendo allí a Regina. Y en ese momento, en el que nadie dijo nada, el tiempo se detuvo.
[Flashback]
La noche era perfecta para lo que Emma había planeado. Ella misma se había encargado de que nada ni nadie las molestase durante la noche. Habían estado esperando esa noche durante casi dos semanas, y Emma había cubierto todos los posibles problemas que podían surgir durante la noche: Ruby se encargaba de la estación del Sheriff, mientras que sus padres harían de niñeros de Henry. Además, utilizando, por primera vez, sus "conexiones" como Salvadora de Storybrooke y como princesa real, Emma había reservado mesa en el restaurante más prestigioso de la ciudad: The Golden Goose, cuya lista de espera era de hasta dos años.
Emma quería la noche perfecta para Regina, y se había esmerado muchísimo en planearla. Incluso para evitar discusiones con Regina, pero tampoco queriendo renunciar a poder conducir su coche, había transformado con su magia su precioso escarabajo amarillo en un Mercedes-Benz Clase E de color negro, queriendo así demostrarle a Regina que ella también quería hacer funcionar su relación.
Así, con su temporal y flamante coche nuevo, Emma aparcó frente a la casa de la alcaldía, inspirando hondo antes de bajar del coche, alisándose por enésima vez la falda de su vestido rojo, mirándose durante un instante en el espejo retrovisor para comprobar que tanto su maquillaje como su peinado estaban correctos. Una vez se sintió preparada, inspiró hondo de nuevo y se encaminó a la entrada de la mansión, tocando suavemente la puerta con sus nudillos, dando la espalda a la puerta, intentando calmar sus nervios.
Era la primera cita oficial que tenía con Regina. La primera cita que implicaba vestidos, cenas elegantes, salir en público… Hasta ahora sus "citas" habían sido comer o cenar en Granny's o pasar las noches en la mansión. En realidad, siendo sincera consigo misma, Emma sabía que la idea de esta cita no había sido suya. Regina había sabido jugar muy bien sus cartas y había conseguido que la propia Emma cayese en su juego, pues la ex reina había logrado que Emma le pidiese una cita pensando que había sido una idea propia, y no la respuesta a las múltiples insinuaciones e indirectas que Regina le había lanzado. Y eso era algo que Emma agradecía, porque sabía por experiencia propia que jamás le habría pedido a Regina una cita por su propio pie, y la inocente manipulación de Regina había sido el empujón que necesitaba.
Y mientras la Salvadora estaba completamente perdida en sus pensamientos, la puerta de entrada se abrió, y Emma se giró, y lo que vio frente a ella le quitó el poco aliento que todavía conservaba.
[Fin de Flashback]
Ambas mujeres parpadearon un instante. No sabían que acababa de pasar, pero, de la misma manera que la noche anterior, ambas habían vivido el mismo recuerdo – o visión – de su vida futura. Habían visto su primera cita, copiando casi los mismos movimientos sin siquiera saberlo. Emma, que todavía intentaba respirar después de haber visto al a Regina de su recuerdo, giró completamente su cuerpo para poder enfrentar a Regina, carraspeando un poco, queriendo terminar con el silencio levemente incomodo, o al menos parecía incomodo, que se había instaurado entre ambas.
"Eh… Vengo a por Danielle." Estaba claro que el cerebro de Emma todavía no estaba a pleno funcionamiento, pues esa frase fue lo único que pudo articular antes de volver a callarse, sin atreverse a mirar a Regina a la cara. Para la rubia, entre el beso de la noche anterior con Regina y estos recuerdos esporádicos, la situación empezaba a ser incontrolable. Ya no sabía cómo se sentía con respecto a la que anteriormente había sido su enemiga; estaba claro que ya no había odio entre ellas, pero ¿amor?; eso eran palabras mayores.
Regina, por su parte, al ver obviamente lo incomoda que Emma se sentía en ese instante, decidió no decir nada, apartándose de la puerta, observando como Danny bajaba las escaleras con rapidez, seguida de Rinn. Afortunadamente para todos, el aspecto de Danny volvía a ser el de siempre, por lo que el secreto podría mantenerse otro día más.
"Ten cuidado, ¿de acuerdo?" Como una madre, que al fin y al cabo era lo que era, Regina arregló la chaqueta de Danny, besando suavemente su frente. No pudo evitar sentir una punzada de rechazo al sentir como Danny se tensaba bajo su tacto, pero pronto esa punzada desapareció al notar los brazos de su hija darle un ligero abrazo. Parecía que las cosas iban mejorando entre ellas.
Cuando se separó del abrazo, Danny miraba insegura a Regina, mordiéndose un instante el labio inferior. Mientras había estado preparándose para irse, había meditado muchísimo los siguientes pasos que debía dar con Regina, con su madre; y pensaba que la mejor manera era dar pasos pequeños, ir sobre seguro, pero ahora no lo veía todo tan claro. Sin embargo, Regina, reconociendo ese gesto de inseguridad, le dio un leve apretón cariñoso en el antebrazo, incitándola a que le dijese lo que quisiese, que todo iba a ir bien.
"¿Puedo pasar a la hora de comer a verte?" Preguntó tímidamente la joven. Desde que había llegado al pueblo, nadie había visto nunca a Danny comportarse así. Siempre mostraba un carácter duro, fuerte, peleón, pero nunca débil o tierno; en eso era como sus madres, escondía su lado más suave para que nadie pudiese hacerle daño. Pero fue simplemente con esa pregunta que el corazón de Regina dio otro vuelco, pues ver así a su hija con ella hacia que la envolviese una ola de amor que solamente había sentido con Henry.
Al ver que no podía articular palabra, Regina simplemente asintió, regalándole a su hija la sonrisa más dulce que Emma había visto hasta ahora, y antes de que Danny saliese de la mansión, recibió un beso en la mejilla, encaminándose fuera del jardín, dejando entonces a Emma y a Regina solas en el porche.
La escena que acababa de presenciar era algo que Emma únicamente había visto de lejos, cuando acababa de llegar al pueblo y veía interactuar a Regina con Henry. En esos momentos ella se sentía fuera de lugar, fuera de la imagen de la familia que representaban la alcaldesa y su hijo. Pero en ese momento, viendo a Regina comportarse como una madre con Danny, la sensación había sido completamente diferente. Había sentido algo muy distinto, como si ella también fuese parte de esa relación que unía a Regina con Danny, y eso era algo que le hacía preguntarse muchas cosas en su cabeza; cosas que parecían improbables, pero que viviendo en Storybrooke podrían darse perfectamente.
No queriendo molestar más a Regina, Emma le dio una leve sonrisa. "Cuidaré de ella, no te preocupes. Volveremos antes de comer." Y con eso, Emma dio media vuelta, encaminándose hacia su coche, donde Danny la esperaba con Rinn.
Regina, al ver que Emma parecía como si la evitase, decidió adoptar la misma actitud que la Regina de su sueño, y, sin pensarlo mucho, siguió rápidamente a Emma, tomándola suavemente de su brazo, haciendo que la rubia se girase, mirándola interrogante. Lo único que supo después fue que unos labios carnosos, a los que no sabía que había echado de menos, la estaban besando con un amor y una pasión que, poco a poco, también se estaban gestando en su corazón.
El camino desde el pueblo hasta las lindes del bosque se desarrolló en absoluto silencio. Emma todavía estaba intentando asimilar que Regina la había vuelto a besar, y Danny intentaba asimilar lo que había visto. Sí, ya sabía que sus madres eran Emma y Regina, y que en un futuro estarían juntas, pero saberlo y verlo eran dos cosas completamente diferentes. El único que parecía ajeno a todo era Rinn, que miraba los edificios y los arboles pasar a través de la ventana.
Cuando llegaron al límite del bosque, los tres bajaron del coche, observando Emma alrededor, mientras Rinn aumentaba su tamaño, pasando de medir lo mismo que un perro a tener la misma altura que un caballo. Danny, por su parte, y casi sin darse cuenta, adoptó la misma posición que Emma, observando alrededor. No parecía que nada estuviese fuera de lo normal, y aunque ella podía sentir la magia casi como el aire, esta vez no había nada en el ambiente que indicase que Peter Pan había estado por allí.
Tras unos minutos más observando los alrededores, los tres decidieron adentrarse en el bosque con Rinn a la cabeza, quien, casi como un perro, intentaba olisquear o sentir algún rastro de magia. Emma y Danny, por su parte, caminaban unos pasos más atrás de Rinn, sin decirse nada la una a la otra, mirando cada una a un lado, concentradas en la tarea de buscar cualquier rastro de Peter Pan.
Dos horas de silencio después, Rinn se detuvo de golpe, alertando a las dos, que enseguida se acercaron al dragón, quien miraba alrededor, como buscando algo. Danny fue la primera en llegar al lado de su escamoso amigo, pero, mucho antes de que pudiese abrir la boca, vio una neblina celeste acercarse hacia donde estaban. Ella ya había visto antes esa neblina.
Fue en ese instante, cuando intentó avisar a Emma, en el que se dio cuenta de que Emma ya no estaba. Tampoco se había dado cuenta de que ya no era de día, sino que parecía estar anocheciendo. Y lo más extraño de todo vino cuando escuchó ruidos de caballos y las ruedas de un carruaje golpear contra la tierra del camino. Algo muy malo empezaba a removerse en el cuerpo de Danny.
Rinn, sin embargo, sabía perfectamente qué estaba pasando. Recordaría esa noche durante toda su vida. En cuanto miró a Danny, supo que ella acababa de darse cuenta de que lo que estaba pasando era un recuerdo, pero no el recuerdo que Danny había visto. Antes de poder decirle nada a su dueña, Rinn escuchó voces, y, junto con Danny, se escondió en unos de los matorrales que había cerca, ocultos a cualquier ojo humano. Dichas voces no tardaron demasiado en acercarse a su posición.
"¡Te estoy poniendo las oportunidades en bandeja, pedazo de estúpido!" Era la voz de una mujer, y a juzgar por el tono, no parecía estar de buen humor. "Has podido cumplir tu misión en tres ocasiones, y en cada una de ellas has fracasado estrepitosamente."
"Ellas cuenta con ayuda de la magia, yo solo con mi arco, mis flechas y mis hombres. Estamos en desventaja." Ahora lo que se escuchaba era la voz de un hombre, mucho más calmado que la mujer.
"¡Yo me encargo de la magia! ¡Tú misión es destruir a Emma! No me importa como lo hagas: trocéala, crucifícala, dásela a los perros… No me importa lo que hagas, pero la quiero muerta antes de esta noche. ¿Me he explicado con claridad?"
Hubo un breve silencio en el que ni siquiera el viento se dejó escuchar. Danny intentaba descubrir quiénes eran esas dos personas que intentaban matar a su madre, pero si se movía de su escondite se dejaría ver, y todavía desconocía si podían verla o no, ya que jamás había vivido un recuerdo de esta manera.
"Cómo ordenéis, mi señora." Fue lo único que dijo el hombre, escuchando como sus pasos comenzaban a alejarse. Pero la voz de la mujer lo detuvo.
"Ah, y no te olvides de nuestro trato, querido. Matar a Emma no te dará ningún poder sobre mí, así que será mejor que no intentes ninguna estupidez, Robin Hood." Y con eso, la mujer desapareció.
Danny ni siquiera se dio cuenta. Su cerebro había entrado en shock en el momento en que había escuchado el nombre de Robin Hood. Ese nombre resonaba en su mente como un silbido exasperante. Era importante, lo sabía, pero su mente no le proporcionaba toda la información. Pero Rinn sí que sabía de la importancia de lo que habían oído. Esto lo cambiaba todo, y no precisamente para bien.
Y mientras que cada uno seguía dentro de su propia mente, ninguno se dio cuenta de que la neblina desapareció, y el bosque volvió a ser el bosque de Storybrooke. Y fue así como Emma los encontró: escondidos en unos matorrales, como si hubiesen visto un fantasma. Al verlos así, Emma dudaba si preguntar o no, pero tampoco tuvo mucho tiempo de hacerlo, pues justo cuando abrió la boca notó un dolor agudo en su hombro, y luego como si algo la quemase. El dolor pasó de cero a cien en milésimas, cayendo de rodillas justo al lado de Danny, que en ese momento salió de su shock, viendo a Emma gemir de dolor, tomándola de la mano, desapareciendo con ella en una nube de humo azul, dejando a Rinn atrás.
El dragón, una vez su ama hubo desaparecido con Emma, decidió alzar el vuelo, intentando notar de nuevo esa ráfaga de magia que había provocado que tuviesen esa visión. Pero sus esfuerzos fueron en vano, así que decidió acudir a la única persona en Storybrooke que tenía tan buen olfato como él.
La megafonía del hospital era lo único que se podía escuchar fuera de la habitación. Emma todavía se resentía de su hombro, pero gracias al calmante que Whale le había administrado, el dolor había menguado. Durante un instante, Emma dirigió su mirada a la puerta de cristal, viendo a Danny hablar con Whale. Emma comprendía que el doctor no entendiese lo que había pasado, ya que ni ella misma lo sabía, pero agradecía que Danny hubiese estado con ella, pues había sido la joven la que había convencido a Whale de administrarle un calmante a Emma, a pesar de no haber una herida sobre la que preocuparse.
Mientras miraba a su joven salvadora, vio como ésta se giraba de golpe, observando entonces acercarse a Regina, cuya cara de preocupación y miedo era imposible de esconder tras la cara de política que Regina siempre intentaba adoptar. Emma no podía escuchar lo que los tres hablaban fuera de la habitación, pero sí que podía ver sus caras, y por lo que veía, esto que le había pasado no era, ni de lejos, algo de lo que no preocuparse.
La puerta entonces se abrió, siendo Whale el primero en entrar, acercándose a Emma mientras Regina y Danny se quedaban a un lado de la habitación.
"¿Cómo va ese hombro?" Preguntó Whale, acercándose a la camilla donde Emma estaba acostada. "El calmante debe de haber hecho efecto hace rato, así que supongo que el dolor habrá menguado, ¿no?"
Emma asintió suavemente, irguiéndose en la camilla para dejar que Whale examinase, por cuarta vez, su hombro. No había herida visible, ni siquiera un simple punto que pudiese indicar el disparo de un dardo; ni siquiera la picadura de un insecto. El hombro de Emma estaba completamente sano e intacto.
"Bueno, Sheriff, no parece que tenga nada en el hombro, y dado que el dolor ha menguado, me parece que lo único que puedo recomendarle es calmantes y reposo. No hay nada en las radiografías que indiquen que está roto, así que es libre de irse." Y con eso Whale se fue a preparar las recetas para los calmantes, dejando a Emma a solas con Regina y Danny.
El silencio que se instauró entre las tres duró poco, pues Regina se acercó a Emma, revisando durante un instante el hombro de la rubia antes de mirarla directamente a los ojos. Esperaba que su próximo encuentro con la rubia tras lo ocurrido esta mañana hubiese sido diferente, no en una cama de hospital.
"Danny me ha llamado en cuanto te ha traído aquí." Eso explicaba que Regina hubiese aparecido con tanta rapidez. Seguramente la alcaldesa lo había dejado todo a medias en el ayuntamiento para poder salir corriendo en dirección al hospital. "Dice que te has desmayado en cuanto habéis aparecido en Urgencias."
Ante eso, Emma frunció el ceño. Ella no recordaba haberse desmayado. Solo recordaba estar en el bosque con Danny y Rinn, de repente el dolor en su hombro y luego estar en el hospital. Regina, al ver la confusión en la cara de Emma, dedujo que la rubia desconocía su desmayo. Se giró entonces para ver a Danny, que las miraba fijamente.
"En cuanto hemos aparecido en Urgencias te has desmayado por el dolor. El doctor Whale no sabía qué hacer, así que mientras te administraba el calmante he usado la magia para dormirte. Supongo que por eso no lo recuerdas todo tal y como pasó." En cuanto terminó su breve explicación, Danny desvió su mirada. Ella sabía de donde venía ese dolor, aunque agradecía que esta vez Emma siguiese viva, y no hubiese seguido el mismo destino de su recuerdo.
Regina volvió su mirada a Emma, quien todavía parecía algo confusa y con dolor. "Víctor te ha recomendado reposo, y aunque creo que los calmantes pueden cumplir muy bien con su función, creo que podríamos usar la magia para curarte lo que sea que te pasa en el hombro."
Emma se miró un instante el hombro, y luego a Regina. Sabía que desde su beso en el estudio, o tal vez incluso antes, algo había cambiado entre la alcaldesa y ella, pero jamás en sus sueños había imaginado que Regina se preocupase tanto por ella. Al ver que la morena esperaba una respuesta por su parte, y viéndose incapaz de responder, Emma simplemente asintió, accediendo a la propuesta de Regina, quien sonrió levemente al ver que Emma ni siquiera había intentado discutir.
"Mientras te acompaño a casa, Danny recogerá a Henry del colegio, así podrá explicarle lo que ha pasado y porqué dormirás en casa."
Eso último captó la atención de Emma. "¿Casa? ¿Quieres decir en la mansión?" No esperaba esa oferta por parte de Regina, y obviamente la había pillado por sorpresa.
La ex reina no se sorprendió mucho al ver la reacción de Emma. Al fin y al cabo, después del beso de esa mañana en su jardín, Emma había salido lo más rápido que sus pies le habían permitido, despidiéndose de Regina con un leve 'hasta luego'. La alcaldesa entendía que Emma estuviese confusa ante su cambio de comportamiento con respecto a ella, pero esperaba un poco de acción por parte de Emma, no esa pasividad que estaba demostrando.
"Sí, señorita Swan, la mansión. Voy a tener que vigilar tu hombro para comprobar que la magia no tiene un efecto inverso en tu hombro, y no puedo vigilarte si vives en otra casa."
El volver a escuchar 'señorita Swan' de los labios de Regina tranquilizó en cierta manera a la rubia, tal vez porque esa había sido la costumbre entre ellas. Sin embargo, todavía no estaba segura de poder aguantar estar en la misma casa que Regina, aunque solo fuese por una noche. Aunque en ese momento su corazón estaba más atento que su cerebro, pues lo que salió de sus labios fue totalmente lo contrario a lo que quiso decir.
"Está bien."
La suavidad y confort del colchón contra su hombro se sentían como el cielo. Los calmantes habían hecho su función, pero parecía que el dolor no terminaba de marcharse. No había dejado de sentir dolor desde que había salido del hospital acompañada por Regina, y ni siquiera bajo los cuidados de la magia de Danny cuando ésta volvió de traer a Henry del colegio su hombro mejoró. Seguía sin saber a qué se debía ese infernal dolor que sentía, y aunque sabía que Regina estaba igual de confundida que ella, podía sentir que Danny sí conocía la razón por la que tenía ese dolor, pero la joven no parecía muy dispuesta a compartir esa información.
Tras haber pasado casi todo el día en la mansión de Regina – la mayoría de la mañana sola y el resto de la tarde con Henry y Danny hasta que Regina volvió del ayuntamiento – y después de una buena cena preparada por la morena, Emma había caído rendida en la cama del cuarto de invitados mientras Regina arreglaba unos papeles en su estudio. Su hombro le dolía, y no tenía más fuerzas para mantenerse despierta.
Pero su cansancio no impidió que escuchase abrirse la puerta de la habitación lentamente, sintiendo como alguien se acercaba a ella, abriendo suavemente los ojos, viendo allí a Regina, sin saber qué decir.
Regina y ella no habían hablado mucho desde que la alcaldesa la había dejado en la mansión después del hospital, y no precisamente por falta de insistencia por parte de la morena. Era Emma la que se mostraba distante con Regina. Bueno, no distante, pero seguía muy confundida por el cambio de actitud por parte de la ex reina, y eso provocaba que los muros que Emma hacía tiempo había tenido en su corazón volvieran a erigirse con fuerza. Por eso, la mayor parte del día en casa de la alcaldesa lo había pasado en silencio, únicamente emitiendo algún gemido o quejido de dolor por culpa de su hombro aparentemente sano. Era también por eso que en cuanto terminó de cenar, subió al cuarto de invitados en el que suponía que iba a dormir, sin siquiera decirle nada a Regina, únicamente despidiéndose de Henry.
Pero en esos instantes, al ver allí a Regina, sabía que no podía escapar más de la morena, sobre todo con el dolor que todavía sentía en su hombro. Es difícil concentrarse cuando sientes un verdadero infierno en tu hombro izquierdo.
"Danny me ha dicho que el hombro te duele más." Regina hablaba susurrando, por lo que Emma dedujo que tanto Henry como Danny estaban ya durmiendo. ¿De verdad había perdido tanto la noción del tiempo?
Al no escuchar respuesta alguna de Emma, Regina suspiró. Ella podía ser cabezota, pero Emma a veces la ganaba por goleada. "Emma, sé que estás confundida, pero ahora solo quiero ayudarte a mejorar tu hombro. Mañana podrás preguntarme porqué mi cambio de actitud, pero ahora quiero que me dejes ayudarte."
Un simple asentimiento de cabeza por parte de Emma fue lo que Regina necesitó para tomar suavemente su mano, desapareciendo con la rubia en una nube de humo, apareciendo en la habitación de Regina, Emma acostada en la cama con su pijama, dejando su hombro herido al descubierto. El dolor empezaba a ser tan profundo que Emma ya ni se percataba de que había cambiado de habitación. Era como si el dolor se expandiese por todo su cuerpo, empezando a marearse y a sudar. Y fue entonces cuando una memoria azotó su mente de nuevo.
[Flashback]
Había perdido el conocimiento momentos antes de que Drakan irrumpiese en el castillo Oscuro. Notaba el veneno recorrer su cuerpo a través de su sangre, y notaba también como su magia intentaba expulsarlo de su cuerpo. Era gracias a esa pelea entre su magia y el veneno que recuperaba la conciencia de vez en cuando, recuperándola en el instante en que sus soldados la llevaban en una camilla a sus aposentos, con Regina a su lado, sin soltar su mano.
No tenía fuerzas para hablar, ni siquiera para mantener los ojos abiertos. Ella era poderosa, su magia lo era, pero el veneno lo era más, y eso únicamente causaba que perdiese sus fuerzas más rápido intentando combatir aquello que la estaba matando por dentro.
Pudo notar el colchón de su cama contra su espalda, abriendo levemente los ojos, viendo el techo de la habitación que compartía con Regina. Al menos moriría en casa.
"Emma… Emma, resiste, el médico ya viene…" Escuchaba la voz de Regina muy lejana, casi como si estuviese a millas de distancia. Sus ojos se habían vuelto a cerrar, pero hizo un esfuerzo inmenso para abrirlos, buscando a su esposa con la mirada, viéndola justo a su lado, sujetando su mano con fuerza, mirándola con la misma preocupación que siempre que se metía en problemas. No tenía fuerzas para hablar, y cada vez le costaba más respirar. Lo único que pudo hacer fue sonreír a su mujer, su última sonrisa. E intentó devolverle el fuerte apretón que Regina estaba dándole a su mano, pero no podía. Su vida se alejaba del lado de la Reina.
Ella no podía irse así. No se lo perdonaría nunca si se marchaba sin decirle a Regina que la quería. Y fue eso lo último que hizo en vida. Sintiendo el resto de sus fuerzas flaquear, y no pudiendo combatirlo por más tiempo, Emma le mantuvo la mirada a su esposa. Una mirada que intentó que estuviese llena de amor, de su Amor Verdadero. Y mientras sus ojos se cerraban, sus labios dejaban escapar sus últimas palabras.
"Te quiero, Regina…"
[Fin del flashback]
Fue al ver el mal estado en el que Emma se encontraba tras dejarla en su cama que Regina puso casi inconscientemente su mano en su hombro, sin saber qué hacer, pues ella no había utilizado casi nunca la magia blanca.
En el momento en que la mano de Regina tocó el hombro de Emma, todo pasó muy rápido. De la mano de Regina comenzó a surgir una leve luz azul, del mismo color que la magia de Emma, y pudo comprobar como Emma dejaba de gemir de dolor, y como poco a poco la rubia caía en un profundo sueño, mientras la magia hacia desaparecer el dolor de su hombro. Pero no fue eso lo único que sorprendió a Regina, ya que, antes de dormirse del todo, Emma abrió levemente sus ojos, mirando directamente a Regina con una mirada que la ex reina nunca le había visto a la salvadora. Una mirada llena de amor, de su Amor Verdadero. Y cuando ambas conectaron esa mirada, Emma habló:
"Te quiero, Regina…" Y con eso, se durmió.
A cuantos más recuerdos, más aumenta la emoción en cada capítulo. Y lo que nos espera…
Como nota informativa, he de decir que, revisando la historia (una vez más) he visto algunas contradicciones propias (sobre todo cuando me refiero a Regina, que hay veces que me refiero a ella como alcaldesa y otras como ex), así que he vuelto a subir todos los capítulos con esos errores corregidos. Supongo que habrá más, pero por ahora dejaré esta última versión de los capítulos.
Espero que os haya gustado el capítulo. ¡Hasta el próximo!
