Le temblaban las piernas y necesitó toda su fuerza de voluntad para quedarse de pie delante de él y hacer un último intento de negar lo inevitable, pero no le sirvió de nada.

Harry: No me mientas, Ginny. Estás embarazada, ¿verdad? ...

Ginny: Y qué diablos tiene que ver eso contigo?

Tan pronto como las palabras salieron de su boca, supo que había cometido un error. Harry palideció y su rostro parecía una máscara dura e impenetrable que la atemorizó.

Harry: Todo, sí es mío (anunció él en tono helado e impersonal) Y no trates de engañarme, porque insistiré en que te hagan unos análisis para estar seguro. No voy a cargar con un un hijo de ese tal Colin.

Ginny no pudo evitarlo y se echó a reír. Era irónico. La había aterrorizado pensar que él pudiera enterarse de la verdad, y Harry estaba igualmente aterrorizado de pensar que podría ser su hijo. Había asegurado que no quería caer en una trampa, y ahora, al insistir en esos análisis, él mismo se tendería la trampa. Sería divertido si no fuera tan triste.

Harry: Ya basta, Ginny

Le ordenó, cortante, y la presión de sus dedos en el brazo de ella la hizo callar.

Ginny: Todo está bien, Harry. No he ido a ver al médico. No es seguro que esté embarazada, así que no tienes nada que temer. Incluso si fuera cierto, no habrá ningún análisis.

Él se había mostrado tal y como era un canalla. Pensó con creciente furia. No vio el destello de comprensión en los ojos de él, ni se dio cuenta de que se había denunciado con esa declaración, porque estaba demasiado furiosa. Hacía diez años no habría podido hacerle frente a Harry, pero ahora era diferente.

Ginny: Soy perfectamente capaz de hacerme cargo de todo. Tal vez no sea rica, pero no estoy en la miseria. Tengo mi propia casa.
Harry: Y los dos sabemos cómo la obtuviste, pero no es probable que puedas continuar con esa actividad ilegal particular.

Su desdeñosa condena sólo sirvió para reavivar la cólera de ella.

Ginny: Esa vulgar suposición es lo único que se puede esperar de una idiota como tú. Pero estás equivocado, mi padre me legó la casa (estaba demasiado furiosa para ver el rápido destello de alivio en los ojos de él) No siempre estaré embarazada, y tengo mi trabajo. No necesito un hombre, y desde luego no a ti

Se soltó, se dio media vuelta y se dispuso a huir, porque no soportaba mirarlo. Con mano fuerte, Harry la detuvo y la hizo girar, Ginny sintió los dedos de Harry clavados con fuerza en su hombro. Él la miraba con una furia apenas controlada.

Harry: Es mi hijo y no tenías intención de decírmelo.
Ginny: Quítame las manos de encima

Le ordenó, pero su cólera se desvaneció al chocar contra el cuerpo de él. Retrocedió como si le hubiera caído un rayo y se quedó sin aliento. Harry deslizó un brazo alrededor de su cintura, ignoró su orden y la sujetó con más fuerza.

Ginny: Potter, suéltame (pero sentía un nudo en la garganta y la frase sonó como una súplica, no como una orden)
Harry: Piensas abortar y continuar con tu carrera sin el menor escrúpulo (estalló, y en sus ojos brilló un destello de furia)

Ginny lo miró, horrorizada. Eso no era lo que había querido decir. ¿Cómo podía juzgarla tan mal? No la conocía si pensaba que quería abortar. Trató de hablar, pero las palabras no salían de su boca...

Harry: No lo niegues, Ginny

Su mirada se endureció y la acercó más, hasta que ella sintió sus senos oprimidos contra el ancho pecho. Despacio, Harry deslizó la mano sobre su hombro hasta su nuca, mientras deslizaba la otra a lo largo de su espalda, moldeándola contra él hasta que la presión de sus poderosos muslos fue casi dolorosa.

Harry: Así que no necesitas un hombre?

Indagó en voz baja, pero ella sintió su cólera apenas controlada. Inclinó la cabeza y se apoderó de su boca en un beso amargo y salvaje, que aunque pretendía ser un insulto, acabó con su resistencia. El beso se hizo más suave, y Ginny le echó los brazos al cuello, mientras sus labios se entreabrían impotentes bajo los de él.

Se fundió contra el calor del cuerpo masculino, olvidada de todo lo que no fuera el exquisito contacto. De pronto, con un juramento colérico, Harry la apartó bruscamente y Ginny estuvo a punto de caer; sólo la reacción rápida de Harry la salvó cuando de nuevo la sujetó de un brazo.

Se sentía desorientada, aún bajo el hechizo de ese beso, hasta que lo miró a la cara y sintió como si le hubieran arrojado un cubo de agua fría al ver su sonrisa desdeñosa.

Harry: Me deseas, no puedes negarlo (diciendo eso, pareció recobrar el control. La guío al sofá y le ordenó) Siéntate antes de que te caigas. Y a partir de ahora, harás lo que yo diga... ¿me has entendido?
Ginny: Yo no... (Jadeó, pero Harry continuó sin hacerle caso)
Harry: Nos casaremos tan pronto como sea posible.
Ginny: Estás loco (rió) No voy a casarme contigo. Tú mismo has dicho que el matrimonio es una trampa, y no eres el único que no desea caer en ella.
Harry: Oh, creo que lo harás (alzó una ceja, se acercó a ella y la estrechó de nuevo en sus brazos)
Ginny: El sexo no es una solución..

Logró decir Ginny antes de que él se apoderara de nuevo de sus labios.

Apoyó la cabeza contra los cojines y entreabrió los labios, temblorosa, cuando él le enredó el pelo con los dedos. Harry deslizó la otra mano debajo de la blusa. Ginny trató de decirse que lo hacía deliberadamente para seducirla, pero el beso era demasiado intenso. Antes de darse cuenta, estaba recostada en el sofá, con el duro cuerpo de Harry encima de ella, mientras sus manos la seguían atormentando con el confiado conocimiento de su impotente excitación.

La sedujo por completo. Habían pasado muchas semanas sin sentir ese contacto, y Ginny arqueó el cuerpo hacia él con una dolorosa necesidad.

Harry: Me deseas, no puedes negarlo (declaró cuando dejó de besarla) Te casarás conmigo el próximo fin de semana. Nuestro hijo tendrá un padre y una madre, y nosotros... tendremos esto

Murmuró, y de nuevo inclinó la cabeza para besarla. Ginny apenas podía respirar, y todo su cuerpo se estremecía.

Harry: Di que sí (murmuró él contra su cuello) Sabes que eso es lo que quieres (irguió la cabeza y contempló con burla sus labios hinchados)

Eso era lo más terrible, pensó Ginny, y casi lo odió. Harry tenía toda la razón y él lo sabía. La enloquecía... siempre lo había hecho, y tal vez siempre lo haría... pero eso no era una base para el matrimonio.

Ginny: Además, ni siquiera estoy segura de estar embarazada.
Harry: Cuánto tienes de retraso?
Ginny: Dos semanas.
Harry: Bien, haré los arreglos para que veas al médico el martes y nos casaremos el próximo sábado

Con los dedos acarició seductoramente la cintura y Ginny ya no pudo pensar con claridad.

Ginny: Pero no nos queremos. El amor es una emoción demasiado sobre valorada.
Harry: Lo que tenemos es mucho mejor (siguió acariciándola y Ginny arqueó instintivamente el cuerpo hacia él) Eres la mujer más receptiva a la que le he hecho el amor, la química es perfecta entre nosotros, estás esperando un hijo mío... muchos matrimonios empiezan con menos.
Ginny: No me casaré (trató de apartarlo, porque la mención de esas otras mujeres la hirió) Hay otras soluciones…

Después de varios días…

Harry y Ginny volarían directamente a Playa, los padres de Harry habían insistido. El padre de Harry, que no podía viajar en avión debido a su reciente operación de corazón, no pudo asistir a la sencilla ceremonia civil que se celebró esa mañana. En vez de eso, le había informado Harry a Ginny, esa noche que se celebraría una gran fiesta familiar en la villa de los Potter, en Playa.

Harry: Ellos conocen las circunstancias de nuestro matrimonio, así que te será más fácil enfrentarte a todos de inmediato y poner fin a los comentarios burlones de una vez por todas…

Le había asegurado con irónica diversión. Ginny no veía nada divertido en la situación, y apretó los labios. La semana anterior había sido un infierno. Harry la había llevado a ver al médico el martes, y ese mismo día su embarazo quedó confirmado. Después de eso, Harry ignoró todas sus objeciones. No tenía idea de cómo había logrado convencer a Ron y a Hermione de su deseo de casarse con tanta prisa, pero ellos fueron los felices testigos de la ceremonia.

Tuvo que reconocer que Harry había hecho muy bien su trabajo. Incluso Hermione, su mejor amiga, estaba convencida de que era un matrimonio por amor. Las dos jóvenes habían pasado juntas la noche anterior, y Ginny habría podido contarle a Hermione la verdad, pero su conciencia se lo impidió. No destruiría la carrera de su hermano y sabía que Harry cumpliría su amenaza sin pensárselo dos veces.

Pero había algo que le parecía extraño. Hermione le había facilitado las cosas, porque no se mostró tan inquisitiva como de costumbre la noche anterior ni esa mañana, cuando la limusina llegó a recogerlas para la ceremonia que se celebraría a las nueve. Hermione le había dicho que se diera prisa, y con una sonrisa forzada, Ginny representó su papel a la perfección.

Dejó escapar un suspiro; ahora estaba atrapada en el asiento al lado de Harry, en el interior del elegante jet privado, volando hacia un desconocido estilo de vida, con un hombre al que despreciaba. Pero, ¿realmente lo despreciaba? Una vocecita interna le recordó que en otro tiempo su único deseo en la vida había sido casarse con él.

Harry: Te preocupa la idea de volver a ver a mi familia?

Harry se apoderó de su mano, pero ella la apartó.

Ginny: No, para nada.
Harry: Por qué entonces ese largo suspiro?
Ginny: No todos los días me veo obligada a casarme…

Harry: No alces la voz.

Ginny no había visto que se acercaba la azafata

Harry: El mundo no tiene por qué enterarse de tus protestas infantiles (la miró) El matrimonio no me resulta más agradable que a ti, pero es necesario. Recuerda que... (Su tono implacable no admitía réplica, y Ginny guardó silencio mientras Harry le pedía un whisky a la azafata) Nada de alcohol para mi esposa. ¿Quieres té?
Ginny: No quiero nada.

Agarró una revista y se concentró en un artículo. Cuando terminó de leer alzó la vista y vio que Harry la observaba con expresión extraña.

Harry: Te gustaba tu trabajo?
Ginny: Todavía me gusta.

Respondió con amargura al recordar la forma en que él había entrado con toda calma en el despacho del director, el miércoles por la tarde, para informarle que Ginny renunciaría de inmediato. Habían discutido todo el camino de regreso a la casa de ella, hasta que al fin Harry estalló, diciendo...

(Esperas un hijo mío y no pienso perderte de vista hasta que haya nacido. No confío en ti)

El hecho de saber que él realmente creía que trataría de abortar a la primera oportunidad la hería más de lo que quería reconocer, pero su último comentario en el sentido de que pensara más cosas, la hizo guardar silencio. Ignoró sus perturbadores recuerdos, miró brevemente a Harry y sorprendió un destello de algo semejante a la compasión en sus ojos oscuros, pero el resentimiento la hizo responder desdeñosamente

Ginny: Espero que, dentro de doce meses, si no es que antes, regresé a mi trabajo.
Harry: Olvídate de eso (la agarró de la barbilla) Como mi mujer, te quedarás a mi lado.

Pero Ginny percibió que lo que tenía en mente no era tenerla exactamente a su lado. Su rostro estaba muy cerca del suyo y sentía su vital atractivo.

Ginny: Machista (lo acusó con amargura)
Harry: Puede ser, pero verás que no soy del todo irrazonable. Mi compañía es muy grande, y si más adelante quieres trabajar, tal vez encuentre algo para ti. A falta de eso, tu jefe me aseguró que con gusto te dará algunos trabajos de consultoría, cuando puedas trabajar.

Ginny se sintió sorprendida y halagada al saber que Harry había hablado con su jefe de la posibilidad de que ella volviera a trabajar, pero no tenía intención de decírselo.

Ginny: Se supone que debo darte las gracias? (se burló y lo miró con frialdad) Pues bien, no soy tan generosa. Ya tienes una mujer y dentro de unos meses tendrás un hijo, pero eso es todo lo que podrás obtener de mí.
Harry: Qué es lo que tratas de hacer, Ginny? (le preguntó en voz baja) Convertir nuestro matrimonio en una guerra de sexos antes de que haya tenido siquiera una oportunidad?

Con la mano en su barbilla, la hizo apoyar la cabeza contra el respaldo y se inclinó para besarla en la boca; clavó los dientes en su labio inferior y ella abrió la boca. No quería responder; contuvo el aliento, tratando de luchar contra los sentimientos que la invadían, pero Harry incrementó la presión, mientras deslizaba la otra mano debajo de la chaqueta de Ginny para acariciarla a través de la seda de la blusa.

Ginny: Ya basta (le pidió sin aliento)
Harry: Tienes razón (la soltó y sonrió, triunfante) Puedo esperar hasta la noche (y bajando la mirada) Pero no estoy seguro de que tú puedas.

Ruborizada, Ginny bajó la vista, se cerró a toda prisa la chaqueta y se volteó para mirar por la ventana.

La villa de los Potters era enorme, rodeada de lo que a ella le parecieron kilómetros de muros de prado verde.

La limusina que había ido a recogerlos al aeropuerto de Playa, cruzó las enormes rejas de hierro forjado y siguió por un largo sendero hasta el magnífico pórtico.

A lo largo de todo el sendero había docenas de coches aparcados, por lo visto, la mitad de la isla asistiría a la fiesta.

Harry: Te veo nerviosa. No te preocupes, todo saldrá bien (le aseguró en un murmullo y la ayudó a bajar del coche) Confía en mí.
Ginny: Es el calor.

Se defendió, y trató de disimular su tensión. El recorrido desde el aeropuerto le había recordado su primera visita a Playa. Había olvidado lo bella que era la isla, con sus colinas rocosas, y, sorprendida, vio el terreno cubierto por millones de flores de diferentes colores. No sabía que haría tanto calor en el mes de abril, y el conjunto de lana ligera, se le adhería a la espalda.

Siguió a Harry por los amplios escalones blancos hasta la puerta principal y reconoció, apesadumbrada, que el hecho de viajar durante casi una hora en el asiento posterior del coche, al lado de Harry, no la había ayudado.

Ginny era consciente de todos sus movimientos cuando, ignorando la presencia de ella, se ocupó durante el recorrido de revisar un montón de papeles que sacó de su cartera. Ahora, agarrándola del codo, Harry la guío al interior.

Las siguientes horas fueron un infierno...

El anillo de oro con brillantes que Harry había deslizado en su dedo unas horas antes fue admirado por muchas personas. Después de las primeras cincuenta, Ginny renunció a tratar de recordar sus nombres.

Se había quitado la chaqueta, pero tenía calor, incluso con la ligera blusa de tirantes. El padre de Harry la invitó a bailar y bromeó con ella

Papa: Sabía que te casarías con mi hijo. Lo vi en tus ojos la última vez que bailamos, pero tú lo negaste (le dio una suave palmada en el vientre y se echó a reír) Sin embargo, Harry es todo un hombre; siempre obtiene lo que quiere.

Harry acudió a rescatarla y le pidió que bailara con él. Cuando la agarro de la mano, Ginny se sorprendió de que Harry insistiera en usar él también anillo de casado. Él la acercó más y, deliberadamente, Ginny volvió la cabeza y recorrió el salón con la mirada.

Unos grandes candelabros colgaban del techo. Había unas ventanas del suelo al techo, y las cortinas de seda se agitaban bajo la brisa. Todos los asistentes eran griegos, pero las mujeres no vestían de negro, como en los folletos de viajes. Era un mundo diferente y vestidos de diseñador. Las joyas de las damas valían una fortuna.

Harry: Estás muy lejos de aquí, y eso no me agrada.

Perdida en sus pensamientos y extrañamente segura en los brazos de Harry, había permitido que su mente divagara, pero volvió a la presente sobresaltada y se dio cuenta de la tensión de él, que añadió

Harry: Es hora de irnos.

Digeo la agarró en brazos y subió con ella una amplia escalera.

Ginny le echó los brazos al cuello, y al ver que todos los invitados los seguían, gritó...

Ginny: Qué está pasando?

Luego se encontró en el interior de un inmenso dormitorio. Harry la depositó en el suelo y a toda prisa cerró la puerta, justo antes de que cientos de puños empezaran a golpearla. Ginny contuvo el aliento y miró a su alrededor maravillada. En el centro de la habitación había una amplia cama tallada. De las blancas paredes colgaban tapicerías.

El tocador y los armarios eran piezas antiguas. El suelo era de mármol, en tonos azules y blanco, con grandes alfombras alrededor de la cama. Se vio en un espejo y le pareció que la imagen era la de una desconocida. El pelo le caía sobre los hombros y un tirante de la blusa se le había deslizado de un hombro.

Estaba hecha un desastre, pensó aturdida, y se sintió tan nerviosa como una joven virgen. ¿Qué había sucedido? ¿Dónde estaba la mujer distinguida y competente que era antes?

Harry: Al fin

Dos manos fuertes la sujetaron de los hombros y la hicieron girar. Ginny dio un salto y dijo lo primero que le vino a la mente

Ginny: Por qué ese ruido?

Preguntó sin aliento y lo miró a los ojos. Sintió una opresión en el pecho al ver, horrorizada, que mientras ella admiraba la habitación, Harry se había quitado la ropa y sólo llevaba puesto un boxer negro.

Harry: Es una tradición de los tiempos primitivos. Todos los asistentes a una boda celebran el momento de la consumación. En épocas antiguas, rodeaban la cama (en sus ojos había un destello perverso) Ahora, por suerte, esa costumbre ha desaparecido y se quedan frente a la puerta.

Ella jadeó, horrorizada por la imagen evocada por las palabras de Harry. Luego su mirada se detuvo en la figura alta y bronceada y él se echó a reír al ver su expresión escandalizada. En ese momento, Ginny pensó que parecía el mismo demonio y lo contempló fascinada. Harry le enmarcó el rostro y Ginny cerró los ojos bajo la inconfundible pasión que ardía en los de él.

Harry: Abre los ojos, Ginny (le pidió con voz ronca) No tengas miedo.
Ginny: Estoy cansada.

Todo el día se había sentido nerviosa, en un estado de constante tensión. Y no sólo todo el día, sino toda la semana, y ahora sentía que desaparecía su último vestigio de fortaleza.

Harry: Lo sé (su voz se suavizó) Te llevaré a la cama.

Ella abrió los ojos. ¿Qué quería decir exactamente? Con suavidad, él deslizó los tirantes de la blusa de sus hombros, luego le desabrochó la falda y dejó caer todo al suelo antes de deslizar los dedos bajo la ropa interior.

Ginny: No, no lo hagas. No puedo.
Harry: Vas a negarte en nuestra noche de bodas? Eso sería una vergüenza.

Se burló él arrogante, ignorando su súplica, deslizó la ropa interior a lo largo de sus muslos. Ahora ya sabía lo que quería decir; la llevaría a la cama, pero con él. Lo vio en el rubor de sus pómulos, en la curva sensual de su boca, y, armándose de valor, lo empujó y retrocedió.

Ginny: Ya te dije que no (gritó)

No permitiría que ese maldito arrogante la pisoteara de nuevo! No cedería a sus instintos más bajos, aunque los latidos de su corazón se habían acelerado y la virilidad de él la tentaba a hacerlo

Ginny: Ya estoy embarazada, ¿qué más quieres?

Que les pareció el capítulo?, espero que sea de su agrado.

NPotter